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Noticias de relaciones internacionales

11-02-2017 | Fuente: abc.es
Trump imprime un rumbo más «sereno» a su política exterior
Aún es pronto para hacer un balance de la política exterior de Donald Trump. Pero la llegada al Departamento de Estado de Rex Tillerson, un veterano ejecutivo del petróleo ampliamente reconocido y con lazos en todo el mundo, parece enderezar el rumbo del barco a la deriva que simulaba ser el primer esbozo de relaciones internacionales del Despacho Oval. El reconocimiento de «una sola China» que Trump concedió a su homólogo, Xi Jinping, en un giro de 180 grados tras semanas de desplantes, y las primeras discrepancias de fondo con su admirado Vladímir Putin, conectan por primera vez la política exterior del controvertido presidente estadounidense con los grandes principios de sus antecesores en la Casa Blanca y del establishment republicano. No han sido los únicos gestos que parecen devolver las aguas a su cauce, después del año y medio en el que Trump pareció estar desmontando pieza a pieza el engranaje de relaciones internacionales sobre el que se ha movido EE.UU. desde la II Guerra Mundial. Aunque el presidente no se haya pronunciado al respecto, ayer la Alta Representante para la Política Exterior y Seguridad de la UE, Federica Mogherini, aseguró que Estados Unidos va a respetar el cumplimiento del acuerdo nuclear con Irán. Si se confirma, el respeto de Trump a un pacto que denunció repetidas veces en campaña supondría dar una mayor continuidad, si cabe, a los grandes ejes de la política exterior de Obama. La reorientación del nuevo presidente en los tres frentes se vio complementada con un viraje, al menos en las formas, hacia la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con cuyo secretario general se comprometió recientemente a acudir a la cumbre de líderes que tendrá lugar en mayo en Bruselas. Trump no ha bajado la guardia en su exigencia de que los miembros de la Alianza asuman el compromiso adquirido en el Tratado de aportar a la defensa el 2% de su Producto Interior Bruto (PIB), algo que sólo cumplen hoy Reino Unido, Polonia, Grecia y Estonia (además de Estados Unidos), pero su lenguaje abiertamente crítico ha menguado. En su último mensaje y en conservaciones con líderes europeos, entre ellos Mariano Rajoy, Trump expresó su «apoyo total» a que su país siga colaborando en el seno de la OTAN. A medida que se acerca a la Alianza Atlántica, el presidente norteamericano se aleja de Rusia. Por primera vez, su aparente idilio (por interés mutuo) con Putin empieza a enfriarse. Según ha trascendido, en la última conversación telefónica que mantuvieron, Trump expresó al jefe del Kremlin su rechazo al tratado de desarme nuclear que Putin suscribió en 2010 con su antecesor, Barack Obama, por considerar que «beneficia claramente a Rusia». El Kremlin ha pasado de la satisfacción por una elección presidencial que supo desestabilizar por muchos medios, a una «preocupación» por el que califican de «carácter imprevisible» de Trump. Ni siquiera la conocida amistad del presidente ruso con el secretario de Estado, Rex Tillerson, parece actuar en beneficio de una amistad entre Gobiernos que cada vez parece más irreal.
02-02-2017 | Fuente: abc.es
El cubano Eduardo Cardet, nuevo preso de conciencia de Amnistía Internacional
Eduardo Cardet, médico de Velasco (Holguín) que perdió su trabajo por disentir, fue detenido con violencia cinco días después de la muerte de Fidel Castro, ante la mirada aterrada de su mujer y sus dos hijos de 13 y 11 años. El coordinador nacional del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) no ha sido juzgado todavía y convive con reos comunes en la prisión provisional de Holguín (sureste de Cuba). La Fiscalía solicita una condena de tres años de cárcel por «atacar» a un policía. Pero Cardet recibió este miércoles una buena noticia, con la llamada telefónica de su esposa: Amnistía Internacional le acaba de declarar prisionero de conciencia, al estar encarcelado «solamente por el ejercicio pacífico de su derecho a la libertad de expresión» y reclama su liberación «de inmediato y sin condiciones». Yaimaris Vecino, mujer de Cardet, está «esperanzada» con este respaldo y confía en que sea excarcelado antes del juicio, que podría celebrarse a mediados de mes. «No pueden soslayar la presión internacional, ellos (las autoridades del régimen de Raúl Castro) saben que es inocente», aseguró a ABC desde Velasco. Cuando Yaimaris preguntó el motivo del arresto, las fuerzas de seguridad se refirieron a su «activismo, al delito de atentado contra la figura de Fidel Castro y porque no iban a permitir más contrarrevolucionarios en Cuba». Cinco testigos relataron a Amnistía que «al menos cuatro policías vestidos de civil y uno uniformado bajaron a Eduardo Cardet a empujones de su bicicleta y lo detuvieron violentamente la tarde del 30 de noviembre». Los mismos testigos creen que fue arrestado por «sus ideas y creencias». Dos días antes de su detención declaró a una emisora de radio española que Fidel Castro «fue un hombre muy controvertido, sumamente odiado y rechazado por nuestro pueblo». En el pleno del Senado, demandé que el régimen castrista libere al disidente @EduardoCardet https://t.co/7i1UX4347O #ExpresiónNoOpresión pic.twitter.com/lII2RWn0kg? Senator Rubio Press (@SenRubioPress) 1 de febrero de 2017El senador por Florida Marco Rubio se ha sumado a la presión internacional para exigir la excarcelación de Eduardo Cardet. El político republicano expuso su caso durante un discurso sobre derechos humanos el martes en el Senado, en el que reclamó la solidaridad del presidente Trump y del nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, con Cardet y «todos los cubanos que ansían ser libres, con aquellos que a lo largo del mundo miran hacia nuestra nación, América, en busca de liderazgo y a menudo para que simplemente les prestemos nuestra voz para su causa». El Movimiento Cristiano Liberación ha informado además en su página web que el diputado Fernando Maura, responsable de relaciones internacionales de Ciudadanos, se ha reunido este miércoles en el Congreso con el embajador de Cuba en España, Eugenio Martínez, a quien le trasladó su preocupación por el líder del MCL. Aumento de los arrestos Diferentes grupos de la disidencia cubana han denunciado un repunte de la represión en Cuba tras la muerte de Castro. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (Ccdhrn) registró que el pasado diciembre al menos 458 detenciones por motivos políticos y comparó los 9.940 arrestos que se produjeron en 2016 frente a los 2.074 de 2010. Amnistía Internacional reclamó en enero la excarcelación del artista cubano Danilo Maldonado, también considerado prisionero de conciencia. «El Sexto» permaneció sin juicio en la cárcel de alta seguridad de Combinado del Este (a las afueras de La Habana) entre el 26 de noviembre y el 21 de enero. El grafitero disidente escribió simplemente «Se fue» en la pared del hotel Habana Libre tras la muerte del dictador cubano el pasado 25 de noviembre. Maldonado también estuvo diez meses preso en 2015 por pintar las palabras «Fidel» y «Raúl» sobre los lomos de dos cerdos vivos.
