Infortelecom

Noticias de pobreza

01-01-1970 | Fuente: abc.es
El eterno fascismo
Siempre he admirado a Umberto Eco como intelectual, académico y hombre de letras. A mi juicio, este genial cosmopolita fue hasta su muerte en 2016 un lujo a la hora de explicar algunas de las cuestiones más importantes para sociedades cada vez más confusas. Por eso me fascina la resurrección editorial, justo en estos momentos, de su ensayo sobre «El Fascismo Eterno». En ese texto, publicado en 1995, Eco realiza un alarde de síntesis al enumerar 14 claves de ese fascismo «que puede ser ejercido de muchas formas» y que él conoció demasiado bien de niño. De acuerdo al gran profesor italiano, esta lista no constituye un sistema, algunos de sus puntos son contradictorios y otros son compartidas por toda clase de despotismos y fanatismos. Pero tan solo uno resulta suficiente para que el fascismo intente coagularse: 1.- El culto a la tradición. 2.- Rechazo a la modernidad: la Ilustración es el comienzo de la depravación moderna. 3.- El culto por la acción y el cuestionamiento de la cultura (incluida la Prensa) por su actitud reflexiva y de objeción. 4.- Repudio a la crítica analítica: las distinciones y desacuerdos constituyen traición. 5.- Miedo a la diferencia: racismo por definición, obsesión con la pureza y los intrusos. 6.- Apelar a una clase media frustrada por la economía, la humillación o la competencia. 7.- Todo es una conspiración paranoica contra la identidad nacional. 8.- Los enemigos son a la vez demasiado fuertes y demasiado débiles. 9.- El pacifismo es entregarse al enemigo porque la vida es un permanente conflicto. 10.- Elitismo popular: cada ciudadano forma parte del mejor pueblo en el mundo. 11.- El culto a la heroicidad: ¡Viva la muerte! 12.- Machismo: desdeño por las mujeres, intolerancia hacia otras sexualidades. 13.- Populismo selectivo y descrédito de la democracia. El pueblo es concebido como una cualidad, una entidad monolítica con voluntad común que sólo el líder puede interpretar. 14.- Deliberada pobreza en el vocabulario y la sintaxis para limitar el razonamiento crítico y complejo.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El «paquetazo rojo» de Maduro provoca el caos económico en Venezuela
Cuando amanezca este lunes en Venezuela, ya habrá entrado en efecto el «paquetazo rojo» de Nicolás Maduro. Una serie de medidas económicas que, a juicio de los expertos, prevé una etapa mucho más agresiva y oscura de la crisis. La reconversión monetaria, como disfraza Maduro su tercera devaluación en cinco años de gestión, viene acompañada de nuevos impuestos, subida de salarios, aumento del precio de la gasolina , entrada de ocho nuevos billetes al mercado y la eliminación de cinco ceros de la moneda, lo que significa que quien tuviera en el banco 200.000 bolívares le quedan dos. A tan solo 24 horas de que se inicie el «paquetazo», los venezolanos han tratado de gastar -como sea- el dinero de sus cuentas bancarias para no perder ni un solo bolívar. «La parálisis ya se vive y todavía no es lunes, no hay efectivo, los comercios están cerrados, los puntos de venta no funcionan y las colas en los supermercados y las estaciones de servicios son tan largas que es imposible comprar comida y gasolina», comenta Armando López a la salida del supermercado Gama de La Trinidad. Este domingo, en cadena nacional de radio y televisión, Nicolás Maduro dio los últimos detalles de su plan de recuperación económica, que entrará en vigor este lunes, 20 de agosto. Durante una hora y doce minutos, el mandatario reconoció el valor del dólar a 6.000.000 de bolívares en el mercado paralelo y lo tomó como medidor para el aumento de salario, que pasa de 5.196.000 (1,30 dólares) a 180.000.000 bolívares (30 dólares), ahora a su equivalente de 1.800 bolívares soberanos, como se llamará la moneda nacional a partir de mañana. También indicó que el IVA subirá de 12% a 16% para tener mayor recaudación de dinero y «alcanzar el déficit fiscal cero». Salvar los ahorros El caos no espera hasta el lunes. Desde el viernes ya se vive el colapso y la