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Noticias de poblacion negra

06-05-2019 | Fuente: abc.es
El partido de Mandela, en horas bajas
Durante la campaña electoral, el presidente Cyril Ramaphosa ha pedido al electorado de 27 millones de personas respaldar una vez más al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) en las elecciones generales del 8 de mayo. Las encuestas le otorgan cerca del 60% de los votos a pesar de encontrarse en sus horas más bajas debido a los escándalos, la corrupción endémica, el desempleo (con una tasa oficial del 27%) y la grave crisis económica (agravado por un débil crecimiento y el aumento de la deuda pública). La pregunta clave es si el partido de liberación más antiguo de África gobernará o no con mayoría absoluta. El votante del ANC es leal pero está harto de la gestión del partido gobernante y del saqueo constante de las instituciones por parte de la administración anterior de Jacob Zuma. Hace un año parecía posible que el partido gobernante perdiera el poder, sin embargo la caída de Zuma el 14 de febrero de 2018 y el relevo de Ramaphosa calmó un poco los ánimos (los medios locales llamaron a este fenómeno Ramaphoria). A pesar del cambio de timón, la paciencia de los sudafricanos con el partido que revolucionó la lucha contra el apartheid se está agotando. El ANC llegó al poder hace 25 años prometiendo «Una vida mejor para todos»: vivienda, servicios, educación y empleos para los negros que fueron discriminados durante décadas. Sin embargo, la mayoría de sudafricanos son cada vez más pobres, gran parte de la población negra malviven en «townships» y el mercado laboral aún les discrimina salarialmente. Sudáfrica no es una sociedad más segura ni equitativa: «No podemos ser una nación de personas libres cuando muchos aún viven en la pobreza», dijo Ramaphosa en una ceremonia en Makhanda. ¿Quién lidera la oposición? La Alianza Democrática (DA, por sus siglas en inglés) - tradicionalmente asociada al voto de la minoría blanca- lidera la oposición con Mmusi Maimane (apodado el Obama sudafricano) como máximo dirigente. Maimane, criado en Soweto y primer líder nacional negro del partido, asegura ser el único de los grandes representantes políticos que apuesta por una Sudáfrica «no racial». El empresario, de 39 años, pidió a los votantes que rompan la costumbre de votar en función de la «raza ». El partido de Maimane logró unos buenos resultados en las municipales de 2016, ganando en ciudades como Pretoria y Johannesburgo, gracias a los apoyos del tercer partido más importante del país, los Combatientes por la Libertad Económica (EFF) del controvertido y desafiante Julius Malema. El partido de extrema izquierda ha impulsado reformas populistas como polémica ley de expropiación sin compensación que fue aprobada por el parlamento hace un año, una medida que ha defendido Ramaphosa -con matices- para asegurarse el voto de las bases tradicionales y que asusta a los inversores extranjeros. Malema, quién formó parte del ANC de 1990 a 2012, tiene el apoyo de los jóvenes , los más pobres y los eternamente desencantados con el partido gobernante. Las encuestas otorgan al DA entre un 16-24% de los votos (en las pasadas elecciones logró un 22%) y al EFF, entre un 10-15% (una cifra superior al 6% logrado en 2014). Dos partidos que son polos opuestos pero tienen un enemigo común: el hasta ahora «todopoderoso» ANC.
