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Noticias de relaciones internacionales

23-11-2016 | Fuente: abc.es
Merkel promete que Alemania no se aislará y defenderá sus alianzas con la Unión Europea y Estados Unidos
La canciller alemana, Angela Merkel, ha rechazado este miércoles los populismos que responden con soluciones fáciles a problemas globales y complicados, y ha garantizado que Alemania no se encerrará en sí misma y defenderá los valores de la economía social de mercado y la justicia social con sus aliados, la Unión Europea y Estados Unidos. En un discurso ante el pleno del Parlamento en su primera comparecencia pública tras anunciar que el año próximo volverá a ser candidata para un nuevo mandato, Merkel ha dejado claro que Alemania «no puede resolver sola los problemas del mundo», pero ha asegurado que contribuirá a ello. Merkel ha apostado por el multilateralismo, ha elogiado el acuerdo de libre comercio con Canadá y ha admitido que no estaba «contenta» con la decisión del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, de sacar a su país del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), una decisión que, a su juicio, no beneficiará a nadie. «Sólo sé una cosa: seguirá habiendo acuerdos comerciales y no tendrán los estándares de ese acuerdo o que el planeado TTIP habría tenido», ha advertido. La canciller ha reconocido que el actual panorama internacional y nacional es más complicado que el de hace unos años y ha asumido el miedo de los ciudadanos cuando principios que eran obvios en las sociedades democráticas occidentales son cuestionados, por lo que recalcó la necesidad de mostrarse unidos frente a los populismos. Y ha subrayado además la importancia de enfrentarse a los mensajes e informaciones manipuladas o falsas que amplifica internet. Frente a quienes usan los miedos de los ciudadanos, ha recordado la positiva evolución económica del país en los últimos años y el incremento en prestaciones sociales y pensiones: «A los alemanes nunca les ha ido tan bien como ahora». Ha recordado también la «increíble» respuesta internacional a la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las Naciones Unidas o la Convención de Derechos Humanos, y ha apostado por continuar por ese camino y «dotar de humanidad a la globalidad». Durante la presidencia de turno del G20 que asume Alemania en diciembre, se seguirá avanzando en la transparencia en los mercados financieros internacionales y el desarrollo del continente africano será una de las prioridades de Berlín, consciente de que no se va a lograr «un mundo ideal», pero convencida de que se están dando pasos en el camino correcto. En el marco de la Unión Europea, Merkel ha reconocido la necesidad de luchar contra su falta de credibilidad y de acelerar los procesos de toma de decisiones. A su juicio, hay que asumir que ya no puede trazarse una línea que separe la política interior de la exterior y que la seguridad, el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de cada país depende de las relaciones internacionales.
23-11-2016 | Fuente: abc.es
«Lo preocupante es qué vendrá cuándo Trump y los demás populistas no satisfagan a sus votantes»
Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en EE.UU. subido sobre una ola mundial de rechazo a las élites, pero, a juicio del director del Programa de Relaciones Trasatlánticas del Centro Weatherhead de la Universidad de Harvard, el español Manuel Muñiz, lo más preocupante es qué vendrá cuando no consiga resolver los problemas de aquellos que lo votaron. Este experto en relaciones internacionales y liderazgo global atribuye el caso de Trump y los fenómenos populistas en Europa al impacto de una revolución tecnológica que hace que robots y algoritmos generen bienes y servicios, pero no empleo, perjudicando a amplios sectores de la población. Sin embargo, no cree que el proteccionismo y la reacción antiliberal tengan la solución. En cambio, «van a destruir valor económico», augura. Muñiz charló con ABC poco antes de impartir una conferencia sobre las causas y consecuencias de la era Trump en la Deusto Business School de Madrid, organizada por el Hispanic Council, un think tank centrado en las relaciones entre España y Estados Unidos. La conversación tuvo lugar en la sede de la Fundación Rafael del Pino, con la que también colabora. Donald Trump parece que prefiere a Rusia antes que a Europa. ¿Cómo va a afectar su elección como presidente al juego de alianzas geoestratégicas y a las relaciones trasatlánticas? Es lo que más me preocupa en este momento, el impacto de esta elección en un momento de mucha fragilidad europea y de un calendario en los próximos 12 o 18 meses que es un campo de minas político: un referéndum en Italia que, si tuviera que apostar, diría que Renzi no ganará; elecciones presidenciales en Austria, en las que parece que va a ganar la extrema derecha; elecciones en Francia y en Alemania, en las que la extrema derecha lo va a hacer muy bien? Y en un escenario de crecimiento económico reducido, la gestión del Brexit y su impacto en la fortaleza de las instituciones europeas. Con todos esos frentes abiertos, perdemos el aliado más importante en el proceso de integración europea. Trump es un euroescéptico y no vamos a recibir prácticamente ningún apoyo. Esto forma parte de una corriente muchísimo mayor, populista, antiliberal y anticosmopolita. Trump llega subido a esa ola, de la mano de euroescépticos y con falta de fe en el proyecto europeo, en un momento que la UE le hacen falta cuantos más aliados, mejor. «Lo único que tiene que hacer Trump para paralizar la integración europea es levantar el teléfono y decir a cuatro países: "Este tema nos preocupa"» La única lectura positiva es que la integración europea ha avanzado siempre después de crisis, de la naturaleza que fueren, como sucedió con la decisión del euro. La incógnita es si Trump, al ser otro shock, producirá desintegración o un revulsivo para la integración, si la UE es capaz de vertebrar un discurso común y liderazgo. ¿En qué se traduciría el cambio de rumbo en relación a Europa? En que EE.UU. no apoyase el proceso de integración en sus distintas fases. Ahora se discute el fortalecimiento de la cooperación en seguridad y defensa y supongamos que varias socios de la Unión deciden generar un cuartel común. Si EE.UU. se opone frontalmente y dice que eso se debería canalizar a través de la OTAN, paraliza el proceso de integración, porque divide a los países europeos, que no son un bloque tan sólido. Lo único que tiene que hacer Donald Trump es levantar el teléfono y decir a cuatro países: «Oye, este tema nos preocupa». ¿Cómo afectará a la OTAN? Trump dice que EE.UU. paga de más y que sus aliados deben aportar la parte que les corresponde. Que EE.UU. paga de más está clarísimo y se lleva sabiendo muchísimo tiempo. Los europeos nos beneficiamos del paraguas de seguridad americano sin contribuir en la parte que nos corresponde, en cuanto a gasto en seguridad puro y duro, en portaviones, bombarderos o misiles. De hecho, el 70% del gasto de Defensa la OTAN lo aporta EE.UU. y los estados europeos asumieron un gasto mínimo del 2% en Defensa, que cumplen poquísimos. España está en el 0,91%. «La presión para que los socios de EE.UU. eleven su gasto en Defensa será extremadamente alto» De forma simplista, EE.UU. es el que más contribuye, pero los europeos hacen muchas otras cosas. Tienen peso diplomático y, por ejemplo, en las sanciones a Rusia, la factura a los miembros de la UE ha sido mucho mayor que a EE.UU. Desde la caída del muro no ha habido un solo presidente americano que no dijera que los europeos tenían que aportar más. La pregunta no es si Trump lo va a hacer o no, sino cómo de intensa va a ser esa solicitud, y parece que con cierta agresividad, diciendo: «Me retiro y os dejo con la espalda descubierta». Pero Trump no llegará a romper la alianza con los europeos, ¿no? No, a ese nivel no. Hay una serie de intereses fundamentales, de agenda de valores e intereses estratégicos clave de los que será consciente y la Alianza no se va a ir a ninguna parte, aunque esa distribución de gasto de Defensa la vamos a tener que revisar. La presión será extremadamente alta. Y estas reflexiones son también válidas para otras alianzas de Estados Unidos, en los que también está aumentando la presión, como las de Corea o Japón. En Asia parece que el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, que había dedicado calificativos poco cariñosos a Obama, ha recibido mejor a Trump? «Que EE.UU. se retraiga del panorama de seguridad es problemático, sobre todo para sus aliados» Asia va a ser la gran cuestión de seguridad en el siglo XXI. La preocupación es cómo se va a gestionar la relación entre EE.UU. y China, en la que hay un poder establecido y uno emergente. El tema de Filipinas es un baile que va a empezar en torno a ese eje geopolítico EE.UU.