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Noticias de pobreza

20-08-2020 | Fuente: abc.es
Francia teme más presión yihadista en Mali tras el golpe de Estado
Francia estima que el golpe de Estado en Malí y la «dimisión» del presidente Ibrahim Boubacar Keita (IBK), forzada por los militares golpistas, agrava peligrosamente la inestabilidad en una región estratégica para la seguridad de Europa, «coladero» de grupúsculos yihadistas, a través del Magreb y de Libia. Emmanuel Macron espera de la Unión Europea (UE) el refuerzo y consolidación de la operación militar «Barkhane», concebida el verano de 2014, para intentar defender la seguridad de cinco estados muy frágiles, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad (G5), víctimas de la inseguridad crónica y la presencia permanente de varios grupúsculos terroristas islámicos, salafistas, en una región ultrasensible, Sahel, al sur del Sáhara. En la operación «Barkhane», liderada por Francia, participan más de 5.000 soldados franceses y otros 3.000 de cinco aliados europeos (Reino Unido, España, Estonia, Dinamarca y República checa). La participación de unos 300 legionarios españoles de la VII Bandera «Valenzuela», en una región que es dos veces más grande que España, es altamente simbólica y ha formado parte de una operación multilateral europea, (EUTM, European Union Training Mission). Tras el golpe de Estado «soft» del lunes, las fuerzas de la UE (la EUTM), deberán esperar nuevas consignas de «formación» del ejército cuyos jefes y oficiales acaban de dar un golpe de Estado condenado por la UE, África y Naciones Unidas. Francia no duda de la solidaridad de sus aliados en el terreno, pero teme un impreciso y potencialmente largo proceso de inestabilidad. Hace apenas diez días que fueron asesinados en la región seis cooperantes franceses y dos ciudadanos nigerinos en la región de Kouré (suroeste de Níger). Las fuerzas francesas, por su parte, son víctimas de acoso y emboscadas relativamente frecuentes, cuando los grupúsculos yihadistas, enfrentados entre ellos, confirman su implantación en unos «pueblos» víctimas de la pobreza secular. La propagación del coronavirus añadió a primeros de abril otro problema, estrictamente sanitario: se descubrió uno o dos casos de infección de soldados de la EUTM. El mando militar tomó medidas de urgencia. Pero las últimas escaramuzas militares, «irregulares» y los asesinatos de hace diez días confirman la determinación yihadista. La «dimisión» del presidente Ibrahim Boubacar Keita (IBK), forzada por los militares golpistas, confirma a Francia la agravación de todos los frentes. A través de sus drones y satélites militares, EE.UU. ha asegurado, hasta hoy, más del 50% de la información militar de la que han podido beneficiarse los aliados europeos. Pero Washington «reflexiona» a una posible retirada parcial. Convencer a Merkel Durante los últimos seis meses, las fuerzas francesas de la operación «Barkhane» han realizado, en cooperación con tropas del G5, varias operaciones militares contra las bandas y grupúsculos mayoritariamente salafistas. Incluso ha sido «neutralizado» algún cabecilla famoso en la región. Pero el conflicto y guerra irregular entra en una nueva fase tras el golpe de Estado en Bamako, cuando los aliados europeos se encuentran todos en una fase de incertidumbre política imprevisible. Hasta hoy, Alemania ha preferido «abstenerse» en el conflicto de Sahel, en la región del G5. Macron intentará convencer a Merkel hoy de la necesidad de reforzar la presencia y solidaridad europea. Londres y Madrid no se encuentran en situación económica y política de incrementar su presencia, poco más que simbólica. Hace semanas, las jerarquías militares esperaban de Macron una mayor presencia nacional/militar en Malí.
