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Noticias de pobreza

21-03-2020 | Fuente: abc.es
Latinoamérica es la última en recibir el virus y será la última en recuperarse
Los países latinoamericanos afrontan el comienzo de la expansión del coronavirus con un mayor conocimiento sobre qué medidas pueden ser más efectivas para la contención de la pandemia. Aunque hay algunos mandatarios (especialmente Andrés Manuel López Obrador o Jair Bolsonaro) que hasta ahora no parecían haberse percatado de la gravedad del momento, otros en cambio han mostrado el liderazgo a seguir (quizás el más temprano fue el de Martín Vizcarra en Perú). Está por ver cómo evoluciona la extensión del contagio en Latinoamérica: perjudica que los sistemas sanitarios sean en ciertos casos deficientes, pero beneficia el clima tropical de parte de la región, que podría atemperar la propagación del virus (en el Cono Sur, en cambio, se va hacia una estación de temperaturas más bajas). Sin embargo, lo que es seguro es que el periodo va a ser ?está siendo ya? especialmente perjudicial para la economía. La afectación más larga La paralización de China en el primer trimestre ya afectó a los países que más exportan a aquel mercado o dependen mucho de unas materias primas que están en caída de precios. Y cuando ahora la gran potencia asiática se prepara para ponerse de nuevo de pie, la paralización de Europa y, seguidamente, de Estados Unidos, con pleno efecto en el segundo trimestre, seguirá manteniendo a Latinoamérica tirada en la lona, por las dinámicas añadidas de ruptura de las cadenas de suministros, colapso del turismo y contracción de las inversiones. Cuando Europa y EE.UU. se recuperen, la región estará paralizada por el cierre de las fronteras entre vecinos, por encontrarse aún ocupada en terminar de superar el Covid 19. Siendo la última región (junto a África) en recibir el virus, Latinoamérica será la última en sacárselo de encima, pero además habrá sufrido las consecuencias económicas negativas desde el principio de la crisis global por el coronavirus hasta su final. Las economías de otras regiones habrán sufrido especialmente a lo largo de un trimestre: la latinoamericana a lo largo de dos, al menos. Caída en recesión y colapso del turismo Teniendo esto en mente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de Naciones Unidas estima a día de hoy que la región podrá sufrir este año una contracción económica del 1,8% del PIB, lo que podría suponer un incremento del paro registrado en diez puntos. Según explicó el jueves la secretaria general de la Cepal, Alicia Bárcena, «esto llevaría a que, de un total de 620 millones de habitantes, el número de pobres en la región suba de 185 a 220 millones; en tanto que las personas ene pobreza extrema podrían aumentar de 67,4 a 90 millones». La Cepal llama la atención sobre el especial nefasto efecto de la crisis en los países caribeños que dependen básicamente el turismo. «Si la prohibición de viajes a causa del virus se prolonga por uno, dos o tres meses», la actividad turística en Caribe en 2020 «se contraerá en 8%, 17% y 25%, respectivamente», dijo Bárcena. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) no ha avanzado de momento ninguna cifra sobre los efectos económicos de la crisis, si bien el director para el Hemisferio Occidental en ese organismo, Alejandro Werner, advirtió también el juevse que «un crecimiento negativo no es un escenario improbable». Si la OCDE prevé que el comercio global se reduzca este año entre un 0,9% y un 3,75%, no sería de extrañar que Latinoamérica caiga en recesión, sugirió Werner, quien en cualquier caso vaticinó un «impacto profundo» en la región. Países mejor y peor preparados En el aspecto de emergencia médica, el FMI señala que los países con «débiles infraestructuras» sanitarias y «limitado espacio fiscal para acelerar los servicios de salud y ayudar a los sectores y hogares afectados» se verán sometidos a una especial presión. Utilizando el Índice de Seguridad Sanitaria Mundial de la Universidad John Hopkins y estimaciones propias, el FMI considera que los países mejor preparados por sus capacidades sanitarias o características de población y su distribución son México, Chile, Argentina, Brasil y Ecuador. Menos preparados están Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Panamá, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y Jamaica. En del peor estadio se encuentran Honduras, Guatemala, Belice, Haití y Guyana (la clasificación no cuenta con mediciones de Venezuela, Cuba, Surinam ni Costa Rica).
