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Noticias de recep tayyip erdogan

15-10-2018 | Fuente: abc.es
Investigadores entran en el consulado saudí para buscar al periodista presuntamente descuartizado
Investigadores turcos y saudíes han entrado este lunes en el consulado de Arabia Saudí en Estambul para investigar la desaparición del periodista opositor saudí Jamal Khashoggi, informa el canal CNNTürk. El registro se produce de forma conjunta con un equipo saudí, una decisión que se tomó tras la conversación telefónica anoche entre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el rey saudí, Salman bin Abdulaziz, según la misma fuente. En esta conversación, Erdogan subrayó la importancia de una investigación conjunta de lo sucedido el pasado 2 de octubre cuando el periodista desapareció durante una visita al consulado saudí. Según se ha denunciado estas semanas, el cuerpo de Khashoggi fue desmembrado en el interior del consulado.
15-10-2018 | Fuente: abc.es
Los investigadores turcos entran por primera vez en el consulado saudí
Dos semanas después de la desaparición de Jamal Khasoggi, el equipo de investigación conjunta turco saudí accedió al interior del consulado de Arabia Saudí en Estambul. Después de un fin de semana de tiras y aflojas entre los dos países, la conversación telefónica mantenida por el presidente Recep Tayyip Erdogan con el rey Salmán fue la luz verde definitiva para este registro del edificio que el Gobierno de Ankara solicitaba desde el 2 de octubre, día en el que se vio entrar al periodista, pero no salir. Poco antes de la llegada de los investigadores, un equipo de limpieza accedió a la legación por la puerta principal, frente a la que decenas de periodistas hacen guardia a la espera de conocer nuevos detalles sobre este caso que ha generado conmoción mundial. Algunos de los informadores no ocultaron su sorpresa al ver que el equipo que accedió al consulado no llevaba ningún tipo de material especial en sus manos para desarrollar su trabajo. Fuentes turcas filtran cada día novedades a la prensa que refuerzan la hipótesis de que Khasoggi, una voz crítica con la casa real saudí que desde hace un año vivía autoexiliado en Estados Unidos, fue asesinado. Los saudíes, sin embargo, niegan categóricamente cualquier implicación en la desaparición y así se lo transmitió el propio rey a Erdogan y a Donald Trump. El presidente estadounidense, que durante la semana amenazó con imponer sanciones a su gran aliado en la región si se demostraba que tenía algún papel en la desaparición, cambió de opinión de forma radical tras esta conversación. Ante la «negativa muy, muy fuerte» del monarca, Trump aseguró que «me sonó como que tal vez esto debió ser obra de asesinos del hampa. ¿Quién sabe?». El magnate estadounidense apuntó a «elementos incontrolables» y envió de forma inmediata a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a Riad para hablar directamente con el rey. Khasoggi no es el primer periodista saudí desaparecido en el último año ?Reporteros Sin Fronteras denuncia al menos otros dos casos-, pero la forma en la que se ha producido y el nivel de popularidad alcanzado tras convertirse en columnista de The Washington Post, han hecho que el caso despierte atención mundial. Las sospechas vertidas sobre los saudíes han provocado la desbandada internacional de la próxima conferencia Future Investment Initiative, que se celebrará entre el 23 y 25 de octubre en Riad y que también se conoce como el "Davos del desierto". El presidente del Banco Mundial, así como varios medios de comunicación, como las cadenas estadounidenses CNBC y CNN y la agencia Bloomberg, o el diario The New York Times han anunciado que cancelan sus asistencia. A la espera de conocer los resultados del registro, fuentes oficiales turcas anónimas insistieron a la agencia Reuters en que disponen de audios que demuestran que Khasoggi fue asesinado en el interior del consulado, aunque no ofrecieron más detalles. Analistas cercanos a la casa real saudí, como Khalad Ahmad Al Habtoor, pidieron en Twitter «paciencia hasta el final de la investigación» y acusaron a los medios internacionales de «ofrecer versiones que parecen sacadas de películas de Hollywood». A nivel doméstico, las autoridades saudíes informaron de que la pena por «difundir rumores o noticias falsas en las redes» puede acarrear hasta cinco años de prisión.
