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Noticias de yihadismo

13-06-2020 | Fuente: elpais.com
La violencia del ISIS
Antonio Elorza penetra en su nuevo ensayo en las raíces del yihadismo y los mensajes de sus líderes más antiguos para entender por qué derivó en un fenómeno letal
06-06-2020 | Fuente: abc.es
Francia anuncia la muerte del líder de Al Qaeda en el Magreb Islámico
La muerte de Abdelmalek Droukdal, jefe de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), en Malí, marca un jalón importante en la Guerra del Sahel, pero hace más visible la propagación indefinida de un conflicto que enfrenta a cinco Estados: Mali, Níger, Mauritaria, Burkina Faso y Chad, apoyados por Francia y sus aliados, con una nebulosa cambiante de grupúsculos salafistas, practicando una «guerra santa» subversiva y mafiosa. Florence Parly, ministra francesa de la Defensa, se ocupó personalmente de la comunicación política de la muerte de Droukdal, ejecutado a tiros, en Malí, por un comando del ejército de tierra y varios helicópteros del arma aérea, que habría contado con información sensible compartida por los satélites militares franceses y norteamericanos. A juicio de Parly, la muerte de Droukdal es «un gran éxito» en la «lucha conjunta de Francia, sus aliados europeos y africanos por la paz y la estabilidad en la región». También explicó que el 19 de mayo tropas francesas habían capturado a Mohamed el Mrabat, veterano yihadista y uno de los responsables del Daesh en el Gran Sahara (EIGS), «la otra gran amenaza terrorista» en la zona. Droukdal pertenecía a una generación de yihadistas que comienzan a «jubilarse», muertos, asesinados, o sustituidos por nuevos líderes emergentes. Se trata de líderes mauritanos y argelinos curtidos en una guerra civil que se transformó en guerra santa islámica, en el desierto del Sahel durante los últimos veinte años. Droukdal se «educó» en los sucesivos grupúsculos salafistas partidarios de la guerra santa revolucionaria, que terminaría integrándose en la franquicia de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI). Durante la última década han aparecido otros grupúsculos salafistas, terroristas, yihadistas, en las fronteras de Mali, Burkina Faso y Níger, el «triángulo» más ensangrentado de la Guerra del Sahel, donde se cruzan bandas armadas de toda el África occidental. Siendo, siempre, la franquicia mayoritaria y más «influyente» en el Sahel, AQMI había perdido su liderazgo absoluto, y continúa en guerra con el Daesh en el Gran Sahara (EIGS), el segundo y más temible grupúsculo yihadista en África occidental. Presencia de Francia Eliminando físicamente a Abdelmalek Droukdal, Francia acelera un cambio generacional. Están desapareciendo los veteranos del yihadismo argelino y mauritano, con quienes intentaban negociar todos los gobiernos de África occidental, apoyados por Francia.Muerto Droukdal, AQMI sufre la pérdida de un líder histórico. Esa batalla perdida por la organización yijadista deja en suspenso la evolución de la crisis de fondo. La seguridad territorial y económica de Mali, Burkina Faso y Níger estaría amenazada gravemente sin la presencia militar de Francia en la región, donde tiene importantes intereses en minas de uranio, de rentabilidad comercial discutible pero de evidente importancia estratégica. Esos Estados habían intentado alguna forma de «negociación» con AQMI. Ahora, se abre un periodo de transición que el coronel Frédéric Barbry, portavoz del ejército francés, resume de este modo: «Hemos obtenido un gran triunfo contra AQMI, pero nuestro enemigo principal es hoy el Daesh en el Gran Sahara (EIGS), menos proclive a ninguna negociación. La eliminación de Droukdal es solo una parte, un capítulo, de una situación que tiene otros frentes, militares y diplomáticos. Podemos y debemos estar satisfechos de la operación contra Al Qaida en el Magreb Islámico, pero debemos relanzar la ?presión? contra el Daesh en el Gran Sahara».
