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Noticias de recesion economica

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Obama acaba con la acogida de balseros y lleva más desánimo a Cuba
Ocho días antes de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama apuntaló su legado en la política hacia Cuba que su sucesor, Donald Trump, ha amenazado con revertir. El presidente saliente de Estados Unidos anunció el jueves el fin de la política migratoria conocida como «pies secos/pies mojados», que permitía quedarse legalmente en el país a los cubanos que lograban llegar a tierra, mientras que eran devueltos a la isla los balseros interceptados en el mar en precarias embarcaciones. Al mismo tiempo, la Administración Obama elimina el programa Parole, que la dictadura cubana tacha de «robo de cerebros» por aceptar a médicos cubanos en su huida hacia un futuro más prometedor que un salario medio de unos 64 dólares al mes. Las últimas medidas del presidente demócrata han sido bien recibidas por el Gobierno de Raúl Castro, pero con opiniones encontradas en la isla y en el exilio. Los más pesimistas temen que se agudice la crisis social, que Cuba se convierta en una olla a presión a punto de estallar y aumente la represión. Josefina Vidal, directora para EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, calificó el acuerdo alcanzado entre ambos países ?después de más de un año de negociaciones? como «un importante paso en el avance de la relaciones bilaterales», dirigido a «garantizar una migración regular, segura y ordenada». La Habana se compromete a recibir a todos los deportados por tratar de entrar ilegalmente y a «garantizar el derecho a viajar y emigrar de los cubanos y de regresar al país», según establece la ley migratoria de enero de 2013. «Elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones» «Es una noticia terrible para el pueblo cubano», subraya a ABC José Azel, investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. El analista cubanoamericano ve «lógico» que Obama suprima una política adoptada con la crisis de los balseros de 1995, una vez que ambos países han restablecido sus relaciones diplomáticas. Sin embargo, cree que el acuerdo perjudica a los ciudadanos de la isla porque «elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones». Azel pronostica además un aumento de la represión en Cuba. De hecho, la disidencia está sufriendo un repunte de los hostigamientos desde la muerte de Fidel Castro el pasado 25 de noviembre; con numerosas detenciones, por unas horas o de más de un mes, como es el caso del médico Eduardo Cardet o del artista Danilo Maldonado («el Sexto»). «Se terminó la última esperanza para el balsero», señaló a Efe el director del portal digital cubanet.org, Hugo Landa, quien precisamente llegó a Miami con el éxodo del Mariel en 1980. La periodista independiente Miriam Leiva está convencida de que el castrismo «fomenta» bajo cuerda las salidas ilegales para reducir la «presión social» y mantener su «inmovilismo», en un momento de recesión económica (0,9% del PIB en 2016) y «falta de oportunidades para los jóvenes». Leiva observa en La Habana «más desesperanza» entre ciudadanos que piensan que «la única alternativa para mejorar es marcharse a EE.UU.». Muchas familias venden sus pertenencias, hacen «inmensos sacrificios» para que sus hijos puedan emigrar al país vecino, «progresen y les garanticen una vejez digna». Centenares de cubanos se han quedado ahora varados en Centroamérica o México antes de cumplir su sueño de llegar a EE.UU. y después de venderlo todo. Una olla a presión La exdiplomática cubana teme que su país se convierta «en una olla a presión; la presión que hay es grande». Sin embargo, ve una oportunidad para que el Gobierno de Raúl Castro haga «cambios reales y permita la participación del pueblo en la vida política, económica y social del país». «Tiene que darle una salida al pueblo, sino se agudizaría la situación social y política, no solo la económica. Las opciones son apertura o represión», remata. Desde Madrid, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) consideró que la Casa Blanca «ha pasado por alto la ausencia de libertades y de Estado de Derecho en Cuba» al adoptar una medida que «afectará a la vida de cientos de miles de cubanos».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Obama acaba con la acogida de balseros y lleva más desesperanza a Cuba
