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Noticias de sergio moro

19-05-2020 | Fuente: abc.es
Brasil, enfrentado a una doble crisis: la sanitaria y la política
Los brasileños están viviendo un momento más difícil que en la mayoría de países del mundo. El gigante de más de 200 millones de habitantes enfrenta además del coronavirus, en ascensión exponencial, una grave crisis política, que ha derribado dos ministros de Sanidad en un mes, y que tiene al presidente Jair Bolsonaro al borde de un abismo que puede llevarlo a su destitución. Desde la primera muerte por coronavirus, a principios de marzo, Bolsonaro le ha restado importancia a la pandemia, a la que llamó «gripecita», «neurosis» e «histeria». Con frases como «no me importa», «yo no soy sepulturero», y con acciones como invitar a un asado cuando ya se registraban 10.000 fallecimientos, el presidente viene perdiendo popularidad y debilitándose políticamente. Brasil ha superado ya las 16.000 muertes por Covid-19 desde el domingo, sin haber llegado aún a lo que se considera su pico, previsto para las próximas semanas, y con presiones por cuarentenas más rígidas en las mayores ciudades del país. De acuerdo con datos del ministerio de Sanidad, el total de infectados por la enfermedad pasa de los 241.000, lo que le convierte en el cuarto país más afectado, solo por detrás de EE.UU., Rusia y Reino Unido. São Paulo, el estado más poblado del país, con 46 millones de habitantes, es también el más afectado, con más de 62.000 casos y casi 5.000 muertes. El gobernador de ese estado, João Doria, ha visto aumentar su popularidad por la forma en que ha conducido la crisis, y por oponerse a Bolsonaro en decisiones como mantener la cuarentena por encima de la economía, así como las restricciones al comercio y considerando medidas más rígidas. Mientras la mayoría de los políticos mantiene la defensa de la cuarentena, Bolsonaro nada contra la corriente y se aísla cada vez más. Perdió dos ministros de Sanidad en menos de un mes, Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich, por querer imponerles a ambos, que son médicos, el uso de la cloroquina, un remedio para la malaria, que no se ha comprobado como solución para el coronavirus y que tiene, además, fuertes efectos colaterales. Mandetta, que inició en el Gobierno junto con Bolsonaro, hace quince meses, dejó el cargo con altísima popularidad, por cuestionar a su jefe sobre el uso de ese remedio y mantener la petición de aislamiento y distanciamiento social, que el presidente tanto critica. Bolsonaro cuestiona la necesidad de esas medidas desde el inicio de la pandemia y sigue participando en eventos y manifestaciones, muchas veces sin máscarilla, y abrazando a sus correligionarios. El domingo acudió a una concentración en su apoyo acompañado por once ministros, cuando las aglomeraciones han sido prohibidas por prácticamente todos los gestores públicos. Investigaciones Sin el apoyo de gobernadores ni de alcaldes, y negociando con dificultad el respaldo en el Congreso, Bolsonaro también se enfrenta al desgaste de investigaciones sobre su Gobierno. Su exministro de Justicia, Sergio Moro, dejó el Gobierno afirmando que Bolsonaro quería intervenir en la Policía Federal para proteger a sus hijos. El domingo, Paulo Marinho, otro político de su círculo, acusó al presidente y a su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, de tener acceso a investigaciones y haber detenido procesos que perjudicarían su elección. Si esa información se confirma, su victoria en octubre de 2018, puede ser considerada un fraude electoral. La entrevista del domingo es munición de alto calibre para una nueva petición de destitución sobre una pila de procesos que se acumulan en el Congreso y en la Corte Suprema, reclamando investigaciones en su contra.
13-05-2020 | Fuente: abc.es
«¡Reaccionen, por favor!»
Algunos dirigentes terminarán sus días con el recuerdo imborrable de los muertos y el dolor que dejó su gestión. El tsunami planetario del Covid-19 (me resisto al femenino tanto como al lenguaje inclusivo) se devora, poco a poco, la popularidad de los que fueron -y algunos insisten- un ejemplo de soberbia letal. Le está pasando, entre otros, a Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Emmanuel Macron y (ya era hora) a Pedro Sánchez. El primero ve en riesgo su reelección mientras al segundo, los británicos le apuntan a la cuenta de su desprecio inicial al virus, -estuvo a un paso de sepultarle-, la probabilidad de que este pueda terminar dejando un saldo de cadáveres superior al número de caídos en la segunda Guerra Mundial. A Bolsonaro, el psicópata en modo «Joker» sudamericano, le huyen hasta los suyos. Ministros con vocación de ser testigos de cargo de sus abusos de poder dan el portazo antes de quedar pegados a un presidente que ha resultado ser un fiasco. El último fue Sergio Moro, el hombre que puso a la sombra a Lula da Silva por corrupto. Ahora, el juez que fue ministro (cualquier parecido con Garzón es una coincidencia) busca un final idéntico para el presidente que intenta encubrir la corrupción de sus hijos, que viene a ser la suya propia. A Macron, el único que entonó el mea culpa y reconoció el error de convocar la primera vuelta de las elecciones municipales cuando el Covid ganaba terreno en la gran Francia tras arrasar Italia y España, el electorado -según los sondeos- no parece que le perdone ni vaya a hacerlo. Recorrido similar empieza a transita Sánchez, al que el espejo de Narciso (Michavila) le devuelve, en las encuestas de GAD3 para ABC, el reflejo del hartazgo de una sociedad que comienza a despertar del letargo o hibernación forzada, por un confinamiento, con toque de queda, impuesto por una lectura falaz de la Constitución. Los ciudadanos del mundo sienten que su paciencia se agota y entre ellos, pareciera que escucharan a Daniel Salas, el ministro de Salud de Costa Rica (de impecable gestión de la crisis) cuando ante la inacción por la pandemia estalló : «¡Reaccionen, por favor!».