30-12-2016 | Fuente: elpais.com
Adiós 2016, ¡y hasta nunca!
Este año puesto en evidencia la cruda realidad imperante en las relaciones internacionales
28-11-2016 | Fuente: abc.es
La incertidumbre vuelve a reinar entre La Habana y Washington
En el imprescindible análisis-entrevista publicado el pasado abril por la revista The Atlantic, el acercamiento de EE.UU. a Cuba se enmarcaba dentro de una serie de éxitos en política internacional «potencialmente históricos» alcanzado en la recta final de la Administración Obama. En esa lista -ahora más provisional que nunca tras la victoria de Donald Trump- se incluían logros como el tratado contra el cambio climático; la iniciativa de libre comercio con Asia (TPP); el delicado acuerdo nuclear con Irán; y, por supuesto, el esfuerzo por normalizar relaciones diplomáticas con Cuba. Bajo el título The Obama Doctrine, el presidente reconocía que su experiencia le llevaba hacia el fatalismo sobre las limitaciones de Estados Unidos para dirigir eventos globales. Y aunque él sabe que muy poco se puede lograr en asuntos internacionales sin el liderazgo de Washington, no deja de resentirse de las enormes fuerzas que «frecuentemente conspiran contra las mejores intenciones de EE.UU.» Contradicciones La apertura de Cuba formaría parte del capítulo de contradicciones creativas que acumula la política exterior de Obama. Por un lado, el presidente se ha ganado una reputación casi merkeliana a favor de la prudencia. Por otro, no ha tenido reparos en cuestionar algunos de los dogmas tradicionales de la diplomacia estadounidense. Hasta el punto de replantearse abiertamente porqué los enemigos de Washington son enemigos. En ese contexto, se enmarca la voluntad de Obama de acabar con el consenso bipartidista que durante medio siglo ha gobernado las relaciones de Washington con La Habana. Durante buena parte de la Administración Obama, EE.UU. no ha hecho más que perder influencia en América Latina. Su presidencia ha coincidido con el desarrollo en el continente de un nuevo regionalismo, más político que económico. Una tendencia materializada en detrimento de la Organización de Estados Americanos, como veterano árbitro de crisis y conflictos en la región. En su conjunto, el hemisferio americano ha demostrado suficientes ganas de vertebrarse a nivel regional a pesar de todas sus conocidas divisiones entre liberales y neo-desarrollistas. Aislamiento En el análisis publicado por The Atlantic, Obama reconocía que la apertura de Cuba forma parte de un intento de recuperar esa influencia perdida, eliminando un problema que en la práctica aislaba más a EE.UU. que a Cuba. Según el presidente, superar ese obstáculo forma parte de su deliberada aproximación a las relaciones internacionales. Con el objetivo de restablecer un nuevo tono en esos vínculos coincidente con el debilitamiento sufrido por la izquierda bolivariana. Según recuerda Obama: «Cuando tomé posesión, en la primera Cumbre de las Américas que atendí, Hugo Chávez era todavía la figura dominante en la conversación. Tomamos una decisión muy estratégica desde el principio que consistía en lugar de darle importancia como un gigantesco adversario, colocar el problema en su justa medida y decir "No nos gusta lo que está pasando en Venezuela pero no es una amenaza para Estados Unidos"». Antes de recalibrar las relaciones con los vecinos del sur, Obama ha tenido que aguantar toda clase de diatribas por parte del eje del chándal: «Cuando me encontré con Chávez, le estreché la mano y me entregó una crítica marxista (Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano) sobre las relaciones de EE.UU. con América Latina. Y me tuve que sentar y escuchar a Daniel Ortega despotricar durante una hora contra Estados Unidos. Pero por estar allí, y no tomarnos todo eso en serio porque realmente no era una amenaza para nosotros, hemos ayudado a neutralizar el anti-americanismo en la región». Todo este intelectualizado esfuerzo de Obama contrasta con la incertidumbre diplomática que supone la llegada Trump a la Casa Blanca, con la asignatura pendiente entre muchas de aclararse sobre su política con Cuba tras las contradicciones acumuladas durante su delirante campaña. Por un lado, figura el hombre de negocios que desea acabar con el embargo y generar nuevas oportunidades económicas en la isla caribeña (es decir, una política exterior a lo chino, sin valores). Y por otro, el candidato republicano que denuncia las atrocidades castristas y la prioridad de no ofrecer ventajas adicionales al régimen de La Habana.