Ocho días antes de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama apuntaló su legado en la política hacia Cuba que su sucesor, Donald Trump, ha amenazado con revertir. El presidente saliente de Estados Unidos anunció el jueves el fin de la política migratoria conocida como «pies secos/pies mojados», que permitía quedarse legalmente en el país a los cubanos que lograban llegar a tierra, mientras que eran devueltos a la isla los balseros interceptados en el mar en precarias embarcaciones. Al mismo tiempo, la Administración Obama elimina el programa Parole, que la dictadura cubana tacha de «robo de cerebros» por aceptar a médicos cubanos en su huida hacia un futuro más prometedor que un salario medio de unos 64 dólares al mes. Las últimas medidas del presidente demócrata han sido bien recibidas por el Gobierno de Raúl Castro, pero con opiniones encontradas en la isla y en el exilio. Los más pesimistas temen que se agudice la crisis social, que Cuba se convierta en una olla a presión a punto de estallar y aumente la represión. Josefina Vidal, directora para EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, calificó el acuerdo alcanzado entre ambos países ?después de más de un año de negociaciones? como «un importante paso en el avance de la relaciones bilaterales», dirigido a «garantizar una migración regular, segura y ordenada». La Habana se compromete a recibir a todos los deportados por tratar de entrar ilegalmente y a «garantizar el derecho a viajar y emigrar de los cubanos y de regresar al país», según establece la ley migratoria de enero de 2013. «Elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones» «Es una noticia terrible para el pueblo cubano», subraya a ABC José Azel, investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. El analista cubanoamericano ve «lógico» que Obama suprima una política adoptada con la crisis de los balseros de 1995, una vez que ambos países han restablecido sus relaciones diplomáticas. Sin embargo, cree que el acuerdo perjudica a los ciudadanos de la isla porque «elimina esa válvula de escape de la opresión y las deplorables condiciones económicas para una juventud sin aspiraciones». Azel pronostica además un aumento de la represión en Cuba. De hecho, la disidencia está sufriendo un repunte de los hostigamientos desde la muerte de Fidel Castro el pasado 25 de noviembre; con numerosas detenciones, por unas horas o de más de un mes, como es el caso del médico Eduardo Cardet o del artista Danilo Maldonado («el Sexto»). «Se terminó la última esperanza para el balsero», señaló a Efe el director del portal digital cubanet.org, Hugo Landa, quien precisamente llegó a Miami con el éxodo del Mariel en 1980. La periodista independiente Miriam Leiva está convencida de que el castrismo «fomenta» bajo cuerda las salidas ilegales para reducir la «presión social» y mantener su «inmovilismo», en un momento de recesión económica (0,9% del PIB en 2016) y «falta de oportunidades para los jóvenes». Leiva observa en La Habana «más desesperanza» entre ciudadanos que piensan que «la única alternativa para mejorar es marcharse a EE.UU.». Muchas familias venden sus pertenencias, hacen «inmensos sacrificios» para que sus hijos puedan emigrar al país vecino, «progresen y les garanticen una vejez digna». Centenares de cubanos se han quedado ahora varados en Centroamérica o México antes de cumplir su sueño de llegar a EE.UU. y después de venderlo todo. Una olla a presión La exdiplomática cubana teme que su país se convierta «en una olla a presión; la presión que hay es grande». Sin embargo, ve una oportunidad para que el Gobierno de Raúl Castro haga «cambios reales y permita la participación del pueblo en la vida política, económica y social del país». «Tiene que darle una salida al pueblo, sino se agudizaría la situación social y política, no solo la económica. Las opciones son apertura o represión», remata. El opositor Manuel Cuesta Morúa sostiene por su parte que la última decisión de Obama respecto a Cuba es un «primer paso hacia la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano (1996)». «Es una medida controvertida, tomada en un momento en el que Obama deja la presidencia, pero ciertamente es una política situada en los intereses de ambos estados. Hay que asegurar que los cubanos lleguen a EE.UU. de la manera en que deben llegar: legalmente», añadió en unas declaraciones a Efe el líder de Arco Progresista. La política de «pies secos/pies mojados», en lugar de afectar al régimen cubano, a su juicio lo que hace es «aliviar» y «estimular la entrada de remesas»; aunque significa un «fracaso del modelo» porque pone en cuestión el abandono de una revolución que supuestamente «ha favorecido tanto a los cubanos». Desde Madrid, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) consideró que la Casa Blanca «ha pasado por alto la ausencia de libertades y de Estado de Derecho en Cuba» al adoptar una medida que «afectará a la vida de cientos de miles de cubanos». Este grupo hace hincapié, en un comunicado, en que la Administración Obama tomó esta última decisión «en un contexto de recrudecimiento de la represión».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump tomará posesión con la mitad de popularidad que Obama