09-03-2020 | Fuente: abc.es
Por qué el socialismo ha fracasado (hasta ahora) en Estados Unidos
Estados Unidos asiste en las últimas semanas al hecho insólito de que un político que se define como «socialista», Bernie Sanders , se sitúe como un serio aspirante a disputar a Donald Trump la Casa Blanca. Al contrario que en Europa, donde forma parte del paisaje político, ese término despierta tradicionalmente recelos en gran parte de la población. Sin embargo, no es ajeno a la historia estadounidense y llegó a haber un movimiento obrero mucho más importante de lo que hoy día se podría pensar. E incluso emergió un partido socialista de relativo éxito. Pese al bipartidismo imperante, EE.UU. no siempre ha estado dividido entre demócratas y republicanos, sino que la realidad es mucho más rica. En las primeras décadas de la joven nación surgida de la guerra de la independencia contra los británicos (1775-1783), el pulso por el poder era entre el llamado Partido Federalista de Alexander Hamilton, que abogaba de unas instituciones centrales fuertes, y el Partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson, defensor de los derechos de los estados. De este último acabaría surgiendo el actual Partido Demócrata en 1826, que durante mucho tiempo encarnó el ideario conservador y tuvo su feudo en los estados sureños. Enfrente se situaba el Partido Whig, del que a su vez saldría en 1854 el Partido Republicano, abanderado de la abolición de la esclavitud y con el presidente Abraham Lincoln como figura emblemática. «Los partidos de masas fueron muy tempranos ?explica a ABC la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia Aurora Bosch? y como tales ampliaron su composición conforme se extendía el voto y tenían una organización y una acción política dirigida a captar el voto de las nuevas mayorías. Eran y son grandes coaliciones, que incorporan en sí mismo distintas fracciones». «Estos partidos de masas tempranos eran los que gestionaban un estado federal muy débil y daban un sentido nacional», explica Aurora Bosch «En el caso del Partido Demócrata, ya en 1826 fue capaz de incorporar las demandas de los primeros partidos de los trabajadores de las principales ciudades del este» y «a la vez representaba los intereses de los inmigrantes irlandeses de Nueva York, de los plantadores en el sur, de los agricultores familiares del oeste?», destaca Bosch, autora de «Historia de Estados Unidos 1776-1945)» (Crítica, 2005). Además, explica, «estos partidos de masas tempranos eran los que gestionaban un estado federal muy débil y daban un sentido nacional», por los que «se les llamaba partidos constituyentes». Tras la guerra civil (1861-1865), la industrialización, el desarrollo económico y la explosión demográfica se extendieron por todo el país a lomos del capitalismo y el libre mercado. Era la «edad dorada» de las grandes corporaciones y multimillonarios magnates como John D. Rockefeller, Andrew Carnegie o J. P. Morgan. Pero también la época de la avalancha migratoria y los conflictos sociales. Ya en la década de 1860 se desató en las minas de carbón de Pensilvania una ola de palizas, asaltos y asesinatos de los que se acusó a los llamados Molly Maguires, sociedad secreta de inmigrantes de origen irlandés que se sentían discriminados frente a los nativos. En unos juicios de dudosa limpieza, los culpables fueron condenados y diez de ellos ejecutados en 1877, lo que marcó el fin de esa organización. Pero ese mismo año una gran huelga ferroviaria convocada por los recortes de salarios fue secundada por 100.000 trabajadores y paralizó buena parte del tráfico de mercancías del país. Visto por muchos como el principio de una insurrección comunista, el paro fue duramente reprimido por tropas federales, milicias estatales y ejércitos privados de las empresas, y se saldó con un centenar de muertos. En 1876, justo un siglo después de la Declaración de Independencia, se había formado el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos (WPUS, por sus siglas en inglés), el primero de corte marxista en el mundo tras el SPD alemán, según apunta Aurora Bosch en su obra sobre la historia estadounidense. Al calor de la huelga ferroviaria, creció su activismo y se rebautizó como Partido de Trabajadores Socialistas (SLP). El auge de los Caballeros del Trabajo Pero la organización que más aprovechó este auge del movimiento obrero fue la noble y sagrada Orden de los Caballeros del Trabajo, o Knights of Labor, que en la década de 1880 llegó a superar los 700.000 miembros, en torno a la décima parte de la fuerza laboral de EE.UU. Tenía «una ideología de republicanismo de clase obrera, adaptado a las condiciones de 1880 e impregnado de socialismo», sostiene la profesora Bosch. «Aunque seguían creyendo que el trabajo asalariado era una amenaza para la república porque se creaba una serie de ciudadanos dependientes ?señala en el libro?, no trataban de volver a la época de los pequeños productores independientes, sino de extender la democracia al lugar de trabajo, como la única forma de mantener la república como régimen de gobierno, a través de la garantía de los derechos de los trabajadores y de su participación en los beneficios». Sin embargo, el fracaso en marzo de 1886 de la tercera huelga de los Knights contra el magnate ferroviario Jay Gould, que «el mago de Wall Street» reventó gracias a los detectives de la siniestra Agencia Pinkerton, marcó el comienzo del declive de la Orden. A ello se añadieron los sucesos del 1 de mayo de ese año en Haymarket Square, en Chicago. Aquel día los anarquistas protestaban contra la muerte de cuatro huelguistas por la Policía y en medio de un mitin se lanzó una bomba contra los agentes, siete de los cuales murieron, entre otras víctimas. El miedo a la revuelta comunista se disparó y el respaldo a los Caballeros del Trabajo cayó en picado. En memoria de los trágicos episodios de Haymarket se