-China. De todas maneras, la pregunta del millón es dónde se va a posicionar India. El que EE.UU. se retraiga del panorama de seguridad internacional es problemático, sobre todo para sus aliados. Desde el punto de vista comercial, ¿hay que dar por muerto el acuerdo que se estaba fraguando entre EE.UU. y la UE? Sí, creo que sí. No solo por la parte americana, ese acuerdo también tenía seria resistencia por la europea. El TTIP es una víctima más de esta era antiliberal en la que entramos. El del Pacífico también nace muerto y EE.UU. puede retirarse del Nafta (acuerdo con Canadá y México). Y en el caso de China, Trump quiere denominarlo manipulador de divisa y amenaza con un arancel general del 45% sobre sus importaciones, por lo que nos podemos encontrar con una guerra comercial de un coste estratosférico. Mi intuición es que son tácticas negociadoras, no para desmantelar las relaciones existentes, en el caso de Nafta y China, sino para reconfigurarlas y conseguir un tratado más beneficioso para EE.UU. ¿Qué consecuencias tendrá el proteccionismo económico de EE.UU.? La analogía histórica más cercana es la de los años 1929-1930, cuando el comercio internacional se redujo a un tercio. El comercio internacional es extremadamente frágil, es muy fácil reducirlo con dos o tres aranceles y atentar contra las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Eso tiene efectos directos en el crecimiento económico. EE.UU. ha elegido a Trump en el momento de mayor prosperidad en la historia de EE.UU? en el agregado. El problema es que el modelo no produce distribución adecuada y mucha gente se queda fuera de esa generación de prosperidad. La pregunta es si Trump, como otros elegidos por esta ola antiliberal, va a ser capaz, con esa reducción de comercio internacional, de beneficiar a aquellos que lo han elegido. Para mí, la respuesta es no, porque va a destruir valor económico. No ha sido un voto sofisticado, la gente en Wisconsin pensaba que en 30 o 40 años no ha visto progresión en su poder adquisitivo y fue a votar al candidato que más gritara y dijera que rompía con el modelo. ¿Que eso vaya a generar prosperidad? No lo creo, va a destruir valor. A Trump se le tilda de extrema derecha, pero no es muy liberal en lo económico? «El comercio internacional no es tan importante en la desigualdad, sino la tecnología y su impacto en el mercado laboral» La paradoja es que uno de los motivos de la erosión de la clase media americana que llevó a la victoria de Trump es la oposición del Partido Republicano a aumentar la presión impositiva a las altas rentas y los tenedores de capital. Los perjudicados han puesto en la Casa Blanca a un señor que defiende más de esa política y lo único que conecta con ellas es el discurso «anti-trade». Les ha convencido de que los acuerdos de libre comercio han sido un desastre para EE.UU. Y el trade no ha sido un desastre, sino un gran generador de prosperidad, pero para demasiado pocos. En Europa pasa lo mismo, es un modelo de crecimiento insostenible. En Reino Unido votaron salir de la UE el noreste, las comunidades industriales deprimidas, los perdedores del proceso. Las élites liberales del mundo están fracasando en construir sostenibilidad en el modelo de crecimiento. Mi gran preocupación es qué viene después de Trump, de Syriza, Grillo?, cuando no sean capaces de satisfacer las demandas de los que los han elegido, en qué dirección se mueve el péndulo después de estos procesos de populismo y agendas simplistas. El caso más claro es Venezuela. Usted que vive en EE.UU., ¿ha notado mayor polarización social a pie de calle? Sí, muchísimo. Lo hemos visto en América Latina, en casos de aumento de la desigualdad y captura del sistema político por unas élites. Eso reconfigura el eje político, que pasa de izquierdas y derechas a uno de populismos anticosmopolitas y antiliberales versus liberal cosmopolitanismo. Y esa división es mucho más radical y mucho más difícil de construir puentes. Eso explica la fractura del Partido Laborista en Reino Unido y del PSOE aquí. Pero vuelvo al diagnóstico económico. ¿Qué ha producido esa desigualdad? El comercio internacional en los últimos 20 o 30 años no ha jugado un papel tan importante. Es la tecnología y su impacto en el mercado laboral, y cómo se genera y se distribuye riqueza. ¿Cómo la transformación tecnológica está afectando al mercado laboral y la distribución de rentas? ¿Cómo conseguimos que este sistema, generador de valor neto en el agregado, sea sostenible política y económicamente? Y esa pregunta no la responden estos populismos. Donald Trump, el pasado día 20 en su club de golf de Nueva Jersey- Afp De hecho, a Trump parece que le interesa más volver a la minería.. ¡Fíjese qué respuesta! Es una respuesta desde el miedo y el enfado, simplista. Las élites liberales del mundo están fracasando en la construcción de una narrativa para decir que el sistema funciona, pero hay que perfeccionarlo. La analogía que ayuda a entender lo que pasa es la transformación del modelo económico a finales del siglo XIX y principios del XX, producida por la tecnología, una revolución industrial; el nacimiento de una clase política, el proletariado, y una convulsión política tremenda -fascismos, comunismos, dos guerras mundiales..- hasta que encontramos un nuevo equilibrio, el Estado del Bienestar. En nuestro caso, igual: shock tecnológico a la economía, y una nueva clase política, los desempleados, subempleados, trabajadores pobres, los que ven cómo se erosionan sus posibilidades económicas por el impacto de la tecnología. Entonces, la pregunta del millón es cuál es el nuevo equilibrio, qué viene después de la convulsión política, del Brexit, de Trump, de cosas peores que pueden suceder, de conflictos en Europa y otros sitios. «Las élites del mundo están fracasando en construir una narrativa para decir que el sistema funciona, pero hay que perfeccionarlo» La construcción de ese equilibrio es complejísima. Hemos automatizado gran parte del empleo, con robots y algoritmos que generan bienes y servicios, pero no empleo. Si la prosperidad se concentra en el capital, ¿cómo hacemos que llegue a los que no lo tienen? Ahí te vas a respuestas como la democratización del capital, que es crear un fondo de capital riesgo público, una política industrial pública que invierta en empresas de innovación y que eso se distribuya a través de rentas básicas o programas de empleo público? Yo me he declarado toda mi vida liberal y esa agenda parece muy de izquierdas, pero a un inglés en 1900 que el Estado tuviera impuesto sobre la renta para pagar educación y sanidad le parecía de bolcheviques, y fue lo que se acordaría para que el modelo fuera sostenible. ¿Cómo afectará la victoria de Trump a las relaciones de EE.UU. con España? Es difícil de contestar. La relación de seguridad, la presencia de fuerzas americanas en España, no va a cambiar y España va a ser un socio muy importante. Tal vez aumente la presión en cuanto al gasto militar, que es de lo más bajos de la OTAN. Y en el resto de partidas, España es relativamente importante para EE.UU. España es importante si tiene su visión atlántica y la vocación iberoamericana claras. Éramos bastante importantes en el tema cubano hasta que EE.UU. decidió jugar un papel en él. El interlocutor comercial es la Unión Europea, no España, y en seguridad, la OTAN. Entonces, si Obama tardó en venir, a Trump tampoco lo veremos en un tiempo por España, ¿no? «España podría ser un interlocutor valioso para EE.UU., pero hace falta una política de mirada larga y una vocación atlántica clara» Sospecho que no, a no ser una típica extravangancia suya. Es una oportunidad perdida, porque España es el país atlántico por definición. Con su exposición norteafricana, iberoamericana, el anclaje europeo, conexión con la comunidad hispana en EE.UU., España es única. Lo que pasa es que ha bailado en su política exterior: hay veces que estamos entre Francia y Marruecos, y hay veces que nos volcamos en el eje atlántico sin haber generado los consensos políticos para hacerlo, como en la etapa de Azores e Irak. Debería emerger una política sensata de atlantismo y España podría ser un interlocutor valioso para EE.UU., pero para eso nos hace falta una política de mirada larga y varias generaciones de inversión de esas relaciones. Qué futuro ve ahora al deshielo entre EE.UU. y Cuba? Trump lo ha criticado durante la campaña, pero no sé si Trump pretenderá revertirlo y volver a la situación pre-Obama, con todas las sanciones y limitaciones. Lo que es evidente es que no avanzará al ritmo al que avanzaría con una Administración de Hillary Clinton y que la normalización de las relaciones irá más lenta. Pero si tuviera que apostar, diría que no la revertirá, porque es una cuestión política, no tan central. Le veo mucho más revisionista y radical en política económica y comercial. Es consciente de que ha ganado por una ola de descontento por la situación económica, y la cuestión identitaria y de inmigración, aunque esto es más producto del malestar económico que un fenómeno propio. No creo que se vaya a meter en el campo de minas del tema cubano y revertir lo que se ha hecho hasta la fecha. Tiene batallas más urgentes por delante.