09-10-2018 | Fuente: abc.es
Turquía pide registrar el consulado saudí en busca del periodista presuntamente asesinado
El Gobierno de Turquía ha pedido permiso a Arabia Saudí para poder registrar el consulado de ese país en Estambul, en el marco de la investigación policial sobre la desaparición del periodista saudí Jamal Khashoggi, el martes pasado, tras entrar en la legación, informa este martes el diario turco Hürriyet. El viceministro de Exteriores turco, Sedat Önal, citó ayer al embajador saudí, Walid bin Abdulkarim Al Khereiji, para que compareciera en su Ministerio con el fin de transmitirle la petición formal de efectuar el registro. Según el rotativo, el jefe de la diplomacia turca indicó al embajador que esperaba «plena cooperación» por parte del reino wahabí. Es la segunda vez que el Gobierno turco cita al máximo representante de Riad en Turquía, que ya tuvo que acudir al Ministerio el jueves pasado para dar explicaciones sobre el caso de Khashoggi, un periodista crítico con la situación en su país que vivía exiliado en Estados Unidos. Ankara ha confirmado que Khashoggi, que se hallaba en Estambul para preparar la boda con su novia turca, entró el martes en el consulado saudí y no volvió a salir, pero no ha hablado hasta el momento de sospechas concretas sobre qué pudo haber sucedido. Asesinado en el consulado Sin embargo, el periodista turco Turan Kislakçi, amigo personal de Khashoggi y dirigente de la Asociación de prensa turco-árabe, aseveró ayer que su colega saudí fue asesinado en el consulado y que la noticia estaba «confirmada», aunque no aclaró sus fuentes. En declaraciones al diario Hürriyet, Kislakçi añadió hoy que el cadáver de Khashoggi fue troceado y posteriormente sacado del consulado por un equipo de 15 agentes saudíes. La agencia de noticias semipública turca Anadolu informó hace varios días de que la policía investigaba la pista de un equipo de 15 ciudadanos saudíes que habían llegado en dos vuelos a Estambul, que se hallaban en el consulado al mismo tiempo que el periodista y que regresaron a su país poco después. No obstante, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se limitó a afirmar, ayer, que seguía atentamente «el caso». El consulado saudí de Estambul rechazó el domingo de forma «tajante» la acusación de que las autoridades de Riad estarían implicadas en el supuesto asesinato, que calificó de «infundada». La ONG pro derechos humanos Aministía Internacional (AI) ha declarado que de confirmarse que es cierto el asesinato de Khashoggi en el consulado, que es territorio saudí, equivaldría a una «ejecución extrajudicial». AI ha pedido a las autoridades turcas que hagan públicos los resultados de su investigación.
08-10-2018 | Fuente: abc.es
Denuncian que el periodista crítico desaparecido fue descuartizado en el consulado de Arabia Saudí
Turquía quiere pruebas que certifiquen que Jamal Khashoggi abandonó el consulado de Arabia Saudí en Estambul. Una semana después de la desaparición del periodista, el presidente Recep Tayyip Erdogan reclamó a los saudíes las pruebas que sirvan para respaldar su versión de los hechos, según la cual Khashoggi habría abandonado la legación tras realizar un trámite burocrático, ya que «ese fue el último lugar en el que se vio con vida». La Policía turca y amigos personales del desaparecido denuncian que fue asesinado dentro del edificio. Turan Kislakci, responsable de la asociación de prensa turco árabe, declaró que fuentes policiales le confirmaron que «su cuerpo fue desmembrado». El caso de este periodista de 59 años, crítico con la monarquía de Riad y que desde hace un año vive auto exiliado en Estados Unidos, donde colabora como columnista con The Washington Post, tensa la complicada relación entre Turquía y Arabia Saudí, que ofrecen versiones totalmente distintas de los hechos y que ya se encuentran distanciados por la crisis de Catar, en la que Ankara apoya al pequeño emirato. Poco antes de las palabras de Erdogan, las autoridades turcas pidieron de forma oficial registrar el consulado. El viceministro de Exteriores, Sedat Önal, citó al embajador saudí, Walid bin Abdulkarim Al Khereiji, para que compareciera en su Ministerio con el fin de transmitirle esta petición y solicitar «plena cooperación» en la investigación. El diario The New York Times informó de que un día antes de su visita a Estambul, donde viajó con el objetivo de conseguir los documentos del divorcio para poder así casarse con su prometida turca, Khashoggi comió en Londres con dos amigos. El tema central de conversación fue el contenido de su última columna de opinión que tituló «Todo el mundo tiene miedo» y estaba dedicada a la falta de libertad de expresión en el mundo árabe. Pese a las advertencias sobre el peligro que podía correr, el periodista acudió al consulado tras haber solicitado una cita previa, y tranquilizó a sus compañeros de mesa diciendo que «los funcionarios son ciudadanos saudíes ordinarios, y la gente ordinaria en mi país es buena gente». Una semana después nadie sabe dónde se encuentra. Amnistía Internacional (AI) mostró su preocupación por el paradero del periodista y señaló que, de confirmarse que es cierto el asesinato en el consulado, que es territorio saudí, equivaldría a una «ejecución extrajudicial». Silencio de Estados Unidos A la espera de poder resolver el misterio sobre el paradero de Khashoggi, la Casa Blanca guarda silencio ante un caso que salpica directamente al príncipe Mohamed Bin Salman, uno de sus grandes aliados regionales. El joven heredero al trono compareció el viernes ante los micrófonos de Bloomberg para defender la versión oficial saudí. «Según tengo entendido, entró y salió después de unos minutos o una hora. No estoy seguro, pero no tenemos nada que esconder», apuntó el auténtico hombre fuerte del país y una de las figuras más criticadas por el periodista desaparecido en sus artículos debido al exceso de poder que concentra en sus manos. Pese a la imagen exterior de aperturista y reformista, Bin Salman ha encarcelado en los últimos meses a decenas de activistas de los derechos humanos y dirige una guerra en Yemen en la que, según los informes de la ONU, su Ejército podría estar cometiendo «crímenes de guerra». Sin embargo, ha sabido comprar a base de contratos millonarios el silencio de Occidente que no solo no critica su gestión, sino que mantiene vigentes los contratos de ventas de armas pese a las recomendaciones del organismo internacional.