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Noticias de texas

26-10-2020 | Fuente: abc.es
Mark Meadows, la mano derecha de Trump: «No vamos a controlar la pandemia»
El jefe de Gabinete de Donald Trump, Mark Meadows, aseguró ayer sobre la gestión de la crisis del Covid-19 que «no vamos a controlar la pandemia». Lo dijo en una entrevista en CNN, donde añadió que «lo que vamos a controlar es el hecho de que tengamos acceso a vacuna, terapias y otro tipo de mitigación». La declaración de Meadows refleja la posición que ha tomado la campaña de Trump sobre las precauciones ante el Covid y la propia experiencia del presidente de EE.UU. con la enfermedad. Trump ha organizado mítines multitudinarios desde finales de agosto, en los que no se exige mascarilla ni distancia social, apenas se le ha visto con la protección facial y no la ha impuesto en la Casa Blanca. El propio presidente se contagió el mes pasado y fue hospitalizado durante tres días, en los que fue tratado con dos medicamentos experimentales, además de remdesivir, el único fármaco aprobado hasta el momento contra el virus. Sin embargo, las palabras de Meadows son un regalo para la campaña de Joe Biden, que va por delante en las encuestas, aunque con muy poca diferencia en varios estados clave. Llegaban a nueve días de la elección presidencial, con el Covid como una de las principales preocupaciones de los estadounidenses y en medio de un nuevo repunte de casos, con el que este fin de semana se ha batido el récord de contagios diarios, con más de 85.000. En ese contexto, ayudan a compensar el salvavidas que Biden lanzó a Trump en el debate del pasado jueves, cuando respondió con un «sí» a la pregunta de si cerraría la industria del petróleo. Biden después aclaró que se refería a eliminar los subsidios, pero el patinazo será utilizado en su contra en estados clave muy dependientes del sector energético, como Texas y, sobre todo, Pensilvania. «Esto no fue un resbalón de Meadows», reaccionó Biden en un comunicado. «Es un reconocimiento sincero de lo que ha sido la estrategia del presidente Trump desde el principio de esta crisis: mostrar la bandera blanca de la derrota y confiar en que, ignorándolo, el virus simplemente desaparecería». La declaración de Meadows se producía el mismo día en el que se conocía el positivo de Marc Short, jefe de Gabinete del vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, y de varios de sus ayudantes. Pence, sin embargo, no hará cuarentena y seguirá con sus apariciones de campaña. Ayer tenía previsto un mitin por la noche en Carolina del Norte, después de haber estado en Florida en la víspera. La permanencia de Pence en campaña se debe a que es un «trabajador esencial». La vacuna Pese al aumento significativo de casos, Trump aseguró ayer en un mitin en New Hampshire que el país «está superando» la crisis y puso énfasis, en la línea de Meadows, en la obtención de una vacuna «que va a ser distribuida rápido». «Eso acabará con la pandemia de forma rápida, aunque está acabando en cualquier caso», dijo, contra lo que muestran los números y contra la opinión de los expertos, que no sitúan un acceso generalizado a la vacuna hasta mediados del año que viene. «Queremos que vuelva la vida normal», dijo ante los vítores de sus seguidores. Sobre la vacuna, Anthony Fauci, la autoridad médica en enfermedades infecciosas en EE.UU., aseguró ayer en una entrevista en la BBC que los resultados sobre la seguridad y efectividad de la vacuna llegarán «a finales de noviembre o principios de diciembre». Aclaró que la vacunación de una «parte sustancial de la población» que permita un «impacto significativo» en la pandemia no será posible hasta el segundo o tercer trimestre del año que viene.
