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Noticias de norteamerica

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Maduro apela a la «unión cívico-militar» para la defensa integral armada de Venezuela
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha anunciado que la Fuerza Armada coordinará un ejercicio en todo el país enmarcado en el «plan de defensa integral armada de la patria», después de que su homólogo de EE.UU., Donald Trump, no descartara la «opción militar» en el país. «Un ejercicio nacional cívico militar de defensa integral armada de la patria venezolana se dará sábado 26 y domingo 27 de agosto en todo el territorio nacional», ha dicho Maduro frente a miles de personas en Caracas, durante un acto en rechazo a la advertencia de Trump. El mandatario venezolano ha explicado que esta operación abarcará «todas las ciudades, pueblos, mares, ríos, lagos, campos, barrios, canchas, montañas y llanos» del país y ha considerado que «todo el mundo tiene que estar en el plan de defensa para ver cómo le queda el ojo al imperialismo norteamericano». Ha detallado también que los miembros del Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia, así como la llamada milicia bolivariana y los trabajadores públicos participarán en el simulacro que llevará el nombre de Soberanía Bolivariana 2017. «Durante todos estos días con el 'carné de la patria' -un censo voluntario del Gobierno en el que está inscrito la mitad del país- vamos a organizar la defensa de cada palmo de territorio, cada barrio, de cada pueblo, a Venezuela no la va a tocar nadie», ha declarado. La llamada revolución bolivariana realizó un ejercicio similar en el que participaron unas 500.000 personas en enero, cuando el Gobierno de Estados Unidos decidió prolongar el decreto emitido en 2015 en el que se considera a Venezuela una «amenaza inusual y extraordinaria». Ahora, después de una oleada de protestas antigubernamentales que dejó más de 120 muertos y de la instalación de una plenipotenciaria Asamblea Constituyente el chavismo gobernante vuelve a apelar a la «unión cívico militar en la calle» para hacer frente al «imperialismo». «¿Queremos paz? Preparémonos para defender la paz con los tanques, los aviones, los fusiles, los misiles y lo más grande; el corazón hermoso del pueblo noble de Bolívar y de Chávez», ha agregado el líder chavista
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Kim Jong-un suspende a última hora la amenaza de atacar Guam
Al final, las amenazas de Corea del Norte se han vuelto a quedar una vez más en una fanfarronada. Aunque su joven dictador, Kim Jong-un, fue informado el lunes por la noche por su Estado Mayor del plan para lanzar cuatro misiles al Océano Pacífico en dirección a la isla estadounidense de Guam, como había prometido, no dio la orden de disparar. Según informó ayer la agencia estatal de noticias KCNA, Kim Jong-un decidió esperar «un poco más» para «observar el comportamiento estúpido de los yanquis» antes de tomar una decisión. «Si los yanquis persisten en sus acciones extremadamente peligrosas e imprudentes, probando la contención de la República Democrática Popular de Corea, tomaremos una importante decisión como la ya anunciada», advirtió el joven tirano en su primera aparición pública en dos semanas. Como en crisis anteriores, el régimen estalinista de Pyongyang vuelve a rebajar la tensión en el último minuto tras una escalada militar que, en esta ocasión, ha sido ferozmente respondida por Estados Unidos. Tras las últimas sanciones de la ONU por sus dos ensayos de misiles intercontinentales, capaces en teoría de llegar a suelo norteamericano, Corea del Norte había anunciado su intención de disparar a mediados de este mes otros cuatro proyectiles hacia la isla de Guam, donde la Casa Blanca tiene una de sus principales bases militares en el Pacífico. Lejos de amilanarse, el presidente Trump amenazó con responder con «furia y fuego» si Kim Jong-un se atrevía a poner en peligro su territorio. Finalmente, y tras una escalada verbal sin precedentes, Corea del Norte vuelve a recular «in extremis» cuando muchos ya se temían un enfrentamiento nuclear. El lunes, el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, ya había dejado claro que «si nos disparan, podría desembocar en una guerra muy rápidamente». La «tregua» de Kim Jong-un ha sido acogida con alivio tanto en la isla de Guam como en el resto de Asia, pero lo cierto es que su amenaza nunca fue tomada en serio. Aunque los medios han recogido con grandes titulares la belicosidad de los últimos días, tanto los expertos como los diplomáticos tenían claro que no se iba a producir un choque armado. «Una guerra es impensable», comentaba recientemente a ABC un alto funcionario japonés en Tokio. Además de hacer frente a las amenazas de Kim Jong-un, la nueva estrategia de la Casa Blanca consiste en aumentar la presión de las sanciones internacionales.