Infortelecom

Noticias de oriente proximo

16-04-2020 | Fuente: abc.es
El falso detector de coronavirus iraní, que antes se usaba para explosivos
Mientras científicos de todo el mundo trabajan contra el reloj para conseguir la vacuna contra el coronavirus y los ministerios de Sanidad hacen cola para lograr equipos para realizar pruebas rápidas, la Guardia Revolucionaria de Irán presentó un «detector inteligente» del virus que no precisa de análisis de sangre. El comandante del cuerpo paramilitar, Hossein Salami, declaró que «el equipo es capaz de detectar un caso a 100 metros de distancia en un tiempo estimado de cinco segundos». El mecanismo se ha desarrollado en Irán, el foco principal de Covid-19 en Oriente Próximo, donde ya han muerto 4.683 personas, según los datos oficiales y hay casi 75.000 infectados. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">So, Iran&#39;s Revolutionary Guards unvelied a &quot;magnetic&quot; coronavirus detector today, which its chief Maj-Gen Hossein Salami claimed could detect an infected individual or contaminated surface in 5 secs within a diametre of 100m. But there&#39;s a HUGE problem..<a href="https://t.co/hTKrVK8oIN">pic.twitter.com/hTKrVK8oIN</a></p>&mdash; Shayan Sardarizadeh (@Shayan86) <a href="https://twitter.com/Shayan86/status/1250453534342033413?ref_src=twsrc%5Etfw">April 15, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Nada más ver el aparato, medios como The Independent lo compararon con el detector de explosivos comprado por los Gobiernos de Irak y Afganistán hace unos años, que resultó ser un timo que llevó a prisión a su vendedor, el británico James McCormick, condenado a diez años de cárcel.
10-04-2020 | Fuente: abc.es
Oportunidad para la paz
Es muy probable que la iniciativa saudí de tregua en la guerra civil en Yemen tenga éxito. Por una sencilla razón: los rebeldes yemeníes hutíes tienen su principal apoyo en Irán, país que al igual que Arabia Saudí está desbordado ?humana y financieramente? por la lucha contra el coronavirus. Las razones para frenar el ruido de las armas ?las más mortíferas, los bombardeos saudíes sobre Saná y otras ciudades controlados por los hutíes? no son desgraciadamente ni humanitarias ni ideológicas, sino groseramente pragmáticas. El nuevo líder «de facto» saudí, el heredero Mohamed bin Salman, responsable de la intensificación de la guerra civil que estalló en 2015, no ha renunciado a su ambición de que el país que reposa en el vientre de la pensinsula arábiga no mantenga el día de mañana ningún lazo privilegiado con el régimen de los ayatolás. Así que, en el peor de los casos, la tregua servirá solo para reducir la sangría de muertos y la ordalía que sufre la población civil yemení, un país que padece, según la ONU, una situación humanitaria aún más trágica que Siria. En el mejor de los casos, la tregua es un punto de esperanza para una negociación política. Al fin y al cabo, Yemen tuvo en su día una partición provocada por la intervención soviética. Ahora podría ser el turno de la división étnica y religiosa, entre musulmanes suníes y los hutíes, una corriente chií. La apertura de un proceso de negociación política en Yemen podría ser, además, un excelente precedente para las otras guerras de Oriente Próximo en las que diversas potencias regionales y mundiales luchan por poderes, para imponer su agenda geoestratégica. Son en particular las de Siria, en las que participan de modo particular Irán, Rusia, Turquía y Arabia Saudí. Y el conflicto civil de Libia, en el que la presencia de mercenarios y de intereses económicos es aún mayor. Las ambiciones por controlar los recursos energéticos se suman a otro virus peor que el Covid-19: el del odio entre las corrientes fanáticas de suníes y chiíes.
