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Noticias de panal

01-01-1970 | Fuente: abc.es
El Capitolio, símbolo de una democracia persistente
Cuando el ingeniero francés Pierre Charles L?Enfant vio la colina en la que que hoy descansa el Capitolio de EE.UU. la calificó como «un pedestal esperando un monumento». Era 1791, y un país en pañales buscaba alojamiento para la sede de su Gobierno. A L?Enfant le había nombrado una comisión seleccionada por el primer presidente, George Washington, para diseñar el Capitolio, el complejo que acogería el Congreso ?con sus dos órganos, la Cámara de Representantes y el Senado? y el Tribunal Supremo. El país naciente quería construir una ciudad gubernamental desde cero y lo hizo en esta zona como una concesión de los estados norteños; la capital natural hubiera sido Nueva York. El nombre de Capitolio se debió a Thomas Jefferson, entonces secretario de Estado, inspirado por la Colina Capitolina de Roma. L?Enfant creó un ambicioso plan que incluía la residencia presidencial, conectada con el Capitolio a través de una amplia avenida (la actual Pensilvania Avenue) y otro espacio público todavía más grande en dirección al río Potomac (hoy el Mall). Pero el ingeniero galo pronto enfureció a los Padres Fundadores: no mostraba boceto ninguno del edificio, decía tener los diseños en su cabeza y se negaba a recibir sugerencias. Fue la primera de las muchas idas y venidas del Capitolio, que no ha dejado de sufrir cambios y mejoras hasta nuestros días. L?Enfant fue despedido en 1792 y Jefferson anunció un concurso para el diseño del Capitolio. Lo ganó William Thornton, un médico de las Islas Vírgenes Británicas, con un proyecto sencillo: un ala para el Senado, otra para la Cámara de Representantes y un espacio central rematado por una cúpula, todo en estilo neoclásico. Washington lo aplaudió por su «grandiosidad, simplicidad y conveniencia». Durante años, la Cámara de Representantes se reunió en una construcción de madera, con su ala sin terminar El presidente puso la primera piedra con pompa y circunstancia masónica en 1793, pero las obras estuvieron plagadas de problemas, retrasos y ahogos financieros. La capital tuvo que quedarse en Filadelfia hasta 1800, cuando en el mes de noviembre se celebró la primera sesión conjunta del Congreso en la nueva sede. El Capitolio estaba muy lejos de ser un edificio imponente: solo se levantaba el ala Norte, con los pisos de arriba sin acabar, y en ella se amontonaban el Senado, la Cámara de Representantes, el Tribunal Supremo, la Biblioteca del Congreso y las dependencias del Distrito de Columbia. Durante años, la Cámara de Representantes se reunió en una construcción de madera, con su ala sin terminar. En 1803 se retomaron los esfuerzos para acabar el edificio con la contratación de Benjamin Henry Latrobe, el primer arquitecto profesional de EE.UU. Latrobe aceleró la construcción de las alas y su sucesor, Charles Bulfinch construyó la parte central y la remató con la primera cúpula. Durante décadas continuaron las extensiones del edificio, hasta que la cúpula se quedó pequeña. En 1863, la inmensa cúpula que se observa hoy en día fue instalada. Durante el siglo XX el Capitolio también sigo creciendo, en especial con la extension de su fachada oriental, y en el XXI lo hizo de forma subterránea con un centro de visitantes inaugurado en 2008 con una extensión casi tan grande como el propio edificio. En agosto de 1814, las tropas británicas le prendieron fuego y solo una tormenta de verano repentina lo salvó de la destrucción En la actualidad, el Capitolio es un mastodonte blanco con 540 salas y 658 ventanas, 108 de ellas en la cúpula, repleto de retratos, murales, salas de estatuas y por el que desfilan cada día legisladores, un ejército de asistentes y miles de turistas. Es el gran símbolo de la democracia de EE.UU., el único país en el que persiste ese sistema político desde su nacimiento, aunque también ha vivido episodios negros. La guerra de 1812 con los británicos lo dejó, en palabras de Latrobe, como «la ruina más magnífica». En agosto de 1814, las tropas británicas le prendieron fuego y solo una tormenta de verano repentina lo salvó de la destrucción. El Congreso tuvo que reunirse en el hotel Blodget y entre 1815 y 1819 se refugió en un edificio en el lugar que ahora acoge al Tribunal Supremo. Las afueras del Capitolio fueron el escenario del primer intento de asesinato de un presidente de EE.UU. Lo sufrió Andrew