La impopularidad de Donald Trump es incuestionable. Las últimas encuestas publicadas sitúan a los estadounidenses en contra de su nuevo presidente, con datos que no se habían registrado nunca en la historia moderna del país: el magnate tomará posesión con la mitad de respaldo que Barack Obama (44% frente al 83%, según datos de Gallup) y es el primer presidente en 40 años que accede al cargo con más rechazo que apoyo de la opinión pública. Sin embargo, no todos los datos son negativos para Trump. El nuevo inquilino de la Casa Blanca, aunque no resulte simpático, se presenta con una imagen de eficacia y resolución que le puede beneficiar en su gestión, si convierte en realidad sus promesas económicas y de lucha contra el terrorismo. Son los únicos asuntos en los que una mayoría clara, en torno al 60%, confían en su buen hacer. Los sondeos publicados vienen a confirmar que el nuevo mandatario llega al Despacho Oval muy desgastado. Méritos ha hecho. Su larga campaña de insultos y descalificaciones, que ha mantenido durante la etapa de transición, demostrando que es parte de su forma de ser pero que disgusta a amplias capas de la población, le ha granjeado una amplia antipatía. Y no sólo entre los sectores más liberales o de izquierda. La última encuesta, difundida ayer por «The Washington Post», refleja que sólo cuatro de diez respaldan al controvertido líder. Mientras que un 54% lo rechazan. El sondeo de Gallup arrojaba un 44%-51%. Un repaso a las últimas cuatro décadas permite compararlo con Ronald Reagan (1981-1989), que para muchos es quien más puede asemejarse al neoyorquino, por ser el más «outsider»: un actor de Hollywood que, aunque hubiera tenido experiencia como sindicalista en el mundo del cine, era visto como un advenedizo. El caso Bush Tampoco George W. Bush (2001-2009) lo tenía fácil ante una parte de los estadounidenses, el siguiente presidente con menos apoyo, que ya había sufrido previamente el deterioro de 36 días de bronca política por el puñado de votos que se disputaban en Florida para dilucidar la Presidencia, frente al demócrata Al Gore. A pesar de ello, Bush tomó posesión con un 61% de popularidad, más de veinte puntos por encima de la que acumula Trump. Del resto de presidentes de las últimas cuatro décadas, todos aprobaban ante la opinión pública de forma holgada cuando llegaron al poder: Jimmy Carter (1977-1981), con un 78%; George W. H. Bush (1989-1993), con un 65%, y Bill Clinton (1993-2001), con un 68%. Obama, con la mayor popularidad de la historia reciente (83%), ni siquiera estaba mal visto entre los votantes republicanos, que le otorgaban una media del 62% cuando desembarcó en la Casa Blanca. Pero también es evidente que Trump se presentará el viernes ante los estadounidenses con una reconocida imagen de buen gestor. Las virtudes que la opinión destaca de él vienen a coincidir con el perfil de candidato que demandaban en la campaña electoral, con decisión y ejecutivo. Y con la economía y la seguridad como grandes preocupaciones. Son los asuntos para los que los norteamericanos confían en Trump. Puntos fuertes Una mayoría de estadounidenses creen que el nuevo presidente hará «un buen o excelente trabajo» en gestión económica (61%), creación de empleo (59%) y lucha contra la amenaza terrorista (56%). Son los puntos fuertes de un presidente que deberá avalar esa expectativa con hechos. En materia de empleo no lo tendrá fácil, ya que el 4,6% de tasa de paro que deja Obama es la más baja desde antes de la recesión económica. Los asuntos de gestión en los que Trump sale peor parado ante los estadounidenses son, por este orden, los relacionados con las mujeres (37%), las cuestiones raciales (40%), la reforma sanitaria y las crisis internacionales (44%). Su reciente enfrentamiento con la OTAN y la Unión Europea no está ayudando precisamente a una mejora de la imagen del nuevo presidente. En cuanto a la cuestión sanitaria, la anunciada supresión o sustitución del Obamacare, el sistema de cobertura mediante seguros, genera inquietud en sus beneficiarios.
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