zozobra de esta nueva válvula de escape, que los venezolanos aseguran traerá más hambre, más inflación y más pobreza. Las estaciones de servicio estuvieron abarrotadas por la demanda de conductores para llenar los depósitos de sus vehículos con la última gota de gasolina barata antes del incremento con el nuevo precio internacional. Sin embargo, la locura paró el sábado cuando Maduro anunció la postergación para el 30 de agosto del aumento de combustible. Pero todo vale cuando se trata de no perder los ahorros, incluso hacer colas kilométricas de hasta cinco horas bajo el sol por alimentos que no se necesitan. Dos personas comprueban los precios de distintos productos en un mercado de Caracas - Reuters El impacto se sintió de inmediato en la actividad comercial de Caracas, que se presentó más deprimida de lo usual. Muy pocos comercios abrieron sus puertas, solo el 25% de los supermercados y farmacias, lo que mostró un ambiente de desolación con gente haciendo compras nerviosas como si se prepararan para vivir una confrontación bélica. El politólogo y chavista disidente Nicmer Evans calificó en su cuenta de Twitter al presidente de «criminal y loco miserable». Evans dijo a ABC que Maduro tiene enloquecida a la gente y cuestionó la capacidad del Gobierno de subir el salario de un dólar a 30. «Si en Venezuela no se produce nada y la empresa petrolera está en quiebra, quién va a pagar esos aumentos, no se puede sustentar una medida así, habrá despidos masivos de trabajadores porque no se podrán mantener las nóminas», aseguró. Horas de incertidumbre La desesperación se recrudeció cuando el lunes pasado, Nicolás Maduro declaró el día 20 de agosto no laborable y los bancos decidieron no abrir sus puertas desde el viernes 17 hasta el martes 21, lo que implicó la suspensión temporal de las operaciones bancarias. Es así como los venezolanos no acaban de asimilar el enredo y confusión en que les ha hundido el régimen de Maduro. Su mayor preocupación es abastecerse de los productos básicos y esperar a ver qué va a pasar la próxima semana. Su percepción es que todo va a empeorar con el «paquetazo». Mientras tanto, en el mercadillo de Los Palos Grandes, Lisan Toledo, abogada de 39 años, estaba haciendo fila para pagar con su tarjeta una pequeña compra de café molido. «He tenido que cerrar mi tienda de electrodomésticos, porque no puedo pagar a mis empleados el incremento salarial anunciado. Le dije a mi marido que cerrara para vender los últimos artefactos por internet», comentó. Un mercado municipal de Caracas, con numerosos establecimientos cerrados - Efe Toledo no sabe cómo afrentar las medidas de Maduro: «Veremos qué podemos hacer, por ahora me resuelvo con la redacción de documentos legales y los cobro en dólares». A su lado en la cola estaba Alejandro Pérez, administrador de 58 años, que sostiene que el paquete de Maduro no se puede aplicar, porque «el país está quebrado y lo que va a producir es más hambre y pobreza. Todo es otra mentira más del régimen». Según los economistas, la única salida a la crisis ecómica es la reactivación del aparato productivo nacional, porque es lo único que generará dinero y mejorará el poder adquisitivo del venezolano. Mientras tanto, el país vive horas de mayor incertidubre y los ciudadanos temen el recrudecimiento de la movilización social que el gobierno pretende acallar con este artificio. Claves del nuevo plan económico La gasolina a precio internacional. El régimen de Maduro ha puesto fin a la era de la gasolina regalada. Esta semana trascendió de fuentes de la industria petrolera y de las gasolineras que el Gobierno estudia aplicar un incremento gradual trimestral hasta llegar a 0,90 bolívares «soberanos» el litro, es decir, a 90.000 bolívares, cuando cuesta 6 bolívares (0,000002 dólar paralelo) actualmente. Salarios y pensiones «anclados» al petro. Después de reconocer la existencia del dólar paralelo, Maduro convierte al petro en la segunda unidad contable del país y ancla a la criptomoneda gubernamental los precios, salarios y pensiones. El precio del petro -un invento del