25-03-2020 | Fuente: abc.es
La ONU pide 2.000 millones para combatir el coronavirus en los países más vulnerables
El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha hecho este miércoles un llamamiento a la comunidad internacional para dedicar 2.000 millones de dólares a la lucha contra la epidemia del coronavirus en los países más vulnerables. «Las respuestas individuales de los países no serán suficientes» para frenar la pandemia, ha advertido Guterres, para quien «el mundo es tan fuerte como el más débil de sus sistemas sanitarios». El plan pretende ayudar a 51 países de Sudamérica, África, Oriente Próximo y Asia, en especial en zonas de conflicto o con crisis humanitarias anteriores. Atiende, según Guterres, a la necesidad de ayudar a los «millones y millones de personas que tienen menos capacidad de protegerse». El secretario general de la ONU calificó el fondo solicitado a los gobiernos de la comunidad internacional como «una gota en el océano», en referencia al paquete de estímulo económico que pocas horas antes se había aprobado entre los líderes del Senado de EE.UU. y la Casa Blanca, que busca movilizar 2 billones de dólares. «Es mil veces más», recalcó Guterres. El objetivo es suministrar equipamiento esencial de laboratorio para diagnosticar el virus y suministros médicos para tratar a las personas, instalar puntos de lavado de manos en campamentos y asentamientos, así como poner en marcha campañas de información pública sobre cómo protegerse y proteger a otros del virus. En el anuncio participaron también el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock; el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus; y la directora ejecutiva del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), Henrietta Fore. «Abandonar a los países más pobres y vulnerables del mundo a su suerte sería cruel e imprudente», defendió Lowcock. «Regiones enteras se sumirían en el caos y el virus tendría la oportunidad de dar la vuelta al mund». «Lo peor que podría pasar -recalcó Guterres- es controlar la enfermedad en los países desarrollados y dejarlo correr como el fuego en el mundo en desarroll0, donde ocurrirán millones de contagios, morirán millones de personas y habrá riesgo de mutaciones, con lo que el virus podría volver a fortalecerse».
23-03-2020 | Fuente: abc.es
La ONU alerta del «desastre» que puede causar el coronavirus en un lugar bloqueado como Gaza
El ministerio de Salud de Gaza informó de los dos primeros casos de coronavirus y la Franja dejó de ser uno de los pocos lugares en Oriente Próximo libres de contagios. Se trata de dos personas, de 79 y 63 años, que llegaron el jueves a territorio gazatí desde Pakistán vía Egipto y permanecen en un centro de cuarentena habilitado en el paso de Rafah. «Gracias a Dios, el círculo de contagio no fue grande», declaró Salama Marouf, portavoz de Hamás. Cuando Israel y Cisjordania registraron los primeros casos, las autoridades de Gaza adoptaron medidas como el cierre de colegios y universidades y poco después decretaron el cierre de los pasos fronterizos. El objetivo principal era evitar la llegada del coronavirus a una Franja donde dos millones de personas viven hacinadas en 375 kilómetros cuadrados. Matthias Schmale, responsable de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), alertó del riesgo que corre la población ya que «es ilusorio pensar que se puede gestionar una situación así en un espacio cerrado como este» y advirtió que la situación puede degenerar en «un desastre de proporciones gigantescas». Israel ha registrado hasta el momento 949 casos y una persona ha perdido la vida. En Cisjordania hay 57 casos y las autoridades han decretado dos semanas más bajo el estado de emergencia para intentar frenar nuevos contagios.
16-03-2020 | Fuente: abc.es
Alerta en Irak por los ataques cruzados entre EE.UU. y las milicias afines a Irán
Cada vez más cerca de un conflicto en toda regla, las milicias proiraníes en Irak bombardearon de nuevo el sábado la base militar de Camp Taji, al norte de Bagdad y que alberga a soldados norteamericanos. Tres de estos resultaron heridos de consideración en un ataque durante el cual cayeron sobre la base al menos 25 cohetes en el espacio de unas pocas horas. También resultaron heridos soldados iraquíes. Aunque la crisis del coronavirus ha paralizado la vida política en buena parte del mundo, el conflicto en Irak se agrava por días, con un Ejército norteamericano a la defensiva y en retirada y una vecina potencia iraní ganando terreno sin pausa. Sólo la seguridad de que Donald Trump no quiere un conflicto explica los repetidos ataques de milicias chiíes contra soldados extranjeros e iraquíes, intensificados desde diciembre. En este contexto, Trump autorizó en enero un ataque con misiles para matar al general iraní Qassem Suleimani, responsable de las injerencias del régimen de los ayatolá en el resto del golfo Pérsico y Oriente Próximo. Su muerte, en Bagdad, ha agravado el conflicto y ha complicado el repliegue total de las tropas norteamericanas que Trump viene considerando desde antes incluso de ocupar la presidencia en 2017. Soldados fallecidos Sólo la gestión de la crisis del coronavirus le permite a Trump ignorar los ataques recientes en los que están muriendo y resultando heridos soldados norteamericanos. La semana pasada, de hecho, en la misma base de Camp Taji fallecieron dos soldados estadounidenses y uno británico en uno de esos ataques, cuya autoría atribuye el Pentágono a la milicia chií financiada por Irán Kataeb Hezbolá. A Camp Taji están destinados soplados de una quincena de países, entre ellos 80 españoles. El Gobierno iraquí, cada vez más debilitado por el rápido aumento de la tensión entre Washington y Teherán, ha denunciado la « violación de la soberanía nacional » que suponen los bombardeos aéreos y con misiles de EE.UU. y los constantes ataques con cohetes de los satélites iraníes, que también provocan bajas entre sus fuerzas armadas. Ya después de la muerte del general Suleimani, el parlamento iraquí votó a favor de expulsar a los más de 5.000 uniformados estadounidenses que quedan en el país para labores de supervisión y entrenamiento. La resolución votada es no vinculante y EE.UU. la ha ignorado sin más, aunque Trump cuenta con culminar totalmente el repliegue en su segundo mandato, si gana las elecciones de noviembre.