09-11-2016 | Fuente: abc.es
El Apocalipsis de la diplomacia mundial tendrá que esperar
Si alguien respira aliviado tras la derrota de Donald Trump en las presidenciales norteamericanas es el entramado mundial de la diplomacia y de las instituciones globales. El afán iconoclasta del magnate en materia de relaciones internacionales tuvo pocos límites durante la campaña, en su afán por distanciarse de los años de Administración Obama, durante los que Hillary Clinton diseñó en gran medida la diplomacia de la superpotencia como secretaria de Estado. Trump fue el azote de la falta de resultados de Clinton, y de sus sonoros fracasos, en particular en Libia, Siria e Irak. Otra cosa son las alternativas que ofreció el candidato republicano, que -sin entrar en detalle, algo que Trump evitó a toda costa- constituían casi siempre un giro copernicano en el papel de potencia mundial de Estados Unidos desde hace más de un siglo. El capítulo más tumbativo fue quizás la nueva relación con Rusia que proponía Trump. La buena sintonía de este con el presidente Putin ofreció a Clinton muchos flancos de ataque. Para Hillary Clinton, arquitecta en buena medida de la nueva Guerra Fría entre Washington y Moscú, los halagos mutuos entre los dos políticos constituían de suyo un ?peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos?. Trump pretendía -según los demócratas y no pocos republicanos- elevar a Rusia al rango de aliado para discutir una nueva relación bilateral, pasando por alto la invasión rusa de Crimea, sus amenazas a Ucrania y la intervención en Siria del lado de los enemigos de Estados Unidos. Con China, la otra gran potencia mundial, Donald Trump también pretendía un cambio radical de la política exterior y comercial norteamericana de las últimas décadas. Trump criticó la incorporación de China a instituciones mundiales de comercio (en particular la WTO), el pacto del Pacífico, acusó al régimen chino de manipulador de la moneda y de la libre competencia con sus subsidios, y de ser un auténtico Ali Babá de los empleos norteamericanos. Respecto a las guerras en Oriente Próximo, la postura del derrotado candidato republicano destacaron por su ambigüedad. Trump criticó la invasión norteamericana decretada en su día por Bush, y la errática política de Obama de retirar las tropas y permitir así el surgimiento de Daesh. Tanto en Irak como en Siria, dijo tener la fórmula mágica para derrotarles de modo contundente, sin concretar nunca si eso implicaría enviar de nuevo a la región al ejército de Estados Unidos. Para la OTAN, Donald Trump reservaba sus mejores recetas populistas. Afirmó estar dispuesto a advertir a los aliados europeos que, o ponían mucho más esfuerzo económico y militar de su parte, o Estados Unidos se retiraría de la Alianza. Trump también criticó su ?obsesión? por la contención de Rusia, por lo que dio a entender que estaba dispuesto a poner fin al vínculo trasatlántlico forjado entre Estados Unidos y Europa tras el fin de la Segunda Guerra.
08-11-2016 | Fuente: abc.es
Donald Trump gasta de su bolsillo menos de lo que prometió para ser presidente
Donald Trump ha hecho creer a millones de estadounidenses que ser rico implica también ser inteligente, y por tanto capaz de presidir Estados Unidos. Todo se lo iba a pagar él y por eso nadie le diría lo que tiene que hacer. Durante los doce meses de campaña, el magnate se ha jactado de contar con un patrimonio neto de más de 10.000 millones de dólares, pero la revista Forbes asegura que no pasa de los 3.700 millones. Ochocientos millones menos que el año pasado. O sea, que no es para tanto. La publicación de negocios Forbes, que lo ha «penalizado» rebajándolo 35 puestos en su última lista de los más ricos de EE.UU. (156) con respecto al pasado año, ha atribuido la disminución de su fortuna especialmente a la caída de precios en el mercado inmobiliario de Nueva York. Desde que se presentó como precandidato se ha fajado contra la prensa hasta sobre los ceros de su fortuna. «Me estoy postulando para ser presidente. Valgo mucho más de lo que me habéis calculado. Para ser honesto, así no me veo bien. Quiero decir, que tengo mejor pinta si valgo 10.000 millones que si valgo 4.000 millones», dijo Trump a la revista en 2015. Para financiar su campaña, el magnate se ha apoyado principalmente en su propia riqueza y en millones de pequeñas donaciones. Pagó su victoria en las primarias republicanas sobre todo de su propio bolsillo, y sólo comenzó a solicitar activamente fondos externos en mayo. Hasta el momento, Hillary Clinton lleva recaudados 1.100 millones de dólares, frente a los 700 millones de Trump, incluido su propio dinero, según datos de finales de octubre recopilados por la organización Center for Public Integrity. Clinton, con una fortuna de 15,3 millones de dólares, ha ganado mucho más dinero para gastar que Trump. «La gente con dinero ha apoyado a Hillary Clinton. Trump lo que pasa es que dijo que solo se gastaría su dinero y al final no ha sido tan así, ha recibido ayuda», apunta a ABC José María Marco, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas Icai-Icade. Las donaciones que ha recibido la campaña demócrata proceden sobre todo de grandes fortunas, que han contribuido con más de un millón de dólares, mientras que la del magnate se ha nutrido especialmente de miles de «pequeñas» aportaciones individuales (80%). «De alcanzar la victoria, Trump habrá desmontado el mito de que quien más recauda tiene más posibilidades de llegar a la Casa Blanca. Sería otra teoría más que el multimillonario neoyorquino desmontaría en caso de ganar, en una de las campañas presidenciales más locas que se recuerdan», comenta a ABC Daniel Ureña, presidente de The Hispanic Council. Ureña achaca al carácter narcisista y vanidoso del magnate que exagere su fortuna con respecto a lo que expone la revista Forbes y otras publicaciones. «Voy a gastarme 100 millones de dólares de mi fortuna, lo que significa 100 millones de dólares menos que me está dando la gente», aseguró al comienzo de la carrera electoral, pero, como han publicado The Washington Post y The Wall Street Journal, Trump también ha inflado esa cifra. Hasta hace siete días, había desembolsado 66.108.073,64 dólares en efectivo y contribuciones en «cash», de acuerdo con los documentos más recientes de la Comisión Federal de Elecciones. Así que tendría que haber gastado de su bolsillo 34 millones estos últimos siete días para llegar a lo que prometió. Donald Trump presume de riqueza y de ostentación. «Una de las cartas que ha jugado Trump es la de hombre de negocios con éxito, un ?outsider? que llegaba a la carrera presidencial por lo que demostrar que era muy rico en un momento de crisis era importante», dice Marco. Trump, que hasta la fecha se ha negado a publicar su declaración de impuestos, no ha mostrado aún cuál es la cantidad exacta y si tributa o no. «Tal vez no es tan rico como dice que es.. Hay algo que él está escondiendo?», recriminó Clinton en uno de los debates. «Nunca tires la toalla» Nadie sabe lo que le ocurrirá al imperio Trump tras las elecciones, por mucho que sus enemigos como el multimillonario Mark Cuban, propietario de los Dallas Mavericks, aviste una bancarrota en siete años si pierde contra Clinton. La marca Trump simboliza éxito, ímpetu, arrogancia de ser el mejor, de grandes tropiezos con sus recuperaciones. «Es curioso, pero si miro hacia atrás creo que estar al borde del precipicio me convirtió en un empresario mejor y desde luego en un emprendedor mejor. Tuve que pensar maneras novedosas de evitar que me enterraran vivo», escribe en uno de sus bestsellers sobre cómo hacerse millonario, «Nunca tires la toalla» (Ed. Gestión 2000). Ahí describe su entrada en la lista de récords Guinness por ostentar el mayor descalabro económico de la historia. Algunos lo podrían haber llamado «Mister Bancarrotas», por las veces en las que ha declarado en quiebra sus empresas, que no él, para buscar protección legal frente a sus acreedores. «Ha escrito muchos libros sobre negocios, pero casi todos terminan en el capítulo 11 (del Código Federal de Bancarrota)», ha soltado Hillary en más de una ocasión. Entre 1991 y 2005, las compañías poseídas por Trump arrastraron 4.700 millones de dólares en deuda y se acogieron en hasta seis ocasiones al artículo 11, según el portal especializado Politifact. Al declararse en bancarrota, sus empresas eliminaron la obligación legal de pagar la mayoría de sus deudas. «Llevamos rastreando la fortuna de Trump desde hace 34 años. A veces sube y otras baja, y durante la mayor parte de los años noventa se quedó fuera del club de las tres comas (de más de 1.000 millones de dólares)», dicen desde Forbes. Sus salidas de tono le han favorecido y han sido la marca de la casaDaniel Ureña, The Hispanic Council Caer, levantarse, volver a caer y volver a levantarse es el mantra de Donald Trump, un yuppie de los 80 reconvertido en candidato a presidente de Estados Unidos. Quienes han seguido su vida dicen que Trump se está mostrando tal y como es, que es una de sus bazas frente a las medias verdades de los Clinton. «Alcanzar el éxito depende en gran medida de tu habilidad para manejar la presión. Puede parecer un hueso duro de roer, y lo es, pero hay algo que puedes hacer al respecto. Visualízate como un ganador», escribe en ese mismo libro como si se refiriera a la campaña. «Sus salidas de tono y un populismo similar al que en ocasiones escuchamos en Europa le han favorecido y han sido la marca de la casa», agrega Ureña. El conglomerado internacional The Trump Organization representa el principal holding de sus negocios: una lista con siete de sus torres y propiedades más imponentes. Solo sus propiedades en la Gran Manzana valen más de 2.000 millones de dólares y sus campos de golf, 366,6 millones de dólares. El karma le golpeó a Trump en junio, cuando vio como el World Golf Championships, evento celebrado en un campo de golf de Trump en el área de Miami, anunciaba que se trasladaba a Ciudad de México. Tim Finchem, comisionado del PGA Tour, negó que tuviera que ver con sus exabruptos, sino con la retirada del patrocinio de Cadillac, cuyo contrato se acabó este año. «No creo que la idea del muro a los mexicanos proceda de sus frustraciones empresariales. Otra cosa es que quiera volver a una América industrial, no solo de servicios, inserta en la pura globalización. Quiere una América que haga cosas», analiza el profesor de Comillas. Sea cual sea el resultado final, para bien o para mal, la marca Trump ha quedado establecida por mucho tiempo.
