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22-09-2017 | Fuente: abc.es
Schulz, el candidato que llegó de Europa
El regreso de Martin Schulz desde la presidencia del Parlamento Europeo a la arena política alemana, apenas un año antes de las elecciones, relanzó las expectativas del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) y devolvió el entusiasmo a la Casa Willy Brandt en Berlín, donde después de cuatro años gobernando codo a codo con Merkel en la Gran Coalición no sabían muy bien cómo encarar la campaña electoral. El entonces número dos del gobierno y presidente del partido, Sigmar Gabriel, se hizo a un lado, repitiendo una jugada que ya practicó en las anteriores elecciones. Gabriel puso en 2013 al frente de la candidatura a Peer Steinbrick, a quien sacó por la puerta de atrás para hacerse con el control del partido y de la coalición apenas las urnas certificaron su derrota. Gabriel espero meses sentado a que se disipase el «efecto Schulz», como bautizó la prensa alemana al subidón en las encuestas, y ahora se prepara para tomar de nuevo las riendas de la gestión de la derrota en cuanto cierren los colegios electorales. Schulz, sin embargo, no tira la toalla. Hasta el último minuto de campaña ha agitado banderas sociales como las subidas de las pensiones si llegar a explicarse por qué los afectados no se lo agradecen. Schulz, por carácter, ha sido siempre muy enredador. No en vano, fue el más pequeño en una familia de cinco hermanos, el más trasto. Su madre, Clara, de orígenes más burgueses, colaboró activamente con la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Merkel. Pero su padre, policía de profesión, le transmitió la cultura socialdemócrata del Sarre, región minera e industrial. Martin terminó optando por el modelo paterno. Quizá de esa dualidad familiar proceda uno de sus grandes talentos en la política, su capacidad de negociar y de sacar posturas comunes a partir de enfrentamientos. Su orientación europeísta también le viene de lejos. Nació el 20 de diciembre de 1955 en Hehlrath, una pequeña ciudad alemana cercana a la frontera entre Alemania, Países Bajos y Bélgica. Con 16 años realizó un intercambio escolar en Burdeos que marcó su camino. Dejó los estudios de bachillerato a medias para formarse como empresario del sector editorial y en 1977 ya estaba trabajando como autónomo, a la edad de 22 años y cuando llevaba ya tres perteneciendo al SPD. Sus primeros pasos en la política fueron muy locales, por lo que en 1994, cuando fue elegido como diputado europeo, la prensa alemana le puso el apodo de «el Kissinger de Würselen», el pueblo donde había sido alcalde. Desde 1994, formó parte de varias comisiones parlamentarias, como la subcomisión de Derechos Humanos o la comisión de Libertades Civiles y Asuntos de Interior. Fue el líder de la delegación socialista alemana desde el año 2000, además de ocupar el la vicepresidencia del grupo socialista en la Eurocámara. Poco a poco fue tejiendo una densa red de apoyos y, hablando ya fluidamente inglés y francés, que le costó lo suyo, cobró relevancia visible en 2003, enfrentándose abiertamente a Berlusconi, al que acusó de «violar los principios de la democracia y el Estado de Derecho», cuando todavía nadie más se atrevía a decirle eso en la cara a «Il Cavaliere». En enero de 2012, tomando posesión de la presidencia del Parlamento Europeo, anunció que su objetivo era «sacar a la institución de su existencia en la sombra». Y comenzó a tomar un protagonismo que a menudo ha incomodado en la Cancillería de Berlín, donde consideran que pecó de bocazas cuando desde ese puesto dio por muertas las negociaciones para el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU. (TTIP) y para el CETA. Es un convencido europeísta, muy amigo de Jean-Claude Juncker, y está empeñado en la legislación de un Derecho de Inmigración Europeo común, pero ni Europa ni las políticas de asilo o inmigración han sido su fuerte en la campaña electoral, marcada más bien por la defensa de derechos sociales. Sus últimos meses en el cargo, los pasó moviéndose en la sombra y jugando a dos bandas. Por un lado, hacía lo imposible por llegar al final de la legislatura, amparándose en que había populares en la Presidencia del Consejo y de la Comisión, de forma que si se iba él saltaría por los aires el equilibrio institucional, pero amagando con irse en cuanto las cosas se ponían difíciles. Su vida personal es bastante más tranquila. Junto a su esposa Ingle, que trabaja como arquitecto de paisajes, tiene dos hijos, Nico y Lina. Solo el fútbol supera su pasión por los libros. Una lesión le obligó a apartarse de la competición cuando jugaba en la liga juvenil con el Rhenania Würselen. Lo pasó tan mal que cayó en el alcoholismo, pero desde 1980 se mantiene ebrio. Su equipo es el 1. FC Köln, pero rara vez va al campo, suele ver los partidos por la tele. Le hubiese gustado ganar estas elecciones, claro está, pero desde que las encuestas han dejado claro que Merkel será la más votada, sueña en silencio con un tripartito de izquierdas que llegase a desplazarla. Pero sabe que también eso es muy difícil, así que ya ha anunciado cuáles serán las condiciones que ponga sobre la mesa para sentarse a negociar con ella. Resume sus «líneas rojas» en los siguientes puntos: igualdad de salarios entre hombres y