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Brasil busca este domingo un camino que puede reflotarlo o socavar aún más la profunda crisis económica y política en que se ha sumergido en los últimos cuatro años, tras el estallido de un gigantesco escándalo de corrupción, que derribó a la última presidenta electa, Dilma Rousseff, y llevó a la prisión al mayor líder político del país, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Con un país dividido entre los que detestan a Lula y su Partido de los Trabajadores (PT), los que le tienen verdadera pasión y los están en el medio de esa tormenta, más de 147 millones de brasileños votarán en 5.570 municipios de 27 estados, en uno de los comicios más dramáticos desde 1990, cuando realizó su primera elección directa después de tres décadas de dictadura. Los brasileños elegirán no sólo al presidente, sino también gobernadores, senadores y diputados, representantes de 27 estados. Serán 556.000 urnas electrónicas en Brasil y en 171 localidades en el resto del mundo, en la que representa una de las mayores elecciones globales y de las más modernas, donde la última novedad es que más de 87 millones votarán biometricamente, identificados por la impresión digital, y usando una aplicación en el móvil sin necesidad de documento de papel. En un escenario muy imprevisible, los dos favoritos a ir a una segunda vuelta el 28 de octubre son el ultraderechista Jair Bolsonaro, con un 35% en los sondeos, y el filósofo petista, Fernando Haddad, con un 22%. El empuje con el que ha crecido en el último mes, después de un atentado que casi le quitó la vida, puede impulsar a Bolsonaro a llevarse la elección en una primera vuelta, como buscan sus militantes, tratando de anular el fuerte rechazo del 45%, fomentado principalmente por mujeres y la campaña #EleNão (Él no). Para vencer en primera ronda son necesarios más del 50% de los votos. Polarización El exmilitar y Haddad son los representantes de una polarización concentrada en la imagen de Lula y su partido, que gobernó el país durante 13 años, dejando el recuerdo de una euforia con una economía pujante e importantes conquistas sociales que situaron a Brasil en un inusual puesto de vanguardia internacional. El colofón de esos tiempos, protagonizados por Rousseff, dejó también la marca de un país emergente que dejó de lado sus prioridades para despilfarrar fondos en los estadios del Mundial de Fútbol 2014 y en la organización de la Olimpiada Río 2016, una ilusión que se desbarató con los escándalos de la estatal Petrobras y un cartel de constructoras, salidos a la luz hace cuatro años. «Independientemente del resultado, el vencedor de esta elección ya es Bolsonaro, porque fue quien pautó el debate. El eje de la discusión se dislocó hacia la derecha, inflamando aún más el debate estructural», explica Fabio Luis Barbosa dos Santos, doctor en Historia Económica de la Universidad de São Paulo (USP). En tercer lugar en las encuestas está el laborista Ciro Gomes, soñando con un viraje que a estas alturas, con un 11%, sería espectacular. Gomes es exministro de Lula y uno de los economistas que detuvo la hiperinflación en la década de 90, depende de una unión de los electores de centro, por un «voto útil», que abandonarían en el camino a otros dos prestigiosos políticos, el socialdemócrata, Geraldo Alckmin, con el 10%, y la ambientalista Marina Silva, que se ha desplomado en un mes, del 16% al 4%. Puede sorprender por ser el único capaz de vencer a Bolsonaro en los sondeos de segunda vuelta. Operación Lavacoches La corrupción revelada por la Operación Lavacoches, encabezada por una red de jueces, fiscales y la Policía Federal, salpicó a políticos de los partidos más importantes: el PT, un viejo abanderado de la ética, el socialdemócrata PSDB y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del actual presidente, Michel Temer, el más impopular de la historia, con un 4%. Las investigaciones llevaron a la cárcel en abril de este año a Lula, que pese a las condenas y acusaciones por corrupción y blanqueo de fondos, era el favorito para vencer en los comicios con un 39% de los votos, que registraba hasta el mes pasado, cuando la Corte Electoral (TSE) le prohibió definitivamente su candidatura. En medio de esas frustraciones surgió el candidato alternativo Bolsonaro, un excapitán del Ejército, por el diminuto Partido Social Liberal (PSL), que con un discurso machista, homofóbico y racista, ha conquistado una importante base de electores que no quieren al PT de vuelta. «Bolsonaro es la respuesta de una sociedad asustada. Quien está sin trabajo tiene miedo del hambre, y quien trabaja, tiene miedo del desempleo. Todos tienen miedo de la violencia y también, miedo de la policía», escribe Luis Barbosa. Una guerra sucia El líder nacionalista, autoritario y que llegó a ser entusiasta