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Noticias de racismo

22-05-2018 | Fuente: abc.es
El español como arma racista
Aaron Schlossberg quizá no midió bien qué hacía y dónde lo hacía. Este abogado está en el centro de la ira de EE.UU. después de que apareciera en un vídeo en un restaurante en Nueva York, en el que insultaba a los empleados por hablar español y les amenazaba con llamar a las autoridades de inmigración. Criticar que alguien hable español en una ciudad donde el 27,5% de la población es hispana, hay barrios enteros donde solo se escucha la lengua de Cervantes y toda la comunicación pública es también en este idioma es, además de racista, temerario. Schlossberg ha sufrido escraches delante de su oficina y de su casa y corre el riesgo de perder el alquiler de su despacho de abogados, que además ha recibido una campaña de desprestigio en la plataforma de opiniones Yelp. La realidad, sin embargo, es que una parte importante de EE.UU. comulga con la opinión de Schlossberg. El «aquí se habla inglés» forma parte del credo del ala más extremista del conservadurismo de EE.UU.: despegó con el Tea Party y Donald Trump se abrazó a ello en su ascenso presidencial. Su campaña de las elecciones de 2016 arrancó poniendo a los mexicanos la etiqueta de «criminales y violadores» y no tardó en criticar a sus rivales, también del partido republicano, por hablar español. Se cebó en especial con Jeb Bush, que al comienzo de las primarias era el favorito y está acostumbrado a hablar español en sus campañas. La mujer de este hijo y hermano de presidentes es de origen mexicano y Bush fue durante años gobernador de Florida, un estado con fuerte implantación hispana. «Debería predicar con el ejemplo y hablar inglés cuando esté en EE.UU», dijo Trump. Él sí cumplió: desterró el español de su campaña, en contra de una tradición de los candidatos que se remonta a John Fitzgerald Kennedy. El multimillonario neoyorquino sabía dónde apuntaba con ese discurso: el electorado de corte racista, intimidado por el creciente peso de la comunidad hispana, que desconoce que EE.UU. no tiene lengua oficial. Desde la aquella campaña presidencial, el goteo de ataques contra personas que hablan en español no ha parado. Solo llegan a la opinión pública los que son capturados en vídeo, como el de Schlossberg o el de un incidente el año pasado en un aeropuerto de Nevada, donde un hombre que hablaba español por teléfono fue insultado durante varios minutos por un desconocido. Hablar español también puede ser un motivo para ser arrestado, como se acaba de demostrar en Montana. Dos mujeres con ciudadanía estadounidense, de origen mexicano, fueron detenidas la semana pasada en una gasolinera por un agente de la policía de frontera. Ocurrió en la localidad de Havre, a unos cincuenta kilómetros de la frontera con Canadá. Ambas charlaban mientras hacían cola para pagar en la tienda y el agente les detuvo y les pidió que se identificaran. Una de ellas grabó en vídeo las explicaciones del policía. «Señora, la razón por la que he pedido su identificación es porque he entrado aquí y he visto que hablaban español, lo que no es muy habitual por aquí», les explicó. A preguntas de las afectadas, el agente negó que fuera racismo: «Lo hago porque habláis español en la tienda, en un estado predominantemente de habla inglesa». La Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU, en sus siglas en inglés) está investigando el caso para determinar si el agente vulneró los derechos civiles de las ciudadanas. La policía de fronteras emitió un comunicado en el que aseguraba que los agentes tienen «autoridades amplias» para ejercer su labor y pueden «interrogar a individuos, arrestar y obtener y considerar pruebas». Sin embargo, la ley establece que deben tener una «sospecha razonable» de que se está cometiendo una violación a la normativa migratoria o un crimen. Para este agente, hablar español lo era.
18-05-2018 | Fuente: elpais.com
Sánchez ve a Torra como ?el Le Pen de la política española?
El líder del PSOE considera que el nuevo presidente catalán se erige como la primera representación política de la xenofobia y el racismo en España
09-03-2018 | Fuente: elpais.com
Una mujer dirigirá por primera vez a la Policía Montada de Canadá
Brenda Lucki asume la fuerza policial en un momento en que la institución está afectada por denuncias de acoso sexual y de racismo en contra de la población indígena
09-03-2018 | Fuente: as.com
Sir Mo Farah acusa a la policía alemana de racismo
Lo asegura el británico, nacido en Somalia, que viajaba desde Múnich hacia Etiopía. Los agentes germanos lo niegan categóricamente.