mujeres, garantizar plazas escolares gratuitas de horario prolongado, abordar una reforma que mejore las pensiones y una Europa más fuerte y solidaria. Merkel no quiere reformar las pensiones, pero tampoco quería legislar el salario mínimo en la anterior legislatura, lo que significa que ninguna de esas líneas rojas es inasumible, llegado el momento, y que la gran coalición es posible. Respecto a los impuestos, Schulz está de acuerdo en desmantelar el Impuesto de Solidaridad, aunque propone comenzar sólo con los ingresos medios y bajos. Y coincide en la rebaja fiscal propuesta por la CDU, de forma que la tasa impositiva máxima del 42 % se aplique sólo a partir de ingresos de 60.000 euros anuales, y no de 52.000 como hasta ahora, aunque plantea además que los ingresos de 72.600 anuales y superiores paguen el 45 %. En sus mítines habla mucho de política exterior y su colega Jo Leinen lo elogió Die Zeit diciendo que «Schulz sería un excelente representante de la política internacional alemana». Se preocupó por el retorno de Cuba a la comunidad internacional, exigió trabajo conjunto a Putin en la crisis de Siria y se comprometió con el acuerdo nuclear con Irán. También habló de un acuerdo sobre refugiados con Egipto y otros países africanos y conversó con Erdogan sobre el pacto entre la UE y Turquía. Tras la elección de Donald Trump, Schulz reaccionó como un verdadero diplomático. «Ambas partes deben, a partir de ahora, comenzar desde cero y darse una oportunidad», dijo, «Trump merece el respeto de su alto cargo». Pero Sigmar Gabriel parece también bastante aferrado al Ministerio de Exteriores, así que habrá que ver quién se lo queda, si finalmente llega a buen puerto la reedición de la Gran Coalición con Merkel.
22-09-2017 | Fuente: abc.es
El lastre de la gran coalición
Se acerca el domingo electoral y se refuerzan los indicios de que los dos grandes partidos, los cristianodemócratas de la CDU/CSU y socialdemócratas del SPD, podrían sufrir un revés mayor de lo esperado. También de que el máximo beneficiario de ello sería el derechista Alternativa por Alemania (AfD), que podría destacar como tercer partido y superar en varios puntos a los otros tres partidos en liza, que son el izquierdista Die Linke, los Verdes y los Liberales del FDP. Solo este último parece reaccionar en algunas encuestas también para poder disputar el tercer puesto al AfD. Se daría así lo que tantos observadores habían advertido en estos pasados años: que la gran coalición, que ha gobernado durante dos de las tres legislaturas de cancillería bajo Merkel, genera hastío y desafección por la falta de debate real sobre los problemas en Alemania. Como los dos partidos se han de corresponsabilizar de la política de la coalición, ambos tienden a evitar críticas y esconder no solo los errores propios, sino los del compañero de coalición. Como muchos de los cadáveres en los armarios son compartidos, el debate acaba reducido a cuestiones menores y de matiz, como se pudo comprobar de forma muy preocupante en el debate entre Angela Merkel, la clara favorita, y su rival Martin Schulz, que ya acudía derrotado. «muchos alemanes han visto cambiar su vida de forma considerable por una llegada de extranjeros que jamás se les anunció ni consultó»Los problemas que más preocupan a los alemanes hoy en día no están en la economía cuando el país goza de un paro en mínimos históricos y una economía boyante por los éxitos exportadores. Los problemas son de seguridad, de inmigración y en gran medida de cultura e identidad. El trauma de los dos pasados años con la llegada de dos millones de inmigrantes sigue ahí. Y por mucho que los políticos, tanto Merkel como Schulz, proclamen que todo está poco menos que solucionado, muchos alemanes han visto cambiar su vida de forma considerable por una llegada de extranjeros que jamás se les anunció ni consultó. Y cuyos efectos han minimizado unos políticos que tienen muy poco contacto y apenas problemas con la presencia de estos inmigrantes en su mayoría musulmanes en los barrios populares. Exactamente el mismo efecto ha tenido la gran coalición en Austria, donde lleva gobernando nada menos que tres legislaturas y morirá muy probablemente tras las elecciones del próximo 15 de octubre. La seguridad y la inmigración son las dos cuestiones estrella; son los dos problemas íntimamente relacionados entre sí a los que más tiempo dedicaron Merkel y Schulz el debate. El drama es que están básicamente de acuerdo en todo, en lo uno y lo otro. Y también los partidos liberal y verde, y hasta los propios izquierdistas de Die Linke, tienen una posición respecto a la inmigración que difiere poco de ese mensaje merkeliano que se ha con vertido poco menos que en dogma de Estado. No es por tanto sorprendente que el único partido que discrepa abiertamente y se opone a esa política de inmigración se beneficie del consenso de todos los demás, que minimiza los efectos de la decisión de Merkel de abrir las fronteras aquel 5 de septiembre de 2015. Una decisión que muchos alemanes consideran un grave error que afectó a sus vidas de forma directa o indirecta. Se verá en qué medida una parte del electorado expresa esa opinión con un voto al AfD a quien todos los demás atacan y descalifican estos días como si temieran no ya que saque un 14%, sino que se pudiera hacer con la mayoría.