23-11-2016 | Fuente: abc.es
Merkel proclama su primer gran discurso contra el populismo
Angela Merkel se sirvió ayer de su primera intervención ante el pleno del Bundestag como candidata de nuevo a la Cancillería para hacer una llamada, no solo a los alemanes, sino a todos los pueblos europeos, a posicionarse unidos contra los populismos. Logrando un gran apoyo de la cámara parlamentaria con sus palabras y dirigiéndose a un invitado invisible pero presente en la sesión, Donald Trump, arengó a las fuerzas democráticas a la búsqueda de respuestas difíciles para los «problemas más complejos que hace unos años» que afrontan las sociedades actuales. La canciller alemana comparó la necesidad actual de multilateralismo con la II Guerra Mundial y la «increíble respuesta internacional a la catástrofe», con la creación de las Naciones Unidas y la Convención de Derechos Humanos, apostando por continuar por ese camino y «dotar de humanidad a la globalización». El discurso de Merkel alcanzó su punto más álgido después del turno de Sahra Wagenknecht, líder del grupo parlamentario de Die Linke (La Izquierda), compuesto por los excomunistas de la ARD y una escisión del ala más radical de los socialdemócratas del SPD. «En Alemania crece la desigualdad y la inseguridad social y con ello los resultados de AfD», justificó Wagenknecht el crecimiento del partido populista de extrema derecha Alternativa para Alemania y afirmando también que «Trump entiende más de política económica que los representantes de la gran coalición alemana, puesto que quiere defender los puestos de trabajo de la industria en lugar de entregarse a la globalización». «Seguirá habiendo acuerdos comerciales» Fue ahí donde Merkel defendió que «ante los retos que nos plantea la globalización hay dos formas de reaccionar: o bien me encierro en mí mismo, en mi país, intento dar respuestas simples, o bien defiendo que nuestros valores se fortalezcan no sólo en nuestro país, sino también en conjunto con nuestros socios europeos, con Estados Unidos y con nuestros aliados en el mundo». Sobre los planes de Trump de frenar los tratados internacionales, la cristianodemócrata reconoció que «no alcanzo a entender quién va a beneficiarse con esa medida», pero mostró su seguridad en que, con Trump o sin Trump, «seguirá habiendo acuerdos comerciales» y advirtió además que «no tendrán los estándares de ese acuerdo o que el planeado TTIP», sugiriendo así que no serán tan ventajosos para EE.UU. Merkel avanzó que durante la presidencia de turno del G20, que asume Alemania en diciembre, seguirá trabajando en la transparencia en los mercados financieros internacionales y en el desarrollo del continente africano. En el marco de la UE, reconoció la necesidad de luchar contra la falta de credibilidad de las instituciones y de acelerar los procesos de toma de decisiones. A su juicio, hay que asumir que ya no puede trazarse una línea que separe la política interior de la exterior y que la seguridad, el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de cada país depende de las relaciones internacionales. Asumió el miedo de los votantes cuando principios obvios en las sociedades democráticas occidentales son cuestionados e insistió en que la respuesta pasa por el compromiso con los valores de la economía social de mercado y la apertura al mundo.
23-11-2016 | Fuente: abc.es
Merkel promete que Alemania no se aislará y defenderá sus alianzas con la Unión Europea y Estados Unidos
La canciller alemana, Angela Merkel, ha rechazado este miércoles los populismos que responden con soluciones fáciles a problemas globales y complicados, y ha garantizado que Alemania no se encerrará en sí misma y defenderá los valores de la economía social de mercado y la justicia social con sus aliados, la Unión Europea y Estados Unidos. En un discurso ante el pleno del Parlamento en su primera comparecencia pública tras anunciar que el año próximo volverá a ser candidata para un nuevo mandato, Merkel ha dejado claro que Alemania «no puede resolver sola los problemas del mundo», pero ha asegurado que contribuirá a ello. Merkel ha apostado por el multilateralismo, ha elogiado el acuerdo de libre comercio con Canadá y ha admitido que no estaba «contenta» con la decisión del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, de sacar a su país del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), una decisión que, a su juicio, no beneficiará a nadie. «Sólo sé una cosa: seguirá habiendo acuerdos comerciales y no tendrán los estándares de ese acuerdo o que el planeado TTIP habría tenido», ha advertido. La canciller ha reconocido que el actual panorama internacional y nacional es más complicado que el de hace unos años y ha asumido el miedo de los ciudadanos cuando principios que eran obvios en las sociedades democráticas occidentales son cuestionados, por lo que recalcó la necesidad de mostrarse unidos frente a los populismos. Y ha subrayado además la importancia de enfrentarse a los mensajes e informaciones manipuladas o falsas que amplifica internet. Frente a quienes usan los miedos de los ciudadanos, ha recordado la positiva evolución económica del país en los últimos años y el incremento en prestaciones sociales y pensiones: «A los alemanes nunca les ha ido tan bien como ahora». Ha recordado también la «increíble» respuesta internacional a la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las Naciones Unidas o la Convención de Derechos Humanos, y ha apostado por continuar por ese camino y «dotar de humanidad a la globalidad». Durante la presidencia de turno del G20 que asume Alemania en diciembre, se seguirá avanzando en la transparencia en los mercados financieros internacionales y el desarrollo del continente africano será una de las prioridades de Berlín, consciente de que no se va a lograr «un mundo ideal», pero convencida de que se están dando pasos en el camino correcto. En el marco de la Unión Europea, Merkel ha reconocido la necesidad de luchar contra su falta de credibilidad y de acelerar los procesos de toma de decisiones. A su juicio, hay que asumir que ya no puede trazarse una línea que separe la política interior de la exterior y que la seguridad, el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de cada país depende de las relaciones internacionales.