15-03-2020 | Fuente: abc.es
Las intrigas (y venganzas) en los Saud, la dinastía saudí de los siete mil príncipes
Cuando el prolífico fundador del actual reino de Arabia Saudí, Abdulaziz bin Saud, dejó este mundo en 1953 no calculó bien el inmenso galimatías sucesorio que dejaba tras sí. Durante décadas, la llegada al Trono de varios de sus 34 hijos fue compleja, fruto de duras negociaciones internas en la familia real. Pero más traumático está siendo el salto a la nueva generación de la dinastía ante la que parece inminente sucesión del rey Salman. El monarca, de 84 años, lleva tiempo aquejado de diversas dolencias y taras (posiblemente Alzheimer), y ha puesto todo el peso del gobierno en su hijo pequeño y favorito, Mohamed bin Salman, de 34 años, príncipe heredero desde el golpe palaciego de 2017. La sucesión está dejando muchos cadáveres en el camino. Antes, cuando se trataba de un hijo del fundador, la rivalidadse ventilaba entre un puñado de aspirantes. Cuando se es nieto en cambio la lucha por el poder requiere neutralizar o asegurar la lealtad de centenares de hermanos, hermanastros y primos. O al menos así lo cree Mohamed bin Salman, que lleva tres años poniendo manos a la obra. La detención esta semana de cuatro príncipes ?presuntamente acusados de conspiración, aunque no existe información oficial al respecto? ha sido un golpe certero contra quienes tendrían más reparos para que Bin Salman acceda al trono. En primer lugar su tío Ahmed, el más hostil dentro del Consejo de Leales hacia la política de un príncipe heredero que lleva más de dos años gobernando de facto Arabia Sauí. Con él ha sido también detenido el primo Mohamed bin Nayef, 61 años, exministro del Interior y a quien el rey Salman nombró en su día heredero, hasta que tras un confuso episodio palaciego le retiró el título para dárselo a su hijo en 2017. Todas las operaciones de castigo de Bin Salman contra la elite saudí llevan la misma marca: nocturnidad, secretismo y carácter de aviso para el resto de la familia real. Nadie. en el llamado «reino de los 7.000 príncipes», puede osar interponerse en su camino al trono. La de esta semana fue la purga más audaz por la notoriedad de los rivales. La más espectacular de las llevadas a cabo por un Mohamed bin Salman intuitivo e implacable fue la protagonizada a finales de 2017, cuando llevaba apenas seis meses como heredero. En un solo golpe detuvo a once príncipes, cuatro ministros y decenas de exministros y hombres de negocios, a los que tuvo varios días retenidos en el hotel Ritz-Carlton de Riad, con acusaciones de soborno y lavado de dinero. Fueron liberados solo después de pagar como multa un porcentaje de sus fortunas. A falta de información oficial, los medios anglosajones rebuscan en sus fuentes diplomáticas para obtener claves de los nuevos equilibrios de poder en la superpotencia petrolera. El Wall Street Journal y el New York Times fueron los primeros en anunciar las detenciones de Ahmed y BinNayef. The Guardian informó de pinchazos telefónicos de los servicios secretos, controlados por el heredero, que demostrarían una conspiración contra el rey Salman y su hijo. Reuters cita fuentes de la familia del príncipe Ahmed, que relatan un detalle doméstico: el hermano pequeño del rey habría pedido días antes de su detención la vestimenta de gala, supuestamente para hacer un «gran anuncio en público». Bin Salman se habría adelantado a los acontecimientos, enviando de noche a sus agentes a los domicilios de los «conspiradores», en otro más de sus golpes preventivos para doblar la cerviz de la rama indómita de los Saud. Un edificio en la capital de Yemen atacado por la aviación saudí - AFP Derechos de la mujer y guerra en Yemen, pólvora para muchos descontentos En tres años de poder «de facto» en Arabia Saudí, el príncipe heredero ha acumulado un récord de anuncios revolucionarios y polémicos, tanto en asuntos internos como de política exterior. Nadie duda de su sintonía personal con el presidente Trump, al que habría dedicado algunas de sus medidas más liberales. Entre ellas la promesa de privatización