25-10-2020 | Fuente: abc.es
Trump y Biden se lanzan al esprint final de unas elecciones desconcertantes
Como han hecho ya 56 millones de personas, una cifra récord, Donald Trump depositó este sábado su voto en Florida , donde está empadronado en estas elecciones. La pandemia ha llevado a abrir las urnas mucho antes para facilitar el voto sin aumentar el riesgo de contagio, y el escenario que hay en este momento en Estados Unidos es insólito y desconcertante. Los expertos en sondeos y demoscopia están incluso más confundidos que en 2016, cuando ya fracasaron estrepitosamente en sus predicciones. A estas alturas hace cuatro años habían votado apenas seis millones de personas, según US Elections Project. Ahora esa cifra se ha multiplicado por nueve, y no sólo en bastiones demócratas como California o Virginia, sino también en estados fielmente republicanos, como Texas. Tras votar, el presidente se embarcó en un maratoniano periplo de más de 4.000 kilómetros que le llevó de Florida a Carolina del Norte, y de allí a Ohio y Wisconsin. «La opción es entre un súper boom de Trump, o la cuarentena de Biden», dijo Trump en el primero de tres mítines. «Yo sé lo que necesitáis, necesitáis a Trump, no necesitáis a Joe, que hundiría la economía», añadió. Después repitió varias veces la palabra «Covid», acusando a los demócratas de usarla para infundir miedo, y que los republicanos no voten. «¡Y lo he superado y dicen ahora que soy inmune!», dijo. Joe Biden, su parte, se está esforzando en convertir la elección presidencial en un referéndum sobre la gestión de Trump de la pandemia de Covid-19. Este sábado, su campaña le llevó a Pensilvania, el estado más decisivo junto con Florida en la elección. Fue pocas horas después de que se conociera que EE.UU. había batido el número de nuevos contagios diarios, más de 85.000. «Ayer registramos el mayor número de casos desde el comienzo de la pandemia», dijo el exvicepresidente en un mitin en el que sus seguidores asistían desde los coches, con bocinazos en lugar de aplausos. Como en la víspera, Biden insistió en la idea de que EE.UU. «no está superando» el virus, ni este «va a desaparecer» a corto plazo, como dice el presidente Trump. Lo cierto es que por mucho que hagan campaña los candidatos, las cifras de voto por adelantado reflejan que millones de personas ya se han decidido. La movilización a estas alturas no tiene precedentes. A día de hoy, han se han depositado un 40% de todos los votos de las elecciones de 2016, que fueron 136 millones. En EE.UU. una mayoría de estados permite no sólo votar por correo, sino también en urna días y hasta semanas antes del día de las elecciones, que este año cae el 3 de noviembre. Participación demócrata Es cierto que los estados que obligan a los votantes a registrarse en un partido u otro informan de que están votando muchos más demócratas que republicanos: 12 millones frente a siete millones, según los datos de US Elections Project. Pero eso sólo cubre 25 millones del total de 56 millones, y además el registrarse por un partido obliga a votar por ese candidato, por lo que esas cifras no son indicadoras de nada. Lo cierto es que el presidente tiene también un papel importante en la supuesta desmovilización de los republicanos en el voto por adelantado. Lleva semanas denunciando fraude masivo, sobre todo por parte de aquellos estados que envían papeletas a todos los censados, aunque no las soliciten, y en el voto por correo. Aun así, la fiscalía aun no ha presentado denuncias por ese supuesto fraude. De todos modos, Trump sigue insistiendo. Este sábado, tras votar en una biblioteca en Palm Beach, cerca de su mansión de Mar-a-Lago, el presidente dijo: «Fue un voto muy seguro, más que cuando envías la papeletas por correo, ahí no hay seguridad». Numerosos demócratas creen que con estas denuncias de fraude, Trump está sentando las bases para impugnar las elecciones en el caso de que pierda y el resultado sea muy ajustado. Ya en 2000 toda la nación quedó pendiente del resultado de Florida, que era decisivo. Pero hubo denuncias de irregularidades y al final el asunto llegó hasta la Corte Suprema, que ya entrado diciembre dio la victoria final a George Bush hijo. Biden y el Supremo El candidato demócrata también aprovechó para criticar a Trump y a sus aliados republicanos en el Congreso por «no tener tiempo» para aprobar un nuevo plan de ayuda contra la crisis económica provocada por la pandemia, pero que, al mismo tiempo, se dan prisa por confirmar a la juez nominada por el presidente para el Tribunal Supremo, Amy Coney Barrett . Biden definió a la magistrada como alguien «interesada en una cosa: eliminar Obamacare», en referencia a la reforma sanitaria aprobada en el Gobierno de Barack Obama. Biden ha propuesto una reforma ?en el debate del jueves la calificó de «Bidencare»? que mantiene los seguros privados, pero incluye una opción pública. Biden, que ha imprimido un punto de agresividad contra su rival en el final de la campaña, cerró el discurso con un ataque directo: «Todo el mundo sabe quién es Donald Trump. Mostrémosle quiénes somos nosotros. Elegimos esperanza frente al miedo. Unidad frente a la división. Ciencia frente a la ficción. Y, sí, el honor y la integridad frente a la mentira», dijo en un momento en el que Trump redobla las acusaciones de corrupción contra Biden por los negocios de su hijo Hunter en Ucrania y China.
