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Noticias de ucrania

26-01-2020 | Fuente: elpais.com
Una grabación destapa conversaciones de Trump con donantes sobre Ucrania
El presidente habla con los empresarios ucranios que decía desconocer, pide el despido de la embajadora Yovanovitch y aborda asuntos como Rusia, China o el muro de México
26-01-2020 | Fuente: abc.es
Concluida la presentación del caso contra Donald Trump, es difícil encontrar una acusación peor fundada y que demuestre con mayor certeza la politización de la Justicia que la izquierda intenta hacer en Estados Unidos igual que lo procura en España. La acusación presentada en el Senado por los demócratas de la Cámara de Representantes sostiene que lo que hizo Trump justifica su destitución porque sus actos, aunque no fueran casos de corrupción ni fueran ilegales, los ejecutó desde la Presidencia para beneficiar su reelección este año. Grande. ¿Conoce usted algún presidente en el mundo enfrentado a un proceso de reelección que no haya tomado decisiones políticas que puedan favorecer el que vuelva a ser reelegido? O sea, que Donald Trump debe ser destituido porque buscó un quid pro quo con Ucrania para que investigase casos de corrupción de la familia Biden a cambio de darles ayuda militar contra Rusia. Y ¿se acuerdan de aquel micrófono abierto que pilló a Barack Obama en Seúl en marzo de 2012 diciendo al entonces presidente ruso Dimitri Medvedev que le dijera a su jefe, Vladimir Putin, que «en todos estos asuntos, pero especialmente en defensa anti misiles, podemos llegar a un acuerdo, pero es importante que me dé un poco de espacio (?) Ésta es mi última reelección. Después de ser elegido tendré más flexibilidad». Así que Obama estaba pactando que Putin no le dificultara su reelección contra Mitt Romney a cambio de decisiones que afectaban a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Pero ningún demócrata creyó que aquello ameritara un impeachment, claro. Y, por cierto, ni siquiera el candidato republicano Romney lo pensó tampoco. Creyó que los norteamericanos debían juzgar a Obama en las urnas. Que es lo que los demócratas quieren evitar ahora porque temen que vuelva a ganar. Parece evidente que el que un presidente haga cosas legales para favorecer su reelección no puede ser causa de un proceso de destitución, porque todos los presidentes pasados de los Estados Unidos lo hicieron y nadie se le ocurrió promover un impeachment. Tenemos también al líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, denunciando el bloqueo del proceso por los republicanos del Senado al impedir la comparecencia de los colaboradores de Trump ante el comité de investigación. Hace falta ser hipócritas. En 2014 Barack Obama negó al Congreso el testimonio de sus colaboradores en un caso de tráfico de armas aduciendo que «los asesores más próximos al presidente tienen inmunidad absoluta frente a la demanda de que declaren ante procesos en el Congreso». Le faltó aclarar que se refería a los asesores del presidente Obama. Los de los demás presidentes no tienen ninguna inmunidad, según los demócratas. Vivimos un momento de mucha gravedad para la democracia en Occidente: en Europa y en el hemisferio americano. La izquierda norteamericana describe a Trump como una amenaza a «nuestra democracia» como la mayoría de la izquierda europea lo hace con sus rivales ideológicos. Como ha explicado muy bien Daniel Henninger («A Most Progressive Trump Impeachment» WSJ. 23-01-2020) «para la izquierda, la frase ?nuestra democracia? es sinónimo de su noción mística de algo llamado la ?voluntad del pueblo?. En este modelo político, que es popular en América del Sur, cuando algo ?un rival o una idea? interfiere el camino de la voluntad del pueblo, la solución es suprimirlo, sustituirlo o prohibirlo. Competir con él o ello es considerado una pérdida de tiempo». La izquierda está demostrando una voluntad muy antidemocrática en muchas partes del mundo. En Estados Unidos, la senadora Elizabeth Warren, candidata demócrata, ya ha dicho que si gana iniciará una investigación abierta contra su predecesor y todos los norteamericanos que han trabajado para él. Porque para esta izquierda, la única democracia que vale es la democracia en la que gobiernan ellos. En Estados Unidos como en España.