20-05-2020 | Fuente: elmundo.es
Golpe policial contra el yihadismo en Ciudad Real tras detener a dos personas que ultimaban una célula para atentar
La Policía Nacional realiza varios registros tras comprobar la intensidad de la radicalidad de los detenidos en internet 
29-03-2020 | Fuente: abc.es
Terrorismo yihadista en tiempos de coronavirus
Noticias bien recientes como las que se refieren a Mozambique -donde Ahlu Sunnah Wal Jammah (ASWJ) atacó el pasado 23 de enero una base militar en Cabo Delgado, mientras la khatiba de Harakat al Shabaab, vinculada a Daesh, controló momentáneamente la ciudad de Mocimboa de Praia, en la misma provincia, el pasado día 23- dejan claro que el terrorismo yihadista no se detiene por una pandemia como la del Covid-19. Y lo mismo puede decirse de Afganistán -donde el pasado día 25 la rama local de Daesh asesinó a más de 25 personas tras un asedio a un templo sij en Kabul, en paralelo a la diarias acciones violentas de los talibanes, a pesar de su formal acuerdo con Washington- o Malí -donde el día 19 murieron 29 soldados como resultado de un asalto yihadista a una base ubicada en la localidad de Tarkint y donde el pasado día 26 se produjo el secuestro del principal líder opositor, Soumaila Cisse, a tan solo tres días de las elecciones. Y estos son solo unos ejemplos de lo que, en pocas palabras, nos lleva a entender que por ellos no va a decaer el esfuerzo por imponer su dictado, con o sin pandemia mediante. Capacidad y voluntad Evidentemente su capacidad actual, sobre todo si pensamos en las redes más potentes de ese entramado de decenas de grupos violentos que se sienten inspirados por una versión extrema del islam, no es la que tuvieron en su día Al Qaida, cuando gozaba de un santuario tan renombrado como Afganistán (1996-2001), o Daesh, cuando logró instaurar un pseudocalifato en parte de Siria e Irak (2014-2018). Pero conservan la capacidad y la voluntad suficientes, tanto en su núcleo duro como mediante sus franquicias regionales y los individuos y grupúsculos que se sienten inspirados por su ideología extremista en muchas partes del planeta, para seguir adelante con su envite criminal. Por eso ahora, cuando la experiencia acumulada enseña que no hay solución militar ante una amenaza de este tipo y quedan más claros los reiterados errores cometidos en Afganistán, Irak y tantos otros escenarios -jugando con un fuego que se ha vuelto en no pocas ocasiones en contra de sus promotores occidentales (sea con los muyahidín o los talibanes en su día o con el propio Abubaker al Bagdadí más recientemente)- debería quedar claro que es necesario modificar el rumbo. Un rumbo que, sin olvidar el necesario componente militar, debe ir acompañado por otros de carácter socioeconómico y político en un esfuerzo multilateral de largo aliento. El problema no es solo que los medios militares sean incapaces de solucionar un problema como el que plantea el terrorismo, sino que nunca se ha activado una respuesta que vaya más allá de atender a los síntomas más visibles de la amenaza, para centrarse en las raíces del problema. Y eso significa ofrecer a los yihadistas un potentísimo banderín de enganche, derivado de las penosas condiciones de vida (tanto en términos de bienestar como de seguridad) de muchas personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas y cuyos derechos son sistemáticamente violados. Por eso, si se asume que la vía militar no basta y que la socioeconómica y política nunca se ha llegado a poner en marcha, solo cabe augurar un aumento del problema. Acción militar y diplomacia En relación con la primera cuestión (la militar), esto es así porque la pandemia va a detraer recursos militares en muchos escenarios de combate contra el yihadismo violento. Así lo estamos viendo ya en Afganistán, donde Washington trata desesperadamente de encontrar una salida mínimamente digna del pantano donde lleva metido desde octubre de 2001 (con el resto de los aliados poniendo pies en polvorosa). Y lo mismo ocurre en Irak o en África, con una clara reducción de los efectivos allí desplegados para instruir a las fuerzas armadas y de seguridad locales, con el objetivo de capacitarlas para poder garantizar la seguridad de sus respectivos territorios, y, simultáneamente, de los encargados de la lucha contraterrorista contra los grupos allí activos. Pero es que tampoco parece previsible que, precisamente ahora, cuando la demanda para atender preferentemente las necesidades propias es más perentoria, se vaya a producir un incremento en el nivel de implicación diplomática y política para mediar o facilitar procesos de paz, o un aumento en los magros volúmenes de los programas de ayuda al desarrollo, de acción humanitaria o de atención a las demandas más básicas de unas poblaciones demasiado a menudo desatendidas por parte de unos gobiernos incapaces o escasamente inclinados a poner a sus conciudadanos como prioridad de sus agendas. Eso significa que lo que no se ha hecho durante estas últimas décadas va a seguir siendo una asignatura pendiente que contribuirá de manera decisiva a seguir alimentando el caldo de cultivo del que se nutre el extremismo violento. Y, visto desde el otro lado del espejo, eso supone que los yihadistas se verán menos constreñidos para continuar con sus planes tanto en los países donde tienen más presencia como en los occidentales (por cierto, no han recibido ningún mandato ni recomendación de no pisar Europa por culpa del coronavirus).