parcial de algunas empresas públicas, empezando por la petrolera Aramco. O las vistosas medidas contra la discriminación de la mujer ?rampante en Arabia Saudí?: permiso para conducir o acceso a los campos de fútbol, entre otras. Ninguna de las disposiciones amables para Occidente afecta al núcleo mismo de la subordinación de la mujer al hombre, clave del patriarcado saudí; pero son suficiente argumento para que muchos dentro del clero suní wahabí ?el más radical del islam? se sientan muy incómodos con el próximo monarca, y quieran contagiar el descontento a los miembros de la realeza más integristas. Bin Salman, a tenor de su comportamiento, es intuitivo y visceral en muchas materias, entre otras la política exterior. Cuando se trata de la rivalidad con el Irán chií esa animadversión viene como de molde para la política norteamericana en Oriente Próximo. Pero no tanto cuando la tentación es la injerencia en el conflicto bélico en Yemen. El príncipe heredero ha metido de lleno a su país en aquella guerra civil, en la que se mezclan rivalidades de religión y de etnia, y de la que Riad solo saca gasto e hileras de ataúdes de militares. Es un callejón sin salida, criticado dentro y fuera del país, En Arabia Saudí el primero en denunciar el aventurerismo de Bin Salman fue su tío el príncipe Ahmed, y desde ese día ?hasta su detención esta semana? sus pasos fueron controlados por los servicios secretos. Otra de las políticas, entre genial e iluminada, del hombre fuerte de Riad es lo que el príncipe heredero denomina «Visión 2030», un ambicioso proyecto dirigido a diversificar la economía de un país que vive solo de los recursos y la cultura del petróleo.
13-03-2020 | Fuente: abc.es
El chantaje de Erdogan
Como anda escaso de problemas y sobrado de vigor, el presidente Erdogan insiste un día y otro en que Europa debe acoger a los casi cuatro millones de refugiados de los campamentos turcos. Por las buenas o por las malas, porque así lo ha decidido el sultán. Erdogan no rehúsa reunirse con los responsables europeos, y al mismo tiempo empuja a unos cuantos miles de refugiados a que rompan las alambradas y se enfrenten a la Policía griega. Su máquina de propaganda también actúa: hoy acusa a las fuerzas de seguridad griegas de utilizar «prácticas nazis» en la represión de los asaltos fronterizos, denuncia a la Unión Europea por incumplimiento de compromisos con Ankara, e incluso ha filtrado a The New York Times ?que se ha tragado el anzuelo? que Atenas tiene campos de detención secretos junto a la frontera con Turquía, donde tortura a los miles de «ilegales» que han logrado entrar en suelo europeo. Las mentiras ?«fake news por usar el palabro? son fáciles de descubrir. De entrada, el supuesto drama humanitario de los refugiados sirios que llaman a las puertas de Europa no es tal: la mayoría de los que intentan o han logrado entrar en territorio griego proceden de muchos países, tanto de Oriente Próximo como de Asia. Son jóvenes o familias con hijos impelidos a emigrar no por la guerra o la persecución política sino por la difícil situación económica de sus países de origen. Por otro lado, el compromiso adoptado en 2016 entre la UE y Turquía sigue plenamente en vigor. Aquel año, y tras una crisis migratoria que amenazaba a todo el flanco sur de Europa, las autoridades europeas llegaron a un acuerdo con el gobierno turco para enviar una ayuda financiera de 6.000 millones de euros a cambio de que Ankara contuviera la oleada migratoria que procedía de sus fronteras. La guerra civil en Siria ?que ya cumplió nueve años? es un factor apremiante, pero no hay que olvidar que Turquía ha puesto su granito de arena con su intervención en el norte de ese país para atacar a los kurdo-sirios. Bruselas ha reiterado que el pacto con Turquía sigue en vigor y está dispuesta a revisarlo para ofrecer, si es preciso, una actualización de las cifras de ayuda. Pero Erdogan no se muerde la lengua y ha puesto sus cartas sobre la mesa: quiere además pasos concretos para la incorporación de Turquía a la UE, con una unión aduanera nueva como anticipo.
