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Noticias de religion

21-10-2020 | Fuente: abc.es
Los candidatos cortejan a los católicos, que pueden decidir estas elecciones
«Un buen católico debe entrometerse en política». Estas palabras que el Papa Francisco pronunció en 2013 son premonitorias de la campaña electoral de este año en Estados Unidos. Las repite, de hecho, una monja de 74 años, Simone Campbell, de la comunidad de las Hermanas del Servicio Social, que está en plena campaña para pedir a sus correligionarios que no voten al presidente porque, según ella cree, «los católicos no pueden ser fieles a su fe y votar por Donald Trump en noviembre» ya que «él está haciendo lo que puede para dividirnos, mientras nuestra economía y sistemas de salud se quiebran bajo el peso de la pandemia de Covid-19. Esta es una crisis espiritual y nuestra fe y patriotismo nos obligan a alzar la voz y a actuar». Se da la circunstancia que la hermana Campbell, que es muy activa en política como directora de un lobby aquí en Washington llamado Network, está haciendo campaña por el primer candidato católico en 16 años. Biden se manifiesta practicante y va a misa en domingo, y si gana, sería el primer presidente de ese credo desde John Kennedy, fallecido en ejercicio del cargo en 1963. Las encuestas más recientes reflejan que de hecho Biden tiene el apoyo mayoritario de los católicos, en un 51% frente al 44% del presidente, según el prestigioso centro de estudios Pew. En 2016, Trump ganó el voto católico por siete puntos, con un 52%. Para quienes apoyan al presidente, sin embargo, quien de verdad defiende los principios católicos es Trump, que es protestante. «El presidente Trump ha hecho muchísimo por proteger la santidad de la vida, ha retirado fondos a organizaciones que practican abortos, ha nombrado a dos jueces católicos al Supremo, y en suma ha dejado claro que su prioridad es proteger a los niños», dice Brian Burch, presidente del grupo CatholicVote. «Joe Biden, si gana, hará lo que ya hizo cuando era vicepresidente, que es financiar abortos con fondos públicos y obligar a las Hermanitas de los Pobres a que los faciliten también», añade. Se refiere Burch a un sonado caso defendido en los tribunales por esa congregación y la Administración Trump, que pidieron a la justicia que anulara una provisión de la reforma sanitaria de Obama y Biden que obligaba a los empleadores, incluidos los religiosos, a ofrecer seguros sanitarios sin poder rescindir en ellos los anticonceptivos, la esterilización y el aborto en los plazos legales. El Supremo falló a favor de las Hermanitas de los Pobres en julio. La comunidad católica en EE.UU. es ingente. Es tan grande y variada que en ella caben monjas que hacen campaña por Biden y otras que llevan a los tribunales uno de los mayores logros del gobierno del que fue vicepresidente. Son 51 millones de adultos en una población de 328 millones de personas. Y en una elección que se presenta reñidísima, ambos candidatos están haciendo lo posible por atraerse a los que indecisos que aun quedan. El que más se está esforzando en ese apartado es el presidente Trump, sobre todo porque la muerte de la jueza del Supremo Ruth Bader Ginsburg le ha permitido elegir como sustituta a Amy Coney Barrett, mujer de fe católica, practicante y firme en sus creencias. Cuando los demócratas la han criticado, como han hecho, por su religiosidad, el presidente y sus principales asesores católicos -sobre todo el dúo que forman el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani y el ex gobernador de Nueva Jersey Chris Christie- han denunciado prejuicios contra ese credo. Según dijo el presidente, airado, tras enterarse de las críticas demócratas: «Esencialmente están luchando contra una religión importante en nuestro país. Esto es increíble. Luchar contra cualquier religión y luchar contra el catolicismo es simplemente increíble». El presidente y su equipo han recordado aquellos aciagos años de hace un siglo en que el Klu Klux Klan perseguía también a los católicos, sobre todo los inmigrantes irlandeses y católicos, por considerarlos infiltrados del Papa en América, una especie de invasión extranjera para destruir los valores protestantes de la floreciente nación americana. Por Fray Junípero Ha sido también Trump quien este pasado verano abanderó la lucha contra el derribo y destrucción de estatuas, incluidas las del español Fray Junípero Serra, fundador del sistema de misiones en California, del que nacieron ciuda- des como Los Ángeles o San Francisco. El presidente ha llegado a amenazar con cárcel a quienes destruyan esculturas en propiedad federal. Los obispos estadounidenses criticaron el vandalismo de las turbas que asociaban a la Iglesia con el expolio de América, pero con Trump tienen una relación desigual. Han alabado sus esfuerzos por restringir el aborto, pero han criticado duramente que haya permitido que se reanuden las ejecuciones de presos condenados a pena de muerte bajo custodia federal, que estuvieron paralizadas dos décadas. Es un tema delicado, el de la pena de muerte. Burch, de CatholicVote, admite que es motivo de preocupación, pero matiza que «moralmente no es lo mismo», ya que «el aborto mata a un millón de inocentes al año y en ese espacio menos de 50 culpables de graves delitos son ajusticiados».
