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Noticias de pri

20-09-2020 | Fuente: as.com
Tarde chilena en Heliópolis
Manuel Pellegrini y Bravo han caído de pie en el Betis, que busca su mejor inicio en 9 años, y Orellana brilló en la primera jornada con el Valladolid.
20-09-2020 | Fuente: as.com
Albacete y Ponfe buscan su primera victoria en el Belmonte
Lucas Alcaraz ha convocado a sus dos últimos fichajes y Bolo confía en la pareja de Kaxe y Yuri en el ataque berciano.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
Interceptan una carta dirigida a Trump que contenía veneno de ricina
Las autoridades estadounidenses interceptaron a principios de esta semana una carta que contenía veneno de ricina y estaba dirigida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, según ha informado la prensa estadounidense, que cita a dos agentes. La presencia de ricina, una sustancia muy tóxica que se extrae de las semillas de ricino, se confirmó mediante dos análisis. Todo el correo de la Casa Blanca se clasifica y se analiza en una instalación externa antes de llegar a las instalaciones de la que es la residencia oficial y principal centro de trabajo del presidente de Estados Unidos. La Policía Federal de Estados Unidos (FBI) y el Servicio Secreto ya investigan lo que han denominado como «carta misteriosa«. »En este momento, no hay ninguna amenaza conocida contra la seguridad pública«, ha puntualizado el cuerpo policial en un comunicado difundido a través de la red social Twitter. La ricina, que puede presentarse en forma de polvo, gránulos, vaho o ácido, se ha utilizado en actos terroristas. Si se ingiere causa náuseas, vómitos y hemorragia interna en estómago e intestinos. A estos síntomas les siguen insuficiencia hepática y renal y, finalmente, muerte por colapso del sistema circulatorio.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
El fin de los estereotipos al uso
Pocos desean tanto la victoria de Joe Biden el próximo 3 de noviembre como la ansía el régimen teocrático iraní. Ya no es sólo porque vuelva a respaldar el acuerdo nuclear con Irán -lo que con toda seguridad haría- es también porque la ayuda diplomática que ha dado en su mandato Donald Trump a la creación de una coalición anti iraní en Oriente Medio tiene un impacto de dimensiones históricas. La firma en la Casa Blanca el pasado martes del reconocimiento bilateral de Israel con los Emiratos Árabes Unidos y con Bahréin ha completado unas semanas de un éxito que este país cabeza de puente de Occidente en la región no vivía desde que la Unión Soviética y los Estados Unidos reconocieron al Estado de Israel en mayo de 1948, en los tiempos de su guerra de independencia. Pero no ha sido sólo la firma de la Casa Blanca. La Autoridad Palestina, en cuyas manos está la Presidencia rotatoria de la Liga Árabe, había intentado hacer aprobar a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización una condena a los Emiratos por reconocer a Israel. Por primera vez en la historia de la Liga una iniciativa así fue rechazada. Palestina ya no es una prioridad porque lleva más de medio siglo demostrando que nunca pierde la ocasión de perder una ocasión. Y el pasado domingo el Sultanato de Omán manifestó su apoyo a la decisión de Bahréin de reconocer a Israel. Recordemos que Omán ha sido siempre el mediador entre Estados Unidos e Irán. Casi el único interlocutor válido. ¿Seguirá siéndolo después de este gesto? Y no olvidemos otra acción relevante, la de un país europeo pero musulmán, Kosovo, que ha reconocido a Israel y ¡ha aceptado poner su embajada en Jerusalén! Algo inimaginable para muchísimos fieles del Islam. Éste es el fin de los estereotipos al uso. Todo esto es muy grave para Irán porque demuestra que en un tiempo en que Estados Unidos se muestra cada vez más aislacionista, en que Trump hace todo lo posible por retirar sus tropas de la región, los aliados de los norteamericanos saben que su seguridad frente a Irán pasa por entenderse con Israel. Y lo están haciendo aceleradamente porque les une el miedo a un Irán potencialmente nuclear. Y porque bajo la caricatura del odio generalizado a Israel, la realidad es que la población civil de buena parte del mundo árabe más rico y conservador cree que hay muchos más beneficios en la paz con Israel que en el apoyo a un estado terrorista como el que encabezan las autoridades de Gaza. La amenaza de Irán se ve reforzada por la deriva de la Turquía de Erdogan, el amigo de Zapatero y de la Alianza de Civilizaciones. La presión del Gobierno egipcio sobre los grupos islamistas de los Hermanos Musulmanes ha puesto a muchos de estos en fuga y han encontrado refugio en Turquía. Algo inimaginable en un estado miembro de la OTAN y, hasta la deriva erdoganista, fiel aliado de Occidente en la región. Todo eso se está diluyendo. En esas circunstancias es comprensible que Irán implore una victoria de Biden. Tienen la esperanza que además de reactivar el acuerdo nuclear se aleje de Arabia Saudí por las violaciones de los derechos Humanos de las que es acusado el Príncipe Mohamed bin Salman. Aunque no deja de ser irónico que los iraníes tengan el desparpajo de denunciar violaciones de derechos humanos de nadie. En medio de todos estos acontecimientos ha pasado desapercibido la ejecución el 12 de septiembre de Navid Afkari , un campeón de lucha libre y prisionero político iraní. Se le acusaba de manifestarse contra el régimen. Marián Rajavi, jefa del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní le rindió tributo el viernes en una teleconferencia con dirigentes políticos de todo el mundo. «Enfrentados a ejecuciones y masacres, el pueblo de Irán pide a la ONU y al Consejo de Seguridad que restablezcan las sanciones estipuladas en sus seis resoluciones contra el régimen clerical iraní. Si no, Khamenei continuará destrozando la nación porque la supervivencia de su régimen depende de de la muerte y la represión». ¿Lo permitirá Joe Biden?