26-01-2020 | Fuente: abc.es
El Congreso de EE.UU. se aburre durante el «impeachment»
Son días extraños en el Capitolio. Todo, incluidas las primarias para las elecciones de noviembre, ha quedado paralizado por el tercer juicio político a un presidente de la historia. Y se le nota a la mayoría de senadores que no están cómodos en el papel de tribunal. Dados a sentenciosos discursos y acostumbrados a ser escuchados sin interrupción, ahora deben permanecer en silencio durante los largos seis días en que la fiscalía y la defensa, que comenzó su turno ayer, detallan sus alegaciones en contra y a favor de Donald Trump. El viernes, un día singular en este proceso, la fiscalía, que ejerce un grupo de demócratas, acusó directamente al presidente de ser ni más ni menos que una marioneta del Kremlin. Se trata de una acusación extraordinaria, que proferida contra un republicano hace apenas una década hubiera incendiado Washington. Aun así, el viernes, en el momento en que el diputado demócrata Adam Schiff, que lidera a los fiscales, le daba la enhorabuena a Rusia por una soberbia infiltración en la Casa Blanca, uno de los senadores dormitaba ante sus notas; otros dos jugaban con esos pequeños trompos planos y de colores que los niños popularizaron hace unos tres años, y un cuarto sorbía un vaso de leche, única bebida, junto al agua, permitida dentro de la sala, porque hace años un senador defendió que era buena para tratar su úlcera. En el cajón de un pupitre, en el flanco derecho de la sala, los senadores tienen caramelos a su disposición. De pocas cosas más disponen, pues dentro de esta sala están prohibidos los teléfonos, las tabletas y los ordenadores, sean de mesa o portátiles. Y, claro, los senadores se aburren. Porque este juicio, celebrado con gran pompa, es, sobre todo, anticlimático. No hay pruebas nuevas o testigos sorpresa. Todo lo que la fiscalía ha detallado en su largo turno de tres días ya se sabía porque lo expuso antes con detalle no en una sino en varias comisiones de la Cámara de Representantes, en unas vistas retransmitidas hasta la extenuación por televisión y redes sociales. Las partes sin embargo, no adolecen de energía. El viernes mismo uno de los fiscales, el también diputado Jerrold Nadler, llamó al presidente «dictador». Ni por esas. Nadie puede acusar a la acusación y a la defensa de falta de esfuerzo. Durante el debate del miércoles para pactar las reglas que gobiernan este juicio, en una vista que duró hasta las dos de la madrugada, se cruzaron unos reproches tan agrios, que el miércoles, en la apertura de la primera vista, les cayó una reprimenda del circunspecto presidente del Tribunal Supremo, que desde un púlpito elevado vela por que el juicio al menos parezca equitativo. «Debo recordarles a las partes que se hallan ante la cámara legislativa más prestigiosa del mundo. Y una de las razones por las que se ha ganado ese título es porque sus miembros evitan dirigirse de un modo, y empleando un lenguaje, que no se ajuste a las normas más básicas de civismo», dijo el magistrado John Roberts. De ahí la artificiosa singularidad de todo este proceso. Las normas son muy estrictas. Tanto, que si los senadores quieren hacer preguntas, las deben entregar por escrito. Los plazos son férreos. Las dos partes en liza están agotando hasta la extenuación las 24 horas de las que disponen, repartidas en bloques de tres días. Las vistas se alargan porque los fiscales y abogados no quieren dejarse nada fuera. Pero todos ellos saben que el veredicto está ya cantado. En el hemiciclo hay 45 demócratas, dos independientes y 53 republicanos. Entre estos últimos, muchos admiten abiertamente que no son neutrales: están juzgando a un presidente de su partido, muy popular entre las bases, en año electoral. De los 