21-09-2017 | Fuente: abc.es
La buena marcha de la economía, la gran baza de Merkel en las elecciones alemanas
La OCDE ha revisado al alza esta semana su previsión de crecimiento económico para Alemania, vaticinando un 2,2% para 2017, dos décimas más que en su última evaluación, y un 2,1% para 2018. También el prestigioso Instituto IFO acaba de presentar un optimista documento en el que advierte de que aún hay margen para aumentar el crecimiento este año, basándose en que el último dato trimestral de demanda doméstica aumenta ocho décimas. La inversión en construcción aumenta a un ritmo de nueve décimas y en maquinaria y bienes de equipo un 1,2%. «Lo único que queremos es que todo siga como hasta ahora, a las empresas les interesa la estabilidad y creo que si hay alguien que puede conseguirla es ella», dice Martin Lahgenkopf, director de una pequeña empresa familiar del sector inmobiliario en Berlín. El 58,5% de los nuevos puestos de trabajo en Alemania proceden de estas empresas familiares, que aportan el 56% del PIB. «A pesar de tratarse de empresas familiares, muchas de ellas son punteras y la innovación tecnológica requiere de una gran inversión. Para invertir se necesita estabilidad política y por eso es un sector que en general está contento con este gobierno», explica Oliver Falck, catedrático de Economía de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich . La canciller Merkel no detalla en sus mítines o actos electorales los logros macroeconómicos de sus tres pasadas legislaturas. A la vista están. Pero sí repite el mantra de «a mí ya me conocéis» y cuela la palabra «prosperidad» en una de cada diez frases, más o menos. El debate de los impuestos «Hay pocos alemanes que digan que les va mal económicamente», explica el politólogo Oskar Niedermayer, del Instituto Otto Suhr, «es cierto que la desigualdad crece, pero la media de los salarios y las pensiones ha subido en un contexto de inflación contenida y tipos de interés cero, y es evidente que la justicia social no es percibida como un factor decisivo por la gran mayoría. Por eso la campaña socialdemócrata de Martin Schulz, que se ha centrado más en temas como la reforma de las pensiones, no ha tenido tanto éxito». El asunto económico que más atención ha captado durante esta campaña han sido las promesas de bajar los impuestos. El SPD de Martin Schulz beneficiaría a quienes ganen menos de 60.000 euros -nueve de cada 10 trabajadores alemanes- y reduciría las contribuciones a la Seguridad Social para aquellos que ganen hasta 15.000 euros al año. Los ingresos reales disponibles de los menos ricos han caído un 8% desde 1991, y revertir esta tendencia impulsaría el consumo, con consecuencias incluso a escala europea. La CDU de Merkel, por su parte, promete una reducción de 15.000 millones de euros anuales en el impuesto sobre la renta y la eliminación en 2010 del impuesto de solidaridad, el Soli, creado después de la reunificación para transferir riqueza de la parte occidental a la antigua RDA. Para las familias establece, además, una subida del dinero que reciben los padres por tener hijos de hasta 300 euros más por hijo al año. «Ese punto es clave», subraya Silvia, que reparte sus tres hijos entre el colegio y el Kindergarten cada mañana. «Lo importante no es que se bajen los impuestos así como así y después no se puedan financiar las ayudas a las familias, creo que es más rentable lo que propone Merkel», apunta. Silvia, profesora de yoga, buscará trabajo a tiempo parcial el próximo año, cuando los tres niños estén ya en el colegio. No quiere jornada completa, ni trabajar por las tardes ni los fines de semana, ni tampoco un trabajo a más de dos kilómetros de su casa, lujos que los trabajadores de otros países europeos no pueden ni imaginarse escritos en una solicitud de empleo. Pero los alemanes sí. Un paro de menos del 6% Con máximos históricos de población empleada, por encima de los 44 millones de personas, y una tasa de desempleo del 5,7 %, lo que supone que buena parte del territorio está en situación de pleno empleo técnico, tienen la sartén por el mango. A pesar de la creciente precariedad, palpable desde la crisis financiera internacional que arrancó en 2008, una reciente encuesta apunta que el 88% de los trabajadores está satisfecho o muy satisfecho con su empleo, y el tradicional estudio anual sobre los miedos de los alemanes sitúa el temor a que la crisis de la deuda en la UE perjudique a los contribuyentes en cuarto lugar, detrás del terrorismo, los extremismos y las tensiones que genera la llegada de refugiados. Las demás promesas económicas de Merkel apuntan a 2030 y están relacionadas con la transición demográfica y con la transición digital. Y parece haber acertado con su respuesta a la industria del automóvil, a la que ha criticado por el escándalo de los motores trucados, pero a la que sigue cediendo ayudas millonarias «en virtud de los 800.000 empleos que sustenta».
