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Noticias de revoluciones

12-04-2017 | Fuente: elpais.com
Cronología | Los días que cambiaron Rusia (y el mundo)
Las fechas imprescindibles para comprender una de las revoluciones más importantes del siglo XX
11-04-2017 | Fuente: elpais.com
Cronología | Los días que cambiaron Rusia (y el mundo)
Las fechas imprescindibles para comprender una de las revoluciones más importantes del siglo XX
07-04-2017 | Fuente: elpais.com
Un continente rico con gente pobre
Latinoamérica aprendió que las revoluciones sirven para centralizar aún más el poder
01-04-2017 | Fuente: as.com
Para que luego digan que no se lo toma en serio: James va con todo
El colombiano se mostró muy activo en la sesión matutina. Tanto que se pasó de revoluciones y llegó a hacerle una dura entrada a Kovacic.
13-02-2017 | Fuente: marca.com
Ni revoluciones ni grandes sorpresas ante el Nápoles
 
13-01-2017 | Fuente: elpais.com
Los cuartos de Copa bajan de revoluciones
Tras unos octavos intensos, el sorteo depara unos choques a priori asequibles para Madrid, Barça y Atlético, que se las verán con Celta, Real y Eibar. El Alavés se medirá al Alcorcón. Los duelos de ida el 17 y 18 de enero; los de vuelta, 24, 25 y 26
29-11-2016 | Fuente: abc.es
Nunca seremos ceniza
Ahora habrá metáforas y alabanzas así como las tardías declaraciones de venganza de sus enemigos pero lo cierto es que el movimiento revolucionario mundial ha perdido su baluarte más emblemático desde su fundación, quizá superior al de Lenin sobre la locomotora de la estación de Finlandia el 3 de abril de 1917. La incertidumbre y el vacío se dejarán sentir de inmediato. No se trata de lo que el actual gobierno de Cuba pueda enmendar para seguir adelante o para conseguir más plazos de estadía en el poder, todas esas maniobras de supervivencia que implementarán con más o menos fortuna (pienso, de inicio, que no conocerán de grandes contratiempos), sino de algo que, en justicia, la forma adecuada de llamarle es sagrado: el concepto mismo de la Revolución, de la capacidad de los hombres para concebirla, cómo lanzarla al escenario y luego llevarla a cabo de manera ininterrumpida. Eso no volverá a recuperarse probablemente nunca más. La vida de Fidel Castro, Fidel Castro con su ajado uniforme de campaña, los bolsillones cargados de papeles, tabacos y mecheros, esa voz entre infantil y rajada y tremebunda, los arcos apocalípticos que describían sus brazos en la furia de cualquier discurso, la barba, la barba rala y de arduo crecimiento en el rostro de un lampiño y que, pese a todo, fue su símbolo junto a un fusil belga de mirilla telescópica, el fusil con el que cobró su primer muerto en la campaña de la Sierra Maestra al efectuar el disparo inicial del asalto del cuartelito de La Plata el 17 de enero de 1957 y volarle la cabeza a un soldadito que se acomodaba en su taburete, es una porción de lo que se nos ha escapado. Un problema, de peso, a considerar para los que nos quedamos vivos. A partir de hoy el sustento y propósito de nuestras vidas se halla en el pasado. En el futuro no existe nada con que superemos lo que ya, en su propio desarrollo cotidiano, era una leyenda. Queda advertido que de ahora en adelante no existirá un puñetero, mediocre político o cabecilla contrarrevolucionario en capacidad de redimirnos. Ningún pueblo puede redimirse dos veces. Lo cierto es que no nos dejó ser ciudadanos comunes, no nos permitió ablandarnos en la abulia de las siestas ciudadanas, y nos convenció que desde los griegos hasta la fecha la única felicidad posible es la que se obtiene alrededor de las fogatas, en los altos bosques, cuando vivaqueas al