20-09-2020 | Fuente: abc.es
La muerte de la juez Ginsburg sacude la reelección de Trump
Las banderas amanecieron ayer a media asta en EE.UU. y las espadas de la política, en todo lo alto. El fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg, una de las jueces progresistas del Tribunal Supremo, ha dejado al país entre el luto por una figura venerada y el olor a pólvora de una batalla entre republicanos y demócratas que afectará a la reelección de Donald Trump, a la renovación del Congreso y a la línea ideológica del sistema legal estadounidense. El viernes por la tarde, la campaña electoral por la presidencia tenía una hoja de ruta clara: mandaba Joe Biden sobre Trump, gracias en buena parte a la pandemia de coronavirus; el presidente, por su parte, centrado en su éxito económico hasta el virus y en un mensaje de «ley y orden» tras las protestas del verano. Ese armazón saltó por los aires con la noticia de la muerte de Ginsburg, de 87 años, integrante de la minoría progresista del alto tribunal. Hasta ahora, los jueces nombrados por presidentes republicanos gozaban de ventaja por la mínima (5-4), a pesar de que uno de ellos, John Roberts, se ha alineado con los progresistas en asuntos como inmigración, derechos LGBT y sanidad. Trump ?que tiene la potestad de nominar a un nuevo juez? y los republicanos ?que controlan el Senado, el órgano que lo confirmará en su puesto? tienen una oportunidad histórica para reforzar una mayoría conservadora (6-3) en el tribunal que podría alargarse varias generaciones. El cargo de juez del Supremo es vitalicio y el magistrado de más edad es uno elegido también por los demócratas, Stephen Breyer, de 82 años. El juez conservador de mayor edad es Clarence Thomas, de 72 años. Ideología dominante Con la renovación del Supremo, los republicanos se asegurarían una línea ideológica dominante en el Supremo durante muchos años, que podría afectar a temas como el aborto, el acceso a las armas o la discriminación por orientación sexual. Pero también se juegan su impacto en la reelección de Trump y en su mayoría en el Senado, ambos amenazados en las elecciones del 3 de noviembre. La principal cuestión es cómo afectaría el proceso de reemplazo de Ginsburg en los votantes. La posibilidad de un tribunal más conservador podría movilizar al voto progresista ?para quien Ginsburg ha sido un tótem?, conseguir el voto de mujeres de estados bisagra ?clave en las elecciones? y disparar las donaciones a la campaña de Biden. La posibilidad de un tribunal más conservador podría movilizar al voto progresista ?para quien Ginsburg ha sido un tótem? Trump, sin embargo, también podría jugar sus cartas. Al presidente le conviene que el debate político se aleje de su gestión de la pandemia y de los casi 200.000 muertos que acumula EE.UU. La composición del Supremo, de hecho, fue una de las claves de su ascenso al poder. Trump, un urbanita mujeriego, no es un conservador de misa dominical. Pero es un excelente muñidor de acuerdos: en la campaña de 2016, ofreció a los conservadores lo que más desean, más poder en el tribunal. En los mítines, insistió hasta la saciedad que llenaría el tribunal de jueces conservadores. Y cumplió: ya ha colocado a dos y ahora podría ser el tercero. La experiencia de 2018 demuestra que la elección de un juez conservador también excita a la contra al electorado demócrata. Parte de su avance en las elecciones legislativas de aquel año tuvo que ver con el proceso de confirmación del juez Brett Kavanaugh, que había sido acusado de agredir sexualmente a una joven en su juventud. Pero, sin duda, es un asunto que entusiasma más al votante conservador. En 2016, el 21% de los votantes dijo que su prioridad número uno era la composición del Supremo. El 56% de ellos votó a Trump y solo el 41% a Hillary Clinton. Hipocresía Antes de ir a las urnas en noviembre, habrá batalla en el Senado. El líder republicano en la cámara alta, Mitch McConnell, no tardó en anunciar que se llevará a votación al nominado que elija Trump, que ayer animó a impulsar la renovación «sin retraso». Los demócratas han estallado con acusaciones de hipocresía, después de que McConnell retrasara durante ocho meses en 2016 la votación de un juez elegido por Barack Obama, hasta que Trump ganó las elecciones. Varios senadores republicanos ya se han desdicho de su defensa a ultranza hace cuatro años de no confirmar a jueces en años de elección presidencial. El líder republicano en la cámara alta, Mitch