23-11-2016 | Fuente: abc.es
«Lo preocupante es qué vendrá cuándo Trump y los demás populistas no satisfagan a sus votantes»
Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en EE.UU. subido sobre una ola mundial de rechazo a las élites, pero, a juicio del director del Programa de Relaciones Trasatlánticas del Centro Weatherhead de la Universidad de Harvard, el español Manuel Muñiz, lo más preocupante es qué vendrá cuando no consiga resolver los problemas de aquellos que lo votaron. Este experto en relaciones internacionales y liderazgo global atribuye el caso de Trump y los fenómenos populistas en Europa al impacto de una revolución tecnológica que hace que robots y algoritmos generen bienes y servicios, pero no empleo, perjudicando a amplios sectores de la población. Sin embargo, no cree que el proteccionismo y la reacción antiliberal tengan la solución. En cambio, «van a destruir valor económico», augura. Muñiz charló con ABC poco antes de impartir una conferencia sobre las causas y consecuencias de la era Trump en la Deusto Business School de Madrid, organizada por el Hispanic Council, un think tank centrado en las relaciones entre España y Estados Unidos. La conversación tuvo lugar en la sede de la Fundación Rafael del Pino, con la que también colabora. Donald Trump parece que prefiere a Rusia antes que a Europa. ¿Cómo va a afectar su elección como presidente al juego de alianzas geoestratégicas y a las relaciones trasatlánticas? Es lo que más me preocupa en este momento, el impacto de esta elección en un momento de mucha fragilidad europea y de un calendario en los próximos 12 o 18 meses que es un campo de minas político: un referéndum en Italia que, si tuviera que apostar, diría que Renzi no ganará; elecciones presidenciales en Austria, en las que parece que va a ganar la extrema derecha; elecciones en Francia y en Alemania, en las que la extrema derecha lo va a hacer muy bien? Y en un escenario de crecimiento económico reducido, la gestión del Brexit y su impacto en la fortaleza de las instituciones europeas. Con todos esos frentes abiertos, perdemos el aliado más importante en el proceso de integración europea. Trump es un euroescéptico y no vamos a recibir prácticamente ningún apoyo. Esto forma parte de una corriente muchísimo mayor, populista, antiliberal y anticosmopolita. Trump llega subido a esa ola, de la mano de euroescépticos y con falta de fe en el proyecto europeo, en un momento que la UE le hacen falta cuantos más aliados, mejor. «Lo único que tiene que hacer Trump para paralizar la integración europea es levantar el teléfono y decir a cuatro países: "Este tema nos preocupa"» La única lectura positiva es que la integración europea ha avanzado siempre después de crisis, de la naturaleza que fueren, como sucedió con la decisión del euro. La incógnita es si Trump, al ser otro shock, producirá desintegración o un revulsivo para la integración, si la UE es capaz de vertebrar un discurso común y liderazgo. ¿En qué se traduciría el cambio de rumbo en relación a Europa? En que EE.UU. no apoyase el proceso de integración en sus distintas fases. Ahora se discute el fortalecimiento de la cooperación en seguridad y defensa y supongamos que varias socios de la Unión deciden generar un cuartel común. Si EE.UU. se opone frontalmente y dice que eso se debería canalizar a través de la OTAN, paraliza el proceso de integración, porque divide a los países europeos, que no son un bloque tan sólido. Lo único que tiene que hacer Donald Trump es levantar el teléfono y decir a cuatro países: «Oye, este tema nos preocupa». ¿Cómo afectará a la OTAN? Trump dice que EE.UU. paga de más y que sus aliados deben aportar la parte que les corresponde. Que EE.UU. paga de más está clarísimo y se lleva sabiendo muchísimo tiempo. Los europeos nos beneficiamos del paraguas de seguridad americano sin contribuir en la parte que nos corresponde, en cuanto a gasto en seguridad puro y duro, en portaviones, bombarderos o misiles. De hecho, el 70% del gasto de Defensa la OTAN lo aporta EE.UU. y los estados europeos asumieron un gasto mínimo del 2% en Defensa, que cumplen poquísimos. España está en el 0,91%. «La presión para que los socios de EE.UU. eleven su gasto en Defensa será extremadamente alto» De forma simplista, EE.UU. es el que más contribuye, pero los europeos hacen muchas otras cosas. Tienen peso diplomático y, por ejemplo, en las sanciones a Rusia, la factura a los miembros de la UE ha sido mucho mayor que a EE.UU. Desde la caída del muro no ha habido un solo presidente americano que no dijera que los europeos tenían que aportar más. La pregunta no es si Trump lo va a hacer o no, sino cómo de intensa va a ser esa solicitud, y parece que con cierta agresividad, diciendo: «Me retiro y os dejo con la espalda descubierta». Pero Trump no llegará a romper la alianza con los europeos, ¿no? No, a ese nivel no. Hay una serie de intereses fundamentales, de agenda de valores e intereses estratégicos clave de los que será consciente y la Alianza no se va a ir a ninguna parte, aunque esa distribución de gasto de Defensa la vamos a tener que revisar. La presión será extremadamente alta. Y estas reflexiones son también válidas para otras alianzas de Estados Unidos, en los que también está aumentando la presión, como las de Corea o Japón. En Asia parece que el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, que había dedicado calificativos poco cariñosos a Obama, ha recibido mejor a Trump? «Que EE.UU. se retraiga del panorama de seguridad es problemático, sobre todo para sus aliados» Asia va a ser la gran cuestión de seguridad en el siglo XXI. La preocupación es cómo se va a gestionar la relación entre EE.UU. y China, en la que hay un poder establecido y uno emergente. El tema de Filipinas es un baile que va a empezar en torno a ese eje geopolítico EE.UU.-China. De todas maneras, la pregunta del millón es dónde se va a posicionar India. El que EE.UU. se retraiga del panorama de seguridad internacional es problemático, sobre todo para sus aliados. Desde el punto de vista comercial, ¿hay que dar por muerto el acuerdo que se estaba fraguando entre EE.UU. y la UE? Sí, creo que sí. No solo por la parte americana, ese acuerdo también tenía seria resistencia por la europea. El TTIP es una víctima más de esta era antiliberal en la que entramos. El del Pacífico también nace muerto y EE.UU. puede retirarse del Nafta (acuerdo con Canadá y México). Y en el caso de China, Trump quiere denominarlo manipulador de divisa y amenaza con un arancel general del 45% sobre sus importaciones, por lo que nos podemos encontrar con una guerra comercial de un coste estratosférico. Mi intuición es que son tácticas negociadoras, no para desmantelar las relaciones existentes, en el caso de Nafta y China, sino para reconfigurarlas y conseguir un tratado más beneficioso para EE.UU. ¿Qué consecuencias tendrá el proteccionismo económico de EE.UU.? La analogía histórica más cercana es la de los años 1929-1930, cuando el comercio internacional se redujo a un tercio. El comercio internacional es extremadamente frágil, es muy fácil reducirlo con dos o tres aranceles y atentar contra las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Eso tiene efectos directos en el crecimiento económico. EE.UU. ha elegido a Trump en el momento de mayor prosperidad en la historia de EE.UU? en el agregado. El problema es que el modelo no produce distribución adecuada y mucha gente se queda fuera de esa generación de prosperidad. La pregunta es si Trump, como otros