07-11-2016 | Fuente: abc.es
Los «donde dije digo, digo Diego» de Hillary y Trump, los candidatos más odiados en EE.UU.
En el segundo debate ni se dieron la mano. Donald Trump ha pedido cárcel para ella y Hillary Clinton le ha acusado a él de no valer para presidente de Estados Unidos, además de sugerir que es un peligro para las mujeres. Parecen enemigos con ideas irreconciliables: Hillary es la progresista y Trump el populista. Según lo dicho en campaña, se puede reconocer con los ojos vendados quién pronuncia una frase u otra, y quién promete una cosa u otra. Solo Trump podría responder «no» a la pregunta de un periodista sobre si el estado de Nueva York debería reconocer el matrimonio gay. Pero en realidad, fue Clinton la que se opuso, al asegurar para la cadena MSNBC que el matrimonio era un vínculo sagrado entre un hombre y una mujer. Desde 2013 lo apoya sin remordimientos. Como también dijo que México es un «problema importante» que EE.UU. debería reforzar la seguridad en las fronteras, y ha votado en numerosas ocasiones para construir una barrera con la que bloquear la entrada de inmigrantes ilegales. La candidata demócrata ha buscado el apoyo de los latinos para esta campaña, insistiendo en que tanto su voto como el de las mujeres podía evitar que llegara Trump a la Casa Blanca. Mirad qué barbaridades dice Donald Trump.. pic.twitter.com/uPyJKcgof9? no sé (@idazten) 19 de octubre de 2016Varios vídeos han recordado estos y otros momentos, como su apoyo a la guerra de Irak, así como su posición más conservadora cuando se batió contra Barack Obama en las primarias de 2008. «Clinton ha cambiado bastante: cuando se enfrentó a Obama representaba al ala más conservadora, en la línea de su marido. Ahora el discurso y la actitud han cambiado hacia la izquierda y lo ha hecho por Bernie Sanders», apunta José María Marco, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas Icai-Icade. El veterano senador de Vermont, un fiel aliado de Hillary desde la convención demócrata de julio, ha asegurado que impulsará una legislación liberal con senadores afines con o sin el apoyo de Clinton. «Mi cabeza está con Hillary pero mi corazón con Sanders. Desde Democrats Abroad apoyamos su agenda. Bernie será muy importante desde el Senado, conoce muy bien cómo funciona», apunta a ABC Gil Carbajal, presidente de la rama demócrata en España. «Si no hubiera votado a favor de Bush en la guerra de Irak, que fue el gran error de su carrera, ahora Hillary sería presidenta saliente», agrega. Trump también apoyó la invasión y en la campaña lo ha considerado un error. Según el instituto Pew, el porcentaje de demócratas identificados como más progresistas-liberales (42%) ha aumentado con respecto a los moderados, (38%) en los últimos años. Trump ha insultado a Hillary como a ningún otro oponente en su carrera por la Casa Blanca. Sin embargo, tanto él como su hijo donaron a Clinton en 2002, 2005, 2006 y 2007, y el magnate la invitó a su boda de 2005 con Melania Knauss en Florida, donde se sentó en primera fila, y donó al menos 100.000 dólares a la Fundación Clinton. En esta campaña, el candidato republicano ha asegurado que ella ha sido la peor secretaria de Estado de la historia. «Trump ha hecho que Hillary tenga que responder a ciertas ideas sobre la protección de Estados Unidos de la globalización que ella antes ni se hubiera planteado», incide el profesor experto en la política norteamericana. Así y todo, Juan Verde, el asesor español de la líder demócrata, asegura a ABC que jamás dos candidatos habían sido tan opuestos en la historia. Al mismo tiempo, son los dos con peores valoraciones en décadas. Trump ha prometido derogar desde su primer día de mandato el ?Obamacare?, programa con el que el porcentaje de estadounidenses sin seguro médico se ha reducido hasta ser más bajo que nunca y el aumento del coste ha caído en picado. Quiere hacerlo más efectivo y más barato para las arcas del Estado. Y sin embargo en el pasado, el candidato republicano abogaba por un sistema sanitario similar al prometido por el izquierdista Bernie Sanders. Según recuerda «The Washington Post», ponía de ejemplo el sistema canadiense (financiado por el Gobierno y accesible a todos independientemente de sus ingresos, con servicios completos) cuando se quiso presentar como independiente a finales de los noventa. «Creo en un sistema sanitario universal», comentó a la CNN en 1999, idea que desarrolló en un libro publicado aquel año. En la campaña comentó que se debía castigar a quien abortase y en los noventa se declaró proelección en este tema. En 2001 se volvió a acercar a los demócratas para en 2009 afiliarse al Partido Republicano. Siete años más tarde, con un partido dividido, sin experiencia en política, este «outsider» ha conseguido atraer a una amplia base de estadounidenses que aplauden las medidas populistas para hacer a «América grande de nuevo». El magnate ha dado varios volantazos en temas estratégicos a lo largo de la última década. Como resaltó hace meses The Washington Post, en 2011 Trump apoyaba una revisión «caso por caso» de los inmigrantes documentados para decidir quién debía quedarse y quien debía irse de EE.UU. Dos años más tarde, el magnate se posicionó a favor de una ley impulsada por un grupo de senadores para legalizar a millones de inmigrantes indocumentados. Y ya como precandidato republicano en 2015, llamó a los inmigrantes mexicanos criminales y violadores, prometiendo construir un muro y acometer redadas contra los indocumentados. Luego ha matizado la propuesta de «deportaciones masivas». El Brexit supuso un duro golpe para una de las ambiciones de la UE: el TTIP con EEUU y el CETA con Canadá. Con este ya aprobado, la victoria de Trump supondría un varapalo a la negociación liderada por Obama y la Comisión Europea. Bruselas se ha mostrado dispuesta a trabajar con el nuevo Gobierno estadounidense ?lo antes posible? para sellar el TTIP, ha asegurado el vicepresidente de la Comisión Europea Jyrki Katainen. El Ejecutivo comunitario reconoce, según se señaló en una réplica al eurodiputado español Ramón Valcárcel, que se producirá una «inevitable ralentización del ritmo de las negociaciones» del TTIP. Clinton ha pasado de ser una ferviente defensora del Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) a expresar su desacuerdo con el presidente, Barack Obama, que ve en el pacto una oportunidad de hacer frente a la influencia comercial de China. Además se ha mostrado ambigua con las condiciones del TTIP por el empuje de la agenda de Sanders. [Vídeo: Trump vs. Clinton en cinco asaltos] Trump ha presentado un programa de máximos, con posiciones más aislacionistas y nativistas. Con la gestión de la economía, la principal preocupación de los votantes junto con el terrorismo, se ha mostrado ambivalente y se ha alejado del tradicional mantra republicano de la defensa de los bajos impuestos y no tocar el sueldo mínimo federal. Al inicio de la campaña, aseguró que subiría los impuestos a los más ricos, pero ahora parece se los bajará a los ciudadanos más adinerados, a las empresas y también a aquellos con menos recursos. Estar con la clase media blanca y sufridora de la crisis le ha granjeado grandes apoyos frente a la candidata demócrata y sus «amistades peligrosas» en Wall Street. Clinton se opuso en 2008 a aumentar los impuestos sobre los trabajadores ricos para compensar el déficit de la Seguridad Social, ahora pide una subida del 4% en el impuesto sobre la renta a millonarios. Obama, quien ha atacado duramente al magnate y se ha implicado enormemente en la campaña demócrata en las últimas semanas, ya dijo en las primarias de 2008 que la tenaz Hillary había recibido más dinero de lobbies que cualquier otro senador demócrata o republicano en la historia.