McConnell, no tardó en anunciar que se llevará a votación al nominado que elija Trump, que ayer animó a impulsar la renovación «sin retraso» Los demócratas necesitan cuatro defecciones de republicanos en el Senado para impedir que se vote o se confirme al nominado. Algún republicano moderado ?Lisa Murkowski? ya ha dicho que no votará. Para alguno dispuesto a sumarse, como Susan Collins, hacerlo podría dañarle, porque se juegan su elección en noviembre. La batalla será cruenta. RBG, tótem judicial e icono pop «progre» Una tienda de regalos de la avenida Flatbush, en esas zonas gentrificadas de Brooklyn con jóvenes profesionales blancos, ha estado desde hace años llena de baratijas con el rostro de una juez del Supremo. Tazas, camisetas, imanes para el frigorífico. En ellas, la cara arrugada y cubierta de la montura de sus gafas de Ruth Bader Ginsburg. Pocas figuras han conseguido abarcar tanto respeto institucional e idolatría pop como ella. Jueces, ninguno. Acabó por ser rebautizada como «Notorious RBG», una referencia al rapero Notorious BIG. Ginsburg creció no demasiado lejos de esa tienda, en el Brooklyn de la inmigración judía de clase media tras la Segunda Guerra Mundial. En su barrio también jugaron Bernie Sanders y Woody Allen. Ginsburg creció entre el dolor y la ambición. Su hermana murió de meningitis a los 8 años. Su madre, de cáncer, un día antes de su graduación en el instituto. Fue pionera en la universidad y en el Derecho, azote contra la discriminación de género, la encarnación legal del movimiento para la igualdad de las mujeres. Y un referente desde su desembarco en el Supremo en 1993, la segunda mujer en conseguirlo. Diminuta, de aspecto frágil, su figura no paró de crecer como referente de la igualdad. Donald Trump la calificó tras su fallecimiento de «titán de la ley». En los últimos años, con la bancada progresista en minoría en el Supremo, fue un símbolo de resistencia y un icono progresista, una anciana octogenaria que levantaba pesas en el mismo despacho en el que escribía opiniones jurídicas.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
Italia vota hoy reducir drásticamente el número de parlamentarios
Con la incógnita de la afluencia por el coronavirus, los italianos están llamados a las urnas este domingo y el lunes para dos votaciones muy importantes. Mediante referéndum se decidirá una reforma constitucional para recortar en más de un tercio el Parlamento. Además, los ciudadanos de siete regiones de un total de veinte eligen a sus respectivos gobiernos, cuyo resultado tendrá una lectura nacional. Sobre el referéndum para el recorte de los parlamentarios hay abierto un profundo e intenso debate en Italia. La reforma constitucional, que entraría en vigor al final de esta legislatura en el 2023, prevé un recorte del 36 por ciento de parlamentarios, desde 945 a 600. La Cámara de Diputados se reduciría de 630 a 400 escaños, y el Senado tendría 200 en lugar de los 315 actuales. Teniendo en cuenta que en la política italiana entra en juego un sinfín de matices, esta consulta más que un sencillo referéndum para votar sí o no, parece un rompecabezas, porque entra el juego el populismo y las luchas entre los partidos. En menos de un año, todo ha cambiado. En un pleno de la Cámara de diputados del 8 de octubre del año pasado, se aprobó definitivamente la ley constitucional sobre el corte de parlamentarios: hubo 553 votos a favor, solo 14 en contra y 2 abstenciones. Todos parecían felices y contentos. Ningún partido político se atrevió a decir que no, porque era muy fuerte la corriente en la opinión pública contra la clase política, calificada como una «casta». Difícilmente se podía entender que en época de crisis económica, un parlamentario italian o cobre 18.435 euros mensuales (10.435 de salario, más otros 8.400 euros por diversos conceptos), la remuneración más alta de un parlamentario en Europa. División Tras aprobarse la reforma en el Parlamento, en menos de un año ya nada es igual. El debate y lucha política ha dividido incluso a destacados miembros del mismo partido o coalición. El Partido Democrático (PD), que votó en contra de la reforma, ahora al formar parte de la coalición de Gobierno con el Movimiento 5 Estrellas, se ve obligado a votar sí porque los «grillini» lo impusieron como condición al PD para que pudiera nacer hace un año el Gobierno de Giuseppe Conte. Pero mientras el líder del PD, Nicola Zongaretti, ha pedido un voto afirmativo, para no desestabilizar la