17-10-2020 | Fuente: abc.es
La primer ministra de Nueva Zelanda logra una victoria histórica que le permitirá gobernar en solitario
La primera ministra de Nueva Zelanda, la laborista Jacinda Ardern, declaró su victoria en los comicios celebrados este sábado en el país oceánico, en los que se proyecta que el Partido Laborista tendrá la mayoría absoluta en el Parlamento para gobernar esta vez sin necesidad de alianzas. «Nueva Zelanda ha mostrado esta noche el mayor apoyo al Partido Laborista en al menos 50 años», dijo la mandataria de 40 años en su discurso de victoria dado frente a sus eufóricos correligionarios en la ciudad de Auckland, tras iniciar su discurso en lengua maorí. Ardern, cuya gestión frente a la pandemia de la Covid-19 le ha valido el apoyo de sus compatriotas y el aplauso internacional, recalcó que «en los próximos tres años hay mucho que hacer. Nos reconstruiremos de la crisis de la Covid: mejor, más fuertes y con las respuestas a lo que se enfrenta Nueva Zelanda». Con más del 90 por ciento de los votos escrutados, los laboristas alcanzan un 49 por ciento de los votos, lo que les daría 64 escaños de los 120 que tiene el Parlamento neozelandés, mientras que el opositor Partido Nacional logró un 27 por ciento de los sufragios, lo que se traduce en 35 representaciones parlamentarias. La carismática Ardern remarcó que «las elecciones no siempre son buenas para unir a la gente, pero tampoco tienen que dividirlas». De obtener la mayoría absoluta, el Partido Laborista se convertirá en el primero en gobernar en solitario desde la reforma electoral de 1996, con la que se buscaba lograr una mayor participación de los partidos minoritarios. Resultados «excepcionales» Poco antes, la líder del Partido Nacional de Nueva Zelanda, la conservadora Judith Collins, concedió la victoria a Ardern por estos resultados «excepcionales». La colider del Partido Verde, Marama Davidson, felicitó por adelantado a Ardern por su «extraordinaria victoria», al mostrarse «orgullosa» por el éxito de su formación en las elecciones. Según los datos preliminares de la Comisión Electoral, los Verdes, que fueron parte de la coalición gobernante junto al Partido Laborista y al conservador Nueva Zelanda Primero, lograrán un 7,5 por ciento de los votos y el liberal ACT un 8 por ciento, con lo que cada una de estas formaciones ocuparía 10 escaños. El Partido Maorí acumulaba un 1 por ciento de los votos y obtendría un escaño, mientras que Nueva Zelanda Primero, del hasta ahora viceprimer ministro Winston Peters saldría del escenario legislativo. Ardern, elogiada mundialmente por su gestión del atentado supremacista en unas mezquitas de Christchurch, tendrá que liderar la recuperación económica de Nueva Zelanda, que este sábado también celebró dos referendos para decidir en torno a la legalización de la marihuana recreativa y la eutanasia voluntaria y cuyos resultados se conocerán más adelante.