04-05-2020 | Fuente: abc.es
El juez «verdugo» de Lula da Silva amenaza también a Bolsonaro
«Nadie me dará un golpe», declaró este sábado el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en un veloz encuentro con sus simpatizantes frente a la residencia oficial, el Palacio de Alvorada. Bolsonaro lanzó la frase sin ningún contexto y con cara de pocos amigos antes de subirse al coche, sin informar a dónde se dirigía. El momento intempestivo, común en sus actos, resume la tensión en que se encuentra Brasil, bajo las voces que apuntan al tercer impeachment de su joven democracia. Acorralado, Bolsonaro está siendo investigado y cuestionado en varios frentes. El juez de la Corte Suprema, Celso de Mello, dio dos meses para que la Policía Federal (PF) interrogara al célebre exjuez, Sergio Moro ?principal garante del Gobierno Bolsonaro hasta su renuncia hace una semana? para averiguar las acusaciones que lanzó contra el presidente antes de dejar el cargo, entre ellas, de que habría tratado de interferir en investigaciones policiales que involucran a su familia. Llamado «Judas» por Bolsonaro, Moro se presentó el sábado en la sede de la Policía Federal en Curitiba, para declarar ante comisarios, acompañado por sus abogados. Durante ocho horas, el exministro presentó pruebas, entre ellas, el registro de 15 meses de conversaciones por WhatsApp, y respondió a preguntas sobre las graves acusaciones que hizo sobre el presidente. Se trata del mayor escándalo que afronta Bolsonaro desde que está en el poder. El resultado de las investigaciones que deben ir a las manos del Fiscal General de la República, Augusto Aras, pueden ser el material más importante para un proceso de juicio político contra Bolsonaro, o una acusación de falso testimonio contra el exministro de Justicia. Además de la vía judicial, la renuncia de Moro aumentó el número de peticiones de destitución entre los congresistas. Según el juez Mello, «los crímenes supuestamente practicados» por Bolsonaro parecen tener «íntima conexión con el ejercicio del mandato presidencial», lo que abre camino para su investigación. La petición del juez enumera siete posibles delitos cometidos por Bolsonaro, entre ellos prevaricación y obstrucción a la justicia. La tensión política ocurre en cuando Brasil está en el centro de la atención mundial por el aumento de casos de coronavirus, y cuando Bolsonaro se enfrenta contra la mayoría de gobernadores y alcaldes del país, que han mantenido las medidas de aislamiento social y de cuarentena. El mandatario y sus militantes han salido a las calles todos los fines de semana en marchas que piden la vuelta de la normalidad y de la economía. Bajada de popularidad En una de esas ocasiones, hace dos semanas, Bolsonaro acusó al Congreso y a la Corte Suprema de no dejarlo gobernar y apoyó los gritos de los manifestantes que pedían un Acto Institucional 5 (AI-5), el decreto con el que los militares confirmaron la dictadura en 1964. Criticado por políticos y por la opinión pública, que consideraron la actuación del presidente un motivo para destituirlo, Bolsonaro retrocedió, dijo que no había apoyado a los manifestantes y elogió la democracia. Una encuesta de Datafolha, publicada esta semana muestra que mientras un 45% de los brasileños apoya un «impeachment» en el Congreso, el 48% piensa lo contrario. Al mismo tiempo, su popularidad cae, en medio de caceroladas que han aumentado frente a la pandemia. El número de quienes consideran su Gobierno regular cayó del 32% en diciembre, al 26% esta semana; y el de los que lo califican de malo o pésimo subió del 36% al 38%. «La destitución es la última opción», declaró Luis Roberto Barroso, uno de los más antiguos ministros de la Corte Suprema, en una entrevista publicada el sábado en el diario O Estado de São Paulo. «Los hechos deben ser serios y