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Noticias de texas

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Sobre un fondo amarillo, una mujer vestida con un mono azul y ataviada con un pañuelo rojo de lunares blancos en la cabeza se remanga y saca músculo. Era un anuncio, un reclamo para animar a las mujeres estadounidenses a trabajar en las fábricas durante la Segunda Guerra Mundial; pero con el paso del tiempo se ha convertido en un documento histórico, icono del feminismo. Rosie la Remachadora («Rosie the Riveter»), su protagonista, murió el pasado sábado a los 96 años en la ciudad de Longview, en el estado de Washington. Su verdadero nombre era Naomi Parker Fraley y había nacido el 26 de agosto de 1921 en Tulsa, Oklahoma. Era la tercera de ocho hermanos, recoge el diario británico de The Daily Mail, que también explica que sus padres eran un ingeniero de minas, Joseph Parker, y una ama de casa, Esther Leis. La familia recorrió varios puntos de la geografía estadounidense ?Nueva York, Missouri, Texas, Washington, Utah? hasta asentarse en Alameda, en el estado de California. Cuando cumplió 20 años, ella y su hermana Ada, de 18, decidieron trabajar en la base aérea de la ciudad: se acababa de producir el ataque de Pearl Harbor y era una época en que las fábricas requerían mujeres obreras que sustituyesen a los hombres que se habían marchado para luchar en el frente. Se les asignó sendos puestos en la zona de reparación de aviones; se encargaban de hacer las perforaciones necesarias, de arreglar las alas y de colocar los remaches. El origen de la leyenda De acuerdo con The New York Times, un fotógrafo de la agencia Acme capturó su imagen mientras ella, ajena, se afanaba en su labor. Cuando publicaron su imagen, el 24 de marzo de 1942, Naomi la recortó del periódico y la guardó durante décadas. Un retrato que, sin ella saberlo aún, sirvió de inspiración al artista J. Howard Miller, creador del famoso póster de Rosie la Remachadora haciendo gala de su fuerza con el lema «We can do it!» («¡Podemos hacerlo!») sobre su cabeza. Una vez terminado el conflicto, Naomi se pasó al mundo de la hostelería y comenzó a trabajar como camarera en «Doll House», un restaurante de Palm Springs, en California. Y el famoso cartel de Rosie la Remachadora cayó en el olvido. Sin embago, en los años 80 el movimiento feminista lo desempolvó, lo convirtió su símbolo y lo llevó por bandera. A pesar de la fama que había alcanzado la icónica imagen, la verdadera identidad de Rosie la Remachadora quedó oculta durante años. Fue el académico James J. Kimble quien logró destaparla en 2016 y terminar con el misterio, gracias a su reconocida obsesión por este retrato y a seis años de investigación. Hasta entoces, se había pensado que se trataba de Geraldine Hoff Doyle, una mujer que en 1942 había trabajado en una planta de prensar metal y que para 2016 ya había fallecido.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Un alumno mata a tiros a dos compañeros en un instituto de Kentucky
La tragedia en los institutos de Estados Unidos ya es casi rutinaria, pero la descarga de los sucesos se vuelve especialmente dramática cuando los ataques se producen entre los propios estudiantes. Este martes, un alumno de quince años asesinó a dos de sus compañeros e hirió a otras diecinueve personas, en una escuela superior del suroeste de Kentucky. Las autoridades comunicaron minutos después del suceso que el autor de los disparos había sido detenido. La imagen del menor esposado tras su despiadado ataque impactó en las redes sociales. El tiroteo tuvo lugar al día siguiente de que un alumno de dieciséis años abriera fuego con una pistola semiautomática contra una estudiante de quince, en la cafetería de un instituto de Texas. La tranquila localidad de Benton, en el condado de Marshall, se vio sobresaltada este martes, cuando el adolescente abrió fuego en el interior de una de las principales escuelas superiores de esta zona rural del estado. Cuatro graves El gobernador de Kentucky, Matt Bevin, confirmó el fallecimiento de dos estudiantes, así como el traslado urgente en helicóptero de otras cuatro, heridas graves, al centro médico de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville. Se trata de las instalaciones sanitarias con una mejor atención en el entorno de Benton, que se encuentra doscientos kilómetros al norte de la capital del estado de Tennessee.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La Justicia de EE.UU. bloquea la distribución de manuales para imprimir armas 3D
