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Noticias de poblacion negra

06-08-2019 | Fuente: elpais.com
Muere Toni Morrison, la primera afroamericana que ganó el Premio Nobel de Literatura
La escritora, comprometida con la lucha contra la discriminación racial, abordó en sus obras la vida de la población negra
06-08-2019 | Fuente: elpais.com
Muere Toni Morrison, premio Nobel de Literatura 1993
La escritora, la primera afroamericana que recibió el galardón, abordó en sus obras la vida de la población negra
01-08-2019 | Fuente: abc.es
El segundo debate une a los candidatos demócratas: todos contra Biden
La primera ronda del segundo debate entre los candidatos demócratas a la presidencia de EE.UU., celebrado el martes por la noche en Detroit (Michigan), mostró la división entre las dos almas del partido: los izquierdistas, representados por Bernie Sanders y Elizabeth Warren, y los moderados, con candidatos con menos posibilidades. En la segunda ronda, celebrada en la noche del miércoles en el mismo escenario, sí hubo unidad al menos en un aspecto: el todos contra Joe Biden. El que fuera vicepresidente de EE.UU. con Barack Obama no es solo el candidato más conocido entre el público general y el que lidera las encuestas. También es probablemente el candidato más centrista, más alejado de la nueva corriente en el partido demócrata surgida con la irrupción de Sanders en las primarias de 2016 ?donde estuvo cerca de arrebatar la nominación a Hillary Clinton? y cimentada con las nuevas voces surgidas en las elecciones legislativas del pasado otoño, como Alexandria Ocasio-Cortez. A eso hay que sumarle que Biden lleva cinco décadas de carrera política, un tiempo en el que le ha dado tiempo a equivocarse muchas veces y con decisiones que en algunos casos han aguantado mal el paso del tiempo. El resultado es que Biden es el mono ideal al que darle leña, como este miércoles quedó una vez más de manifiesto. En el anterior debate, la senadora Kamala Harris aprovechó decisiones de Biden del pasado sobre relaciones raciales para atacarle y se convirtió en una de las sensaciones de la campaña. Ahora muchos trataron de repetir el modelo. Jay Inslee, gobernador del estado de Washington, le atacó por sus planes poco ambiciosos para atacar el cambio climático ?«es muy poco y muy tarde»? y por su posición a favor de la guerra de Irak. Julián Castro, excompañero de Gabinete con Obama, le recriminó que esté en contra de descriminalizar la entrada ilegall de inmigrantes en la frontera. El senador Corey Booker tuvo un enfrentamiento agrio con Biden, a quien acusó de apoyar legislación dura contra el tráfico de droga que acabó perjudicando de forma desproporcionada a la población negra. La senadora Kirsten Gillibrand sacó a pasear un artículo escrito por Biden en 1981 en el que se oponía a dar ventajas fiscales para guarderías para las familias. Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, le inquirió una y otra vez sobre si estaba todavía de acuerdo con las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados durante los mandatos de Obama. Fue una noche con menos discusiones de sustancia que en la anterior, en la que se discutió mucho sobre sanidad, comercio o impuestos, pero en la que se mostró mejor la personalidad de los candidatos. Biden, que sabía que volverían a ir a por él, salió al ataque, cuestionando a Harris sobre sus dudosos planes de sanidad universal, que se implantarían en un plazo de diez años. En las refriegas posteriores, sin embargo, no dio la sensación de un candidato rocoso. Titubeó en ocasiones, le bailaron números y erró en el cierre del debate: en lugar de dar la dirección web de su campaña, dio el número donde mandar SMS para financiarla. Muchos habrán temido lo que será si es el elegido para enfrentarse a Trump como nominado demócrata.