regreso del combate. «Tenemos que prepararnos para gobernar este país por lo menos durante 25 años» Militar, sin duda. Tal su marca distintiva. Victoria militar sobre Batista. Derrota de los yanquis en Bahía de Cochinos. Derrota de Somalia y de Sudáfrica y tropas cubanas dislocadas por cualquier rincón del planeta. Pero tantas aventuras y tanto retozar con la gloria empañan a la postre la visión de algo que subyace en el punto de arranque de toda esta historia suya y del proceso bajo su mando. El origen y la esencia rigurosamente intelectual de Fidel Castro suele ser un asunto a eludir por biógrafos e historiadores. El estudioso, el hombre de gabinete, el hipotético tonto de la colina ensimismado en el disfrute de sus pensamientos resulta una materia incómoda para quienes han hecho una carrera literaria en la fácil disciplina de satanizarlo. No importa donde estuviese el gabinete o si solo era un camastro en una casa de huéspedes o una hamaca entre dos palos de monte. Basta con saber que el humo espeso de una excelente breva criolla le aviva el cerebro ya de por sí dispuesto por una taza de café carretero y que se hallaba bien abastecido de los Lenin y los Stalin por la librería del viejo Partido. La Revolución Cubana fue pensada. Existió primero entre las paredes de la imaginación de este hombre. Un proceso de carácter intelectual poco común en los manejos políticos del área y que muchas veces resultó profético. «No basta con tumbar a Batista ?le dijo a uno de sus capitanes, Manuel Penabaz, y a un político de la vieja escuela que se le había sumado, José Pardo Llada, a fines del otoño de 1958?. Tenemos que prepararnos para gobernar este país por lo menos durante 25 años. Primero, para lograrlo, tengo que organizar un ejército de 300.000 hombres. Así los yanquis no van a tener cojones de meterse conmigo». Fidel entendió como nadie qué era lo caótico tanto en Cuba como en América Latina y que se le identificaba a simple vista. Para empezar, el problema de la tierra, de la propiedad de la tierra. Pero supo ver además que donde esa crisis en perenne acumulación se reflejaba con acuciosidad y con reclamos de urgencia, era en una masa depauperada de campesinos con unos escasos sino inexistentes servicios de educación y salud. Fidel, hijo del terrateniente Ángel Castro, dueño de la mitad de la región de Birán, creció en medio de esas criaturas macilentas, desdentadas, las barrigas reventándoseles por los parásitos. El blanquito proteínico, de piel casi rosada y rojizos cabellos encrespados surgía como un líder natural en aquel cuartón cañero, y su padre latifundista, gallego desconfiado y autoritario, con solo darle la espalda a sus súbditos le daba espacio al niño para que se destacara con cualquier gesto de generosidad hacia el resto de los muchachos, todos pobres, todos costillaje afuera por el hambre. De modo que los problemas a resolver se llamaban salud pública y educación. Lo demás era repartir un poco de tierra, otro poco de comida y alguna ropita. Aunque, ojo, tampoco permitirse nunca que los caballos se desbocaran. Porque la segunda cosa que supo Fidel Castro ?probablemente a las pocas horas de desalojar a Batista del poder y quedarse sin enemigos al menos momentáneamente, hasta que reenganchara la otra bronca con los americanos? es que la solución completa y satisfactoria de los problemas sociales y económicos, estos últimos sobre todo, equivalen a decretar el fin de la Revolución. Por el contrario, la solución inmediata y de acceso gratuito para toda la población de la medicina y la educación se convertirían en los estandartes de su proceso. El dinero a recaudar por el país se destinaría para