25-10-2020 | Fuente: abc.es
Hijos, esposas y nueras: la campaña electoral en EE.UU. también es cosa de familia
En el salón de un hotel anodino, de los que acogen una convención de agentes de seguros o una reunión de excompañeros de instituto, sube al estrado una mujer con tacón de aguja y apellido Trump. Es a las afueras de Omaha, una ciudad de Nebraska que podría ser determinante para la elección presidencial de EE.UU. Unas doscientas personas, muchas de ellas mujeres, tocadas con gorras rojas de «Make America Great Again», no tienen a Donald Trump, pero sí a alguien de su familia. Es Lara Trump, la nuera del presidente, casada con su segundo hijo, Eric, y muy activa como una de las portavoces de su campaña. Los avances de Joe Biden en estados donde se creía que Trump tendría las cosas más fáciles ?Georgia, Texas, Ohio, Iowa o el segundo distrito de Nebraska? han exigido al presidente una agenda frenética de mítines. Y, a donde no llega el presidente, lo hacen sus familiares. En Omaha, que tiene la particularidad de que el número de electores estatales está dividido en distritos, la victoria de Biden podría deshacer un potencial empate entre candidatos. Por eso, en las últimas semanas han pasado por aquí Donald Trump Jr. , el primogénito de Trump y uno de los rostros más populares entre las bases conservadoras, que ha venido en al menos dos ocasiones; Karen, la mujer del vicepresidente Mike Pence; y Lara Trump, que también ha repetido. Por el bando demócrata, Biden ha enviado a su mujer, Jill, que cobró mucha fama tras un discurso excelente en la convención demócrata a finales de agosto, y a Doug Emhoff, el marido de la candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris. «Tenemos que ganarnos cada voto», dice la nuera de Trump a los periodistas tras el acto, en el que ha repetido las advertencias habituales sobre el riesgo que EE.UU. corre de convertirse en un país «socialista» si gana Biden. «Estamos mostrando a la gente de Nebraska que nos importan». Jill Biden, durante un acto electoral de su marido este sábado en Bristol (Pensilvania) - Reuters «Que ella esté aquí significa que la elección está muy igualada y que Nebraska es importante», asegura Carrie Clift, que repite las críticas a Biden que se escuchan cada noche en Fox News: «¿Por qué votar a alguien que ha estado 47 años en política? Por no decir que parece que tiene demencia y que es un corrupto». «Es un orgullo y un honor que se tomen el tiempo de venir aquí», apunta Stephanie Louis, que ha venido al mitin con su madre y defiende que «Trump ha cumplido todas sus promesas, es un presidente fuerte que hace lo que dice». Ivanka, la favorita Entre los familiares de Trump, la más popular es su hija favorita, Ivanka, asesora en la Casa Blanca y que le ha acompañado en muchos de sus mítines multitudinarios. Ella se ha tenido que multiplicar en apariciones en diez estados clave en las últimas semanas, centrada en cortejar el voto de la mujer suburbana, que puede ver en ella una figura atractiva, profesional y moderada. Para Biden, la familia se ha convertido, a la vez, en un activo y un lastre. Su mujer ha ido por su cuenta esta semana Míchigan ?uno de los objetivos era movilizar el voto de la creciente población árabe en uno de los suburbios de Detroit?, y a Pensilvania, donde ayer regresó para acompañar al candidato demócrata en un mitin. Su hijo, Hunter, sin embargo, es una piedra en el zapato por las acusaciones sostenidas de Trump sobre sus negocios corruptos en Ucrania mientras Biden era vicepresidente de EE.UU.