33 escaños del Senado que se renuevan en noviembre, 23 los ocupan republicanos. Ya lo dijo el líder de ese partido del Senado, Mitch McConnel, antes de que comenzara este juicio: «No se me puede pedir que sea imparcial». El tedio de muchos senadores lo manifestó claramente uno de los pocos republicanos que se ha permitido ser tímidamente crítico con el presidente por sus presiones sobre Ucrania, que son lo que ha abierto este proceso de impeachment. En uno de los pocos descansos que se les permiten, Mitt Romney, candidato perdedor a la presidencia en 2012, fue sorprendido en un momento de honestidad por un micro furtivo: «Nos quedan seis horas, y nadie está viendo esto, Dios mío». Era viernes, habían pasado ya las cinco de la tarde, ya era de noche en Washington y la fiscalía aún tenía ocho horas por delante. El desliz de Romney evidencia que en la era Trump mandan los índices de audiencia, también en algo tan grave como un juicio para destituir a un presidente. De hecho el mismo Trump lo admitió. Molesto por que el estreno de su equipo de abogados llegara en sábado, el presidente lamentó en la red social Twitter: «Nos han relegado a una franja que en televisión se conoce como el valle de la muerte». Su abogado, Jack Sekulow, le respondió después: «El sábado enseñaremos el trailer, y el lunes estrenaremos la película». Justo cuando Romney cometía esa indiscreción, en la Casa Blanca, la asesora de Trump Kellyanne Conway pasaba por la sala de prensa, veía una retransmisión del juicio en una de las pantallas y se preguntaba en voz alta: «¿Hay alguien que todavía esté viendo esto?». El presidente contraprogramó. El viernes se convirtió en el primer inquilino de la Casa Blanca en dirigirse a una multitudinaria marcha pro-vida que cada año desciende sobre Washington. Por la tarde invitó a su residencia a 170 alcaldes de todo el país con los que habló de programas de inversión económica. En ninguno de esos dos actos habló del impeachment. Versado en el arte de amasar audiencias Trump sabe que no hay nada mejor para su supervivencia que una nación completamente aburrida por un juicio de veredicto previsible.
25-01-2020 | Fuente: elpais.com
Los abogados de Trump defienden las maniobras sobre Ucrania y acusan a los demócratas de interferencia electoral
Los letrados de la Casa Blanca advierten contra la destitución del mandatario: "Les están pidiendo algo muy peligroso"
25-01-2020 | Fuente: as.com
Muguruza resurge con un partidazo ante Svitolina
Garbiñe Muguruza volvió a dominar a la ucraniana Elina Svitolina en un Grand Slam, como el año pasado en Roland Garros, y en octavos se medirá a Bertens o Diyas.
24-01-2020 | Fuente: abc.es
Netanyahu y Pence alertan del peligro de Irán en el aniversario del Holocausto
Irán se convirtió en el tema central de los discursos que Benjamín Netanyahu y Mike Pence pronunciaron en el Quinto Foro Mundial del Holocausto, celebrado en Jerusalén en el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz Birkenau. Los dirigentes de Israel y Estados Unidos aprovecharon la presencia de medio centenar de mandatarios de todo el mundo para arremeter contra «el único gobierno» que «niega el Holocausto» y que amenaza con «borrar a Israel del mapa», según Pence, y pedir «a todos los gobiernos cualquier esfuerzo para enfrentarse a Irán», en palabras del primer ministro israelí. Netanyahu alertó de que «el pueblo judío ha aprendido las lecciones del Holocausto para siempre tomar con seriedad las amenazas de quienes aspiran a destruirnos» y dejó claro que su «compromiso superior» es la promesa de que «no habrá otra Shoá, no habrá otro Holocausto». El dirigente israelí agradeció a Pence y Trump su decisión a la hora aplicar la estrategia de presión máxima sobre los iraníes. Este llamamiento contra