régimen- fue tabulado en 3.600 bolívares soberanos (89,7 dólares) anteriormente 360.000.000 bolívares. Paga extra con el Carnet de la Patria. El presidente anunció una bonificación de 600 bolívares soberanos (15 dólares) para los que tengan el Carnet de la Patria. La paga extra será depositada este lunes en el sistema digitalizado. Esta documentación que sirve de control político y social y que la oposición venezolana califica como intrumento de chantaje, solo beneficiará a un tercio de la población venezolana. Dinero del gobierno para pagar nóminas. Dado el excesivo aumento del sueldo de los trabajadores, el Gobierno asumirá por los próximos 90 días el diferencial de la nómina salarial de las pequeñas y medianas empresas para «que no haya impacto sobre la inflación». Maduro recalcó que abarcará empresas públicas y privadas para que no haya excusas de querer aumentar los precios.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
«Ya no solo veo pobreza, miseria y penuria en las zonas marginadas de Caracas»
Mi nombre es Oscar Patiño, abogado venezolano, 24 años, y soy coordinador general de la ONG Un Mundo Sin Mordaza. Actualmente estoy haciendo un máster de Gerencia Pública. Vivo en Venezuela porque es el mejor país del mundo, porque me enamoré de lo que es pero más de lo que puede ser. Sin embargo, como joven venezolano no me engaño y reconozco que es de esos amores que duelen. Hoy soy un profesional que ha tenido la oportunidad de tenerlo todo: una familia unida y trabajadora que me dio la mejor educación y los mejores valores. Con el pasar de los años, sobre todo los últimos dos, me he dado cuenta de cómo mi entorno ha cambiado drásticamente. Sinceramente, al principio no nos pegaba, pero ahora, ya estoy viendo incluso grandes cambios en el seno de mi hogar. Soy de Caracas. Ya no solo veo pobreza, miseria y penuria en las zonas marginadas de la capital, ya veo esto en todas partes, sea el este (zona pudiente de la capital) o en el oeste. Lamentablemente ver gente comiendo de la basura se ha vuelto «normal». Veo personas peleando por desperdicios, seres humanos lamiendo bolsas de basura porque quedaban restos de comida. Por mi trabajo sé de la cantidad de niños desnutridos que mueren al día, la falta de productos médicos para tratamientos de cáncer, conozco que funcionan menos de la mitad de los centros de diálisis del país, incluso cosas menos drásticas como ver gente caminando por las calles porque no tienen efectivo para pagar el transporte público o porque el metro está colapsado. Desde el año 2017 y las fuertes olas de protestas que vivimos, la comunidad internacional ha puesto la mira en nuestro país resaltando que para que esto sucediese tuvieron que dar su vida más de 157 venezolanos (cifra del Alto Comisionado de las Naciones Unidas), más de 2.000 heridos, más de 700 personas procesadas en la jurisdicción militar. Tras esto, nada ha cambiado, el Gobierno se aferró más al poder sin dar indicios de querer trabajar en la mejora de las condiciones sociales, políticas ni económicas del país. Hace unos días, el Gobierno de Nicolás Maduro puso en marcha una supuesta estrategia para mejorar nuestra economía que se resume en quitarle cinco ceros a nuestra moneda.. Qué novedad, ¿otra vez? Yo sinceramente no conocí una Caracas espléndida, yo nací en 1993 y me crié con el chavismo, pero sí sé algo y es que mi ciudad y mi país sin duda alguna pueden ser mejores de lo que son hoy en día. Aguantaré de pie por estas calles, lo más que pueda. Oscar Patiño @OscarPatinoH
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Vivir y morir en Manila