instituyó el 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, que aún hoy sigue celebrándose en buena parte del mundo, aunque, curiosamente, no en Estados Unidos. Aquel mismo 1886 se fundó la Federación Americana del Trabajo (AFL), que encarnaba un nuevo sindicalismo de trabajadores cualificados más pragmático, conservador y alejado de la ideología y la acción política. El socialismo y el radicalismo revolucionario pasaban a percibirse como propios de extranjeros, ajeno al espíritu estadounidense. Con todo, en la década de 1890 no desapareció la tensión social. En esos años EE.UU. sufrió la peor crisis económica de su historia hasta entonces y en 1894 se organizó una huelga nacional del ferrocarril de la que emergió la figura de Eugene Debs, llamado a liderar lo que sería el Partido Socialista Americano, fundado en 1901. Este partido, que buscaba entroncar con la tradición política emanada de la revolución de 1775, logró superar los 900.000 votos en 1912, el 6% del total, en las elecciones persdienciales. Pero ese fue su techo, porque la mayoría de los ciudadanos seguían acudiendo a los partidos tradicionales en busca de la respuesta a sus demandas. Además, llegaron la I Guerra Mundial y la Revolución bolchevique de 1917, lo que trastocó el panorama y desató el miedo a la «amenaza roja», lo que acabó por condenar al Partido Socialista Americano. En 1919 se formó el Partido Comunista, aunque solo a partir de la depresión de los años 30 conoció cierto relieve. En todo caso, el conservadurismo de la AFL y, más aún, las guerras mundiales reforzaron el sentimiento patriótico y capitalista, de modo que ni socialistas ni comunistas lograron cuajar como en Europa. En el fracaso de los socialistas influye, según Aurora Bosch, «por un lado la hegemonía ideológica del liberalismo con la que es difícil luchar» en el país, y por otro la tendencia, «desde la aparición del movimiento obrero más másivo», de «identificar socialismo como extranjerismo y por tanto considerarlo antiamericano». En su opinión, «esto es clave, aunque hubiera un socialismo como el de Debs que entroncaba la tradición política radical americana -es decir profundamente democrático mucho más que los europeos- con la lucha de clases». En relación a esto, Bosch destaca también «la fortaleza de la respuesta empresarial, judicial y estatal y federal contra el primer conato de organización del movimiento obrero ya en el siglo XIX». La exclusión de la minoría negra A todo ello añade que «el sector más oprimido y pobre de la población, la minoría negra, quedaba generalmente excluido de esta lucha, por su propia opresión en el sur, por el racismo de los sindicatos en el norte, hasta los años treinta, en que si se incorporaron al sindicalismo del CIO y el para el Partido Comunista fue un objetivo principal de acción». «Pero entonces ya se integraron en la Coalición Roosevelt del Partido Demócrata», anota. En la actualidad, reflexiona la especialista, «la asociación de socialismo y radicalismo en general con antiamericanismo puede aún ser utilizada como sabe subliminal o burdamente por la campaña del Partido Republicano y seguro que seguirá siendo eficiente, en parte también por cómo los estadounidenses se ven a sí mismos», señala en referencia a «la importancia de la no intromisión del estado federal y la convicción de que nadie defenderá sus intereses mejor que ellos mismos, así como el tema de la responsabilidad individual en un sentido amplio, incluido labrar su propia suerte». Sin embargo, sí percibe un cambio en la percepción del termino socialista en la sociedad estadounidense, ya que «estamos en un nuevo escenario político tras la recesión». «Lo hemos visto con el Partido Republicano y Trump -explica-. Lo vimos en la campaña de 2016 con Sanders y lo estamos viendo en esta campaña. En efecto, parece que para muchos votantes demócratas, tras la desigualdad con que se ha resuelto la gran recesión, medidas características de un socialismo democrático -más moderadas incluso que las europeas- no les parecen desde luego antiamericanas». Howie Hawkins, candidato del Partido Verde y del Partido Socialista de EE.UU. - ABC Howie Hawkins, candidato del Partido Socialista de EE.UU.: «Sanders logrado abrir la conversación» El candidato del minoritario Partido Socialista de EE.UU. -también del Partido Verde-, asegura que Bernie Sanders ha logrado que en EE.UU. se hable de socialismo, algo antes proscrito. A juicio de Howie Hawkins, el senador por Vermonthace campaña por un «liberalismo de New Deal a la antigua», no «un programa socialista tradicional de propiedad social y la gestión democrática de los medios de producción». Sin embargo, reconoce que ha logrado que se hable del socialismo y que ha beneficiado a su partido. El socialismo de Sanders, señala, se identifica con sus programas sociales exitosos. «Hasta Sanders, el socialismo era un obstáculo para la conversación. Ahora sirve para iniciarla», asegura a ABC. En este sentido, destaca que «millones de estadounidenses hablan de qué significa socialismo democrático, ha abierto el debate». Según explica, las élites empresariales y políticas de EE.UU. han «denigrado» históricamente a los socialistas democráticos, sobre todo en la represión del Temor Rojo tras las guerras mundiales. «Su propaganda los equiparó con estados represivos de partido único», apunta. El programa del Partido Socialista -heredero del de Eugene Debs del siglo XX- incluye «tres cuestiones de vida o muerte», destaca: un nuevo acuerdo verde ecosocialista para evitar una catástrofe climática, un proyecto de ley con garantías de empleo, ingresos por encima del umbral de pobreza, vivienda asequible, sanidad para todos, educación gratuita, jubilación, y desarme nuclear. En cuanto a regímenes como los de Cuba o Venezuela, defiende que EE.UU. levante las sanciones y los esfuerzos para cambiar su régimen. Su pueblo debe decidir su gobierno.