del chavismo, de la estatalización y se ha convertido en un liberal de última hora, ha crecido exponencialmente en la ruina brasileña, que en los últimos cuatro años ha visto resurgir el desempleo, la recesión económica y ha perdido el orgullo de ser brasileño, ante la repercusión internacional de los escándalos de corrupción, que dejaron huellas por el mundo. La violencia es otro de los grandes problemas del país. Con más de 62 mil asesinatos en el último índice de seguridad pública, el discurso de Bolsonaro, favorable a la liberación de las licencias de armas y la reducción de la edad mínima penal, ha encontrado eco entre electores que buscan salidas simples para problemas más complejos, como deficiencias educacionales, en la sanidad, en el transporte y en la falta de viviendas dignas, con más de 100 millones de brasileños sin acceso a saneamiento básico. Para Barbosa, Bolsonaro promete el orden por la truculencia, en un contexto de desprestigio de los movimientos sociales y de la política tradicional, así como ocurrió con Donald Trump en EE.UU., con Recep Tayyip Erdogan, en Turquía, o con el recrudecimiento del fascismo en Italia. Con una campaña que ha salido de la tradicional propaganda de televisión para crecer en redes sin control, especialmente en WhatsApp, la distribución de noticias falsas se ha alimentado ferozmente, llevando a incidentes violentos, especialmente entre los electores de Bolsonaro. El incidente más grave fue la puñalada contra Bolsonaro, el pasado 6 de septiembre, dada por un albañil aparentemente desequilibrado. Días antes, Bolsonaro pedía a sus correligionarios que «acribillasen a petistas». Lo cierto es que Brasil está en una encrucijada entre el petismo y el antipetismo. «Cualquier gobierno que venga será inestable, como fue (Fernando) Collor», compara Barbosa, recordando al independiente electo en 1990, que cayó tras solo dos años en el poder por una investigación del Congreso.
29-09-2018 | Fuente: abc.es
Erdogan acusa a Alemania de proteger a terroristas turcos durante su visita oficial
La visita de Recep Tayyip Erdogan a Alemania está resultando una civilizada bronca entre el presidente turco y la canciller alemana que colapsa la capacidad de sus equipos diplomáticos. En el banquete de gala celebrado anoche en el Palacio de Bellevue, ofrecido a regañadientes por el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier y al que declinó asistir Angela Merkel, Erdogan abochornó a los alrededor de 120 invitados con acusaciones ante las que solo cabía un silencio tenso y por momentos humillante. «¿Cómo es posible que los terroristas campen por este país?», improvisó sobre su discurso escrito el presidente turco, afeando al presidente de Alemania que propagase «información falsa». Unos minutos antes, Steinmeier se había lavado las manos respecto a los agasajos presidenciales al controvertido presidente turco y había recordado, ya en los postres, a los periodistas y sindicalistas turcos encarcelados. El discurso sirvió de trapo rojo contra el que Erdogan envistió haciendo temblar la vajilla imperial salida de las vitrinas para la ocasión. «El PKK (organización kurda prohibida) está presente en Alemania, con miles de miembros paseando tranquilamente por las calles. Caminan con grandes fotos del feje de la organización terrorista por importantes avenidas. ¿Cómo es que se permite?», increpó, «¿es correcto que esas personas que mataron a miles entre nosotros puedan caminar despreocupados entre vosotros?». Y cuando algunos de los comensales se disponían a ocuparse de su bavaroise, como si nada hubiera pasado, Erdogan continuó, impidiendo que la cena terminase con sabor dulce. «Se habla de intelectuales, de periodistas, pero convendría definir esos términos. Si un periodista es parte del terrorismo y la judicatura turca lo ha condenado, ¿cómo puede ser que aquí lo defiendan?.. Uno de ellos, condenado, está aquí. Lo queremos. Tenemos un acuerdo de extradición y aun así no nos lo envían. Si fuera al revés, si nosotros protegiésemos a quiénes Alemania persigue ¿cuál sería vuestra reacción?.. En realidad no tenía pensado hablar así, pero debido a que el presidente se ha referido a ello, me he visto en la necesidad. Es una verdadera pena». Después del desahogo, Erdogan volvió a su discurso impreso, terminando con una cita de Biskarck en alemán: «El amor de los turcos y los alemanes entre sí es tan viejo que nunca se romperá». Pocos minutos después de que fueran pronunciadas estas palabras en el centro de Berlín, comenzaron a producirse correcciones en el programa de la visita del presidente turco a Alemania. Las autoridades de Colonia desautorizaron por razones de seguridad la gran concentración prevista para hoy con motivo de la inauguración de una mezquita en esa ciudad alemana a la que asistirá el presidente turco. La alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, comunicó esta decisión a última hora del viernes indicando que, en lugar de un acto multitudinario ante el templo, tendrá lugar únicamente una ceremonia inaugural en su interior ante invitados. La inauguración de la mezquita ya era objeto de polémica por estar dirigida por la organización Ditib, a la que la Fiscalía alemana investiga por sospechas de filtrar a Ankara informaciones sobre seguidores del predicador Fethullah Gülen, al que Turquía acusa de estar tras el fallido golpe de Estado. El acto de mañana iba a ser el punto central de la tercera y última jornada de la visita oficial a Alemania de Erdogan, quien previsiblemente se desplazará a Colonia tras un desayuno de trabajo con la canciller Angela Merkel. La tensión entre los gobiernos de