coalición de Gobierno, muchos miembros destacados del PD votarán «no», como es el caso de un barón del partido y fundador del Olivo, Romano Prodi, exprimer ministro y expresidente de la Comisión Europea: «Un voto negativo es más útil -ha escrito Prodi- para no pensar que la disminución del número de parlamentarios constituye una reforma tan importante que las demás no tienen que realizarse». En cambio, el también exprimer ministro y miembro del PD, Enrico Letta, votará sí: «Durante decenios solamente han trabajado dos terceras partes de los parlamentarios. Desde que el número de parlamentarios fue fijado en la Constitución, nacieron el Parlamento Europeo y las asambleas regionales. Todos con poderes legislativos. De ahí la consecuencia natural de una reducción de parlamentarios nacionales». En la derecha, Silvio Berlusconi es partidario del no, mientras el líder de la Liga, Matteo Salvini, y Georgia Meloni, de Fratelli d?Italia, se han pronunciado por el sí, pero el fondo se alegrarían de que triunfara el no porque sería un varapalo para el Movimiento 5 Estrellas, hoy en fuerte crisis interna, y para el gobierno Conte. Las encuestas indican que ganará el sí, pero el recorte de parlamentarios en un símbolo de cierto populismo y del antiparlamentarismo que promueve sobre todo el M5E. Su fundador, el cómico Beppe Grillo, ha llegado a hacer en estos días un homenaje a las dictaduras, porque «funcionan mejor que las democracias». Elecciones regionales Si el voto del referéndum puede ser decisivo para el Movimiento 5 estrellas, las elecciones regionales se ven como un test con valor nacional. Siete millones y medio de personas están llamados a las urnas en Toscana, Apulia, Véneto, Liguria, Campania, Las Marcas y Valle d?Aosta. La madre de todas las batallas está en Toscana, la región roja por excelencia gobernada desde hace 70 años por la izquierda. Aquí se juegan en buena parte su futuro político Matteo Salvini y el líder del Partido Democrático, Nicola Zingaretti. Para el PD, una eventual derrota sería dramática, y quizás con repercusiones para el Gobierno del país. Tendría un valor político y simbólico enorme.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
Tres décadas después de la reunificación alemana, persiste el déficit democrático en los estados orientales
«Claro que se cometieron errores», reconoce hoy Wolfgang Schäuble, que como ministro de Interior de Helmut Kohl redactó y rubricó con su firma el Tratado de Reunificación que dio lugar a la Alemania que hoy conocemos. «No estábamos preparados. No podíamos estarlo. Solo unos días antes de la caída del Muro hubiera sido un escándalo, un conflicto internacional, que la República Federal tuviese planes de reunificación», recuerda los sucesos de hace 30 años, «pero, como dijo Bismarck, la política cambia de un momento a otro. Kohl actuó instintivamente y correctamente, actuó con cuidado en Europa y dio mucha esperanza a la gente aquí». «Hoy se podría decir que les dio demasiadas esperanzas», bromeaba Schäuble el pasado viernes, durante la fiesta de su 78º cumpleaños. Tres décadas después de aquella redención histórica de Alemania y como presidente, ahora, del Bundestag, ha vuelto a ver ondear banderas con la cruz gamada en la escalinata de la fachada del Reichstag, durante una manifestación contra las restricciones de la pandemia, este mismo mes. «Despreciable. No vamos a permitir algo así», sentencia. No es capaz de identificar un error concreto que haya conducido a semejante «vergüenza», pero reconoce que en la reaparición de formaciones de extrema derecha, que tienen sus fuertes en los Bundesländer orientales, subyacen asuntos políticos y sociales no resueltos en la Alemania reunificada, en su papel en Europa y en el mundo, «que han de aclararse cuanto antes». «El bienestar económico, claro, pero la segunda mayor diferencia que yo veo entre la sociedad de 1990 y la de ahora tiene que ver con la política». «Nos movilizamos entonces contra el sistema comunista y por la libertad, en dirección a la democracia, mientras que ahora quienes se manifiestan contra el sistema democrático lo hacen desde posiciones de extrema derecha». Así ve el principal cambio de los Bundesländer orientales alemanes, los que pertenecieron a la RDA, el profesor Matthias Kluge, que creció en Crimmitschau, Sajonia, y fue uno de los fundadores en Königswalde de Nuevo Forum, la plataforma ciudadana de resistencia pacífica que organizó las manifestaciones populares, el