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Mike Pence: «Los niños venezolanos se mueren de hambre»
El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, ha afirmado en Chile que los niños venezolanos están muriendo de hambre y que Venezuela está cerca de convertirse en una dictadura. «Los niños venezolanos están muriendo de hambre. Venezuela está cayendo en la dictadura.. y, como dijo el presidente (Donald) Trump, Estados Unidos no se quedará de brazos cruzados», ha declarado. Pence ha participado en un encuentro empresarial organizado por la Cámara de Comercio de EE.UU. en conjunto con la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (Amcham Chile). El vicepresidente estadounidense ha llegado este miércoles a Chile para una visita oficial después de recorrer Colombia y Argentina, y tras su encuentro con los empresarios chilenos ha viajado a Panamá. «El pueblo venezolano está sufriendo y muriendo. Me reuní con refugiados que están viviendo en Colombia», ha añadido. De ese modo, Pence ha reiterado sus críticas contra el Gobierno de Venezuela después de haberlo hecho en su encuentro con la presidenta chilena, Michelle Bachelet, en la sede del Ejecutivo. Tambien ha asegurado que Washington usará toda su fuerza diplomática y económica hasta que se restaure la democracia en Venezuela. «Trabajaremos con los países aliados en toda América Latina para llegar a una solución pacífica» en ese país, ha dicho. Mike Pence ha considerado que Venezuela está cerca de convertirse en una dictadura, situación ante la cual, ha dicho, Estados Unidos «no permanecerá como observador». Respecto a las relaciones comerciales con la región latinoamericana, el vicepresidente de EE.UU. ha destacado que «nosotros tenemos mayor comercio con los países de América Latina que con China». Mike Pence ha subrayado que bajo el gobierno de Donald Trump su país quiere invertir más en América Latina, traer más innovación, más cultura empresarial «para que su prosperidad y la nuestra sigan creciendo».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump despide a Bannon, mentor de su nacionalismo populista
El general John Kelly, el hombre llamado a poner orden en una Casa Blanca plagada de luchas intestinas, empieza a imponer su ley. La marcha de Steve Bannon, la sexta desde que Donald Trump formara su equipo el pasado enero, no es una más. Tras el relevo del fugaz director de Comunicación, Anthony Scaramucci, el nuevo jefe de gabinete del presidente ha forzado la salida del considerado mentor ideológico del nacionalismo de carácter populista con el que Trump venció la elección presidencial y que practica ahora desde el Despacho Oval. Pero no sólo. Los recientes guiños del presidente a la extrema derecha tras los disturbios de Charlottesville (Virginia), que, rectificación incluida, han sacudido a todos el establishment político norteamericano, se atribuyen también a la influencia de Bannon. Pese a que su renuncia al cargo de asesor se había producido ya los días previos, según distintos medios. La marcha del polémico ideólogo de cabecera de Trump viene a marcar el fin de una primera y convulsa etapa dentro de la Casa Blanca, en la que el enfrentamiento entre los miembros del equipo del presidente, de carácter personal, ideológico y estratégico, ha protagonizado sucesivos capítulos. Lo que no significa que el nuevo periodo, marcado por los Intentos del general Kelly de profesionalizar el equipo, se presente fácil, dada la impresivible forma de actuar del ocupante del Despacho Oval. Pese a la influencia que había demostrado tener hasta ahora en el presidente, Steve Bannon no se sumó a la campaña de Trump hasta los últimos meses antes de la elección, cuando las