12-08-2020 | Fuente: elpais.com
La historia de Giuseppe: guerras, penurias, pandemias y un título universitario a los 96 años
El estudiante más longevo de Italia ha superado la pobreza extrema en la infancia, la Gran Depresión, el fascismo, dos duras posguerras, una guerra mundial, y más recientemente, la pandemia de coronavirus
06-08-2020 | Fuente: abc.es
Los 33 mineros de Chile, atrapados en el pozo del olvido diez años después
El ruidoso derrumbe de la mina San José, ubicada en una zona desértica a unos 800 kilómetros al norte de la capital chilena de Santiago, activó las alarmas esa tarde soleada del jueves 5 de agosto de 2010. Un turno completo de mineros, compuesto por 33 trabajadores, quedó sepultado a unos 700 metros de profundidad y en ese momento, hace diez años, no había ningún indicio de que estuvieran vivos o muertos. Solo la esperanza de quienes viven y trabajan en las minas del norte chileno, que cuando hay accidentes de ese tipo emprenden una rápida carrera por la vida de los sepultados. Una década después, los 33 mineros se sienten abandonados y varios de ellos, con sus vidas quebradas. La esperanza, para ellos, desapareció. Todos los primeros intentos por acceder a través de la bocamina se frustraron por las enormes rocas que bloquearon el socavón, mientras los mineros sepultados también abandonaron sus primeros intentos por salir por un túnel de emergencia al que le faltaban las escaleras pues los dueños de la mina nunca las instalaron. Desde los primeros días comenzaron a llegar las mujeres de los trabajadores, quienes se instalaron en un campamento que llegó a albergar a tres mil personas, que con el correr de las semanas incluyó a familias completas, comerciantes, periodistas y rescatistas. Esa fue una presión enorme para que el gobierno ?por entonces a cargo del primer mandato de Sebastián Piñera- no abandonara la búsqueda y comprometiera crecientes recursos para la búsqueda y rescate. El 22 de agosto ?o sea 17 días después del derrumbe- un taladro que recorrió los más de 700 metros de profundidad hizo contacto con los mineros, quienes enviaron una nota con letras rojas, escueta pero precisa: «Estamos bien en el refugio los 33». El mensaje fue escrito por el minero José Ojeda, ahora de 57 años de edad, quien vive con una pensión que les entregó el Estado, de unos 350 euros, y agobiado por daños sicológicos, alteraciones del sueño y una diabetes avanzada que le dificulta caminar. Desde que Ojeda escribió y pudo enviar el mensaje, el mundo se enteró que los 33 mineros estaban en un estrecho refugio en casi total oscuridad, altas temperaturas y humedad. Comían un par de cucharas de atún y un sorbo de leche al día. El hallazgo de los mineros desató una nueva carrera, ahora por sacarlos de las profundidades. Ingenieros en minas, técnicos en perforaciones, asesores de la Nasa, calculistas, soldadores y rescatistas se abocaron a diseñar hasta tres planes alternativos para el rescate. Después de más de treinta días de perforaciones, una de las tres máquinas taladradoras logró romper el techo del refugio, los técnicos encamisaron el túnel de unos 90 centímetros de diámetro e introdujeron la cápsula Fénix, por la que bajó a la mina el primero de los cinco rescatistas que participaron en el rescate directo de los mineros. La madrugada del 13 de octubre salió a superficie el primer trabajador y luego los siguientes cada una hora. El último salió luego de 69 días, 6 horas y 51 minutos de sepultación. Una audiencia global El rescate fue transmitido por televisión en directo a una audiencia de 1.200 millones de espectadores en el mundo y comenzó una historia que muchos de ellos prefieren callar: giras por el mundo, programas de TV, contratos para un libro que nunca se escribió y hasta una película hollywoodiense de escaso éxito, protagonizada por el español Antonio Banderas. Pero muy pocos recibieron ayuda y dinero, la mayoría volvió a sus vidas de pobreza. Jimmy Sánchez, que en el momento del accidente tenía 19 años, se queja: «Ganaron mucho con nosotros y nosotros no ganamos nada». Como sus compañeros, nunca pudo volver a trabajar en una mina, pero tampoco encuentra otros empleos y vive con la pensión del gobierno en el mismo barrio pobre en la nortina ciudad de Copiapó junto a su familia. «Una vez fui a buscar trabajo, pero supieron que era yo y me cerraron las puertas. No fue culpa mía quedarme encerrado», reclama. Omar Reygadas, uno de los mineros más experimentados, tampoco pudo volver a las minas y ahora con 67 años cuenta que ha trabajado como chofer, pero ahora está desempleado como efecto de la pandemia viral. La unidad y disciplina que les ayudó a sobrevivir bajo tierra se resquebrajó en la superficie. Ninguno de los proyectos colectivos que se propusieron ?como crear una fundación? tuvo éxito. «Las familias provocaron toda esta desunión entre nosotros. Hubo un antes, un durante y un después. Y después que salimos ya se transformó en cada uno por su lado», dice Jimmy Sánchez, para agregar enseguida un punto clave: «Hubo muchos que se preocuparon de lo monetario y se olvidaron de todo lo que vivimos», según declaró a la agencia AFP. La diferencia la hace el minero Mario Sepúlveda, el más histriónico de los rescatados, quien incluso desde el fondo de la mina relataba para la TV cómo vivían en la profundidad. Su fama la usó para hacer conferencias, apoyar candidaturas políticas y, sobre todo, estar en programas de televisión. Su participación en un reality show le permitió ganar un premio de casi 150.000 euros, con los que creó una fundación de apoyo a niños con síndrome autista, como su hijo menor de siete años. Pero de proyectos colectivos, nada. Casi no se hablan entre ellos, menos se juntan. Ya pasó la fama y la mayoría de ellos regresó a una vida de carencias, como la de los mineros del norte de Chile.