21-09-2017 | Fuente: abc.es
El futuro socio de Gobierno de Merkel, una incógnita
La campaña de estas elecciones federales alemanas ha estado marcada desde hace meses por el hecho de que Angela Merkel va a ganarlas. Y sin embargo, esta certeza oculta que nadie sabe a estas alturas cómo ni con quién va a poder gobernar. Aparte de Merkel y Schulz, a cuyos partidos CDU/CSU y SPD separan al menos 12 puntos, hay otras cuatro formaciones supuestamente igualadas en dura liza. Y las variaciones en los resultados de estos podrían cambiar radicalmente las opciones de gobierno. Otro elemento que trastoca la supuesta calma es la irrupción espectacular del derechista AfD en el Bundestag , que se da por segura. Hay mucha inquietud ante esta magnitud desconocida. Los últimos sondeos lo sitúan como tercer partido, con el 12% y nada menos que 85 diputados, bien por delante de Die Linke, Liberales y Verdes. Fin del efecto Schulz Nada más ser designado como candidato a la cancillería del SPD, Martin Schulz se disparó en varias encuestas y se creyó que habría una alternativa a la canciller, después de ganar tres elecciones consecutivas. Aquello duró semanas, luego Schulz volvió a los niveles paupérrimos del SPD de estos años y Merkel es segura ganadora. Pero con las últimas encuestas Merkel y su aliado favorito, el liberal FDP, no alcanzan ni de lejos una mayoría. Por lo que tendrían que sumar al partido de Los Verdes que, en plena decadencia y poco voto previsto por encima del 5% que otorga presencia en el Bundestag, busca sobrevivir en cualquier sitio que dé visibilidad. Ese tripartido con dos partidos pequeños, por débiles que estos fueran, daría quebraderos de cabeza a Merkel aunque solo fuera por lo enfrentados que siguen esos dos programas, el verde ecologista y el amarillo liberal. La única posibilidad de que no sea Merkel quien presida el próximo gobierno está en que Schulz alcance un resultado bastante mejor del que espera y pudiera sumar con los neocomunistas de Die Linke y los Verdes. Pero esa alianza roji-roji-verde, que sería una especie de Frente Popular, no depende solo de la aritmética. Incluso siendo posible aritméticamente y no existir ya un veto de principio, como había antes en el SPD, a cualquier alianza con el partido sucesor de los comunistas de la RDA, esta alianza es muy improbable. El anticomunismo en el SPD por un lado, pero sobre todo la militancia antioccidental y anti OTAN de Die Linke sería un serio obstáculo. Con esta alianza de izquierdas casi imposible y la gran coalición como peor opción de todas, mucho va a depender de la movilización. Todos los demás partidos intentan movilizar con el espantajo del ultraderechista AfD, del que todos dicen barbaridades. Han de tener cuidado, porque ese «todos contra uno» acaba favoreciendo al acosado.
18-09-2017 | Fuente: abc.es
Los ultras de AfD se perfilan como tercera fuerza política en Alemania
«Ya está dicho todo», ha sido la respuesta de Angela Merkel a la petición de un segundo debate televisado por parte de su principal oponente en las elecciones del próximo domingo, el socialdemócrata Martin Schulz. La canciller alemana se refería a que en el único debate celebrado ella quedó como clara ganadora y aludía indirectamente a que las encuestas le dan un 14% de ventaja sobre el Partido Socialdemócrata (SPD). Pero lo cierto es que todavía puede haber sorpresas. Esa misma encuesta de Emnid, publicada este domingo, señala que el partido anti euro y anti extranjeros Alternativa para Alemania (AfD) se sitúa como la tercera fuera política de Alemania, con el 11% de los votos y por delante de Los Verdes (8%), Die Linke (10%) y el Partido Liberal (10%). Vetados para el Gobierno Desde su nacimiento en 2013, AfD ha logrado presencia, aunque muy minoritaria, en 13 de los 16 parlamentos regionales alemanes. Con su discurso nacionalista y sus coqueteos con el neonazismo, no logra su objetivo inicial de erosionar el voto conservador del partido de Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU), pero sí se hace paradójicamente con un voto obrero indignado o descontento con la gran coalición que se está escurriendo de la cesta socialdemócrata. También parece beneficiarse de un discurso en teoría ajeno a estas elecciones, pero omnipresente en la campaña electoral, el del presidente turco Recep Tayyip, que reiteradamente ha llamado a castigar a los partidos de la gran coalición. Sin embargo, a pesar de su creciente peso político, tiene vetada la participación en una coalición de gobierno. «Mi partido es muy tolerante en lo que respecta a Los Verdes, los socialdemócratas del SPD y los liberales del FDP ?explicó este domingo Merkel en una rueda de prensa muy especial, en la que solo los niños podían hacer preguntas y en la que sacaron el asunto de los extremismos?, pero hemos dicho lo siguiente: como CDU, después de los comicios, en ningún caso trabajaremos con Die Linke (La Izquierda) y en ningún caso trabajaremos con AfD». En Sajonia Anhalt ya se ha roto ese tabú y hay un acuerdo entre los dos partidos, pero en Berlín hay acuerdo entre el resto de las formaciones para que AfD permanezca aislado en el parlamento, con la esperanza de que su propio discurso lo vaya desautorizando ante el electorado alemán en el transcurso de la legislatura.