Jackson el 30 de enero de 1835, pero la humedad del día impidió que las dos pistolas que llevaba el asaltante fueran efectivas. La violencia también se produjo dentro del edificio. El 1 de marzo de 1954, cuatro puertorriqueños dispararon desde la galería de visitantes los miembros de la Cámara de Representantes al grito de «Libertad para Puerto Rico». Cinco legisladores resultaron heridos y el incidente supuso el cambio de las normas de seguridad en el Capitolio, que años después estuvo a punto de formar parte del día más trágico de la historia de EE.UU. El 11 de septiembre de 2011, un avión comercial se estrelló en Pensilvania después de que los pasajeros trataran de tomar el control de un avión secuestrado por terroristas. Se especula que su objetivo era estrellarse contra el Capitolio o la Casa Blanca.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Maduro compra armas y va a la guerra
Pido a los lectores de este espacio que reflexionen en lo siguiente: en medio de un país cada vez más empobrecido; donde las propias cifras oficiales reconocen un alarmante crecimiento de la pobreza; donde la situación de hambre es evidente en la asombrosa pérdida de peso de las personas, constatable a simple vista; donde la población lleva más de dos años sometida a la humillante experiencia de pasar los días haciendo colas para adquirir los productos básicos que se necesitan para vivir; en un país donde se han producido muertes por desnutrición; muertes por falta de tratamientos médicos o medicamentos; muertes por el estado infeccioso de los quirófanos; un país donde madres y padres deben realizar esfuerzos más allá de toda razonabilidad para conseguir un paquete de pañales; donde hay mujeres que no pueden salir de sus casas a trabajar porque no encuentran tampones ni toallas sanitarias; donde la difteria y la malaria han regresado, lo cual es un dato más, entre muchos otros, del retroceso en el estado de la salud pública; en un país azotado por esa bestia de mil cabezas que es la inflación; en un país cuya atmósfera, cuyo sentimiento más extendido, cuya sensación más cotidiana es la de la carencia; en un país en el que no están disponibles ni accesibles ninguno de los numerosos bienes imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad; en este estado de carestía y pobreza en expansión, Maduro ha anunciado que volverá a comprar armas. Lo anterior, es solo uno de los planos a considerar. Hay otro, indisociable a este, que es político-social, que también reclama de nuestra reflexión: la inmensa mayoría de esa sociedad cada vez más empobrecida rechaza al gobierno de Maduro. Rechaza al régimen. Pide, de forma urgente y desesperada, un cambio. El régimen que ha impedido el derecho al Referéndum Revocatorio; que desconoce la autonomía de los poderes y mantiene una campaña desde el TSJ para destruir a la Asamblea Nacional; que usa los tribunales para impedir la disidencia y las libertades; que asfixia a los medios de comunicación a través de un cerco económico; que aumenta el número de presos políticos como su principal procedimiento político; que vive para insultar y degradar a la sociedad venezolana; que llega al extremo de responsabilizar a la oposición organizada de prácticas ilegales asociadas a la droga, el contrabando y otros delitos, cuando lo real es que muchos de sus jerarcas están siendo investigados o procesados por narcotráfico o lavado de dinero; este gobierno que no solo ha perdido el apoyo de la mayoría de la sociedad, sino que además, cada vez genera un mayor repudio, ese gobierno, señores lectores, ha anunciado que volverá a comprar armas. Lo que equivale a decir que continuará armándose. Aunque en las operaciones de represión los venezolanos hemos sido testigos de que las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas están verdaderamente pertrechadas para actuar en contra de los ciudadanos indefensos que protestan, a pesar de ello, quieren más: de lo que se trata es de aumentar la desproporción que existe entre uniformados y civiles. Los anuncios de Maduro del pasado 28 de diciembre, durante el acto de salutación de fin de año a la FANB, deben preocuparnos. El ciudadano debe detenerse en el contenido de lo que se comprará con el dinero de los venezolanos a China y Rusia: tecnologías para espiar, para perseguir y acorralar. Maduro alardeó, al amparo de la sonrisa mefistofélica de Padrino López, de que adquirirán las tecnologías más modernas disponibles. ¿A qué costo? ¿Cuántos