17-10-2020 | Fuente: abc.es
Un musulmán de nacionalidad rusa decapitó al profesor de París: «Macron, dirigente de los infieles, he ejecutado a un perro»
La galaxia yihadista parisina vuelve a bañar de sangre la «banlieue», los suburbios de París. Un profesor de geografía e historia fue degollado poco después de las cinco de la tarde de este viernes, cerca de su colegio -en Conflans-Sainte-Honorine (departamento de Yvelines), al oeste de la ciudad- víctima de un individuo de unos veinte años, delincuente común, que habría querido vengarse por unas lecciones relacionadas con la libertad de expresión y las caricaturas de Mahoma que volvió a publicar el semanario satírico «Charlie Hebdo». La decapitación provocó una inmensa ola de estupor y conmoción nacional. Emmanuel Macron, presidente de la República, se apresuró a visitar a la escuela donde enseñaba la víctima, acompañado de sus ministros del Interior, Gerald Darmanin, y Educación, Jean-Michel Blanquer, para rendir homenaje a la víctima y compartir el dolor con los colegas. A la misma hora, la Asamblea Nacional, en pie, rindió otro homenaje nacional, denunciando «un crimen abominable». El mandatario galo expresó: «Uno de nuestros compatriotas ha sido asesinado porque enseñaba la libertad de expresión. Hago un llamamiento a toda la nación, para estar unidos por los mismo valores, la misma historia, las mismas leyes. Esa unidad es indispensable para nuestro futuro como nación». El Sindicato nacional de institutos y colegios (SNALC), por su parte, publicó a primeras horas de la noche de ayer un comunicado pidiendo «justicia» de manera muy solemne, advirtiendo que seguirían de cerca un caso que afecta a todo el sistema educativo francés. El perfil del asesino Según el semanario «Valeurs Actuels», próximo a la extrema derecha de la familia Le Pen, y la emisora «Francie Info», estatal, el autor del crimen habría publicado la noticia al grito de «en nombre de Alá» en una cuenta de Twitter que ha sido suprimida con extrema celeridad. En ella, también habría escrito: «A Macron, dirigente de los infieles, he ejecutado a un perro, que vaya al infierno». Otras fuentes citadas por «Le Figaro» y «Le Monde», los dos diarios de referencia en Francia, cubrían con un tupido velo, provisional, esos detalles atribuidos al asesino, que fue neutralizado a tiros, poco antes de las seis de la tarde de este viernes, no lejos del lugar de su crimen, en un barrio de Conflans-Sainte-Honorine (departamento de Yvelines), al oeste de París. A última hora de la noche de ayer, las fuentes oficiales anunciaron que el asesino podría ser un musulmán de nacionalidad rusa, nacido en Moscú el 2002. Formaría parte de una banda que tiene varios miembros fichados como islamistas radicales peligrosos. En la periferia suburbana de París hay fichados unos 4.000 franceses musulmanes, de quienes se sospechan tendencias subversivas. El autor de la decapitación del viernes no se encontraba en esos ficheros. Dos versiones de cómo se produjo el atentado La cronología del crimen tiene dos versiones oficiosas. Para las fuentes policiales locales, tras decapitar a un hombre solo a la puerta de su colegio, el asesino habría intentado huir, pero fue descubierto muy pronto. Cuando los policías le pidieron que soltase el cuchillo de cocina que llevaba en la mano, ensangrentada, el individuo se negó haciendo gestos «agresivos y amenazantes». Según algunas fuentes policiales, el agresor habría sido neutralizado con rapidez. A su lado, en el suelo, yacía el cuerpo de su víctima, decapitada. Los policías tardaron en poder aproximarse al hombre neutralizado, ya que era muy visible un chaleco con explosivos y fue necesaria una primera operación, antes de poder aproximarse. Según otra versión de la neutralización, el asesino habría conseguido huir hasta un pueblo próximo, Eragny (Val-d?Oise), donde fue herido gravemente y finalmente abatido. El móvil el crimen Según las primeras reconstrucciones del origen último de la tragedia, la víctima, profesor de historia y geografía, habría dado una lección y habría hecho comentarios sobre la libertad de expresión en relación con el comportamiento del semanario satírico «Charlie Hebdo» y su publicación de las legendarias caricaturas de Mahoma que originaron la matanza yihadista del mes de enero del 2015. El profesor habría invitado a salir de clases a los alumnos musulmanes. Se sospecha que algunos alumnos, niños administrativamente franceses de confesión musulmana, se habrían sentido molestos por los comentarios y la reproducción en clase de las legendarias caricaturas de Mahoma. Y nadie duda que esos niños contaron la historia a sus padres. Son tradicionales las protestas de familias de franceses de confesión musulmana que se quejan de la educación