encuestas le situaban claramente por detrás al candidato republicano. Fue entonces cuando la campaña se tornó más agresiva en las críticas a Hillary Clinton, en el cierre de las fronteras a los inmigrantes y en el rechazo a los acuerdos comerciales de ámbito internacional, esencia de un proteccionismo económico que Trump no ha dejado de pregonar desde entonces. En una entrevista concedida hace pocos días, Bannon sorprendió con duras críticas a los supremacistas blancos, a los que tachó de «payasos», pese a que quien fuera director ejecutivo del sitio web Breitbart News reconoció en su día que este periódico digital de noticias era representante de la llamada Alt Right, la extrema derecha alternativa en Estados Unidos. Banquero, periodista y estratega de la política Polifacético en su actividad profesional, el paso de Steve Bannon (Norfolk, Virginia, 1953) por tan diversas labores profesionales le ha permitido abrir muchos ángulos. Ejecutivo de banca en Goldman Sachs, periodista en Breitbart News, productor y director de cine, publicista y estratega de la comunicación política, el polémico representante del neonacionalismo estadounidense, de inspiración populista y cercana a la extrema derecha, ha demostrado una intuición y un conocimiento del país poco común. Los que le permitieron ser uno de los hombres clave en la victoria electoral de Donald Trump.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump ha despedido a diez miembros de su equipo en siete meses, con la salida Steve Bannon
«Dejad a Trump ser Trump», es una de las habituales proclamas de los fieles al singular presidente norteamericano, desde que su irrupción ofreciera la personalidad del primer antipolítico de la historia reciente que gobierna los Estados Unidos. Dicho y hecho. El ocupante del Despacho Oval se comporta con el mismo desapego a la institucionalidad de los cargos que aquel hombre de negocios televisivo que despedía a los concursantes desde su atalaya de presentador de un reality show: «¡You´re fired!» (¡«Estás despedido!»). Acostumbrado a hacer y deshacer al frente de su imperio, el veterano Trump, el presidente que llegó con más años al cargo, muestra la imagen de una adaptación imposible, en las antípodas de la estabilidad que requiere cualquier Gobierno. La inexperiencia y la necesidad de conformar un equipo lleno de equilibrios internos cuando desembarcó en el Despacho Oval, han hecho el resto. Siete meses después, el presidente acumula una decena de destituciones sólo en su staff de la Casa Blanca, que se elevan a catorce si se cuentan los miembros de la Administración, en el arranque de mandato más inestable que se recuerda. Las tres semanas que duró en el cargo su Asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, obligado a dimitir por sus contactos rusos no confesados, podrían haber sido un hecho aislado. Sin embargo, la ruidosa llegada de Donald Trump a la presidencia no auguraba precisamente un periodo de tranquilidad. Un vistazo a las imágenes que inmortalizaron la toma de posesión del equipo del presidente, el pasado 22 de enero, muestra ya a un numeroso grupo de «caídos» en la cruenta batalla interna que aún se libra en la Casa Blanca. La salida el viernes del último de ellos, Steve Bannon, primer representante del nacionalismo de corte populista que impregna gran parte del discurso presidencial, forma parte de la «limpieza» que Trump ha encargado a su jefe de gabinete, el general John Kelly. En este tiempo de mandato, han convivido en el entorno presidencial enfrentamientos personales con pugnas de tinte ideológico. En el equipo de asesores, Bannon representaba un discurso opuesto al de Jared Kushner, yerno y asesor del presidente (aunque sin remuneración), a quien se sitúa entre los llamados «globalistas», opuestos al discurso proteccionista y de ruptura con las grandes instituciones occidentales promovido por su enemigo ideológico. Para algunos fieles a Trump, la marcha de Bannon puede suponer su abandono definitivo de las ideas que le permitieron al presidente conectar con sus bases, con lo que él mismo bautizó como su «movimiento». El núcleo duro de ese raquítico 39% de apoyo que refleja la media de las principales encuestas de popularidad (RealClearPolitics), sólo compensado con una fidelidad casi incondicional. Sin embargo, el