movimiento que terminó derribando el Muro de Berlín. Apenas reconoce el país en el que creció, en el que el PIB per cápita era el 37% del de la Alemania occidental. Hoy es del 79,1%. «No obstante, la brecha sigue siendo notable en densidad de población y en la ausencia de grandes empresas», señala el comisario para los Nuevos Länder, Marco Wanderwitz, que apunta como principal diferencia el «déficit democrático» que observa en el este. «La tasa de aprobación del sistema democrático y de sus instituciones, que en los estados del oeste se ubica en el 91%, en el este toca techo es el 78%», justifica. Si en la Alemania del oeste el 40% se declara satisfecho con la democracia, en el este el porcentaje es solo el 22%. El 91% de los alemanes occidentales piensa que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, pero solo apenas un 78% de los orientales suscribe esa premisa. Las actitudes hostiles hacia los extranjeros son abiertamente declaradas por más de un 20% de la población oriental y el antieuropeismo se eleva por encima del 30%. Equiparación económica «La experiencia democrática lleva su tiempo, la construcción de una sociedad civil sólida cuesta décadas», trata de explicar Wolfgang Thierse, que considera zanjada la equiparación económica, «el este tenía mayores expectativas y ha tenido menos tiempo, los occidentales tienen más cayo democrático, por así decirlo, y en el este se percibe una pérdida cultural, de identidad, si lo prefiere, que a falta de otro área de expresión le está pasando la factura al sistema político». Thierse fue elegido en las primeras elecciones democráticas de la RDA y pocos meses después pasó a formar parte del Bundestag, que presidiría años más tarde. Cree que hubieran sido necesarias iniciativas de educación política democrática que ocupasen un vacío en el que se ha enseñoreando el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD). «La reunificación no es solamente un proceso económico y social, como se ha visto a menudo, sino también un proceso político y cultural», subraya, pero recuerda que AfD está también presente, aunque con menos fuerza, en todos los parlamentos regionales occidentales. «Abordar esto como un problema del este es un error, todos nosotros tenemos un problema, lo que ocurre es que allí donde la incertidumbre y la inseguridad son mayores, se manifiesta con más fuerza, esos ciudadanos son más fácilmente presas del populismo y luchar contra eso es una tarea pendiente, no solo para Alemania, sino para muchas otras democracias occidentales». Steffen Mau, sociólogo y profesor de la Universidad Humboldt de Berlín, es considerado uno de los mejores conocedores de la mentalidad de Alemania del Este. «En su mayoría están satisfechos», dice, «al fin y al cabo, ellos conocían mejor que nadie la vida en la RDA». Mau ha constatado, sin embargo, que la mayoría de los alemanes orientales son más estatistas y menos liberales que los occidentales. «También son menos solidarios, con tendencia más pronunciada a preservar los derechos adquiridos y tienen mayor dificultad para relacionarse con los extranjeros». «Sigue habiendo Ossis y Wessis», reconoce, «todavía hay una identidad del este, incluso entre los menores de 30 años, una quinta parte se considera más alemán orientales que alemán». «Y eso», insiste, «tiene un precio».
20-09-2020 | Fuente: abc.es
El déficit democrático en los estados orientales de Alemania persiste tras 30 años de reunificación
«Claro que se cometieron errores», reconoce hoy Wolfgang Schäuble, que como ministro de Interior de Helmut Kohl redactó y rubricó con su firma el Tratado de Reunificación que dio lugar a la Alemania que hoy conocemos. «No estábamos preparados. No podíamos estarlo. Solo unos días antes de la caída del Muro hubiera sido un escándalo, un conflicto internacional, que la República Federal tuviese planes de reunificación», recuerda los sucesos de hace 30 años, «pero, como dijo Bismarck, la política cambia de un momento a otro. Kohl actuó instintivamente y correctamente, actuó con cuidado en Europa y dio mucha esperanza a la gente aquí». «Hoy se podría decir que les dio demasiadas esperanzas», bromeaba Schäuble el pasado viernes, durante la fiesta de su 78º cumpleaños. Tres décadas después de aquella redención histórica de Alemania y como presidente, ahora, del Bundestag, ha vuelto a ver ondear banderas con la cruz gamada en la escalinata de la fachada del Reichstag, durante una manifestación contra las restricciones