Louiseto Torrillia era carne de cañón. Aunque su familia había conseguido que estudiara, las drogas le torcieron la vida en la adolescencia. Con tres condenas a prisión a sus espaldas, dos de menos de un año por consumir y otra de ocho por vender, era un «bala perdida». Y una bala, pero no precisamente perdida, le encontró. A sus 39 años, Louiseto cayó abatido el jueves de la semana pasada (día 16) en el Cementerio del Norte de Manila. Según la versión oficial, lo mató a tiros un policía que se había hecho pasar por drogadicto para que le vendiera una pastilla de «shabú». En tagalo, así se conoce a la barata metanfetamina que, quemada sobre papel de aluminio, inhalan cuatro millones de filipinos para aguantar sin dormir horas y horas de fiesta o trabajo. «Le había advertido del peligro y de que tenía que cambiar porque ya soy vieja y me queda poco tiempo, pero él siempre me decía que moriría antes. Parecía inevitable», se lamenta su madre, Cora Galang, ante su ataúd en el velatorio montado bajo dos carpas en plena calle. Como manda la tradición, allí se reúnen sus amigos, quienes comen, beben y ríen para despedirlo con una fiesta y juegan a las cartas para recaudar fondos con los que pagar los 30.000 pesos (500 euros) que cuesta el funeral. Cora Galang, en el velatorio de su hijo, Louiseto Torrillia, muerto a tiros por la Policía en una operación antidroga - Pablo M. Díez Louiseto es una de las últimas víctimas de la sangrienta guerra contra las drogas que se libra en Filipinas. Desde que el presidente Rodrigo Duterte ganó las elecciones hace dos años con la promesa de acabar con la delincuencia que provoca el «shabú», la Policía ha matado a más de 4.400 sospechosos, la mayoría yonquis y camellos de poca monta. La explicación es siempre la misma: se resistieron a ser detenidos. A tan altísima cifra, que sale a una aterradora media de seis muertos por día, hay que sumar los más de 23.500 crímenes que la Policía no ha resuelto. Y que nunca resolverá porque muchos de ellos son cometidos por «escuadrones de la muerte» que, formados por policías o bajo su amparo, liquidan a los drogadictos para limpiar las calles. Curiosamente, siempre caen los mismos: los más pobres de los arrabales. Los traficantes, o quienes pueden pagar sobornos, se libran de ser eliminados, igual que los jóvenes de clase media y alta que toman «shabú» para salir de fiesta. Más que una guerra contra la droga, parece contra los pobres. La Policía filipina ha matado en los últimos dos años a 4.400 sospechosos de estar vinculados con las drogas «Creo que prepararon un plan para matar a mi padre, porque él era muy listo y no iba a arriesgar su vida solo por los 360 pesos (6 euros) que llevaba en los bolsillos», duda de la versión oficial su hija mayor, Bernadette, de 20 años. Tras la separación de sus padres por la adicción de Louiseto, que le llevó a vender la televisión, el ventilador y la arrocera de la casa, ella era la única de los cuatro hermanos que mantenía el contacto y le ayudaba dándole dinero. «Aunque se lo entregaba a mi abuela Cora, que lo perdió todo en las apuestas y vive en la calle vendiendo flores, sabía que él acababa robándoselo», cuenta con amargura la joven. Traumatizada por las constantes peleas entre sus padres que vio de niña, al menos ha conseguido salir de esta espiral de miseria familiar y trabaja de contable en una fontanería. Buenas intenciones «Le había avisado de que iban a matarlo si seguía drogándose», recuerda Bernadette, aún conmocionada pese a esperarse que tendría un final tan trágico y, por desgracia, cada vez más común. El padre de una de sus compañeras de clase, que no tomaba drogas, también murió hace poco en un tiroteo, víctima colateral de esta «guerra sucia» que desangra al país. «La intención de Duterte de luchar contra la droga es buena, pero su campaña es tan violenta que está muriendo gente inocente», se queja Bernadette. Tras separarse, su madre siguió el mismo camino que otros diez millones de filipinos, el 10 por ciento de la población de este archipiélago de 7.000 islas, y emigró en busca de una vida mejor. En su caso a Dubái, lejos de la delincuencia y la pobreza que asuelan a un país donde conviven los rascacielos con helipuertos para los ricos y las inmundas chabolas que pueblan los arrabales de Manila, donde los niños juegan descalzos sobre montañas de basura. Los días contados En uno de ellos, irónicamente llamado Paradise Village (Pueblo Paraíso), vivía y murió el marinero Efren Bondocoy, de 42 años. Con golpes en la cabeza, su cuerpo apareció el pasado