03-08-2020 | Fuente: que.es
Rubens Ascanio afirma que los fondos permitirán poner en marcha el Plan de Rescate de Viviendas Vacías del municipio y cubrir el reparto de alimentos realizado durante el estado de alarma   La Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias concederá medio millón de euros al Ayuntamiento de La Laguna para luchar contra la pobreza […] La entrada El Gobierno canario concede más de 550.000 euros a La Laguna para luchar contra la pobreza y la exclusión social  se publicó primero en Qué!.
29-07-2020 | Fuente: abc.es
América Latina supera a EE.UU. en número de fallecidos por Covid-19
La balanza de la pandemia se equilibra lentamente hacia el sur del continente americano. América Latina en conjunto supera ya a EE.UU. en número de fallecidos por Covid-19. En total, esté conglomerado de países de influencia latina contabiliza de forma oficial unos 180.000 decesos por la enfermedad, cerca de un 18% más que los 151.000 que registraba Estados Unidos hasta el martes, según datos del Instituto Johns Hopkins. Es probable que la cifra real sea superior. La primera potencia es el país que más casos y fallecidos por Covid-19 registra con unos 4,4 millones de contagios. Toda América Latina suma alrededor de 4,2 millones de infectados, sin embargo, Brasil alberga casi la mitad con unos 2,5 millones de casos. Con 88.000 fallecidos, Brasil representa también cerca de la mitad de los 180.000 muertos que ha habido en Latinoamérica. El segundo país más poblado del continente, después de EE.UU., contabiliza más de 10.000 nuevos contagios por día en medio de las pocas medidas de contingencia decretadas por el Gobierno. México es el segundo país de la región con más contagiados y fallecidos. El país mesoamericano ha contabilizado unos 395.000 infectados y 44.000 decesos, cifras que a nivel mundial lo colocan como el sexto con más casos y el cuarto con más fallecidos. El Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aprobó entre el 30 de abril y el 30 de junio una cuarentena blanda que apenas ha logrado reducir el número de nuevos contagios. En ese aspecto, México registra cada día más de 4.000 nuevos casos por Covid-19. Perú es el tercer latinoamericano por número contagios, unos 390.000, mientras que la cifra de fallecidos se sitúa alrededor de los 18.418. Le sigue Chile con 247.923 casos y 9.190 decesos, Colombia con 257.101 infectados y 8.777 muertos y Ecuador con 81.161 contagios y 5.532 fallecidos por esta enfermedad que comenzó a expandirse a gran velocidad en marzo. Las cifras consolidan a todo el continente de América como el epicentro de la pandemia. Y es que, en los países latinoamericanos se produce un coctel ideal que facilita la expansión de la enfermedad: las instituciones son débiles y no pueden forzar a los ciudadanos a quedarse en sus hogares, los sistemas públicos de salud carecen de recursos y mucha de la gente vive en pobreza, por lo que muchos no pueden quedarse en casa ante la ausencia de un estado del bienestar que garantice una red de apoyo durante la pandemia.