01-03-2020 | Fuente: abc.es
Zigor Aldama, periodista: «Mongolia conquistó China, pero hoy es China la que conquista Mongolia»
Como si fuera un respiro en un país donde las temperaturas caen varios grados bajo cero durante todo el año y las tradiciones no suelen mostrarse mucho más amables que el clima, Zigor Aldama (Bilbao, 1980) comprendió que visitar un garito para el colectivo LGTBI en Ulán Bator era como asistir al nacimiento de un país nuevo, un lugar donde las mujeres combaten por sus derechos y a los jóvenes les aburre la naturaleza. En «Adiós a Mongolia» (Península, 2020), el periodista relata sus viajes a una tierra donde todavía existen los nómadas, aunque vean culebrones surcoreanos en los televisores que han instalado en sus tiendas, y en el que la caza con halcones a caballo no ha desaparecido, a pesar de que sus protagonistas se hayan convertido en celebridades. Con acierto, hace hincapié en una idea que suelen pasar por alto los ciudadanos de esa parte del mundo donde la escasez se esfumó mucho tiempo atrás: aunque resulten fascinantes, las formas de vida extremas no son demasiado agradables para los que tienen que sufrir. La pobreza y la escasez no causan placer estético, sino frustración y el deseo justo de que las necesidades básicas queden cubiertas. Durante esta entrevista, mantenida por teléfono para salvar la distancia geográfica, el reportero, corresponsal en Shanghái desde hace años, conversa con ABC. En su libro, recuerda que Mongolia está atrapada entre Rusia y China, y que la influencia del último país es particularmante poderosa, fenómeno que provoca bastante rechazo entre la población. Cuando habla de un grupo neonazi mongol, explica que tiene un discurso antichino de corte racista, por ejemplo. ¿Cómo convive Mongolia con su geografía? Mongolia conquistó gran parte de China, pero ahora es China la que está conquistando Mongolia, desde el punto de vista económico. Es cierto que existe un creciente sentimiento antichino, por la presencia de empresas chinas que extraen materias primas. Mongolia es un país poco poblado, pero muy rico gracias a la minería. En muchas ocasiones, las empresas chinas llevan su propia mano de obra. No contratan a gente local, porque consideran que los mongoles no están lo suficientemente formados para desempeñar el trabajo. Eso ha provocado bastantes choques. También ha habido acusaciones de violación, y peleas entre personas borrachas. Son pequeñas chipas, que han prendiendo un sentimiento antichino que siempre ha existido. Como cuento en el libro, uno de los nómadas me dijo que las dos cosas que más odian son los gatos y los chinos. El movimiento neonazi mongol, que utiliza esvásticas, lleva ese sentimiento al extremo, y lo disfraza con el activismo ecologista y la protección de la tierra y el medioambiente. En realidad, es un movimiento que tiene un discurso muy hitleriano, con su petición de mantener la pureza de la raza y evitar los matrimonios interétnicos o con personas de otras diferentes. Geográficamente, Rusia y China le hacen un sándwich, y los dos son gigantes demográficos, políticos y económicos. Le va a resultar difícil mantener su soberanía, porque el poderío económico se traslada al político, y China, poco a poco, va teniendo más mano dentro de la vida mongola. Pone de relieve la paradoja entre Mongolia y la región autónoma de Mongolia Interior, bajo dominio de China. Mongolia ha mantenido su independencia, pero todavía es un país en vías de desarrollo donde el nomadismo sigue existiendo, y la sociedad es tradicional en muchos ámbitos. Mongolia Interior no tiene autonomía política, pero sí ha experimentado un alto nivel de desarrollo, y el nomadismo ya es un recuerdo del pasado. Cuando se habla de China y de la mano dura que tiene con las minorías étnicas, se piensa en los tibetanos o en los uigures, pero raramente en los mongoles. Y ahí está Mongolia Interior, que tiene una importante población de etnia mongola y se ha desarrollado como cualquier otra región china. Mongolia Interior se diferencia muy poco del resto de China y representa, de alguna forma, el futuro hacia el que se dirige Mongolia, porque ya no hay casi nómadas, y lo que se mantiene de la cultura mongola es de cara al turismo. En China, llama la atención que las minorías étnicas parezcan formar parte de una especie de zoológico humano, donde sus miembros se visten y realizan tradiciones para atraer turistas y ganar dinero. Donde se mantienen las culturas y tradición mongola, es en la Mongolia independiente. Vivo en China, he ido a Mongolia Interior varias veces, y es una pena ver cómo la cultura mongola ha sido reemplazada por la China «han», la etnia mayoritaria. Hay quien dice que no es negativo que eso suceda, porque se ha conseguido un desarrollo económico mayor, y sugiere que Mongolia debería seguir también ese modelo. «Cuando se habla de China y de la mano dura que tiene con las minorías, se piensa en tibetanos y uigures, pero se suele olvidar la Mongolia Interior» Como cuenta en una de las ocasiones que cruza la frontera de Mongolia con China, pasar de un país al otro es atravesar una Gran Muralla Tecnológica. De repente, se hace imposible acceder a varias páginas de internet, incluidas muchas redes sociales. En Mongolia no hay desarrollo económico, pero hay libertades. En la Mongolia Interior ocurre justo al revés. Parece una contradicción, pero es verdad que, mientras que en Mongolia apenas hay carreteras y todo está destartalado, con los edificios que parecen a punto de caerse en cualquier momento, sí que hay acceso a internet sin ningún tipo de problema. En el otro lado, en China, donde hay grandes autopistas, edificios, rascacielos y McDonald's, nos encontramos con la muralla cibernética, que nos impide acceder a un ciberespacio libre. Señala que los occidentales tienden a ver con un halo romántico el nomadismo, a menudo ignorando la realidad. Durante sus encuentros con nómadas, cuenta que muchos se aburren, y tienen intención