07-11-2016 | Fuente: abc.es
La amenaza de Trump a la democracia norteamericana
La posibilidad de que Trump se convierta en el próximo presidente de EE.UU no es precisamente remota. Su populismo revanchista, su estrategia de antihéroe y una rival como Hillary, que genera casi tanta desconfianza como él, han terminado por colocar a este magnate del autobombo a las puertas de la Casa Blanca. Su candidatura, inicialmente percibida como una broma, ha logrado cimentar la narrativa del outsider que desesperadamente quiere ser tomado en serio por los insiders. Una narrativa asumida también por millones de votantes que han encontrado en Trump una oportunidad perfecta para canalizar resentimientos, incertidumbres y nostalgias. Política del instinto: Y la posibilidad del «impeachment» Si Trump gana la presidencia de Estados Unidos, el documento más consultado para anticipar lo que pueda ocurrir durante los próximos cuatro años será la Constitución de 1787. Unas reglas del juego democrático formuladas hacen más de dos siglos por los «Founding Fathers» con la obsesión de evitar la acumulación de poder y organizar una estricta separación de poderes. Dentro de ese sistema de controles y equilibrios, los resultados óptimos únicamente son posibles con el concurso de las partes. De ahí los vaticinios de otro «impeachment», juicio político inevitable si Trump aspira a transformar en agenda de gobierno lo que hasta ahora ha sido una campaña basada en instintos muy básicos. «You're fired»: El espectáculo como lema La cuna política de Trump ha sido un reality show de gran éxito durante 14 temporadas titulado «El Aprendiz». La frase acuñada por el magnate durante su ascendencia televisiva fue «You?re fired» (estás despedido). El gran problema de Trump es que con esa mentalidad, que puede resultar entretenida en la cultura de masas, no tiene ningún recorrido en la cultura política de EE.UU. El ocupante de la Casa Blanca no puede «despedir» a ninguna de las otras piezas de un sistema político que va más allá de la separación de poderes y responde más bien a la idea de diferentes instituciones compartiendo un mismo poder. Como argumenta Richard Neustadt, el poder del ocupante de la Casa Blanca se basa fundamentalmente en persuadir, negociar y liderar. Cobardía y oportunismo: Una opa sobre el partido republicano Si Trump gana la presidencia, es muy posible que se encuentre con un nuevo Congreso donde el Partido Republicano sea la fuerza mayoritaria, aunque no lo suficiente para garantizar a la Casa Blanca un cheque en blanco. Los conservadores tendrán que plantearse ejercer su obligación constitucional de contrabalance. El problema es que hasta ahora los republicanos han reaccionado con una mezcla de cobardía y oportunismo hacia la opa hostil de Trump contra su partido. Un mundo infeliz: Cuestionamiento de la política internacional Durante la campaña, Trump ha renegado de una serie de principios básicos que han dominado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En materia de seguridad colectiva, Trump insistirá en que EE.UU. no debe asumir un coste desproporcionado en alianzas como la OTAN. Se ha declarado incluso partidario de fomentar la proliferación nuclear para limitar las responsabilidades de EE.UU. Con respecto al libre comercio, Trump ha prometido cuestionar toda una serie de acuerdos existentes y en proceso de negociación que a su juicio son una estafa. Aislacionismo: Muro frente a México y el resto del mundo Sin equipo, experiencia, nociones básicas de los grandes problemas que acechan el mundo o respaldo significativo por parte de la élite del Partido Republicano, el argumento central de Trump es que EE.UU. se encuentra en declive y es engañado sistemáticamente tanto por sus aliados como sus enemigos. Su objetivo pasa por restaurar toda esa grandeza perdida (Make America Great Again) mirando bastante más hacia dentro que hacia fuera. Posición aislacionista que incluye un muro con México y renegar de entendimientos alcanzados por Obama con Irán y Cuba. En este sentido, el trumpismo resultará especialmente apreciado por toda clase de regímenes autoritarios. Seguridad nacional: Y dudosa legalidad En materia de seguridad nacional, Trump quiere volver al indiscriminado espionaje electrónico y resucitar el uso de técnicas agresivas de interrogatorio, como waterboarding o simulación de ahogamientos. Ha prometido extremas limitaciones a la entrada a EE.UU. de musulmanes, ya sea como refugiados o inmigrantes legales. Frente a los intentos de la Administración Obama para desmantelar la prisión extrajudicial creada tras el 11-S, se ha comprometido a mantener el limbo de Guantánamo. Dice saber más que los generales del Pentágono y disponer de un plan secreto para acabar con el «califato» de Daesh. Money, money: Camino de la bancarrota Con cuatro bancarrotas y unas pérdidas declaradas de más de 900 millones de dólares en un año fiscal, la política económica de Trump es la de un especulador. Su tentadora promesa es multiplicar la riqueza de EE.UU. bajando impuestos, desregularizando y poniendo trabas a la globalización. Cree que el cambio climático es una patraña inventada por los chinos para dañar la economía americana. Ha prometido casi todo en materia de gasto público: multiplicar la inversión en defensa e infraestructura, austeridad y recortes, pero sin tocar las principales partidas de gasto social (pensiones y cobertura sanitaria de jubilados). Según algunas estimaciones, Trump añadirá 5,3 billones de dólares a la deuda nacional durante la próxima década.