el que primer ministro definió como «régimen más antisemita del planeta» se produjo en medio de un aniversario en el que Vladimir Putin fue el mandatario con mayor protagonismo. El presidente ruso, que inauguró un monumento en honor a los caídos en el cerco de Leningrado en un céntrico parque de la ciudad santa, no habló de Irán y apostó por organizar una cumbre de los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU en 2020 para «defender la paz» ante la inestabilidad en el mundo. Putin aprovechó también para reivindicar el papel de la Unión Soviética en la lucha contra el nazismo y recordó su contribución para poner fin al «asesinato sistemático» de judíos. El papel protagonista de Rusia y las acusaciones de Putin de los últimos días sobre su supuesta alianza con los nazis no gustaron a Polonia y por ello el presidente del país, Andrezj Duda, declinó la invitación tomar parte en este foro. Los presidentes de Lituania y Ucrania tampoco estuvieron presentes. Auge del antisemitismo En la ceremonia celebrada en el Museo Yad Vashem, bajo el peso de las imágenes y los recuerdos de los seis millones de víctimas, también se pudieron escuchar las palabras del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, quien se dirigió a los presentes «con la pesada carga histórica de la culpa» y aseguró que le gustaría «poder decir que los alemanes han aprendido de la historia», pero alertó de «la extensión del odio y del antisemitismo». Fue una de las intervenciones más emotivas. El príncipe Carlos de Gales, que protagonizó uno de los momentos curiosos de la jornada al no saludar a Pence, presidentes como Emmanuel Macron o Sergio Mattarella, y el rey Felipe VI, que también ostenta el título honorífico de Rey de Jerusalén, título que se remonta a la Edad Media, formaron parte de la larga comitiva que participó en el que los medios locales calificaron como el evento más importante organizado en el país. Un acto que concluyó con un mensaje de unidad y compromiso en la lucha contra el antisemitismo.
24-01-2020 | Fuente: abc.es
Los demócratas piden a los republicanos que se les sumen para destituir a Trump en el impeachment
Los demócratas han empleado el segundo de los tres días de los que disponen en detallar los cargos contra Donald Trump e intentar convencer a al menos una parte de los senadores republicanos de que, primero, permitan llamar a testigos y solicitar pruebas en este juicio político, y segundo y más importante, que finalmente destituyan al presidente en el proceso de impeachment. Este jueves, la fiscalía, que ejerce en parte un grupo de diputados demócratas, detalló las razones por las que acusa a Trump de abuso de poder en sus presiones a Ucrania para que investigara al demócrata Joe Biden. «La conducta del presidente es equívoca, es ilegal, y es peligrosa», declaró este jueves ante el Senado en pleno el diputado demócrata y abogado de la acusación Jerrold Nadler. No es tarea fácil, y los demócratas saben que destituir a Trump no va a ser una tarea ni mucho menos fácil. A pesar de los alegatos de la fiscalía, que comenzaron el miércoles, ni un solo senador republicano ha roto filas con el presidente. Los republicanos ni siquiera se han comprometido a permitir que haya testigos o pruebas en este juicio, algo que se decidirá en una votación la semana que viene para la que se requiere mayoría simple. Los demócratas disponen de 47 votos de 100, y necesitan que al menos cuatro republicanos les permitan prolongar el juicio político con esos interrogatorios. Condenar y destituir a Trump será todavía una labor más ardua: el veredicto de culpabilidad sólo se puede aprobar por mayoría de dos tercios impensable para los demócratas. Testigos y pruebas Según dijo este jueves el diputado demócrata Nadler, en su