07-03-2018 | Fuente: as.com
Clamor en Oporto para que renueve Iker Casillas
La buenas actuaciones protagonizadas por el portero español demuestran que su ostracismo en el equipo no fue por un tema deportivo.
07-03-2018 | Fuente: abc.es
El primer senador negro en Italia es de la xenófoba Liga Norte
Por primera vez Italia tendrá un senador negro. Toni Iwobi, 62 años, de origen nigeriano, reside en Spirano, un pueblo de 5.700 habitantes de la provincia de Bergamo, en la región de Lombardía. Lo paradójico es que Tony Iwobi, con una licenciatura en informática y una empresa en este sector, con dos hijos, entrará en la Cámara alta en representación del partido xenófobo que lidera Matteo Salvini, la Liga Norte, de extrema derecha, que en las elecciones generales del pasado domingo logró el 17,5 % de los votos, el mayor porcentaje de su historia, superando a su aliado Forza Italia, de Silvio Berlusconi. Iwobi está inscrito desde hace 25 años en la Liga Norte y tras ser elegido senador ha dado las gracias en su página de Facebook a Salvini: «Es un gran líder que ha convertido a la Liga en la primera fuerza política del centroderecha». Llegó a Italia con 22 años, con una visado para estudiar en la universidad de Perugia, y ha sido responsable de inmigración de la Liga, elegido por el propio Salvini. En la Liga lo llaman, sin embarazo, el liguista negro, y hace un par de años, en la convención anual del partido, un discurso suyo desde el palco se convirtió en viral en las redes sociales, porque el lema fundamental de su argumentación fue el mismo que ha hecho famoso Matteo Salvini, es decir, se debe «ayudar a los inmigrantes en su país de origen»: «La izquierda quiere hacernos creer que la acogida es solo cuestión de solidaridad, pero nosotros nos oponemos. En realidad, la inmigración es gestionada por la criminalidad. Toda África en Italia no cabe. Por tanto, nosotros lo decimos: Hay que ayudarles en su casa», sentenció Toni Iwobi. «África no cabe en Italia» El nuevo senador nació en una familia católica de diez hermanos -viven seis- y todos los años regresa de vacaciones a Nigeria. Iwobi fue muy crítico con las posiciones de Cecile Kyenge, ministra de color en el gobierno de Enrico Letta. Se opuso muy duramente a la batalla de la ministra en favor de la concesión de la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en Italia («ius soli»): «Eso es una locura. En principio, un niño italiano con dos padres extranjeros sería ya un problema, según mi opinión. Pero, sobre todo, el «ius soli» permitiría la invasión de mujeres inmigrantes, que vendrían a dar a luz a Italia, solamente para tener la nacionalidad de forma automática. Sería un caos incontrolable. Y luego, ¿quién pagaría los servicios sociales para todos los nuevos ciudadanos, teniendo en cuenta que no hay dinero ni siquiera para las familias italianas?», concluyó Iwobi, quien demostró tener muy bien aprendida la lección que durante estos años ha repetido por toda Italia su líder Salvini. Expulsar a 600.000 inmigrantes Ese miedo que la Liga ha extendido por todo el país le ha permitido recoger resultados impresionantes. Un caso emblemático es Macerata, ciudad en la que un militante de la Liga Norte, Luca Traini, 28 años, disparó con una pistola contra personas de color, hiriendo a seis de ellas, el pasado 3 de febrero. Allí la Liga Norte obtuvo, en las elecciones del 2013, un 6% de votos y el pasado domingo llegó al 21%. «La culpa del ataque de Macerata es de quien abre las puertas a los clandestinos», dijo entonces Matteo Salvini, quien prometió en la campaña electoral expulsar a 600.000 inmigrantes cuando fuera elegido primer ministro. El senador Iwobi considera su elección una «bella noticia»: «Ahora se abre una fase llena de responsabilidad. Yo pertenezco a la patria, pero también a los territorios que me han elegido. No hay que olvidar de dónde se viene», declara el senador, quien se deshace en elogios hacia su líder: «Salvini es un gran dirigente que tutela a los inmigrantes. Los regulares son sus hermanos». «Raza blanca», en peligro Sin duda, la noticia es por los menos singular: Iwobi ha llegado a ser senador gracias a una fuerza que ha hecho de la batalla a la inmigración uno de sus caballos de batalla. Basta con recordar una declaración, durante su campaña electoral, de Attilio Fontana, elegido el pasado domingo presidente de Lombardía, que Iwobi considera su territorio. Fontana expresó su temor por que la «raza blanca» corre peligro de extinción si no se frena drásticamente el número de inmigrantes: «No podemos aceptar a todos los inmigrantes que llegan; debemos decidir si nuestra etnia, nuestra raza blanca, nuestra sociedad deben continuar a existir o deben ser canceladas». Ante el escándalo que suscitó, incluso en Europa, Fontana se justificó diciendo que había sido un «lapsus». Matteo Salvini se ha alegrado, como no podía ser de otra forma, de la elección de Iwobi, aprovechando la noticia para escribir en Facebook: «El racismo está solamente en la izquierda».