23-07-2020 | Fuente: abc.es
Maduro envía en secreto 33 petroleros a Cuba
Envuelto en un manto secreto, el régimen de Nicolás Maduro ha enviado a Cuba 33 buques cargados con 13.147.000 barriles de petróleo por valor de 348 millones de dólares. Así lo ha denunciado hoy Carlos Vecchio, embajador de Venezuela en EE.UU. designado por Juan Guaidó. El diplomático transmitió desde Washington un balance de los envíos del petróleo a la isla antillana durante el primer semestre del año. Este hecho se produce mientras el 96% de los venezolanos sufre escasez de gasolina, ni agua para lavarse, ni comida ni medicina. «Ese dinero no lo perciben los venezolanos, lo reciben solo el régimen de Cuba y Díaz Canel, Nicolás Maduro y testaferros como Alex Saab. No hay nada que la dictadura de Cuba nos pueda dar que compense la cantidad de petróleo y productos que le enviamos», asegura Vecchio. «Cuba solo ha dado a cambio apoyo al régimen chavista en inteligencia y represión para los venezolanos, para ejecutar torturas y violación de derechos humanos tanto a civiles como a militares, tal como lo confirma el más reciente informe Bachelet», aclaró el diplomático. Vecchio destacó que pese a la pandemia del coronavirus, «el saqueo de petróleo venezolano por parte de la alianza Maduro-Díaz Canel no ha cesado». El embajador añadió que en mayo y junio de 2020 la entrega de crudo ha «aumentado drásticamente«. «El promedio de envío durante el año ha sido del 12,21% de la exportación de crudo de Venezuela, pero estamos hablando de que a Cuba se le envía el mejor crudo venezolano, el Merey. En mayo, la exportación hacia Cuba subió a 27,2%; y en junio Maduro envió a Cuba más del 43% de nuestra exportación, equivalente a 95 millones de dólares. Estos son precisamente meses en los que el pueblo venezolano, tanto quienes están dentro del país como los migrantes, se ha visto más afectado por la pandemia del Covid-19», detalló. Como dato revelador, el embajador venezolano explicó que esos 348 millones de dólares enviados a Cuba son un «74% más de los 200 millones que ha logrado hasta el momento recaudar la ONU para la atención de la crisis venezolana». A su vez, representan el 44% de los 800 millones de dólares que la misma ONU ha estimado necesarios para brindar asistencia humanitaria a los 7 millones de venezolanos declarados en precariedad alimentaria. Con los recursos entregados a Cuba en el primer semestre de 2020 se pudo haber atendido a 2,3 millones de venezolanos que la dictadura de Maduro mantiene en pobreza alimentaria severa. «La única obsesión de Maduro es seguir robando los recursos de Venezuela y por ello nuestros aliados en Estados Unidos y Europa han actuado con mecanismos que buscan detener ese saqueo», concluyó Vecchio.
23-07-2020 | Fuente: abc.es
Francia enviará mascarillas gratis a siete millones de personas pobres
Los siete millones de personas que están por debajo del nivel de pobreza en Francia van a recibir gratuitamente en sus casas 40 millones de mascarillas lavables en los próximos días. El anuncio lo hizo el ministro de Sanidad, Olivier Véran, que en una entrevista este miércoles al canal «France 2» también recordó que hay dos millones de personas que, por tener diferentes problemas de salud, pueden pedir con una receta el reembolso de las mascarillas quirúrgicas que compren en la farmacia. «Vamos a enviar 40 millones de mascarillas lavables, reutilizables 30 veces, para aprovisionar a siete millones de franceses que están al nivel del umbral de pobreza», indicó el ministro, que añadió que eso les garantizará protección durante tres meses. El Gobierno ha firmado un contrato con el servicio estatal de correos La Poste para que les lleguen a sus domicilios en unos días. Véran fue interrogado sobre otra polémica política de los últimos días en relación con el coronavirus, la falta de control de las personas que llegan a los aeropuertos del extranjero, en particular de los países catalogados en rojo por la situación epidémica, como pueden ser Estados