millones de dólares costarán a Venezuela estas sofisticaciones? Hay más: en la misma alocución Maduro informó que la FANB está creando, dentro de sí misma, una FANB compuesta por grupos élite, en todo el país. Cada uno de los cuatro componentes, en cada una de las siete regiones militares, tiene y tendrá Fuerzas Especiales. Grupos entrenados y dotados con estas costosas armas y tecnologías, grupos que responden a la llamada nueva doctrina militar, con las que podrán realizar «operaciones quirúrgicas». Que la decisión de comprar armas es desquiciada, lo confirma esto: el propio Maduro se quejó durante su intervención de la caída de los precios petroleros. Pero la locura no termina ahí: más peligroso es que esas armas, esas tecnologías, apuntan hacia nosotros. Cuando Maduro repite las cantinelas de sus delirios ?la guerra económica, los paramilitares colombianos, los paramilitares de una supuesta ultraderecha- y omite que su gobierno apoya a grupos paramilitares de la ultraizquierda; cuando sostiene que estos numerosos grupos comandos, una FANB élite e ideologizada, será pertrechada con las «armas más modernas del mundo», a los demócratas venezolanos nos corresponde una obligación, una responsabilidad: preguntarnos contra quiénes apuntarán esas armas, a quiénes seguirán, a quiénes espiarán. La respuesta es obvia y evidente: el enemigo de Maduro y de su FANB no es externo. Es interno. Es decir, nosotros los demócratas. Que nadie se llame a engaño, y en ello incluyo a los incautos promotores del diálogo (a esta hora, perdido del escenario): el gobierno está adquiriendo armas contra la Democracia. Armas contra el cambio. Armas contra los procesos electorales. Armas contra nuestros derechos. MIGUEL HENRIQUE OTEROPresidente Editor Diario El Nacional En twitter: @miguelhotero
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Un bebé de tres meses, acusado de terrorismo por un error de su abuelo
Un bebé de tres meses fue convocado en la embajada de Estados Unidos en Londres para ser interrogado después de que su abuelo lo identificara erróneamente como un terrorista. Harvey Kenyon-Cairns tenía que volar a Orlando para pasar sus primeras vacaciones en el extranjero, hasta que su abuelo Paul Kenyon cometió el error en un formulario para el visado, tal como informa «The Guardian». En la pregunta «¿quiere participar o ha participado alguna vez en actividades terroristas, espionaje, sabotaje o genocidio?», Kenyon marcó sí en lugar de no. No se percató de su error hasta que se negó el viaje de su nieto. «No podía creer que no vieran que era un error genuino y que un bebé de tres meses no es un peligro para nadie», dijo el hombre de 62 años. El bebé fue llevado desde su casa en Poynton, Cheshire, a la embajada en Grosvenor Square, en Londres, para ser interrogado por funcionarios durante unas 10 horas, más que el tiempo de vuelo de Manchester a Orlando, que es de nueve horas y media. «El bebé se portó muy bien y no lloró ni una sola vez. Pensé en llevarlo vestido con un traje de color naranja, pero recapacité», dijo Kenyon. «Parece que no tienen sentido del humor y no verían la parte divertida». «Es obvio que nunca ha estado involucrado en genocidio, ni espionaje, pero ha saboteado bastantes pañales en su tiempo, aunque no dije eso en la embajada de Estados Unidos».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La criptomoneda de Maduro es ilegal
La hiperinflación en Venezuela, que en 2017 superó el 2.735% acumulado, según la consultoría Ecoanalítica, ha provocado que su moneda, el bolívar, se haya hundido. «Está liquidada», asegura a ABC el economista y presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, José Guerra. Esto ha obligado tanto al Gobierno de Nicolás Maduro como a la sociedad civil a buscar soluciones alternativas, como la creación de nuevas monedas, que les permita llevar a cabo transacciones económicas. Es así como el Ejecutivo bolivariano ha decidido sumarse a la moda de las criptomonedas (bitcoin) con la creación del petro. El objetivo de Maduro con esta nueva moneda es pagar a sus proveedores internacionales y zanjar así la crisis de abastecimiento, según anunció hace unos días el ministro de Comunicación e Información de Venezuela, Jorge Rodríguez. La moneda virtual contará con el respaldo de activos como las reservas de petróleo, oro y diamantes de Venezuela. El propio Rodríguez se refirió al campo petrolero de Ayacucho , con una reserva de 5.342 millones de