23-06-2019 | Fuente: abc.es
Todos contra Biden: arranca la guerra electoral demócrata
Faltan hoy 499 días, casi año y medio, para que los estadounidenses acudan a las urnas y decidan entre dos posibilidades: cuatro años más de Donald Trump o entregar la Casa Blanca a un demócrata. A pesar de lo mucho que queda, la campaña de las presidenciales de 2020 ya carbura a pleno rendimiento. Esta semana, Trump se regaló un mitin de arranque de campaña multitudinario ?aunque en estos dos años y medio de presidencia no se ha quitado el traje electoral? y este miércoles y jueves será la puesta de largo de los demócratas, con los primeros debates televisados. Estos son los contendientes para ganar la nominación demócrata: JOE BIDEN. El favorito. Goza del capital político de haber sido vicepresidente en las presidencias históricas de Barack Obama y lidera las encuestas con solvencia. Propone un mensaje centrista, capaz de atraer a votantes independientes y a republicanos moderados, muy diferente del giro izquierdista que vive el partido desde 2016. Tendrá más apoyos financieros y del ?establishment? demócrata que nadie, pero su caso es muy diferente al de Hillary Clinton en las anteriores elecciones, donde era la candidata irremediable. Biden será el objetivo de todos los ataques ?y todos desde el flanco izquierdo? y habrá que ver si eso no deteriora su propuesta moderada. En las últimas semanas, ha tenido que cambiar su posición sobre la financiación federal del aborto ?durante décadas ha estado en contra? y le han llovido críticas por decir que en los setenta había «cierta civilidad» en el trato con senadores que apoyaban la segregación de la población negra. Esa será la tónica de su candidatura. BERNIE SANDERS. El socialista. El senador independiente por Vermont se perfila como el principal adversario de Biden, el que tiene más posibilidades de aglutinar la vertiente más izquierdista del partido y provocar una revolución populista en los demócratas similar a la que Trump consiguió con los republicanos. Estuvo cerca de dar el campanazo en 2016 frente a Hillary y ahora lo intentará de nuevo. Lo tendrá, sin embargo, más complicado. Hace cuatro años, él era el único candidato para capitalizar el descontento social desde la izquierda. Ahora, sigue sin el apoyo del ?establishment? del partido y son varios los candidatos que presentan programas similares al suyo y con los que tendrá que pelear por captar la atención. Su edad -tendrá 79 años cuando se elija al presidente en noviembre del año que viene- podría ser un inconveniente, aunque es un problema que comparte con Biden (tendrá 78). ELIZABETH WARREN. La pragmática. Nadie daba muchas posibilidades a la senadora de Massachusetts, una de las primeras candidatas en confirmar sus aspiraciones presidenciales. Es una de las legisladores izquierdistas más conocidas y ocupa un espectro político similar al de Bernie Sanders: era difícil pensar que podría imponerse frente al político de izquierdas más popular de EE.UU. Warren, sin embargo, ha hecho hasta ahora quizá la mejor campaña de todos los candidatos, centrada en propuestas de programa socioeconómico ?sanidad universal, universidad pública gratuita, plan de infraestructuras, presión fiscal a los más ricos?, con una actividad frenética por todo el país y desprovista del mayor inconveniente de Sanders: la etiqueta de ?socialista?. KAMALA HARRIS. La promesa. Las primarias demócratas son más diversas que nunca ?varias mujeres entre las favoritas, candidatos hispanos y afroamericanos?, pero Kamala Harris engloba la diversidad en una persona: es mujer y birracial, de padre jamaicano y madre india. Es una de las grandes promesas del partido, recién llegada al Senado en la oleada de representantes femeninas demócratas que trajeron las legislativas del año pasado. Su escasa experiencia política le da la posibilidad de ser una candidata transversal, aunque ha abrazado el nuevo credo izquierdista demócrata ?medio ambiente, reparaciones a los descendientes de esclavos, legalización de la marihuana?. Muchos ven a esta antigua fiscal general implacable de California como una de las rivales más incómodas para Trump si consigue imponerse en las primarias. PETE BUTTIGIEG. El diseño. Es la irrupción más sorprendente de este ciclo electoral. Resultaría imposible pensar que el alcalde de South Bend, una ciudad de cien mil habitantes de Indiana, desconocida para muchos incluso en EE.UU., podría aspirar a la Casa Blanca. Pero Buttigieg parece un candidato sacado del laboratorio para el momento político que vive el país: muy joven (37 años), gay, educado en Harvard, distinguido con la prestigiosa beca Rhodes, con experiencia militar en Afganistán y el aire optimista y unificador de JFK u Obama. Apenas ha presentado ideas o programa, algo que, de momento, es una ventaja. BETO O' ROURKE. La cara amable. Subió al estrellato de la política estadounidense en las legislativas del año pasado, cuando le disputó el puesto de senador por Texas al republicano Ted Cruz, peso pesado del conservadurismo. Estuvo a punto de ganar en un estado de fuerte implantación republicana y su mensaje renovador caló más allá de Texas. Es difícil que su buena imagen y su mensaje renovador sean suficientes para tener aspiraciones a ganar las primarias. JULIÁN CASTRO. El hispano. La candidatura de Julián Castro está basada en la esperanza de que, alguna vez, el voto hispano sea decisivo. El exalcalde de San Antonio e integrante del Gobierno de Obama es el único hispano candidato pero sus opciones ?a pesar de que asuntos como la inmigración o la relación con México dominan buena parte del discurso político? son mínimas. CORY BOOKER. El sucesor. Como uno de los candidatos afroamericanos, el senador por New Jersey busca convertirse en el sucesor de Obama, pero el EE.UU. de hoy es muy diferente al de 2008. Frente a la moderación y el mensaje optimista de Obama, Booker ha seguido la corriente izquierdista y de política identitaria que domina al partido. EL RESTO. De todos los colores. Entre el resto de las dos docenas de aspirantes a enfrentarse contra Donald Trump, hay una gran variedad de perfiles. Se encuentran senadores con cierto prestigio pero pocas opciones ?Michael Bennet, Kirsten Gillibrand y Amy Klobuchar?, gobernadores como Jay Inslee (Washington), John Hickenlooper (Colorado) o Steve Bullock (Montana), diputados de la Cámara de Representantes y hasta el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, que trata de levantar su futuro político tras un gobierno mediocre en la Gran Manzana (sin conseguirlo, es el único candidato demócrata que pierde en las encuestas frente a Trump). También hay candidatos que vienen de fuera del mundo político, como el emprendedor Andrew Young ?cuyas propuestas han tenido cierta popularidad? y la autora Marianne Williamson, que es popular por escribir libros de autoayuda. Las posibilidades para todos ellos son mínimas, pero las primarias, como demostró Donald Trump en las primarias del año 2016, son una puerta abierta a las sorpresas.