05-11-2016 | Fuente: abc.es
Juan Verde: «Muchos prefieren a Trump porque se irían de cañas con él; Hillary es más valida»
Se dice que las campañas estadounidenses influyen en las del resto del planeta, como ocurrió con la del «yes we can» de Barack Obama y su uso de las redes sociales. En las actuales, la televisión ha vuelto a tener un fuerte protagonismo tras la irrupción de Donald Trump, estrella mediática y que con una menor inversión en publicidad ha logrado tener mucho mayor impacto que su rival demócrata. «Aunque es verdad que es menos carismática que Bill Clinton y especialmente Barack Obama, Hillary Clinton es la candidata más preparada de la historia», dice el asesor español de los demócratas, Juan Verde (Telde, 1971), que ya aconsejó en otras campañas a Al Gore, John Kerry y a Barack Obama. El canario, el quinto latino más influyente de EE.UU., analiza en ABC las horas finales de campaña, en las que Hillary Clinton supera en 1,7 puntos al magnate y con varios swing states (estados oscilantes) en un puño. ¿Estará con Hillary la noche electoral? ¿Cómo la ve? ¿En qué términos está asesorando ahora a la candidata? Estaré en la sede de la campaña y en la celebración posterior. La campaña ha entrado ya en la fase final y nos hemos volcado completamente en la movilización electoral, en asegurarnos de que la gente vaya a votar y que nuestras bases se sientan ilusionadas, con ganas, con motivación para que lleven a más gente a su vez. Llevamos año y medio con este plan. Estamos o hemos creado la mayor estructura de movilización ciudadana y electoral que se recuerda, mucho más que en 2012 o 2008. incluso. Se dice que aunque suba el apoyo latino, baja la movilización afroamericana y de otras minorías.. Sí, la cuestión no es que suba diez puntos entre los hispanos o baje cuatro entre los afroamericanos, lo importante es el número final. Vamos a batir récords en las elecciones en cuanto a movilización. Para hacerte a la idea, hay una modalidad en EE.UU. que es el voto temprano y vamos a superar el récord que teníamos anteriormente del 32; ahora tenemos el 40%. Los índices de participación van a ser muy altos y eso favorece al Partido Demócrata. Desde la reapertura del caso de los correos electrónicos, la diferencia entre ambos, según los sondeos, es muy estrecha. ¿Puede ganar Trump? Creo que Donald Trump puede ganar, pero también creo que es muy poco probable. Ahora, por probabilidades, ganamos nosotros: tenemos un 62%-68% de posibilidades de victoria, según los modelos matemáticos. Por consiguiente, creo que nosotros ganaremos, primero por la gran movilización y, segundo, porque estamos utilizando tecnología sin precedentes para identificar votantes indecisos y particularmente para movilizar nuestras bases, que es parte de nuestro plan y es clave para ganar. ¿Hay un voto oculto a Trump que no se manifiesta en las encuestas? Sí, creo que lo hay con Trump, pero también con Hillary y esto lo va a compensar. Hay muchas mujeres republicanas, según nuestras encuestas, que no van a querer votar al final por Donald Trump. Según nuestras encuestas, hay en ambos lados y se va a equilibrar. ¿Existen paralelismos con respecto a la campaña del Brexit? ¿Se pueden comparar ambas campañas? Creo que hay paralelismos con el Brexit y con otros movimientos políticos similares, como el referéndum por la paz en Colombia, dodne en las encuestas se daba ganador al Sí y al final salió el No. También ocurrió con el Brexit. La similitud es que hay un gran sentimiento a nivel mundial de ir en contra del sistema y en eso sí se puede parecer. A diferencia del Brexit, nosotros sí que hemos hecho los deberes. Este año y medio o incluso dos nos hemos dedicado a invertir en estructura de base y eso nos dará la diferencia con el Brexit, que la campaña por continuar de la UE se montó de la noche a la mañana. Las elecciones del Big Data Varios análisis apuntan a que estas elecciones vuelven a ser las de la televisión después de que con Obama fuera las del boom de internet y las redes sociales. Y que, pese a la mayor inversión de la campaña demócrata en publicidad, el impacto de Trump en este canal es mucho mayor cuando habla. ¿Está de acuerdo con estos comentarios? Sí y no. No son ciertos del todo, en primer lugar, dicen que son las elecciones de la televisión pero nuestros datos no reflejan eso, nos dicen que son las elecciones del Big Data. Ahí está la clave, ya lo fue un poco en 2012, cuando se marcó un punto de inflexión, ahora más indecisos toman la decisión de por quién votar cada vez más por redes sociales o en blogs de opinión que en los medios tradicionales. Esta es la consagración del Big Data para identificar el segmento de voto que quieres movilizar o a los que quieres transmitir. Creo que es un reflejo de la situación por la que pasan los medios tradicionales. Si midiéramos la prensa y la cobertura mediática gratuita, me atrevo a decir que Trump ha tenido el doble de impacto mediático que nosotros, por lo que hemos tenido que gastar más para equilibrarlo. Si ataca a las mujeres o a los musulmanes, todos los medios lo cubren y le dan acogida, no a Hillary. En comparativa dolar a dolar es cierto que gastamos más en comunicación pagada, pero por su perfil y cobertura de los medios, ellos han tenido más cobertura. ¿Qué va a pasar si gana Trump? Estoy muy confiado de que va a ganar Hillary, pero si ganase Trump, que tiene pocas posibilidades, sería el inicio de un periodo muy oscuro para EE.UU. y particularmente para las relaciones internacionales. Trump quiere revisar el papel de EE.UU. en la OTAN, también de cara a los tratados de libre comercio y eso puede tener un impacto de desestabilización con respecto a Europa con Rusia, con España también lo veríamos. Sería la vuelta de EE.UU. a mirar hacia adentro y menos a jugar un papel de líder internacional como lo es actualmente. ¿Por qué no apasiona Hillary? La clave está en si votan a quien les caiga mejor o a quien esté mejor preparado No creo que no apasione Hillary, sino que es la candidata en EE.UU. que más ataques ha recibido por más tiempo y por más personas. Lleva en el panorama político de EE.UU. 30 años. Desde su comienzo como activista política y defensora de los niños, hasta su papel como primera dama, o su papel importantísimo como senadora en el comité de asuntos exteriores y ahora como candidata, ha estado en el punto de mira continuo de los ataques del Partido Republicano. Un ejemplo es la investigación de Bengasi, la más larga en la historia de EEUU y la más cara, para no encontrar nada malo ni irregular. No tiene base legal como tampoco lo tiene la investigación de los correos del FBI, que sigue motivaciones electorales y políticas. Eso le pasa factura frente a un Trump que viene sin ningún tipo de bagaje anterior y que, por supuesto, ilusiona, no a la mayoría de personas, eso sí. Y me niego a pensar que son xenófobos o machistas, intransigentes. Creo que votan por él a pesar de que no compartan sus opiniones porque lo ven como algo nuevo. Muchos lo apoyan porque aseguran que con él sí se irían de cañas. Hillary es muy superior. La clave está en si votan a quien les caiga mejor o a alguien que está muy preparado como Hillary, más que cualquier otro. ¿Llamar deplorables a los simpatizantes de Trump fue un error de asesoramiento? Creo que ha sido contundente al respecto, fue un error que cometió en mitad de un discurso muy apasionado y pidió perdón por ello. Todos somos humanos y nos equivocamos. Se dice que Hillary se ha ido un poco a la izquierda por Sanders, para aplicar parte de su agenda. ¿Está de acuerdo? ¿En qué manera le ha podido influido Trump a Hillary por esta oleada antisistema? Yo no hablo por la campaña de Hillary es mi opinión personal, pero creo que Hillary va a implantar y ejecutar su agenda política, y dentro de esa agenda hay muchas ideas que comparte con Sanders y que se han incorporado a nuestra plataforma política porque tienen sentido. Creo que de esta forma muestra que tiene mucha altura política, por reconocer que Sanders proponía muchas cosas ciertas y por haber sabido incorporarlas. Con respecto a Trump, nunca dos candidatos han sido tan opuestos en la historia de Estados Unidos. Lo son en muchísimos aspectos, desde las relaciones internacionales, a la lucha contra el cambio climático o en reforma migratoria. Eso no quita que en el pasado tuvieran una relación de cordialidad. Ahora tienen un enfrentamiento claro sobre cuál debe ser el rumbo del país. Para su campaña, Hillary ha contado con el apoyo de varios famosos. Este domingo, Lebron James aparecerá en un evento en Ohio con la candidata. ¿Estos apoyos la han alejado más de la llamada «América (EE.UU.) cabreada»? Yo creo que ha sido positivo el apoyo de las personalidades, como el evento con Lebron James en Cleveland, para buscar atraer y movilizar al segmento de los millennials (los jóvenes). ¿Va a salir un país roto de estas elecciones? Gane quien gane, Hillary y Trump se enfrentan a un país muy dividido y probablemente nosotros no ganemos el Congreso y empeorará la situación. El gran reto de Hillary será tender puentes con la oposición y con el Congreso, esto es una señal inequívoca de que el país está muy dividido. Es una realidad con las que tenemos que convivir.