anunciado regreso de Bannon al mismo diario digital que sirvió de palanca ideológica para la campaña de Trump, Breitbart News, permite pensar en que su ya ex asesor va a seguir ayudando al presidente desde la plataforma mediática. En una prueba de la buena relación que aún mantienen, Trump escribía ayer en Twitter este mensaje: «Quiero dar las gracias a Bannon por sus servicios. Llegó a la campaña durante mi campaña contra la corrupta Hillary Clinton. ¡Fue grande! Gracias». La marcha del polémico ideológo cuenta con dos interpretaciones. La primera respondería a una demanda del establishment republicano, que ha venido reclamando su salida, especialmente a raíz de los guiños que Trump lanzó al mundo de la extrema derecha, en concreto al del supremacismo blanco. La decisión del presidente obedecería también a un intento de compensar la destitución de Reince Priebus como su jefe de gabinete. El ex presidente del Partido Republicano estaba considerado la conexión de la Casa Blanca con el aparato y el establishment de la formación política. La lectura más plausible obedece al intento real de Trump de poner orden dentro de la Casa Blanca, para lo que nombró jefe de gabinete al miembro de su equipo en el que más confía, John Kelly. Tras algunas reticencias iniciales, el presidente logró convencer al general de cuatro estrellas de que era la persona idónea para imponer disciplina en el equipo, para lo que le ofreció carta blanca en sus decisiones. La destitución fulminante de Anthony Scaramucci, el fugaz director de Comunicación que Trump había nombrado apenas diez días antes, fue la primera prueba de que Kelly actuaba con mando en plaza. En el mismo movimiento, el general se cobraría la pieza del secretario de prensa, Sean Spicer, quien para entonces ya había perdido el favor del presidente. Pese al vacío que el polémico Bannon deja en su entorno, puede que la marcha de miembros del grupo ultranacionalista no haya concluido. El polémico Sebastian Gorka, asesor en materia de seguridad, conocido por sus propuestas radicales para combatir el terrorismo, podría ser el próximo destituido, si el presidente sigue dejando hacer su labor al jefe de gabinete, John Kelly. Así lo apuntaban ayer diversos medios, que reducen a Kellyanne Conway, una de consejeras artífices de la victoria electoral de Trump, la futura presencia de los fieles a su discurso más populista.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Corea del Norte amenaza otra vez con un «ataque» a EE.UU.
La tensión vuelve a la Península de Corea. La renuncia de Pyongyang a lanzar un misil contra la isla de Guam, el territorio estadounidense del Pacífico al que había apuntado después de algunos días de escalada verbal entre Donald Trump y el dictador Kim Jong-un, no fue más que un aplazamiento táctico. En un trazo más de su habitual línea de altibajos, el régimen norcoreano volvió a retomar las amenazas este domigo, la víspera de las maniobras militares conjuntas que llevarán a cabo los ejércitos de Estados Unidos y de Corea del Sur. Pyongyang amenaza con un «ataque sin piedad», transmitido a través de su diario oficial, el Rodong Sinmun. El mensaje del hermético Gobierno comunista denuncia en su editorial que las actividades militares en los que estadounidenses y surcoreanos ensayan sistemas de defensa, frente a la amenaza permanente de Corea del Norte, constituyen «un comportamiento imprudente que conduce la situación a una fase de guerra nuclear», del que culpan al presidente norteamericano, Donald Trump. Para los analistas, los mensajes que escribe este periódico están considerados la voz del régimen norcoreano. Washington y Seúl, cuyos ejércitos protagonizan todos los años por estas fechas maniobras conjuntas, que esta vez tendrán una duración de diez días, hasta el 31 de agosto, aseguran que sus actividades militares son «de naturaleza defensiva». La vuelta a la tensión esta semana se produce días después de que el régimen de Corea del Norte amenazara con enviar uno de sus misiles contra la isla de Guam. Después de la escalada de amenazas que protagonizaron ambos mandatarios, Trump logró doblegar momentáneamente a Kim Jong-un, cuyo régimen terminó aplazando el lanzamiento, que había programado para el 15 de agosto. Durante aquellos días de enfrentamiento, el presidente estadounidense