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Noticias de relaciones internacionales

01-01-1970 | Fuente: abc.es
El nuevo gobierno de Austria se posiciona contra Merkel
Austria tiene desde hoy un nuevo gobierno que se proclama europeísta, pero demanda mayor papel para los estados nacionales y se aleja claramente de las líneas maestras socialdemócratas de la política europea. La composición del gobierno y el programa exponen voluntad de ruptura con la hegemonía política y cultural de la izquierda habida en Austria a lo largo de prácticamente medio siglo. El nuevo canciller, Sebastian Kurz del Partido Popular (ÖVP), y el vicecanciller Heinz Christian Strache del Partido de la Libertad (FPÖ) presentaban hoy el nuevo gobierno que entre sus principales objetivos tendrá el refuerzo de la seguridad interior y represión de la delincuencia, radical restricción a la inmigración, protección familiar, reforma educativa con el retorno de exámenes y fomento del rendimiento, una general liberalización económica, anuncio de rebajas fiscales y fomento de la inversión. La coalición ha querido tranquilizar a aquellos que dentro y fuera del país temen las intenciones del FPÖ al que muchos tachan de ultraderechista. Queda por ejemplo explícitamente descartado en el programa de gobierno cualquier iniciativa, también un referéndum, para promover la salida de Austria de la Unión Europea. «Austria será un miembro leal que se someterá siempre a las decisiones de la mayoría», dijo el líder de ese partido, el vicecanciller Strache. Las primeras reacciones hablan de una política de pequeños pasos para no asustar a nadie. Pero todas en la dirección ideológica. «Todos en la dirección correcta» que dijo Strache. Reparto de ministerios Adversarios de esta alianza y los socialistas en plena crisis existencial critican que finalmente el FPÖ se haya hecho con los ministerios de Interior, Defensa y Exteriores, aunque la titular de esta cartera es una independiente, experta en relaciones internacionales formada en Israel y EE.UU. que habla siete idiomas. Los intentos del jefe del Estado, Alexander Van der Bellen, de evitar que Interior y Defensa quedaran en manos del FPÖ también han fracasado. Fue toda una señal que la nueva coalición presentara al Gobierno en el monte Kahlenberg que se alza junto a Viena. Allí celebraron misa las tropas cristianas bajo el mando del Rey Sobieski antes de lanzarse sobre las tropas turcas que asediaban la ciudad en 1683. Sonriente, Kurz restaba importancia simbólica al lugar. Clara y unificadora es sin duda la voluntad de poner fin a la política de inmigración de las pasadas décadas. Como de romper con la canciller Merkel en sus intenciones de instaurar cuotas a los países. «La solución a la inmigración ilegal no está en su reparto». Hoy, canciller y vicecanciller dejaban así claro que el grupo de Visegrado de Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia tienen ya un nuevo y firme aliado en su frente contra Merkel.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El prolongado invierno de Súper-K
En el otoño de 1972, Nixon aspiraba a un segundo mandato en la Casa Blanca. Quitándole importancia a ese «robo de tercera» en el edificio Watergate, el presidente alardeaba de haber logrado cambiar la inercia de la Guerra Fría. Mérito al que Henry Kissinger, su gurú internacional, se empeñó en añadir una tentativa solución para la guerra de Vietnam antes de la cita electoral de noviembre. El 8 de octubre de 1972, un soleado domingo de otoño en París, Kissinger y el comunista Le Duc Tho volvieron a negociar. Para romper el hielo, se pusieron a hablar del hipódromo de Auteuil, situado en el Bois de Boulogne y con parte de su trazado cubierto por árboles. Según comentó Kissinger para ganarse a su interlocutor, en ese tramo oculto a la vista del público es «donde los jinetes deciden quién ganará». Descrito por sus admiradores como un león en su prolongado invierno, Kissinger sigue buscando cuatro décadas después toda la complicidad posible para racionalizar sus aportaciones como intelectual y practicante de la diplomacia americana. Además de mantenerse como una referencia casi inevitable para la política exterior de Estados Unidos, incluidas tutorías privadas para Donald Trump, su más reciente alumno. Con un exquisito sentido de la oportunidad ante una inquietante coyuntura global, Súper-K publicó hace tres años el que pasa por ser su último libro: «Orden Mundial». Magistrales reflexiones