esas campañas y no para crear desigualdades dentro de la población, y sobre todo ?lo realmente peligroso? el surgimiento de los grupos de concentración plutocrática. Soldados. Las revoluciones no se hacen con individuos solventes. Una masa disciplinada de médicos y maestros cubanos desperdigados por América Latina llevan hoy el peso de las ideas revolucionarias a escala continental. Son la defensa de la islita lejana y sus mejores propagandistas. Desde luego que la solución de los problemas internos no era el objetivo final de la Revolución. Eso es algo ?en las semanas y meses venideros lo comprobarán? que él deja para los herederos. El idealismo ha terminado. Dedíquense de inmediato a los asuntos materiales. Busquen dinero para sobrevivir, no ideas. Fidel el gladiador Hubo audacia y despliegue de ingenio en sus empresas. Pero él sabía combinar estos arranques de intrepidez con la eficacia de un puntilloso control, de no dejar los detalles al libre albedrío, de constantes comunicaciones por radio o teléfono o cifrados con sus comandantes en el terreno. De modo que las características suicidas no aparecían en sus programas y es algo que la nación, en aquellos instantes de grandeza, aún se la deben, a Fidel, como una bendición. Tuvieron gloria pero no la vida estaba en un rango aceptable de riesgo. Evitó la destrucción de punta a rabo de la isla porque actuaba sobre la base de golpes ofensivos medidos con precisión. Véanlo de esta manera: se trata de la conducta que, es razonable, podemos esperar de un sibarita. Oh, como disfrutaba. Gustaba de las mujeres, de las que disponía a su antojo, de los ostiones crudos por cubos, de los helados de chocolate, de la sopa china de la Plaza del Mercado de La Habana espesada con camarones y jamón y tres yemas de huevo flotando en superficie, de las ruedas de queso que no abarcaba en los brazos y, entre los placeres mayores, sus triunfos bélicos. Olvídense de su continuo hablar de la muerte. Por regla general era una referencia a la mortandad que se causaba al enemigo. Nunca luchó para perder. Y en este orden de naturaleza táctica, siempre actuaba sobre la base de una abrumadora superioridad de fuerzas. Claro que a veces no contaba con ellas, pero lo hacía creer. He aquí otra de sus virtudes. La excelencia de su propaganda, a veces en una extraña mezcla de sueño (abstracción) con objetividad. Empezó con un enviado del The New York Times, Herbert Matthews, en la finquita de Epifanio Díaz, en la vertiente norte de la Sierra Maestra, el 17 de febrero de 1957, al caer la tarde. Hizo pasar a la media luz del crepúsculo a los mismos 20 hombres de su esmirriada guerrilla, que se intercambiaban sombreros y armas, por lo que el veterano periodista creyó contar a centenares de hombres. Así dijo una vez en una reunión secreta con altos oficiales de Seguridad del Estado, a fines de 1975, en el alboroto posterior a su primera victoria en Angola (léase: la ocupación completa por sus tropas de un país once veces y media mayor que Cuba), que la Revolución Cubana no había cometido ningún errores estratégico. Esto, quizá, sea difícil de asimilar si lo vemos solo como una sucesión de maniobras tácticas, pero hay que entender lo que quiso decir. Que la Revolución Cubana y él principalmente tuvieron la capacidad de nunca comprometerse a largo plazo y dejar siempre a su favor un amplio margen de maniobra. Pero ese Estado Mayor. A esa gente había que amarrarlas cortito. La experiencia histórica indica que un país de guerreros invictos está obligado a ser muy represivo Por otro lado, como método de aseguramiento, y de cuidarse las espaldas sobre todo en el orden jurídico, si bien es cierto