Infortelecom

Noticias de nicaragua

22-07-2018 | Fuente: abc.es
Así desmanteló Daniel Ortega las instituciones de Nicaragua hasta convertirse en dictador
Tiene las alas cortas y los colores brillantes. Al guardabarranco lo nombró ave nacional de Nicaragua Anastasio Somoza en 1971, una de las muchas ironías que presenta la grotesca repetición de la historia nicaragüense en este nuevo tumbo revolucionario. A las crías las tiran al barranco para que aprendan a volar «y así me lancé yo, nadie me dio preparación ninguna». No le entrenó la CIA ni le dio armas Cuba. Ni siquiera le adoctrinó ningún partido político. Hasta hace tres meses el comandante Guardabarranco se consideraba «un ciudadano modelo» que nunca se imaginó a sí mismo haciendo las cosas que hace hoy. Le ha tocado amenazar a la directora de un hospital para que atendiera a los heridos, defender las barricadas y encontrar casas de seguridad para su gente en la clandestinidad. Él mismo anida en las lomas y cambia de cama cada noche desde que el martes el gobierno de Daniel Ortega embistió con toda su fuerza paramilitar contra Monimbó, el último reducto rebelde de la emblemática Masaya que le diera la victoria al Frente Sandinista hace exactamente 39 años. Esta cría no lo vio, nació en 1990. Ortega es prácticamente todo lo que ha conocido como presidente en su vida adulta. Formaba parte de la Nicaragua complaciente que había aceptado el desmantelamiento de las instituciones a cambio de un modesto bienestar económico que convirtió al segundo país más pobre de Centroamerica en la tercera economía de mayor crecimiento en el continente, según las previsiones que hizo para este año el Banco Mundial. Le elogiaba el Fondo Monetario Internacional (FMI), aumentaba el turismo, las exportaciones y la inversión extranjera. Iberia planeaba vuelos directos entre Madrid y Managua. Era el país más seguro de Centroamérica, el narcotráfico pasaba de largo respetando pactos secretos, los salvadoreños pedían asilo político en sus fronteras. La figura del comandante de la revolución convertido en dictador era tolerada, «hasta la Iglesia miraba para otro lado», recuerda. De camino a recoger el Premio Cervantes de este año, el escritor Sergio Ramírez, que estaba junto a Ortega cuando triunfó la revolución y fue su vicepresidente en 1985, decía tener «la idea extravagante» de que una generación agota sus posibilidades de cambio, «pero llega un momento en que otra recupera esos ideales y los echa a andar de nuevo». Mostraba un cierto deje de nostalgia, porque a sus 75 años no pensaba que lo fuera a ver. A esta generación «colgada de internet» que sólo veía movilizarse con el fútbol la creía fruto del individualismo «que comenzó a comerse los sesos de la gente en los 90», cuando se derrumbó lo que se llamó el socialismo real «y pensar en los demás se quedó demodé». Sentía una juventud ausente, sin imaginar que sería como ese pájaro tropical que permanece quieto y silencioso antes de lanzarse sobre los insectos. Quién se iba a imaginar que les importaba la ecología. La chispa de la protesta El chispazo de la movilización fue un incendio casi bíblico que hizo arder la reserva de Indio Maíz y la leña seca de la revolución. «Así ocurren los milagros», suspira el escritor. En una semana de desidia gubernamental las llamas cruzaron tres ríos y carbonizaron 5.400 hectáreas del pulmón centroamericano. Costa Rica puso en la frontera 40 bomberos con diez vehículos, pero el gobierno nicaragüense los rechazó. Había planes de infraestructura para esas tierras. Ardía la sangre de los estudiantes y de los campesinos en las calles «porque lo que nos estaban quitando no era la tierra, sino el país». Hasta que un diluvio igual de bíblico puso fin al incendio de la reserva, pero no a la avaricia del gobierno. Las imágenes de la policía golpeando a los jubilados que reclamaron la bajada de sus pensiones puso en armas a esos estudiantes movilizados que, sin saberlo, llevaban dentro la