turno como fiscal, «si el presidente tuviera un testigo que le exonerara, uno solo, estaría insistiendo en que debería testificar cuanto antes. Pero en lugar de eso, el presidente lo que les exige es que no escuchen a más testigos». Lo cierto es que Trump ha cambiado frecuentemente de parecer sobre la necesidad de llamar a testigos en este juicio político, a tenor de sus comentarios en la red social Twitter. En unas ocasiones ha pedido una absolución rápida y en otras ha instado a los republicanos a llamar a Joe Biden y hasta a su hijo Hunter. La investigación del impeachment la abrió una llamada de Trump a su homólogo ucraniano en julio durante la que le pidió que indagara en un supuesto caso de corrupción de una empresa energética, Burisma, en la que trabajaba Biden hijo. La Casa Blanca no niega que existieran esas presiones, pero defiende que son legítimas, porque el presidente tiene la obligación de combatir la corrupción.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">The Democrats don?t want a Witness Trade because Shifty Schiff, the Biden?s, the fake Whistleblower(&amp; his lawyer), the second Whistleblower (who vanished after I released the Transcripts), the so-called ?informer?, &amp; many other Democrat disasters, would be a BIG problem for them!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1220410391668371457?ref_src=twsrc%5Etfw">January 23, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Este jueves, de nuevo en Twitter, Trump dijo que son los demócratas los que no quieren llamar a testigos que dejarían en evidencia la corrupción de Biden cuando era vicepresidente. El presidente circuló de hecho la idea de que testifiquen Biden y su hijo a cambio de autorizar otros interrogatorios, como el del ex consejero de Seguridad Nacional John Bolton, que fue despedido de la Casa Blanca en septiembre. «Un acuerdo sobre testigos sería un grave problema para ellos», dijo Trump. Biden, que es candidato en las primarias demócratas y lidera una buena parte de las encuestas, ha dicho que no quiere testificar en este juicio político. De momento, ni uno solo de los senadores republicanos ha indicado que las alegaciones de la fiscalía les haya cambiado de parecer. «No es que estén cambiando nuestra opinión. Creo que estamos todos esperando que se nos enseñen las pruebas que demuestren sus argumentos de forma irrefutable, y entonces puede ser que decidamos que necesitamos más información. Pero de momento, esas pruebas no se nos han enseñado», dijo este jueves en los pasillos del Capitolio la senadora republicana Joni Ernst. Duras reglas Las reglas del juicio político son muy estrictas. Mientras dure el juicio los senadores no pueden hablar, ni siquiera para hacer preguntas. Dentro de la sala no puede haber teléfonos móviles, tabletas u ordenadores. Ni siquiera se pueden introducir alimentos y a los senadores sólo se les permite beber agua o leche. Los tres senadores demócratas que se presentan a las primarias de su partido de cara a las elecciones de noviembre no pueden hacer campaña porque han jurado estar presentes para dictar un veredicto honesto, algo que les perjudica a menos de dos semanas de la primera votación en los llamados caucus de Iowa. Una de ellas, Elizabeth Warren, dijo este jueves que este es un momento que justifica suspender la campaña: «Está en juego nuestra Constitución, creo que todo lo demás puede esperar». Sea destituido o no, Trump se presenta a la reelección y podría ganarla. Si es destituido, nada le impediría presentarse de nuevo, algo que sólo tendría prohibido si el Senado vuelve a votar, por mayoría simple, para inhabilitarlo de forma permanente impidiéndole ejercer de nuevo en el futuro cualquier cargo público.
23-01-2020 | Fuente: abc.es
¿De qué va el impeachment?