que hizo transcurrir casi toda la Revolución bajo la protección de los conflictos internacionales en los que se metía, tuvo además el tacto y la inteligencia de actuar ?es el caso al menos de sus mayores expediciones militares? en conveniencia con los acuerdos internacionales vigentes. Obtenía dos beneficios esenciales de las contiendas. Uno, que alejaba la primera línea de defensa del país. Imagínense la que se hubiese armado en este planeta por un ataque yanqui contra Cuba, digamos a mediados de los 80, cuando tenía los más de 500 tanques de la Sur Agrupación del contingente internacionalista cubano pegados a la frontera de Namibia. Esa gente suelta por toda África y sin comunicaciones con La Habana y a sabiendas de que los yanquis les estaban bombardeando la casa de los padres. Por otro, le ofrecía un sinnúmero de argumentos plausibles a escala internacional, sobre todo en los países del Tercer Mundo, que le veían como (lo que en verdad era, en definitiva) su redentor. Quizá, si de esto se derivó algún efecto negativo para su persona como proyección histórica, fue el de tener demasiadas batallas victoriosas. Tantas, que estaba obligado a repartirlas cuidadosamente entre sus generales. Había que evitar por todos los medios que repitieran una victoria. El peligro mayor inherente residía en que la última batalla significativa que le tuvo al frente de sus tropas fue Playa Girón. Y las emociones y glorias ciertas de aquellos tres días de abril de 1961 sobre un teatro de operaciones definido por dos estrechas carreteras que se comunicaban con dos balnearios a medio construir, Playa Larga y Playa Girón, se alejaban en el tiempo. Se tornaba en historia, es decir, en un material que es útil ?o tiene algún peso? solo como puro icono de la propaganda revolucionaria. Y eso si se le sabe emplear. Estaba ocurriendo a casi 14 años del último disparo de aquella batalla cuando las nuevas campañas cobraban una impronta inesperada en la vida de la sociedad cubana, especialmente en amplios sectores de la juventud ?los soldados que las integraban? y los altos mandos militares ?sus comandantes. Y era algo que, de ninguna manera, Fidel podía desatender. En todo caso porque la presencia militar cubana y las batallas que ganaban, primero en África, luego en Centro América, fueron siempre de mayor envergadura que la de Girón. Exigieron ingentes esfuerzos materiales y comprometer la voluntad (amén de la valentía y la inteligencia) de miles de hombres pero debía evitarse que adquirieran mayor relevancia que Playa Girón. Fidel no estaba allá, disparando cañonazos desde su viejo cañón soviético autopropulsado SAU-100. Cierto que produjo tres guerras teledirigidas antes que la historieta de los yanquis en el Irak de 1991. Y con un teléfono ?también soviético? de decodificación automática en las manos fue capaz de ocupar tres países ?y por poco cuatro. Pero no había imagen suya. Así que proveería en ausencia toda la que pudo y llenó cuanta pared de Nicaragua, Etiopía y Angola tuvieron delante sus instructores políticos militares. Eran unos pósters enormes que alababan la batalla de Girón y en los que se desplegaba la tan conocida foto suya descendiendo de un tanque T-34 después de cañonear el buque Houston de la brigada invasora. Y de ahí surgieron las derivaciones en los portaestandartes de la propaganda de combate. Angola: Un Girón africano. Nicaragua: la segunda gran derrota del imperialismo yanqui en América. (Ya saben cuál fue la primera.) Y cada una de las oportunidades fue aprovechada en clasificar las victorias de las expediciones como reiteraciones de la obtenida primero en Playa Girón. Sólo El Salvador escapó de