17-09-2017 | Fuente: abc.es
Schulz, que se ve perdedor, someterá a las bases otra coalición con Merkel
A una semana de las elecciones generales, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) da las urnas por perdidas. Las encuestas apenas le auguran un voto del 20%, un resultado por debajo incluso de su peor registro en unas elecciones generales, el 23% obtenido en 2009, y su candidato, Martin Schulz, parece abocado a una nueva gran coalición de gobierno con Angela Merkel en la que su presencia quedaría disminuida respecto a la actual legislatura, en virtud de su escuálido resultado. Sin su apoyo, sin embargo, a Merkel le resultaría más complicado articular una fórmula de gobierno para los próximos cuatro años, por lo que Schulz ha encontrado la manera de transmitir a sus votantes el mensaje de que no todo está perdido y ayer anunció en un acto electoral que someterá a la votación de las bases un posible acuerdo de gran coalición. «Las bases del partido deberán decidir si quieren sellar una alianza con otros partidos y también elegir con quién», dijo, asumiendo que la incógnita de estas elecciones es con quién formará gobierno la futura ganadora, Merkel. Votación hace cuatro años con Steinbruck Hace cuatro años, después de echar por la puerta de atrás al candidato que había perdido las elecciones contra Angela Merkel, Peer Steinbruck, el presidente del partido ya sometió a la votación de las bases el acuerdo de gobierno con la ya entonces apodada la «eterna canciller». De los más de 470.000 militantes, participó cerca de un 78% y un 76% se mostró a favor. «Esa consulta de 2013 fue un momento cumbre en la democracia interna del partido. No podemos ni queremos ir hacia atrás», argumenta ahora Schulz, pero lo cierto es que en este momento las bases son bastante menos propensas a un nuevo gobierno con los conservadores y su candidato ha comenzado ya a adelantar cuáles serían las líneas rojas de la negociación. Las exigencias que pondrá sobre la mesa Schulz en la primera conversación con Merkel serán la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, garantía de plazas escolares gratuitas de horario prolongado, una reforma de las pensiones que mejore la capacidad adquisitiva de los jubilados más desfavorecidos y una «Europa más fuerte y solidaria», siendo este último punto el que queda más abierto. Por el camino de la negociación dejaría caer seguramente su negativa a aumentar el gasto en defensa hasta el 2% del PIB, tal y como exige Trump y a lo que Merkel está dispuesta, lo que supone que el presupuesto actual de 36.000 millones al año podría haberse doblado en 2030 con las actuales previsiones de crecimiento económico. En el capítulo «Europa» de esa negociación, tanto Merkel como Schulz están completamente de acuerdo en plantar cara a Hungría y Polonia en su negativa a recibir refugiados y esa convicción se afianza con noticias como la de ayer, cuando la Policía interceptó en la frontera con Polonia un camión conducido por un turco de 46 años en cuyo interior se hacinaban 51 inmigrantes ilegales de procedencia iraquí, 17 de los cuales eran niños. Pero ampliando el concepto de solidaridad al manejo de las cuentas europeas, Schulz mostró en sus días de presidente del Parlamento Europeo bastante más simpatía por la mutualización de la deuda y por ideas como los eurobonos de lo que Merkel y su ministro de Finanzas Schäuble están dispuestos siquiera a comentar. Opción Jamaica ¿Y si la negociación no cuaja o las bases rechazan el pacto? Entonces a Merkel le queda la opción de la denominada «coalición Jamaica», junto con los liberales del FDP y Los Verdes, inédita en la historia de la República Federal alemana y posible solamente si la canciller puede formar una mayoría con sus propios votos, que según las encuestas rondarán el 39%, y los de esos dos socios menores, a los que los sondeos dejan por debajo del 10%. El actual presidente del SPD, Sigmar Gabriel, ha llamado esta semana a la que él considera la «coalición perfecta» y que no es otra que la «coalición semáforo», que reuniría al SPD con los liberales del FDP y Los Verdes, desplazando de la Cancillería a Angela Merkel, pero lo cierto es que el descenso de los socialdemócratas en las encuestas apunta a que no sería una fórmula mayoritaria en le Bundestag. Y lo que parece bastante claro es que Merkel no recurrirá en ningún caso a los ultras de Alternativa para Alemania (AfD), el partido antieuro y antiextranjeros que puede superar el 10% de los votos y con el que el resto de formaciones políticas no quiere tener nada que ver y que aumenta el nivel de provocación de su discurso a medida que se acerca la fecha. El último escándalo lo ha causado su candidato, Alexander Gauland, reivindicando el derecho de los alemanes a estar orgullosos de la actuación de sus soldados en la Segunda Guerra Mundial.