Ante lo que puede parecer a simple vista como una espectacular pérdida de tiempo, conviene recordar que el impeachment en Estados Unidos es un «corta y pega» de la antiquísima tradición inglesa para lograr algo tan importante en una democracia como depurar responsabilidades políticas sin necesidad de violencia. Con el tiempo, y la extrema polarización cíclica que sufre la gran república atlántica, el juicio político ha evolucionado para convertirse en algo más que una respuesta constitucional contra el abuso de poder. Los casos de Andrew Johnson en el siglo XIX y los más recientes de Clinton y Trump ?Nixon dimitió antes de la formulación de cargos en la Cámara de Representantes? confirman que el juicio político americano tiende a funcionar como un espejo más bien indiscreto. En esa superficie, tan coyuntural como política, no hace más que reflejarse la imagen de lo que resulta aceptable, o inaceptable, a la opinión pública de Estados Unidos. El proceso contra Bill Clinton estuvo basado en cuestiones esencialmente personales pero envueltas por los republicanos en acusaciones de perjurio y obstrucción a la justicia. Y aunque no es desdeñable el peso que los ingredientes moralistas y puritanos tienen en la idea e la idea de América, la principal conclusión del impeachment de 1995 no fue otra que cometer perjurio para tapar un adulterio no era causa suficiente para inhabilitar a un presidente de Estados Unidos. En el caso de Donald Trump, su impeachment debería interpretarse como parte del ajuste de cuentas populista iniciado en las elecciones de 2016 contra las élites, el establishment o la casta. A pesar de que los hechos ocurridos entre la Casa Blanca y Ucrania no se discuten, no parece viable que una veintena de senadores republicanos hagan posible la destitución del presidente. Trump tiene suficiente impunidad para hablar a líderes internacionales como quiera, utilizar a los Soprano como inspiración de la política exterior de Estados Unidos y seguir haciendo las cosas a su manera
22-01-2020 | Fuente: abc.es
La fiscalía acusa a Trump de intentar un «fraude electoral» en el inicio del impeachment
Los demócratas alegaron este miércoles ante el Senado en pleno que Donald Trump es culpable de intentar manipular las elecciones presidenciales de este año, algo que le hace merecedor de la destitución. Este es el primer día en que el ministerio fiscal, que ejercen los propios demócratas, ha defendido sus argumentos en el tercer juicio político a un presidente en la historia de Estados Unidos. La acusación dispone de un total de 24 horas que deberá consumir antes del viernes, y después será el turno de la defensa de Trump, a cargo de un equipo de abogados. La fiscalía intentó este miércoles ayer tan clara como pudo, privada de la oportunidad, al menos en esta fase, de interrogar a testigos. «El presidente Trump pidió que otro país interfiriera en nuestras elecciones, abusando de su poder para que un gobierno extranjero le facilitara la victoria. Con tal fin, el presidente Trump retuvo cientos de millones de dólares en ayudas militares aprobadas para un aliado estratégico que se halla en guerra con Rusia. Su objetivo era asegurarse la reelección, es decir, cometer fraude», dijo el diputado demócrata Adam Schiff, que ejerce la acusación. Injerencia de Ucrania En la primera vista de alegaciones del impeachment, la acusación ha detallado de forma cronológica la «trama de corrupción» de Trump para ganar las elecciones de noviembre. Desde ese punto de vista, el Presidente se benefició de las injerencias de Rusia en 2016 y pretendía que este año Ucrania perjudicara a uno de los candidatos demócratas, Joe Biden, abriendo una investigación por corrupción sobre una empresa ucraniana en la que trabajó un hijo de este último. Los demócratas sí pudieron presentar pruebas, sobre todo grabaciones en vídeo de declaraciones del propio Trump y de los testigos interrogados en la primera fase del impeachment en la Cámara de Representantes. En un momento, la fiscalía ha exhibido un vídeo de Trump, grabado en 2016, en el que pide al Kremlin que filtre los correos que unos hackers le habían robado a la campaña de Hillary Clinton. Según demostró una investigación independiente del fiscal Robert Mueller hace un año, esos correos fueron robados por la inteligencia rusa y filtrados a Wikileaks, que los publicó días antes de las elecciones. En otro momento, los demócratas han proyectado otro vídeo del año pasado en que Trump pedía no sólo a Ucrania sino también a China que investigaran a los Biden. Reglas estrictas Mientras las partes detallan sus argumentos, en un plazo máximo de seis días que comenzó ayer, los 100 senadores presentes deben permanecer callados y tienen sus teléfonos y portátiles requisados. Podrán presentar preguntas por escrito después, que formulará el magistrado del Tribunal Supremo John Roberts, que preside el juicio. Después, los senadores votarán si necesitan más pruebas o testigos, y finalmente votarán un veredicto. Para destituir al Presidente se necesita una mayoría de dos tercios, 75 votos. Los demócratas sólo ocupan 47 escaños. Trump volverá el jueves a Washington después de dos días de discursos y reuniones en la reunión anual del Foro Económico Mundial en la localidad suiza de Davos. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">Heading back to Washington from <a href="https://twitter.com/Davos?ref_src=twsrc%5Etfw">@Davos</a> , Switzerland. Very successful (for USA) trip!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1220018651362779136?ref_src=twsrc%5Etfw">January 22, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> El Presidente no niega presionar a Ucrania para que investigara a los Biden, pero defiende que todo lo que hizo es legal porque es su deber combatir la corrupción, en EE.UU. y entre sus aliados. En Davos, Trump se ha centrado en hablar de comercio y la economía y ha eludido en la medida de lo posible su juicio político. Sí que dijo el Presidente ayer que el proceso es «un gran fraude», «una caza de brujas», una venganza de los demócratas por «los grandes éxitos de esta presidencia».