envió este mensaje contundente a su homólogo: «Más le vale a Corea del Norte no amenazar más a Estados Unidos; de lo contrario, se encontrará con fuego y furia como nunca ha visto». Aunque Pyongyang respondió con ironía a las palabras de Trump y mantuvo su amenaza algunos días más, finalmente renunció a un ataque a Guam que habría supuesto «el comienzo de una guerra catastrófica», según advirtió el jefe del Pentágono, James Mattis. El secretario de Defensa, que inicialmente había utilizado un lenguaje agresivo frente a las amenazas norcoreanas, terminó situándose en la misma línea que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson. Para algunos analistas, el responsable de la diplomacia estadounidense empleó esos días un lenguaje de «poli bueno», compaginado con el de «poli malo» que empleó Trump. En todo caso, aunque partidario del diálogo con Pyongyang, Tillerson siempre ha condicionado unas posibles conversaciones a una «inequívoca renuncia» del régimen a seguir desarrollando su carrera nuclear.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Putin nombra al viceministro de exteriores Anatoli Antonov nuevo embajador ruso en EE.UU.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha nombrado al viceministro de Exteriores Anatoli Antonov nuevo embajador en Estados Unidos, según un decreto ejecutivo difundido este lunes que recoge la agencia de noticias Sputnik. Antonov, que ha ocupado varios cargos en Exteriores y Defensa en los últimos años, reemplazará a Sergei Kisliak, embajador ruso desde 2008. El ya ex vicecanciller asumirá las riendas de la misión diplomática en Washington en un momento de crisis entre ambos países por la supuesta injerencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Putin ha ordenado reducir a 450 los trabajadores diplomáticos de Estados Unidos en Rusia, para igualar el tamaño de la legación norteamericana con la misión rusa en Washington. Rusia ha respondido así a la orden dictada el año pasado por la Administración de Barack Obama de expulsar a 35 diplomáticos rusos y embargar dos propiedades diplomáticas de Rusia.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump acepta el reto de Afganistán pero se desmarca de Bush y Obama
La decisión de Donald Trump de revisar la estrategia y reforzar el frente en Afganistán no obedece a un convencimiento personal. Al contrario. Como él mismo reconoció la noche del lunes en el primer mensaje televisado que dirige a la nación, sobre la guerra más larga de la historia de Estados Unidos, su instinto le decía lo contrario. Un escepticismo con las aventuras militares que ya mostró en campaña y que ha evolucionado meses después de escuchar a los generales: «Las decisiones son a veces diferentes cuando uno se sienta en el Despacho Oval». Presentada la disculpa a sus fieles, gregarios del discurso nacionalista y contrario a intervenir en el exterior con el que ganó las elecciones, el presidente intentó diferenciarse de sus antecesores, George W. Bush y Barack Obama, de quienes sugirió que habían sido unos «perdedores». Trump se propone «dar la vuelta y ganar» la guerra de Afganistán dieciséis años después, pero «no para reconstruir el país, sino para matar terroristas», en alusión al anterior presidente republicano, impulsor de la «guerra contra el terrorismo» tras el 11-S. Su crítica a Obama, que intentó la salida progresiva del país hasta que asumió la realidad militar, la resumió en la necesidad de no repetir el error de Irak, con un «inaceptable» abandono que refuerce la presencia del yihadismo de Al Qaida y de Daesh (ISIS). Donald Trump dio las primeras muestras de aceptar la recomendación del establishment militar el 19 de julio. Aquel día, fue especialmente incisivo en la Situation Room (Sala de Emergencias de la Casa Blanca que el presidente comparte con los mandos militares y la Inteligencia): «Vamos perdiendo». Se refería la guerra de Afganistán. Por primera vez, sus numerosas preguntas apuntaban a una aceptación de que había que hacer algo. El pasado viernes, en Camp David, Trump cerró la nueva estrategia para Afganistán con el jefe del Pentágono, James Mattis. Su discurso ofreció grandes trazos de la nueva orientación, pero pocos detalles. «El enemigo nunca sabrá por adelantado lo que vamos a hacer», fue su máxima. Nada de calendarios