06-05-2019 | Fuente: abc.es
El partido de Mandela, en horas bajas
Durante la campaña electoral, el presidente Cyril Ramaphosa ha pedido al electorado de 27 millones de personas respaldar una vez más al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) en las elecciones generales del 8 de mayo. Las encuestas le otorgan cerca del 60% de los votos a pesar de encontrarse en sus horas más bajas debido a los escándalos, la corrupción endémica, el desempleo (con una tasa oficial del 27%) y la grave crisis económica (agravado por un débil crecimiento y el aumento de la deuda pública). La pregunta clave es si el partido de liberación más antiguo de África gobernará o no con mayoría absoluta. El votante del ANC es leal pero está harto de la gestión del partido gobernante y del saqueo constante de las instituciones por parte de la administración anterior de Jacob Zuma. Hace un año parecía posible que el partido gobernante perdiera el poder, sin embargo la caída de Zuma el 14 de febrero de 2018 y el relevo de Ramaphosa calmó un poco los ánimos (los medios locales llamaron a este fenómeno Ramaphoria). A pesar del cambio de timón, la paciencia de los sudafricanos con el partido que revolucionó la lucha contra el apartheid se está agotando. El ANC llegó al poder hace 25 años prometiendo «Una vida mejor para todos»: vivienda, servicios, educación y empleos para los negros que fueron discriminados durante décadas. Sin embargo, la mayoría de sudafricanos son cada vez más pobres, gran parte de la población negra malviven en «townships» y el mercado laboral aún les discrimina salarialmente. Sudáfrica no es una sociedad más segura ni equitativa: «No podemos ser una nación de personas libres cuando muchos aún viven en la pobreza», dijo Ramaphosa en una ceremonia en Makhanda. ¿Quién lidera la oposición? La Alianza Democrática (DA, por sus siglas en inglés) - tradicionalmente asociada al voto de la minoría blanca- lidera la oposición con Mmusi Maimane (apodado el Obama sudafricano) como máximo dirigente. Maimane, criado en Soweto y primer líder nacional negro del partido, asegura ser el único de los grandes representantes políticos que apuesta por una Sudáfrica «no racial». El empresario, de 39 años, pidió a los votantes que rompan la costumbre de votar en función de la «raza ». El partido de Maimane logró unos buenos resultados en las municipales de 2016, ganando en ciudades como Pretoria y Johannesburgo, gracias a los apoyos del tercer partido más importante del país, los Combatientes por la Libertad Económica (EFF) del controvertido y desafiante Julius Malema. El partido de extrema izquierda ha impulsado reformas populistas como polémica ley de expropiación sin compensación que fue aprobada por el parlamento hace un año, una medida que ha defendido Ramaphosa -con matices- para asegurarse el voto de las bases tradicionales y que asusta a los inversores extranjeros. Malema, quién formó parte del ANC de 1990 a 2012, tiene el apoyo de los jóvenes , los más pobres y los eternamente desencantados con el partido gobernante. Las encuestas otorgan al DA entre un 16-24% de los votos (en las pasadas elecciones logró un 22%) y al EFF, entre un 10-15% (una cifra superior al 6% logrado en 2014). Dos partidos que son polos opuestos pero tienen un enemigo común: el hasta ahora «todopoderoso» ANC.