de abandonar ese modelo de vida en cuanto puedan. Le ocurre sobre todo a los jóvenes. Los occidentales tendemos a idealizar los estilos de vida más o menos primitivos, porque consideramos que la conexión con la naturaleza es algo casi místico. Lo que pasa es que también tendríamos que intentar entender a la gente que habita en estos lugares. En el caso del nómada, es un páramo a nivel intelectual y personal. Las nuevas generaciones echan raíces en la ciudad, porque tienen que irse allí para estudiar primaria y secundaria. Ya conocen las comodidades de la vida sedentaria, de no tener que estar con la casa a cuestas a 40 grados bajo cero, tener un baño, una ducha, una esfera de amistades mucho más amplia, por ejemplo. De poder entrar en contacto con gente diferente y disfrutar de unos estímulos intelectuales que no tienen en el campo, donde se dedican a ver cómo pastan las cabras. Se puede idealizar la vida nómada, pero el que tenga un poco de ambición y vea el mundo, algo que hacen incluso los nómadas, que ya disfrutan de un panel solar, una televisión o un reproductor DVD, no quiere seguir así. Quiere otros estímulos, poder socializar y elegir su pareja. Las nuevas generaciones no quieren seguir con el estilo de vida nómada, y por eso acabará desapareciendo. No soy quién para decir si eso es bueno o malo, pero creo que, si sucede, será porque los propios mongoles lo eligen así. A mí, Mongolia me fascina por ese tipo de vida, tan diferente a la nuestra, pero también reconozco que después de dos semanas sin poder ducharme, ir a un baño o conectarme a internet, ni hacer prácticamente nada más que ver animales y enamorarme del paisaje, me canso un poco. Solo hay que imaginar eso para toda la vida. De hecho, describe que el espacio para socializar son las tiendas, las yurtas, que se desmontan y trasladan, y donde vive toda la familia, sin habitaciones ni lugar para la intimidad. Son tiendas circulares donde no hay ningún tipo de privacidad, porque todos viven juntos. Cuando nosotros llegábamos a ellas, dormíamos en el suelo, y terminábamos siendo miembros de la familia. Se puede idealizar esa vida, pensando que es muy bonito que cuatro generaciones de la misma familia vivan en el mismo lugar, pero también comprendo que las gente joven quiere tener su propio espacio. Incluso para las familias que tienen dos o tres yurtas, y que comparten dos de estas tiendas, las posibilidades de socializar y tener una mínima privacidad son muy escasas. Imagina que te enfadas con tus padres y no puedes hacer nada, porque si sales al exterior estás a 40 grados bajo cero. A esa falta de privacidad, se suma la inseguridad económica. Las familias nómadas dependen del ganado, que puede morir por la inclemencia del tiempo o por el ataque de otros animales. La dependencia de la naturaleza es total. A pesar de que se han establecido algunos seguros, pagan una miseria por cada animal que se pierde. En muchas ocasiones, hay todo tipo de estafas, porque se firman cosas sin leer la letra pequeña. Muchos nómadas desconfían de las empresas aseguradoras, y no contratan seguros. Como dicen ellos, a diferencia de lo que pasa en la ciudad, en el campo se puede ser rico un día, porque tienes mil cabezas de ganado, y pobre al siguiente, porque mueren todas por culpa de un invierno malo. La inseguridad económica de los nómadas se ha agudizado por culpa del cambio climático, porque ahora llueve menos y hay más sequía. Además, cuando los nómadas se hacen mayores, no saben dónde ir, porque sus hijos viven en la ciudad. Muchos deciden vender su ganado, pagarse un piso e instalarse allí antes de la que la situación empeore. Es una decisión sin vuelta atrás. Una de las anécdotas más llamativas del libro llega cuando una chica le cuenta que en la ciudad hay tratamientos de cirugía estética para que los nómadas pierdan sus característicos mofletes sonrojados, porque muchos son insultados por venir del campo. Al final, la discriminación es una característica del ser humano, y eso sucede con otras etnias y dentro de un propio país, con las personas que se considera que son menos. Los mofletes colorados son propios de las regiones con climas muy extremos, como el Tíbet. En Mongolia, son una forma de identificar a los nómadas o a la gente del ámbito rural. Es cierto que hay tratamientos para quitar ese color de las mejillas, y evitar que la gente se ría o les mire por encima del hombro. Además de la discriminación, otro grave problema para los nómadas que se trasladan a la ciudad es el alcoholismo. Cuando narra su primera visita a Ulán Bator, en 2006, describe una pelea bastante fuerte, donde es agredida una mujer. Creo que los medios de comunicación, sobre todo las televisiones, dulcifican la vida en la ciudad. Sobre todo en Asia, donde la crítica social es menor que en Europa. Muchos los nómadas llegan a la ciudad pensando que está llena de oportunidades, que cualquiera puede tener un buen piso y disfrutar de buenos restaurantes. Luego, descubren que la ciudad es una jungla de asfalto, pero una jungla al fin y al cabo. Hay mucha más competencia y problemas importantes de pobreza, y los recursos son más limitados. Uno no puede llegar y montarse una tienda donde quiere. Sumado a la inactividad y al desempleo, esas razones provocan un nivel de alcoholismo muy elevado, que deriva en violencia machista y contra los niños. El vodka es un elemento omnipresente. Desde ese encontronazo de 2006, creo que Ulán Bator ha mejorado considerablemente, pero es cierto que el alcoholismo todavía es un problema. En la parte final del libro, realiza una incipiente nueva Mongolia que está empezando a asomar la cabeza, donde hay un movimiento LGTBI, las mujeres se rebelan contra el patrón que tradicionalmente se le ha asignado y existen grupos de música heavy metal. Mongolia es un país muy poco poblado, pero donde convive gente muy diferente, y existe una diversidad social enorme, no solo por etnias, sino también por clases. Creo que en el centro