de la pandemia, este mismo mes. «Despreciable. No vamos a permitir algo así», sentencia. No es capaz de identificar un error concreto que haya conducido a semejante «vergüenza», pero reconoce que en la reaparición de formaciones de extrema derecha, que tienen sus fuertes en los Bundesländer orientales, subyacen asuntos políticos y sociales no resueltos en la Alemania reunificada, en su papel en Europa y en el mundo, «que han de aclararse cuanto antes». «El bienestar económico, claro, pero la segunda mayor diferencia que yo veo entre la sociedad de 1990 y la de ahora tiene que ver con la política». «Nos movilizamos entonces contra el sistema comunista y por la libertad, en dirección a la democracia, mientras que ahora quienes se manifiestan contra el sistema democrático lo hacen desde posiciones de extrema derecha». Así ve el principal cambio de los Bundesländer orientales alemanes, los que pertenecieron a la RDA, el profesor Matthias Kluge, que creció en Crimmitschau, Sajonia, y fue uno de los fundadores en Königswalde de Nuevo Forum, la plataforma ciudadana de resistencia pacífica que organizó las manifestaciones populares, el movimiento que terminó derribando el Muro de Berlín. Apenas reconoce el país en el que creció, en el que el PIB per cápita era el 37% del de la Alemania occidental. Hoy es del 79,1%. «No obstante, la brecha sigue siendo notable en densidad de población y en la ausencia de grandes empresas», señala el comisario para los Nuevos Länder, Marco Wanderwitz, que apunta como principal diferencia el «déficit democrático» que observa en el este. «La tasa de aprobación del sistema democrático y de sus instituciones, que en los estados del oeste se ubica en el 91%, en el este toca techo es el 78%», justifica. Si en la Alemania del oeste el 40% se declara satisfecho con la democracia, en el este el porcentaje es solo el 22%. El 91% de los alemanes occidentales piensa que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, pero solo apenas un 78% de los orientales suscribe esa premisa. Las actitudes hostiles hacia los extranjeros son abiertamente declaradas por más de un 20% de la población oriental y el antieuropeismo se eleva por encima del 30%. Equiparación económica «La experiencia democrática lleva su tiempo, la construcción de una sociedad civil sólida cuesta décadas», trata de explicar Wolfgang Thierse, que considera zanjada la equiparación económica, «el este tenía mayores expectativas y ha tenido menos tiempo, los occidentales tienen más callo democrático, por así decirlo, y en el este se percibe una pérdida cultural, de identidad, si lo prefiere, que a falta de otro área de expresión le está pasando la factura al sistema político». Thierse fue elegido en las primeras elecciones democráticas de la RDA y pocos meses después pasó a formar parte del Bundestag, que presidiría años más tarde. Cree que hubieran sido necesarias iniciativas de educación política democrática que ocupasen un vacío en el que se ha enseñoreando el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD). «La reunificación no es solamente un proceso económico y social, como se ha visto a menudo, sino también un proceso político y cultural», subraya, pero recuerda que AfD está también presente, aunque con menos fuerza, en todos los parlamentos regionales occidentales. «Abordar esto como un problema del este es un error, todos nosotros tenemos un problema, lo que ocurre es que allí donde la incertidumbre y la inseguridad son mayores, se manifiesta con más fuerza, esos ciudadanos son más fácilmente presas del populismo y luchar contra eso es una tarea pendiente, no solo para Alemania, sino para muchas otras democracias occidentales». Steffen Mau, sociólogo y profesor de la Universidad Humboldt de Berlín, es considerado uno de los mejores conocedores de la mentalidad de Alemania del Este. «En su mayoría están satisfechos», dice, «al fin y al cabo, ellos conocían mejor que nadie la vida en la RDA». Mau ha constatado, sin embargo, que la mayoría de los alemanes orientales son más estatistas y menos liberales que los occidentales. «También son menos solidarios, con tendencia más pronunciada a preservar los derechos adquiridos y tienen mayor dificultad para relacionarse con los extranjeros». «Sigue habiendo Ossis y Wessis», reconoce, «todavía hay una identidad del este, incluso entre los menores de 30 años, una quinta parte se considera más alemán orientales que alemán». «Y eso», insiste, «tiene un precio».
