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Noticias de sociedad

12-08-2019 | Fuente: abc.es
El órdago indio en Cachemira resucita viejos fantasmas
El Gobierno nacionalista de la India anunció la semana pasada una decisión sin precedentes: tras casi 70 años de autonomía, la conflictiva provincia de Jammu y Cachemira ?escenario de dos guerras con la vecina Pakistán y origen de uno de los conflictos más enquistados del mundo? quedaba despojada de su estatus especial con el fin de «acelerar su integración en el resto del país». La medida, asentada bajo el pretexto de «acabar con la corrupción, el separatismo insurgente y el atraso económico», en palabras del primer ministro indio, Narendra Modi, cogió desprevenidos a muchos. Las intenciones, sin embargo, venían ya de lejos. El intercambio de ataques con Pakistán en febrero, surgido a raíz de un atentado contra un convoy militar indio en Cachemira, enardeció a gran parte de la sociedad india, que considera al país vecino un enemigo irreconciliable y reclama la provincia como parte intrínseca del territorio nacional. Conscientes del rédito electoral que podía comportar un uso partidista de la delicada situación en Cachemira, el partido gobernante (BJP, que ya consiguió ampliar en mayo la holgada mayoría de la que ya gozaba en el Parlamento, muy en parte gracias a los acontecimientos de febrero) consumó la semana pasada un golpe de efecto con el que espera reforzar su popularidad y ocultar las múltiples carencias de su gestión. Pero las lecturas de la medida van probablemente más allá, según razon la investigadora especializada en Asia Ana Ballesteros, del «think tank» Cidob. «Es muy posible que la decisión haya venido dada por las negociaciones de las últimas semanas entre EE.UU. y Pakistán con el objetivo de sellar la paz en Afganistán. La intención de Islamabad es que Washington haga una serie de concesiones a cambio de obtener su colaboración para intervenir en ese país, y eso pasa por un respaldo en Cachemira», sostiene Ballesteros, que recuerda además que «las relaciones de la India con EE.UU. atraviesan un momento de tensión derivada de la guerra comercial que han iniciado». El hecho de que tanto Pakistán como la India celebren su Día de la Independencia esta semana (14 y 15 de agosto, respectivamente) contribuye, asimismo, a caldear los ánimos. «Es muy probable que el Ejecutivo indio haga bandera de la medida para agitar su marcado discurso nacionalista. Por otra parte, Pakistán tampoco querrá ser visto como el Estado débil, por lo que puede que esto los lleve a incrementar su belicosidad», señala la investigadora. Ante el desarollo de los acontecimientos de esta semana ?envío de tropas adicionales, detención de más de 400 políticos y activistas, corte de las comunicaciones y protestas masivas? Pakistán suspendió el miércoles las relaciones diplomáticas con la India, canceló el escaso comercio bilateral que mantenía y anunció además que denunciará a su vecino ante la ONU por «haber violado varias de las resoluciones aprobadas para mantener la paz». Pero es la posibilidad de que un nuevo conflicto estalle lo que más preocupa en la provincia. «La situación ahora mismo es poco previsible. Existe, como siempre, la posibilidad de que Pakistán respalde a grupos insurgentes como ha venido haciendo desde hace años, pero no está tan claro que las hostilidades puedan conducir a un nuevo conflicto abierto. Lo que es innegable, sin embargo, es que la medida soliviantará todavía más a una población ya de por sí muy humillada y hastiada», analiza Ballesteros. Decisión salomónica La historia se remonta a 1947. El Imperio británico, exhausto tras dos guerras mundiales y abrumado ante el imparable fervor nacionalista de muchas de sus colonias, abandonó el Raj tras casi un siglo de ocupación y dividió el subcontinente indio en dos países: uno de mayoría hindú, India, y otro de población musulmana, Pakistán. La brusquedad de la partición, fuente de violentos altercados intercomunales entre los millones de desplazados que huyeron despavoridos a un lado y otro de la frontera, sentó las bases de un conflicto que dura hasta la fecha. Pero es, en definitiva, la disputa por una región cuyo territorio queda repartido entre ambos