25-03-2020 | Fuente: abc.es
Brasil localiza 1,1 toneladas de cocaína en un camión con guantes para el Covid-19
El hallazgo en Brasil, en medio de la crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus, de 1,1 toneladas de cocaína ocultas en un camión que transportaba guantes quirúrgicos, pone en evidencia que el narcotráfico se amolda siempre al cambio de circunstancias: los cierres fronterizos dificultan los envíos, pero la dedicación de las fuerzas del orden a fumigaciones y otras actividades de emergencia puede reducir la vigilancia. El episodio, ocurrido el 13 de marzo, también subraya el papel de Brasil como país fundamental en la salida de la cocaína producida en Perú y Bolivia y en menor medida Colombia, países con los que en conjunto tiene una frontera más larga que la que separa Estados Unidos y México. Brasil es un «significativo país de tránsito y destino» de cocaína, según lo define el Informe de Estrategia Internacional para el Control de Narcóticos del Departamento de Estado norteamericano. Si bien la mayor parte de la cocaína originada en Colombia viaja a EE.UU. o Europa, a través Centroamérica y México ?muchas veces partiendo desde Venezuela, y en menor medida desde Ecuador? o del Caribe, la mayor parte de la que se produce en Perú pasa a Bolivia y la de ambos países viaja sobre todo a Brasil, tanto para la exportación a Europa ?en ocasiones a través de África? como para el consumo de un creciente mercado propio (también el consumo ha aumentado en Argentina). Segundo mayor consumidor Precisamente ese aumento del consumo en Brasil es destacado por el último informe del Departamento de Estado norteamericano. «Brasil sufre de un importante y creciente problema de consumo interno de drogas. Brasil es el segundo mayor consumidor de cocaína del mundo», después de Estados Unidos, «y probablemente el mayor consumidor de productos derivados de la cocaína». La violencia vinculada al narcotráfico constituye la principal amenaza a la seguridad en Brasil, donde casi una cuarta parte de la población reclusa cumple condena por crímenes relacionados con las drogas (150.000 internos), más que por ningún otro tipo de crimen. En abril de 2019 el Gobierno aprobó una nueva Política Nacional de Drogas, que estableció una nueva estructura institucional para la lucha contra este problema. En junio, el presidente Bolsonaro firmó la nueva Ley contra las drogas. El informe estadounidense, en cualquier caso, avala la lucha antinarcóticos brasileña e indica que no ve indicios de implicación de autoridades públicas en ese negocio ilícito: «Hay poca evidencia que sugiera que altos funcionarios del gobierno están involucrados en tal actividad. Si bien hubo varias denuncias y ejemplos de corrupción política en todo Brasil en 2019, no hubo vínculos directos entre la corrupción política y el narcotráfico a nivel nacional» Conexión con el yihadismo El papel de Brasil como centro operacional sur del narcotráfico de la región (como México es el centro operacional norte) lo destaca la investigadora italiana Maria Zuppello en un reciente libro. Zuppello subraya cómo el puerto de Santos (la salida al mar de Sao Paulo) se ha convertido en «el nuevo hub del comercio mundial de narcóticos», del cual sale casi el 80% de las drogas de Latinoamérica con destino a Europa. Zuppello establece que en el negocio del narcotráfico convergen las redes del crimen organizado, como es el caso del poderoso PCC (Primeiro Comando da Capital), y también del terrorismo islámico, cuya presencia en Brasil documenta. Precisamente su libro, «Tropical Jihad», rastrea esas conexiones con el radicalismo islamista y advierte que, debido al gran negocio de la cocaína, América Latina podría «acabar siendo el nuevo cajero automático para financiar la Yihad global». En Latinoamérica, según Zuppello, «narcotráfico y terrorismo aparecen cada vez más próximos y aliados que nunca (similar al patrón en Afganistán con el mercado de la heroína)». Habitualmente ha sido señalada la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, como lugar de presencia de elementos de Hezbolá y de Al Qaida. Zuppello también se refiere a otros dos puntos fronterizos del «nexo crimen-terrorismo». Uno de ellos es el paso entre la ciudad uruguaya de Chuy y la brasileña de Chuí, y el otro, el paso entre la población paraguaya de Pedro Juan Caballero y la brasileña Ponta Pora. Este último paso transfronterizo, según Zuppello, «se ha convertido en la tierra de nadie del tráfico de drogas», pues se encuentra en una de las rutas de transporte que llevan la cocaína desde Perú y Bolivia hasta el puerto de Sao Paulo.