15-09-2017 | Fuente: abc.es
Los socialdemócratas alemanes llaman a la «coalición semáforo»
La campaña electoral alemana está derivando en el peor de los escenarios posibles para el Partido Socialdemócrata (SPD). Las encuestas apenas le auguran un voto del 20%, un resultado por debajo incluso de su peor registro en unas elecciones generales, el 23 % obtenido en 2009. Hasta hace unos días, su candidato, Martin Schulz, todavía defendía que aproximadamente la mitad del electorado se declaraba todavía indeciso y anclaba en ese dato sus posibilidades para remontar, pero el porcentaje de indecisos se ha reducido ya al 26% y la evolución de los sondeos demuestra que quien se beneficia de la indecisión no es el SPD, sino los ultranacionalistas de Alternativa para Alemania, que amenazan con instalarse en los dos dígitos. La tranquilidad con la que Merkel pasea de nuevo camino a la Cancillería de Berlín, con el 37% de los apoyos, desincentivará además a algunos votantes a acudir a las urnas el 24 de septiembre, como consecuencia de la sensación de que todo está ya decidido, de forma que Schulz parece abocado a socio menor, subrayando la palabra menor, de la próxima gran coalición. En este contexto de desesperación, el ministro de Exteriores alemán, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, se ha sacado de la manga una llamada a la denominada «coalición semáforo», que reuniría a los socialdemócratas, los liberales del FDP y Los Verdes, como una oportunidad todavía posible de desplazar a Merkel del poder. «Yo soy un gran partidario, me considero un social-liberal y para mí sería la coalición correcta», ha dicho en una entrevista que emitirá el sábado la televisión pública SWR. «Los Verdes no son otra cosa que una forma especial de política liberal», redefinió además el ecopacifismo alemán al ser repreguntado por las aparentes incongruencias de lo que estaba diciendo. «Los tiempos social-liberales del SPD, con Willy Brandt y Helmut Schmidt han sido los mejores tiempos de este país», intentó resucitar el espíritu del entusiasmo, aunque reconociendo que los potenciales socios de esa coalición semáforo, muy especialmente el presidente de los liberales, Christian Lindner, difícilmente estarían de acuerdo con semejante afirmación. En el seno del SPD, por otra parte, aparecen grietas y desencuentros. La caída en el foso demoscópico no solo plantea un fiasco político, sino una gran incertidumbre sobre el futuro personal de muchos miembros de su directiva. Gabriel, que cedió tanto la candidatura como la presidencia del partido a Martin Schulz, cuando sus correligionarios lo aclamaron para que regresase de Bruselas y tomase las riendas de la política nacional, pactó entonces permanecer como ministro de Exteriores pasase lo que pasase. Pero si se escuchan las intervenciones de campaña de Schulz de la última semana, parece evidente que ha asumido que no será canciller y que apunta a ese mismo cargo como alternativa. Schulz se emplea a fondo en una campaña contra Donald Trump y contra el presidente turco Erdogan y ha tenido que ser una señora de la limpieza de Bochum la que enfrente a Merkel con el que podría haber sido el gran caballo de batalla socialdemócrata en estas elecciones, la reforma de las pensiones. Petra Vogel, parte del público del programa de televisión «Hable claro, canciller», emitido anoche por la cadena ZDF, expuso ante Merkel, incontestable, que tras más de cuarenta años limpiando hospitales cobrará una pensión de jubilación de 654 euros. Merkel se interesó en directo por su caso y le preguntó si había suscrito alguno de los planes de pensiones adicionales subsidiados por el Estado alemán, pero solo consiguió enfadar más a la digna señora, que le respondió que su sueldo de 1.050 euros mensuales brutos no da para esos lujos. «Son planes de pensiones para ricos», zanjó, obligando a Merkel a replegarse. «Reconozco su derecho a cobrar un mejor salario y una mejor pensión», dijo la canciller alemana, «pero yo no le puedo prometer algo que no puedo cumplir». Al inicio de este programa de televisión, Merkel contestó en público a la carta remitida por Martin Schulz en la que solicitaba a la canciller un segundo debate electoral televisado, después del que mantuvieron el pasado fin de semana y del que Merkel salió como clara ganadora. «Me parece bien que una vez los potenciales candidatos a canciller se enfrenten, pero no es la elección de una persona», argumentó, añadiendo que prefería acudir a formatos donde se somete a las preguntas del ciudadano y diferenciando las elecciones alemanas de las presidenciales de Francia o EE.UU. Con ello vino a dejar claro que Schulz no es exactamente un enemigo a batir en estas elecciones generales y que su estrategia en la recta final de la campaña pasa por concentrarse allí donde los anti europeos y ultra nacionalistas de AfD están consiguiendo apoyo, un espacio en el que el SPD parece haber desaparecido, a pesar de que es donde se manejan temas que tradicionalmente le eran propios.