países lo que se convierte en el principal casus belli de un enfrentamiento que suma ya siete décadas. «Tanto en la India como en Pakistán, el conflicto de Cachemira es un fenómeno que moviliza a numerosas facciones, ya que forma parte de sus respectivas identidades nacionales», explica Ballesteros. Enclavada en la parte suroccidental de los Himalayas, el Valle de Cachemira es hogar de un variado crisol de etnias y culturas diseminadas en un radio de 140 kilómetros. Tras ser dominado por distintas dinastías e imperios del entorno, los británicos recalaron en él en 1845, convirtiéndolo en un principado que retuvieron hasta 1947. Todo se complicó, sin embargo, a partir de ese momento. A la hora de decidir a cuál de los dos nuevos países quería unirse, el monarca local (un hindú al mando de una región de mayoría musulmana) se declaró neutral, lo que llevó a buena parte de los cachemiros próximos al lado paquistaní a levantarse en armas contra la administración. Esta, temerosa, solicitó ayuda a India, que acudió a su rescate con la condición de que Cachemira pasara a formar parte de su territorio. Se produjo entonces una rápida escalada de las hostilidades que derivó en la primera guerra indo-pakistaní. Tras meses de combates, la lucha terminó encallando y precipitó la intervención de la ONU, que fijó una Línea de Control para delimitar sendas administraciones y evitar nuevas tensiones. Fue inútil. Las guerras se sucedieron (1965, 1999) y ambos países se embarcaron en una carrera nuclear y armamentística con la que se amenazan mutuamente. Cachemira ?cuya población reclama un referéndum de independencia que nunca ha llegado a producirse? se convierte así en una de las regiones más militarizadas del mundo y en el campo de batalla de la India y Pakistán, donde ha ido forjándose además una importante actividad insurgente que se manifiesta con cierta periodicidad. Un territorio geoestratégico La disputa territorial entraña también una dimensión geopolítica, como recuerda el periodista Tim Marshall en su libro «Prisioneros de la geografía». Por un lado, el control de la región por parte de la India podría otorgarla una ventana a Asia Central, y crear de paso una obstrucción en las comunicaciones entre China ?que retiene un 25 por ciento de Cachemira? y Pakistán, cuya relación no hace más que mejorar. Por el otro, un hipotético dominio de Islamabad le reportaría el acceso al río Indo, un recurso de gran valor para su robusta industria algodonera.
12-08-2019 | Fuente: finanzas.com
Scottish Power Renewables, filial de Iberdrola en Reino Unido, ha suscrito un acuerdo con la sociedad Bilbao Offshore Holding, encabezada por el fondo australiano Macquarie, para venderle un 40% del p..
11-08-2019 | Fuente: abc.es
Asma Lamrabet: «Islam y feminismo no son incompatibles»
La cita es en Rabat, el día está despejado, hace calor, pero la brisa que llega del río Buregreg hace la jornada algo más agradable. Este respiro permite hacer unas compras por la medina de la ciudad sin que signifique un golpe de calor asegurado. La parte más agradable es la Kasbah, una alcazaba que da la impresión de ser una ciudad dentro de Rabat. Desde el mirador se puede ver la playa de Rabat abarrotada de gente en bañador que busca aliviar el bochorno. Este verano no ha habido polémica como el pasado, cuando una página de Facebook marroquí inaguraba la estación estival con el mensaje de: «Sé un hombre y tapa a tus mujeres». Miles de reacciones en contra de este comentario inundaron las redes con la respuesta de: «Sé una mujer libre». Un movimiento feminista comenzó a alcanzar protagonismo en las redes y las calles de Marruecos. El feminismo es una ideología que nadie asocia al mundo musulmán y menos a la religión. Que la mujer esté bajo tutela de un pariente masculino, que el hombre pueda ejercer la poligamia, que su testimonio durante un juicio valga la mitad o que herede la mitad que sus hermanos por el hecho de ser mujer es, en el mundo musulmán, lo habitual. La lista de agravios es larga y el origen, supuestamente divino, hace que sean difíciles de cuestionar. Pero ha emergido una nueva corriente que rechaza la lectura tradicional del islam y que propone su propia lectura. Es el caso de Asma Lamrabet (Rabat, 