24-10-2020 | Fuente: abc.es
Donald Trump vota por anticipado en Florida
Donald Trump ha votado la mañana de este sábado en Florida, donde está empadronado. Justo antes de las 10.00 de la mañana (hora local, las 16.00 en la España peninsular), el presidente de Estados Unidos ha sido llevado a una biblioteca del condado de Palm Beach, cerca de su mansión de Mar-a-Lago, donde ha pasado la noche, y ha depositado su voto. Hasta la fecha han votado más de 52 millones de personas por adelantado, una cifra récord. El presidente llevaba una mascarilla al visitar la urna, pero se la ha quitado para hablar con la prensa después. «Ha sido una votación muy segura», dijo Trump. «He votado a un tipo llamado Trump», dijo el presidente bromeando. Su portavoz, Kayleigh McEnany, explicó después que la sala fue evacuada para que pudiera ejercer su derecho el presidente, que hace tres semanas dio positivo por coronavirus. Trump tiene este sábado un maratón de mítines, tres en total en Carolina del Norte, Ohio y Wisconsin. Cuando regrese a la Casa Blanca esta noche, habrá recorrido 4.000 kilómetros en un solo día. Hasta el día de las elecciones, el 3 de noviembre, mantendrá este ritmo, en marcado contraste con el demócrata Joe Biden, que tiene una agenda mucho más reducida. Las restricciones impuestas por la pandemia han llevado a muchos ciudadanos a votar por adelantado. Según el cómputo de US Election Project, Florida es, con Texas y California, uno de los estados en que más ciudadanos han votado por adelantado. De los 52 millones que han votado, 38 millones lo han hecho en persona, ya que numerosos estados ya han abierto urnas. El resto lo ha hecho por correo.
24-10-2020 | Fuente: abc.es
Patinazo de Biden al atacar a la industria petrolera
Joe Biden ha hecho un buen trabajo esta campaña en evitar errores. El candidato demócrata se ha basado en la pandemia de Covid-19 para responsabilizar a Donald Trump de la crisis sanitaria y económica que azota al país y para limitar su exposición a la opinión pública. Uno de los últimos obstáculos que tenía que superar era el debate del jueves con el presidente de EE.UU. Y salió airoso, excepto en un pasaje: la industria del petróleo, de la que dependen millones de puestos de trabajo y que tiene peso en estados decisivos para la elección. Trump le mostró la muleta durante el bloque dedicado a cambio climático y Biden acudió con prestancia. «¿Cerrarías la industria del petróleo?», inquirió Trump. «Sí. La reconvertiría», respondió Biden. «Es una declaración fuerte», reaccionó el presidente, encantado de haber encontrado una grieta en su rival. Biden trató de decir que su objetivo es «sustituir» a la industria petrolera por energías renovables a largo plazo y, ahora, «dejar de dar subsidios» al petróleo. Pero Trump aprovechó para explicar a los estadounidenses, pegados al televisor en el debate, su versión: «Básicamente, lo que dice es que quiere destruir la industria del petróleo», dijo. «¿Te acordarás de esto, Texas? ¿Te acordarás de esto, Pensilvania, Oklahoma?». Después del debate, Biden, consciente del resbalón, trató de insistir con los periodistas en que se refería a acabar «con los subsidios, no con los combustibles fósiles». Pero Trump tendrá en su poder para lo que resta de campaña la imagen de Biden respondiendo de forma afirmativa a la pregunta de si cerraría la industria petrolera. El asunto puede tener impacto en estados dependientes de esta industria y que pueden influir en la elección. El principal es Texas, donde Biden había ascendido en las encuestas hasta el punto de poner en peligro para los republicanos un estado que les vota desde hace décadas. Pero va más allá. Para cierta parte del electorado de clase media, el ataque a esa industria va contra un elemento esencial del éxito económico del país y a una cultura ligada al coche y a los precios bajos de la gasolina. Y se suma, como parte del sector energético, a las dudas que Trump disemina sobre el apoyo de Biden al «fracking» y la industria del gas natural, que es decisiva en Pensilvania, quizá el estado que determinará la elección, u Ohio, donde Biden también había recortado la distancia con Trump. La batalla del cambio climático El error de Biden fue responder «sí» a la pregunta del cierre, más que defender la reconversión de la industria del petróleo. Porque las políticas de cambio climático son una prioridad creciente para el votante. Según Pew Research, el 68% de los estadounidenses respondieron que el cambio climático es un asunto muy importante para ellos. En las primarias demócratas, antes de que la pandemia de Covid asolara el país y se llevara toda la atención, la discusión medioambiental era el principal asunto de la discusión entre candidatos. Parte de la unidad que ha mostrado la corriente izquierdista del partido demócrata con el «establishment» al que pertenece Biden se debe a su abrazo a la cruzada medioambiental. En el debate volvió a insistir en que el cambio climático es una «amenaza existencial» para el país y utilizó la política ambiental como ejercicio de contraste con Trump, que ha calificado de «engaño» al cambio climático, ha impulsado la relajación regulatoria y ha sacado a EE.UU. del Acuerdo de París. La cita electoral se produce después de un verano de intensificación de desastres naturales como incendios e inundaciones, que se vinculan al cambio climático. Con su posición medioambiental, Biden corteja al voto joven y a amplios sectores del Partido Demócrata cada vez más cómodos con la idea de la disminución en el uso de combustibles fósiles. Pero también puede enfadar a votantes decisivos en una elección que podría definirse por un puñado de votos.