28-04-2019 | Fuente: abc.es
Las cosas que no podía hacer una persona de color en Sudáfrica hace 25 años
El apartheid, que significa «separación» en afrikáans, fue un sistema de segregación racial que limitaba los derechos basándose en motivos de raza y que prevaleció en Sudáfrica y Namibia hasta 1992. Fue impulsado en 1948 cuando el Partido Nacionalista Afrikáner ganó las elecciones en base a existentes medidas de represión y discriminación para convertirlas en un código generalizado de disposiciones legales que fueron completando en los 30 años posteriores. En total hubo 317 leyes restrictivas que no solo afectaban a la mayoría negra si no, en general, a los habitantes que no eran blancos, ya fueran descendientes de indios, chinos, indonesios, malayos, malgaches, mestizos o mulatos. Sudáfrica legalizó el racismo y la discriminación y en 1953, la segregación ya era una realidad impuesta por ley. El sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el «desarrollo» y su propósito era que la minoría blanca (21% de la población en los años 50) conservase el poder y sus privilegios, que en otras condiciones podría haber perdido. Los derechos civiles se reservaban para menos de cinco millones de blancos y se negaban a más de veinticinco millones de personas negras. 1-. Los negros no podían vivir en zonas asignadas para blanco. Más de tres millones de personas de raza negra fueron forzadas a abandonar sus casas y trasladarse a los bantustanes, regiones designadas como reservas tribales para habitantes no blancos. La «Ley de Zonas para Grupos» determinaba donde deben vivir las personas, reservando las mejores zonas urbanas, industriales y agrícolas para las blancos. Los negros eran relegados a las zonas marginales en los límites de la Sudáfrica industrializada, lo que los privaba de la ciudadanía y permitía al gobierno blanco desentenderse de su desarrollo económico y social. No obstante, en los municipios negros las parejas casadas y las familias necesitaban permiso del Estado para vivir juntos. 2-. A los negros no se les permitía entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase emitido por la policía. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros. El «carné de pase», obligatorio para todos los sudafricanos mayores de 16 años, era una especie de permiso para transitar por las zonas ricas. Todos los sudafricanos debían llevarlo siempre consigo, de lo contrario podían ser detenidos. Cada año se arrestaban más de 250.000 personas negras por delitos relacionados con las «leyes de pase». 3-. Los negros no tenían derecho al voto, sólo en casos muy puntuales como el derecho regional al voto en relación con los bantustanes. Antes de la victoria del Partido Nacional en 1948, los negros podían votar, pero con muchas restricciones. 4-. Los matrimonios y las relaciones sexuales entre blancos y negros estaban totalmente prohibidos por la Ley de Inmoralidad y de Matrimonios Mixtos. 5-. La población negra (casi el 70%) tenía prohibido adquirir tierras y, además, podían ser desposeídos de ellas. Estas disposiciones no eran estrictamente nuevas ya que seguían la estela de una serie de medidas que se empezaron a implementar en 1913 con la Natives Landa Act (posteriormente Back Land Act), considerada una de las primeras leyes de segregación racial. A la práctica, el 89% del territorio quedaba en manos de la minoría blanca. 6-. Los negros tenían prohibido intervenir en actividades políticas y, por tanto, no podían ocupar cargos en las administraciones ni en el gobierno ni afiliarse a los sindicatos. 7-. La Ley de Zonas para Grupos también prohibía a los negros establecer negocios, ser propietarios de empresas o ejercer prácticas profesionales en los lugares delimitados para blancos (bajo pena de cárcel), y limitaba ese tipo de propiedad y los derechos de ocupación a los bantustanes y municipios negros. 8-. El transporte público (trenes, autobuses, taxis) estaba dividido con zonas y compartimentos independientes según el color de piel. Asimismo, también estaban separados los accesos a edificios, oficinas de correos y juzgados. Incluso las ambulancias estaban segregadas, en caso de accidente era indispensable avisar de la raza de la víctima y los sanitarios de una ambulancia para blancos tenían el derecho a negarse a llevar a personas de otra raza. 9-. En material de derecho a la educación también existían restricciones para la mayoría de sudafricanos. La Ley de Educación de los Bantú se impulsó para que los negros tuviesen distintas expectativas y aspiraciones que los blancos. Se apostaba porque se educara a los personas de raza no blanca para el desempeño de laboras prácticas y las leyes reservaban los mejores empleos para los blancos, además era legal que un blanco percibiese un salario mayor por realizar el mismo trabajo que un negro. Solo el 14% de los niños negros llegaba a secundaria, y un porcentaje menor llegaba a la universidad de no blancos. 10-. El acceso a los servicios sanitarios era muy limitado. Mientras que los blancos contaban con un médico por cada 630 personas; los negros disponían de uno por cada 91.000 en las ciudades y uno por cada 174.000 habitantes en zonas rurales. El incumplimiento de estas leyes suponía penas de cárcel. Además, las leyes permitían al Gobierno de Sudáfrica detener indefinidamente a cualquier ciudadano sin someterlo a juicio o a exiliar a los disidentes. No había recurso legal ni derecho de apelación contra estos decretos. Sudáfrica, con 31 millones de habitantes, tenía 411 presos por cada 100.000 habitantes en 1970, una de las tasas más altas del mundo en aquel momento. El número de prisioneros bajó desde la liberación de Nelson Mandela en 1990. El Parlamento de Sudáfrica, ya conformado por grupos étnicos negros, mestizos y de color, invalidó la última ley que sustentó este sistema en 1991.