Unidos o Brasil. Avanzó que el viernes en el consejo de defensa del presidente francés, Emmanuel Macron, con miembros de su Gobierno, se tomarán «eventualmente medidas suplementarias» sobre esa cuestión. Hasta ahora, solo pueden entrar en Francia procedentes de esos países en rojo las personas de nacionalidad francesa o con residencia en el país. Se les pide que presenten un test negativo realizado en las 72 horas anteriores a su aterrizaje en un aeropuerto francés. En caso de que no se lo hayan podido realizar, se les pide que lo hagan en las 48 horas siguientes a su llegada a Francia (se les propone en el aeropuerto) y si no que se mantengan en cuarentena en sus domicilios durante 14 días. El viernes también se espera que el consejo de defensa presidido por Macron aborde la pertinencia o no de adoptar restricciones en los desplazamientos con España por el aumento de los rebrotes en Cataluña y Aragón, comunidades fronterizas con Francia. Véran explicó que el miércoles por la tarde había estado hablando por teléfono con su homólogo español, Salvador Illa, «sobre la cuestión de Cataluña, y en particular de la cuestión de la frontera», sin dar más detalles. Preguntado sobre por qué no se cierran los lugares de ocio nocturno como se está haciendo en España, a la vista de los múltiples vídeos que circulan de fiestas con cientos de personas bailando sin distancia y sin mascarilla, el ministro francés recordó que siguen cerradas las discotecas. También que en cada departamento el prefecto (delegado del Gobierno) está habilitado para que se respeten las reglas para evitar la propagación del virus.
20-07-2020 | Fuente: abc.es
Bashar al Assad cumple 20 años al frente de una Siria rota
Siria elige un nuevo parlamento en una jornada que marca el 20 aniversario de la llegada al poder de Bashar al Assad. 2.100 candidatos, entre ellos varios hombres de negocios sancionados por la Unión Europea y Estados Unidos, concurren en las terceras elecciones que celebra el país desde que estallara la guerra en 2011 y en las que nadie duda de la victoria del partido Baaz, hegemónico desde 1963. Assad arranca su tercera década en el palacio presidencial de Damasco, pero esta no es la Siria que se encontró cuando llegó, este es un país destrozado por la violencia, con cientos de miles de muertos, millones de desplazados internos y refugiados, con presencia de tropas de al menos cuatro países extranjeros, una economía devastada, el 80 por ciento de la población bajo el umbral de la pobreza y ante la amenaza del coronavirus. ¿Cuánto resistirá? «Hasta que sea útil a Rusia e Irán, sus principales aliados y quienes toman las decisiones importantes. Su liderazgo está muy cuestionado, la legitimidad erosionada y Siria se ha convertido en una especie de país tutelado donde quien manda no es el presidente», piensa Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid y autor de libros como «Siria: revolución, sectarismo y Yihad». El ministro de Exteriores, Walid Muallem, afirmó que «Assad seguirá hasta que los sirios quieran», cerrando filas en torno a un líder que ha gozado también del respaldo de las minorías y de las élites económicas del país. Este no era el panorama con el que soñaba Bashar cuando se hizo con el control del país tras el fallecimiento de su padre, Hafez al Assad, creador de la Siria moderna. El actual dirigente iba para oftalmólogo en Reino Unido, pero la muerte de su hermano Basel en un accidente le situó como heredero y regresó de Londres, donde había conocido a su esposa, Asma. «Assad o arrasamos el país» Sus primeros años estuvieron marcados por las promesas de apertura y cambios, conectó el país a Internet y transmitió al exterior una imagen de regeneración y modernidad, pero todo se truncó en 2011. Países como Francia, que en 2001 recibieron al matrimonio Al Assad en un viaje oficial que les llevó también a España, donde se entrevistaron con José María Aznar, pasaron a denominarle «enemigo de los sirios», según el presidente, Emmanuele