día 4 en un muelle del puerto. «Le insistía en que no tomara drogas para que sus cuatro hijos no lo imitaran», recuerda contrariada su madre, Tidea Regalario, quien lo tuvo con solo 16 años. Ya viuda, la mujer tendrá que sacar ahora adelante a sus cuatro nietos, de entre ocho y 23 años, con los 500 pesos (ocho euros) que gana al día vendiendo helados con un carrito. Hacinados, los cuatro viven en un cuchitril de madera y plásticos por el que paga al mes mil pesos (16 euros). «Para luchar contra la droga, no hacen falta estos crímenes. Duterte no tiene compasión de la gente», protesta sin poder contener las lágrimas. Ajenos a su dolor, una pandilla de niños desharrapados revolotean entre risas atraídos por la presencia de un extranjero. Cerca de allí, en otro barrio de chabolas, la misma liturgia se repite en el velatorio de Bernardo Operario, de 20 años. Mediano de ocho hermanos, fue asesinado el día 4 por dos hombres a cara descubierta que se lo llevaron de su grupo de amigos y lo apuñalaron en un descampado. «Antes de que llegara la Policía, le pedí a otro de mis hijos que comprobara sus bolsillos y solo llevaba 470 pesos (7,8 euros). Pero luego los agentes dijeron que tenía ?shabú?? ¡Ellos mismos se lo pusieron!», denuncian sus padres, Carlos y Evangeline. A pesar de la muerte de su hijo, siguen apoyando la guerra contra la droga de Duterte «porque los yonquis no hacen nada bueno». «¡No como yo, que llevo 40 años trabajando y ni siquiera fumo!», exclama el padre, vendedor ambulante. Además de cuidar de sus hijos, uno de los cuales ya les ha dado un nieto, ahora tienen bajo su techo a Rosemarie, la novia de Bernardo, «viuda» con solo 16 años. Así se vive y se muere en los arrabales de Manila, donde Saldy Aspy ha perdido a 30 de sus amigos en los dos últimos años. «Trabajamos 20 horas al día descargando barcos y tomamos ?shabú? para aguantar», se justifica el joven, cuyo nombre figura en la lista de drogadictos del «barangay» (barrio) porque ya ha estado en la cárcel. Tras haber visto a los «escuadrones de la muerte» entrar a tiros en las chabolas para cargarse a los yonquis y camellos, sabe que tiene los días contados: «Temo acabar como mis amigos, pero no tengo dinero para irme de aquí».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El éxodo venezolano llega a España
La crisis económica, política y social que vive Venezuela desde hace años ha provocado que miles de ciudadanos huyan cada día del régimen de Nicolás Maduro y busquen una mejor vida que su país, azotado por la corrupción, la violencia y la pobreza, les niega. Es una migración llena de miedo, desesperación y que lleva a la deriva a personas que en su país lo fueron todo. Las imágenes de cientos de migrantes cruzando la frontera buscando refugio en países como Perú o Colombia han dado la vuelta al mundo, una realidad que también alcanza a España. «O tratas de sobrevivir fuera o mueres allí, no hay más salida», manifiestan algunos venezolanos en nuestro país en conversación con ABC. Los motivos para dejar atrás su país, totalmente asfixiado y al borde del colapso, son varios. Para unos, la falta de comida, dinero, medicinas y tranquilidad. Otros, la inflación por los aires, la devaluación de la moneda o las insostenibles tasas de violencia que hacen de ciudades como Caracas un infierno y, finalmente, la omnipresente represión política. En 2017 se resgistraron un total de 45.621 venezolanos empadronados en España - Ines Baucells Las peticiones de asilo se disparan Según los datos del estudio «Estadística de migraciones 2017», elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el flujo de inmigración procedente del país sudamericano se ha disparado en un 80% en solo dos años, pasando de los 25.272 inmigrantes/refugiados que llegaron a España en 2016 al total de 45.621 que se registraron en 2017. En esta cifra solo se incluyen los venezolanos que han llegado a empadronarse a España, quedando fuera todos aquellos que siguen en nuestro país fuera de los registros, un porcentaje que según las fuentes consultadas también se ha disparado. Alidis