o de planes previos, sino actuaciones y decisiones: «Nunca diremos que vamos a atacar, pero atacaremos». El mejor ejemplo se encuentra en la megabomba con la que Estados Unidos mató por sorpresa a un centenar de talibanes el 13 de abril. Era la primera vez que utilizaba la GBU-43, el proyectil no nuclear más poderoso de la historia. Trump ni siquiera ratificó el próximo envío de 4.000 soldados, la principal medida, que sí confirmaron fuentes republicanas en el Congreso. Se sumarán a los 8.400 desplegados en la actualidad. Sobre el terreno, algunos expertos apuntan al despliegue de una contrainsurgencia contra los talibanes y el yihadismo de Al Qaida y Daesh, consistente en la eliminación selectiva de terroristas. Aunque requeriría una estrecha coordinación con el Gobierno afgano, mucho tiempo y mucho dinero, que el legislativo estadounidense no está dispuesto a aprobar. La doctrina Trump deja también margen a una geopolítica diferenciada con relación a la Administración Obama, en la que Paquistán es el blanco de los reproches. Con su habitual visión mercantilista, siempre en busca de rentabilidad, Trump arremetió con dureza contra el Gobierno de Islamabad: «Les hemos pagado miles de millones de dólares al tiempo que dan cobijo a los mismos terroristas contra los que luchamos. Eso tiene que cambiar, y cambiará inmediatamente. Es hora de que Paquistán demuestre su compromiso con la civilización, el orden y la paz». Por si quedaban dudas, el presidente estadounidense fue muy específico cuando eligió como socio preferente a la India, país con el que los paquistaníes mantienen unas tensas relaciones. Las amenazas de Trump no generaron precisamente indiferencia en Islamabad, donde fuentes políticas y militares reconocían ayer su inquietud por la posible reducción de la cuantiosa ayuda que recibe su país de Estados Unidos. La relación entre ambos países siempre se ha movido entre fuertes altibajos. Washington asumía la laxitud con la que Paquistán alberga a terroristas en su frontera con Afganistán, a cambio de valiosa información de sus servicios secretos sobre los movimientos de los talibanes y los yihadistas. El mayor fruto para los norteamericanos fue la operación que permitió matar a Osama Bin Laden, el líder de Al Qaida y autor intelectual del 11-S, quien sorprendentemente llevaba viviendo mucho tiempo en una casa cercana a un cuartel militar paquistaní. El chivatazo habría provenido de este país. El mensaje de Trump fue recibido con aplausos en Afganistán. Su Gobierno calificó de «diez sobre diez» el compromiso de la nueva Administración estadounidense. Enfrente, los talibanes advertían de que seguirán haciendo la guerra eterna. Frente a la promesa de Trump de impedir que la autodenominada insurgencia retome el poder, un portavoz de los terroristas tachó su discurso de «viejo y poco claro». Pese a la contundencia del mensaje, el presidente norteamericano había dejado abierta la puerta a una «negociación» con los talibanes, aunque siempre en posición de fuerza.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Misión imposible para el nuevo embajador ruso en Washington
Anatoli Antónov, de 62 años, acaba de ser nombrado embajador plenipotenciario de Rusia en los Estados Unidos. El lunes firmó el presidente Vladímir Putin el decreto con su designación después de que su homólogo norteamericano Donald Trump diera el visto bueno el mes pasado. Antónov sustituye así al inefable Serguéi Kisliak, situado irremisiblemente en el foco de la polémica por la prensa estadounidense por sus frecuentes contactos con el entorno directo de Trump durante la campaña electoral del año pasado. Pero Antónov, un diplomático avezado en cuestiones de desarme y con fama fundada de negociador hábil, lo va a tener muy complicado. Hacía tiempo que las relaciones entre Washington y Moscú no estaban tan crispadas como ahora, pese a las esperanzas que el Kremlin había depositado en el actual inquilino de la Casa Blanca. El último encontronazo entre las dos grandes potencias ha sido la decisión de Estados Unidos de suspender la tramitación de visados a los ciudadanos rusos a partir de hoy miércoles. No afectará por el momento a los que pretendan emigrar a EEUU, pero sí a los que se proponían cruzar el charco en viaje de negocios, de estudios o de simple turismo. En la web consular estadounidense de Rusia se asegura que la normalidad en los trámites se restablecerá el 1 de septiembre, pero sólo en Moscú y con un volumen mucho menor. Los consulados norteamericanos en las ciudades rusas de San Petersburgo, Ekaterimburgo y Vladivostok continuarán sin atender demandas de visado hasta nueva orden. "En virtud de las medidas adoptadas por Moscú para reducir el número de miembros de la misión diplomática de EEUU en Rusia, a partir del 23 de agosto de 2017, suspendemos la tramitación de visados de no inmigrante en toda Rusia", informa el comunicado diplomático. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, reaccionó a la medida lamentando que "los autores de esas decisiones vuelven a intentar provocar descontento entre los ciudadanos rusos hacia la política de sus dirigentes". Distintos responsables rusos han advertido que habrá represalias. Pero lo cierto es que Putin ordenó el mes pasado reducir en 755 personas, a partir del 1 de septiembre, el número de diplomáticos y colaboradores estadounidenses que trabajan en Rusia cuando tan sólo fueron 35 los diplomáticos rusos expulsados de EEUU el pasado diciembre. Fue el todavía entonces presidente Barack Obama quien lo ordenó. "Hemos procedido a organizar la salida del país de los empleados que no podrán seguir desempeñando sus funciones en Rusia", subraya también la nota publicada en la web consular norteamericana. Putin decidió diezmar a finales de julio la legación diplomática de EEUU en Rusia como respuesta a la reciente ampliación de sanciones aprobada por el Congreso y Senado norteamericanos, firmada finalmente por Trump, para castigar una vez más a Moscú por su destacado papel en la génesis y desarrollo de la crisis ucraniana, anexión de Crimea incluida, y por sus esfuerzos por influir en el resultado de los comicios presidenciales celebrados el año pasado en Estados Unidos. Pero Antónov tendrá que bregar no sólo con todos estos problemas. También con las permanentes discrepancias entre los dos países a propósito de Siria y de lo que hay que hacer con el dictador Bashar al Assad. La posibilidad de que Estados Unidos venda al Ejército ucraniano cohetes antitanque para desarbolar a los rebeldes separatistas del este de Ucrania también pone los pelos de punta a la élite rusa. Los expertos del Centro Carnegie de Moscú catalogan al nuevo embajador ruso en Washington como "un partidario de la línea dura". "Nos espera un gran trabajo: salir de este atolladero. Pero eso no significa ceder" ante Estados Unidos, afirmó Antónov hace tres meses. Nacido el 15 de mayo de 1955 en Omsk (Siberia), el flamante embajador ruso finalizó sus estudios en el Instituto Estatal de Relaciones Exteriores de Moscú (MGIMO) en 1978 y empezó a trabajar en el servicio diplomático de la Unión Soviética. Se doctoró más tarde con una tesis sobre el control de armamentos nucleares, convirtiéndose así en unos de los principales especialistas en cuestiones de desarme dentro del Ministerio de Exteriores. A partir de 2009, encabezó la delegación rusa en la negociación del nuevo tratado de desarme nuclear START, firmado en Praga el 8 de abril de 2010, por Obama y el entonces presidente ruso, Dmitri Medvédev. Al año siguiente, Antónov fue nombrado viceministro de Defensa encargado de la cooperación tecnológico-militar con países extranjeros. Una de sus funciones era entonces mantener reuniones regularmente con los agregados militares de distintas embajadas destacadas en Moscú. Tiene numerosas fotografías de aquella época publicadas vestido con uniforme militar. Sin embargo, como sostiene su colega, el viceministro de Exteriores, "no es un general, los civiles que sirven en el Ministerio de Defensa también llevan uniforme". Precisamente por estar vinculado entonces al Ejército, Bruselas le consideró implicado en el despliegue de tropas rusas en Ucrania y en la anexión de Crimea y le sancionó cerrándole el paso a la UE. Volvió al Ministerio de Exteriores en diciembre de 2016 en calidad de viceministro y, pocas semanas después, empezó a hablarse de su posible nombramiento como embajador en Washington. Habla perfectamente el inglés y el birmano y tiene una hija.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
¿Por qué ha cambiado Trump sobre Afganistán y ahora quiere ganar la guerra?