1961), teóloga, doctora y una de las pocas intelectuales en el mundo musulmán que habla sobre igualdad de género en el islam. «Islam y feminismo no son incompatibles, ni contradictorios.», defiende Lamrabet. La teóloga asegura que es necesaria una reinterpretación de los textos coránicos en el nuevo contexto social. Propone una revisión reformista del islam, «el profeta habló del ?Tajdid?, es decir, una renovación de la religión acorde con el tiempo, por lo tanto, la renovación es inherente al islam». «El problema no proviene de los textos religiosos, sino de la interpretación de estos textos por parte de los hombres», asegura la activista marroquí. Primeros cambios Una profunda dinámica femenina de protesta dentro del islam -una religión estructuralmente sexista- ha comenzado en varios países. Como ejemplo, están las reformas que ha experimentado Marruecos. «Se iniciaron avances legales gracias a la voluntad política, incluida la del propio rey Mohamed VI y también de la larga y dura lucha de las mujeres desde la década de los 70, como el Código de Familia de 2004 y la Constitución de 2011 que fueron emblemáticas para la emancipación de la mujer en el mundo musulmán y han permitido, aunque aún queda mucho, abandonar en cierto modo la configuración tradicionalista y discriminatoria», explica Lamrabet. El año pasado, la doctora dimitió de la dirección del Centro de Estudios de la Mujer en el Islam, que llevaba dirigiendo casi una década, por la presión de las instituciones religiosas y los círculos conservadores, después de que declarara que la igualdad de género en la herencia era parte de los objetivos del islam. A pesar de ello, Lamrabet sigue con su lucha particular por dar a conocer el «feminismo musulmán» que defiende, al que también llama de «tercera vía», el cual se basa en replantear y cuestionar el dominio del modelo occidental colonial y neocolonial, ya que «no existe un feminismo universal, sino que hay diferentes variantes según el contexto del que estemos hablando. No es el mismo feminismo el que se defiende en España como el de Francia, como tampoco es el mismo el que se puede defender en Marruecos o en Arabia Saudí, todo depende del contexto social, político y económico». Teniendo en cuenta estas diferencias, sí que existen unos principios universales, «la libertad, dignidad y la igualdad entre hombres y mujeres son reglas fundamentales para todas las sociedades». Marruecos, que quiere ser adalid de un islam moderado, ha revisado su campo religioso y ha nombrado a unas cincuenta mujeres predicadoras (mourchidates) en mezquitas para supervisar la educación religiosa. Lamrabet, sin embargo, ve en este gesto una simple estrategia de marketing. «Este programa de mourchidates es interesantes desde el punto de vista simbólico; pero han pasado diez años desde que comenzó el proyecto y solo están transmitiendo el mismo mensaje patriarcal que antes», dice. Uno de los temas más controvertidos es el uso del velo por las mujeres musulmanas. Lamrabet denuncia la visión reduccionista de los que consideran el hiyab como una marca del patriarcado: «Es simplista y también existe racismo en esa visión, pero yo soy bastante crítica con mi propia tradición porque exite un discurso islámico que ha hecho del hiyab toda la identidad musulmana de la mujer. Si no se ponen el velo, no son mujeres musulmanas, y esta postura también es muy reduccionista. El velo debe ser una elección que haga la mujer, deben tener la libertad de decidir si lo llevan. El velo es una expresión de espiritualidad y no de identidad».
10-08-2019 | Fuente: as.com
Rulli podría salir al Montpellier, si falla el fichaje de Olsen
Las negociaciones del guardameta sueco de la Roma se complican y en Italia ven como alternativa la llegada del portero de la Real Sociedad.
10-08-2019 | Fuente: as.com
Mestalla entra en juego
El Valencia se presenta esta noche en sociedad (21:30, Gol) tras una pretemporada cargada muy extraña. La grada, que presentará un gran aspecto, se manifestará.
08-08-2019 | Fuente: finanzas.com
El presidente de Gestamp, Francisco José Riberas, se ha hecho con el 6,98% de GAM, a través de la opa que lanzó sobre la sociedad asturiana con su empresa Gestora de Activos y Maquinaria Industrial (G..