elegidos por esta ola antiliberal, va a ser capaz, con esa reducción de comercio internacional, de beneficiar a aquellos que lo han elegido. Para mí, la respuesta es no, porque va a destruir valor económico. No ha sido un voto sofisticado, la gente en Wisconsin pensaba que en 30 o 40 años no ha visto progresión en su poder adquisitivo y fue a votar al candidato que más gritara y dijera que rompía con el modelo. ¿Que eso vaya a generar prosperidad? No lo creo, va a destruir valor. A Trump se le tilda de extrema derecha, pero no es muy liberal en lo económico? «El comercio internacional no es tan importante en la desigualdad, sino la tecnología y su impacto en el mercado laboral» La paradoja es que uno de los motivos de la erosión de la clase media americana que llevó a la victoria de Trump es la oposición del Partido Republicano a aumentar la presión impositiva a las altas rentas y los tenedores de capital. Los perjudicados han puesto en la Casa Blanca a un señor que defiende más de esa política y lo único que conecta con ellas es el discurso «anti-trade». Les ha convencido de que los acuerdos de libre comercio han sido un desastre para EE.UU. Y el trade no ha sido un desastre, sino un gran generador de prosperidad, pero para demasiado pocos. En Europa pasa lo mismo, es un modelo de crecimiento insostenible. En Reino Unido votaron salir de la UE el noreste, las comunidades industriales deprimidas, los perdedores del proceso. Las élites liberales del mundo están fracasando en construir sostenibilidad en el modelo de crecimiento. Mi gran preocupación es qué viene después de Trump, de Syriza, Grillo?, cuando no sean capaces de satisfacer las demandas de los que los han elegido, en qué dirección se mueve el péndulo después de estos procesos de populismo y agendas simplistas. El caso más claro es Venezuela. Usted que vive en EE.UU., ¿ha notado mayor polarización social a pie de calle? Sí, muchísimo. Lo hemos visto en América Latina, en casos de aumento de la desigualdad y captura del sistema político por unas élites. Eso reconfigura el eje político, que pasa de izquierdas y derechas a uno de populismos anticosmopolitas y antiliberales versus liberal cosmopolitanismo. Y esa división es mucho más radical y mucho más difícil de construir puentes. Eso explica la fractura del Partido Laborista en Reino Unido y del PSOE aquí. Pero vuelvo al diagnóstico económico. ¿Qué ha producido esa desigualdad? El comercio internacional en los últimos 20 o 30 años no ha jugado un papel tan importante. Es la tecnología y su impacto en el mercado laboral, y cómo se genera y se distribuye riqueza. ¿Cómo la transformación tecnológica está afectando al mercado laboral y la distribución de rentas? ¿Cómo conseguimos que este sistema, generador de valor neto en el agregado, sea sostenible política y económicamente? Y esa pregunta no la responden estos populismos. Donald Trump, el pasado día 20 en su club de golf de Nueva Jersey- Afp De hecho, a Trump parece que le interesa más volver a la minería.. ¡Fíjese qué respuesta! Es una respuesta desde el miedo y el enfado, simplista. Las élites liberales del mundo están fracasando en la construcción de una narrativa para decir que el sistema funciona, pero hay que perfeccionarlo. La analogía que ayuda a entender lo que pasa es la transformación del modelo económico a finales del siglo XIX y principios del XX, producida por la tecnología, una revolución industrial; el nacimiento de una clase política, el proletariado, y una convulsión política tremenda -fascismos, comunismos, dos guerras mundiales..- hasta que encontramos un nuevo equilibrio, el Estado del Bienestar. En nuestro caso, igual: shock tecnológico a la economía, y una nueva clase política, los desempleados, subempleados, trabajadores pobres, los que ven cómo se erosionan sus posibilidades económicas por el impacto de la tecnología. Entonces, la pregunta del millón es cuál es el nuevo equilibrio, qué viene después de la convulsión política, del Brexit, de Trump, de cosas peores que pueden suceder, de conflictos en Europa y otros sitios. «Las élites del mundo están fracasando en construir una narrativa para decir que el sistema funciona, pero hay que perfeccionarlo» La construcción de ese equilibrio es complejísima. Hemos automatizado gran parte del empleo, con robots y algoritmos que generan bienes y servicios, pero no empleo. Si la prosperidad se concentra en el capital, ¿cómo hacemos que llegue a los que no lo tienen? Ahí te vas a respuestas como la democratización del capital, que es crear un fondo de capital riesgo público, una política industrial pública que invierta en empresas de innovación y que eso se distribuya a través de rentas básicas o programas de empleo público? Yo me he declarado toda mi vida liberal y esa agenda parece muy de izquierdas, pero a un inglés en 1900 que el Estado tuviera impuesto sobre la renta para pagar educación y sanidad le parecía de bolcheviques, y fue lo que se acordaría para que el modelo fuera sostenible. ¿Cómo afectará la victoria de Trump a las relaciones de EE.UU. con España? Es difícil de contestar. La relación de seguridad, la presencia de fuerzas americanas en España, no va a cambiar y España va a ser un socio muy importante. Tal vez aumente la presión en cuanto al gasto militar, que es de lo más bajos de la OTAN. Y en el resto de partidas, España es relativamente importante para EE.UU. España es importante si tiene su visión atlántica y la vocación iberoamericana claras. Éramos bastante importantes en el tema cubano hasta que EE.UU. decidió jugar un papel en él. El interlocutor comercial es la Unión Europea, no España, y en seguridad, la OTAN. Entonces, si Obama tardó en venir, a Trump tampoco lo veremos en un tiempo por España, ¿no? «España podría ser un interlocutor valioso para EE.UU., pero hace falta una política de mirada larga y una vocación atlántica clara» Sospecho que no, a no ser una típica extravangancia suya. Es una oportunidad perdida, porque España es el país atlántico por definición. Con su exposición norteafricana, iberoamericana, el anclaje europeo, conexión con la comunidad hispana en EE.UU., España es única. Lo que pasa es que ha bailado en su política exterior: hay veces que estamos entre Francia y Marruecos, y hay veces que nos volcamos en el eje atlántico sin haber generado los consensos políticos para hacerlo, como en la etapa de Azores e Irak. Debería emerger una política sensata de atlantismo y España podría ser un interlocutor valioso para EE.UU., pero para eso nos hace falta una política de mirada larga y varias generaciones de inversión de esas relaciones. Qué futuro ve ahora al deshielo entre EE.UU. y Cuba? Trump lo ha criticado durante la campaña, pero no sé si Trump pretenderá revertirlo y volver a la situación pre-Obama, con todas las sanciones y limitaciones. Lo que es evidente es que no avanzará al ritmo al que avanzaría con una Administración de Hillary Clinton y que la normalización de las relaciones irá más lenta. Pero si tuviera que apostar, diría que no la revertirá, porque es una cuestión política, no tan central. Le veo mucho más revisionista y radical en política económica y comercial. Es consciente de que ha ganado por una ola de descontento por la situación económica, y la cuestión identitaria y de inmigración, aunque esto es más producto del malestar económico que un fenómeno propio. No creo que se vaya a meter en el campo de minas del tema cubano y revertir lo que se ha hecho hasta la fecha. Tiene batallas más urgentes por delante.