demostrados», afirmó el juez sobre la posibilidad de que Brasil tenga su tercer juicio político en tres décadas, después de Fernando Collor de Mello (1992) y de Dilma Rousseff (2016). Barroso, que presidirá la Corte Electoral a partir del 25 de mayo, asumirá uno de esos procesos que pueden llevar a la destitución. El más importante, sin embargo, es el que tramita en la Corte Suprema, iniciado por Celso de Mello, a partir de la denuncia de Moro, que apunta la interferencia del mandatario en la Policía Federal (PF). Hijos investigados Uno de los motivos de la salida de Moro fue el deseo de Bolsonaro de cesar al hombre de confianza del exjuez en la PF, Mauricio Valeixo, para sustituirlo por un amigo de sus hijos, el comisario Alexandre Ramagem, en un momento en que la organización investiga a dos de los cuatro hijos del presidente. El mayor, el senador Flavio Bolsonaro, es investigado por desvío de recursos públicos y por vínculos con grupos paramilitares en Río de Janeiro;mientras que el concejal Carlos Bolsonaro lo es por producción y difusión de noticias falsas. Por esos motivos, el ministro de la Corte Suprema, Alexandre de Moraes, suspendió el nombramiento de Ramagem, provocando la furia de Bolsonaro, que demuestra no aceptar la convivencia entre tres poderes. «Quien manda aquí soy yo», gritó antes de aceptar que tendría que cumplir la orden.
25-04-2020 | Fuente: abc.es
Jair Bolsonaro y Sergio Moro protagonizan un nuevo cruce de acusaciones en las redes sociales
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha reprochado este sábado al ya exministro de Justicia y Seguridad Pública, Sergio Moro, que le apoyó cuando éste fue cuestionado por las filtraciones del caso de corrupción «Lava Jato» en el que trabajaba Moro y que propició la condena del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. «Las filtraciones de "Lava Jato" comenzaron en junio de 2019. Fueron filtraciones sistemáticas de conversaciones con Sergio Moro con miembros de la Fiscalía. Buscaban anular procesos y acabar con la reputación del exjuez. En julio (los partidos) PT (de Lula) y el PDT pidieron prisión contra él. En septiembre llegaban al Tribunal Supremo. Bolsonaro en el desfile del día 7 hizo eso», ha publicado Bolsonaro en Twitter en un mensaje acompañado de una fotografía del presidente apoyando su mano en el hombro de Moro. Bolsonaro compara así las filtraciones que perjudicaban a Moro con las declaraciones por parte de Moro cuestionando la destitución del director de la Policía Federal, Maurício Valeixo: «El presidente me dijo que quería colocar una persona afín, que le pudiese pasar informaciones, informes de Inteligencia. El papel de la Policía no es facilitar ese tipo de información», reveló Moro. En respuesta a las palabras de Bolsonaro de esta mañana, Moro, nombrado ministro tras la victoria de Bolsonaro en las presidenciales tras anularse la candidatura de Lula, ha publicado su propio mensaje en redes sociales. El mensaje incluye el enlace una noticia que relata cómo Moro pidió investigar al portero de una finca de Bolsonaro en el caso de homicidio de la activista política Marielle Franco. «Sobre la reclamación en la red social del señor presidente sobre una supuesta ingratitud: yo también apoyé al presidente de la república cuando él fue injustamente atacado. Pero preservar la Policía Federal de la interferencia política es una cuestión institucional, de Estado de Derecho, y no de relaciones personales», ha indicado. El viernes Moro y Bolsonaro cruzaron una serie de mensajes sobre la intención de Bolsonaro de destituir al director general de la Policía Federal. Moro explicó que le dijo a Bolsonaro que no tenía «ningún problema» en cambiar al director de la Policía, siempre y cuando hubiese una razón justificada, por ejemplo «un error grave» por parte de Valeixo.