05-03-2020 | Fuente: abc.es
Rusia y Turquía establecerán esta medianoche un alto el fuego en Idlib
Tras seis horas de unas conversaciones que el presidente ruso, Vladímir Putin, calificó de «nada fáciles», éste y su homologo turco, Recep Tayyip Erdogan, alcanzaron hoy en el Kremlin un acuerdo para un alto el fuego en la provincia siria de Idlib que entró en vigor la pasada medianoche. Según Putin, el memorándum firmado «deberá poner fin al sufrimiento de la población civil». El máximo dirigente ruso subrayó la dificultad de las conversaciones, pero se congratuló del resultado «positivo» obtenido con su colega turco. Los términos del documento suscrito por ambas partes fue dado a conocer por los ministros de Exteriores ruso y turco, Serguéi Lavrov y Mevlut Cavusoglu. La tregua arranca a partir de las 00.00 horas de este viernes, según el primer punto del memorándum. El punto dos establece la creación de un pasillo de seguridad con una profundidad de 6 kilómetros al norte y 6 al sur de la carretera M4, que une las localidades de Serakib y Latakia. Los términos concretos sobre el funcionamiento de este corredor de seguridad deberán consensuarse en un plazo de siete días por los ministerios de Defensa de Rusia y Turquía. El tercer y último punto habla de la organización de patrullas conjuntas de fuerzas rusas y turcas en el tramo de la M4 que pasa por Idlib a partir del 15 de marzo. Todo ello para propiciar el regreso de los civiles que en los últimos días tuvieron que abandonar su hogares en Idlib debido a los combates. Erdogan, no obstante, avisó que su país se reserva el derecho de responder a posibles ataques de la fuerzas gubernamentales sirias. Putin ha justificado la ofensiva del Ejército sirio, a la que Turquía ha hecho frente con sus tropas en los últimos días, en el hecho de que los insurgentes de Idlib no cesaban sus ataques. El máximo dirigente ruso señaló que con Erdogan mantiene discrepancias, pero, según sus palabras, «en los momentos críticos siempre hemos encontrado puntos de contacto para hallar soluciones (..) y lo mismo ha sucedido hoy». Ante el alarmante cariz que tomaban los acontecimientos en Idlib, en donde el jueves 27 de febrero perecieron 36 militares turcos en un bombardeo que el Ministerio de Defensa ruso atribuyó a aviones sirios que daban cobertura a la vasta ofensiva desencadenada por las tropas de Bashar al Assad, Erdogan, telefoneó a Putin, para pedir explicaciones y emplazarle a mantener el encuentro celebrado ayer en la capital rusa. Castigar a las tropas de Assad Para acudir a las negociaciones en Moscú en posición de fuerza y de paso mostrar firmeza ante los suyos, el presidente turco dio orden a sus tropas de castigar a las tropas de Assad con la máxima dureza como represalia. Los ataques del Ejército turco en Idlib y en otros puntos de Siria no han cesado desde la semana pasada. Por otro lado, la ONG Observatorio Sirio para los Derechos Humanos sostiene que el avance del Ejército sirio para reconquistar Idlib, iniciado en abril de 2019 y que cuenta con la inestimable ayuda militar de Moscú, ha causado desde comienzos de diciembre la huida de cerca de un millón de personas y la muerte de casi 500 civiles, cifras confirmadas también por la ONU. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo el jueves en relación con el nuevo encuentro que hoy mantuvieron Putin y Erdogan, uno más de los muchos que llevan celebrando casi cada mes desde que rehicieran sus relaciones y se reconciliaran en 2016, que «las expectativas son llegar a un entendimiento común sobre los antecedentes y las causas de la crisis, el carácter negativo de sus consecuencias y el conjunto de medidas necesarias para prevenir su agravamiento». Por su parte, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha advertido que las tropas sirias «tienen todo el derecho a luchar contra los terroristas» en Idlib. Rusia y Turquía ya acordaron en Sochi, en septiembre de 2018, un plan para acabar con el último bastión del yihadismo que queda en Siria, Idlib, pero haciéndolo sin masacrar a los civiles y evitando una estampida de refugiados como la que se está viendo ahora en dirección hacia Grecia. Para ello se creó una zona desmilitarizada en una franja de 15-20 kilómetros de anchura de la que, según Putin explicó entonces, deberían haber salido «todos los insurgentes radicales como el Frente al Nusra» (Al Qaida) así como también la retirada todo el armamento pesado como tanques, lanzaderas de misiles, piezas de artillería y hasta morteros. El acuerdo supuso el cese de las operaciones del Ejército sirio en la zona. La región de Idlib está controlada en un 60% por el grupo yihadista Hayat Tahrir Al Sham, del que forma parte la antigua rama del Al Qaida en Siria. Pero en el enclave hay también grupos armados afines a Turquía. En la provincia hay además 12 puestos de control y observación del Ejército turco en misión dentro del marco de los acuerdos de creación de las zonas de «desescalada». Ankara temía ya entonces que una acción militar de Assad con la ayuda de Rusia pusiera en grave peligro a sus militares como así sucedió la semana pasada. Incumplir lo pactado Rusia ha acusado a Turquía de no cumplir lo pactado en Sochi al no haber separado a la oposición moderada presente en Idlib de los terroristas y, en general, de no haber sabido calmar la situación. Mientras, Ankara insiste en que no retirará sus fuerzas de la zona. Analistas azerbaiyanos afirman que Idlib es para Turquía lo que Donbass, en el este de Ucrania, es para Rusia. Lavrov advirtió esta semana que Rusia no reducirá su presencia militar en Siria bajo ningún concepto y, refiriéndose al flujo de civiles hacia Turquía y la UE, aseguró que «entendemos lo grave que es para la Unión Europea la llegada de refugiados y la inmigración ilegal, pero no podemos detener la lucha contra el terrorismo para resolver el problema de los desplazados» por la guerra. Los analistas sabían que a Putin y Erdogan les costaría alcanzar un acuerdo, pero confiaban en que acabaría abriéndose paso. Otra cosa va a ser su duración. Todas las treguas pactadas anteriormente han terminado fracasando antes o después.