19-02-2019 | Fuente: abc.es
«En 50 años nadie recordará los tuits de Trump, pero sí los discursos de Obama»
De las manos de Ben Rhodes (Nueva York, 1977) salieron buena parte de las intervenciones por las que se recordará a Barack Obama. Escribió sus discursos desde que se incorporó a su primera campaña electoral de 2007 y fue su consejero adjunto de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, convirtiéndose en uno de los asesores de mayor confianza del 44º presidente de Estados Unidos. Estuvo en la cocina de los grandes asuntos internacionales que marcaron los dos mandatos de Obama, desde la intervención militar en Libia y la guerra de Siria hasta la ofensiva de Moscú sobre Crimea y el este de Ucrania o el acuerdo nuclear con Irán. Pero donde Rhodes cobró mayor protagonismo fue en el deshielo de las relaciones entre EE.UU. y Cuba, en las que se encargó directamente de negociar en secreto con Alejandro Castro, hijo de Raúl y sobrino de Fidel. En su libro «El mundo tal y como es» (Debate), que se presenta este martes en España, el antiguo consejo de Seguridad Nacional cuenta sus momentos de confidencia con Obama en el Despacho Oval, a bordo del Air Force One y de la Bestia -la limusina presidencial-, así como los entresijos de la complicada toma de decisiones de alcance planetario desde el ala oeste de la Casa Blanca, pero también de las zancadillas y sinsabores de un puesto en el que cualquier desliz tiene consecuencias imprevisibles. Orgulloso de su aportación a los dos mandatos del primer presidente negro en la historia de EE.UU., Ben Rhodes vio como el 20 de enero de 2017 accedía al poder Donald Trump, dispuesto a liquidar la obra de su antecesor. Qué queda del legado de Obama Trump trata de desmantelar todo lo que puede, pero la ley de sanidad sobrevive pese a sus esfuerzos por acabar con ella, y con un Congreso demócrata será incapaz de cambiar la ley. En los aspectos internacionales, en los que yo trabajaba, intentó también sacar a Estados Unidos de las cosas que hizo Obama, pero el próximo presidente podría regresar al Acuerdo del Cambio Climático de París o retomar lo que Obama empezó con Cuba. El legado es una cosa viva. Si Trump es reelegido y esa es la dirección de la política estadounidense, el legado de Obama será eliminado, mientras que si gana un demócrata la próxima elección, la puede extenderse la legislación sanitaria, el Acuerdo del Clima y el compromiso con Cuba e incluso volver al acuerdo nuclear con Irán. Por tanto, la historia no acaba cuando se deja el cargo, ni durante el mandato del sucesor. Si EE.UU. acaba yendo en la dirección de Obama, en diez o veinte años será visto como un presidente histórico que apuntó a la dirección en que los cambios tendrían lugar. Si Trump y las políticas que representa prevalece, Obama será una extraña excepción en la historia. Por tanto, es una cuestión abierta. En su libro describe el complejo proceso de escribir un discurso de Obama, escogiendo con cuidado cada palabra y recibiendo aportaciones de diferentes asesores e informes de otros departamentos, etc. Ahora Trump se levanta cada mañana, acude a Twitter y escribe lo primero que le viene a la mente. ¿Es más eficaz este comportamiento? Sí, en el libro muestro el cuidado que Obama ponía en sus palabras y discursos. Yo, como escritor de discursos del presidente de EE.UU., era consciente de que hablaba al pueblo americano y del mundo, y de que una frase incorrecta puede provocar un gran problema. Obviamente, todo ha cambiado con Trump. Él no parece pensar lo que dice y no lo somete a asesoramiento y revisión. En términos de eficacia, es difícil de decir. Para Obama era eficaz como lo hacía y fue elegido dos veces. En mi formación política, mi héroe era John Kennedy, pero no podría recordar sus leyes o logros en política exterior. Eran sus discursos, su inspiración, lo que permaneció mucho después, incluso hasta hoy. En ese sentido, el estilo de Obama es más eficaz para la historia, porque no creo que nadie recuerde lo que Trump dice en sus tuits en 50 años, pero sí algunas de las cosas que dijo Obama. A largo plazo, es más eficaz tomarse en serio los discursos. Twitter puede ser efectivo ese día, pero no tiene un impacto duradero. Trump dice merecer el Premio Nobel de la Paz por su éxito con Corea del Norte. ¿Qué opina? Llevó años de negociación lograr que Irán diera marcha atrás en su programa nuclear y que permitiera inspecciones. En