28-04-2019 | Fuente: abc.es
Las cosas que no podía hacer una persona de color en Sudáfrica hace 25 años
El apartheid, que significa «separación» en afrikáans, fue un sistema de segregación racial que limitaba los derechos basándose en motivos de raza y que prevaleció en Sudáfrica y Namibia hasta 1992. Fue impulsado en 1948 cuando el Partido Nacionalista Afrikáner ganó las elecciones en base a existentes medidas de represión y discriminación para convertirlas en un código generalizado de disposiciones legales que fueron completando en los 30 años posteriores. En total hubo 317 leyes restrictivas que no solo afectaban a la mayoría negra si no, en general, a los habitantes que no eran blancos, ya fueran descendientes de indios, chinos, indonesios, malayos, malgaches, mestizos o mulatos. Sudáfrica legalizó el racismo y la discriminación y en 1953, la segregación ya era una realidad impuesta por ley. El sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el «desarrollo» y su propósito era que la minoría blanca (21% de la población en los años 50) conservase el poder y sus privilegios, que en otras condiciones podría haber perdido. Los derechos civiles se reservaban para menos de cinco millones de blancos y se negaban a más de veinticinco millones de personas negras. 1-. Los negros no podían vivir en zonas asignadas para blanco. Más de tres millones de personas de raza negra fueron forzadas a abandonar sus casas y trasladarse a los bantustanes, regiones designadas como reservas tribales para habitantes no blancos. La «Ley de Zonas para Grupos» determinaba donde deben vivir las personas, reservando las mejores zonas urbanas, industriales y agrícolas para las blancos. Los negros eran relegados a las zonas marginales en los límites de la Sudáfrica industrializada, lo que los privaba de la ciudadanía y permitía al gobierno blanco desentenderse de su desarrollo económico y social. No obstante, en los municipios negros las parejas casadas y las familias necesitaban permiso del Estado para vivir juntos. 2-. A los negros no se les permitía entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase emitido por la policía. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros. El «carné de pase», obligatorio para todos los sudafricanos mayores de 16 años, era una especie de permiso para transitar por las zonas ricas. Todos los sudafricanos debían llevarlo siempre consigo, de lo contrario podían ser detenidos. Cada año se arrestaban más de 250.000 personas negras por delitos relacionados con las «leyes de pase». 3-. Los negros no tenían derecho al voto, sólo en casos muy puntuales como el derecho regional al voto en relación con los bantustanes. Antes de la victoria del Partido Nacional en 1948, los negros podían votar, pero con muchas restricciones. 4-. Los matrimonios y las relaciones sexuales entre blancos y negros estaban totalmente prohibidos por la Ley de Inmoralidad y de Matrimonios Mixtos. 5-. La población negra (casi el 70%) tenía prohibido adquirir tierras y, además, podían ser desposeídos de ellas. Estas disposiciones no eran estrictamente nuevas ya que seguían la estela de una serie de medidas que se empezaron a implementar en 1913 con la Natives Landa Act (posteriormente Back Land Act), considerada una de las primeras leyes de segregación racial. A la práctica, el 89% del territorio quedaba en manos de la minoría blanca. 6-. Los negros tenían prohibido intervenir en actividades políticas y, por tanto, no podían ocupar cargos en las administraciones ni en el gobierno ni afiliarse a los sindicatos. 7-. La Ley de Zonas para Grupos también prohibía a los negros establecer negocios, ser propietarios de empresas o ejercer prácticas profesionales en los lugares delimitados para blancos (bajo pena de cárcel), y limitaba ese tipo de propiedad y los derechos de ocupación a los bantustanes y municipios negros. 8-. El transporte público (trenes, autobuses, taxis) estaba dividido con zonas y compartimentos independientes según el color de piel. Asimismo, también estaban separados los accesos a edificios, oficinas de correos y juzgados. Incluso las ambulancias estaban segregadas, en caso de accidente era indispensable avisar de la raza de la víctima y los sanitarios de una ambulancia para blancos tenían el derecho a negarse a llevar a personas de otra raza. 9-. En material de derecho a la educación también existían restricciones para la mayoría de sudafricanos. La Ley de Educación de los Bantú se impulsó para que los negros tuviesen distintas expectativas y aspiraciones que los blancos. Se apostaba porque se educara a los personas de raza no blanca para el desempeño de laboras prácticas y las leyes reservaban los mejores empleos para los blancos, además era legal que un blanco percibiese un salario mayor por realizar el mismo trabajo que un negro. Solo el 14% de los niños negros llegaba a secundaria, y un porcentaje menor llegaba a la universidad de no blancos. 10-. El acceso a los servicios sanitarios era muy limitado. Mientras que los blancos contaban con un médico por cada 630 personas; los negros disponían de uno por cada 91.000 en las ciudades y uno por cada 174.000 habitantes en zonas rurales. El incumplimiento de estas leyes suponía penas de cárcel. Además, las leyes permitían al Gobierno de Sudáfrica detener indefinidamente a cualquier ciudadano sin someterlo a juicio o a exiliar a los disidentes. No había recurso legal ni derecho de apelación contra estos decretos. Sudáfrica, con 31 millones de habitantes, tenía 411 presos por cada 100.000 habitantes en 1970, una de las tasas más altas del mundo en aquel momento. El número de prisioneros bajó desde la liberación de Nelson Mandela en 1990. El Parlamento de Sudáfrica, ya conformado por grupos étnicos negros, mestizos y de color, invalidó la última ley que sustentó este sistema en 1991.