23-10-2020 | Fuente: abc.es
El voto anticipado en EE.UU. rompe récord y supera ya al de 2016 con más de 48 millones
Más de 48 millones de estadounidenses han votado ya de forma anticipada, una cifra que superó este jueves, cuando todavía quedan 12 días para los comicios, a los 47,2 que lo hicieron en 2016, hace cuatro años. En total, 48.674.556 estadounidenses habían acudido este jueves a las urnas según datos de los estados recopilados por «U.S. Elections Project», de los cuales 14.452.729 lo habían hecho presencialmente y 34.221.827 por correo. Además, según el recuento del The Washington Post, 23 de los 50 estados del país han superado ya los votos anticipados de 2016. Estos datos apuntan a un gran incremento del voto anticipado ya sea debido a la pandemia del coronavirus o al entusiasmo que ha desatado la actual elección entre el presidente, Donald Trump, y el demócrata Joe Biden. En las elecciones de 2016 hubo una participación total del 55,7 %, es decir algo más de 136,6 millones de votos. Los más de 48 millones de votos registrados este jueves indican que ya se ha cubierto un 35 % de la participación total de 2016 y auguran, de nuevo, un aumento significativo este 2020. Entre los estados con una mayor afluencia a las urnas están Texas con 5,9 millones, California con 5,1 y Florida con 4,2. El caso de Texas es especialmente significativo ya que esos 5,9 millones de votos a la fecha representan un 65,8 % de la participación total en 2016, lo que muchos consideran un indicador de movilización del votante demócrata. Otros estados que se auguran disputados este 2020 como Carolina del Norte o Georgia registran un 51,1 % y un 54,2 %, respectivamente, de su participación total en 2016. La participación en las elecciones de EE.UU. es tradicionalmente baja y no supera la cota del 60 % desde que en 1968 el republicano Richard Nixon se hizo por primera vez con la Casa Blanca.
23-10-2020 | Fuente: abc.es
Los seis momentos estelares: «¿Quién hizo las jaulas para los niños, Joe?»