09-11-2016 | Fuente: abc.es
El Apocalipsis de la diplomacia mundial tendrá que esperar
Si alguien respira aliviado tras la derrota de Donald Trump en las presidenciales norteamericanas es el entramado mundial de la diplomacia y de las instituciones globales. El afán iconoclasta del magnate en materia de relaciones internacionales tuvo pocos límites durante la campaña, en su afán por distanciarse de los años de Administración Obama, durante los que Hillary Clinton diseñó en gran medida la diplomacia de la superpotencia como secretaria de Estado. Trump fue el azote de la falta de resultados de Clinton, y de sus sonoros fracasos, en particular en Libia, Siria e Irak. Otra cosa son las alternativas que ofreció el candidato republicano, que -sin entrar en detalle, algo que Trump evitó a toda costa- constituían casi siempre un giro copernicano en el papel de potencia mundial de Estados Unidos desde hace más de un siglo. El capítulo más tumbativo fue quizás la nueva relación con Rusia que proponía Trump. La buena sintonía de este con el presidente Putin ofreció a Clinton muchos flancos de ataque. Para Hillary Clinton, arquitecta en buena medida de la nueva Guerra Fría entre Washington y Moscú, los halagos mutuos entre los dos políticos constituían de suyo un ?peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos?. Trump pretendía -según los demócratas y no pocos republicanos- elevar a Rusia al rango de aliado para discutir una nueva relación bilateral, pasando por alto la invasión rusa de Crimea, sus amenazas a Ucrania y la intervención en Siria del lado de los enemigos de Estados Unidos. Con China, la otra gran potencia mundial, Donald Trump también pretendía un cambio radical de la política exterior y comercial norteamericana de las últimas décadas. Trump criticó la incorporación de China a instituciones mundiales de comercio (en particular la WTO), el pacto del Pacífico, acusó al régimen chino de manipulador de la moneda y de la libre competencia con sus subsidios, y de ser un auténtico Ali Babá de los empleos norteamericanos. Respecto a las guerras en Oriente Próximo, la postura del derrotado candidato republicano destacaron por su ambigüedad. Trump criticó la invasión norteamericana decretada en su día por Bush, y la errática política de Obama de retirar las tropas y permitir así el surgimiento de Daesh. Tanto en Irak como en Siria, dijo tener la fórmula mágica para derrotarles de modo contundente, sin concretar nunca si eso implicaría enviar de nuevo a la región al ejército de Estados Unidos. Para la OTAN, Donald Trump reservaba sus mejores recetas populistas. Afirmó estar dispuesto a advertir a los aliados europeos que, o ponían mucho más esfuerzo económico y militar de su parte, o Estados Unidos se retiraría de la Alianza. Trump también criticó su ?obsesión? por la contención de Rusia, por lo que dio a entender que estaba dispuesto a poner fin al vínculo trasatlántlico forjado entre Estados Unidos y Europa tras el fin de la Segunda Guerra.
08-11-2016 | Fuente: abc.es
Donald Trump gasta de su bolsillo menos de lo que prometió para ser presidente
Donald Trump ha hecho creer a millones de estadounidenses que ser rico implica también ser inteligente, y por tanto capaz de presidir Estados Unidos. Todo se lo iba a pagar él y por eso nadie le diría lo que tiene que hacer. Durante los doce meses de campaña, el magnate se ha jactado de contar con un patrimonio neto de más de 10.000 millones de dólares, pero la revista Forbes asegura que no pasa de los 3.700 millones. Ochocientos millones menos que el año pasado. O sea, que no es para tanto. La publicación de negocios Forbes, que lo ha «penalizado» rebajándolo 35 puestos en su última lista de los más ricos de EE.UU. (156) con respecto al pasado año, ha atribuido la disminución de su fortuna especialmente a la caída de precios en el mercado inmobiliario de Nueva York. Desde que se presentó como precandidato se ha fajado contra la prensa hasta sobre los ceros de su fortuna. «Me estoy postulando para ser presidente. Valgo mucho más de lo que me habéis calculado. Para ser honesto, así no me veo bien. Quiero decir, que tengo mejor pinta si valgo 10.000 millones que si valgo 4.000 millones», dijo Trump a la revista en 2015. Para financiar su campaña, el magnate se ha apoyado principalmente en su propia riqueza y en millones de pequeñas donaciones. Pagó su victoria en las primarias republicanas sobre todo de su propio bolsillo, y sólo comenzó a solicitar activamente fondos externos en mayo. Hasta el momento, Hillary Clinton lleva recaudados 1.100 millones de dólares, frente a los 700 millones de Trump, incluido su propio dinero, según datos de finales de octubre recopilados por la organización Center for Public Integrity. Clinton, con una fortuna de 15,3 millones de dólares, ha ganado mucho más dinero para gastar que Trump. «La gente con dinero ha apoyado a Hillary Clinton. Trump lo que pasa es que dijo que solo se gastaría su dinero y al final no ha sido tan así, ha recibido ayuda», apunta a ABC José María Marco, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas Icai-Icade. Las donaciones que ha recibido la campaña demócrata proceden sobre todo de grandes fortunas, que han contribuido con más de un millón de dólares, mientras que la del magnate se ha nutrido especialmente de miles de «pequeñas» aportaciones