19-02-2019 | Fuente: abc.es
«En 50 años nadie recordará los tuits de Trump, pero sí los discursos de Obama»
De las manos de Ben Rhodes (Nueva York, 1977) salieron buena parte de las intervenciones por las que se recordará a Barack Obama. Escribió sus discursos desde que se incorporó a su primera campaña electoral de 2007 y fue su consejero adjunto de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, convirtiéndose en uno de los asesores de mayor confianza del 44º presidente de Estados Unidos. Estuvo en la cocina de los grandes asuntos internacionales que marcaron los dos mandatos de Obama, desde la intervención militar en Libia y la guerra de Siria hasta la ofensiva de Moscú sobre Crimea y el este de Ucrania o el acuerdo nuclear con Irán. Pero donde Rhodes cobró mayor protagonismo fue en el deshielo de las relaciones entre EE.UU. y Cuba, en las que se encargó directamente de negociar en secreto con Alejandro Castro, hijo de Raúl y sobrino de Fidel. En su libro «El mundo tal y como es» (Debate), que se presenta este martes en España, el antiguo consejo de Seguridad Nacional cuenta sus momentos de confidencia con Obama en el Despacho Oval, a bordo del Air Force One y de la Bestia -la limusina presidencial-, así como los entresijos de la complicada toma de decisiones de alcance planetario desde el ala oeste de la Casa Blanca, pero también de las zancadillas y sinsabores de un puesto en el que cualquier desliz tiene consecuencias imprevisibles. Orgulloso de su aportación a los dos mandatos del primer presidente negro en la historia de EE.UU., Ben Rhodes vio como el 20 de enero de 2017 accedía al poder Donald Trump, dispuesto a liquidar la obra de su antecesor. Qué queda del legado de Obama Trump trata de desmantelar todo lo que puede, pero la ley de sanidad sobrevive pese a sus esfuerzos por acabar con ella, y con un Congreso demócrata será incapaz de cambiar la ley. En los aspectos internacionales, en los que yo trabajaba, intentó también sacar a Estados Unidos de las cosas que hizo Obama, pero el próximo presidente podría regresar al Acuerdo del Cambio Climático de París o retomar lo que Obama empezó con Cuba. El legado es una cosa viva. Si Trump es reelegido y esa es la dirección de la política estadounidense, el legado de Obama será eliminado, mientras que si gana un demócrata la próxima elección, la puede extenderse la legislación sanitaria, el Acuerdo del Clima y el compromiso con Cuba e incluso volver al acuerdo nuclear con Irán. Por tanto, la historia no acaba cuando se deja el cargo, ni durante el mandato del sucesor. Si EE.UU. acaba yendo en la dirección de Obama, en diez o veinte años será visto como un presidente histórico que apuntó a la dirección en que los cambios tendrían lugar. Si Trump y las políticas que representa prevalece, Obama será una extraña excepción en la historia. Por tanto, es una cuestión abierta. En su libro describe el complejo proceso de escribir un discurso de Obama, escogiendo con cuidado cada palabra y recibiendo aportaciones de diferentes asesores e informes de otros departamentos, etc. Ahora Trump se levanta cada mañana, acude a Twitter y escribe lo primero que le viene a la mente. ¿Es más eficaz este comportamiento? Sí, en el libro muestro el cuidado que Obama ponía en sus palabras y discursos. Yo, como escritor de discursos del presidente de EE.UU., era consciente de que hablaba al pueblo americano y del mundo, y de que una frase incorrecta puede provocar un gran problema. Obviamente, todo ha cambiado con Trump. Él no parece pensar lo que dice y no lo somete a asesoramiento y revisión. En términos de eficacia, es difícil de decir. Para Obama era eficaz como lo hacía y fue elegido dos veces. En mi formación política, mi héroe era John Kennedy, pero no podría recordar sus leyes o logros en política exterior. Eran sus discursos, su inspiración, lo que permaneció mucho después, incluso hasta hoy. En ese sentido, el estilo de Obama es más eficaz para la historia, porque no creo que nadie recuerde lo que Trump dice en sus tuits en 50 años, pero sí algunas de las cosas que dijo Obama. A largo plazo, es más eficaz tomarse en serio los discursos. Twitter puede ser efectivo ese día, pero no tiene un impacto duradero. Trump dice merecer el Premio Nobel de la Paz por su éxito con Corea del Norte. ¿Qué opina? Llevó años de negociación lograr que Irán diera marcha atrás en su programa nuclear y que permitiera inspecciones. En cambio, Trump no ha logrado en realidad más que reunirse con Kim Jong-un, que no ha