05-03-2020 | Fuente: abc.es
Rusia y Turquía establecen un alto el fuego en Idlib
Tras seis horas de unas conversaciones que el presidente ruso, Vladímir Putin, calificó de «nada fáciles», éste y su homologo turco, Recep Tayyip Erdogan, alcanzaron hoy en el Kremlin un acuerdo para un alto el fuego en la provincia siria de Idlib que entró en vigor la pasada medianoche. Según Putin, el memorándum firmado «deberá poner fin al sufrimiento de la población civil». El máximo dirigente ruso subrayó la dificultad de las conversaciones, pero se congratuló del resultado «positivo» obtenido con su colega turco. Los términos del documento suscrito por ambas partes fue dado a conocer por los ministros de Exteriores ruso y turco, Serguéi Lavrov y Mevlut Cavusoglu. La tregua arranca a partir de las 00.00 horas de este viernes, según el primer punto del memorándum. El punto dos establece la creación de un pasillo de seguridad con una profundidad de 6 kilómetros al norte y 6 al sur de la carretera M4, que une las localidades de Serakib y Latakia. Los términos concretos sobre el funcionamiento de este corredor de seguridad deberán consensuarse en un plazo de siete días por los ministerios de Defensa de Rusia y Turquía. El tercer y último punto habla de la organización de patrullas conjuntas de fuerzas rusas y turcas en el tramo de la M4 que pasa por Idlib a partir del 15 de marzo. Todo ello para propiciar el regreso de los civiles que en los últimos días tuvieron que abandonar su hogares en Idlib debido a los combates. Erdogan, no obstante, avisó que su país se reserva el derecho de responder a posibles ataques de la fuerzas gubernamentales sirias. Putin ha justificado la ofensiva del Ejército sirio, a la que Turquía ha hecho frente con sus tropas en los últimos días, en el hecho de que los insurgentes de Idlib no cesaban sus ataques. El máximo dirigente ruso señaló que con Erdogan mantiene discrepancias, pero, según sus palabras, «en los momentos críticos siempre hemos encontrado puntos de contacto para hallar soluciones (..) y lo mismo ha sucedido hoy». Ante el alarmante cariz que tomaban los acontecimientos en Idlib, en donde el jueves 27 de febrero perecieron 36 militares turcos en un bombardeo que el Ministerio de Defensa ruso atribuyó a aviones sirios que daban cobertura a la vasta ofensiva desencadenada por las tropas de Bashar al Assad, Erdogan, telefoneó a Putin, para pedir explicaciones y emplazarle a mantener el encuentro celebrado ayer en la capital rusa. Castigar a las tropas de Assad Para acudir a las negociaciones en Moscú en posición de fuerza y de paso mostrar firmeza ante los suyos, el presidente turco dio orden a sus tropas de castigar a las tropas de Assad con la máxima dureza como represalia. Los ataques del Ejército turco en Idlib y en otros puntos de Siria no han cesado desde la semana pasada. Por otro lado, la ONG Observatorio Sirio para los Derechos Humanos sostiene que el avance del Ejército sirio para reconquistar Idlib, iniciado en abril de 2019 y que cuenta con la inestimable ayuda militar de Moscú, ha causado desde comienzos de diciembre la huida de cerca de un millón de personas y la muerte de casi 500 civiles, cifras confirmadas también por la ONU. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo el jueves en relación con el nuevo encuentro que hoy mantuvieron Putin y Erdogan, uno más de los muchos que llevan celebrando casi cada mes desde que rehicieran sus relaciones y se reconciliaran en 2016, que «las expectativas son llegar a un entendimiento común sobre los antecedentes y las causas de la crisis, el carácter negativo de sus consecuencias y el conjunto de medidas necesarias para prevenir su agravamiento». Por su parte, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha advertido que las tropas sirias «tienen todo el derecho a luchar contra los terroristas» en Idlib. Rusia y Turquía ya acordaron en Sochi, en septiembre de 2018, un plan para acabar con el último bastión del yihadismo que queda en Siria, Idlib, pero haciéndolo sin masacrar a los civiles y evitando una estampida de refugiados como la que se está viendo ahora en dirección hacia Grecia. Para ello se creó una zona desmilitarizada en una franja de 15-20 kilómetros de anchura de la que, según Putin explicó entonces, deberían haber salido «todos los insurgentes radicales como el Frente al Nusra» (Al Qaida) así como también la retirada todo el armamento pesado como tanques, lanzaderas de misiles, piezas de artillería y hasta morteros. El acuerdo supuso el cese de las operaciones del Ejército sirio en la zona. La región de Idlib está controlada en un 60% por el grupo yihadista Hayat Tahrir Al Sham, del que forma parte la antigua rama del Al Qaida en Siria. Pero en el enclave hay también grupos armados afines a Turquía. En la provincia hay además 12 puestos de control y observación del Ejército turco en misión dentro del marco de los acuerdos de creación de las zonas de «desescalada». Ankara temía ya entonces que una acción militar de Assad con la ayuda de Rusia pusiera en grave peligro a sus militares como así sucedió la semana pasada. Incumplir lo pactado Rusia ha acusado a Turquía de no cumplir lo pactado en Sochi al no haber separado a la oposición moderada presente en Idlib de los terroristas y, en general, de no haber sabido calmar la situación. Mientras, Ankara insiste en que no retirará sus fuerzas de la zona. Analistas azerbaiyanos afirman que Idlib es para Turquía lo que Donbass, en el este de Ucrania, es para Rusia. Lavrov advirtió esta semana que Rusia no reducirá su presencia militar en Siria bajo ningún concepto y, refiriéndose al flujo de civiles hacia Turquía y la UE, aseguró que «entendemos lo grave que es para la Unión Europea la llegada de refugiados y la inmigración ilegal, pero no podemos detener la lucha contra el terrorismo para resolver el problema de los desplazados» por la guerra. Los analistas sabían que a Putin y Erdogan les costaría alcanzar un acuerdo, pero confiaban en que acabaría abriéndose paso. Otra cosa va a ser su duración. Todas las treguas pactadas anteriormente han terminado fracasando antes o después.