Ramos, adiós a la inseguridad Alidis en «La Dolce Vita», su lugar de trabajoPara muchos venezolanos la situación de inseguridad y no tanto la economía es suficiente motivo para abandonar su tierra. Uno de esos casos es el de Alidis Ramos quien nació en Caracas hace 41 años. Es técnica superior en turismo y hace tres meses que trabaja como dependienta en una tienda de dulces en Barcelona. «Se puede decir que la parte económica la sobrellevamos porque teníamos nuestras empresas, fincas y ahorros, pero el tema de seguridad es bastante complicado. L os secuestros, los robos y asesinatos son el día a día, entramos en pánico y por eso decidimos salir», confiesa. «Venezuela es el mejor lugar para hacer turismo. En especial, para una persona que tenga ganas de bajar de peso» Alidis manifiesta que ha tenido la oportunidad de viajar por muchos países del mundo pero que «no hay nada más bonito que su tierra», lo repite una y otra vez. Su esposo José, no deja que ella continúe para explicar el panorama que realmente se vive: «Venezuela es el mejor lugar para hacer turismo. En especial, para una persona que tenga ganas de bajar de peso, porque tendrá que hacer una fila de horas y hasta días para conseguir algo de comer. Por otro lado, no sufrirá de aburrimiento, uno vive al día pensando en cómo se va a rebuscar la vida, qué comerá mañana y si te duermes ya han pasado como diez años». Para José lo que están haciendo con su pueblo es una crueldad: «l a gente pobre que no sale en los medios de comunicación es la que está pagando, la que se está muriendo». Pedro Hernández, con el corazón en venezuela César observando NTN24Pedro Hernández, un cocinero venezolano, lleva un año y ocho meses en la capital catalana. Cuenta con la suerte de tener pasaporte europeo por su padre, pero ni así se olvida de lo que padece el lugar que lo vio nacer. «Cuando crees que no puede haber algo peor, sigue algo muchísimo peor. Todo empezó desde Chávez, él dejó el camino hecho y Maduro ha seguido con todo esto. Ahora hay resentimiento, odio y nadie cree en nadie». Pedro no deja de mirar su teléfono ni un momento, lo utiliza para mantenerse al tanto de lo que acontece en su país por algunos de los pocos medios que no han sido censurados por el gobierno «castrochavista» de Maduro. «En venezuela no alcanzan los periódicos para mostrar todos los muertos». Hernández no puede despegar sus ojos de las imágenes que muestran cómo cada día miles de sus compatriotas andan centenares de kilómetros en carreteras para llegar a países «refugio» como Brasil o Colombia. «Allá no tienes una vida porque vives con paranoia de que algo te va a pasar. Ni siquiera te sirve tener un trabajo porque el sueldo no te alcanza para nada. La necesidad es todo junto: no hay comida, ni medicinas..nada es nada», advierte. Pedro eleva su voz y desvela su tristeza: «En Venezuela no alcanzan los periódicos para mostrar todos los muertos». César Andrés, de cumpleaños a despedidas César muestra sus tatuajesCésar Andrés lleva diez meses en Barcelona. Es Licenciado en administración de empresas. Una cosa sí deja clara: su país lo lleva en su corazón pero también tatuado en su piel. Cuatro de sus tatuajes lo reflejan; el mapa de venezuela con los animales más representativos, las coordenadas del lugar donde nació, una imagen del Salto del Ángel (la caída de agua más alta del mundo )y, por último, un ave fénix. Con voz entrecortada evoca uno de los días más tristes de su vida: «No sabes cuándo volverás a ver a tu familia, a tu país. Mi temor es pensar que ese día en el aeropuerto fue mi despedida de todo y todos. Lo que sucede en mi país es una narcodictadura comunista». «Lo que sucede en mi país es una narcodictadura comunista». Con 26 años César pasó de celebrar reuniones de cumpleaños junto a sus amigos y familiares a organizar despedidas, la pregunta de la noche era: «¿Y usted cuándo se va?». Ninoska Murillo, «Un teléfono es lo que nos une» Ninoska en una de las plazas de MadridNinoska Murillo nacida en Margarita pero criada en San Cristóbal. Es profesional en estadísticas de