renunciado a las armas nucleares ni a los misiles. Es la psicología de Trump: el objetivo es solo la foto, el espectáculo, aunque sea sin conseguir nada. Trump ha socavado la cooperación internacional y ha apoyado el autoritarismo, por lo que ha ido en contra de los valores que representa el Premio Nobel de la Paz. Es muy inusual que Obama obtuviera el galardón al principio de su presidencia, pero acabó haciendo cosas, como el acuerdo con Irán, el Acuerdo del Clima, la normalización de relaciones con Cuba, con las que cumplió sus promesas. Además, está lo que representa en el mundo para el progreso de personas con orígenes humildes y una política inclusiva que persigue la paz, en total contraste con Trump. «Trump venció a Hillary Clinton, que era muy impopular. En cambio, Obama seguía siendo muy popular al final de su presidencia» En su libro, culpa de la victoria de Trump a los medios de la derecha, el 11-S, Rusia.. No hay mucha autocrítica. ¿Cree que Trump es, de alguna forma, fruto de las políticas de Obama? El expresidente se centró en minorías y personas desfavorecidas, pero ¿puede que olvidara a la mayoría de estadounidenses trabajarores del llamado Cinturón del Óxido o la población blanca de las zonas rurales? Realmente no lo creo. Su política no se centró en las minorías. De hecho, se le criticó por no hacer más por la población negra. La ley de Salud fue para todo el mundo, los esfuerzos en la economía se centraron en crear empleo para todos y el paro bajó del 10 a casi el 5%. Fue reelegido en algunas de esas zonas, como Michigan, Wisconsin o Pensilvania, en las que Hillary Clinton no ganó. Donald Trump venció a Hillary Clinton, que era una candidata muy impopular. Al final, las elecciones presidenciales son entre seres humanos. El cambio en la politicia estadounidense se dio en el Partido Republicano, pasando de nombrar candidato a John McCain a Donald Trump. En el libro describo su radicalización, a través de Fox News, Breitbart y los medios de la derecha. Obama seguía siendo muy popular al final de su presidencia. Probablemente hubo un fracaso en la organización política, no creo que fuera por una falta de agenda política. Hay parte de los votantes blancos a los que no les gusta el cambio demográfico que Obama representaba. Es difícil culpar a Obama por la reacción contra un presidente negro. Lo que vemos hoy es la última expresión de la competencia en la historia de EE.UU. entre la gente que quiere hacer progresos en temas como derechos civiles o igualdad y los que quieren resistirse a los cambios. ¿Cómo ve al Partido Demócrata, con candidatos que incluso se declaran socialistas? En el Congreso han entrado personas más jóvenes, diversos, progresistas, y creo que eso es bueno, es la expresión de la dirección en la que tratábamos de ir. El Partido Demócrata es más como Obama que cuando se convirtió en presidente, en 2009. Refleja la dirección hacia la que va gran parte del país. Obama impulsó una ley de salud que, sin establecer un sistema sanitario público universal, extendió la cobertura a 20 millones de personas y creó nuevas protecciones. Gracias a ese cambio, ahora se puede imaginar un sistema de salud, que se llame socialista o como se quiera, sea más universal, y es bueno. Aunque hay que ser precavido para no ir demasiado lejos demasiado deprisa. Usted fue el negociador en el deshielo entre EE.UU. y Cuba. ¿Se siente decepcionado por la falta de cambios en la isla? No, nunca imaginé que Cuba se transformaría deprisa. Lo que intentamos fue acabar con un conflicto de la Guerra Fría en el que aún estábamos. No pensamos que fuera a haber necesariamente un cambio de régimen, pero sí una evolución, de manea que las mayores oportunidades económicas y el acceso a la información permitieran al pueblo cubano cambiar su sociedad con el tiempo. El embargo y las políticas estadounidenses estaban aislando a Cuba, lo que facilita al gobierno cubano el control. Trump ha paralizado cualquier nueva actividad y eso impide los cambios en Cuba. Lo más decepcionante es que se despertaron expectativas entre los cubanos y Trump las ha frenado. ¿Cómo era tratar con Alejandro y Raúl Castro? Raúl y Alejandro Castro están comprometidos con la revolución cubana y el Partido Comunista, pero también son pragmáticos. A veces, los estadounidenses se equivocan, en los países autoritarios, al asumir que son monolíticos. Fidel y Raúl son muy diferentes. Fidel era más ideológico, mientras que Raúl llegó al convencimiento de que Cuba necesitaba evolucionar. Raúl