05-03-2020 | Fuente: abc.es
Putin espera hoy a Erdogan en Moscú para buscar una solución al conflicto en Idlib
Ante el alarmante cariz que tomaban los acontecimientos en la provincia siria de Idlib, en donde el jueves 27 de febrero perecieron 36 militares turcos en un bombardeo que el Ministerio de Defensa ruso atribuyó a aviones sirios que daban cobertura a la vasta ofensiva desencadenada por las tropas de Bashar al Assad, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, telefoneó a su homólogo ruso, Vladímir Putin, para pedir explicaciones y emplazarle a mantener un encuentro urgente. Aunque no con mucho entusiasmo, Putin aceptó celebrar la reunión hoy en Moscú. Erdogan ya ha dejado claro que exigirá el cese de la ofensiva en Idlib y el establecimiento de una tregua duradera, lo que presupone que la aviación rusa deje de prestar apoyo al Ejército sirio y que el Kremlin convenza a Assad para que olvide por el momento hacerse con el control del disputado enclave. Represalias turcas De manera que en este aspecto los intereses de Moscú y Ankara son diametralmente opuestos. De ahí que, para acudir a la negociación en Moscú en posición de fuerza y de paso mostrar firmeza ante los suyos, el presidente turco dio orden a sus tropas de machacar lo más posible a las tropas de Assad como represalia. Los ataques del Ejército turco en Idlib y en otros puntos de Siria no han cesado desde la semana pasada. Pero la Fuerza Aérea rusa, por su parte, tampoco ha estado perdiendo el tiempo. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, aviones rusos lanzaron un ataque el jueves en las afueras de la ciudad de Maaret Misrin, causando al menos 15 muertos, un niño entre ellos, y numerosos heridos, algunos de ellos graves. La misma ONG sostiene que el avance del Ejército sirio para reconquistar Idlib, iniciado en abril de 2019 y que cuenta con la inestimable ayuda militar de Moscú, ha causado desde comienzos de diciembre la huida de cerca de un millón de personas y la muerte de casi 500 civiles, cifras confirmadas también por la ONU. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo ayer en relación con el nuevo encuentro que hoy mantendrán Putin y Erdogan, uno más de los muchos que llevan celebrando casi cada mes desde que rehicieran sus relaciones y se reconciliaran en 2016, que «las expectativas son las de llegar a un entendimiento común sobre los antecedentes y las causas de la crisis, el carácter negativo de sus consecuencias y el conjunto de medidas necesarias para prevenir su agravamiento». Sin embargo, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha advertido que las tropas sirias «tienen todo el derecho a luchar contra los terroristas» en Idlib. Rusia y Turquía ya acordaron en Sochi, en septiembre de 2018, un plan para acabar con el último bastión del yihadismo que queda en Siria, Idlib, pero haciéndolo sin masacrar a los civiles y evitando una estampida de refugiados como la que se está viendo ahora mismo en dirección hacia Grecia. Para ello se creó una zona desmilitarizada en una franja de 15-20 kilómetros de anchura de la que, según Putin explicó entonces, deberían haber salido «todos los insurgentes radicales como el Frente al Nusra» (Al Qaida) así como también la retirada todo el armamento pesado como tanques, lanzaderas de misiles, piezas de artillería y hasta morteros. El acuerdo supuso el cese de las operaciones el Ejército sirio en la zona. Incumplir el pacto La provincia de Idlib está controlada en un 60% por el grupo yihadista Hayat Tahrir Al Sham, del que forma parte la antigua rama del Al Qaida en Siria. Pero en el enclave hay también grupos armados afines a Turquía. En la provincia hay además 12 puestos de control y observación del Ejército turco en misión dentro del marco de los acuerdos de creación de las zonas de «desescalada». Ankara temía ya entonces que una acción militar de Assad con la ayuda de Rusia pusiera en grave peligro a sus militares como así sucedió la semana pasada. Pero Rusia acusa ahora a Turquía de no cumplir lo pactado en Sochi al no haber separado a la oposición moderada presente en Idlib de los terroristas y, en general, de no haber sabido calmar la situación. Mientras, Ankara insiste en que no retirará sus fuerzas de la zona. Analistas azerbaiyanos afirman que Idlib es para Turquía lo que Donbass, en el este de Ucrania, es para Rusia. Lo cierto, sin embargo, es que mientras no se llegue a un acuerdo para pacificar Idlib el flujo de refugiados será incesante, aunque Moscú no se cree el dato del millón de desplazados facilitado por la ONU. El miércoles, Lavrov aseguró que «entendemos lo grave que es para la Unión Europea la llegada de refugiados y la inmigración ilegal, pero no podemos detener la lucha contra el terrorismo para resolver el problema de los desplazados» por la guerra. Un acuerdo hoy en Moscú se presenta complicado, aunque los expertos creen que se terminará consensuando otro cese de las hostilidades tan frágil como todos los anteriores. En medio de la reforma constitucional en marcha y con una votación prevista para abril, a Putin tampoco le interesa mucho un choque violento con Turquía.