«¿Aprender a vivir con ello? Estamos aprendiendo a morir» La pandemia de Covid-19 ocupó el espacio más largo de los seis bloques que se trataron durante el debate. Fue nada más arrancar el encuentro y ambos candidatos mostraron ideas muy diferentes sobre la crisis económica y sanitaria. «220.000 muertos», arrancó en su intervención Biden, que ha basado buena parte de su campaña en la crítica a la gestión de Trump. «Cualquiera que sea responsable de tantas muertes no puede seguir como presidente de EE.UU». Trump insistió en la necesidad de «no cerrar el país» y en que la vacuna está «a pocas semanas», pese a lo que mantienen los expertos. «Tenemos que aprender a vivir con ello», dijo Trump sobre el virus. «¿Aprender a vivir con ellos? Estamos muriendo con ello», protestó el exvicepresidente con Barack Obama, que advirtió que viene «un invierno oscuro». Nace una nueva reforma sanitaria, «Bidencare» Los candidatos discutieron sobre cómo mejorar los problemas de cobertura médica en el país, después de que Trump haya combatido durante años la reforma sanitaria del Gobierno de Barack Obama, conocida como Obamacare. El presidente tachó de «socialista» el plan de Biden de instaurar un seguro médico público y asequible, que mantiene los seguros privados. Por primera vez, el candidato demócrata, mientras renegaba del adjetivo «socialista», que asusta a sus votantes moderados, lo calificó como ?Bidencare?. El Biden más agrio cuando le atacan por su hijo: «¿Qué tienes que esconder?» Era esperado que Trump buscaría desestabilizar a Biden con acusaciones de corrupción vinculadas con su hijo. Dijo del candidato demócrata que se ha llevado millones de dólares de Rusia, China o Ucrania, en alegaciones que ha repetido en las últimas semanas pero para las que no ha presentado pruebas. Al menos, consiguió sacar al Biden más desencajado. «No me llevé ni un solo céntimo», «es todo falso», defendió el exvicepresidente, que contraatacó con los impuestos de Trump. «¿Qué tienes que esconder?», le dijo sobre su negativa a presentar sus declaraciones, que mostrarán, como se ha visto en revelaciones periodísticas publicadas en los últimos días, que apenas ha pagado impuestos en muchos años. «Soy el menos racista de esta sala» Las tensiones raciales que han aflorado este verano en EE.UU. protagonizaron uno de los bloques del debate. Trump tuvo que salir al paso de la retahíla de declaraciones de corte racista o xenófobo que le recordaron la moderadora y su rival. «Soy el menos racista de esta sala», defendió el presidente, que también recuperó una manida comparación con Abraham Lincoln, el presidente que condujo al país en una Guerra Civil contra los estados del Sur que defendían la esclavitud. «Ningún presidente ha hecho más en la historia que yo por la comunidad afroamericana con la excepción, quizá, de Abraham Lincoln», dijo. «¿Quién hizo las jaulas para los niños, Joe?» La inmigración no ha tenido un papel protagonista en esta campaña, dominada por el covid y que solo ha dejado hueco a otros aspectos, como las tensiones raciales o la renovación del Tribunal Supremo. El tema salió en el debate por las revelaciones de que más de 500 niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera todavía no habían sido reunidos con sus progenitores. Biden atacó a Trump con la «inhumanidad» de su política en la frontera y él se defendió, como gato panza arriba, recordando que fue su Administración, la que compartía con Obama, la que hizo las jaulas en las que se metía a los inmigrantes, incluidos los niños. «¿Quién hizo las jaulas para los niños, Joe?», repitió varias veces. En otros momentos, Trump cuestionó por qué Biden no hizo todas las políticas que ahora defiende. «¿Por qué no lo hiciste hace ocho años?», «¿Por qué no lo hiciste hace cuatro años?», insistía el presidente. Biden solo respondió una vez: «Porque el Congreso era republicano». Biden «reconvertirá» la industria del petróleo. «¿Te acordarás de esto, Texas?» Biden, que va por delante en las encuestas, necesitaba cerrar la noche sin resbalones. Quizá el único gordo que cometió fue hablar en términos demasiado duros de la industria del petróleo, uno de los orgullos nacionales. «Reconvertiré la industria del petróleo, sí», dijo el candidato. «Es una declaración importante, porque la industria del petróleo contamina mucho. Debe ser reemplazada por la energía renovable con el paso del tiempo». Era un regalo para Trump, que necesita mejorar sus opciones en estados clave muy vinculados al petróleo. «¿Te acordarás de esto, Texas? ¿Te acordarás, Pensilvania, Oklahoma?». Pensilvania es uno de los estados más decisivos para su reelección, mientras que Texas, en las últimas décadas muy republicano, está en riesgo ante la ascendencia de los demócratas.