laica que reciben sus hijos. En este caso, varias fuentes afirman que algunos padres «zarandearon y amenazaron» al profesor finalmente decapitado. Esos antecedentes confirmaron el origen último del segundo atentado yihadista en París y su periferia en las últimas cuatro semanas. Y la Fiscalía antiterrorista intervino con mucha celeridad, iniciado la instrucción de un asesinato aparentemente relacionado con la fiebre islámica y yihadista que estalló en Francia y varios países musulmanes tras el inicio del proceso de los cómplices de la matanza del semanario satírico «Charlie Hebdo». La Dirección general de la seguridad interior (DGSI) montó con extrema celeridad una gran operación de peinado de toda la «banlieue» oeste y norte de París, donde los incidentes violentos se suceden ininterrumpidamente desde hace meses. «Ataques de salvajismo» La decapitación del viernes se consumó cuatro semanas después del atentado terrorista del finales de septiembre pasado, cuando un joven de 18 años, de nacionalidad u origen pakistaní, irrumpió en la entrada del edificio donde estuvo, en otro tiempo, el «Charlie Hebdo», en la calle Nicolas Appert del distrito XI de París, y atacó con un cuchillo de grandes dimensiones a un hombre y una mujer que fumaban durante una pausa laboral, hiriéndolos gravemente, para huir dando alaridos y ensangrentado. El atentado del 25 de septiembre pasado y el atentado de ayer, 16 de octubre, tienen algo muy profundo en común: musulmanes franceses o residentes en Francia recurren a una forma de yihadismo artesanal para consumar -o intentarlo- baños de sangre. Esos crímenes se inscriben en una larga saga de violencias suburbanas, multiculturales en su inmensa mayoría, que Gerald Darmanin, ministro del Interior, ha calificado de «ataques de salvajismo». Macron lleva muchos meses prometiendo una ley concebida para combatir el «separatismo cultural y religioso», que es una forma muy amable de calificar el crecimiento de un islam francés que considera las leyes de su religión superiores a las leyes del Estado. La Fiscalía anti terrorista informará este sábado y el fin de semana sobre su instrucción de la decapitación del viernes, en una ciudad en otro tiempo amable y próspera, Conflans-Sainte-Honorine, de la que fue alcalde Michel Rocard, una de las grandes personalidades del socialismo francés. Ciudad ensangrentada, hoy, víctima de la violencia multicultural yihadista, en ruptura cultura y criminal contra Francia.
16-10-2020 | Fuente: as.com
Casemiro es la Gran Muralla
En este Madrid que hace de no encajar un gol casi una religión, el brasileño es el jefe. Es el que más balones recupera de la Liga y el mejor madridista por alto..
16-10-2020 | Fuente: abc.es
Un joven decapita en París a un profesor que mostró caricaturas de Mahoma
La galaxia yihadista parisina vuelve a bañar de sangre la «banlieue», los suburbios de París. Un profesor de geografía e historia fue decapitado poco después de las cinco de la tarde del viernes, cerca de su colegio, en Conflans-Sainte-Honorine (departamento de Yvelines), al oeste de la capital francesa, víctima de un individuo de unos veinte años, delincuente común, que habría querido «vengar» unas lecciones relacionadas con la libertad de expresión y las caricaturas de Mahoma que volvió a publicar el semanario satírico «Charlie Hebdo». Según el semanario «Valeurs Actuels», próximo a la extrema derecha de la familia Le Pen, el autor del crimen sería un joven de 18 años que habría publicado la noticia al grito de «en nombre de Alá» en una cuenta de Twitter que habría sido suprimida con extrema celeridad. Los primeras filtraciones policiales, y las fuentes citadas por «Le Figaro» y «Le Monde», los dos diarios de referencia, en Francia, cubrían con un tupido velo, provisional, la identidad del asesino, que fue «neutralizado» a tiros, poco antes de las seis de la tarde del viernes, no lejos del lugar de su crimen, en un barrio de Conflans-Sainte-Honorine (departamento de Yvelines), al oeste de París.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="fr" dir="ltr"> ALERTE INFO. Homme décapité: le parquet antiterroriste saisi, Darmanin rentre en urgence à Paris <a href="https://t.co/yayQPX1xDG">https://t.co/yayQPX1xDG</a> <a href="https://t.co/fmWfZJGJCC">pic.twitter.com/fmWfZJGJCC</a></p>&mdash; BFMTV (@BFMTV) <a href="https://twitter.com/BFMTV/status/1317144656690532352?ref_src=twsrc%5Etfw">October 16, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> El presidente Emmanuel Macron, acompañado del ministro de Educación, Jean Michel Blanquet, el ministro del Interior, Gerald Darmanin, y la ministra responsable de la ciudadania, se presentaron en el colegio donde trabajaba el profesor asesinado para dialogar y presentar sus respetos y homenaje, en