cambio, Trump no ha logrado en realidad más que reunirse con Kim Jong-un, que no ha renunciado a las armas nucleares ni a los misiles. Es la psicología de Trump: el objetivo es solo la foto, el espectáculo, aunque sea sin conseguir nada. Trump ha socavado la cooperación internacional y ha apoyado el autoritarismo, por lo que ha ido en contra de los valores que representa el Premio Nobel de la Paz. Es muy inusual que Obama obtuviera el galardón al principio de su presidencia, pero acabó haciendo cosas, como el acuerdo con Irán, el Acuerdo del Clima, la normalización de relaciones con Cuba, con las que cumplió sus promesas. Además, está lo que representa en el mundo para el progreso de personas con orígenes humildes y una política inclusiva que persigue la paz, en total contraste con Trump. «Trump venció a Hillary Clinton, que era muy impopular. En cambio, Obama seguía siendo muy popular al final de su presidencia» En su libro, culpa de la victoria de Trump a los medios de la derecha, el 11-S, Rusia.. No hay mucha autocrítica. ¿Cree que Trump es, de alguna forma, fruto de las políticas de Obama? El expresidente se centró en minorías y personas desfavorecidas, pero ¿puede que olvidara a la mayoría de estadounidenses trabajarores del llamado Cinturón del Óxido o la población blanca de las zonas rurales? Realmente no lo creo. Su política no se centró en las minorías. De hecho, se le criticó por no hacer más por la población negra. La ley de Salud fue para todo el mundo, los esfuerzos en la economía se centraron en crear empleo para todos y el paro bajó del 10 a casi el 5%. Fue reelegido en algunas de esas zonas, como Michigan, Wisconsin o Pensilvania, en las que Hillary Clinton no ganó. Donald Trump venció a Hillary Clinton, que era una candidata muy impopular. Al final, las elecciones presidenciales son entre seres humanos. El cambio en la politicia estadounidense se dio en el Partido Republicano, pasando de nombrar candidato a John McCain a Donald Trump. En el libro describo su radicalización, a través de Fox News, Breitbart y los medios de la derecha. Obama seguía siendo muy popular al final de su presidencia. Probablemente hubo un fracaso en la organización política, no creo que fuera por una falta de agenda política. Hay parte de los votantes blancos a los que no les gusta el cambio demográfico que Obama representaba. Es difícil culpar a Obama por la reacción contra un presidente negro. Lo que vemos hoy es la última expresión de la competencia en la historia de EE.UU. entre la gente que quiere hacer progresos en temas como derechos civiles o igualdad y los que quieren resistirse a los cambios. ¿Cómo ve al Partido Demócrata, con candidatos que incluso se declaran socialistas? En el Congreso han entrado personas más jóvenes, diversos, progresistas, y creo que eso es bueno, es la expresión de la dirección en la que tratábamos de ir. El Partido Demócrata es más como Obama que cuando se convirtió en presidente, en 2009. Refleja la dirección hacia la que va gran parte del país. Obama impulsó una ley de salud que, sin establecer un sistema sanitario público universal, extendió la cobertura a 20 millones de personas y creó nuevas protecciones. Gracias a ese cambio, ahora se puede imaginar un sistema de salud, que se llame socialista o como se quiera, sea más universal, y es bueno. Aunque hay que ser precavido para no ir demasiado lejos demasiado deprisa. Usted fue el negociador en el deshielo entre EE.UU. y Cuba. ¿Se siente decepcionado por la falta de cambios en la isla? No, nunca imaginé que Cuba se transformaría deprisa. Lo que intentamos fue acabar con un conflicto de la Guerra Fría en el que aún estábamos. No pensamos que fuera a haber necesariamente un cambio de régimen, pero sí una evolución, de manea que las mayores oportunidades económicas y el acceso a la información permitieran al pueblo cubano cambiar su sociedad con el tiempo. El embargo y las políticas estadounidenses estaban aislando a Cuba, lo que facilita al gobierno cubano el control. Trump ha paralizado cualquier nueva actividad y eso impide los cambios en Cuba. Lo más decepcionante es que se despertaron expectativas entre los cubanos y Trump las ha frenado. ¿Cómo era tratar con Alejandro y Raúl Castro? Raúl y Alejandro Castro están comprometidos con la revolución cubana y el Partido Comunista, pero también son pragmáticos. A veces, los estadounidenses se equivocan, en los países