salud. Su primera parada al momento de emigrar de su país fue Colombia, duró seis meses. Ahora se encuentra junto a su pareja residiendo en Madrid y está en proceso de sacar la tarjeta comunitaria. Ha trabajado de dependienta, limpiadora en tiendas de ropa, camarera, cuidando abuelos y haciendo los que haceres: «Yo estudié para ser alguien en la vida y ejercí mi profesión por ocho años. Y venir a limpiar baños, como dicen vulgarmente, es muy duro. A todos nos quitaron una vida y nos pusieron en otra, sin anestesia, sin nada». «Mamita no había luz, nos tuvieron siete horas horas así». Este es el mensaje que recibe Ninoska habitualmente cuando no tiene noticias de su madre. «A todos nos quitaron una vida y nos pusieron en otra, sin anestesia, sin nada». «Donde vive mi mamá no hay internet así que tiene pocas megas. Ella baja una vez por mes a Colombia a hacer la compra y a retirar el dinero que les envió, y es en ese momento que puedo ver a mi hijo por videollamada. Es el momento más esperado porque al final solo nos une un teléfono». Una de las opciones Las dificultades para conseguir los papeles de residencia sin un respaldo económico importante detrás ha hecho que crezcan exponencialmente las peticiones de asilo. En lo que va de 2018 ya se han registrado 12.785 peticiones, según los datos facilitados a este diario por la Oficina de Asilo y Refugio (OAR). «Venezuela es por tercer año consecutivo la nacionalidad que más pide protección internacional en España. El aumento se empieza a notar desde el 2014 cuando habían 120 solicitudes, en 2015 fueron 596 y en 2016 se posesiona de primeras con 4300. Luego le sigue Siria, Colombia, Ucrania, El Salvador y Honduras», explica a ABC la portavoz de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en España), María Jesús Vega. Son las seis de la mañana y fuera de la Oficina de Extranjería en Barcelona, el panorama es de zozobra. Los funcionarios que atienden en los puntos de información comentan que en los últimos meses las personas que más llegan a pedir asilo son venezolanos. «No es pedir asilo por pedirlo, tienes que tener un motivo de peso para poder solicitarlo», comenta Nailet de 33 años, con un acento caraqueño que la delata. Andrea Rodríguez, irse así no quieras Andrea Rodríguez es «contadora pública» y lleva una semana en Barcelona. Su primer destino fue llegar a Italia donde estuvo seis meses. «Yo no pasé por ningún tipo de secuestro ni me perseguían pero yo soy funcionaria pública y a nosotros nos obligaban a marchar con camisas rojas. No estaba ni estoy de acuerdo con todo eso pero allá si no estas a favor no tienes ese tipo de trabajo. Eso no es democracia y por eso te tienes que ir», relata Andrea mientras hace la fila esperando recibir cualquier tipo de información. «Nos obligaban a marchar con camisas rojas». Con ojos llorosos y junto a su hijo, manifiesta: «Esto no es un tema de los venezolanos quien más que nosotros nos encantaría quedarnos en nuestro país. Venir aquí a hacer qué, después de que estudie dos carreras, pero por la situación piensas en dos cosas: o muero de hambre o hago algo con el título que tengo pegado en la pared». Betty, el pasaporte lo es todo El pasaporte de BettyBetty tiene 41 años y es del estado de Yaracuy. Desde las cinco de la mañaa de la familia está haciendo la fila en la Oficina de Extranjería. Afortunadamente, logró obtener uno de los codiciados 16 turnos que dan por día. «Yo no hubiese podido pagar el tiquete para venir a Europa. Vine aquí porque mi amiga que vivió 22 años en Venezuela me ayudó con todo. Sino estaría en cualquier país latino como lo han hecho la mayoría. Allá uno se va por carretera porque es más cerca. A pesar de que sea más difícil hay mucha xenofobia hacia nosotros. Es muy triste», comenta mientras sus manos sostiene con fuerza su pasaporte. Siria, Colombia, Ucrania, El Salvador y Honduras son los países que le siguen a Venezuela en pedir asilo.En la sala de espera siguen llegando personas a preguntar cuáles son los papeles exactos que se necesitan, otros ya tienen su carpeta en mano y están a la espera de ser llamados. Al final, todos tienen algo que los une: esperan volver algún día a su casa, a su país.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El otoño caliente de Macron