18-02-2020 | Fuente: abc.es
Macron entra en campaña contra el «separatismo islamista» francés
Emmanuel Macron presentó este martes en Mulhouse (departamento Alto Rin), una de las «capitales» del islam de Francia, su proyecto de «reconquista» de los territorios de la República francesa amenazados por el «separatismo islamista». En un discurso de muy altos vuelos intelectuales y políticos, el presidente de la República analizó la nueva realidad multicultural de Francia, insistiendo en la emergencia de un problema de inmenso calado, presentado de este modo: «El separatismo islamista es un proyecto político incompatible con la libertad y la igualdad y la identidad y la unidad de la nación». Quizá por vez primera en la historia política de Francia, un presidente denuncia una deriva religiosa, cultural y política que va más allá de la mera y trágica amenaza yihadista subversiva, amenazando la matriz cultural de la nación. A primeros octubre 2019, haciendo el elogio fúnebre de las víctimas de la matanza de la Prefectura de París, anunció el comienzo de una larga batalla nacional contra el yihadismo subversivo: «Ante el terrorismo islamista, lanzamos un combate sin descanso, una lucha implacable, contra la hidra islamista, un islam descarriado portador de muerte». Se trataba, entonces, de un análisis clásico: el yihadismo revolucionario es una amenaza policial, paramilitar, que es necesario combatir con determinación marcial, claro está. Cinco meses más tarde, Macron desvela una nueva dimensión de esa amenaza global: el «separatismo islamista». Un islam proselitista que aspira a crecer al margen de los valores, principios e instituciones de la república, el Estado. Si la hidra yihadista es una amenaza terrorista directa, el separatismo islamista es una amenaza contra la matriz de la sociedad civil, sembrando semillas de descomposición cultural, moral. A juicio de Macron, el separatismo islamista es una amenaza de nuevo cuño, global, que él percibe de este modo: «Parte de la república quiere separarse de nuestras instituciones. De manera elíptica o directa, en nombre de una religión, el proselitismo islamista aspira a romper los lazos que unos unen como ciudadanos libres, haciendo de la religión un proyecto político contra nuestra república y Estado». A juicio de Macron, el separatismo islamista es una amenaza de nuevo cuño, en Francia, que va más allá del mero comunitarismo, por estas razones: «En nuestra sociedad, en nuestra Nación, nuestro Estado, la laicidad permite a cada cual vivir sus creencias, respetando las leyes comunes, que nos unen y son el principio mismo de nuestra unidad y libertad». «El Estado, las leyes de nuestra República, nos impone a todos derechos y deberes, obligaciones», afirmó Macron, agregando: «Esa es la matriz común de la nación. Desde hace décadas, en nombre de una religión, manipulada, el separatismo islamista invita a muchos de nuestros conciudadanos a no respetar las leyes ni las instituciones, construyendo un proyecto de separación. Se trata de un proyecto que debemos combatir, porque es una amenaza para la matriz de la nación». Cuatro líneas contra el separatismo islamista El presidente Macron avanzó cuatro líneas de lucha contra el separatismo islamista: 1.- Combatir la influencia extranjera a través de la financiación de mezquitas y escuelas. Macron se propone invitar a los países musulmanes (Turquía, Argelia, Marruecos, Qatar, entre otros), que financian escuelas y mezquitas en Francia, a repensar esa influencia. Maestros e imanes extranjeros serán controlados de manera más efectiva, incluso policial. Macron anuncia medidas policiales severas contra cualquier intento de injerencia en la escuelas y mezquitas financiadas con dinero extranjero. 2.- Mejor organización del islam de Francia? Macron «invita» a las organizaciones musulmanas oficiales a colaborar más estrechamente con los servicios e instituciones del Estado. Anuncia un proyecto de formación de imanes, por cuenta del gobierno, con el fin de asegurarse el debido respeto de la legislación, cultura e instituciones, evitando que los imanes que predican en Francia estén formados en muy diversos países musulmanes. 3.- Luchar contra manifestaciones separatistas. Los servicios de seguridad del Estado tomarán medidas especiales contra manifestaciones de carácter cultural que pudieran interpretarse como separatistas, por distintas razones. 4.