autoritarios, al asumir que son monolíticos. Fidel y Raúl son muy diferentes. Fidel era más ideológico, mientras que Raúl llegó al convencimiento de que Cuba necesitaba evolucionar. Raúl es un personaje peculiar. Cuando, tras la victoria de Trump, le dije que intentara un acuerdo con él, me respondió que una vez un general de Osetia tenía autorización para lanzar misiles desde su territorio sin consultarle, por lo que aseguró: «He tenido que lidiar con cosas más difíciles que Trump». Es un superviviente y un pragmático. ¿Qué opina de la respuesta de EE.UU. a la crisis en Venezuela? ¿Habría respaldado Obama a Juan Guaidó? ¿Su enfoque habría sido el mismo? No, es importante reconocer que Maduro ha perdido toda legitimidad. No solo ha tratado de desmontar las instituciones democráticas en Venezuela, sino que sus elecciones fueron fraudulentas. Simpatizo con la idea de una transición y un gobierno que pueda restaurar las instituciones democráticas y abordar la crisis humanitaria. Pero la manera de reconocer a Guaidó fue prematura. El foco debería ponerse en las elecciones y tratar de negociar con las diferentes facciones. Mi preocupación es: reconocemos a Guaidó, Maduro sigue ahí y los militares le siguen apoyando, hay una intervención militar de EE.UU. para romper el estancamiento de la situación. Sería un error. La legitimidad del nuevo gobierno se vería socavado si EE.UU. propicia un cambio de régimen en Venezuela. Me preocupa que la política de Venezuela sea como conducir un coche muy deprisa sin saber adónde ir. ¿Está usted más cerca de la postura europea? La postura europea es correcta. No se trata solo de echar a Maduro, sino de qué pasa a continuación. Puedes sacarlo por la fuerza y que se vea a Guaidó como un líder instalado por EE.UU. No creo que la manera de hacerlo sea reconocer inmediatamente a Guaidó, porque eso polariza Venezuela. «Una intervención militar de EE.UU. en Venezuela sería un error, ya que si propicia un cambio de régimen socavaría la legitimidad del nuevo gobierno» Angela Merkel era uno de los mejores aliados de Obama, mientras que ahora hay una preocupante brecha entre EE.UU. y Alemania, en general con Europa. ¿Cuáles son los riesgos? Hay dos riesgos. En un mundo con la competencia de potencias como China y Rusia, es más importante para EE.UU. y Europa funcionar de forma conjunta. Nos hace más fuertes en aspectos comerciales y de seguridad que estar divididos. Pero también hay riesgos en el interior de EE.UU. y la UE. Si prevalece este tipo de populismo de derechas, veremos una descomposición de las instituciones democráticas. ¿Cuál es la mayor virtud y el peor defecto de Obama? Es increíblemente carismático y ambicioso en sus objetivos, pero también decente en su conducta personal. Es alguien capaz de motivar a la gente para hacer cosas, para implicarse. Su capacidad para inspirar es su mejor virtud. Algunas de sus fortalezas son sus debilidad. Nunca sobreactuaba y eso te puede dejar detrás de otros políticos que lideran el debate. ¿Cuál es su mejor recuerdo de la etapa con Obama? Fue ir al Vaticano a concluir el acuerdo con Cuba. Como allí no trabajan por correo electrónico, desconocían que habíamos llegado a un acuerdo para la normalización de relaciones y el cardenal Pietro Parolin habló por separado con Alejandro Castro y conmigo para verificar nuestro compromiso. En un mundo con tantos conflictos, mostrábamos que hay otra forma de resolver las diferencias entre países. Muy pocas veces en el gobierno sabes que estás acertado y con Cuba yo sentía que esto era lo correcto y la respuesta de los funcionarios me lo confirmaron. ¿Y el peor? ¿Tal vez las acusaciones por lo sucedido en Bengasi (Libia)? Sí, en esa tragedia, en la que murieron cuatro personas, mi papel era simplemente comunicar lo que habíamos hecho. Pero los medios de la derecha decían que queríamos que murieran y hubo una teoría de la conspiración. Tuve la horrible experiencia de verme convertido en un personaje que no era yo, sino alguien que inventaban como un antiamericano y mentiroso propagandista. Pero eran ellos los propagandistas, hacían todo de lo que nos acusaban a nosotros. En política no pasa como en el deporte, que hay un árbitro que dice quién ha violado las normas. Y ver que los que no respetan las reglas ganaban en las elecciones fue traumático.
16-02-2019 | Fuente: elpais.com
Wagner Moura: ?Brasil vive un genocidio de la población negra?