conocer tal gloria porque no pudo aprovechar al máximo las últimas semanas de Carter en el poder y se evaporó la poderosa ofensiva que montara allí. (Una sucesión de crisis internacionales y el pobre estado de la economía debilitaron la gestión de la presidencia ?entre 1977 y 1981? de Jimmy Carter; sin embargo, esto hizo creer en Cuba que la caída del gobierno salvadoreño podía precipitarse con una ofensiva militar al estilo de la montada cuatro años antes en Nicaragua. Cayó de ese modo en el mismo error tantas veces criticado por Fidel mismo: se preparó para la guerra anterior. El ejército salvadoreño demostró ser mucho más aguerrido y cohesionado que el de Somoza en Nicaragua. Y, por lo menos entonces, con índices muy bajos de corrupción. Por otro lado, las guerrillas salvadoreñas estaban minadas por demasiadas luchas intestinas y Fidel no estaba en capacidad de ponerlos bajo su control de manera tan absoluta como había logrado antes con los nicas.) Y no se trataba de que su ausencia del campo de batalla actuara en detrimento de las acciones. Se trataba en definitiva de cuidar la paz social dentro de Cuba. Los muchachos que iban a combatir voluntariamente a África se podían moldear y a su regreso se les daba tareas y lo incorporabas a alguna brigada de choque de la Unión de Jóvenes Comunistas y les decía, ahora la lucha es construir esta fábrica o sembrar malangas. Pero ese Estado Mayor. A esa gente había que amarrarlas cortito. La experiencia histórica indica que un país de guerreros invictos (como el proceso nos enseña) está obligado a ser muy represivo. Qué difícil nos resultaba aceptar al anciano ataviado con mono deportivo Pero hubo algo evidente desde Playa Girón y es esa relación de signo en su destino de guerrero. El destino del tiempo. Una especie de tenso equilibrio siempre en la frontera de la crisis que determinaba sus batallas. En un minuto se decidía el futuro completo. En el Moncada, en la Sierra, en Playa Girón, en Angola. El sino de Fidel. Una categoría aceptable desde el punto de vista del materialismo histórico si lo echamos en el saco de la casualidad. Pero habla también de una paradoja. La del hombre que vivió demasiado tiempo para sus batallas tan rápidas. Y el tiempo extendido conspira contra la gloria. Qué difícil nos resultaba aceptar al anciano ataviado con mono deportivo que se esforzaba por mantener encarrilados sus pensamientos mientras intentaba trasmitirnos los que ya reconocemos como mensajes postreros. La casualidad. La casualidad como materia. Es la forma más religiosa y de elusivos misterios que usaba para su propio entender de cómo son las cosas y que le ?nos? conducen hasta los confines de la materia, unos confines que son su origen y que los astrónomos dan en llamar el Big Bang cuando concluyen que materia y tiempo son la misma entidad y que se requirió de un suma de casualidades y de que hubiese un espacio y un tiempo para producirse, y por lo que Fidel Castro Ruz, pedestre criatura resultante de esos polvos siderales que navegan en la inconciencia de lo infinito, cuando ?en su época de fumador? degustaba uno de los lanceros Cohíba de su producción personal, o calentaba el caldo dorado de un buen coñac, en la madrugada, a socaire de la corriente del Golfo, a bordo de El Pájaro Azul, o en unos de sus chalet de la Sierra Maestra, sólo aunque sabiéndose bien protegido por sus infalibles escoltas parapetados en los alrededores, se sentía sobrecogido y triste, de muchas maneras triste, más perturbado aún por ser un conspirador, por ser un hombre que planea, al tener que aceptar, él, y todo lo que le rodeaba, y que estaba contemplando, como producto de la casualidad.