Un juez federal estadounidense bloqueó este martes la publicación de manuales para imprimir armas 3D, horas antes de su prevista distribución por parte de un grupo desarrollador que había alcanzado un acuerdo con el Gobierno del presidente Donald Trump. En su fallo, el juez Robert S. Lasnik, del estado de Washington, dijo que la publicación de los manuales por la organización Defense Distributed, de Texas, supondría «una probabilidad de daño irreparable». Su decisión responde a un recurso presentado por los fiscales de varios estados del país ante la inminencia de que la mencionada organización pusiera en marcha este miércoles lo que define en su web como «el inicio formal de la era de las armas descargables», incluidos fusiles de asalto AR-15. La fiscal general del estado de Nueva York -una de las demandantes-, Barbara Underwood, celebró la decisión judicial como una gran victoria para el sentido común y la seguridad ciudadana». «Tal y como argumentamos en nuestro recurso, es simplemente una locura darles a los delincuentes las herramientas para construir pistolas impresas 3D, imposibles de rastrear, con tan solo pulsar un botón», dijo. Aunque el Gobierno de Trump fue quien autorizó hace un mes a Defense Distributed la distribución de los manuales, el mandatario apuntó hoy en Twitter que imprimir armas 3D «no tiene mucho sentido». El fundador de Defense Distributed, Cory Wilson, publicó los primeros manuales en 2013, pero el Ejecutivo del entonces presidente, Barack Obama, lo prohibió al considerarlo ilegal dando inicio a una batalla en los tribunales hasta el día de hoy. Wilson se ampara en su libertad de publicación reconocida en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos para defender la distribución de los manuales. Lasnik, de hecho, reconoció en su fallo temporal que el caso «representa desafíos a la Primera Enmienda» que deberán aún seguir discutiéndose en los tribunales
01-01-1970 | Fuente: abc.es
EE.UU. administró psicotrópicos a menores inmigrantes ilegales
«Tomaba nueve pastillas por la mañana y siete por la tarde. No sé qué tipo de medicación me estaban dando, porque nadie me lo explicó. No sé cuál es mi diagnóstico o enfermedad. Gente del personal de Shiloh provocaba a los niños de manera intencionada para que nos enfadáramos. Buscaban que reaccionáramos de forma violenta para así poder ponernos inyecciones. El personal nos insultaba y nos decía cosas del tipo ?hijo de puta?. Habitualmente lo hacían en inglés, pero yo lo entendía porque sabía algo de inglés, por lo que me enteraba de lo que decían y me ponía realmente furioso». El de Julio es uno de los relatos recogidos por la BBC y que forman parte de la demanda que ha resuelto la juez de California. Según explicó, los empleados de Shiloh le amenazaban con tirarle al suelo y le forzaban a tragarse las pastillas. «Me dijeron que si no me tomaban la medicina no me podía ir de ahí, que la única forma de salir de Shiloh era tomándome las pastillas». En 20 meses, añadió, «engordé 20 kilos». De las muchas caras amargas que muestra la política de inmigración en EE.UU., la del trato a los menores es posiblemente la más penosa. Y las historias que se van conociendo, relatadas por los propios afectados, podrían formar parte de una película o novela de terror. El pasado lunes, una jueza de Los Ángeles ordenó que, salvo que cuente con autorización u orden judicial, el Gobierno debe dejar de administrar medicamentos psicotrópicos a niños inmigrantes, salvo en caso de emergencia. La decisión de la jueza Dolly Gee se refiere a una de las instalaciones que el Gobierno tiene en Texas para poner bajo custodia a menores inmigrantes, el Centro de Tratamiento de Shiloh, en la localidad de Manvel. Sin certificados Shiloh, al que precede la fama, es uno de los centros de gestión privada contratados por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, que depende del Departamento de Salud del Gobierno. Acoge un máximo de 44 niños en condiciones más