El actor de 'Narcos' debuta como director con 'Marighella', la biografía del líder de la resistencia contra la dictadura brasileña, que sirve "de paralelismo con la situación actual"
15-02-2019 | Fuente: elpais.com
Wagner Moura: ?Brasil vive un genocidio de la población negra?
El actor de 'Narcos' debuta como director con 'Marighella', la biografía del líder de la resistencia contra la dictadura brasileña, que sirve "de paralelismo con la situación actual"
06-11-2018 | Fuente: abc.es
EE.UU. restringe el derecho al voto de millones de electores
La Decimoquinta Enmienda de la Constitución estadounidense reza así: «El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos a votar no será denegado ni limitado por los Estados Unidos ni por ningún Estado por razón de raza, color, o condición previa de servidumbre». Y añade: El Congreso tendrá poder para aplicar este artículo por la legislación adecuada». Este y otros artículos constitucionales protegen el que se considera uno de los derechos más sagrados de un país que ha hecho de la democracia y las libertades su razón de ser. En la práctica, sin embargo, este derecho al voto se ve cercenado en diversos estados con normativas que impiden que millones de ciudadanos puedan participar en la elección de los cargos públicos que rigen sus destinos. Ante las llamadas «midterm elections» de este martes, numerosas voces han vuelto a poner sobre la mesa este problema y en buena parte se lo atribuyen al interés de los republicanos de impedir que voten sectores de población que no les favorecen en las urnas, en especial la minoría afroamericana. Para empezar, debe aclararse que, al contrario que en España, en Estados Unidos no hay un documento nacional de identidad que se presenta al depositar la papeleta en el colegio electoral. Allí no existe un carné estandarizado que certifique la ciudadanía ante las autoridades, sino que para identificarse se utilizan el permiso de conducir o la tarjeta de estudiante, por ejemplo. En todo caso, la organización de las elecciones y la decisión sobre quién es apto para ejercer el derecho al voto corresponde a cada uno de los 50 estados de la Unión, aunque la convocatoria sea de ámbito nacional y los cargos en juego sean el presidente o el Congreso de los Estados Unidos. De ahí que, dependiendo del estado de que se trate, el sistema electoral y los requisitos para poder votar varíen notablemente. El caso de Carolina del Norte resulta ilustrativo. El parlamento de este estado aprobó en 2013 una legislación que establecía nuevos requisitos para poder votar, entre ellos la obligación de presentar un documento de identidad con fotografía en el punto de votación. La mayoría republicana en Carolina del Norte justificaba la medida en la necesidad de evitar el fraude. Pero en 2016 un tribunal federal tumbó la nueva normativa al entender que contenía restricciones al voto que «estaban dirigidas a los afroamericanos con precisión casi quirúrgica». Más recientemente, otro juez obligó el pasado viernes al estado de Georgia a suavizar unas restricciones legales que podrían impedir que votaran más de 3.000 personas. En este caso, la normativa exigía que la identificación del votante debía coincidir exactamente con la información en los registros estatales, incluyendo signos como guiones o iniciales del segundo nombre de pila. La decisión judicial se considera un varapalo al secretario de Estado de Georgia y candidato a gobernador, el republicano Brian Kemp, que compite con la primera candidata afroamericana al cargo de uno de los grandes partidos, la demócrata Stacey Abrams. Otros estados han adoptado medidas similares en los últimos años. Pero las restricciones de las posibilidades de ejercer el derecho al voto no solo afectan a la minoría afroamericana. En Dakota del Norte una tribu del pueblo «sioux» ha llevado a los tribunales al estado por una norma aprobada en 2016 que exige a los votantes presentar una forma de identificación que incluya su nombre legal, dirección exacta y fecha de nacimiento, lo que se ve como una dificultad para los nativos que viven en reservas o en áreas rurales donde no existe nombre de calles o las direcciones no son precisas. Según la Unión Estadounidense por los Derechos Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), 14 estados han establecido desde 2010 leyes que restringen el voto a través del documento de identidad. Pero el del documento de identidad no es el único problema en relación al derecho al voto. Presos sin derechos a voto de por vida Varios estados despojan de este derecho a los condenados por delitos o incluso por faltas, algo que se remonta a la época de las llamadas leyes de Jim Crow, como se conoce la normativa de segregación racial