22-01-2020 | Fuente: abc.es
Luna Montecchio, superviviente del Holocausto: «¿Olvidar? ¿Perdonar? Imposible»
Luna Montecchio es la presa número 39143 de Auschwitz Birkenau. Se remanga el antebrazo y muestra los cinco números que le tatuaron nada más llegar al campo de exterminio nazi situado en Polonia y de cuya liberación se cumplen 75 años. Hasta allí le llevaron en tren desde su Salónica natal junto a toda su familia. Fue la única que pudo sobrevivir. Un milagro. En Auschwitz Birkenau los nazis asesinaron a más de un millón de personas en los cinco años que estuvo operativo, la mayoría judíos. «Me asignaron un trabajo en la sección ''kanada'', donde nos ocupábamos de ordenar la ropa de los recién llegados, y eso me salvó la vida porque era una chica débil y acostumbrada al buen tiempo de Grecia, no habría soportado los trabajos forzados en el frío polaco», recuerda desde el sillón en el que ahora pasa la mayor parte del tiempo por sus problemas en las rodillas. Las palabras en ladino se mezclan con el hebreo, pero según avanza la conversación el español antiguo que empleaban los judíos expulsados de España en 1492 construye palabra a palabra el testimonio de esta superviviente que lamenta que las autoridades de Israel y de la comunidad internacional «solo se acuerdan de nosotros el día de la Shoa (término en hebreo para referirse al Holocausto), entonces organizan una oración y nos entregan medallas. ¿Pero el resto del año, qué? Estamos solos y abandonados como culebras. Nadie se acuerda». Ha cumplido 94 años, apenas tiene una arruga en el rostro, cada día cocina y pasa un buen rato arreglando su pelo. Hoy se ha puesto dos pequeños lazos negros. Sus ojos se encienden cuando se le preguntan por las imágenes que retiene de aquellos tres años que pasó en Auschwitz. «Estaba en el bloque 12 y justo enfrente teníamos el crematorio. Durante los primeros días nos extrañaba el olor a carne asada, como si fuera una barbacoa e incluso hacíamos bromas pensando que mejorarían con kebab nuestra dieta de pan seco y pedazos de queso. Pronto nos dimos cuenta de lo que pasaba porque nos lo contaron los que trabajan en los hornos. Así aprendimos a distinguir que cuando metían a gente viva la llama era muy colorada, supongo que por la sangre, no lo sé? Horrible», recuerda en voz alta frente a tres de sus hijos, que no pierden detalla del relato. Luna vive en Bat Yam, al sur de Tel Aviv, en el segundo piso de un bloque de shikunim (proyectos de vivienda pública de construcción rápida y barata que se llevaron a cabo en todo Israel para dar solución al problema de la vivienda) en la que se instaló hace sesenta años. Un mini piso de 55 metros cuadrados en el que ha criado a sus siete hijos. «Para mí siempre ha sido una mansión», bromea. Durante el día «convivo con los seres vivos, pero por las noches llega el turno de los muertos, de los ausentes y cada noche es una pesadilla. ¿Olvidar? ¿Perdonar? Imposible», apunta la anciana mientras muestra fotos en blanco y negro y recortes de periódico. Además de los olores e imágenes tiene muy presentes los sonidos y de pronto eleva la voz para insultar en alemán de la misma forma que les gritaban: «¡Aufstehen, Dreckjude, judebrut!». Apoya la cabeza contra el almohadón. Respira hondo y bebe un sorbo