24-04-2020 | Fuente: abc.es
Dimite el ministro de Justicia de Bolsonaro por «interferencias politicas» en la lucha contra la corrupción
Símbolo de la Operación Lavacoches, y uno de los principales garantes del Gobierno del brasileño, Jair Bolsonaro, el juez Sergio Moro, renunció este viernes a su cargo de 'Super' ministro de Justicia y Seguridad Pública, disparando una metralladora giratoria contra el polémico mandatario, y dejándolo aún más frágil en un momento en que se acumulan en el Congreso una serie de pedidos por su destitución. El exjuez, de 47 años, famoso por llevar al popular expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a la prisión (2018), hizo el anuncio después de que Bolsonaro sustituyese a uno de los principales cuadros de su ministerio, el jefe de la Policía Federal (PF), Mauricio Valeixo, principal brazo de las investigaciones judiciales, para substituirlo por un nombre de su confianza , en el momento en que su hijo mayor, el senador Flavio Bolsonaro, es investigado por desvíos de fondos públicos. «La interferencia política puede llevar a relaciones impropias entre el director de la PF y el Presidente de la República. No puedo estar de acuerdo. No tengo como continuar sin condiciones de trabajo y sin preservar la autonomía de la PF. El presidente me quiere fuera del cargo», afirmó Moro en una declaración que le ha puesto los pelos de punta a los militares que apoyan al ultraderechista. Según el diario O Estado de São Paulo, militares de alta patente del Gobierno, se manifestaron «perplejos» y en «choque» con la entrevista de Moro al dejar el cargo. Uno de los generales entrevistados consideró la presión de Bolsonaro, un «suicidio» político y dijo que el presidente ahora es en «zombi». La analista de política del mismo diario, Vera Magalhães, comentó que Moro se vuelve con su discurso «gravísimo» en el principal motivo para un poceso de destitución contra Bolsonaro, al dejar clara su intención de interferir en investigaciones, tener acceso a informes de inteligencia e insinuar que quiere acceso a las averiguaciones sobre el caso de su hijo, en trámite en la Corte Suprema. Otra declaración de Moro que sorprendió fue cuando comparó el comportamiento de Bolsonaro al de los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, los principales blancos de la Operación anticorrupción que encabezó. «Imaginénse si en la Lavacoches, un ministro o entonces, la presidenta Dilma o el expresidente (Lula) llamasen a cada rato al superintendente de Curitiba (sede de la operación) para pedir informaciones», comparó el exministro para dejar muy evidentes las presiones de Bolsonaro y su falta de compromiso con la democracia y la ética. Moro, además, también se distanció de la forma en que Bolsonaro conduce el combate a la Covid-19, presionando a que los brasileños vuelven a las calles, y destituyendo la semana pasada al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, que insistía en la necesidad de una cuarentena más larga, justo en el momento en que la curva de contagios está en ascenso. El coronavirus ha sido uno de los asuntos que viene restándole popularidad al presidente, que desde que asumió el cargo, en enero del año pasado, no ha mostrado resultados ni en el área económica ni en la lucha anticorrupción, dos de los principales temas que justificaron su elección. En la última encuesta Datafolha, el 51% de los brasileños admitió que Bolsonaro empeora la lucha contra la pandemia. Aislado por todos lados, Bolsonaro está en el peor momento de su Gobierno. El juez Moro Sergio Moro, que deja el Gobierno Bolslonaro tras 16 meses, fue el implacable juez que condijo los procesos de investigación contra el expresidente Lula da Silva y los principales nombres de su Partido de los Trabajadores (PT), en la que fue la mayor operación anticorrupción de la historia brasileña. Las investigaciones llevaron a la prisión de Lula en abril de 2018, de donde salió en noviembre del año pasado. La operación reveló, desde 2014, una red de corrupción sustentada por constructoras y servida por la estatal brasileña Petrobras, que abastecía las cuentas de empresarios y de políticos de todos los partidos. Los tentáculos de esa red, llegaron a paraísos fiscales y encontraron refugio en empresas europeas, africanas y en Estados Unidos. Moro, que sigue gozando de alta popularidad y le hace sombra a Bolsonaro, vio su imparcialidad cuestionada cuando se subió al Gobierno de un político polémico que nunca estuvo precisamente asociado a la ética. Bolsonaro llegó al poder, desconocido por buena parte de la población, con un discurso de «nueva política», tras haber sido militar y diputado durante tres décadas, sin aprobar un solo proyecto. Imparcialidad manchada El exministro también tuvo su imparcialidad manchada por la filtración de mensajes que mostraron que él y los principales jueces de la operación tenían intereses políticos y asumían una persecución contra los líderes del PT. Los diálogos de WhatsApp filtrados por el portal The Intercept, Glenn Greenwald, fueron publicados e investigados por los principales diarios brasileños. Con su salida y su fuerte popularidad, Moro deja el Gobierno antes que se hunda y se convierte en uno de los nombres que suenan para suceder al actual Gobierno.