de Ulán Bator, en la ciudad propiamente dicha y no en los suburbios donde se acumulan las yurtas, está naciendo una clase media que se parece mucho a la nueva clase media global, similar a la de China o España. Es una clase media formada, más tolerante, y sobre todo con las mirada puesta más allá. Por ejemplo, la clase media mongola no solo viaja, sino que también emigra a otros países, buscando oportunidades laborales de alto nivel. Esa gente, que suele ser joven, también tiene muchos problemas, porque se enfrenta a un choque generacional que, por ejemplo, en España no existe. Yo puedo hablar con mis padres de casi todo, como si fuéramos amigos. En Mongolia, como también ocurre en China, la brecha es enorme entre la mentalidad de los abuelos, los padres y los hijos. Creo que es ahí donde las mujeres no encajan. En el caso de dos buenas amigas, prefieren ser madres solteras, salir adelante por sí mismas, y me parece que es una decisión muy valiente. En Mongolia, hacen de tractor social para que el país se mueva. Me parece que también se aprecia en el capítulo que dedico a la activista que ha logrado salvar al leopardo de las nieves, donde ella misma reivindica que su salvación es una victoria de la mujer mongola, que ha liderado la causa desde el punto de vista moral y político. Hay que tener esperanza en la mujer no solo gane peso en la empresa, donde ya lo tiene, porque el 40% de las empresa mongolas están regentadas por mujeres, sino también en el ámbito político, haciendo de Mongolia un país más abierto, cosmopolita y tolerante. Resulta llamativo lo que cuenta de su amiga Enkhmaa, madre soltera y mujer independiente, que dice que casi ha renunciado a encontrar un novio mongol, porque los hombres del país siguen atrapados en un machismo insoportable. Sí. Es algo que comparten con los chinos, y que está muy relacionado con la sociedad patriarcal en la que viven, les guste o no. Como ocurre en China, las familias siempre han sido mucho más protectoras con los varones. De hecho, a los niños les llaman los «pequeños emperadores». En Mongolia, los nómadas dejan el ganado en herencia al hijo mayor. Fruto de esa discriminación, se crea la mentalidad machista, donde los hombres se esfuerzan menos, algo de lo que puedo dar fe. He trabajado con muchos intérpretes y traductores, y, sinceramente, siempre busco que sean mujeres, porque los hombres se esfuerzan muy poco y no tienen iniciativa. Las mujeres, tal vez porque para ellas sea más difícil conseguir un trabajo o subir en el escalafón, son más proactivas y saben lanzar propuestas. En este caso, mi amiga se ha dado cuenta de eso. Además, ella ha tenido contacto internacional con todo tipo de personas, y creo que por eso renuncia a tener una pareja local. Ese contacto internacional parece clave para el avance de la sociedad mongola. Ocurre también con el movimiento LGTBI, cuando un transexual, Nyamdorj, le explica que supo que no le pasaba nada raro después de viajar a la India y a Japón, y que había más personas como él. Mongolia es el país con menor densidad de población del mundo y es un territorio gigantesco donde viven cuatro gatos. Si esos cuatro gatos no salen, lo tienen difícil para saber lo que pasa en el exterior. Con muchos miembros de la comunidad LGTBI, he descubierto que el aislamiento les hacía pensar que lo que sufrían era una desviación única, que solo ellos sufrían y trataban de reprimir. Para muchos, salir de Mongolia ha sido como abrir los ojos. Durante muchas entrevistas, los mongoles dan diferentes versiones sobre el futuro que le espera al nomadismo: algunos le dicen que tiene los días contados, mientras otros defienten que todavía le aguarda cierto futuro. ¿Usted qué piensa? El título del libro, «Adiós a Mongolia», se refiere a decir adiós a la imagen que tenemos de ese país, una tierra de nómadas. Aunque hay diferentes puntos de vista, creo que las estadísticas son claras. Cada año, 21.000 personas abandonan el campo. Por eso, creo que el nomadismo desaparecerá en este siglo. Es posible que el país se dedique a la ganadería y la agricultura intensivas. De hecho, en el último viaje que hice, vi que había invernaderos a las afueras de Ulán Bator. Puede que queden algunos nómadas que resistan, pero, en la veintena de familias con las que hemos estado, pocos jóvenes han dicho que quieran continuar con la tradición.
26-02-2020 | Fuente: abc.es
De Moscú a La Habana, los «viajes comunistas» de Sanders se vuelven en su contra
Falta una semana para el «Super martes», la fecha decisiva de las primarias demócratas, la jornada electoral en la que una quincena de estados irán a los urnas, y la temperatura de la campaña se dispara. Quien podría quemarse es Bernie Sanders, el líder izquierdista confirmado como favorito para la nominación del partido demócrata tras su victoria aplastante en los ?caucus? de Nevada del pasado fin de semana. La condición de favorito en las primarias conlleva una posición diferente: te convierte en el centro de todos los ataques y dispara el escrutinio sobre tu persona. Al cierre de esta edición no se había celebrado el debate entre candidatos demócratas en Charleston, la principal ciudad de Carolina del Sur, que celebra sus primarias el próximo sábado. Pero era evidente que sería un ?todos contra Sanders? y con la posibilidad de utilizar una nueva munición contra el veterano senador: sus fascinación por los regímenes comunistas y socialistas en su juventud, culminada con los viajes que realizó en la década de 1980, cuando era alcalde de Burlington, en el estado de Vermont. En un periodo de cinco años, Sanders visitó Nicaragua -entonces bajo el régimen sandinista-, Rusia -en los estertores del comunismo- y la Cuba de Fidel Castro. Imágenes de vídeo en las que el entonces alcalde reflexionaba sobre esos viajes han corrido como la pólvora estos días, cuando ganan entidad las perspectivas de que el líder socialista sea el nominado demócrata. De Nicaragua, a donde fue en 1985, alabó la labor de los sandinistas -considerados terroristas por el Gobierno de EE.UU.