08-08-2019 | Fuente: as.com
El Red Bull Salzburgo no es gran cosa, pero al menos es un equipo-Champions que ya ha jugado dos jornadas de su Liga, lo que quiere ..
07-08-2019 | Fuente: as.com
Lazo y Roncaglia, objetivos de Osasuna
El interés por el argentino aparece por el estancamiento en las negociaciones por el central de la Real Sociedad, Raúl Navas.
06-08-2019 | Fuente: abc.es
Una ciudad sueca exige el pago de una licencia para poder mendigar en sus calles
La ciudad sueca de Eskilstuna, al oeste de Estocolmo, se ha convertido en la primera del país en exigir el pago de una licencia para poder pedir dinero en sus calles, una medida destinada a acabar con la mendicidad. Quienes quieran ejercer de mendigos en Eskilstuna, un municipio de algo más de 100.000 habitantes, a partir de este mes deben solicitar por internet o en una comisaría el permiso, que cuesta 250 coronas suecas (23,3 euros) y será válido un máximo de tres meses, además de mostrar un documento de identidad. Pedir dinero sin permiso en las zonas de la ciudad incluidas en la normativa -centro, áreas de compra y exterior de instalaciones deportivas, entre otras- será sancionado con multas. «Es difícil saber en qué resultará, probamos nuevas vías burocratizando y dificultando la actividad», dijo a la televisión pública sueca SVT el alcalde de la localidad, el socialdemócrata Jimmy Jansson. La introducción de esa normativa municipal ha provocado críticas de varias organizaciones sociales que consideran que así se criminaliza la mendicidad. «No se trata de perseguir a personas, sino de invocar la gran pregunta: ¿Pensamos que hay que normalizar la mendicidad en la sociedad de bienestar sueca? No veo la misma energía en criticar el hecho de que haya gente que se ve obligada a pedir que en criticar nuestros intentos de poner reglas», lamentó Jansson. Según recogen medios locales, la policía de Eskilstuna ha recibido hasta ahora ocho solicitudes para obtener el permiso. La normativa fue adoptada en mayo del año pasado por el Gobierno local, compuesto por socialdemócratas, liberales y conservadores, pero su entrada en vigor se vio retrasada al ser presentada una queja ante los tribunales administrativos.
06-08-2019 | Fuente: abc.es
Durante buena parte de la historia política de Estados Unidos, el presidente ha sido una figura más bien secundaria. De acuerdo con el diseño constitucional de 1787, obsesionado con evitar la concentración y abuso de poder, la institución central en aquella nueva república era el Congreso. No el Ejecutivo con demasiadas papeletas, a juicio de los padres fundadores, para degenerar en tiranía. Y durante la mayor parte del siglo XIX, la era presidencial que se conoce como Clerk in Chief, los ocupantes de la Casa Blanca asumieron esa irrelevancia basada en muy poca iniciativa y poder independiente. A través de figuras como Theodore Roosevelt o Woodrow Wilson, los presidentes al concebir su puesto como un espléndido púlpito empezaron a dejar de ser meros encargados de cumplir los designios del Legislativo. Con la llegada a la Casa Blanca de Franklin Delano Roosevelt -entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial- la institución presidencial de transformaría para siempre. Hasta llegar al Washington de hoy en día: un sistema político, pese a toda su tradición de controles y equilibrios, obsesionado con el ocupante del despacho oval. Desde su narcisista campaña de 2016, Donald Trump ha venido aprovechando esa relevancia para inspirar los peores instintos de Estados Unidos. Y ha transformado su presidencia en una provocación constante, con una política centrada en magnificar los resentimientos y divisiones latentes en la sociedad americana. Hasta el punto de hacer tolerable parte de la mierda que más o menos este país había logrado contener durante los últimos cincuenta años. Al hablar de «invasión de nuestro país», «animales» indocumentados y que sin un muro América dejará de ser América, el presidente no puede evadir su directa responsabilidad en el auge del racismo, fanatismo y nacionalismo blanco que sufre EE.UU. «¿Cómo detienes a esta gente? No puedes», se lamentaba Trump en uno de sus delirantes mítines celebrado en Florida el pasado mayo. Alguien en la multitud gritó una idea: «Disparando». La audiencia de miles de personas vitoreó y Trump sonrió.