14-09-2017 | Fuente: abc.es
Alemania pone peros al plan de Juncker
Apenas han pasado 24 horas desde que Jean Claude Jucker presentase ayer su ambicioso programa para Europa y ya son dos los ministros de Merkel que han puesto peros a su propuesta. En primer lugar está el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que ve problemática una ampliación de la moneda única a todos los países de la UE. Schäuble ha saludado la propuesta y ha señalado que está «en la línea básica de nuestros conceptos en política europea». También ha puesto por delante que Alemania quiere «una Europa fuerte y capaz» y que «es bueno que alguien meta presión y velocidad al asunto», pero también ha dejado muy claro que «hay que hacerlo bien». En su opinión, «es importante que los ciudadanos de los países miembros están convencidos» de los pasos que se vayan dando, aludiendo así a la necesidad de evitar decisiones en Bruselas que alejen a las instituciones europeas de los votantes. Y sobre todo ha subrayado que, para que otros países se sumen a la zona euro, «es necesario que cumplan previamente todos los requisitos» . Es evidente, ha dicho, que los países «deben estar en condiciones de manejar una moneda estable y fuerte, sobre la que no podrán optar a devaluaciones». Schäuble advierte que sumarse al euro «demasiado pronto» puede generar muchos problemas, como hemos visto en Grecia en los últimos años. Finalmente, ha recordado que la pertenencia al euro está regulada por el Tratado de Lisboa, ateniéndose por tanto a sus condiciones, y ha rechazado de nuevo cualquier acercamiento a la emisión de deuda común o mutualización de la deuda, alertando que eso sería «veneno para Europa» y que «quien tome decisiones, debe ser quién soporte las consecuencias de esas decisiones». «No se trata de distribuir dinero», ha respondido a las posibilidades que abría ayer el discurso de Juncker. Alemania, por tanto, frena el entusiasmo de Bruselas. A la espera de que el Partido Socialdemócrata alemán (SPD) haga alguna apreciación propia, el socio pequeño de la gran coalición, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) se ha colocado también de parte de rebajar las prisas. El presidente de la comisión de Finanzas de la CSU, Hans Michelbach, se ha manifestado claramente contra la expansión de la zona euro y ha declarado expresamente que Estados como Rumania y Bulgaria no tienen condiciones para incorporarse a la zona euro. Y además está el asunto de la seguridad. El ministro de Interior alemán, Thomas de Maizière, ha citado también expresamente a Rumanía y Bulgaria como Estados para los que no ve «ninguna posibilidad de acceder al espacio Schengen». «Hablando con sinceridad, les queda todavía aun largo camino», ha dicho, en un contexto de amenaza terrorista que está obligando incluso a replantear los controles fronterizos en los países que estuvieron dispuestos a eliminarlos en 1985.
11-09-2017 | Fuente: abc.es
Schulz pone condiciones a la próxima gran coalición alemana
Dos semanas antes de las elecciones alemanas, ya se está comenzando a negociar la próxima gran coalición de gobierno. El candidato del Partido Socialdemócrata (SPD), Martin Schulz, ha convocado a primera hora y por sorpresa una rueda de prensa en la que ha expuesto las «líneas rojas» que no está dispuesto a traspasar a la hora de sentarse a negociar acuerdos. Y las resume en cuatro puntos: igualdad de salarios entre hombres y mujeres, garantizar plazas escolares gratuitas de horario prolongado, abordar una reforma que mejore las pensiones y una Europa más fuerte y solidaria. «Son innegociables», ha subrayado, «sin esto no nos sentaremos a hablar con nadie». En su peor nivel en las encuestas desde febrero y con los partidos pequeños por debajo del 10% en intención de voto, resulta muy difícil que una coalición de izquierdas liderada por Schulz pueda superar los 17 puntos que Merkel lleva de ventaja en los sondeos, por lo que estas condiciones apuntan a otra gran coalición. «Yo sigo luchando por ser canciller y lo seguiré haciendo hasta el último segundo», ha dicho Schulz, «y si Merkel quiere entrar en mi gabinete, puedo ofrecerle gustoso el puesto de vicecanciller». Lo que su equipo de estrategia pretendía presentar como el mensaje definitivo para diferenciarse de la canciller alemana, resulta en realidad un pliego inicial de negociaciones con el que hacer mirar a la izquierda el próximo gobierno de Merkel. «Me parece de verdad muy divertido que esté ofreciendo a Merkel el cargo de vicecanciller», ha bromeado el jefe del grupo parlamentario de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Volker Kauder, «y además con unas condiciones innegociables que están ya en parte superadas». Entre sus condiciones hay varias que chocan frontalmente con los propósitos de Merkel, como su negativa tajante a cumplir con las exigencias de Donald Trump y aumentar el gasto en defensa hasta el 2% del PIB. «Actualmente gastamos unos 36.000 millones en esa partida y, con una evolución modesta de la economía, estaríamos aumentándola en otros 30.000 millones en 2030. Y eso no se puede hacer en Alemania sin al menos llevarlo a una votación al Bundestag», ha protestado. Otras de sus exigencias parecen sin embargo diseñadas para terminar llegando a un acuerdo con Merkel, como la de una reforma