05-11-2016 | Fuente: abc.es
Juan Verde: «Estas elecciones en EE.UU. no son las de la tele, son las del Big Data»
Se dice que las campañas estadounidenses influyen en las del resto del planeta, como ocurrió con la del «yes we can» de Barack Obama y su uso de las redes sociales. En las actuales, la televisión ha vuelto a tener un fuerte protagonismo tras la irrupción de Donald Trump, estrella mediática y que con una menor inversión en publicidad ha logrado tener mucho mayor impacto que su rival demócrata. «Aunque es verdad que es menos carismática que Bill Clinton y especialmente Barack Obama, Hillary Clinton es la candidata más preparada de la historia», dice el asesor español de los demócratas, Juan Verde (Telde, 1971), que ya aconsejó en otras campañas a Al Gore, John Kerry y a Barack Obama. El canario, el quinto latino más influyente de EE.UU., analiza en ABC las horas finales de campaña, en las que Hillary Clinton supera en 1,7 puntos al magnate y con varios swing states (estados oscilantes) en un puño. ¿Estará con Hillary la noche electoral? ¿Cómo la ve? ¿En qué términos está asesorando ahora a la candidata? Estaré en la sede de la campaña y en la celebración posterior. La campaña ha entrado ya en la fase final y nos hemos volcado completamente en la movilización electoral, en asegurarnos de que la gente vaya a votar y que nuestras bases se sientan ilusionadas, con ganas, con motivación para que lleven a más gente a su vez. Llevamos año y medio con este plan. Hemos creado la mayor estructura de movilización ciudadana y electoral que se recuerda, mucho más que en 2012 o 2008, incluso. Se dice que aunque suba el apoyo latino, baja la movilización afroamericana y de otras minorías.. Sí, la cuestión no es que suba diez puntos entre los hispanos o baje cuatro entre los afroamericanos, lo importante es el número final. Vamos a batir récords en las elecciones en cuanto a movilización. Para hacerte a la idea, hay una modalidad en EE.UU. que es el voto temprano y vamos a superar el récord que teníamos anteriormente del 32; ahora tenemos el 40%. Los índices de participación van a ser muy altos y eso favorece al Partido Demócrata. Desde la reapertura del caso de los correos electrónicos, la diferencia entre ambos, según los sondeos, es muy estrecha. ¿Puede ganar Trump? Creo que Donald Trump puede ganar, pero también creo que es muy poco probable. Ahora, por probabilidades, ganamos nosotros: tenemos un 62%-68% de posibilidades de victoria. Por consiguiente, creo que nosotros ganaremos, primero por la gran movilización y, segundo, porque estamos utilizando tecnología sin precedentes para identificar votantes indecisos y particularmente para movilizar nuestras bases, que es parte de nuestro plan y es clave para ganar. ¿Hay un voto oculto a Trump que no se manifiesta en las encuestas? Sí, creo que lo hay con Trump, pero también con Hillary y esto lo va a compensar. Hay muchas mujeres republicanas, según nuestras encuestas, que no van a querer votar al final por Donald Trump. Según nuestras encuestas, hay en ambos lados y se va a equilibrar. ¿Existen paralelismos con respecto a la campaña del Brexit? ¿Se pueden comparar ambas campañas? Creo que hay paralelismos con el Brexit y con otros movimientos políticos similares, como el referéndum por la paz en Colombia, dodne en las encuestas se daba ganador al Sí y al final salió el No. También ocurrió con el Brexit. La similitud es que hay un gran sentimiento a nivel mundial de ir en contra del sistema y en eso sí se puede parecer. A diferencia del Brexit, nosotros sí que hemos hecho los deberes. Este año y medio o incluso dos nos hemos dedicado a invertir en estructura de base y eso nos dará la diferencia con el Brexit, que la campaña por continuar en la UE se montó de la noche a la mañana. Las elecciones del Big Data Varios análisis apuntan a que estas elecciones vuelven a ser las de la televisión después de que con Obama fueran las del boom de internet y las redes sociales. Y que, pese a la mayor inversión de la campaña demócrata en publicidad, el impacto de Trump en este canal es mucho mayor cuando habla. ¿Está de acuerdo con estos comentarios? Sí y no. No son ciertos del todo, en primer lugar, dicen que son las elecciones de la televisión pero nuestros datos no reflejan eso, nos dicen que son las elecciones del Big Data. Ahí está la clave, ya lo fue un poco en 2012, cuando se marcó un punto de inflexión, ahora más indecisos toman la decisión de por quién votar cada vez más por redes sociales o en blogs de opinión que en los medios tradicionales. Esta es la consagración del Big Data para identificar el segmento de voto que quieres movilizar o a los que quieres transmitir. Creo que es un reflejo de la situación por la que pasan los medios tradicionales. Si midiéramos la prensa y la cobertura mediática gratuita, me atrevo a decir que Trump ha tenido el doble de impacto mediático que nosotros, por lo que hemos tenido que gastar más para equilibrarlo. Si ataca a las mujeres o a los musulmanes, todos los medios lo cubren y le dan acogida, no a Hillary. En comparativa dolar a dolar es cierto que gastamos más en comunicación pagada, pero por su perfil y cobertura de los medios, ellos han tenido más cobertura. ¿Qué va a pasar si gana Trump? Estoy muy confiado de que va a ganar Hillary, pero si ganase Trump, que tiene pocas posibilidades, sería el inicio de un periodo muy oscuro para EE.UU. y particularmente para las relaciones internacionales. Trump quiere revisar el papel de EE.UU. en la OTAN, también de cara a los tratados de libre comercio y eso puede tener un impacto de desestabilización con respecto a Europa con Rusia. Sería la vuelta de EE.UU. a mirar hacia adentro y menos a jugar un papel de líder internacional como lo es actualmente. ¿Por qué no apasiona Hillary? La clave está en si votan a quien les caiga mejor o a quien esté mejor preparado No creo que no apasione Hillary, sino que es la candidata en EE.UU. que más ataques ha recibido por más tiempo y por más personas. Lleva en el panorama político de EE.UU. 30 años. Desde su comienzo como activista política y defensora de los niños, hasta su papel como primera dama, o como senadora, ha estado en el punto de mira continuo de los ataques del Partido Republicano. Un ejemplo es la investigación de Bengasi, la más larga en la historia de EE.UU. y la más cara, para no encontrar nada malo ni irregular. No tiene base legal como tampoco lo tiene la investigación de los correos del FBI, que sigue motivaciones electorales y políticas. Eso le pasa factura frente a un Trump que viene sin ningún tipo de bagaje anterior y que, por supuesto, ilusiona, no a la mayoría de personas, eso sí. Y me niego a pensar que son xenófobos o machistas, intransigentes. Creo que votan por él a pesar de que no compartan sus opiniones porque lo ven como algo nuevo. Muchos lo apoyan porque aseguran que con él sí se irían de cañas. Hillary es muy superior. La clave está en si votan a quien les caiga mejor o a alguien que está muy preparado como Hillary, más que cualquier otro. ¿Llamar deplorables a los simpatizantes de Trump fue un error de asesoramiento? Creo que ha sido contundente al respecto, fue un error que cometió en mitad de un discurso muy apasionado y pidió perdón por ello. Todos somos humanos y nos equivocamos. Se dice que Hillary se ha ido un poco a la izquierda por Sanders, para aplicar parte de su agenda. ¿Está de acuerdo? ¿En qué manera le ha podido influido Trump a Hillary por esta oleada antisistema? Yo no hablo por la campaña de Hillary es mi opinión personal, pero creo que Hillary va a implantar y ejecutar su agenda política, y dentro de esa agenda hay muchas ideas que comparte con Sanders y que se han incorporado a nuestra plataforma política porque tienen sentido. Creo que de esta forma muestra que tiene mucha altura política, por reconocer que Sanders proponía muchas cosas ciertas y por haber sabido incorporarlas. Con respecto a Trump, nunca dos candidatos han sido tan opuestos en la historia de Estados Unidos. Lo son en muchísimos aspectos, desde las relaciones internacionales, a la lucha contra el cambio climático o en reforma migratoria. Eso no quita que en el pasado tuvieran una relación de cordialidad. Ahora tienen un enfrentamiento claro sobre cuál debe ser el rumbo del país. Para su campaña, Hillary ha contado con el apoyo de varios famosos. Este domingo, Lebron James aparecerá en un evento en Ohio con la candidata. ¿Estos apoyos la han alejado más de la llamada «América (EE.UU.) cabreada»? Yo creo que ha sido positivo el apoyo de las personalidades, como el evento con Lebron James en Cleveland, para buscar atraer y movilizar al segmento de los millennials (los jóvenes). ¿Va a salir un país roto de estas elecciones? Gane quien gane, Hillary y Trump se enfrentan a un país muy dividido y probablemente nosotros no ganemos el Congreso y empeorará la situación. El gran reto de Hillary será tender puentes con la oposición y con el Congreso, esto es una señal inequívoca de que el país está muy dividido. Es una realidad con las que tenemos que convivir.