03-04-2020 | Fuente: abc.es
Bolsonaro critica a su ministro de Sanidad por apoyar las cuarentenas
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, parece cada vez más aislado y desconectado de la opinión pública. Blanco de una cacerolada diaria en las principales ciudades brasileñas, Bolsonaro arremetió contra su ministro más popular en medio de la crisis pandémica, el responsable de Sanidad, Luiz Henrique Mandetta, de quien dijo: «le falta un poco de humildad». Estimulando a la población a salir a trabajar, contra los argumentos de organismos internacionales, de la clase política y de su propio ministro de Sanidad, Bolsonaro viene perdiendo popularidad en un momento en que el Covid-19 ya mató más de 300 personas e infectó a 8.000 brasileños, números que podrían ser mayores si gobernadores de casi todo el país no hubieran decretado la cuarentena hace casi dos semanas. «Creo que Mandetta en algunos momentos tendría que escuchar un poco más al presidente de la República», reclamó Bolsonaro sobre el médico que dirige su ministerio de Sanidad. «Quiere hacer valer mucho su voluntad» y «le está faltando un poco más de humildad para conducir a Brasil en este momento de crisis», criticó el presidente, que se aleja cada vez más incluso de la gente de su círculo. Mandetta, que tiene el apoyo de los principales ministros del Gobierno Bolsonaro, el de Justicia, Sergio Moro, y el de Economía, Paulo Guedes, tiene también el respaldo de 25 de los 27 gobernadores brasileños, de la oposición y se ha ganado la confianza de la población, por las acciones que ha emprendido contra la voluntad del presidente, que le ha restado importancia a la pandemia desde su inicio. «No pretendo despedirlo en el medio de la guerra» y «espero que entienda el mensaje, ya que está en el medio del combate», declaró el presidente, añadiendo que ningún miembro de su gabinete es intocable. "Lavoro, lavoro, lavoro», respondió en italiano Mandetta, sobre los comentarios del presidente, indicando que no detendrá su trabajo por las críticas. Bolsonaro, que la semana pasada inició la campaña «Brasil no puede parar», prohibida por un tribunal, defiende que las personas que están bien y no están en grupos de riesgo, salgan a las calles y a trabajar por el bien de la economía. El mandatario ha atacado a los gobernadores y alcaldes que impusieron cuarentenas y los ha responsabilizado por el impacto de esa decisión en la economía.
25-01-2020 | Fuente: elpais.com
El intento de Bolsonaro de debilitar a su ministro de Justicia inquieta a las bases conservadoras de Brasil
El planteamiento del presidente brasileño de dividir el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública disgusta a los seguidores del exjuez Sergio Moro
08-11-2019 | Fuente: abc.es
Lula puede estar a un paso de la libertad
El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-11) puede estar a un paso de la libertad, tras un fallo de la Corte Suprema, que revisó el jueves una decisión anterior sobre la prisión en segunda instancia, la misma que permitió su prisión en abril del año pasado. Sus abogados viajaron el viernes a la ciudad de Curitiba, donde se encuentra preso, para definir los detalles de una inminente salida. En una votación apretada, los jueces de la máxima corte decidieron, por 6 votos contra cinco, la inconstitucionalidad de la prisión en segunda instancia, y por mantener la norma de la Carta Magna de 1988, que establece que la detención sólo puede ocurrir después de agotarse todos los recursos de apelación, salvo en casos de peligro para la sociedad. La decisión, que despertó largas discusiones entre los brasileños, divididos entre los que apoyan la libertad de Lula y quienes lo quieren tras las rejas, puede conducir a la libertad del expresidente, considerado el principal líder de la izquierda brasileña. En un comunicado, difundido en redes sociales con la etiqueta «Lula libre mañana», los abogados Cristiano Zanin Martins y Valeska T. Martins repitieron el principal argumento de la defensa de que el expresidente es víctima de una persecución política conocida como «lawfare» (guerra legal) y que «no cometió ningún acto ilícito». «La Corte Suprema refuerza la idea de que el expresidente Lula está preso desde hace 579 días injustamente y de manera incompatible con la ley la Constitución de la República, como siempre dijimos», destacaron los abogados, que pedirán a la jueza Carolina Lebbos, de ejecución penal, la liberación inmediata con base en la nueva jurisprudencia. La acusación El expresidente, de 74 años, cumple una pena de ocho años y diez meses de prisión acusado de corrupción pasiva y blanqueo de fondos en el caso de un piso triplex frente al mar en el balneario de Guarujá, en São Paulo. La defensa cuestiona la denuncia basada en delaciones y asegura que el piso nunca fue del expresidente, contra quien tramitan otros seis procesos judiciales. La misma corte, había decidido en 2016, la autorización de la prisión en segunda instancia como una medida contra la corrupción en la política, un cambio que permitió la prisión de Lula y otros políticos. La revisión de la medida puede beneficiar a casi 5 mil detenidos en Brasil. Revelaciones presentadas recientemente por la prensa brasileña, en una investigación encabezada por el periodista norteamericano Glenn Greenwald, comprometieron la imparcialidad del exjuez y actual ministro de la Justicia, Sergio Moro, al mostrar que discutió el proceso de Lula con los fiscales de la Operación Lavacoches, lo que es considerado inconstitucional. Los fiscales de la Operación Lavacoches fueron responsables por una larga investigación que comprobó desvíos de la petrolera Petrobras a favor de constructoras y una trama de corrupción con reflejos en varios Gobiernos de América Latina. La salida de Lula de la prisión es aguardada por movimientos populares y de izquierda, y dependerá del análisis de la jueza de ejecución.