- en la reducción de la mortalidad infantil, el avance en la alfabetización y la redistribución de las tierras a los campesinos. En Rusia pasó en 1988 la que él calificó como una «muy extraña luna de miel» -se acababa de casar con su mujer, Jane- y celebró «el mejor sistema de transporte que he visto en mi vida» y los «palacios de cultura» soviéticos. «No vi ningún niño hambriento. No vi ningún sin hogar», dijo al regresar en 1989 de La Habana. «Cuba no solo tiene sanidad gratuita, sino de alta calidad». Maduro, «vil dictador» Es cierto que no solo fue fascinación y que entonces compensó su análisis de aquellos regímenes con su experiencia de la difícil realidad de vida en aquellos países. Como también lo es que, con el paso de los años, Sanders ha puesto más énfasis en la condena de dictadores de corte comunista y ha puesto el acento en demandar libertad y democracia. Denunció a la Unión Soviética como una «dictadura autoritaria», lamentó que el sandinista Daniel Ortega se convirtiera en un «dictador», ha calificado a Nicolás Maduro de «vil tirano» y ha exigido la democratización de Cuba. Insiste en que su modelo de «socialismo democrático», la etiqueta a la que él se adscribe, es el de los países escandinavos y cita cada vez que puede a Martin Luther King Jr. sobre un EE.UU. donde «demasiado a menudo existe un socialismo para los ricos y un duro capitalismo de libre mercado para los pobres». Pero, en la batalla política de la reelección de Donald Trump, no habrá matices. Tampoco ayuda que Sanders, al que muchos acusan de un purismo excesivo ideológico, le cuesta dar marcha atrás. En el programa de televisión «60 Minutes» del pasado fin de semana reconoció que Cuba merece críticas por la «naturaleza autoritaria» de su Gobierno, pero incidió en logros de Castro, como su «enorme programa de alfabetización». «¿Es algo malo? ¿aunque lo hiciera Fidel Castro?», preguntó al entrevistador. Sus respuestas fueron utilizadas por sus rivales en las primarias. «Fidel Castro dejó un oscuro legado de campos de trabajos forzados, represión religiosa, pobreza, escuadrones de la muerte y el asesinato de miles de sus propios ciudadanos», reaccionó Michael Bloomberg en un mensaje en Twitter. «Pero, vale, Bernie, hablemos de su programa de alfabetización». Pete Buttigieg, por su parte, defendió que EE.UU. necesita «un presidente que sea extremadamente claro frente a los regímenes extranjeros que violan los derechos humanos». Las palabras de Sanders sentaron especialmente mal en algunos demócratas de Florida, un estado con gran presencia de disidencia cubana y mucha población venezolana y nicaragüense. «Me siento totalmente asqueada e insultada», aseguró a «The New York Times» Lourdes Díaz, presidente de los demócratas hispanos del condado de Broward y de origen cubano. «Quizá esto abra los ojos de lo super radical que es Bernie. No le defenderé más». Lo que preocupa a la mayor parte del partido no es cómo encajen estos vídeos y comentarios de Sanders los demócratas, sino la utilización que Trump y su campaña haga de ellos en otoño en una eventual batalla entre los dos por la presidencia.
25-02-2020 | Fuente: abc.es
Muere el expresidente egipcio Mubarak a los 91 años
El «faraón» ha muerto en un hospital militar de El Cairo. Hosni Mubarak fue presidente de Egipto durante tres décadas, hasta que la revuelta popular propiciada por la llamada «Primavera Árabe» de 2011 le obligó a dimitir. El exdirigente, de 91 años, permanecía en cuidados intensivos desde que fuera operado a finales de enero, según informó la familia. Expiloto de la Fuerza Aérea formado en la Unión Soviética, llegó al poder en 1981 tras el asesinato de Anwar Al Sadat a manos de un islamista. Mubarak sobrevivió en las siguientes tres décadas a media docena de intentos de asesinato. El más grave fue el que sufrió en Addis Abeba, cuando atacaron el vehículo en el que se dirigía a una cumbre de líderes africanos. Se consolidó como un «rais» que tuvo mano de hierro con los Hermanos Musulmanes y reforzó su mando gracias a los acuerdos con Israel, que le permitieron gozar del apoyo militar y económico de Estados Unidos. Esta ayuda multimillonaria, sin embargo, no tuvo reflejo en un país lastrado por la pobreza, el desempleo y la corrupción, caldo de cultivo para la «revuelta» que acabó con su mandato. Tras el éxito de la revuelta en Túnez, el 25 de enero de 2011 diferentes grupos de la oposición egipcia se concentraron en la plaza más céntrica de la capital, Tahrir, para pedir la dimisión del ministro de Interior y el fin del Estado de Emergencia. Esa misma tarde comenzaron los choques con las fuerzas de seguridad y poco a poco, alentados por las redes sociales, miles de personas pusieron dirección a este lugar. Así empezó la historia de la caída de Mubarak, que tuvo que abandonar una presidencia de tres décadas después de tres semanas de protestas. Su plan era instaurar un sistema hereditario en el que su hijo más joven, Gamal, accediera a su trono como sucesor. No lo consiguió. Tras ser apartado del gobierno, fue retenido en un hospital militar de la capital. Los medios egipcios le dieron por muerto debido a problemas de salud en 2012, pero no solo sobrevivió, sino que salió la calle al convertirse en el primer presidente árabe juzgado en su propio país. Fue condenado a cadena perpetua por la muerte de manifestantes, pero las apelaciones de sus abogados y los cambios políticos en el país hicieron posible que saliera a la calle. En total, cumplió apenas tres años de prisión por apropiación de fondos públicos reservados a los palacios presidenciales. El mandatario no salió solo, ya que la absolución de los cargos por la muerte de manifestantes afectó también a su exministro de Interior, Habib al Adly, una de las figuras del antiguo régimen más odiadas por los manifestantes por su papel al frente de los órganos de seguridad, responsables de torturas y malos tratos.