Macron, y a acusarle de «masacrar a su pueblo», en palabras del ministro de Exteriores, Jean-Yves Le Drian. En ese 2011, la conocida como «Primavera árabe», que afectó a Túnez, Egipto, Libia y Yemen, estalló también en las calles de Siria, la respuesta de las fuerzas de seguridad fue brutal y comenzó una espiral de violencia que se convirtió en una guerra con final incierto. «Al comienzo hubo un dilema sobre la represión, pero pronto se aplicó el eslogan de los seguidores del régimen que decía: ?Assad o arrasamos el país?. Nueve años después Al Assad sigue en el poder y el coste ha sido arrasar Siria, por lo que no ha sido una victoria dulce y le toca gobernar en la pobreza y la destrucción», apunta Álvarez-Ossorio. La victoria en el plano militar ha permitido a Damasco controlar de nuevo la mayor parte del territorio sirio, pero cualquier atisbo de recuperación ha quedado eclipsado por las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa, calificadas de «guerra económica» por las autoridades. Donald Trump ha extendido a Siria la estrategia de «presión máxima» que emplea con Irán y ha puesto en marcha la denominada «Ley César». Washington lo presenta como un nuevo paso para «aislar» al presidente Al Assad y su círculo más próximo, a todos aquellos «responsables o cómplices de graves abusos contra los derechos humanos en Siria», señaló el secretario de Estado, Mike Pompeo. Inseguridad alimentaria La lista negra contiene 39 nombres, con el presidente y su esposa a la cabeza, pero como ocurrió en el Irak de Sadam Husein, el impacto más severo lo sufren los civiles. El Programa Mundial de Alimentos señala que los precios han crecido un 133 por ciento desde mayo de 2019 y que 9,3 millones de sirios sufren inseguridad alimentaria, la cifra más alta que jamás ha registrado el organismo internacional. El valor de la libra siria ha caído un 70 por ciento respecto al dólar y los sirios se enfrentan a una hiperinflación que las autoridades son incapaces de controlar. Ante este panorama, el enviado especial de EE.UU. a Siria, James Jeffrey, hizo una lectura política de su estrategia de sanciones y aseguró que «el colapso de la libra siria demuestra que Irán y Rusia no son capaces de seguir manteniendo a flote al régimen». Al Assad, sin embargo, sigue en su palacio y su familia supera el medio siglo al frente de Siria.
16-07-2020 | Fuente: abc.es
La destrucción esencial: el potencial humano
El pasado 14 de julio, la Organización de Países Exportadores de Petróleo -OPEP- ha informado que la producción petrolera venezolana durante el mes de junio fue de 393.000 barriles por día. Esto significa que, de un mes al siguiente se ha causado una caída vertical e insólita de 180.000 barriles. Puesto que en mayo el promedio fue de 573.000 barriles por día, hablamos de un desplome de casi 32%: una cifra desquiciada, que escapa a cualquier forma de racionalidad. Estos pocos datos son categóricos e inequívocos. No aceptan atenuantes o excusas. Son el resultado del planificado proceso de socavamiento y perversión de Petróleos de Venezuela -Pdvsa- y de la industria petrolera en conjunto, que Hugo Chávez activó desde el día en que accedió al poder. Medida tras medida, día a día, fueron liquidando la que era una de las empresas más importantes del mundo. Se despidió, violando las leyes laborales y los más elementales derechos, a más de veinte mil trabajadores de Pdvsa, para así despejar el terreno que ocuparían corruptos, ignorantes del negocio petrolero, incompetentes y rufianes, que se han encargado de su desmantelamiento. Se distorsionó la misión empresarial para desfigurar su institucionalidad y convertir aquello en una oficina de contrataciones y prebendas, en gestora de falsos programas sociales, en centro de compras para el Estado (con toda la secuela de corrupción que eso produjo). Se nombraron en cargos de enorme responsabilidad, en áreas fundamentales para la operación, a enchufados, amiguitas y amiguitos, militantes y otros incapaces. Se dejó de