que se aplicó en el Sur a partir de la segunda mitad del siglo XIX, tras la guerra civil. Según la ACLU, Florida, Iowa y Kentucky cuentan en la actualidad con políticas especialmente extremas de privación del derecho al voto, que se retira a los condenados de por vida, sin que puedan participar en las elecciones ni siquiera una vez en libertad. «Estos estados están entre aquellos que también reprimen desproporcionalmente el derecho al voto a la población negra. En Florida y Kentucky, señala esta organización, en torno a uno de cada cinco ciudadanos de esta minoría se le ha retirado el derecho al voto por una condena previa. En España, el ingreso en la cárcel no implica la pérdida de otros derechos. El artículo 25 de la Constitución española establece que el «condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo [Título I. Capítulo 2º], a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria». La ACLU denuncia que en EE.UU. se dificulta el ejercicio del derecho al voto no solo a minorías raciales, sino también a personas mayores, estudiantes y personas con discapacidad a través de las citadas leyes sobre el documento de identidad, pero también con el recorte del periodo del voto anticipado (en numerosos estados se puede empezar a votar semanas antes del día fijado para la elección) y las purgas en las listas de votantes. Pero aún hay otro fenómeno que, aunque no afecta directamente al derecho individual a ejercer el voto, sí puede afectar al resultado final de unas elecciones. Se trata de lo que en EE.UU. se conoce como «gerrymandering», que consiste en el rediseño de los distritos electorales con el fin de que beneficien a un determinado partido. La investigadora Carlota García Encinas, del Real Instituto Elcano, señala que, de acuerdo con algunos análisis, gracias a esta práctica los republicanos obtuvieron en media docena de estados una ventaja de alrededor de 17 escaños en la Cámara de Representantes, y se estima que los demócratas deberían ganar el voto popular por once puntos por encima de los republicanos para retomar la Cámara Baja. «Hay por tanto un riesgo real de que los demócratas ganen el voto nacional y pierdan la Cámara de Representantes», escribe en su blog.
19-06-2018 | Fuente: abc.es
Chile, el país americano con mayor aumento de inmigrantes
Entre 2014 y 2017, Chile ha visto aumentar en un 232% el número de inmigrantes que viven en el país, pasando de 416.082 a 966.363, lo que supone el mayor incremento inmigratorio en América. Estimaciones del Gobierno de Sebastián Piñera indican que en los primeros meses de 2018 se ha superado el millón de inmigrantes, de los cuales 300.000 se encuentran en el país de modo irregular. Esto sitúa la tasa de inmigración en el 5,5% del total de la población, una de las mayores de Latinoamérica. La cifra puede dispararse aún más con una esperada avalancha de venezolanos, que ya constituyen el grupo de mayor volumen de los que llegan. También ha habido un incremento de haitianos y, en menor medida, de cubanos, conforme otros países del continente, como Estados Unidos o Brasil, han ido cerrando sus puertas a esos migrantes. Chile cuenta con el atractivo de su estabilidad política y económica, y está alejado geográficamente de los conflictos que se viven en la región. Además, la necesidad de mano de obra que experimenta el país hace que el Gobierno tenga un discurso positivo hacia la inmigración, si bien requiere que esta sea ordenada y con ciertas garantías. De acuerdo con The Economist, Chile necesita población llegada de fuera para poder crecer económicamente, debido a su baja tasa de natalidad y al envejecimiento de la sociedad chilena; el bajo nivel de paro permite la acogida de mano de obra foránea. A la espera de la aprobación de una nueva ley migratoria, ya en tramitación, el presidente Piñera ha firmado varios decretos para negar la posibilidad de cambiar el visado de turista por otro de trabajo desde el mismo Chile (habrá que salir del país para solicitar ese cambio) y establecer nuevos visados: la Visa de Responsabilidad Democrática para la acogida de venezolanos y un visado de fines humanitarios pensado para los haitianos. En la práctica este último es más restrictivo que el dirigido a los venezolanos y parece reconocer la incomodidad hacia una creciente presencia de población negra con dificultades para la integración. Llegada de venezolanos El boom inmigratorio de los últimos años venía ya de una década atrás. De 2007 a 2015 el número de extranjeros residentes en Chile aumentó en un 143%. Pero ha sido especialmente en 2017 cuando la llegada de inmigrantes se ha disparado. El mayor volumen corresponde a venezolanos. De 8.381 visados de entrada que en 2015 Chile otorgó a venezolanos