21-02-2020 | Fuente: abc.es
Latinoamérica tiene políticas contra la pobreza, pero no para la nueva clase media
De alguna manera, Latinoamérica está muriendo de un relativo éxito. Las protestas sociales registradas en varios países de la región en los últimos meses tienen una explicación de fondo: hablan, sí, de la decepción de las expectativas de una creciente clase media, pero también del extraordinario aumento de esta. En Latinoamérica ha habido un excelente resultado de los programas de reducción de la pobreza (las llamadas transferencias monetarias condicionadas, copiadas en otros lugares del mundo), pero también de la excesiva fijación en esos programas cuando el histórico crecimiento de la clase media requería complementarlos con nuevas políticas para hacer frente al surgido problema de la vulnerabilidad de esa nueva mayoría social. El diagnóstico lo hizo a finales de enero el director del departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner: «El haber logrado una reducción tan importante en el abatimiento de la pobreza también hace que se genere un reto importante para los hacedores de política en América Latina, ya que el diseño de las políticas sociales tiene que orientarse a atender otros factores, no el abatimiento de la pobreza extrema». Según Werner, no es que tenga que dejarse de lado ese esfuerzo, «pero claramente el reto ahora ya, como mucha gente lo ha manifestado, también se debe enfocar en atender aquellos segmentos de la población que ya no están en pobreza, que son clase media». El economista mexicano considera que para resolver la vulnerabilidad de esa clase media hay que aplicar instrumentos diferentes de los esquemas de transferencias condicionadas que se implementaron en el pasado. El requerimiento está en la mejora de servicios que se presta a los ciudadanos, como el acceso a una educación y una sanidad de calidad, así como aspectos de seguridad jurídica, fortalecimiento de la instituciones o transparencia. Transferencia monetaria condicionada Desde finales de la década de 1990 la lucha contra la pobreza y la desigualdad fue una prioridad en la mayor parte de los países latinoamericanos. Con ese propósito nacieron los programas de transferencia monetaria condicionada: la entrega directa de sumas de dinero a individuos o familias de pocos recursos, sujeta a condiciones como la alfabetización propia, la escolarización de los hijos o las revisiones médicas periódicas, según los programas. El objetivo era doble: aumentar el poder adquisitivo de esas personas, mejorando su nivel de vida, y promoverles en la escala social, al menos brindando a su descendencia mejores perspectivas socio-económicas. Países como México y Brasil fueron pioneros en esas políticas (sus programas Progresa o Bolsa Familia tan tenido un gran impacto), que luego se han generalizado en la región y en el resto del mundo. El «boom» del precio de las materias primas, finalizado abruptamente en 2014, ofreció durante la década previa importantes ingresos a los Estados para la distribución de ayudas a través de esos programas. Estos ayudaron a que entre 2002 y 2014 la pobreza en Latinoamérica bajara del 45,4% de la población al 27,8% (la pobreza extrema lo hizo del 12,2% al 7,8%), de acuerdo con las cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la ONU. En ese tiempo el número de pobres se redujo en 66 millones de personas (de ellos, 16 millones salieron de la pobreza extrema). La desigualdad también ha descendido, bajando del 0,538 en el coeficiente de Gini (2002) al 0,465 (2018). Gracias a esa transformación, el volumen de la clase media, que pasó del 20% al 34%, superó al de pobres, pero lo que podría llamarse la «clase vulnerable» ha pasado a ser la mayoritaria, suponiendo el 37% de la población, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Por vulnerables se entienden aquellas personas cuyos ingresos han superado el umbral de pobreza, pero cuya situación no está del todo consolidada y pueden retroceder en sus condiciones. Para consolidar ese salto, los ciudadanos requieren de unos servicios públicos de calidad que respondan a sus propias expectativas y necesidades. La falta de ellos, por incapacidad de los gobiernos y por sus malas prácticas (corrupción y sentido patrimonialista del poder, entre otras), alimenta el malestar social que vemos en muchos lugares de la región. Perspectivas grises Las perspectivas no son buenas. Como ha dicho Alejandro Werner, mientras entre 2000 y 2013 Latinoamérica tuvo un crecimiento económico medio del 2%, entre 2014 y 2019 la cifra fue de apenas un 0,6%. Para 2020 se prevé una ligera mejora (del 1,3% o del 1,6%, según la previsión del FMI y de la CEPAL, respectivamente), pero sigue tratándose de una magnitud baja. Más allá de las puras cifras económicas, diversas voces se han mostrado pesimistas en las últimas semanas sobre las posibilidades de transformación de la región. Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la CEPAL, ha sido contundente al sentenciar que América Latina «ha perdido el tren de la política industrial y la innovación». Por su parte, David Ross, directivo del fondo francés de inversión La Financière de l'Echiquier, ha señalado que es «la importancia de las industrias extractivas la que está reteniendo del desarrollo general» latinoamericano: se trata de un sector que necesita mucho capital y apenas genera empleo y mantiene a los países atados a los ciclos de las grandes potencias.
20-02-2020 | Fuente: elpais.com
Oxfam Intermón propone una renta contra la pobreza del 30% del salario medio
La ayuda sería compatible con otros ingresos, como el salario, y otras ayudas hasta que se resuelva la situación
20-02-2020 | Fuente: elpais.com
Oxfam Intermón propone una renta contra la pobreza del 30% del salario mínimo
La ayuda sería compatible con otros ingresos, como el salario, y otras ayudas hasta que se resuelva la situación
13-02-2020 | Fuente: elpais.com
Iglesias apuesta por subir el gasto social para reducir la ?vergüenza? de las cifras de la pobreza
El vicepresidente segundo desgrana sus planes en el Congreso en su primera comparecencia en la Comisión de Derechos Sociales
13-02-2020 | Fuente: elpais.com
Iglesias promete subir el gasto social para reducir la ?vergüenza? de las cifras de la pobreza
El vicepresidente desgrana sus planes en el Congreso en su primera comparecencia en la Comisión de Derechos Sociales