invertir en las propias operaciones petroleras, con lo cual se estaba sellando el declive de la producción de la que somos testigos. Se abandonaron por completo, en acciones de irresponsabilidad que entrañan delitos de carácter penal, las obligaciones de mantenimiento que exigen operaciones industriales de alto riesgo, en las que se utilizan líquidos y gases de alta capacidad inflamable. Y, lo que es más conocido por la opinión pública, se firmaron convenios con decenas de países para entregar el petróleo a precios irrisorios, a veces por debajo del costo de producción, para garantizar lealtades políticas y diplomáticas. Lo escribo con plena comprensión de lo que afirmo: no hay en la historia de las instituciones, un caso de destrucción tan alevoso e implacablemente ejecutado. Esta sinopsis del procedimiento de demolición, con algunas inevitables variantes, ha sido aplicado al sistema de salud y hospitalario, a las más importantes infraestructuras del país -como el Teatro Teresa Carreño, un simbólico ejemplo-, al conjunto del sistema hidroeléctrico nacional, a la desfalleciente infraestructura educativa nacional, a las universidades, a los puertos y aeropuertos, a museos, salas de conciertos y bibliotecas, a los hipódromos, a represas y embalses, a los parques nacionales, a las regiones donde está avanzando, a velocidad asesina, la devastación causada por el saqueo promovido por Maduro, que lleva el nombre de Arco Minero. El 80% de la población en pobreza extrema Podría continuar listando decenas y decenas de ámbitos y casos donde la destrucción ha hecho de las suyas. No hay exceso en esta afirmación: nada hay en Venezuela que haya logrado preservarse, nada que permanezca intacto, nada que no presente los síntomas que anuncian su próxima ruina. Pero llegado a este punto de este artículo, todavía no me he referido a lo primordial: al doblegamiento de las capacidades humanas, a la feroz y constante práctica de debilitamiento y sometimiento de las personas. Es duro pensarlo y escribirlo: el régimen ha actuado para reducir, aplanar, hacer inviable el potencial de la sociedad venezolana. Al rebajar y rebajar las condiciones de vida, en todos los planos donde ello sea posible, está anulando el derecho, la posibilidad de aspirar a una vida de progreso y bienestar. ¿Qué potencial tiene una sociedad, en la que 80% de la población vive bajo el asedio de la pobreza extrema? ¿Qué podemos aspirar, en todos los ámbitos de la vida pública -la producción, la formación, la investigación, el ejercicio profesional, las iniciativas de solidaridad, el desenvolvimiento de la política, la organicidad de la sociedad civil- cuando alrededor de 5 millones de compatriotas, en su mayoría jóvenes, muchos de ellos profesionales y personas sólidamente formadas, han huido del país y, en un porcentaje que luce relativamente alto, han logrado establecerse en otras partes del mundo, salvando todas las dificultades que ello representa? ¿Qué clase de prospección le está reservada a Venezuela hacia las próximas dos, tres o cuatro décadas, cuando ahora mismo hay 4 millones de niños y adolescentes que tienen problemas casi insalvables para asistir a la escuela, escuelas donde a menudo no hay maestros calificados, en las que no se cumplen los objetivos curriculares, donde no hay comedores, ni mucho menos computadoras, mi materiales escolares, ni electricidad, ni agua, ni mínima salubridad, ni seguridad, ni nada que remedie este creciente cúmulo de adversidades? ¿A qué expectativas se expone una sociedad que lleva en su seno a 700 mil niños que sobreviven bajo el hostigamiento de la desnutrición crónica, o en la que 60% del total de su población no alcanza a consumir las 2 mil calorías mínimas necesarias para aspirar a una vida activa y productiva? En definitiva, ¿de qué está hecho nuestro horizonte personal, social y como nación, cuando hora tras hora, se van reduciendo nuestras capacidades reales de organizarnos y actuar, carcomido nuestro país por el hambre y las carencias?