barriles valorados en 267.000 millones de dólares, como aval del petro. Sin embargo, esta decisión gubernalmental no sería legal. «La criptomoneda no se puede emitir poniendo como garantía las reservas petroleras. El artículo 3 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de Venezuela establece que las reservas petroleras no explotadas, es decir, las que están en el subsuelo y que son muy abundantes, no se pueden colocar como garantía de ninguna operación comercial o financiera», explica Guerra. José Guerra, economista y presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea NacionalGuerra económica El presidente Maduro ha presentado el petro como una tabla de salvación ante la «guerra económica» que sufre el país por parte del capitalismo. Con ella «se hará materialmente imposible que los centros financieros dictatoriales del mundo puedan intervenir contra esta iniciativa» del Gobierno venezolano, augura Rodríguez. Pero el petro nace con baremos muy distintos a los del bitcoin. «Mientras esta criptomoneda ha sido creada dentro de un marco de una gran libertad y confianza», en Venezuela «no existen esos dos atributos», subraya Guerra. «En 2003 Hugo Chávez implantó el control cambiario de moneda para frenar la inflación y la fuga de capitales, por lo que en Venezuela no hay libertad de comercio. Si usted quiere comprar criptomonedas y luego quiere cambiarlas para recuperar la moneda original, no va a poder porque hay control de cambio. El Gobierno establece la cantidad de dólares que se pueden sacar del país, y ahora no se puede sacar ninguno, a no ser que se haga en el mercado negro». Nacimiento del «panal» A la creación del petro se ha sumado también la del «panal», una moneda, esta sí en papel, nacida en el barrio 23 de enero, en Caracas, por el colectivo chavista Fuerza Patriótica Alexis Vive (FPAV). «En principio es una moneda que va a estar circunscrita al ámbito local, no va a poder circular fuera de ese barrio», señala Guerra. Su función es pues muy limitada «porque no va a ser aceptada como pago a los proveedores. No le veo ninguna utilidad o razón, más allá del ámbito estrictamente local», añade el economista venezolano, que considera que iniciativas como esta pueden provocar una proliferación de monedas «en todas las comunidades que sufran la falta de dinero en efectivo y que busquen una manera de solucionarlo imprimiendo su propia moneda». En el caso del panal, esta no está respaldada por el Banco Central, «que es el único facultado para emitir billetes y acuñar monedas. Por eso, este es un acto absolutamente ilegal». No es la primera vez que surgen monedas paralelas al bolívar en Venezuela: «Chávez trató de crear unas monedas en los años 2008 y 2009, que se llamó la lioza y llevaba la simbología de la Venezuela pre-independentista. Esas monedas tampoco sirvieron para mucho». Ahora tratan de reeditarlas, explica Guerra, pero por razones diferentes: «La falta de efectivo motivada por la hiperinflación. El BCV no ha emitido la cantidad de billetes que acompañe el alza de los precios. En consecuencia, hay una importante escasez de billetes que ha provocado que estas monedas locales comiencen a circular. No le veo ningún sentido, porque esta moneda no va a poder conservar el valor en medio de un cuadro de hiperinflación. El emisor saca una determinada cantidad de moneda y no controla los precios, y las monedas van perdiendo su valor de igual manera», explica. Cambios de moneda El sistema de cambio de Venezuela es uno de los «más complicados, complejos y corruptos del mundo», apunta Guerra. «Hay una tasa de cambio a 10 bolívares por dólar -para alimentos o medicinas- que lo maneja el gobierno a total discreción». Luego está la tasa a 3.000 bolívares por subasta, en la que el gobierno decide cuáles son los rubros que van a ser subastados. «Se entregaban algo así como 20 millones, que es muy poco, por semana. Esto está suspendido desde hace varios meses». Después está el mercado paralelo «en el que todo el mundo puede comprar y vender lo que quiera, y el cambio está en los 100.000 bolívares». «El mejor negocio del mundo puede ser agarrar esas tasas, de 10 o 3.000 bolívares y luego revenderlo a 100.000 bolívares. Es la quintaesencia de la corrupción, en la que está metido un español, Alfredo Serrano Mansilla, de Podemos, que está practicando con la economía venezolana lo que jamás los españoles habrían aceptado»,asevera.
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