20-09-2020 | Fuente: abc.es
Biden corteja al creciente voto puertorriqueño en Florida
«La comunidad puertorriqueña va a marcar la diferencia en Florida y va a asegurar que Trump no tenga otros cuatro años». Lo asegura Amy Mercado, una candidata demócrata local del estado sureño, y su optimismo podría sonar a exageración. Quizá no lo sea tanto. Sin Florida, uno de los estados más poblados de EE.UU. -y, por lo tanto, uno de los que más representantes envía al colegio electoral que elige al presidente de EE.UU.- las opciones de Donald Trump de conservar la Casa Blanca se estrechan como en un embudo. El estado sureño es una de esas bisagras electorales, donde el peso de demócratas y republicanos está muy empatado, y cualquier movimiento de fuerzas puede definir la elección. Y uno de esos movimientos lo ha protagonizado en los últimos años la comunidad puertorriqueña. «Con la crisis económica de los últimos años en Puerto Rico, la presencia de esta comunidad ha crecido, una tendencia que se aceleró tras el huracán María», explica Fernando Rivera, profesor de sociología en la Universidad de Florida Central y director del Puerto Rico Research Hub. El éxodo provocado por el desastre natural, del que hoy se cumplen tres años, impactó a las comunidades de Nueva York y, sobre todo, Florida. En especial, en los condados cercanos a la ciudad de Orlando, donde se asienta buena parte de esta comunidad. Según Rivera, Florida pasó de tener un millón de puertorriqueños en 2015 a casi 1,2 millones en 2018. No es un cambio determinante para una población estatal de 21 millones de personas, pero sí lo podría ser para una elección que puede decidirse -imposible olvidarse del precedente de 2000, cuando el estado propició la presidencia de George W. Bush- por un puñado de votos. Esta semana ha sido un ejemplo perfecto de la importancia que los puertorriqueños de Florida tienen para la campaña. El candidato demócrata, Joe Biden, se paseó por los condados de Orange y Osceola, donde se asienta buena parte de la comunidad. Presentó un plan para Puerto Rico. Se rodeó de famosos como Ricky Martin y Luis Fonsi. Hasta bailó «Despacito», a duras penas. Biden es consciente de que el voto puertorriqueño es más decisivo que nunca en esta elección y que puede crecer en él más que con el voto cubano o venezolano, donde Trump ha ganado terreno. Quizá llegue algo tarde. Las encuestas muestran que Biden tiene en Florida algo menos de apoyo de latinos que Hillary Clinton en 2016, y ella perdió el estado, por la mínima, frente a Trump.<iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/oXOlvWw8uXs" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> Al contrario que su gran rival en las primarias, Bernie Sanders, Biden trabajó de forma superficial el voto latino, centrado en conseguir el apoyo de la minoría negra, que fue, junto al empuje del «establishment», lo que le permitió asegurarse la nominación. Ahora viene un esfuerzo de último minuto, impulsado por gente como Mercado, que es candidata local en el condado de Orange, y que pelea voto a voto «con muchos cafecitos» con sus vecinos. También con gente como Giovanni Pagan, un joven puertorriqueño que dedica su tiempo libre a llamar por teléfono a votantes hispanos, sobre todo de su mismo origen, para que apoyen a Biden. Pagan ni siquiera está en Florida. Lo hace desde Harlem, en Nueva York, otro núcleo de la comunidad puertorriqueña en EE.UU., pero sabe que los esfuerzos tienen que hacerse en el estado sureño (Nueva York es un estado demócrata donde Biden tiene la victoria asegurada). «Hay gente que en el confinamiento se ha dedicado a hacer pan o a jugar a videojuegos», explica. «Yo hago llamadas porque me importan la democracia y Puerto Rico». Una ayuda tardía Ante estos esfuerzos de última hora, Trump ha movido ficha. Dos días después de la visita de Biden a Puerto Rico y tras años de retrasos y críticas, anunció una ayuda de más de 11.000 millones de dólares para recuperar las infraestructuras destrozadas por el huracán María, del que hoy se cumplen tres años. «No creo en las casualidades», comenta Rivera sobre el repentino interés de ambas campañas por la comunidad puertorriqueña. El desafío para ambas, en especial para Biden, es que es un electorado con una abstención históricamente superior al de otros hispanos, como los cubanos. La pandemia y las críticas de Trump al voto por correo «han generado confusión», reconoce Pagan sobre su experiencia con votantes. Y más allá de eso, sobre todo para los recién llegados desde la isla, están más centrados en sobrevivir que en decidir su voto.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
El voto venezolano se vuelca en Trump en la recta final
José Iorio ya ha decidido a quién va a votar en las elecciones de Estados Unidos del 3 de noviembre. Nacido en Venezuela hace 52 años, es ciudadano desde 2010 y reside en Florida. La primera vez que pudo votar en unas presidenciales, en 2012, optó por Barack Obama, según dice por «lo que hizo por los inmigrantes y la reestructuración del sistema de salud». Cuatro años después, en 2016, se abstuvo, porque no le convencía ninguno de los dos candidatos. En esta ocasión, Iorio ha visto suficiente. Su voto será para Donald Trump, por una razón principal: «Este presidente ha sido el único que ha hecho algo concreto y conciso para la causa de Venezuela». Casos como el Iorio, que es parte de una comunidad de inmigrantes y exiliados venezolanos asentados en Florida, son una de las razones por las que los dos candidatos, Trump y el demócrata Joe Biden, están empatados en ese estado que es decisivo ?e incluso necesario? para ganar las elecciones. Una reciente encuesta