nombre de la nación, a los compañeros del profesor decapitado. Ya bien entrada la noche del viernes, la Asamblea Nacional ofreció un homenaje de respeto y homenaje nacional, denunciando un crimen abominable. Según las primeras filtraciones judiciales, el asesino sería un hombre fichado como delincuente común, sin antecedentes conocidos de radicalización yihadista. En la periferia suburbana de París están fichados unos 4.000 franceses musulmanes, de quienes se sospechan «tentaciones» subversivas. El autor de la decapitación del viernes no se encontraba en esos ficheros. La cronología del crimen tiene dos versiones oficiosas. Para las fuentes policiales locales, tras degollar a un hombre solo, a la puerta de su colegio, el asesino habría intentado huir, pero fue descubierto muy pronto. Cuando los policías le pidieron que abandonase el cuchillo de cocina que llevaba en la mano, ensangrentada, el individuo se negó haciendo gestos «agresivos y amenazantes». La «neutralización» del asesino Según algunas fuentes policiales, el agresor habría sido «neutralizado» con rapidez. A su lado, en el suelo, yacía el cuerpo de su víctima, decapitada. Los policías tardaron en poder aproximarse al hombre «neutralizado», ya que era muy visible un chaleco con explosivos y fue necesaria una primera operación, antes de poder aproximarse. De acuerdo con otra versión de la «neutralización», el asesino habría conseguido huir hasta un pueblo próximo, Eragny (Val-d?Oise), donde fue «herido gravemente» y finalmente «abatido». Según las primeras reconstrucciones del origen último de la tragedia, la víctima, profesor de historia y geografía, habría dado una lección o habría hecho comentarios sobre la libertad de expresión, en relación con el comportamiento del semanario satírico «Charlie Hebdo» y su publicación de las legendarias caricaturas de Mahoma que estuvieron en el origen de la matanza yihadista del mes de enero del 2015. Se sospecha que algunos alumnos, niños administrativamente franceses, de confesión musulmana, se habrían sentido «molestos» por los comentarios y breve exposición de reproducciones de las legendarias caricaturas de Mahoma. Y nadie duda de que esos niños contaron la historia a sus padres. Son tradicionales las quejas de familias de franceses de confesión musulmana que se «quejan» de la educación laica que reciben sus hijos. Esos antecedentes confirmaron el origen último del segunda atentado yihadista, en París y su periferia, en las últimas cuatro semanas. Y la Fiscalía anti terrorista intervino con mucha celeridad, iniciado la instrucción de un asesinato aparentemente relacionado con la «fiebre» islámica y yihadista que estalló en Francia y varios países musulmanes, tras el inicio del proceso de los cómplices de la matanza yihadista del mes de enero de 2015, en la sede de «Charlie Hebdo». La Dirección general de la seguridad interior (DGSI) montó con extrema celeridad una gran operación de «peinado» de toda la «banlieue» oeste y norte de París, donde los «incidentes» violentos se suceden ininterrumpidamente desde hace meses. La degollación del viernes se consumó cuatro semanas después del atentado terrorista del finales de septiembre pasado, cuando un hombre joven, de 18 años, de nacionalidad u origen paquistaní, irrumpió en la entrada del edificio donde estuvo, en otro tiempo, «Charlie Hebdo», en la calle Nicolas Appert del distrito XI de París, y atacó con un cuchillo de grandes dimensiones a un hombre y una mujer que fumaban durante una pausa laboral, hiriéndolos gravemente, para huir dando alaridos, ensangrentado. «Ataques de salvajismo» El atentado del 25 de septiembre pasado y el atentado de este 16 de octubre tienen algo muy profundo en común: musulmanes franceses o residentes en Francia, recurren a una forma de yihadismo «artesanal» para consumar o intentar consumar baños de sangre. Esos crímenes se inscriben en una larga «saga/fuga» de violencias suburbanas, multiculturales, en su inmensa mayoría, que Gerald Darmanin, ministro del Interior, ha calificado de «ataques de salvajismo». El presidente francés, Emmanuel Macron, lleva muchos meses prometiendo una ley concebida para combatir el «separatismo cultural y religioso», que es una forma muy amable de calificar el crecimiento de un islam francés que considera las leyes de su religión superiores a las leyes del Estado. La Fiscalía antiterrorista informará este sábado y el fin de semana sobre su instrucción de la degollación de este viernes, en una ciudad en otro tiempo amable y próspera, Conflans-Sainte-Honorine, de la que fue alcalde Michel Rocard, una de las grandes personalidades del socialismo francés. Ciudad ensangrentada, hoy, víctima de la violencia multicultural yihadista, en ruptura cultura y criminal contra Francia.