sobre el carácter de las naciones, el curso de la historia y su creencia en la Realpolitik que empezó a fraguar en Harvard con su tesis doctoral de 1957 sobre la restauración de la paz tras las guerras napoleónicas. En estas reflexiones de salida, no hay ni choque entre civilizaciones a lo Huntington ni un triunfante final de la historia al estilo Fukuyama. Se trata más bien de su gran obsesión: la búsqueda de un equilibrado orden mundial desde el realismo. Sin duda, una visión escéptica de las relaciones internacionales que evita como algo bastante peligroso mezclar política exterior con valores morales. Kissinger, con Margaret Thatcher en 1974 - ABC El modelo de orden mundial que Kissinger considera como arquetipo no es otro que la Paz de Westfalia, negociada en Europa al final de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). A su juicio, las condiciones en el Viejo Continente en mitad del siglo XVII se asemejan llamativamente a las del mundo actual: «Una multiplicidad de unidades políticas, ninguna lo suficientemente poderosa como para derrotar a todas las demás, muchas pegadas a filosofías contradictorias y prácticas internas, en búsqueda de normas neutrales para regular su conducta y mitigar conflictos». Completamente agotados y endurecidos por la batalla, la Paz de Westfalia abandonó sigilosamente viejas formas jerárquicas al uso. Hasta el punto de que, según recuerda Kissinger, en esta escenificación de igualdad absoluta se pusieron de acuerdo para acceder a la sede de negociación a través cada uno de su propia puerta, obligando a la construcción de múltiples entradas. Consagración de los Estados En aquel primer congreso diplomático moderno se adoptaron una serie de principios claros. De todos ellos, el más relevante sería consagrar al Estado -no los imperios, dinastías o religiones- como «bloque constructor del orden europeo». Una base estatal completada con autonomía soberana. El resultado sería «un sistema de Estados independientes que evitan interferir en los asuntos domésticos de otros y que controlan sus ambiciones a través de un equilibrio general de poder». Para Kissinger no hay duda de que el sistema de Westfalia fue un preludio de modernidad. Tanto por su énfasis en «lo práctico y ecuménico» como por establecer un orden basado en «la multiplicidad y la moderación». Y para mediados del siglo XX, la gran prueba de su triunfo es que «ese sistema internacional estaba en vigor en todos los continentes». Como encarnación del paradigma realista, Kissinger ha sido fiel a su pesimismo. Y motivos no parecen faltarle en la actualidad. Ante la brutalidad desatada por el autodenominado Estado Islámico en Irak y Siria, el autor destaca la carencia de «reglas comunes salvo la ley de la fuerza superior». A su juicio, tampoco parece existir alivio en la proliferación de armas de destrucción masiva y las atrocidades genocidas. Una larga lista de amenazas a la que se suman cuestiones como la peligrosa anarquía del ciberespacio, que en su opinión ha «revolucionado las vulnerabilidades» de un mundo cada vez más online y digital. Con un panorama internacional que oscila entre lo problemático y lo catastrófico, Kissinger argumenta que todo el mundo «de forma insistente, a veces casi desesperadamente, busca un concepto de orden mundial» y, sobre todo, equilibrio. Especialmente en un momento de nuestra historia cuando «el caos amenaza por todas partes con una interdependencia sin precedentes». Súper-K despide su libro con un alarde de recato intelectual: «Hace mucho tiempo, en mi juventud, fui lo suficientemente orgulloso como para considerarme capaz de discernir el significado de la historia. Ahora sé que el significado de la historia es una cuestión que debe ser descubierta, no declarada».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Maduro expulsa al embajador de España tras las sanciones de la UE