04-03-2018 | Fuente: elpais.com
Racismo involuntario
Lo que advierto, y de ahí mi preocupación, es que la actitud arrogante hacia los que no piensan como nosotros explica por qué las buenas causas no convencen a quienes más las están necesitando
03-03-2018 | Fuente: elpais.com
Racismo involuntario
Lo que advierto, y de ahí mi preocupación, es que la actitud arrogante hacia los que no piensan como nosotros explica por qué las buenas causas no convencen a quienes más las están necesitando
02-03-2018 | Fuente: abc.es
«Guerra eterna» entre la Policía y los jóvenes de los suburbios en Francia
Era febrero de 2017, apenas un par de meses de las elecciones que ganó el liberal Emmanuel Macron a la ultraderechista Marine Le Pen. Entonces, un estallido de rabia sacudió Aulnay-sous-Bois, en los suburbios parisinos, tras la presunta violación sufrida por un joven negro de 21 años llamado Théo en un rifirrafe con la policía francesa. Meses antes murió el joven Adama Traoré durante su detención cuando intentaba escapar del control de los agentes también en la región parisina. Los brotes violentos en los suburbios han llevado a amalgamar toda una realidad compleja en una sola palabra: «banlieue» (suburbio). Si París tiene la cara pobre y la cara rica, la propia banlieue, también. En Aulnay-sous-Bois conviven dos mundos que no terminan de encontrarse: el norte degradado y el sur de las casas pintorescas y un acogedor ambiente de pueblo. En el centro de la población situada al norte de París, los vecinos dicen haber vivido el el «Affaire Théo» muy de lejos y no muy atentos. Para Lamence Madzou, mediador del Ayuntamiento de Aulnay para la juventud, el estallido de violencia se debió a la situación sensible de los barrios, a la chispa que encendió la mecha de la rabia, pero también producto de rumores y muy poca información. «Es la Justicia la que debe juzgar lo que pasó. No creo que la policía sea racista en un barrio como este, solo tratan de que estemos seguros». Hace unas semanas, la cadena Europe 1 publicó la grabación de videovigilancia en la que aparece Théo forcejeando con agentes de la brigada especializada de Aulnay que presuntamente han perdido el control de la situación. El vídeo muestra los golpes que recibe Theo L., que parece recibir una estocada de la porra de un policía mientras se resiste a ser esposado. El joven acusa a la policía de haberle golpeado e introducido «voluntariamente» la porra por el ano, denunciándolo como un «acto de tortura». El oficial implicado reconoció el golpe, pero negó cualquier intencionalidad. Como parte de la investigación, dos expertos policiales también concluyeron que la acción parecía «proporcional» y «justificada». «No está todavía demasiado claro qué ha pasado realmente con Théo, pero con estas situaciones nos damos cuenta de que los que venimos de los barrios populares podemos ser parados tres, cuatro y hasta cinco veces por un policía que nos pide identificación. A su vez, en estos barrios hay una desconfianza y violencia creciente hacia la policía, quienes en su mayoría tratan de su trabajo pero que quizá les falta pedagogía», comenta Samir Akacha, activista de Coexister, un movimiento juvenil que promueve el diálogo interreligioso en Francia. Nacido en Argelia, Akacha -de visita en Madrid para participar en una mesa redonda de la Casa Árabe organizada por la fundación «Centro Persona y Justicia»-, emigró a los siete años a Francia con sus padres en plena guerra civil argelina para instalarse primero en Perpiñán y más tarde en los suburbios de Marsella, con varios de sus barrios entre los más pobres del país. Desde su experiencia en Coexister, este joven argelino de 30 años fomenta el acercamiento y el diálogo entre las distintas comunidades de Francia en pleno repunte de racismo, islamofobia y judeofobia. «Los franceses salidos de barrios populares se sienten como si vivieran en un mundo completamente distinto a la población del centro de las ciudades. En mi escuela en el norte de Marsella no encontré apenas diversidad de religión ni de historias personales. No había acceso a toda riqueza de Francia. La mayoría eran árabes y negros, que no representan a la mayoría de la ciudad. Me di cuenta de que hay una suerte de segregación: la política de la ciudad ha consistido en llevar a gente a unos barrios o a otros y eso ha creado problemas estructurales de delincuencia, desconfianza y