individuales (80%). «De alcanzar la victoria, Trump habrá desmontado el mito de que quien más recauda tiene más posibilidades de llegar a la Casa Blanca. Sería otra teoría más que el multimillonario neoyorquino desmontaría en caso de ganar, en una de las campañas presidenciales más locas que se recuerdan», comenta a ABC Daniel Ureña, presidente de The Hispanic Council. Ureña achaca al carácter narcisista y vanidoso del magnate que exagere su fortuna con respecto a lo que expone la revista Forbes y otras publicaciones. «Voy a gastarme 100 millones de dólares de mi fortuna, lo que significa 100 millones de dólares menos que me está dando la gente», aseguró al comienzo de la carrera electoral, pero, como han publicado The Washington Post y The Wall Street Journal, Trump también ha inflado esa cifra. Hasta hace siete días, había desembolsado 66.108.073,64 dólares en efectivo y contribuciones en «cash», de acuerdo con los documentos más recientes de la Comisión Federal de Elecciones. Así que tendría que haber gastado de su bolsillo 34 millones estos últimos siete días para llegar a lo que prometió. Donald Trump presume de riqueza y de ostentación. «Una de las cartas que ha jugado Trump es la de hombre de negocios con éxito, un ?outsider? que llegaba a la carrera presidencial por lo que demostrar que era muy rico en un momento de crisis era importante», dice Marco. Trump, que hasta la fecha se ha negado a publicar su declaración de impuestos, no ha mostrado aún cuál es la cantidad exacta y si tributa o no. «Tal vez no es tan rico como dice que es.. Hay algo que él está escondiendo?», recriminó Clinton en uno de los debates. «Nunca tires la toalla» Nadie sabe lo que le ocurrirá al imperio Trump tras las elecciones, por mucho que sus enemigos como el multimillonario Mark Cuban, propietario de los Dallas Mavericks, aviste una bancarrota en siete años si pierde contra Clinton. La marca Trump simboliza éxito, ímpetu, arrogancia de ser el mejor, de grandes tropiezos con sus recuperaciones. «Es curioso, pero si miro hacia atrás creo que estar al borde del precipicio me convirtió en un empresario mejor y desde luego en un emprendedor mejor. Tuve que pensar maneras novedosas de evitar que me enterraran vivo», escribe en uno de sus bestsellers sobre cómo hacerse millonario, «Nunca tires la toalla» (Ed. Gestión 2000). Ahí describe su entrada en la lista de récords Guinness por ostentar el mayor descalabro económico de la historia. Algunos lo podrían haber llamado «Mister Bancarrotas», por las veces en las que ha declarado en quiebra sus empresas, que no él, para buscar protección legal frente a sus acreedores. «Ha escrito muchos libros sobre negocios, pero casi todos terminan en el capítulo 11 (del Código Federal de Bancarrota)», ha soltado Hillary en más de una ocasión. Entre 1991 y 2005, las compañías poseídas por Trump arrastraron 4.700 millones de dólares en deuda y se acogieron en hasta seis ocasiones al artículo 11, según el portal especializado Politifact. Al declararse en bancarrota, sus empresas eliminaron la obligación legal de pagar la mayoría de sus deudas. «Llevamos rastreando la fortuna de Trump desde hace 34 años. A veces sube y otras baja, y durante la mayor parte de los años noventa se quedó fuera del club de las tres comas (de más de 1.000 millones de dólares)», dicen desde Forbes. Sus salidas de tono le han favorecido y han sido la marca de la casaDaniel Ureña, The Hispanic Council Caer, levantarse, volver a caer y volver a levantarse es el mantra de Donald Trump, un yuppie de los 80 reconvertido en candidato a presidente de Estados Unidos. Quienes han seguido su vida dicen que Trump se está mostrando tal y como es, que es una de sus bazas frente a las medias verdades de los Clinton. «Alcanzar el éxito depende en gran medida de tu habilidad para manejar la presión. Puede parecer un hueso duro de roer, y lo es, pero hay algo que puedes hacer al respecto. Visualízate como un ganador», escribe en ese mismo libro como si se refiriera a la campaña. «Sus salidas de tono y un populismo similar al que en ocasiones escuchamos en Europa le han favorecido y han sido la marca de la casa», agrega Ureña. El conglomerado internacional The Trump Organization representa el principal holding de sus negocios: una lista con siete de sus torres y propiedades más imponentes. Solo sus propiedades en la Gran Manzana valen más de 2.000 millones de dólares y sus campos de golf, 366,6 millones de dólares. El karma le golpeó a Trump en junio, cuando vio como el World Golf Championships, evento celebrado en un campo de golf de Trump en el área de Miami, anunciaba que se trasladaba a Ciudad de México. Tim Finchem, comisionado del PGA Tour, negó que tuviera que ver con sus exabruptos, sino con la retirada del patrocinio de Cadillac, cuyo contrato se acabó este año. «No creo que la idea del muro a los mexicanos proceda de sus frustraciones empresariales. Otra cosa es que quiera volver a una América industrial, no solo de servicios, inserta en la pura globalización. Quiere una América que haga cosas», analiza el profesor de Comillas. Sea cual sea el resultado final, para bien o para mal, la marca Trump ha quedado establecida por mucho tiempo.
07-11-2016 | Fuente: abc.es
Los «donde dije digo, digo Diego» de Hillary y Trump, los candidatos más odiados en EE.UU.