que garantice y mejore el valor adquisitivo de las pensiones a largo plazo. Después de ver lo que hizo la canciller alemana con la legislación del salario mínimo hace cuatro años, todo apunta que esta es la carta que Merkel guarda en la manga para negarla en campaña y legislarla después bajo presión del SPD, lo que le permite quedar bien con su electorado y con el ajeno. «En una situación de superávit en las cuentas estatales como la que disfruta Alemania, resultaría inexplicable no ocuparse de esto», ha insistido Schulz. El resto son peticiones de guion, como la mejora de la calidad del empleo joven y la igualdad de los salarios, difícilmente regulable. Con la excepción de los asuntos europeos, en los que Schulz habla con gran autoridad y en los que critica a Merkel por su falta de rigor. El socialdemócrata ha criticado que el actual gobierno alemán no se esté mostrando mucho más duro con Hungría y con Polonia por su negativa a recibir refugiados en su territorio. «Estamos diciendo que un jefe de gobierno ha dicho en Bruselas que él hará lo que él quiera hacer en su país, ignorando alegremente los compromisos y los tratados. Y Alemania, que en cuestiones de disciplina fiscal es la primera que se precipita a hablar de sanciones y a exigir responsabilidades, sencillamente no está diciendo nada», ha protestado. Después, el socialdemócrata ha estado a punto de atragantarse varias veces cuando se le ha pedido que concrete hasta qué punto está pensando en una Europa más solidaria, en referencia a la deuda, y ha evitado responder. Sin duda esa sería una de las auténticas claves de la negociación de la próxima gran coalición y podría impulsar a la Unión Europea hasta un nivel de integración desconocido hasta ahora y que Macron, desde París, está tratando de desarrollar. Pero Schulz ha evitado declaraciones comprometedoras antes de la votación. Nada que pueda poner en un compromiso a Merkel antes de tiempo. La prueba definitiva de que Schulz está ya orientado a una siguiente gran coalición es que ha identificado como «auténtico enemigo» a la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), a la que ha prometido «no dar ni un segundo de descanso durante toda la campaña electoral» y ha declarado «enemigo de la democracia». A fecha de hoy y tal y como están las encuestas, la única otra opción de gobierno a esta gran coalición sería un «gobierno Jamaica», que debería formar Merkel con los liberales del FDP y con Los Verdes, pero una vez sobre la mesa esta propuesta de Schulz, la gran coalición queda precocinada, excepto, claro está, el punto de la vicecanciller Merkel.
11-09-2017 | Fuente: abc.es
Turquía emite una alerta de viaje para los ciudadanos turcos en Alemania
La escalada de tensión actual entre Turquía y Alemania toma un nuevo pulso con el comunicado web del ministerio de Asuntos Exteriores turco que alerta sobre los riesgos que corren sus ciudadanos al viajar o permanecer en Alemania durante el período electoral, que culminará con los comicios parlamentarios del 24 de septiembre. «Es aconsejable para nuestros ciudadanos en Alemania o los que planeen visitar el país que tengan una actitud equilibrada, que se mantengan fuera de discusiones políticas y que no asistan a manifestaciones celebradas por grupos terroristas antes de las elecciones», dijo el ministro de Asuntos Exteriores en un comunicado publicado este sábado en su página web oficial. El extenso comunicado también advierte que los líderes políticos en Alemania están utilizando una retórica anti-turca en sus campañas electorales y un discurso contrario al proceso de integración de Turquía como miembro de la Unión Europea. Esta alusión hace referencia sobretodo al debate televisivo preelectoral del pasado domingo, donde Angela Merkel afirmó que acabaría con las negociones de adhesión en caso de salir ganadora en las próximas elecciones. Su principal rival, Martin Schulz, ya lo había anunciado anteriormente. Erdogan, por su parte, anunció en declaraciones previas a mediados de agosto a «todos sus ciudadanos en Alemania» a no votar por los «enemigos de Turquía», en referencia a los socialdemócratas SPD, a los demócrata cristianos CDU o a los Verdes. El comunicado, además, acusaba a Alemania de acoger a organizaciones hostiles con el gobierno turco. «Una gran número de terroristas conocidos como miembros del PKK [Partido de los Trabajadores del Kurdistán] o de FETÖ [movimiento liderado por el predicador Fetulá Gülen] residen en Alemania. Las actividades de estos terroristas navegan libremente por las calles de este país y son admiradas». Erdogan, en la campaña alemana El partido de la Alianza de Demócratas Alemanes (ADD) ha colgado carteles electorales en la provincia de Duisburgo, en Alemania, con la imagen del presidente turco como reclamo ante las próximas elecciones. «Emita su voto para los amigos de Turquía. Vamos a expandirlos», reza el cartel en turco, destinado a los alemanes de origen turco que pueden votar en las elecciones del 24 de septiembre. El partido ADD, establecido en Alemania en 2016, mantiene vínculos estrechos con el gobernante AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo). «Si mi imagen puede contribuir a su fortaleza, estaré feliz», dijo Erdogan recientemente.
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