Emmanuel Macron ha vuelto a tomar su bastón de peregrino diplomático europeo, en un momento en el que la dimisión intempestiva del más popular de sus ministros, Nicolas Hulot, confirma la llegada de un otoño político caliente. Cuando Macron ejercía de banquero de negocios sin aspiraciones políticas conocidas, Hulot era ya una de las personalidades más populares de Francia. Antiguo animador de emisiones de TV, millonario en euros, aficionado a los coches de lujo y militante ecologista independiente desde hace tres décadas, Hulot había rechazado las ofertas ministeriales de Nicolas Sarkozy (2007) y François Hollande (2012) antes de aceptar el cargo de ministro de Transición Ecológica hace 15 meses. Quince meses de proyectos fallidos, tensión, renuncias, desencuentros, sucesivas amenazas de dimisión siempre aplazadas, hasta la mañana del martes cuando Hulot anunció su dimisión, en términos melodramáticos, sin haber prevenido al presidente ni a nadie. Mientras, en París, prensa escrita, radio, televisión y clase política, gesticulaban llamativamente sobre la crisis abierta por Hulot, Emmanuel Macron reaccionaba, olímpico, desde Dinamarca, donde se encontraba en viaje oficial: «Respeto la decisión de un hombre libre. Si él lo desea, me gustaría contar con él, esté donde esté». Gira europea Lenguaje «celestial» que contrasta con la gravedad de la crisis presentada por «Le Monde» como un «golpe muy duro», «una crisis mayor», cuando todos los indicadores diplomáticos, políticos y sociales anuncian posibles tormentas por venir. Un día antes de la dimisión de Hulot, Macron había recordado a los 250 embajadores de Francia, en cinco continentes, sus prioridades diplomáticas: «Reforzar la seguridad de Europa», cuando «no es posible» seguir confiando en el tradicional «paraguas» militar norteamericano; «nueva crisis humanitaria en Siria»; incertidumbre del futuro de Libia? Prioridades muy alejadas del proyecto de «refundación» de la Unión Europea (UE) avanzado el mes de septiembre pasado, que no ha terminado de encontrar apoyos imprescindibles. La dimisión de su ministro «estrella», sin aviso previo, cogió a Macron en Copenhague, primera escala de una gira europea que debe continuar en Finlandia, etapas de una «larga marcha» que continuará en Luxemburgo y Salzburgo. La dimisión de su ministro más europeo y cosmopolita «pilló» a Macron buscando con cierta ansiedad aliados sólidos para afrontar las próximas elecciones europeas. Sin embargo, «Le Monde» le recordaba, en portada, que sus ambiciones europeas están seriamente amenazadas por la hostilidad de toda Europa del Este, sus enfrentamientos personales con los gobernantes italianos y la fragilidad impotente de otros aliados tradicionales como Alemania y España. Según los últimos sondeos, el 66% de los franceses desconfían del presidente de la República, que ha perdido cinco puntos de valoración desde julio. Tras el escándalo del «gorila» presidencial, la dimisión de Hulot contribuye a «coagular» un rosario de reservas contra el jefe del Estado. Según un sondeo del matutino conservador «Le Figaro», el 72 % de los franceses no confían en Macron para resolver los problemas y proyectos más inmediatos: reforma de las pensiones, reforma de los hospitales, pacto nacional con las empresas, plan contra la pobreza, reforma constitucional, leyes sobre bioética, «reorganización» del Islam de Francia. La reforma de las pensiones comenzará por recortar el poder adquisitivo de una franja muy amplia de jubilados y pensionistas, que amenazan con ponerse en pie de guerra. La reforma de los hospitales pudiera estar acompañada de supresiones de empleos. Los sindicatos amenazan con «responder». Los proyectos gubernamentales de reducción de la plantilla estatal de funcionarios son otro motivo de tensión. Ante tales nubarrones, Macron puede contar con la ventaja excepcional de un paisaje político balcanizado.