16-10-2020 | Fuente: abc.es
Jacinda Ardern, la primera ministra de Nueva Zelanda que doblegó la pandemia
Si nos detenemos en los hechos superficiales, Jacinda Ardern (Hamilton, Nueva Zelanda, 1980) se presta bien al juego del recital de anécdotas. Hace unas semanas, durante un debate con la conservadora Judith Collins, su adversaria en las elecciones legislativas que se celebran este sábado, la primera ministra neozelandesa, convertida en una de las nuevas estrellas de la izquierda, admitió haber fumado marihuana cuando era joven. «Hace muchos años», puntualizó, en un alarde de honestidad que hizo enmudecer al moderador y vertió ríos de tinta. Expresando su admiración por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al que llamó «Peter Sainchis» en un curioso bautismo inglés, la líder laborista también expuso los pilares de su programa, con las políticas medioambientales, sociales y económicas que apenas pudo cumplir en su primer mandato. Poco importa, porque las urnas parecen dispuestas a sonreíre. Con la baza de su buena gestión de la pandemia, todas las previsiones le conceden una cómoda victoria a Ardern, protagonista una carrera política casi meteórica a sus 40 años. Nacida en el seno de una familia mormona, una religión que practican 113.000 personas en un país de 4,9 millones de habitantes, la primera ministra se alejó de la fe de sus mayores por oposición a sus críticas a la homosexualidad. En Murupara, una pequeña localidad de la isla norte de Nueva Zelanda, conoció el padecimiento de los maoríes, episodio que despertó su conciencia social. En 1999, ingresó en el Partido Laborista, donde comenzó un ascenso en línea recta. En 2005, se trasladó al Reino Unido, trabajando dos años en el gabinete del ex primer ministro británico Tony Blair. Poco después, en 2007, se convirtió en presidenta de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas. Con solo 28 años, ingresó como diputada en la Cámara de Representantes. Rozando la cumbre, Ardern subió el último escalón y se convirtió en primera ministra en 2017, después de que el Partido Laborista (centro-izquierda) alcanzara un acuerdo de coalición con Nueva Zelanda Primero (populista, nacionalista), desbancando al Partido Nacional (centro derecha), ganador por número de votos en las elecciones de ese año. Grandes desafíos Desde su nombramiento, Ardern se ha enfrentado a grandes desafíos, casi una sucesión de hechos dramáticos que han marcado un primer mandato donde no ha podido cumplir con sus promesas de reducción de la pobreza. El primero llegó en marzo de 2019, cuando el supremacista Brenton Tarrant abrió fuego con un rifle automático contra dos mezquitas de la localidad de Christchurch, provocando 51 muertos y decenas de heridos. «[Somos] un hogar para quienes comparten nuestros valores. Refugio para quien lo necesite. Y esos valores no serán y no pueden ser sacudidos por este ataque», dijo entonces la primera ministra, en un emotivo discurso que fue muy aplaudido. En diciembre, la erupción Whakaari, en el noreste del país, también provocó que varias personas perdieran la vida. Pocos meses después, la pandemia se convirtió en el reto que lo ha cambiado todo. Con una política preventiva, que impuso medidas como el confinamiento, el rastreo de casos y el cierre de fronteras temprano, Ardern se ha convertido en una de las políticas más alabadas por su gestión de la pandemia. Desde la primavera, solo 25 personas han muerto en Nueva Zelanda por culpa de la pandemia. En consonancia con esa previsión, las elecciones legislativas, previstas para septiembre, se pospusieron a mañana. Con una personalidad carismática -está casada con un presentador de televisión y sus reacciones y ocurrencias no dejan indiferente a nadie-, pasó a integrar el club de referentes del nuevo progresismo, un donde figuran el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, o el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama.