racismo. La solución no es que los judíos de Francia sigan la llamada de Netanyahu para mudarse a Israel, sino luchar por que todos, sin distinción de religión o procedencia, se sientan también franceses». El escritor y editorialista francés Eric Hazan escribe en su ensayo «París en tensión» (La Fabrique, 2011) que las revueltas de 2005 provocaron, entre otras cosas, que volviese a surgir una antigua pregunta: ¿cómo acabar con la escisión entre París y sus barrios periféricos? Al contrario del «Gran Londres», París se ha desarrollado en capas concéntricas, como una cebolla, al ritmo de sus sucesivas murallas. Ahora París «es una ciudad material y administrativamente cerrada sobre sí misma que trata de abrirse, como siempre ha sucedido en su historia, cuando la última muralla construida constituía un corsé demasiado apretado. ¿Cómo hacer para no crear en la periferia lo que tanto nos ha costado expulsar del centro?», se cuestiona. Nicolas Sarkozy quería conectar el centro de París y sus suburbios. Si François Mitterrand es el presidente de la pirámide del Louvre, Sarkozy quería su Gran París como gran obra arquitectónica: «No es tiempo para embellecer el centro de las ciudades, sino para reconectar el corazón de las ciudades y suburbios», comentaba su entorno en 2009. El presidente de centro-derecha trató de renovar los bloques de edificios de los suburbios y entendía que la arquitectura podía resolver parte de los problemas. «En Marsella hay barrios que están muy mal comunicados con una sola línea de bus que no es muy regular. La gente desarrolla un cierto miedo a ciertas zonas de ciudad porque no es fácil ir allí y así resulta difícil crear una identidad de ciudad. Tampoco ayuda que solo haya noticias negativas cobre la 'banlieue': quema de coches, robos y mucha violencia. Nunca una buena noticia», asegura el activista de Coexister. Nunca ha habido tantas oportunidades para los muchachos de la 'banlieue' en la educación superior, dice en la web «L?Étudiant» Fabien Truong, profesor de un instituto de Sena-Saint Denis, en la 'banlieue' parisina, pero tampoco nunca se había desconfiado tanto de ellos. «Los habitantes de los barrios populares sufren especialmente el Estado de emergencia. Un amigo tenía hace unos días una entrevista de trabajo en el centro de París. Me dice: "Llegué tarde". Y yo: "¿Por qué llegas tarde a algo tan importante?". ?He tenido siete controles de policía?, me respondió. Si te controlan siete veces es que hay un problema, él solo iba a una entrevista de trabajo», cuenta este diario Claire Carroué, doctoranda en Estudios Urbanos por la Universidad París-Nanterre. Un estudio realizado por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) apuntaba en 2009 -cinco años antes de la ola de atentados yihadistas en Francia- que un hombre negro tenía 11,5 veces más probabilidades que un hombre blanco de sufrir un control policial y los árabes, siete veces más. «Desgraciadamente la policía, como otros empleos, ha pasado a ser permeable de ciertas teorías de extrema derecha, se sabe hoy que cerca del 50% de la policía nacional prefiere votar a Le Pen antes que a otro partido o abstenerse. Hay una extrema-derechizacion de ciertos colectivos de la V República que es muy peligrosa», afirma Akacha. Una encuesta del Instituto sociológico IFOP realizada el pasado abril, fecha de las últimas elecciones, apuntaba que la mitad de los gendarmes de Francia prefería como presidente a Marine Le Pen, la líder que más defendió a la Policía en el caso Théo: «Pseudo "Caso Theo": estamos esperando las disculpas de las asociaciones, los medios y la política de izquierda para lo que parece ser un baile de máscaras, un gran #FakeNews para ensuciar a la policía francesa. ¡Una vergüenza!», tuiteó hace un mes, en el primer aniversario de este incidente. Según el código penal francés, una penetración no consentida es suficiente para calificar el acto como violación, lo que daría la razón a Théo frente a las acusaciones de «Fake News» de la líder del FN. Sin embargo, la jurisprudencia insiste en que debía haber una intencionalidad sexual para considerarse una violación. Sobre el terreno, la Policía denuncia la violencia creciente de la población de los suburbios. En Nochevieja y los primeros días del año, varios policías fueron atacados en la «banlieue» parisina en horas de servicio.
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