de soda. Viaje a Palestina Cuando los rusos estaban a punto de llegar a Auschwitz los alemanes le trasladaron a Bergen Belsen, «un campo lleno de presos españoles», recuerda. Un traslado de dos días a pie en el que conoció al amor de su vida, que también logró sobrevivir a los horrores del campo y con quien se casó en cuanto fueron libres. Tras un breve paso por Salónica, donde comprobaron que estaban solos y que nadie más había salido con vida de los suyos, «vinimos a Palestina en 1945. Entonces estaban los ingleses, pero acostumbrados al terror que nos daba un soldado alemán, nunca lograron amedrentarnos. Empezamos en el kibutz de Ein Harod y después llegamos a Bat Yam». Luna enviudó en 2013 y solo entonces comenzó a hablar del pasado. «Mientras que mi marido estaba vivo solo él contaba a los niños lo que sufrimos en el Holocausto y lo duro que fue llegar aquí y comprobar que el resto de judíos se reían de nosotros y nos llamaban ''corderitos'' por haber ido a los hornos sin luchar. Sentíamos vergüenza y rabia», cuenta en voz baja y sin quitar la vista de las fotos en las que aparece con su esposo. Pensiones y ayudas En Israel viven unos 189.000 supervivientes, su edad media es de 85 años y, según un informe elaborado por la Fundación de Asistencia Social, el 25 por ciento de los miembros de este colectivo vive en «situación de pobreza». Luna recibe una pensión mensual del Gobierno de Israel, pero otros supervivientes la reciben desde el Gobierno alemán por medio del Claims Conference (The Conference on Jewish Material Claims Against Germany). La pensión mínima mensual para una persona que sobrevivió a los campos o los guetos es de 2.400 NIS (600 euros al cambio), según informa Shlomo Gur, responsable en Israel de Claims Conference, «pero la cantidad varía en función del estado físico en que se encuentre y puede llegar hasta los 10.000 NIS (2.500 euros)». En caso de recibir el dinero desde Alemania, la mensualidad es de 513 euros y después es el Gobierno israelí quien la complementa hasta equipararla a las cantidades locales. «Además de la pensión, cuentan con una serie de beneficios sociales, el más importante es el servicio médico a domicilio en el que gozan de nueve horas más semanales que el restos de jubilados del país», apunta Gur. Consultado por «la situación de pobreza» que sufre el 25 por ciento de ancianos de este colectivo, Gur explica que «se trata en su mayoría de lo que denominamos ''casos volantes'', personas que se vieron obligadas a dejar sus hogares ante la llegada de los nazis y buscaron refugio en toros países, la mayoría en la antigua URSS. En su caso reciben un pago único anual de 3.900 NIS (975 euros). Muchos llegaron a Israel en los noventa y no han tenido tiempo de cotizar para generar una pensión y tampoco reciben ayuda alguna de países como Rusia y Ucrania, por ello tienen una situación más complicada». Israel reúne a 40 jefes de Estado para el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz, pero en la ceremonia que acoge Yad Vashem, el Museo del Holocausto, faltará Luna. «Yo me quedo en casa, con mis hijos y mis recuerdos», comenta con la mirada fija en el entrevistador. Imposible contar con palabras lo que han visto esos ojos.
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