Berlín y Ancara desborda la mera diplomacia y se traslada a las calles alemanas, en las que viven tres millones de turcos que asisten, confusos, al conflicto verbal. Muchos exiliados turcos ven con ojos críticos la visita de Erdogan. El fallido golpe de estado hace dos años dejó a muchos sin trabajo o en prisión y ahora sienten que la sombra de Erdogan los amenaza también en Alemania. Pero para la mayoría esta visita es motivo de orgullo y esperanza. «Mientras otros colectivos de inmigrantes como los rumanos o los búlgaros reciben todas las facilidades, a nosotros se nos niega un trato igual, a pesar de que vivimos aquí, trabajamos, pagamos impuestos y nos integramos en la sociedad, solo porque ellos pertenecen a la Unión Europea y a nosotros nos han paralizado el proceso», protesta Suleyman Akjen, empleado de frutería que lleva décadas viviendo en Alemania y que ayer saludaba a Erdogan en el punto más próximo que permitía el cordón de seguridad, con una pancarta de apoyo. El 63% de los turcos residentes en Alemania votó a Erdogan en las pasadas elecciones de junio. El 70% en Austria. Erdogan logró de hecho, proporcionalmente, más votos en Alemania que en Turquía, donde el 56,3% que le aseguró la mayoría absoluta.
28-09-2018 | Fuente: abc.es
Merkel pide a Erdogan que libere a los periodistas alemanes
El gobierno alemán se está esforzando por recoger la vajilla rota y recomponer unas relaciones bilaterales con Turquía seriamente dañadas durante el curso pasado. En esta visita del presidente Recep Tayyip Erdogan abundan los gestos diplomáticos de acercamiento, incluido un controvertido banquete de Estado en la residencia del presidente Steinmeier, el Palacio de Bellevue, al que muchos invitados han rechazado la invitación en señal de protesta. Pero los agasajos no han evitado que la canciller Merkel, durante la rueda de prensa que ambos acaban de ofrecer en la capital alemana, haya recordado al presidente turco que está pendiente todavía la liberación de periodistas alemanes que esperan en cárceles turcos. «Espero que estos casos puedan ser resueltos lo más rápidamente posible», ha pedido la canciller alemana, reconociendo ?profundas diferencias? con Turquía en materia de libertad de prensa y Estado de derecho. Merkel pretende frenar el acercamiento de Ankara a Moscú, que puede dañar a la UE y la OTAN, y contribuir a la estabilización de la economía turca, lastrada por las sanciones de EEUU. También desea que Ankara retome el sendero hacia la democracia y al respeto del Estado de derecho, así como reforzar el acuerdo por el que Turquía acoge a los refugiados sirios a cambio de dinero comunitario, para que no avancen hacia Europa, y lograr la liberación de los alemanes encarcelados por motivos políticos tras el frustrado golpe de estado. En aras de estos ambiciosos objetivos se está celebrando esta visita oficial, que será contestada esta tarde por miles de manifestantes en la capital alemana y que culminará con la inauguración, por parte de Erdogan, de una gran mezquita en la ciudad de Colonia. Erdogan, por su parte, está concentrado en los aspectos económicos y comerciales de su visita, pues necesita ayuda de Berlín en este ámbito para tratar de salvar la actual inestabilidad y afianzar así su posición política. Fuentes del gobierno alemán aseguran que no ha llegado con peticiones concretas de ayuda económica bajo el brazo, pero sí busca inversiones y turistas alemanes para tratar de estabilizar su economía tras la fuerte depreciación de la lira, así como conseguir el apoyo de Merkel para que en Bruselas se retome la renegociación de la unión aduanera entre la UE y Turquía. El proceso quedó congelado tras la reforma constitucional turca y las posteriores elecciones, pero Ankara sigue presionando para que se incluya en ese acuerdo los productos agrícolas y los servicios, lo que supondría un revulsivo para su economía. En un artículo publicado por el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, Erdogan ha afirmado que considera «imprescindible» para ambos países «abrir un nuevo capítulo en las relaciones» y «dejar de lado las discrepancias» y los «temores irracionales». Ha dejado claro que desea avanzar con Alemania, al igual que con otros países, hacia unas relaciones «de igual a igual y basadas en el respeto mutuo». y ha subrayado la necesidad de centrarse en los «intereses comunes» y responder a desafíos comunes como el terrorismo, la cuestión migratoria, los refugiados y el resurgimiento del proteccionismo comercial, factores que también han sido calificados como «prioritarios» por Merkel. Otro hecho que añade incomodidad a la visita es el hecho de que el gobierno turco haya solicitado esta semana a Alemania la extradición del conocido periodista Can Dündar, exiliado actualmente en Berlín y al que Turquía desea encarcelar por espionaje, traición a los secretos de Estado y propaganda. El Ministerio de Exteriores alemán no ha querido hacer comentario alguno al respecto de momento. Can Dündar es uno de los periodistas más conocidos de Turquía y vive en Alemania desde el verano de 2016. En 2015, el periódico disidente «Cumhuriyet», cuyo editor en jefe en aquel momento era Dündar, publicó que el Gobierno turco estaba suministrando armas en secreto a Siria. En mayo de 2016, Dündar fue condenado a cinco años y diez meses de prisión por traición a secretos de Estadoy utilizó una estancia en el extranjero en 2016 para evitar regresar a Turquía. Desde entonces vive en Berlín y dirige el portal online crítico con el régimen «ÖZGÜRÜZ», que en turco significa «Somos libres». Su esposa permanece en Turquía, pero no se le permite salir del país.