- Hacer respetar el Estado por todas partes? Dicho de manera más simple y directa: los servicios de seguridad del Estado serán convenientemente reforzados para combatir las nuevas formas del subversión del Estado y la Nación, ya que, insistió Macron, «el separatismo islamista es incompatible con la libertad y la igualdad y la identidad y la unidad de la nación». Macron lanzó esa «operación reconquista» en Mulhouse (110.000 habitantes), al este de Francia, una de las capitales del islam francés. Y en uno de sus barrios más problemáticos, Bourtzwiller (20.000 habitantes), que tiene una importancia muy particular en la nueva geografía de los radicalismos no solo religiosos. En Mulhouse se ultima la construcción del Centro y la Gran Mezquita An Nour, financiada por Qatar, cuya gestión está controlada por la Asociación de los Musulmanes de Alsacia, próxima a los Hermanos Musulmanes. Bourtzwiller es uno de los 47 barrios definidos como «barrios de reconquista republicana» por el Ministerio del Interior. Se trata de uno de los guetos suburbanos donde el multiculturalismo, la criminalidad, el yihadismo de la «especie» más baja, los tráficos más turbios, se han incrustado de manera inquietante en una descompuesta «vida social». Bourtzwiller es uno de los 17 ?territorios? suburbanos donde el radicalismo islamista ha cobrado una importancia particular, inquietante.
07-02-2020 | Fuente: abc.es
Estados Unidos eliminó al líder de Al Qaida en Yemen el pasado enero
Cinco años después, Estados Unidos volvió a descabezar a Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), rama del grupo que desde 2009 aglutina a los yihadistas de Arabia Saudí y Yemen y que los servicios de inteligencia consideran como «la más activa». La Casa Blanca confirmó la muerte de Qasim al-Rimi, considerado también el número dos del grupo, lo que «nos acerca a eliminar las amenazas que este tipo de grupos suponen para nuestra seguridad nacional. Estados Unidos, nuestros intereses y los de nuestros aliados son más seguros gracias a esta muerte». Desde Washington no aportaron detalles sobre el lugar o la fecha concreta, aunque los rumores sobre la muerte del cabecilla del grupo comenzaron a extenderse con fuerza a finales del mes pasado. Este veterano de Afganistán de 41 años era una figura muy perseguida por la CIA ya que su vinculación al grupo es anterior al 11S y sería el responsable directo de los ataques contra la embajadas de Estados Unidos en Sanaa en 2008. El Pentágono le acusaba de «atentados contra civiles» y contra «intereses de Estados Unidos» y recordaron que fue el mismo quien reivindicó el tiroteo mortal en la base aeronaval de Pensacola de Florida del pasado año. El cadete saudí Mohamed Said Al Shamrani mató a tres soldados de Estados Unidos y AQPA difundió un mensaje de audio de 18 minutos de su líder en el que le calificó de «héroe mártir» y se atribuyó esta operación como parte de su lucha contra los estadounidenses. Esta acción provocó la expulsión de 21 cadetes saudíes de bases estadounidenses. Este es el segundo gran éxito de Donald Trump en su lucha contra el yihadismo tras el asesinato en octubre del califa Abu Baker Al Bagdadi, líder del grupo yihadista Estado Islámico (EI), al norte de Siria. «Hemos dado un paso más hacia la desaparición de la amenaza terrorista», declaró el presidente al confirmar la eliminación de un yihadista por cuya cabeza Washington ofrecía una recompensa de 10 millones de dólares. Golpes a Al Qaida En 2015, la inteligencia y los aviones no tripulados estadounidenses lograron el que calificaron como «mayor éxito en la lucha contra Al Qaida» desde la operación que acabó con Osama Bin Laden en Pakistán en 2011, tras acabar con Nasser Al Wuhayshi, alias «Abu Baseer», líder entonces de AQPA y número dos de la organización. En aquella ocasión, el ataque tuvo lugar en Mukalla, provincia de Hadramout, una localidad costera en manos de AQPA que ha aprovechado el caos generado por los bombardeos de Arabia Saudí contra los rebeldes hutíes para consolidar sus bases en Yemen. El nombre de Al-Rimi se suma a la lista de números dos de AQ capturados o alcanzados por ataques de aviones no tripulados de EE.UU. El primero fue Abu Faraj al Libi (de 2001 hasta su captura en Mardan, Pakistán, en mayo de 2005), y le siguieron Mustafa Abu al Yazid (2005-2010), Atiyah Abd al Rahman (2010 -2011) y Abu Yahya al Libi (2011-2012) y Al Wuhayshi (2012-2015)los cuatro últimos muertos por ataques de drones.
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