Como ciudadano y como candidato a la Casa Blanca, Donald Trump siempre mantuvo su opinión de que Estados Unidos tenía que abandonar del todo Afganistán, donde desde hace 16 años el Ejército norteamericano libra la guerra más larga de sus Historia. El pasado lunes, el presidente cambió de modo radical de opinión y anunció su intención de aumentar el contingente militar norteamericano en Afganistán «para ganar la guerra». ¿Qué fórmula distinta propone Donald Trump para derrotar a los insurgentes talibanes? Todos los presidentes que le precedieron utilizaron los medios clásicos: el palo y la zanahoria, la guerra y la presión diplomática sobre los señores de la guerra afganos y los gobiernos vecinos. El premio Nobel de la Paz Barack Obama utilizó incluso una técnica similar a la del napalm vietnamita: elevó el número de tropas hasta los 100.000 soldados (el «surge» como eufemismo), hasta que tuvo que reconocer que no podía matar hasta el último talibán y optó finalmente por la retirada militar casi completa. Cuando dejó la Casa Blanca, en enero pasado, había 8.400 militares norteamericanos en Afganistán. Trump dijo el pasado lunes que su cambio de postura se debe a los intensos encuentros que ha mantenido con su Gabinete y con los generales. Estados Unidos no puede permitirse perder la guerra, porque -vino a decir- ganarla es la única manera de asegurar la paz en esa región del mundo. Los talibanes impusieron su régimen de terror en los años 90, y después de sus progresivos avances en los últimos meses pueden regresar en poco tiempo a reinar en Kabul. El ejército afgano está desmoralizado, y las luchas de poder entre los señores de la guerra progubernamentales mantienen en vilo al Gobierno de Ashraf Ghani. Según Kabul, los talibanes controlan el 35 por ciento del país, aunque en unas declaraciones al «New York Times» el general Qahraman -hasta el año pasado enviado de Kabul en la provincia de Helmand- afirma que en realidad controlan el 60 por ciento. En el último año su progresión ha sido inapelable. Si los rebeldes islamistas no controlan aún ciudades grandes se debe solo a la intervención de la aviación norteamericana y sus tropas de élite. Donald Trump solo dijo dos o tres cosas vagas sobre la nueva estrategia. Habrá de nuevo guerra, subirán en breve los contingentes norteamericanos (según la filtración del Pentágono en un primer momento se enviarán 4.000 militares más a Afganistán), y habrá presión diplomática. El dedo de los ministros de Trump apunta a Pakistán: o pone más medios para evitar que los talibanes tengan en ese país un refugio seguro, o se cortará la sustancial ayuda militar norteamericana al régimen de Islamabad. Afganistán no debe caer de nuevo en manos de los fundamentalistas. El consenso en Washington es general. Además del golpe al prestigio y el peso de Estados Unidos en toda la región, la caída de Kabul supondría la creación de un nuevo «califato», justo cuando se pretende eliminar por vía militar el de Daesh en Irak y Siria. Afganistán se convertiría en el gran almacén mundial de opio y heroína -negocio que explica la excelente situación financiera de los rebeldes- y su contagio a Pakistán, potencia nuclear, sería casi irremediable. El problema que subrayan los analistas se refiere a la levedad, o más bien, ambigüedad, del plan presentado por Donald Trump, que podría estar motivada por el expreso deseo de sus generales de no dar pistas al enemigo.