26-09-2018 | Fuente: abc.es
Erdogan acusa a Europa de insolidaria con los refugiados
El problema irresuelto de la crisis migratoria europea se convirtió ayer en un arma arrojadiza en la sesión plenaria de la Asamblea General de Naciones Unidas. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aprovechó su discurso para lanzar una dura crítica a la Unión Europea, a la que le recriminó falta de apoyo en la atención a los refugiados llegados de Siria a su país. «Esperamos una ayuda más generosa y flexible sobre todo por parte de la UE», dijo Erdogan, quien afirmó que los 3.000 millones de euros que ha recibido de los países europeos son completamente insuficientes, pues estima que su Gobierno ha invertido ya 32.000 millones en atender las necesidades básicas de los refugiados, cuyo número calcula en cuatro millones, un 85% de los cuales son sirios. Erdogan, que representa a la 17ª economía del mundo, pidió además una reforma integral del Consejo de Seguridad, único organismo de la ONU con capacidad sancionadora y en el que tienen asiento permanente EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China. «El mundo es mucho más amplio que sólo cinco naciones», dijo Erdogan.
24-09-2018 | Fuente: abc.es
Tres años de la intervención «clave» de Rusia en la guerra civil siria
El próximo domingo se cumplirán tres años desde que el presidente Vladímir Putin decidiese intervenir en Siria en ayuda de Bashar al Assad, que estaba entonces totalmente contra las cuerdas. Queda sólo por liberar el bastión rebelde de Idlib, situado al noroeste del país y fronterizo con Turquía, pero su recuperación se hará esperar tras el acuerdo alcanzado la semana pasada en Sochi entre Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Putin aceptó suspender el asalto final al Idlib debido a las presiones de la comunidad internacional y, sobre todo, de Turquía. Pero Moscú espera que Ankara actúe ahora con mayor resolución contra los grupos yihadistas y modere a sus milicias aliadas para lograr que el enclave no sea un peligro ni para Assad ni para las dos bases militares que Rusia tiene en Latakia, la naval de Tartús y la aérea de Jmeimim. De que se consiga o no este objetivo depende que continúe el actual entente entre Rusia y Turquía, condición fundamental para la buena marcha de la operación hacia la victoria final en Siria y hacia la apertura definitiva de un proceso político en el que Assad, como desea el Kremlin, juegue un papel central. Un nuevo elemento inquietante e inesperado, aunque no por eso totalmente imprevisible, ha sido la enrarecida atmósfera que ha generado entre Rusia e Israel el derribo, el pasado martes frente a las costas de Latakia, de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200. El Ministerio de Defensa ruso volvió ayer a culpar a Israel del incidente , ya que, según el portavoz castrense, Ígor Konashénkov, uno de los cuatro cazas F-6 israelíes que participaban en un bombardeo contra instalaciones del Ejército sirio en Latakia «se parapetó detrás de nuestro Il-20 y el sistema antiaéreo lo detectó como enemigo». Negligencia criminal «Los datos objetivos presentados hablan de falta de profesionalismo o, como mínimo, de negligencia criminal de los pilotos de los cazas israelíes, cuya acción produjo la muerte a 15 militares rusos», aseguró Konashénkov el domingo. A su juicio, Israel «incurrió en una clara violación del acuerdo ruso-israelí del 2015 para la prevención de este tipo de situaciones en Siria». El portavoz de Defensa cree además que Israel puso en peligro el tráfico en la zona de aviones comerciales. Israel declinó ayer comentar las palabras de Konashénkov, pero sigue negando su culpabilidad. Pese a los evidentes vínculos existentes entre Moscú y Damasco, ya desde la época soviética, y a la existencia de indiscutibles intereses rusos en Siria, Putin estuvo mirando para otro lado durante cuatro años. La guerra civil en el país árabe comenzó en 2011 y en 2015, cuando Assad estaba completamente acorralado y había perdido el control sobre más de dos tercios de su territorio, Rusia de repente decidió intervenir. Rusia, gran potencia Los analistas coincidieron entonces en señalar que debido a que la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas del este de Ucrania había dañado la imagen internacional de Rusia, además de provocar un rosario interminable de sanciones, la mejor forma de desviar la atención y tratar de recuperar el prestigio perdido era demostrando que Moscú colabora en primera línea para erradicar a grupos terroristas tan atroces como el Daesh y el Frente al Nusra (filial local de Al Qaida). Corrían por las televisiones mundiales