Las relaciones de Venezuela con España entraron este jueves en su momento más tenso, después de que el Gobierno de Nicolás Maduro declarara «persona non grata» al embajador español en Caracas, Jesús Silva, en respuesta a lo que considera «continuas agresiones y recurrentes actos de injerencia en los asuntos internos» por parte del Ejecutivo español. Maduro dio de esta manera un paso más en la escalada de reacciones a la decisión de la Unión Europea de adoptar un paquete de sanciones contra dirigentes del régimen bolivariano a quien se considera responsables de la represión política en Venezuela. El Gobierno venezolano se muestra convencido de que el principal impulsor de esas medidas en el seno de la UE es el Gobierno de Mariano Rajoy, por lo que sus principales represalias las ha adoptado contra España. Ya el miércoles, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, comunicó que el embajador de Venezuela en Madrid, Mario Isea, había sido llamado a consultas por Maduro ante lo que calificó de «agresión injerencista y colonialista del Gobierno del Reino de España». Desproporción Tras conocer la noticia de la llamada a consultas del embajador, el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, dijo que la consideraba desproporcionada pero, horas después, se encontró con una medida mucho más dura aún desde el punto de vista diplomático: la declaración del embajador español como «persona non grata» lo que suele conllevar su expulsión del país. La expulsión de un embajador se adopta en situaciones de malestar profundo con otro país, algo que no había sucedido nunca entre España y Venezuela, aunque sí se han registrado durante los mandatos chavistas, momentos de llamadas a consultas de los embajadores. De ahí que Dastis, después de conocer la decisión de Maduro, declarara este jueves desde Davos (Suiza) que el Gobierno lamenta la declaración de «persona non grata» del embajador y rechazase las acusaciones de «injerencia». Después añadió que España responderá con «medidas de reciprocidad proporcionadas». No quiso avanzar qué medidas son esas y dio a entender que serán adoptadas este viernes en el Consejo de Ministros al que él llevará un informe con «diversas alternativas». Entre esas medidas podría estar la declaración, a la vez, por parte de España, como «persona non grata», del embajador venezolano o la expulsión de algún otro miembro de la Embajada, aunque en Exteriores no se ha dado ninguna pista sobre el asunto. «Vamos a tratar de actuar con proporcionalidad pero tenemos que aplicar el principio de reciprocidad, que es muy útil en las relaciones diplomáticas, insistió el ministro, quien dijo también que el Gobierno siempre intenta actuar con proporcionalidad, aunque eso ?ironizó? es algo que Maduro «no conoce». Dastis recordó que las sanciones fueron adoptadas por los 28 países de la UE «por unanimidad», y aunque dijo que hablará con sus socios europeos sobre el asunto, dejó claro que Venezuela ha planteado el problema de forma bilateral con España y que la respuesta tiene que ser también bilateral. Fuentes diplomáticas consultadas por ABC indicaron que Maduro habría decidido actuar enérgicamente contra España, para contentar a los sectores más duros del régimen, entre ellos el influyente «número dos» Diosdado Cabello. Algunos de ellos, afectados por las sanciones, tienen a sus hijos estudiando en Europa y les supone un problema no poder viajar a territorio comunitario. El régimen de Maduro ha culpado abiertamente a España de ser el impulsor de las medidas comunitarias y ha ido más allá, recordando la visita que el jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, realizó en septiembre de 2017 a Estados Unidos y en la que, según Caracas, accedió a «recibir infames instrucciones y someterse a sus designios con respecto a Venezuela, comprometiéndose a asumir el liderazgo de la conspiración en Europa». «Instrucciones de EE.UU.» La reciente visita que Thomas Shannon, subsecretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado norteamericano, hizo a Madrid, no ha hecho más que alimentar la idea que las autoridades venezolanas tienen de que el Gobierno español actúa siguiendo instrucciones de Washington, según las citadas fuentes diplomáticas. Según las autoridades venezolanas, Rajoy accedió a las peticiones del presidente estadounidense, Donald Trump, «a cambio de inconfesables beneficios políticos y económicos para provecho particular de una parte de la cúpula que gobierna España». Cataluña Y tras lanzar distintas acusaciones al Gobierno español, entre ellas la de «secuestrar el derecho a decidir del pueblo catalán», insistieron, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, en que Venezuela no aceptará la intromisión de «gobiernos subordinados con desesperante nostalgia colonial». Pese a los continuos ataques del régimen bolivariano, Dastis trató este jueves de no cortar todos los hilos de la relación con Caracas, asegurando que España seguirá intentando «ayudar a acabar con la situación lamentable en que se encuentra el pueblo venezolano» por «todas las vías que se pueda». Y sobre el diálogo abierto con la oposición, señaló que lo que se necesita es que el Gobierno de Maduro «no se limite a hacer promesas, sino que las cumpla». No obstante, se mostró «escéptico» sobre la posibilidad de que se alcancen resultados. El secretario de Relaciones Internacionales del PSOE, Héctor Gómez, consideró injustificada la medida y pidió trabajar con prudencia e inteligencia para restituir las relaciones. Ciudadanos preguntó si se responderá declarando persona «non grata» al embajador venezolano y fuentes de Podemos, citadas por Efe, afirmaron: «No echaremos más leña al fuego. Queremos las mejores relaciones diplomáticas entre Venezuela y España». Insultos de Maduro a España «España es uno de los países más desiguales de Europa (..) secuestra el derecho a decidir de Cataluña» «Ponte a cuatro paticas, compadre, este pueblo te va a dar pela (una paliza)». «El Gobierno español no tiene moral y sí presos políticos, persigue al pueblo de Cataluña» «Mariano Rajoy tiene una actitud intervencionista, racista y colonial» «Rajoy pertenece a una banda de corruptos. Casi todos sus compañeros están enjuiciados o presos» «Otro sicario de Europa es Rajoy. Son sicarios. Rajoy es un sicario del pueblo»
01-01-1970 | Fuente: abc.es
May busca en China un aliado comercial tras el Brexit
El Gobierno británico continúa su búsqueda de aliados comerciales para cuando el Reino Unido esté fuera de la Unión Europea. La primera ministra, Theresa May, ha comenzado este miércoles su viaje de tres días a China con ese objetivo: impulsar y afianzar las relaciones y la inversión entre ambos países. La visita es de vital importancia para el Gobierno británico. Por eso, la comitiva la componen -aparte de la propia May y su marido Phillip- el secretario de Estado de Relaciones Internacionales, Liam Fox, y varios de los principales empresarios de Reino Unido. Durante su reunión con el primer ministro chino, Li Keqiang, la «premier» británica elogió los vínculos comerciales entre las dos naciones, «ya está en niveles récord con valor de más 59.000 millones de libras (70.000 millones de euros)». El encuentro, previo al de Theresa May con el presidente Xi Jinping, se realizó en el Gran Salón del Pueblo de Pekín. Ambos mandatarios constataron las buenas relaciones existentes entre los dos países. May insistió en que, aunque «las exportaciones británicas a China han crecido más del 60% desde 2010 y Reino Unido ya es uno de los mayores receptores europeos de inversión extranjera directa china», todavía se pueden lograr acuerdos muchos más beneficiosos. Preguntada si China podría convertirse en el mejor socio de Gran Bretaña tras el Brexit, la primera ministra se limitó a utilizar su frase estándar para este tipo de casos: «Una vez fuera de la UE podremos operar una política comercial independiente y firmar acuerdos con países de todo el mundo, queremos ser una Gran Bretaña global». En esta visita estratégica también está previsto que se firmen diferentes acuerdos comerciales importantes que entren en vigor lo antes posible. Se trata de llegar a tratos por valor de más de «9.000 millones de libras», al mismo tiempo que se acuerde «abrir el mercado chino para permitir que nuestra gran experiencia en servicios financieros británicos llegue a más consumidores chinos», confirmaba May. Inversiones en China El Reino Unido buscará además invertir en diversas empresas chinas con la intención de establecer así un fuerte vínculo para cuando el país se encuentre fuera del bloque comunitario. Gigantes como Alibaba (una de las empresas principales del país), China Mobile o la petrolera Sinopec (número 25 en la lista de empresas mundiales de Forbes) podrían ser los destinatarios de la inversión británica en los próximos años, algo que Londres quiere impulsar cuanto antes para tener cerrados acuerdos más allá de 2019. May realiza este viaje en plena tormenta política, tras la revelación de un informe realizado por técnicos de su Gobierno en el que se confirma que el Brexit afectará negativamente a Gran Bretaña sea cual sea el escenario final que se adopte. Durante el vuelo y en respuesta a las preguntas sobre si tiene pensado dimitir, ante las críticas internas dentro de su partido, la primera ministra aseguró que no es una «desertora» y que «antes que nada, estoy sirviendo a mi país y a mi partido. Aún queda un trabajo a largo plazo por hacer».
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