es un personaje peculiar. Cuando, tras la victoria de Trump, le dije que intentara un acuerdo con él, me respondió que una vez un general de Osetia tenía autorización para lanzar misiles desde su territorio sin consultarle, por lo que aseguró: «He tenido que lidiar con cosas más difíciles que Trump». Es un superviviente y un pragmático. ¿Qué opina de la respuesta de EE.UU. a la crisis en Venezuela? ¿Habría respaldado Obama a Juan Guaidó? ¿Su enfoque habría sido el mismo? No, es importante reconocer que Maduro ha perdido toda legitimidad. No solo ha tratado de desmontar las instituciones democráticas en Venezuela, sino que sus elecciones fueron fraudulentas. Simpatizo con la idea de una transición y un gobierno que pueda restaurar las instituciones democráticas y abordar la crisis humanitaria. Pero la manera de reconocer a Guaidó fue prematura. El foco debería ponerse en las elecciones y tratar de negociar con las diferentes facciones. Mi preocupación es: reconocemos a Guaidó, Maduro sigue ahí y los militares le siguen apoyando, hay una intervención militar de EE.UU. para romper el estancamiento de la situación. Sería un error. La legitimidad del nuevo gobierno se vería socavado si EE.UU. propicia un cambio de régimen en Venezuela. Me preocupa que la política de Venezuela sea como conducir un coche muy deprisa sin saber adónde ir. ¿Está usted más cerca de la postura europea? La postura europea es correcta. No se trata solo de echar a Maduro, sino de qué pasa a continuación. Puedes sacarlo por la fuerza y que se vea a Guaidó como un líder instalado por EE.UU. No creo que la manera de hacerlo sea reconocer inmediatamente a Guaidó, porque eso polariza Venezuela. «Una intervención militar de EE.UU. en Venezuela sería un error, ya que si propicia un cambio de régimen socavaría la legitimidad del nuevo gobierno» Angela Merkel era uno de los mejores aliados de Obama, mientras que ahora hay una preocupante brecha entre EE.UU. y Alemania, en general con Europa. ¿Cuáles son los riesgos? Hay dos riesgos. En un mundo con la competencia de potencias como China y Rusia, es más importante para EE.UU. y Europa funcionar de forma conjunta. Nos hace más fuertes en aspectos comerciales y de seguridad que estar divididos. Pero también hay riesgos en el interior de EE.UU. y la UE. Si prevalece este tipo de populismo de derechas, veremos una descomposición de las instituciones democráticas. ¿Cuál es la mayor virtud y el peor defecto de Obama? Es increíblemente carismático y ambicioso en sus objetivos, pero también decente en su conducta personal. Es alguien capaz de motivar a la gente para hacer cosas, para implicarse. Su capacidad para inspirar es su mejor virtud. Algunas de sus fortalezas son sus debilidad. Nunca sobreactuaba y eso te puede dejar detrás de otros políticos que lideran el debate. ¿Cuál es su mejor recuerdo de la etapa con Obama? Fue ir al Vaticano a concluir el acuerdo con Cuba. Como allí no trabajan por correo electrónico, desconocían que habíamos llegado a un acuerdo para la normalización de relaciones y el cardenal Pietro Parolin habló por separado con Alejandro Castro y conmigo para verificar nuestro compromiso. En un mundo con tantos conflictos, mostrábamos que hay otra forma de resolver las diferencias entre países. Muy pocas veces en el gobierno sabes que estás acertado y con Cuba yo sentía que esto era lo correcto y la respuesta de los funcionarios me lo confirmaron. ¿Y el peor? ¿Tal vez las acusaciones por lo sucedido en Bengasi (Libia)? Sí, en esa tragedia, en la que murieron cuatro personas, mi papel era simplemente comunicar lo que habíamos hecho. Pero los medios de la derecha decían que queríamos que murieran y hubo una teoría de la conspiración. Tuve la horrible experiencia de verme convertido en un personaje que no era yo, sino alguien que inventaban como un antiamericano y mentiroso propagandista. Pero eran ellos los propagandistas, hacían todo de lo que nos acusaban a nosotros. En política no pasa como en el deporte, que hay un árbitro que dice quién ha violado las normas. Y ver que los que no respetan las reglas ganaban en las elecciones fue traumático.
16-02-2019 | Fuente: elpais.com
Wagner Moura: ?Brasil vive un genocidio de la población negra?
El actor de 'Narcos' debuta como director con 'Marighella', la biografía del líder de la resistencia contra la dictadura brasileña, que sirve "de paralelismo con la situación actual"
15-02-2019 | Fuente: elpais.com
Wagner Moura: ?Brasil vive un genocidio de la población negra?