21-10-2020 | Fuente: elpais.com
Iberdrola compra la estadounidense PNM Resources en una operación de 3.663 millones
Avangrid, controlada al 81,5% por Iberdrola, crece en Nuevo México y Texas
21-10-2020 | Fuente: elpais.com
Iberdrola acuerda la compra de la estadounidense PNM Resources en una operación de 3.663,5 millones de euros
Avangrid, controlada al 81,5% por Iberdrola, crece en Nuevo México y Texas
20-10-2020 | Fuente: abc.es
Prohibido votar en fin de semana
Unas cincuenta personas hacen fila ordenada a las afueras de la Oficina de Supervisión Electoral de Orlando, con las grietas de las aceras comidas por malas hierbas. Por la tarde, cuando la gente acabe de trabajar, se esperan muchas más y que la cola se desparrame por los alrededores. A dos semanas de la elección, es lunes y primer día de votación anticipada en persona en Florida, el estado más decisivo. La carrera aquí va muy ajustada entre Donald Trump y Joe Biden. Se nota por la presencia constante de candidatos en el estado: a quince minutos en coche de aquí, Kamala Harris, la candida a la vicepresidencia con Biden, habla a un grupo de seguidores desde sus coches. «Nunca vi una cola aquí», dice Sarah Chovnick, que ha votado de forma anticipada en esta misma oficina en otras ocasiones. Varios factores explican la acumulación de votantes en las urnas, que también se ha visto en los últimos días en estados como Virginia o Georgia. El entusiasmo y la tensión política que vive el país ante la reelección de Trump es evidente. Chovnick, que acude a la urna con una camiseta de la campaña Biden/Harris, quiere asegurarse de que su voto se contabiliza pronto, ante la posibilidad de un recuento complicado por la presencia de más voto por correo por la pandemia de Covid-19. Otros, como Bob Meltzer, quieren dejar ya de oír de política. «He venido para quitármelo de encima cuanto antes, ya he escuchado suficiente», asegura este partidario de Trump. Incertidumbre Para muchos, sin embargo, el voto anticipado es una forma de garantizarse que su voz será escuchada. Trump ha emprendido una campaña contra el voto por correo, después de que muchos estados ampliarán la capacidad de utilizar este sistema para evitar exposición al Covid-19. El presidente lo ha calificado de «fraude», a pesar de que lo ve con buenos ojos en Florida y de que él mismo lo utiliza para votar. Su mensaje ha calado y muchos votantes prefieren no jugársela a que su voto no cuente. «Lo que nos llega de los políticos es m ucha incertidumbre sobre el voto por correo», dice Brian Megnauth, que acaba de votar y luce con orgullo una banderita de EE.UU. El otro problema para Megnauth es una particularidad del sistema democrático EE.UU.: el día de la elección no es festivo. «El día de la elección (el 3 de noviembre) tengo que ir por trabajo a Tennessee, me lo perdería», explica. La ley electoral establece que el día de la elección es «el primer martes después del primer lunes del mes de noviembre» y la tradición es férrea. Desde hace años, los demócratas han propuesto que sea festivo nacional, para promover una mayor participación. En muchas partes de EE.UU. es habitual el escenario bochornoso de colas interminables en la cita con las urnas, sobre todo por la tarde, cuando la gente sale de trabajar. En Nueva York bajo la lluvia y en Texas achicharrados bajo el sol. Muchos estados permiten -como arranca ahora en Florida- la votación anticipada o el voto por correo. Pero para muchos eso no es suficiente. Según una encuesta de la Oficina del Censo de EE.UU. de 19 millones de estadounidenses que no votaron, el 14,3% lo justificó en estar muy ocupado ese día. De entre los países de la OCDE, la democracia más vieja y estable del mundo ocupa el puesto 26º en abstención. A debate El año pasado, los demócratas presentaron una propuesta para ampliar el acceso al voto que incluía convertir la fecha electoral en festivo. El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, lo calificó de «abuso de poder». Los demócratas lo interpretaron como un reconocimiento de los republicanos de que ampliar el acceso al voto les perjudica: los electorados que menos votan son los jóvenes, las personas de bajos ingresos y las minorías raciales. En muchos casos, tiene que ver con problemas en el registro como votante -otra particularidad estadounidense que afecta sobre todo a las minorías- pero también con la dificultad de abandonar el puesto de trabajo para votar. «Es una forma de impedir su voto, porque saben que va contra ellos», dice Chovnick mientras espera su turno para votar. Mezler, que es trumpista, asegura que no tendría inconveniente en que fuera festivo. Opina lo mismo el 59% de los republicanos y el 71% de los demócratas, según Pew Research
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