15-10-2020 | Fuente: abc.es
El Senado valida hoy el ingreso de la jueza Barrett al Supremo
Tras dos días de interrogatorio, la comisión de Justicia del Senado de Estados Unidos vota hoy sobre la candidatura de la juez Amy Coney Barrett para ingresar en el poderoso Tribunal Supremo norteamericano en sustitución de la magistrada feminista Ruth Barr Ginsburg, fallecida hace un mes. La juez Barrett fue preguntada insistentemente por los demócratas sobre su opinión con respecto a temas candentes como el aborto, la reforma sanitaria de Barack Obama o la posible intervención de Supremo en las elecciones en caso de empate o acusaciones de fraude. «Nadie me ha pedido compromisos en ningún caso», dijo la jueza Barrett a los demócratas, que querían saber si había prometido algo al presidente Donald Trump cuando le ofreció el puesto. Sí defendió en sus dos días de vista oral que no cree que los juzgados deban hacer política, y renegó del activismo judicial. «No vengo a cumplir ninguna misión», dijo Barrett en más de una ocasión. Tampoco renegó la magistrada de las opiniones que ha transmitido en artículos cuando era profesora de derecho en la universidad de Notre Dame o ya en el juzgado federal al que ingresó en 2017. Está claro que se opone a una interpretación amplia de las leyes del aborto, y no considera el fallo favorable del Supremo en 1973 (conocido como Roe v. Wade) como un precedente intocable. Cuando la senadora demócrata Amy Klobuchar le preguntó por enésima vez sobre el asunto, y si el fallo de 1973 era un «super-precedente», Barrett respondió: «Por la cantidad de preguntas que recibo del asunto no parece serlo, pero de todos modos muchos académicos no creen que eso sea razón para anular ese fallo. Pero tampoco significa eso que sea un caso imposible de anular». En otro momento, un senador republicano, Ben Sasse, le quiso hacer una pregunta fácil que resultó siendo uno de los peores momentos para Barrett. Su señoría le preguntó algo que se estudia en los colegios: qué cinco derechos ampara la primera enmienda de la Constitución. Barrett dijo solo cuatro: «libertad de expresión, prensa, religión, reunión? ¿cuál me falta?». El senador le dijo: «protesta». De hecho, varios grupos feministas protestaban a las puertas, airados por el conservadurismo de Barrett y por la premura del proceso. Este tipo de confirmaciones del Supremo suelen tardar 70 días, pero en este caso el presidente Trump y su partido esperan que antes de las elecciones del 3 de noviembre esté ya la jueza en el banquillo con sus ocho compañeros. Los republicanos son mayoría en esa cámara y tienen votos suficientes para hacerlo. Por el tono de sus preguntas, no ven fallo en Barrett. El senador conservador John Cornyn en un momento le preguntó a la magistrada si podía enseñar los papeles que llevaba para dar sus preguntas, llenas ellas de datos y referencias a casos de gran enjundia. Barrett sonrió y alzó un cuaderno que estaba totalmente en blanco.
15-10-2020 | Fuente: abc.es
«Católicos progre» contra la libertad religiosa en EE.UU.
Los tres días de interrogatorio a que ha sido sometida la candidata al Supremo, la juez Barrett, pueden ser considerados -a tenor de los visto y oído- como tres jornadas de fuego artillero de la oposición demócrata norteamericana contra uno de los pilares de la Constitución de los Estados Unidos: la libertad religiosa. Las insistentes preguntas de los zelotes del partido sobre las creencias religiosas de la magistrada, insinuando por activa y por pasiva que influirán en su trabajo profesional en el máximo tribunal, fueron un atropello flagrante de la Carta Magna. La Primera Enmienda consagra la libertad de religión y prohíbe al poder político cualquier tipo de legislación o cortapisa en materia de conciencia. La animadversión del partido opositor norteamericano hacia el catolicismo practicante de Barrett contiene varias ironías. La primera, que parece desconocer que casi la mitad de los electores católicos norteamericanos votan demócrata. Y la más desconcertante: el partido que en Europa calificaríamos de «progre» y más cercano a la ideología de los socialistas, está desde hace tiempo comandado por católicos. Joe Biden, el candidato demócrata a la Casa Blanca, es católico, como también lo es la «número tres» en el escalafón del poder en EE.UU., la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi. No es, como algunos podrían pensar, un problema de odio a los católicos -como en la era del Ku Klux Clan- sino de rechazo a los católicos que no se avergüenzan de serlo. En el fondo, la resistencia que muestran Biden y Pelosi por la candidatura de la juez Barrett parece proceder del rechazo a la coherencia con la propia fe, que lleva a los dos dirigentes demócratas a situarse en contra de la doctrina de la Iglesia católica en temas nucleares como el aborto y el matrimonio.