10-07-2020 | Fuente: abc.es
La instauración de la pobreza en Venezuela
El enorme impacto que ha producido la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 -ENCOVI-, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, de la Universidad Católica Andrés Bello, tiene una muy probable explicación: ha llegado para ratificar, con los adecuados y precisos instrumentos de las ciencias sociales, lo que los venezolanos constatamos todos los días en nuestra experiencia cotidiana: que Venezuela ha perdido aquel halo o aquella imagen o aquella esperanza de país rico, para devenir en poco más de dos décadas, en un país no solo empobrecido, sino cada día más y más venido a menos. Estructural y extendidamente pobre. El informe demuestra que los padecimientos no se corresponden a situaciones aisladas o coyunturales, sino que hablan de una nación entera doblegada a los múltiples padecimientos de carencias, estrecheces, dificultades y falta de perspectivas. Somos un país pobre, que ha perdido un pedazo sustantivo de su población efectiva, 5 millones de personas que, en un cortísimo período de tiempo, han migrado -han huido- a otras naciones. Somos un país súbitamente envejecido, que liquidó una parte de su bono demográfico (que es la ventaja que consiste en que el número de personas en edad de trabajar supere al número de personas dependientes -niños y adultos mayores-). Somos un país paupérrimo, en el que aumenta la tasa de mortalidad infantil; disminuye la esperanza de vida; crece el número de las viviendas en condiciones de precariedad; en el que sube la tasa de hacinamiento; donde la inmensa mayoría de los hogares han sido sometidos a erosivos procesos de desestructuración. Somos un país devastado y exhausto: que solo excepcionalmente tiene acceso a servicios básicos como agua, electricidad e internet. Somos un país mísero, en el que 96% de las familias vive en condiciones de pobreza, y en el alrededor de 4 de 5 de estas familias vive en condiciones de pobreza extrema. Somos un país en el último peldaño de la existencia, donde la inmensa mayoría pasa hambre, vive subalimentado -no se consumen las mínimas proteínas necesarias para la vida-. Somos un país desgarrado, donde la desnutrición infantil tiene la categoría de epidemia: afecta a 30% de la población, lo que autoriza a cualquier ciudadano de bien, a presumir las peores expectativas al respecto, es decir, que todas estas realidades continuarán empeorando mientras se mantenga el régimen de Maduro en el poder. Este proceso de empobrecimiento rápido y masivo no es el producto de una desgracia sobrevenida. Es la meta de un plan con un específico propósito: erosionar a la sociedad venezolana, hacerla dependiente del uso político de la renta petrolera, debilitar su capacidad de defender la democracia y las libertades. Ya lo sabemos: no había ni programa industrial, ni ejes de desarrollo, ni modelo económico alternativo, ni genuino deseo de erradicar la pobreza. El régimen nunca escuchó las advertencias que, en marzo de 1999, economistas y gremios empresariales comenzaron a formular con urgencia: las políticas que se anunciaban nos conducirían a la destrucción de la economía productiva, arrasarían con el empleo, provocarían realidades de hambre y enfermedad en todo el territorio. Las denuncias que se hicieron entonces, tenían un legítimo fundamento: apenas se hizo con el poder en Cuba, Fidel Castro se embarcó en la tarea de destruir la economía de la isla, cuyo saldo no tardó en materializarse: un brutal empobrecimiento, del que no han podido recuperarse nunca, y que ha convertido al comunismo cubano en un poder mendigo, especializado en someter a su población y vivir de la ayuda extranjera. Pero lo que probablemente nadie previó, al menos hasta 2004-2005, es que la destrucción sería tan eficaz, tan amplia, tan sistemática y tan profunda. No se estimó que la corrupción y los ilícitos adquirirían la categoría de políticas de Estado, ni que con fundamento en prácticas diseñadas de violación de los derechos humanos y políticos, se produciría una apropiación de los bienes públicos, que la nación venezolana sería manejada como un botín, y que una pequeña oligarquía político-militar haría suyo hasta el último dólar de las arcas públicas, en una operación delincuencial, que ha acabado por empobrecer, de forma extrema, a la inmensa mayoría de la nación venezolana, ese 96% del que habla el reporte de la Encuesta de Condiciones de Vida 2019-2020. Hay que reconocerlo: han superado las peores expectativas. Han sido capaces de violar las leyes, de desconocer los poderes legítimos, se han apropiado de las riquezas y más de tres centenares de bandas organizadas se han repartido pedazos enteros del territorio para usarlo, explotarlo de forma ilimitada y con plena garantía de impunidad. El poder practica la ruindad, se asocia con delincuentes y narcotraficantes, busca aliados entre terroristas y ladrones de toda ralea y, cada vez que lo cree necesario, detiene, tortura y mata. El debate sobre el hambre en Venezuela es, ahora mismo, un callejón sin salida: todos los indicadores sugieren que continuará empeorando. Se incrustará, con sus atroces efectos, en cada familia venezolana. Venezuela está en medio de una crisis humanitaria, cuya prospectiva es todavía más sombría. Así las cosas, la sociedad venezolana y sus aliados internacionales están obligados a actuar de inmediato: unir las fuerzas, concentrar la presión y producir en corto plazo, el cambio que las familias venezolanas demandan. Es cosa de vida o muerte.