04-11-2016 | Fuente: abc.es
Una campaña de escándalo: de la guerra de hackers al enfado de los «deplorables» hombres blancos
«Toda la gente que conozco está horrorizada con la situación», comenta a ABC Michael, un joven informático de Vermont (EE.UU) que ha votado desde Madrid. «Las opciones para elegir al próximo presidente de Estados Unidos son una desgracia», denuncia Katie, californiana de mediana edad. «Esta campaña ha sido un circo, mucho más que otras en el pasado. He visto entrevistas y seguido la actualidad en YouTube porque era tan entretenido como triste al mismo tiempo», apostilla Scott, de unos cuarenta y procedente de Ohio. Los debates entre Trump y Clinton han sido los más vistos de la historia de la televisión y los primeros en retransmitirse en directo por Facebook o Twitter. La innovación tecnológica ha ido de la mano de la campaña más cruda que se recuerda. Ataques personales, acusaciones, incitación al odio.. «Cárcel para Clinton», ha pedido en directo el magnate estadounidense. «Trump es una marioneta de Putin», se defendió Hillary en ese mismo cara a cara. Sin embargo, dicen que pese a la tecnología de streaming, esta ha vuelto a ser la campaña de la televisión después de que Obama se subiera a la ola de las redes sociales en 2008. Lo anecdótico de esta campaña es que aunque el gasto del magnate en publicidad televisiva ha sido claramente inferior al de su rival demócrata, cuando Trump hablaba subía la audiencia, todo lo contrario con Hillary, según Michael Rosenblum, experto en medios. La sombra de Putin La economía y el terrorismo representan las principales preocupaciones del votante, según el instituto Pew. Trump lo sabe. Con el muro y el veto a la entrada de mexicanos y musulmanes, el magnate fijó su discurso de «strong man» a lo Vladimir Putin en Rusia para proteger a los suyos de amenazas externos. Haciendo un guiño a la Asociación Nacional del Rifle, que ha apoyado y financiado su campaña, insistió tras los atentados de París y Bruselas en que la prohibición a llevar armas era un problema para hacer frente a los «matones» terroristas, ya que de poder contar con ellas las balas «habrían salido también en sentido opuesto» y no solo contra las víctimas. La figura de Putin ha traspasado la simple inspiración del republicano con la polémica del espionaje en campaña electoral. Se desató en mayo, cuando el Comité Nacional Demócrata (DNC) reparó en el comportamiento sospechoso de su red informática y llamó a la empresa de seguridad CrowdStrike para echar un vistazo. Encontraron a dos grupos de hackers en el sistema, uno que acababa de entrar y otro que había estado allí por casi un año. «A los gobiernos les gusta saber lo que realmente piensan los líderes de los países rivales. Para responder a estas preguntas, pueden recurrir a sus agencias de espionaje, para escarbar entre las políticas y estrategias que otros países preferirían mantener en secreto», comentan desde Secureworks, la firma de ciberseguridad que ha rastreado los ataques de grupos rusos a la campaña de Hillary Clinton. Es más, desde la Administración Obama apuntan que estos ataques forman parte de una campaña orquestada para sembrar dudas y caos en el sistema político estadounidense, mientras que Trump desconfía de las elecciones y sus resultados. Los investigadores de SecureWorks CTU han monitorizado las actividades de Threat Group-4127), que apunta a gobiernos, militares y organizaciones no gubernamentales internacionales. Señalan además que este grupo está operando desde la Federación Rusa y está recopilando información en nombre del gobierno ruso. Algo que ha negado el presidente ruso, Vladimir Putin. Trump ha prometido en campaña mejorar la relación entre los Estados Unidos y Rusia, y que como presidente se acercará a Putin para este objetivo. «No creo que el presidente ruso esté detrás del candidato republicano, pero sí que hay una conexión populista entre ambos, con discursos contra la casta a nivel global. Lo que está de fondo es una especie de revancha contra las elites globalizadoras», apunta José María Marco, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas Icai-Icade. Wikileaks ha publicado cientos de correos electrónicos hackeados del jefe de campaña de Clinton, John Podesta, quien recibió un email de phishing el pasado 19 de marzo. Por estos soplos salieron a la luz e-mails embarazosos de Clinton que incluían el contenido de conversaciones que la relacionaban a Wall Street, pasto para la campaña anti-establishment de Trump. Según describe SecureWorks, la fuente del correo potencialmente peligroso es Google, pero muestra una cuenta desconocida o falsa: «no-reply@accounts.googlemail.com». El asunto advierte que «alguien tiene su contraseña» y el cuerpo del mensaje dice que ese "alguien" procedía de Ucrania, como recoge CNN. "Debe cambiar su contraseña inmediatamente", le advertía, con las palabras en mayúsculas de ?Cambiar contraseña?, acompañadas de un hipervínculo para que Podesta accediera, y que no conducía a una web segura de Google, sino a otra a través de bit.ly, un servicio utilizado para acortar u ocultar las direcciones web. Podesta, según CNN, no fue el único miembro de la campaña de Clinton en el punto de mira. Acoso sexual Donald Trump ha pivotado su guerra contra Hillary Clinton sobre el escándalo de los emails desde su servidor privado. De hecho, cuando todo llevaba a una clara victoria de Hillary, siempre según el marasmo de sondeos en EE.UU., el FBI «rescató» la polémica de los correos. La media de sondeos de Real Clear Politics concede apenas un punto y siete décimas y ocho votos electorales de ventaja para Hillary. Todo muy apretado. En una campaña con los sondeos tan cambiantes, las filtraciones y subidas de tono han decantado hacia un lado u otro los porcentajes de cada semana. A la recuperación en los sondeos de Trump en estados clave como Florida, en septiembre, le siguió el vídeo «obsceno» de Trump, donde dice al presentador de televisión Billy Bush: «Puedes hacerles lo que quieras (a las mujeres) cuando eres una estrella». Trump ha sostenido que los comentarios no pasaban de «bromas de vestuario» y que sus palabras lascivas no estaban atadas a acciones inapropiadas. Cuando el moderador le preguntó a Trump en el segundo debate presidencial si alguna vez había tocado a una mujer sexualmente sin su consentimiento, Trump respondió: «No, no lo he hecho». Pero varias mujeres acusaron a Trump que las acosaba, las tocaba o las besaba sin su consentimiento. Él contraatacó recordando el dudoso pasado de Bill Clinton con las mujeres y los casos de mujeres que han denunciado acoso del expresidente y marido de la candidata demócrata. «Blancos enfadados y deplorables» Todos los debates los ganó Hillary, según buena parte de los sondeos de la prensa norteamericana. Destacó especialmente en el primero. «Mientras que ella lo tenía muy preparado, con respuestas ágiles y con ironía y esas frases hechas preparadas para que los medios las repitieran, él trató de parecer más espontáneo, como parte de su campaña anti-establishment», comentó a ABC tras el primer cara cara Jordi Rodríguez Virgili, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra y experto en política estadounidense. Para la élite periodística significó una derrota clara del magnate, pero para sus votantes no tanto. El magnate dirigió su mensaje a los «deplorables», como los llamó la ex secretaria de Estado, es decir, a «los racistas, sexistas, homófobos, xenófobos e islamófobos». Luego ella pidió perdón. Este voto del cabreo llevó meses antes al Brexit. Muchos de los que votaron salir de la UE provenían del laborismo, pero que, con la crisis y la globalización, se sentían apartados y buscaban una catarsis con soluciones simples a problemas comunes. En los días previos, Salvador Llaudes, investigador del Real Instituto Elcano, avisó que este fenómeno se daba en todo el mundo. «Hoy en día piensan que han perdido contra la globalización porque creen que sus hijos vivirán peor que ellos, que ya no tendrán la seguridad de cuando vivían en el pueblo, cuando podían comprarse una casa».
26-10-2016 | Fuente: abc.es
Gambia anuncia su retirada de la Corte Penal Internacional tras Sudáfrica y Burundi
El Gobierno de Gambia ha anunciado su retirada de la Corte Penal Internacional (CPI), siguiendo las decisiones similares de Sudáfrica y Burundi, tras acusar al tribunal de La Haya de «perseguir a los africanos». «Desde hoy, martes 25 de octubre, no somos miembros de la CPI e iniciamos el proceso prescrito por el estatuto para retirarnos», ha señalado el ministro de Información, Sheriff Bojang, en una declaración a la televisión estatal difundida este martes por la noche. Mientras la corte se centra en perseguir a los dirigentes africanos, «al menos 30 países occidentales han cometido crímenes de guerra desde la creación de la CPI», ha denunciado el ministro gambiano. La decisión supone un revés personal para la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, de nacionalidad gambiana y quien fue ministra de Justicia del gobierno del presidente de este país, Yahya Jammeh. El presidente de la Asamblea de Estados partes del Estatuto de Roma, Sidiki Kaba, animó el pasado lunes a abrir un diálogo para examinar las críticas a la CPI formuladas por los países africanos. Sudáfrica justificó su decisión al asegurar que la CPI está «en conflicto» con su ley nacional de inmunidad diplomática y, además, afecta negativamente a sus relaciones internacionales. La semana pasada el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, también firmó la retirada del tribunal, que investiga la violencia política que se desató en el país en abril de 2015, cuando el mandatario anunció que se presentaría por tercera vez a las elecciones pese a la prohibición expresa de la Constitución. Gambia, pequeño país de dos millones de habitantes enclavado en el territorio de Senegal, está dirigido con mano de hierro por Jammeh desde 1994. Tanto las ONG como la comunidad internacional acusan a su régimen de graves abusos contra los derechos humanos, como desapariciones forzosas, represión a la libertad de expresión y a los defensores de los derechos humanos.
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