terribles escenas de decapitaciones y torturas de verdugos del autoproclamado Estado Islámico. Putin retomaba así la iniciativa, reafirmaba el papel de Rusia como gran potencia y evitaba la caída de un nuevo dictador, algo que parece producirle alergia después de lo visto en Irak con Saddam Hussein y en Libia con Muammar Gaddafi. Tras una fase preparatoria que había comenzado en agosto, el 30 de septiembre de 2015, Rusia lanzaba sus primeros bombardeos contra posiciones yihadistas, aunque después quedó patente que los ataques masacraban también a muchos grupos de la oposición a Assad considerados moderados. Y es que Putin nunca ocultó que su objetivo en Siria, además de la cacareada lucha contra el terrorismo, era «estabilizar» el régimen «legítimo» de Assad. Tres años más tarde, Rusia tiene más cerca que nunca culminar con éxito su intervención militar. El mes pasado, el Ministerio de Defensa ruso distribuyó mediante un vídeo el primer documento pormenorizado sobre la participación de las Fuerzas Armadas rusas en el conflicto sirio y el número total de efectivos que han estado destinados en el país árabe desde el 30 de septiembre de 2015, que asciende a un total de 63.012. Esa cifra de militares rusos «han tenido experiencia de combate en Siria», subraya el informe, que eleva el número de generales a 434 y a 25.738 el de oficiales. Retirada no cumplida Putin ha anunciado hasta tres veces la retirada de sus tropas de Siria, pero en los tres casos han sido gestos propagandísticos dirigidos más bien a intentar tranquilizar a sus compatriotas, preocupados con el excesivo gasto militar cuando hay otras urgencias en el país. Al final, el presidente ruso tuvo que reconocer que sus soldados permanecerán en Siria «mientras su presencia resulte beneficiosa» y no ha vuelto a concretar ninguna nueva fecha para su repatriación. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus aviones llevaron a cabo más de 39.000 incursiones contra objetivos en territorio sirio, aniquilando a más de 86.000 terroristas y destruyendo cerca de 121.466 instalaciones pertenecientes a los insurgentes. El conflicto ha permitido experimentar al Ejército ruso 231 tipos diferentes de armamentos. Los aparatos más utilizados en las operaciones contra los extremistas en Siria están siendo los Sujói, el Su-24M y el Su-25SM, capaces de transportar una cantidad significativa de municiones, principalmente bombas aéreas. Los aviones Su-30,  Su-34 y Su-35 también realizan operaciones de combate destruyendo puestos de mando, campamentos y grupos de terroristas. El logro más indudable del Ejército ruso fue el despliegue de la base aérea de Jmeimim, en Latakia, en tan solo un mes. En la base fueron construidos todos los dispositivos de apoyo material y de ingeniería para el grupo aéreo ruso. Los complejos de defensa aérea S-400, Pantsir-S1, Buk-M2, junto a otros sistemas, son empleados para la defensa de la base, mientras que los drones monitorean su territorio. También los helicópteros de ataque Mi-28, Mi-35 y Ka-52 se utilizaron ampliamente en Siria. Ensayo de material militar Por otro lado, las Fuerzas Armadas rusas han ensayado en Siria misiles Iskander y Kalibr, capaces de portar armas nucleares tácticas, también cohetes para  equipar aviones de combate, los X-101, lanzaderas navales Bastión para golpear objetivos en la costa enemiga y casi todos los tipos de aeronaves que Rusia tiene en su arsenal. Han sido probados también los nuevos dispositivos de guerra electrónica, blindados de la última generación como el Taifún-K, robots de combate y para desminado, muy útiles sobre todo en Palmira. Lo que se desconoce a ciencia cierta es el número de bajas que han sufrido las fuerzas rusas en estos tres años. Putin promulgó en mayo de 2015, en la víspera del comienzo de la intervención armada en el país árabe, una ley que prohíbe facilitar cifras de militares muertos en «tiempos de paz». Los datos que se manejan ahora mismo se refieren a los casos de muertes más sonados, de altos mandos o los dos pilotos abatidos. También el de los 15 tripulantes del Il-20 derribado la semana pasada. Algún otro caso se ha traslucido gracias a las declaraciones de sus familiares. Todos ellos suponen en torno a un centenar de bajas. Contando también los más de 200 mercenarios rusos del grupo Wagner, aniquilados el pasado febrero en Deir ez Zor, al noreste de Siria, en un ataque de la coalición internacional que lidera Estados Unidos, salen más de 300 muertos. Algunas ONGs elevan la cifra a 400 y otras creen que solamente en Deir ez Zor hubo 600. Otro enigma es el costo real de la guerra en Siria para las arcas rusas. La editora británica