restrictivas que otros refugios, porque está pensado para recibir a menores cuyo comportamiento puede poner en riesgo a otros o a sí mismos. Pero, ¿quién define el riesgo? Los abogados que representan a varios menores de Shiloh se han mostrado preocupados porque, aunque la jueza ha pedido al Gobierno que realoje a los niños en otros centros, ha dado permiso para que sigan en él los que supongan un riesgo. Tal y como denuncian los abogados, son los propios contratistas los que lo determinan ese riesgo. Personal de Shiloh ha admitido que ellos mismos firmaban el consentimiento para administrar los medicamentos. El Gobierno les ha respaldado porque dice que solo se administraban en casos «de síntomas psiquiátricos extremos». Según informó en junio «Reveal», proyecto del Centro para el Periodismo de Investigación, el psiquiatra de Shiloh encargado de prescribir la medicación, Javier Ruiz-Nazario, lleva ejerciendo años sin contar con el certificado de psiquiatría que habilita trabajar con menores, que perdió en 2000 al no cumplir con los requisitos para su renovación. El Gobierno ya no exige contar con certificación oficial de los órganos médicos competentes para trabajar en estos centros pero, sin embargo, en el caso de Ruiz-Nazario, ha defendido ante la juez que este psiquiatra la tenía. Su nombre aparece en los testimonios de los menores que relatan abusos y suministro de medicación, que incluye tanto antipsicóticos como antidepresivos. Nueve pastillas diarias Maricela, otra de las menores, se quejó por recibir excesiva medicación. Hasta cuatro pastillas por la mañana y otras cinco por la noche sin explicación. «Cuando tomo esa medicina, no tengo ningún ánimo. Me han dado dolores de cabeza, he perdido el apetito y he tenido náuseas». Además, Maricela fue testigo de cómo varios empleados del centro inmovilizaban a una compañera mientras un médico le ponía inyecciones. Los menores de Shiloh son solo una pequeña parte de los cerca de 10.000 niños migrantes que el Gobierno mantiene bajo custodia y cuyos casos han salido a la luz en plena oleada de indignación mundial por las consecuencias de la política de separación de familias que el Gobierno de Trump mantuvo en activo durante meses. En este caso, el Gobierno aseguró ante el juez Dana Sabraw, que sigue el caso de la reunificación familiar, que más de 1.900 niños han sido devueltos a sus padres o se ha resuelto su situación, y que cientos de niños todavía siguen solos, incluidos los hijos de más de 400 padres que ya han sido deportados del país. Por otro lado, según una asociación de defensa de los derechos de los inmigrantes, un grupo de padres que se encuentran detenidos ya junto a sus hijos se habría declarado en huelga de hambre para exigir su liberación. Desde el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas lo han negado.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
John F. Kennedy: el mito que ganó las batallas tras su muerte
«Lo mejor que le pudo pasar a Kennedy fue que le pegaran un tiro». La brutal frase se la oí a un veterano periodista norteamericano a poco de llegar a Estados Unidos, hace medio siglo. Entonces no la entendí, como ustedes tampoco entenderán, aunque espero entiendan al final de esta mini biografía. Segundo hijo de una familia de nueve hermanos, cuyo patriarca llegó a ser uno de los hombres más ricos del país con todo tipo de negocios, sobre todo especulativos, Roosevelt le encargó acabar con estos, antes de enviarle a Irlanda como embajador. Su mayor ambición era que uno de sus hijos llegara a Presidente. El primogénito, Joseph, estaba destinado a ello, pero murió en la II Guerra Mundial, así que el siguiente, John, que mandaba una patrullera en el Pacífico, asumió el destino. También estuvo a punto de morir cuando ésta fue hundida por los japoneses. Estudió en los mejores colegios ingleses y americanos y su padre se preocupó de encauzar su carrera política, primero, como congresista por Massachussetts, luego como senador. En 1957 gana el Premio Pulitzer con Perfiles de Valor. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes) Portada del triunfo electoral de Kennedy, el 10 de noviembre de 1960 - ABC Comienza a hacer historia cuando, en 1960, derrota al favorito, Richard Nixon, convirtiéndose en el presidente más joven, el primer católico e irlandés. En su discurso de investidura lanza La Nueva Frontera, que electriza a un país de pioneros y, rodeado de las mejores mentes, formula una «nueva política norteamericana» exterior (contención del comunismo que avanzaba en todos los continentes) e interior (acabar con la discriminación racial). Sufre, sin embargo, un revés apoyando la fracasada invasión de Cuba en la Bahía de los Cochinos y aunque logra que los rusos no instalen misiles en la isla, es a cambio de comprometerse a que no haya otras invasiones, lo que significaba dejar a Cuba en la órbita soviética. Más grave es que inicia el envolvimiento norteamericano en Vietnam, que acabaría como acabó. Tiene un minuto de gloria ante el Muro, proclamando «¡Soy un berlinés!», pero el Muro continuó. Con sus reformas internas ocurre algo parecido: son tumbadas en el Congreso o no son puestas en práctica. Cuando se acerca la reelección, la cosa va tan mal que su vicepresidente, Johnson, le dice que tiene que ir a Texas para levantar los ánimos. En Dallas le pegan los tiros. Y entonces, sí, entonces, el shock, el horror, la mala conciencia de sus compatriotas son tales que le convierten en mito, en leyenda. Y todos los programas que no pudo poner en práctica en vida los convirtió en realidad su sucesor sin esfuerzos. Bien puede decirse que John F. Kennedy, como el Cid, ganó batallas después de muerto. Cuarenta años después, un afroamericano llegaba a la Casa Blanca. Ahora entenderán la frase de mi colega estadounidense.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Miles de personas se manifiestan contra los neo-nazis frente a la Casa Blanca
Una marea de miles de personas ha desbordado las calles de Washington y ha obligado a una veintena de neonazis, envueltos en banderas estadounidenses, a celebrar su marcha por el supremacismo blanco en un rincón del Parque Lafayette, frente a la Casa Blanca. Para evitar enfrentamientos, la policía municipal colocó a los neonazis en un pequeño perímetro cercano a la mansión presidencial que definió con unas vallas negras de un metro de altura. Tras el vallado, miles de contramanifestantes abucheaban a los supremacistas y gritaban consignas como «¡nazis, váyanse a casa!», mientras agitaban pancartas con mensajes como «Sin odio, sin miedo». Los organizadores de la marcha «Unir a la derecha» esperaban reunir a 400 personas, pero solo se presentaron unas 20, la mayoría hombres blancos. Uno de esos manifestantes, de 21 años y que respondía al seudónimo de Karl, ha asegurado a Efe que había acudido a la protesta desde Dallas (Texas) porque quería defender los «derechos de todas las personas», incluidos los blancos que, a su juicio, deberían ser mayoría en Estados Unidos. A su lado, dos jóvenes cubrían su rostro con pañuelos, gorras y gafas de sol, mientras sostenían una bandera de EE.UU. que usaban para ocultarse cuando los periodistas se acercaban a ellos. Brandon Watson, el único participante afroamerican o, se unió a los neonazis porque «no importa de qué color seas» y, sobre todo, porque quería respaldar a su «amigo», Jason Kessler, quien el año pasado organizó la marcha de Charlottesville (Virginia) donde una mujer fue asesinada. Kessler volvió a convocar la marcha de este año y se dirigió a sus simpatizantes en varias ocasiones desde un escenario. Desde su rincón, los supremacistas podían ver hileras de policías locales con su chaleco amarillo fosforito y, a pocos metros, miles de contramanifestantes. Los activistas con el aspecto más amenazante eran los del «bloque negro», compuesto por antifascistas vestidos con colores oscuros y que cubrían su cabeza con capuchas y cascos de bicicletas. Algunos llevan máscara para protegerse de gases lacrimógenos, mientras que los menos sofisticados se contentaron con unas gafas de buceo. Había también familias como la de Kent Alley, quien hace un año vivió la tragedia de Charlottesville y hoy decidió manifestarse frente a la Casa Blanca junto a su mujer y su hijo adolescente para demostrar a los xenófobos que no pueden conquistar el espacio público sin recibir respuesta. «Fuimos testigos de lo que sucedió en Charlottesville. Tienes que defender el amor y la paz o el odio prevalecerá», ha explicado a Efe