28-11-2016 | Fuente: elpais.com
Historia del convulso continente
Revoluciones discutibles, reformas incompletas, renovaciones cosméticas?, la feria ha crecido en un agitado ambiente político y social
26-11-2016 | Fuente: abc.es
Muere Fidel Castro, un tirano embaucador
«Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo de que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz», ha confirmado el actual presidente cubano, Raúl Castro, en una alocución en la televisión cubana. Fidel Castro, el artífice de la única dictadura comunista que existe en Occidente desde hace más de medio siglo, ha muerto a los 90 años en La Habana. Dos años después de que su hermano y sucesor Raúl Castro, 85 años, y Barack Obama anunciaran el comienzo del deshielo entre Cuba y Estados Unidos para acabar con el último vestigio de la Guerra Fría. Castro reaccionó al histórico anuncio del pasado 17 de diciembre de 2014 con un «no confío en la política de Washington pero no rechazo el acercamiento» al enemigo eterno. El gran exportador de revoluciones se había ido apagando desde que una grave enfermedad intestinal le obligó a ceder el poder a su hermano menor y número dos en todas sus aventuras, en el verano de 2006. En las últimas fotografías con líderes internacionales se le veía encorvado, con dificultades de movilidad y se decía que el otrora astuto político a ratos perdía la lucidez. El régimen totalitario cubano solo es superado en el tiempo por el de los Kim en Corea del Norte. Anclado en la recurrente rivalidad con EE.UU., después de ver desfilar a diez inquilinos en la Casa Blanca, Fidel Castro ha dejado a la que fue una isla próspera al borde del colapso económico. Tanto, que alrededor de dos millones de cubanos ?en una isla de once millones? han abandonado el país durante estos 56 años, paradójicamente hacia EE.UU. Con su revolución, el gran embaucador que fue Fidel Castro despertó en Cuba grandes esperanzas de acabar con la tiranía de Fulgencio Batista y dejar atrás décadas de corrupción, violencia política y pobreza para parte de la población. Lo logró el 1 de enero de 1959, después de 25 meses de lucha en Sierra Maestra. Pero en 1961 se quitó la careta, abrazó el marxismo-leninismo y a la Unión Soviética ?según los cubanólogos más por oportunismo que por convicción?, y recurrió a las armas cuando fue preciso para expandir el castrismo por medio mundo. Su poder omnímodo se resume así: primer ministro desde el triunfo de la revolución hasta 1976, en que se convierte en presidente; comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y primer secretario del Partido Comunista de Cuba. En el congreso de abril de 2011 deja oficialmente la dirección del partido único. Como presidente y comandante en jefe se aparta temporalmente en julio de 2006, cuando una grave enfermedad intestinal ?secreto de Estado, como todo lo referente a su salud? le situó «al borde de la muerte». Desde febrero de 2008 le sustituía ya oficialmente el general Castro. Aunque tras las bambalinas muchos sostienen que no dejó de ejercer el poder y frenar la apertura del régimen hasta los últimos momentos de su vida. Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, un poblado cañero de la provincia oriental de Holguín, durante la dictadura de Gerardo Machado. Su padre, Ángel Castro Argiz, era un emigrante lucense que combatió como soldado del Ejército español contra los mambises (independentistas). Repatriado al final de la guerra, regresó a la isla y el guajiro se convirtió en un próspero terrateniente. Su segunda esposa fue Lina Ruz González, primero cocinera de la finca de Birán y luego madre de siete de sus nueve hijos, entre ellos Fidel y Raúl. Con los jesuitas «El Caballo», su apodo más conocido, cursó sus primeros estudios en Santiago de Cuba y La Habana. Parte con los jesuitas, que dejaron huella en un niño que, además de inteligente, ya era bastante especial. A los doce años escribió una carta a Franklin D. Roosevelt ?a mano y en un inglés macarrónico? en la que tras felicitarle por su nueva victoria electoral le pedía un billete de diez dólares, porque decía que nunca había visto uno, a cambio de llevarle a una mina de hierro que le serviría para construir barcos. Castro estudió Derecho en la Universidad de La Habana, un trampolín para lanzarse a la política. Las aulas universitarias no