10-03-2020 | Fuente: elmundo.es
La nueva película de Pixar, prohibida en cuatro países de Oriente Próximo por visibilizar la homosexualidad
Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y Qatar impiden el estreno de 'Onward' por incluir a una pareja de lesbianas. Rusia obliga a cambiar la palabra "novias" por "compañeras" 
08-03-2020 | Fuente: abc.es
Las líneas rojas que EE.UU. no cumplió en Siria
La guerra en Siria se convirtió en un problema imposible de resolver para Estados Unidos desde que Barack Obama le marcó al régimen de Bashar al Assad una línea roja que este ignoró en repetidas ocasiones sin ninguna represalia por parte la primera potencia mundial. En 2012, el entonces presidente norteamericano advirtió al régimen sirio de graves represalias si empleaba armas químicas. Las usó, no una sino varias veces, sin ninguna consecuencia. Es más, la intervención de Rusia, que llegó al conflicto primero como mediador y luego como aliado militar de Damasco, le está permitiendo a Al Assad acabar victorioso un conflicto que pronto cumplirá una década. Para el actual presidente, Donald Trump, el conflicto sirio es un ejemplo de lo que en campaña llamó «eternas guerras sin sentido», a las que prometió poner fin una vez llegara al gobierno. Mientras se le ha resistido negociar la salida de Irak y Afganistán, el presidente dio en octubre la orden de repliegue del norte de Siria, dejando a los kurdos, aliados de Washington, a merced del avance de Turquía. La cúpula del Pentágono sólo ha sido capaz de convencer a Trump de que deje unos cientos de soldados en Siria con la excusa de que son necesarios para que unos campos petrolíferos no acaben en manos de Rusia o del régimen sirio. La excusa de Trump «Nos estamos quedando el petróleo, sólo por eso estamos ahí», suele decir el presidente en sus mítines, como una excusa de por qué el repliegue de Siria no es completo. Lo cierto es que es ilegal que un país envíe tropas a otro para apropiarse de sus recursos naturales, y los soldados norteamericanos no sólo se encargan de vigilar campos de crudo. El mes pasado una guerrilla afín al régimen de Al Assad atacó en un puesto de control en el noreste del país a un convoy de las fuerzas armadas norteamericanas. Las imágenes que luego difundió la agencia estatal de Gobierno sirio mostraban a unos milicianos disparando y apedreando a unos vehículos acorazados con la bandera estadounidense. En ese vídeo los soldados norteamericanos se defienden y devuelven fuego, matando a un sirio e hiriendo a otro. Durante años no ha quedado claro en Washington cuál era el mal menor en Siria, si un régimen acusado de delitos de lesa humanidad apoyado a la vez por Irán y Rusia o una mezcla de guerrillas islamistas que llegó a Siria del vecino Irak ondeando la bandera del Estado Islámico y retransmitiendo por internet brutales asesinatos de periodistas y cooperantes, varios de ellos norteamericanos. En el eterno paisaje cambiante de Oriente Próximo, EE.UU. ha compartido enemigos con sus propios enemigos, y en un punto incluso se vio caer del lado de Rusia, Irán y Damasco en su campaña contra los yihadistas del Daesh, que crearon su «califato» en una tierra de nadie entre Irak y Siria. Una vez este grupo islamista ha quedado doblegado, muerto su líder en Siria en una operación norteamericana, Trump ha decidido lavarse las manos y retirarse, lo que finalmente supone una victoria para Al Assad y para Rusia, que tiene en la costa mediterránea de Siria una de sus bases navales más importantes. Turquía tiene sus propios intereses, y ve con recelo el avance del régimen de Al Assad sobre Idlib, otro de los bastiones de la oposición siria. Hubo un tiempo en que la comunidad internacional negociaba con unos rebeldes moderados apoyados por Turquía que en teoría estaban a punto de marchar sobre Damasco para crear en Siria un régimen democrático. EE.UU. también les apoyó en su momento, pero como muchas de las promesas hechas en Siria, estos han quedado en el olvido.
06-03-2020 | Fuente: elpais.com
El hechizo oriental, de los harenes a la descolonización
Dos exposiciones en Valencia y Sevilla revisan, a partir de las enseñanzas de Edward W. Said, los estereotipos ligados a Oriente Próximo, de los harenes y odaliscas del siglo XIX al fin de ese imaginario en la era poscolonial