Alley mientras abrazaba a su hijo y pedía a los neonazis que vuelvan a su «agujero». Los actos, que comenzaron a mediodía y concluyeron unas seis horas después, se desarrollaron de forma pacífica, puesto que no llegaron a producirse choques entre neonazis y contramanifestantes. El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha guardado silencio sobre el asunto y no criticó la presencia de neonazis frente a la Casa Blanca, aunque ayer sábado en un mensaje de Twitter condenó «todo tipo de racismo» e instó a los estadounidenses a unirse «como nación». La que sí ha hablado ha sido su hija, Ivanka Trump. A través de su cuenta de twitter, la hija del magnate ha recordado a las vícitmas del ataque del año pasado y ha asegurado que «mientras los estadounidenses son bendecidos para vivir en una nación que proteja la libertad, la libertad de expresión y la diversidad de opiniones, no hay lugar para la supremacía blanca, el racismo y el neo-nazismo en nuestro gran país». Además, en un tercer tuit ha añadido que «en lugar de derribarnos mutuamente con odio, racismo y violencia, podemos levantarnos unos a otros, fortalecer nuestras comunidades y e sforzarnos por ayudar a todos los estadounidenses a alcanzar su máximo potencial». Hace hoy un año, los supremacistas celebraron una marcha similar en Charlottesville, donde uno de ellos embistió a una multitud con su coche, y dio muerte a una mujer e hirió a otras 19 personas. Además, dos policías murieron en un accidente de helicóptero cuando acudían a sofocar las protestas
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Declaran culpable al expolicía que disparó contra un adolescente negro en Texas
Un jurado del condado de Dallas (Texas, Estados Unidos) ha declarado este martes culpable de asesinato al expolicía blanco que en abril del año pasado abrió fuego contra un vehículo en el que se encontraban cinco adolescentes afroamericanos desarmados, provocando la muerte de uno de ellos. Roy Oliver, expulsado del Departamento de Policía de Balch Springs tras el incidente, argumentó frente a la corte que vio moverse el coche hacia su compañero y «creyó que estaba en peligro», por lo que abrió fuego e impactó contra Jordan Edwards, de 15 años, que estaba sentado en el asiento del copiloto. Una patrulla de policía había acudido al lugar de los hechos ante la advertencia de una fiesta en la que los menores estaban consumiendo alcohol. Tras disolverla, oyeron unos disparos que, días más tarde, las autoridades confirmaron que se produjeron en una residencia de ancianos cercana al vecindario. Precisamente fue la pareja de patrulla de Oliver, Tyler Gross, quien desmontó la teoría del peligro, ya que en su testimonio dijo que «nunca» temió por su vida ni sintió la necesidad de utilizar su arma. La fiscalía describió al acusado en su informe como una persona fuera de control, que estaba buscando «una razón para matar», por lo que determinaron que su disparo al automóvil no era razonable. En el instante en el que el juez dictaminó el veredicto, la familia del menor suspiró y se mostró «agradecida» por la decisión del jurado. «Ha sido una batalla muy larga», resumió el abogado defensor de la familia Edwards, a la espera de conocer la condena definitiva. En la sesión, el expolicía fue absuelto de dos cargos menores de asalto agravado y asalto con arma mortal. El gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, fue criticado en aquel momento por su silencio pero este martes escribió en su cuenta de Twitter personal que «esta es una vida que nunca debió haberse quitado». Este caso se une a una extensa lista de incidentes raciales en los que está envuelta la policía de Estados Unidos, como la muerte el 18 de marzo de otro joven afroamericano en la ciudad de Sacramento (California) a manos de dos agentes que creían que portaba una pistola. Sin embargo, Stephon Clark, de 22 años, realmente sostenía su teléfono móvil en el momento en el que fue disparado por la espalda, aunque la versión inicial de la Policía de Sacramento afirmó que el joven se acercó a los policías antes de morir. La autopsia determinó que Clark fue impactado por ocho balas (seis en la espalda, una en el cuello y otra en el muslo) y que murió en un intervalo de entre tres y diez minutos.