31-10-2019 | Fuente: abc.es
Bolsonaro dispara contra pista que lo vincula a muerte de Marielle Franco
El fantasma de la concejala Marielle Franco le ha quitado el sueño al presidente brasileño Jair Bolsonaro. El principal noticiero de TV Globo reveló con base en filtraciones, que han caído como una bomba en Brasil, que uno de los acusados de acribillar a la joven promesa de la izquierda entró en la urbanización de lujo en que vive Bolsonaro, en Río de Janeiro, autorizado por un hombre de dentro de la casa del actual presidente, horas antes del crimen, el 14 de marzo de 2018. Enfurecido, en un vídeo en vivo filmado a las 3:40 de la madrugada desde Arabia Saudí, donde se encuentra en gira, el mandatario negó la veracidad de la declaración del portero de su residencial, así como, que conozca al expolicía Elcio Queiroz, preso acusado de dirigir el coche de donde partieron los tiros contra Marielle, brutalmente asesinada en el centro de Río de Janeiro con varios tiros en la cabeza. Trastornado, gritando insultos y groserías, Bolsonaro acusó al grupo Globo de perseguirlo y querer destruir su Gobierno y su familia, y al gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, de entregar las filtraciones para debilitarlo, porque según el mandatario, tendría la ambición de disputar la presidencia contra él, en 2022. «Ustedes, TV Globo, ¡todo el tiempo hacen un infierno mi vida, carajo! Ahora quieren vincularme a la muerte de Marielle. ¡Sinvergüenzas! ¡Canallas!», exclamó varias veces el mandatario ultraderechista, a lo largo del vídeo de 23 minutos, amenazando a Globo, principal cadena de TV de Brasil, con la posibilidad de perder su concesión. LIVE: Mais uma matéria porca da Globo. Caso Marielle. https://t.co/GVW7KtWPVX? Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) October 30, 2019 «O el portero mintió o indujeron al portero a un cometer falso testimonio o escribieron algo en la investigación que el portero no leyó y firmó. ¿Cuál es la intención? Siempre la misma, todo el tiempo están encima de mi familia, de mis hijos y de quien está próximo a mí», se defendió el presidente. La filtración Según la filtración de las investigaciones sobre este caso - que es uno de los principales misterios de la política nacional-, el portero del residencial de lujo «Vivendas da Barra», donde vive Bolsonaro, en el barrio Barra da Tijuca, afirmó que Elcio Queiroz solicitó su entrada a la urbanización para visitar la casa número 58, donde viven el presidente y su esposa. El empleado del residencial anotó esa información y la matrícula del coche de Queiroz en el libro de visitas, y afirma que entró en contacto por el intercomunicador con la casa de Bolsonaro, asegurando que quien le atendió fue «Don Jair». Al ver en las cámaras que el coche de Queiroz estacionó en la casa vecina, la 66, entró en contacto nuevamente con la casa de Bolsonaro y «Don Jair» le habría respondido otra vez, confirmando que sabía que el vehículo iba a la casa del vecino. El vecino en cuestión es el exmilitar, Ronnie Lessa, preso como principal sospechoso de acribillar a la concejala. En declaraciones cuando su vecino fue preso, en marzo de este año, Bolsonaro negó conocerlo, así como a Queiroz, con quien tiene una foto, publicada por el acusado en redes sociales. La prensa brasileña descubrió también que el hijo menor de Bolsonaro, Renan, estuvo enamorado de la hija de Lessa. Pero la policía y la prensa reconocen que ninguna de esas casualidades pueden considerarse pruebas contra el mandatario. Contra la nueva denuncia, Bolsonaro también tiene una prueba contundente, presentada inclusive en el citado reporte de Globo. En el día de la muerte de Marielle Franco, en Río de Janeiro, el mandatario, que era entonces diputado, registró su presencia en el Congreso, en Brasilia, a más de mil kilómetros de su casa. Los brasileños que cuestionan al presidente levantan ahora sospechas en redes sociales con la etiqueta «¿Quién estaba en la casa 58?», insinuando que quien atendió el intercomunicador podría ser uno de sus hijos, el senador Flávio Bolsonaro, acusado de tener vínculos con los paramilitares de Río, que Marielle denunciaba; o el concejal de Río, Carlos Bolsonaro, que vive también en el residencial. La policía investiga ahora a partir de las grabaciones de la entrada en el residencial, con quién el portero habló realmente ese día y quién estaba en la casa del presidente. Cualquier posible vínculo de Bolsonaro en el caso puede llevar el proceso directamente a la Corte Suprema, la máxima instancia judicial, y provocar incluso su destitución, si la pista se confirma. El Partido Socialismo y Libertad (PSOL), al que pertenecía Franco, solicitó una audiencia «inmediata» con el presidente de esa corte, José Antonio Dias Toffoli. «El PSOL nunca hizo cualquier relación entre el asesinato y Jair Bolsonaro. Pero las informaciones de hoy son muy graves. Brasil no puede convivir con cualquier duda sobre la relación entre un presidente de la República y un asesinato», informó el partido en un comunicado. El presidente ha defendido que la investigación se mantenga en la Policía de Río de Janeiro y no a nivel nacional, como propone la Fiscalía, y pidió al ministro de Justicia, Sergio Moro, que solicite un nuevo interrogatorio del portero. E CONHECEREIS A VERDADE E A VERDADE VOS LIBERTARÁ! JOÃO 8:32 pic.twitter.com/qSG34ajhAr? Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) October 30, 2019 El fantasma de Marielle Franco Pocas horas después de la entrada del coche al residencial, Queiroz y Lessa se dirigieron en otro vehículo al centro de Río de Janeiro donde esperaron la salida de Franco de un evento feminista, siguieron su auto y lo acribillaron algunas manzanas después matando a la joven y a su chófer, Anderson Gomez. El cobarde asesinato de Franco, una negra, lesbiana de 38 años, que combatía la acción de grupos paramilitares en la violenta favela Maré, conmocionó a los brasileños que salieron en marchas por el país al día siguiente de su muerte exigiendo una solución de un crimen que ha sido difícil de descifrar. Sus presuntos autores, expolicías, no habían dejado rastro, y sólo fueron descubiertos y presos un año después del crimen. Los brasileños pasaron a exigir entonces, que se descubra «¿Quién mandó matar a Marielle?», cuya silueta es frecuente en las paredes de las calles brasileñas como un símbolo de los pobres de las favelas de Río y de la resistencia de la izquierda contra el actual Gobierno. Reportes de la prensa brasileña han mostrado relaciones del senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del presidente, con grupos paramilitares de las favelas, locales donde consiguió la mayoría de los votos con los que ganó la elección del año pasado. Flávio es acusado de contratar como asesores parientes de paramilitares presos o perseguidos por la policía. Flavio Bolsonaro también fue el único parlamentario que se negó a condecorar a Marielle Franco con un título póstumo concedido por el legislativo de Río de Janeiro, mientras el actual mandatario fue el único candidato presidencial que no quiso manifestarse ni condenó el asesinato de la concejala. La TV Globo y asociaciones de prensa y de derecho, criticaron el ataque del presidente contra un medio de comunicación.
31-10-2019 | Fuente: abc.es
Bolsonaro dispara contra la pista que lo vincula a la muerte de Marielle Franco
El fantasma de la concejala Marielle Franco le ha quitado el sueño al presidente brasileño Jair Bolsonaro. El principal noticiero de TV Globo reveló con base en filtraciones, que han caído como una bomba en Brasil, que uno de los acusados de acribillar a la joven promesa de la izquierda entró en la urbanización de lujo en que vive Bolsonaro, en Río de Janeiro, autorizado por un hombre de dentro de la casa del actual presidente, horas antes del crimen, el 14 de marzo de 2018. Enfurecido, en un vídeo en vivo filmado a las 3:40 de la madrugada desde Arabia Saudí, donde se encuentra en gira, el mandatario negó la veracidad de la declaración del portero de su residencial, así como, que conozca al expolicía Elcio Queiroz, preso acusado de dirigir el coche de donde partieron los tiros contra Marielle, brutalmente asesinada en el centro de Río de Janeiro con varios tiros en la cabeza. Trastornado, gritando insultos y groserías, Bolsonaro acusó al grupo Globo de perseguirlo y querer destruir su Gobierno y su familia, y al gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, de entregar las filtraciones para debilitarlo, porque según el mandatario, tendría la ambición de disputar la presidencia contra él, en 2022. «Ustedes, TV Globo, ¡todo el tiempo hacen un infierno mi vida, carajo! Ahora quieren vincularme a la muerte de Marielle. ¡Sinvergüenzas! ¡Canallas!», exclamó varias veces el mandatario ultraderechista, a lo largo del vídeo de 23 minutos, amenazando a Globo, principal cadena de TV de Brasil, con la posibilidad de perder su concesión. LIVE: Mais uma matéria porca da Globo. Caso Marielle. https://t.co/GVW7KtWPVX? Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) October 30, 2019 «O el portero mintió o indujeron al portero a un cometer falso testimonio o escribieron algo en la investigación que el portero no leyó y firmó. ¿Cuál es la intención? Siempre la misma, todo el tiempo están encima de mi familia, de mis hijos y de quien está próximo a mí», se defendió el presidente. La filtración Según la filtración de las investigaciones sobre este caso - que es uno de los principales misterios de la política nacional-, el portero del residencial de lujo «Vivendas da Barra», donde vive Bolsonaro, en el barrio Barra da Tijuca, afirmó que Elcio Queiroz solicitó su entrada a la urbanización para visitar la casa número 58, donde viven el presidente y su esposa. El empleado del residencial anotó esa información y la matrícula del coche de Queiroz en el libro de visitas, y afirma que entró en contacto por el intercomunicador con la casa de Bolsonaro, asegurando que quien le atendió fue «Don Jair». Al ver en las cámaras que el coche de Queiroz estacionó en la casa vecina, la 66, entró en contacto nuevamente con la casa de Bolsonaro y «Don Jair» le habría respondido otra vez, confirmando que sabía que el vehículo iba a la casa del vecino. El vecino en cuestión es el exmilitar, Ronnie Lessa, preso como principal sospechoso de acribillar a la concejala. En declaraciones cuando su vecino fue preso, en marzo de este año, Bolsonaro negó conocerlo, así como a Queiroz, con quien tiene una foto, publicada por el acusado en redes sociales. La prensa brasileña descubrió también que el hijo menor de Bolsonaro, Renan, estuvo enamorado de la hija de Lessa. Pero la policía y la prensa reconocen que ninguna de esas casualidades pueden considerarse pruebas contra el mandatario. Contra la nueva denuncia, Bolsonaro también tiene una prueba contundente, presentada inclusive en el citado reporte de Globo. En el día de la muerte de Marielle Franco, en Río de Janeiro, el mandatario, que era entonces diputado, registró su presencia en el Congreso, en Brasilia, a más de mil kilómetros de su casa. Los brasileños que cuestionan al presidente levantan ahora sospechas en redes sociales con la etiqueta «¿Quién estaba en la casa 58?», insinuando que quien atendió el intercomunicador podría ser uno de sus hijos, el senador Flávio Bolsonaro, acusado de tener vínculos con los paramilitares de Río, que Marielle denunciaba; o el concejal de Río, Carlos Bolsonaro, que vive también en el residencial. La policía investiga ahora a partir de las grabaciones de la entrada en el residencial, con quién el portero habló realmente ese día y quién estaba en la casa del presidente. Cualquier posible vínculo de Bolsonaro en el caso puede llevar el proceso directamente a la Corte Suprema, la máxima instancia judicial, y provocar incluso su destitución, si la pista se confirma. El Partido Socialismo y Libertad (PSOL), al que pertenecía Franco, solicitó una audiencia «inmediata» con el presidente de esa corte, José Antonio Dias Toffoli. «El PSOL nunca hizo cualquier relación entre el asesinato y Jair Bolsonaro. Pero las informaciones de hoy son muy graves. Brasil no puede convivir con cualquier duda sobre la relación entre un presidente de la República y un asesinato», informó el partido en un comunicado. El presidente ha defendido que la investigación se mantenga en la Policía de Río de Janeiro y no a nivel nacional, como propone la Fiscalía, y pidió al ministro de Justicia, Sergio Moro, que solicite un nuevo interrogatorio del portero. E CONHECEREIS A VERDADE E A VERDADE VOS LIBERTARÁ! JOÃO 8:32 pic.twitter.com/qSG34ajhAr? Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) October 30, 2019 El fantasma de Marielle Franco Pocas horas después de la entrada del coche al residencial, Queiroz y Lessa se dirigieron en otro vehículo al centro de Río de Janeiro donde esperaron la salida de Franco de un evento feminista, siguieron su auto y lo acribillaron algunas manzanas después matando a la joven y a su chófer, Anderson Gomez. El cobarde asesinato de Franco, una negra, lesbiana de 38 años, que combatía la acción de grupos paramilitares en la violenta favela Maré, conmocionó a los brasileños que salieron en marchas por el país al día siguiente de su muerte exigiendo una solución de un crimen que ha sido difícil de descifrar. Sus presuntos autores, expolicías, no habían dejado rastro, y sólo fueron descubiertos y presos un año después del crimen. Los brasileños pasaron a exigir entonces, que se descubra «¿Quién mandó matar a Marielle?», cuya silueta es frecuente en las paredes de las calles brasileñas como un símbolo de los pobres de las favelas de Río y de la resistencia de la izquierda contra el actual Gobierno. Reportes de la prensa brasileña han mostrado relaciones del senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del presidente, con grupos paramilitares de las favelas, locales donde consiguió la mayoría de los votos con los que ganó la elección del año pasado. Flávio es acusado de contratar como asesores parientes de paramilitares presos o perseguidos por la policía. Flavio Bolsonaro también fue el único parlamentario que se negó a condecorar a Marielle Franco con un título póstumo concedido por el legislativo de Río de Janeiro, mientras el actual mandatario fue el único candidato presidencial que no quiso manifestarse ni condenó el asesinato de la concejala. La TV Globo y asociaciones de prensa y de derecho, criticaron el ataque del presidente contra un medio de comunicación.
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