se pasó a 22.921 en 2016 y a 73.386 en 2017. Últimas informaciones indican que unos 450.000 venezolanos estarían preparando su marcha a Chile, de acuerdo los trámites que habrían comenzado en Venezuela, tales como la solicitud del certificado de antecedentes. Así lo ha asegurado el último embajador chileno en Caracas durante la presidencia de Michelle Bachelet, Pedro Felipe Ramírez, quien ha estado recientemente en el país caribeño hablando con sus autoridades migratorias. La cifra supone más de un tercio de los cerca de 1,6 millones de venezolanos que durante los primeros meses de 2018 han solicitado sus antecedentes penales para poder iniciar un proceso migratorio. La reforma migratoria del presidente Piñera contempla la creación de un visado especial para venezolanos. La Visa de Responsabilidad Democrática se puso en marcha ya en abril y desde entonces ha habido 27.910 solicitudes, de las que solo se han aprobado 3.244. Este mecanismo cuenta con respaldo social: el 66% de los chilenos dice estar de acuerdo con la creación de esa visa especial. Chile guarda en la memoria que Venezuela acogió a una buena cantidad de los 200.000 chilenos que abandonaron el país tras el golpe militar de Pinochet de 1973. Haitianos y cubanos Cuando en los últimos años Brasil comenzó a poner dificultades en el otorgamiento de visados, los haitianos, que no tenían preferencia de idioma debido a que en cualquier caso hablan francés, optaron a dirigirse a Chile. Por su parte, a medida que países como Colombia y Costa Rica retuvieron a migrantes cubanos que querían llegar por tierra a Estados Unidos a través de Centroamérica, antes de que en enero de 2017 concluyera la política de 'pies secos, pies mojados' y acabara así el asilo inmediato aplicado durante décadas por Washington, la corriente migratoria cubana decidió encaminarse también hacia Chile. En el caso de los haitianos, los visados de entrada fueron de 8.888 en 2015, de 23.750 en 2016 y 46.239 en 2017. En los últimos cuatro años el incremento ha sido del 4.433%, el mayor porcentaje entre los distintos grupos nacionales de llegada. No obstante, en 2017 y 2018 el mayor volumen corresponde a los venezolanos, que en los últimos meses están entrando en el país a un ritmo diario de 794, frente a los 411 procedentes de Haití. Entre los cubanos, el fin de la política estadounidense de 'pies secos, pies mojados' a comienzos de 2017 hizo que el desvío de emigración a Chile se triplicara respecto al año anterior, pasando de 877 a 2.533. Con todo, fruto de décadas de relación regional, la mayor colonia extranjera en Chile es la de los peruanos, con casi 250.000 personas, seguida de la colombiana, con 127.000, y la boliviana, con 111.000.
22-02-2018 | Fuente: elpais.com
?Si eres negro, no uses un taladro en público?: consejos virales para lidiar con la policía brasileña
Dos youtubers muestran hasta qué punto la población negra de Rio de Janeiro está expuesta al racismo de las autoridades
02-06-2017 | Fuente: elpais.com
Incidente racista: hallan una soga en el Museo Afroamericano de Washington
Es el último episodio en pocos días en Estados Unidos con simbología contra la población negra
17-11-2016 | Fuente: abc.es
Una ola de ataques de odio enciende EE.UU.
La victoria de Donald Trump fue una sorpresa para casi todo el mundo y para algunos, un motivo para vomitar odio. El Southern Poverty Law Center, una organización de derechos civiles, trata de contabilizar estos incidentes y concienciar sobre su impacto en un país ya dividido. Entre el 9 y el 14 de noviembre, registró 437 ataques recogidos por la prensa en redes sociales o en testimonios directos a su organización. La mayoría de ellos (136) tuvieron como objeto a inmigrantes. Le siguen los incidentes con población negra (89) y homosexual (43). La organización detalla casos de insultos y violencia contra mujeres que visten hijab, amenazas de deportación contra ciudadanos de aspecto mexicano o centroamericano, pintadas o vandalismo. Hay un gran número de incidentes registrados en escuelas e institutos, con niños coreando «¡Construid el muro!» a sus compañeros mexicanos, y de baños vandalizados y con pintadas de «Solo para blancos». Aunque es imposible que el informe contabilice todos los casos de ataques de odio, se trata de un número muy por encima de lo habitual. En 2015, el FBI documentó 5.800 incidentes de odio, 15,8 al día. En los primeros seis días de Trump como presidente electo, se han registrado 72,8 al día. La propia Primera Dama, Michelle Obama, fue víctima de ataques de este tipo. Una funcionaria de Clay (Virginia Occidental) la calificó en Facebook de «simio con tacones». Tanto ella como la alcaldesa de la localidad, que alabó el comentario, han dimitido.