eran ajenas al clima de violencia política que duraba ya décadas. Siempre un hombre de acción más que un intelectual, el joven Castro participó en la frustrada invasión de Cayo Confites contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. En abril de 1948 viajó a Colombia para asistir a una conferencia como delegado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y presenció el estallido del «bogotazo» con el asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. Abrazó el marxismo más por oportunismo que por convicción A su regreso a la isla se casó con Mirta Díaz-Balart, una estudiante de Filosofía perteneciente a una conocida familia habanera. Al año siguiente nació el único hijo de esta unión, Fidel Castro Díaz-Balart («Fidelito»), que estudió física nuclear en la Unión Soviética y estuvo a cargo de algún programa oficial cubano. Mirta y Fidel se divorciaron seis años más tarde. Pese al celo con que siempre guardó su vida privada, la leyenda en torno a este personaje histórico que a nadie deja indiferente incluye su fama de mujeriego y machista. Se cuenta que la guerrillera Celia Sánchez fue algo más que una influyente colaboradora, secretaria de la presidencia del Consejo de Ministros cuando llegaron al poder. Se dice también que se casó y vivió hasta el fin de sus días con Dalia Soto del Valle, una maestra de Trinidad, madre de cinco de sus hijos. De su aventura con Naty Revuelta, una atractiva mujer casada con un médico, nació en 1956 la rebelde Alina Fernández, exiliada en EE.UU. Se habla de un octavo hijo, Jorge Ángel, y de un noveno, Abel. En cuanto a su trayectoria política, sus aspiraciones para llegar a la Cámara de Representantes por el Partido Ortodoxo (populista y socialdemócrata), en las elecciones fijadas para el verano de 1952, se vieron frustradas por el golpe de Estado de Batista el 10 de marzo anterior. Castro optó definitivamente por la vía revolucionaria. El 26 de julio de 1953 dirigió el fallido asalto al cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba, dentro de un plan para asaltar dos guarniciones y provocar un levantamiento popular contra Batista. Huyó a la montaña, pero al final fue capturado y encarcelado el 1 de agosto. El desaparecido líder del castrismo ganó notoriedad en los juicios contra los asaltantes, asumió su propia defensa y pronunció la célebre frase «la historia me absolverá». Condenado a quince años, acabó en la prisión de isla de Pinos. Sierra Maestra Pero fue indultado el 15 de mayo de 1955, rompió oficialmente con el Partido Ortodoxo y fundó el Movimiento 26 de Julio, la fecha del asalto al Moncada. Con una ideología nacionalista, antiimperialista, demócrata en apariencia, fundada en las ideas del prócer José Martí, fue la organización más destacada en la lucha contra Batista desde Sierra Maestra. Ese año se exilió en México, donde conoció a Ernesto «Che» Guevara y planeó la expedición del yate «Granma». Los 82 guerrilleros desembarcaron el 2 de diciembre de 1956 en la costa sur de Oriente. La llegada del «Granma» debía coincidir con asaltos en Santiago de Cuba. Sin embargo, la expedición de Castro se retrasó dos días, las tropas de Batista ya estaban en alerta y fueron recibidos con fuego desde una fragata. Los rebeldes desembarcaron como pudieron y los supervivientes huyeron a Sierra Maestra. El espíritu revolucionario que debía propagarse como la pólvora se esfumó y comenzaron 25 largos meses de guerra de guerrillas que no figuraban entre los planes del comandante. Durante esos años, el luego dictador cubano siempre trató de doblegar a los distintos frentes, entre los que había comunistas y demócratas. Un Ejército Rebelde de unos 800 hombres escasos de pertrechos frente a los 70.000 militares armados hasta los dientes. Para tranquilizar los ánimos, en 1957 Castró lanzó el Manifiesto de Sierra Maestra, en el que se comprometía a celebrar elecciones. Otra cosa era cumplirlo al llegar al poder. A finales de diciembre de 1958 cayó la primera ciudad en manos rebeldes, Santa Clara, y Batista huyó esa misma Nochevieja. La paloma en el hombro Después de proclamar el triunfo de la revolución el 1 de enero de 1959 desde Santiago, el Castro barbudo de los largos discursos y el uniforme verde oliva entró triunfante en La Habana una semana después. Sus seguidores vieron como un símbolo providencial