IHS Jane's calculó el año pasado que Rusia gastaba cada día en Siria entre 2 y 3,5 millones de euros. La única vez que Putin habló de cifras al respecto fue en marzo de 2016 y declaró que, hasta ese momento, se habían gastado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros según el cambio de entonces). Hace justo un año, el diario económico ruso RBK publicaba su propio estudio, en el que elevaba la cantidad a 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros). El último cálculo lo hizo el partido opositor ruso «Yábloko» el pasado marzo y arrojaba una suma que podría oscilar entre los 172.300 millones y los 245.100 millones de rublos (de 2.300 a 3.270 millones de euros). Esto en mitad de una situación económica muy adversa para Rusia a causa de las numerosas tandas de sanciones impuestas por EE.UU. y la UE. Mercenarios, instrumento de la guerra de Rusia en Siria Rusia ayuda al régimen sirio con bombardeos de su aviación y de su fuerza naval. El personal miliar adscrito a la operación, por tanto, pertenece a la Fuerza Aérea y a la Armada. Rusia incluye en su dispositivo desplegado en Siria tropas para defender sus bases de Tartús y Jmeimim y mantiene unidades de la Policía Militar que actúan, según los casos, para ayudar en tareas de orden público en las localidades recuperados por el Ejército sirio o, como sucede en los Altos del Golán o Idlib, en misiones de observación y mantenimiento de la paz. Oficialmente, Moscú no tiene fuerzas de infantería combatiendo en Siria, ya que las unidades de mercenarios de la llamada Compañía Militar Privada (ChVK en sus siglas en ruso) Wagner, según se ha venido repitiendo en los ministerios de Defensa y Exteriores, «actúan bajo intereses privados» y «no están vinculadas al dispositivo militar ruso» en Siria. Se sabía de su existencia por las fotos colgadas por sus propios combatientes en las redes sociales, pero lo que les puso realmente a la luz fue el encontronazo que tuvieron con fuerzas estadounidenses el pasado mes de febrero en Deir ezzor, en donde sufrieron cuantiosas bajas. Este grupo lo creó el empresario conocido como el «chef de Putin», Evgueni Prigozhin, sancionado la semana pasada por Washington, junto con otras 33 personas y compañías, por sus vinculaciones con el Kremlin. Tres periodistas rusos fueron este verano asesinados en la República Centroafricana cuando intentaban investigar la presencia en este país del grupo Wagner.
19-09-2018 | Fuente: abc.es
El derribo del avión «complica la situación» entre Rusia y Siria
El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, consideró hoy que el derribo este lunes de un avión ruso por parte de las fuerzas armadas sirias «complica la situación» entre Moscú y Damasco, pero rechazó que el incidente afecte a la coalición internacional que combate el yihadismo en la región. «Creo que complica la situación para las familias de los rusos que murieron allí y creo que complica la situación entre el régimen (sirio) y Rusia. Pero no nos afecta a nosotros de ninguna manera», declaró Mattis a un grupo de periodistas en el Pentágono, donde el responsable recibió a su homólogo filipino, Delfin Lorenzama. Ayer, las defensas antiaéreas sirias abrieron fuego contra cazabombarderos israelíes que se habían adentrado en su territorio, pero erraron en el blanco y acabaron derribando una aeronave rusa que se encontraba en la zona y causaron la muerte de quince militares rusos. El Kremlin ha culpado a Israel del incidente por haber provocado la situación con sus «acciones hostiles». Sin embargo, desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado a las fuerzas gubernamentales sirias como únicas responsables, mientras que el Departamento de Estado estadounidense ha calificado la acción de «suceso desafortunado». Mattis también abordó la situación en la provincia de Idleb, último bastión de la oposición siria en el que también se cobijan yihadistas, después de que los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Turquía, Recep Tayyip Erdogan, alcanzaran ayer un acuerdo para suspender la ofensiva anunciada por el Gobierno de Al Asad. «Es uno de los problemas más complejos y uno de los escenarios más complicados en estos momentos. Estoy seguro de que aún no está todo resuelto», señaló Mattis. La ofensiva sobre Idleb ha desatado las alarmas entre la comunidad internacional porque podría generar una grave crisis humanitaria y por las acusaciones cruzadas entre los distintos bandos sobre el posible uso de armas químicas, lo que ha llevado a la Casa Blanca a advertir de que una acción semejante acarrearía consecuencias.
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