de la universidad de North Florida y El Diario de Venezuela vaticina que dos de cada tres venezolanos en ese estado votarán por el presidente Trump. De los 421.000 venezolanos que hay en EE.UU., la mitad reside en el sur de la Florida. Desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente Trump ha aprobado varias rondas de sanciones contra los jerarcas del régimen chavista, ha autorizado un embargo del crudo venezolano y ha amenazado con una intervención militar, que no se ha materializado. Las gestiones de la administración estadounidense han sido decisivas para que medio centenar de países reconozca al gobierno de Juan Guaidó como representante legítimo, y gracias a una invitación de Trump, el propio presidente interino visitó en febrero no sólo la Casa Blanca sino también el Capitolio durante el discurso del Estado de la Unión. El venezolano José IorioA pesar del apoyo de EE.UU. a un pronunciamiento el 30 de abril de 2019, el cambio no ha llegado. Aunque Maduro sigue en el poder, el grueso de esta comunidad venezolana está convencido de que Trump ha hecho todo lo posible, y que con cuatro años más puede cumplir el objetivo que se marcó en el mismo discurso del Estado de la Unión al que invitó a Guaidó: «La tiranía de Maduro será destruida». «El presidente Trump se ha comprometido a la causa venezolana usando todos los recursos posibles», asegura Andrés Malave, de 36 años y estratega republicano en Florida. «Está tratando de hacerlo todo de una forma legal y correcta, para asegurarse de que todas las injusticias de la dictadura se vean en todo mundo y se sepa la verdad. Gracias a él más de 50 países reconocen a Guaidó como presidente, y no a Maduro», añade. Acercamiento de Obama al castrismo Para Malave, hay además una razón de peso para no votar al demócrata Biden, que resuena en realidad en todo el sur de la Florida: el recuerdo del acercamiento del Gobierno de Obama al castrismo, que permitió el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Venezuela y el aligeramiento del embargo, que ha revertido en gran parte Trump. «El vicepresidente Biden quiere aflojarle las sanciones de nuevo a Cuba, y no hay duda de que eso ayuda a Maduro, porque depende de los cubanos», explica Malave, quien cree que en esta política de mano dura hacia los regímenes castrista y chavista han sido cruciales los dos senadores de la Florida, Rick Scott y Marco Rubio, ambos republicanos. Aunque el demócrata Biden lleva ventaja en las encuestas de intención de voto a nivel nacional, estas son mucho más reñidas en estados claves como Pensilvania, Wisconsin o la misma Florida, donde el presidente ganó en 2016. Aquel año, a nivel nacional, Trump obtuvo tres millones de votos menos que su contrincante, Hillary Clinton, pero se llevó la presidencia porque ganó en los estados necesarios para sumar más de 270 votos del colegio electoral, 29 de los cuales corresponden a Florida. La encuesta más reciente en ese estado, de Florida Atlantic University, vaticina un empate al 50%. Recientemente, un artículo del periodista venezolano Orlando Avendaño, director del diario PanAm Post, reivindicaba el uso de la palabra «magazolanos», uniendo los términos «maga» y «venezolanos». «#MAGA» es el acrónimo de la campaña de Trump en redes sociales, que usa las iniciales del lema «Make America Great Again», o «Hagamos América Grande de Nuevo». Según escribió Avendaño, «Trump ha sido el presidente americano que más ha apoyado la libertad de Venezuela. Punto. Punto, punto, punto. No hay grises en la discusión. El presidente americano y el presidente del mundo, porque hoy hemos logrado lo que logramos gracias a que en la Casa Blanca gobierna el odioso de piel naranja». Un golpe demoledor Según explica el periodista a ABC, «la presión que está notando en este momento el régimen es mayor de la que notaba cuatro años antes seguro, sobre todo por la presión a Cuba». Avendaño considera que una derrota de los republicanos sería un golpe demoledor para muchos venezolanos que padecen una crisis humanitaria sin precedentes. «Sería un golpe letal. El exilio aumentaría porque muchos venezolanos hoy en Venezuela han decidido quedarse estos últimos tres o cuatro años precisamente por la postura que asumió la administración republicana. Creo que una victoria de Biden sería algo completamente demoledor, sobre todo por el historial del Partido Demócrata con la causa venezolana y por su blanqueamiento de la tiranía castrista», añade. Daniel Di Martino, exiliado venezolano de 21 años, coincide. Él mismo tuvo la oportunidad de trasladar a Trump sus impresiones durante una reunión en el Despacho Oval el año pasado, en un acto con víctimas del comunismo. Ahora, desde Kentucky, donde reside, hace campaña a favor del presidente y trata de movilizar a su comunidad para que vote. Todos los fines de semana se echa a la calle a convencer a demócratas e indecisos y a asegurarse de que los republicanos también van votar. «Les digo que la destrucción de mi país fue por políticas de izquierda, socialistas, que nos hicieron pobres, y a mí me obligaron a irme», asegura. «Si Venezuela tiene opción de ser libre, solo será libre si Trump es presidente», asegura. Para Iorio, el venezolano nacionalizado en EE.UU. que ha pasado de Obama a Trump, no es necesario coincidir con todo lo que hace o dice el presidente: «No comparto muchas ideas de su política en cuanto a, por ejemplo, el tema de las armas. No comparto muchas de sus ideas de inmigración, o cosas que él quiere reestructurar en el sistema de salud. Vamos, no lo comparto todo al 100%, pero sí comparto su oposición al socialismo y su firmeza para que haya por fin un cambio en Venezuela».