que ese día una paloma blanca se posara en su hombro. Muchos cubanos esperaban la llegada de un Mesías en ese momento de la historia del país, como explica el escritor Carlos Alberto Montaner en «Viaje al corazón de Cuba». La paz duró poco. Los tribunales revolucionarios comenzaron a juzgar sin garantías a militares y colaboradores de la dictadura de Batista. Decenas de cubanos fueron condenados a muerte y ejecutados. Fidel Castro sabía ya la importancia de la represión y el miedo para mantenerse en el poder. Así surgió poco después la temida policía política y los efectivos Comités de Defensa de la Revolución (CDR) para denunciar desde el mismo barrio a los «enemigos» de la revolución. Una de las razones de la longevidad del régimen. Castro se comprometió a celebrar elecciones. Otra cosa sería cumplirlo Cinco meses después, Fidel Castro destapó una nueva carta sobre la dirección que tomaba su régimen y decretó la primera reforma agraria. Le siguieron la toma de refinerías por negarse a procesar petróleo soviético, de ingenios azucareros, empresas, propiedades urbanas.. que afectaba a intereses cubanos y extranjeros. En el otoño de 1959 la Administración Eisenhower empezó a tomar las primeras medidas contra el incipiente gobierno totalitario. Bajo el mandato de John F. Kennedy, Castro destapó la carta definitiva. El 16 de abril de 1961 anunció que la revolución era socialista; ese 1 de diciembre abrazó el marxismo-leninismo y se lanzó irremediablemente en los brazos de la URSS. Las anómalas relaciones entre los dos países vecinos desde la independencia cubana no podían ir peor, con episodios como Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles y la imposición del embargo económico contra la isla el 7 de febrero de 1962. Mientras EE.UU. es el «enemigo útil» para el castrismo, el embargo es la «excusa perfecta» para justificar las consecuencias de un modelo económico que «nunca ha funcionado», coinciden varios analistas. Poco antes del fin de la ayuda económica, militar y política de la URSS en 1991 surgió el primer signo de ruptura en las filas castristas: la ejecución del general Arnaldo Ochoa y otros tres militares en 1989 en una trama de corrupción y narcotráfico. «La ejecución de Ochoa conmovió a Cuba como ningún otro hecho desde la revolución comunista de 1959», escribe el periodista Andrés Oppenheimer en «La hora final de Castro». Para el «máximo líder» tan inquietantes eran las pruebas de narcotráfico en poder de la DEA (agencia antidrogas estadounidense) como las grabaciones de la contrainteligencia cubana en las que el «héroe de la revolución» Ochoa y otros condenados ante un tribunal militar se burlaban de los hermanos Castro y hablaban de un modo positivo sobre Mijail Gorbachov y la perestroika. Con el desmoronamiento de la URSS, Fidel Castro decretó en 1991 el llamado «periodo especial» con sus asfixiantes restricciones y buscó la supervivencia económica en el turismo, la biotecnología, las remesas de los cubanoamericanos y en algunas reformas, aunque luego diera marcha atrás. Pero con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia venezolana, su mentor político recibió un nuevo balón de oxígeno en forma de divisas y petróleo. La oposición Mientras una disidencia cada vez más numerosa y organizada denuncia la dramática situación económica y las reiteradas violaciones a los derechos humanos y a las libertades, los simpatizantes del castrismo valoran sus logros en educación, sanidad, deporte y ciencia. Ateo y excomulgado por el Papa Juan XXIII, el líder de la revolución se reunió con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco durante las visitas pastorales que llevaron oxígeno a los ciudadanos. Pero Cuba no se abrió al mundo, como le pidió el Pontífice polaco en 1998, hasta que su régimen vio peligrar los subsidios de Venezuela y comenzó el deshielo con EE.UU. Muerto el tirano, le llega la oportunidad histórica de emprender una verdadera apertura política y económica.
25-11-2016 | Fuente: elpais.com
La medicina 3.0 es humana
Las revoluciones tecnológicas son una parte fundamental del seísmo que está viviendo el sector de la salud. Pero lo esencial de este nuevo viraje, empoderado por paradigmas como el big data, la inteligencia artificial y la telesalud, es un cambio radical de enfoque en cómo se atiende al paciente.