12-10-2020 | Fuente: abc.es
Amy Conet Barrett: la juez católica que no reniega del dogma
Cuando en 2013 Laura Wolk comenzó sus clases de derecho en la universidad católica de Notre Dame, en Indiana, temió por un momento que no podría acabar sus estudios. Wolk es invidente, y necesitaba un programa informático especial que le leyera los textos de la pantalla y le ayudara a transcribir sus palabras. La burocracia universitaria hizo de las suyas, y el programa no llegaba. Pasaron dos semanas, y para más inri, el ordenador personal de Wolk, habilitado para personas ciegas, se rompió. Desesperada, sin recursos, Wolk fue a contarle su problema a una profesora de derecho constitucional, una mujer afable, que ella pensaba que podría ayudarla. Esa profesora, sentada en su despacho, escuchó, guardó un breve silencio y le respondió en seguida a Wolk: «Laura, a partir de ahora, este problema no es tuyo, es mi problema». Esa mujer era la hoy jueza Amy Coney Barrett, elegida por Donald Trump para ingresar en el poderoso Tribunal Supremo de EE.UU., a falta de la confirmación del Senado, que comenzó este lunes. Laura Wolk no sólo logró inmediatamente el material que necesitaba. Ganó una mentora, que la guió en sus tres años de posgrado y, lo que es más, la ayudó a conseguir una codiciada beca de asistente judicial en la Corte Suprema, la primera vez que una persona invidente conseguía esa oportunidad. Según dice Wolk hoy, «la calidad y la compasión que la jueza Barrett me ha mostrado en tantas ocasiones provienen de la misma fuente de fe por la que ahora es tan vilipendiada. La facilidad con la que dona su tiempo y energía para servir a los demás proviene de años de amar al señor con todo su corazón, mente y fuerzas, y amar a su prójimo como a sí misma». Así es, la religión se ha convertido en el objeto de la mayoría de ataques a esta jueza de trayectoria fulgurante que, durante sus tres años en la magistratura se ha ganado la admiración de muchos compañeros de profesión y de los políticos republicanos, que son quienes controlan la Casa Blanca y el Senado y por tanto tienen la potestad de elevarla al puesto vitalicio de novena jueza del Supremo, donde tendrá una influencia que seguramente dure décadas. En sus años como profesora, Barrett nunca ocultó que se oponía al aborto, y de hecho hace ya mucho tiempo, en 2006, firmó un manifiesto en el que pedía que se ponga final a lo que describió como «legado brutal de Roe v. Wade», que es el nombre judicial del caso de 1973 con el que el Supremo legalizó la interrupción médica del embarazo «hasta que el feto sea viable». Barrett es católica, y practicante. Vive, según ella misma ha dicho, de acuerdo con su fe, acude cada domingo a misa y da ejemplo de sus posicionamientos en su propia familia, numerosa. Tiene siete hijos. Dos son adoptados de Haití. El menor, de ocho años, tiene síndrome de Down, algo que, si se detecta pronto, es motivo frecuente de aborto en EE.UU. según varios estudios recientes. Es, además, miembro de un grupo conocido como «People of Praise» (Gente de Alabanza), dentro del movimiento carismático, muy arraigado en EE.UU. e influido por varias ramas evangélicas que practican el supuesto don de lenguas, la oración comunitaria y jornadas de sanación. Es un grupo que obra con discreción y al que sus críticos han acusado de obrar cai como una secta, pero que en realidad cuenta entre sus miembros hasta a obispos católicos. «El dogma vive en usted» La fe de Barrett, y sobre todo el vivir de acuerdo con ella, parece haber enervado bastante a los demócratas que ya sometieron a la jueza al tercer grado durante las vistas orales de 2017 en las que el Senado decidió sobre su ascenso a la magistratura. La senadora demócrata de California Dianne Feinstein, alarmada por el catolicismo de Barrett y sus profesiones de fe, le dijo: «el dogma habita fuerte dentro de usted». Aquella frase se convirtió en un lema popular entre grupos de votantes conservadores católicos y también protestantes, que la imprimieron en pegatinas, camisetas y tazas, como motivo de orgullo. Finalmente, la jueza Barrett fue confirmada en 2017 con el voto de los republicanos y solo tres demócratas. Poco importó que durante aquellas vistas orales, como en las de ayer, la jueza dijera abiertamente que no dejaría que su fe, ni sus opiniones personales, influyeran en su forma de interpretar las leyes, que es lo que hace un juez, más en el Supremo. Es cierto que su ascenso a esa corte en lugar de la jueza feminista Ruth Bader Ginsburg altera el equilibrio entre progresistas y conservadores, y es muy probable que, si llega a sus manos, ella vote para restringir total o parcialmente, el aborto. Pero según dijo en la comparecencia que tuvo con el presidente Trump en el Rosal de la Casa Blanca hace una semana, «no asumiría este cargo por el bien de aquellos en mi propio círculo, y ciertamente no por el mío propio. Asumiría este papel para servirles a todos. Cumpliría el juramento judicial, que me exige administrar justicia sin discriminar, aplicar los mismos derechos a pobres y ricos y cumplir fiel e imparcialmente con mis deberes según la Constitución de EE.UU.».
09-10-2020 | Fuente: as.com
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