El actor de 'Narcos' debuta como director con 'Marighella', la biografía del líder de la resistencia contra la dictadura brasileña, que sirve "de paralelismo con la situación actual"
06-11-2018 | Fuente: abc.es
EE.UU. restringe el derecho al voto de millones de electores
La Decimoquinta Enmienda de la Constitución estadounidense reza así: «El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos a votar no será denegado ni limitado por los Estados Unidos ni por ningún Estado por razón de raza, color, o condición previa de servidumbre». Y añade: El Congreso tendrá poder para aplicar este artículo por la legislación adecuada». Este y otros artículos constitucionales protegen el que se considera uno de los derechos más sagrados de un país que ha hecho de la democracia y las libertades su razón de ser. En la práctica, sin embargo, este derecho al voto se ve cercenado en diversos estados con normativas que impiden que millones de ciudadanos puedan participar en la elección de los cargos públicos que rigen sus destinos. Ante las llamadas «midterm elections» de este martes, numerosas voces han vuelto a poner sobre la mesa este problema y en buena parte se lo atribuyen al interés de los republicanos de impedir que voten sectores de población que no les favorecen en las urnas, en especial la minoría afroamericana. Para empezar, debe aclararse que, al contrario que en España, en Estados Unidos no hay un documento nacional de identidad que se presenta al depositar la papeleta en el colegio electoral. Allí no existe un carné estandarizado que certifique la ciudadanía ante las autoridades, sino que para identificarse se utilizan el permiso de conducir o la tarjeta de estudiante, por ejemplo. En todo caso, la organización de las elecciones y la decisión sobre quién es apto para ejercer el derecho al voto corresponde a cada uno de los 50 estados de la Unión, aunque la convocatoria sea de ámbito nacional y los cargos en juego sean el presidente o el Congreso de los Estados Unidos. De ahí que, dependiendo del estado de que se trate, el sistema electoral y los requisitos para poder votar varíen notablemente. El caso de Carolina del Norte resulta ilustrativo. El parlamento de este estado aprobó en 2013 una legislación que establecía nuevos requisitos para poder votar, entre ellos la obligación de presentar un documento de identidad con fotografía en el punto de votación. La mayoría republicana en Carolina del Norte justificaba la medida en la necesidad de evitar el fraude. Pero en 2016 un tribunal federal tumbó la nueva normativa al entender que contenía restricciones al voto que «estaban dirigidas a los afroamericanos con precisión casi quirúrgica». Más recientemente, otro juez obligó el pasado viernes al estado de Georgia a suavizar unas restricciones legales que podrían impedir que votaran más de 3.000 personas. En este caso, la normativa exigía que la identificación del votante debía coincidir exactamente con la información en los registros estatales, incluyendo signos como guiones o iniciales del segundo nombre de pila. La decisión judicial se considera un varapalo al secretario de Estado de Georgia y candidato a gobernador, el republicano Brian Kemp, que compite con la primera candidata afroamericana al cargo de uno de los grandes partidos, la demócrata Stacey Abrams. Otros estados han adoptado medidas similares en los últimos años. Pero las restricciones de las posibilidades de ejercer el derecho al voto no solo afectan a la minoría afroamericana. En Dakota del Norte una tribu del pueblo «sioux» ha llevado a los tribunales al estado por una norma aprobada en 2016 que exige a los votantes presentar una forma de identificación que incluya su nombre legal, dirección exacta y fecha de nacimiento, lo que se ve como una dificultad para los nativos que viven en reservas o en áreas rurales donde no existe nombre de calles o las direcciones no son precisas. Según la Unión Estadounidense por los Derechos Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), 14 estados han establecido desde 2010 leyes que restringen el voto a través del documento de identidad. Pero el del documento de identidad no es el único problema en relación al derecho al voto. Presos sin derechos a voto de por vida Varios estados despojan de este derecho a los condenados por delitos o incluso por faltas, algo que se remonta a la época de las llamadas leyes de Jim Crow, como se conoce la normativa de segregación racial que se aplicó en el Sur a partir de la segunda mitad del siglo XIX, tras la guerra civil. Según la ACLU, Florida, Iowa y Kentucky cuentan en la actualidad con políticas especialmente extremas de privación del derecho al voto, que se retira a los condenados de por vida, sin que puedan participar en las elecciones ni siquiera una vez en libertad. «Estos estados están entre aquellos que también reprimen desproporcionalmente el derecho al voto a la población negra. En Florida y Kentucky, señala esta organización, en torno a uno de cada cinco ciudadanos de esta minoría se le ha retirado el derecho al voto por una condena previa. En España, el ingreso en la cárcel no implica la pérdida de otros derechos. El artículo 25 de la Constitución española establece que el «condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo [Título I. Capítulo 2º], a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria». La ACLU denuncia que en EE.UU. se dificulta el ejercicio del derecho al voto no solo a minorías raciales, sino también a personas mayores, estudiantes y personas con discapacidad a través de las citadas leyes sobre el documento de identidad, pero también con el recorte del periodo del voto anticipado (en numerosos estados se puede empezar a votar semanas antes del día fijado para la elección) y las purgas en las listas de votantes. Pero aún hay otro fenómeno que, aunque no afecta directamente al derecho individual a ejercer el voto, sí puede afectar al resultado final de unas elecciones. Se trata de lo que en EE.UU. se conoce como «gerrymandering», que consiste en el rediseño de los distritos electorales con el fin de que beneficien a un determinado partido. La investigadora Carlota García Encinas, del Real Instituto Elcano, señala que, de acuerdo con algunos análisis, gracias a esta práctica los republicanos obtuvieron en media docena de estados una ventaja de alrededor de 17 escaños en la Cámara de Representantes, y se estima que los demócratas deberían ganar el voto popular por once puntos por encima de los republicanos para retomar la Cámara Baja. «Hay por tanto un riesgo real de que los demócratas ganen el voto nacional y pierdan la Cámara de Representantes», escribe en su blog.