En el segundo debate ni se dieron la mano. Donald Trump ha pedido cárcel para ella y Hillary Clinton le ha acusado a él de no valer para presidente de Estados Unidos, además de sugerir que es un peligro para las mujeres. Parecen enemigos con ideas irreconciliables: Hillary es la progresista y Trump el populista. Según lo dicho en campaña, se puede reconocer con los ojos vendados quién pronuncia una frase u otra, y quién promete una cosa u otra. Solo Trump podría responder «no» a la pregunta de un periodista sobre si el estado de Nueva York debería reconocer el matrimonio gay. Pero en realidad, fue Clinton la que se opuso, al asegurar para la cadena MSNBC que el matrimonio era un vínculo sagrado entre un hombre y una mujer. Desde 2013 lo apoya sin remordimientos. Como también dijo que México es un «problema importante» que EE.UU. debería reforzar la seguridad en las fronteras, y ha votado en numerosas ocasiones para construir una barrera con la que bloquear la entrada de inmigrantes ilegales. La candidata demócrata ha buscado el apoyo de los latinos para esta campaña, insistiendo en que tanto su voto como el de las mujeres podía evitar que llegara Trump a la Casa Blanca. Mirad qué barbaridades dice Donald Trump.. pic.twitter.com/uPyJKcgof9? no sé (@idazten) 19 de octubre de 2016Varios vídeos han recordado estos y otros momentos, como su apoyo a la guerra de Irak, así como su posición más conservadora cuando se batió contra Barack Obama en las primarias de 2008. «Clinton ha cambiado bastante: cuando se enfrentó a Obama representaba al ala más conservadora, en la línea de su marido. Ahora el discurso y la actitud han cambiado hacia la izquierda y lo ha hecho por Bernie Sanders», apunta José María Marco, profesor de Relaciones Internacionales de Comillas Icai-Icade. El veterano senador de Vermont, un fiel aliado de Hillary desde la convención demócrata de julio, ha asegurado que impulsará una legislación liberal con senadores afines con o sin el apoyo de Clinton. «Mi cabeza está con Hillary pero mi corazón con Sanders. Desde Democrats Abroad apoyamos su agenda. Bernie será muy importante desde el Senado, conoce muy bien cómo funciona», apunta a ABC Gil Carbajal, presidente de la rama demócrata en España. «Si no hubiera votado a favor de Bush en la guerra de Irak, que fue el gran error de su carrera, ahora Hillary sería presidenta saliente», agrega. Trump también apoyó la invasión y en la campaña lo ha considerado un error. Según el instituto Pew, el porcentaje de demócratas identificados como más progresistas-liberales (42%) ha aumentado con respecto a los moderados, (38%) en los últimos años. Trump ha insultado a Hillary como a ningún otro oponente en su carrera por la Casa Blanca. Sin embargo, tanto él como su hijo donaron a Clinton en 2002, 2005, 2006 y 2007, y el magnate la invitó a su boda de 2005 con Melania Knauss en Florida, donde se sentó en primera fila, y donó al menos 100.000 dólares a la Fundación Clinton. En esta campaña, el candidato republicano ha asegurado que ella ha sido la peor secretaria de Estado de la historia. «Trump ha hecho que Hillary tenga que responder a ciertas ideas sobre la protección de Estados Unidos de la globalización que ella antes ni se hubiera planteado», incide el profesor experto en la política norteamericana. Así y todo, Juan Verde, el asesor español de la líder demócrata, asegura a ABC que jamás dos candidatos habían sido tan opuestos en la historia. Al mismo tiempo, son los dos con peores valoraciones en décadas. Trump ha prometido derogar desde su primer día de mandato el ?Obamacare?, programa con el que el porcentaje de estadounidenses sin seguro médico se ha reducido hasta ser más bajo que nunca y el aumento del coste ha caído en picado. Quiere hacerlo más efectivo y más barato para las arcas del Estado. Y sin embargo en el pasado, el candidato republicano abogaba por un sistema sanitario similar al prometido por el izquierdista Bernie Sanders. Según recuerda «The Washington Post», ponía de ejemplo el sistema canadiense (financiado por el Gobierno y accesible a todos independientemente de sus ingresos, con servicios completos) cuando se quiso presentar como independiente a finales de los noventa. «Creo en un sistema sanitario universal», comentó a la CNN en 1999, idea que desarrolló en un libro publicado aquel año. En la campaña comentó que se debía castigar a quien abortase y en los noventa se declaró proelección en este tema. En 2001 se volvió a acercar a los demócratas para en 2009 afiliarse al Partido Republicano. Siete años más tarde, con un partido dividido, sin experiencia en política, este «outsider» ha conseguido atraer a una amplia base de estadounidenses que aplauden las medidas populistas para hacer a «América grande de nuevo». El magnate ha dado varios volantazos en temas estratégicos a lo largo de la última década. Como resaltó hace meses The Washington Post, en 2011 Trump apoyaba una revisión «caso por caso» de los inmigrantes documentados para decidir quién debía quedarse y quien debía irse de EE.UU. Dos años más tarde, el magnate se posicionó a favor de una ley impulsada por un grupo de senadores para legalizar a millones de inmigrantes indocumentados. Y ya como precandidato republicano en 2015, llamó a los inmigrantes mexicanos criminales y violadores, prometiendo construir un muro y acometer redadas contra los indocumentados. Luego ha matizado la propuesta de «deportaciones masivas». El Brexit supuso un duro golpe para una de las ambiciones de la UE: el TTIP con EEUU y el CETA con Canadá. Con este ya aprobado, la victoria de Trump supondría un varapalo a la negociación liderada por Obama y la Comisión Europea. Bruselas se ha mostrado dispuesta a trabajar con el nuevo Gobierno estadounidense ?lo antes posible? para sellar el TTIP, ha asegurado el vicepresidente de la Comisión Europea Jyrki Katainen. El Ejecutivo comunitario reconoce, según se señaló en una réplica al eurodiputado español Ramón Valcárcel, que se producirá una «inevitable ralentización del ritmo de las negociaciones» del TTIP. Clinton ha pasado de ser una ferviente defensora del Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) a expresar su desacuerdo con el presidente, Barack Obama, que ve en el pacto una oportunidad de hacer frente a la influencia comercial de China. Además se ha mostrado ambigua con las condiciones del TTIP por el empuje de la agenda de Sanders. [Vídeo: Trump vs. Clinton en cinco asaltos] Trump ha presentado un programa de máximos, con posiciones más aislacionistas y nativistas. Con la gestión de la economía, la principal preocupación de los votantes junto con el terrorismo, se ha mostrado ambivalente y se ha alejado del tradicional mantra republicano de la defensa de los bajos impuestos y no tocar el sueldo mínimo federal. Al inicio de la campaña, aseguró que subiría los impuestos a los más ricos, pero ahora parece se los bajará a los ciudadanos más adinerados, a las empresas y también a aquellos con menos recursos. Estar con la clase media blanca y sufridora de la crisis le ha granjeado grandes apoyos frente a la candidata demócrata y sus «amistades peligrosas» en Wall Street. Clinton se opuso en 2008 a aumentar los impuestos sobre los trabajadores ricos para compensar el déficit de la Seguridad Social, ahora pide una subida del 4% en el impuesto sobre la renta a millonarios. Obama, quien ha atacado duramente al magnate y se ha implicado enormemente en la campaña demócrata en las últimas semanas, ya dijo en las primarias de 2008 que la tenaz Hillary había recibido más dinero de lobbies que cualquier otro senador demócrata o republicano en la historia.
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