semilla de la revolución. «Los sandinistas nos enseñaron», les da crédito Guardabarranco. Con su lente afilada, el pulitzer de fotografía Javier Bauluz les ha llamado «los nietos del sandinismo». Sus padres fueron los cachorros del Servicio Militar Patriótico que defendieron al país de la contra financiada por Reagan. Sus abuelos estuvieron del lado de Ortega, de 72 años, aunque no lucharon con él porque estaba refugiado en Costa Rica después de robar un banco. Volvió al país con el triunfo de la revolución. Como ahora, ellos pusieron los muertos y él se quedó con el poder. Ellos pueden dar fe de las diferencias entre esas dos revoluciones que se cruzan en la historia y en las redes sociales con portadas en blanco y negro de la época de Somoza, tan marcadamente similares y aun así, tan diferentes. «¡Este es peor que Somoza!», jura en la calle Julián Bander. «Ellos estaban mejor armados que la Guardia Nacional. Tenían rifles Galil, M16, FAL, AK-47.. ¡Hoy la lucha es desigual! Los pobres chavales andan con tirachinas y morteros caseros que llenan de pólvora y disparan a manos. ¡Son unos asesinos!». Cada injusticia ha sido una chispa que ha incendiado la hoguera de los agravios. En los últimos once años de gobierno, Ortega ha desmantelado las precarias instituciones para permitir la victoria con un 35% del voto, la reelección indefinida, el debilitamiento de otros partidos políticos, la captura del Consejo Electoral, el sometimiento de la Asamblea Nacional y del poder judicial. De ahí que el lema de la nueva revolución sea «Justicia y Democracia». La consolidación del poder con las bases se produjo a través de un férreo control estatal que requería militancia al Frente Sandinista para cualquier actividad y priorizaba la lealtad partidista a la titulación. «Por eso los gobiernos populistas tienden a ser tan ineficientes», explica Roberto Courtney, director ejecutivo de la fundación Ética y Transparencia, que trabaja en sistema electoral y gobernabilidad. No compran votos, «los alquilan», aclara. Cuando languideció la financiación venezolana tuvo que aplicar la austeridad para seguir manteniendo ese clientelismo político que aún aspira a robustecer para eternizarse en el poder. Previsiones económicas a pique Muchas cosas han cambiado en estos tres meses. Las previsiones económicas se han ido al garete. Nicaragua ya no es «la nueva Costa Rica» que celebraba en febrero la revista «Travel+Leisure». Ha roto la alianza con los empresarios, ha tiroteado las iglesias, ha formado un ejército paramilitar con el que sembrar el terror y ha secuestrado y torturado a jóvenes desarmados «que por supuesto fueron a esconderse bajo las sotanas de los curas», otorga. Ni todas las lágrimas de Nicaragua han podido apagar el incendio. En ese proceso se ha revelado como un sangriento dictador dispuesto a matar para mantener el poder. «Y una cosa es estar cómodo con un autócrata y otra con un asesino», reflexiona el director de Ética y Transparencia. Ortega ha perdido las alianzas sobre las que cimentó su status quo y la financiación para su populismo. El canto del guardabarranco al amanecer es hoy el de su ocaso.
21-07-2018 | Fuente: elpais.com
La nueva revolución de Nicaragua
El país se adentra en una fase de incertidumbre después de que Ortega elevase la represión y ante la certeza de que sus críticos no van a ceder en las protestas
21-07-2018 | Fuente: abc.es
«Mamá, perdóname, lo hice por mi patria»: el grito desesperado de los jóvenes atrincherados en Managua
«Por favor ayúdennos, Aquí morimos todos, Mamá, perdóname, lo hice por mi patria», dicen jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) desesperados en varios videos que circulan en las redes y se han hecho viral, tras los más de tres meses de protestas en contra del régimen de Daniel Ortega. En el vídeo se oyen ráfagas y se ve a chicos agachados detrás de las barricadas antes de refugiarse en la parroquia. «Vinieron todos con armas de fuego, a matar», aseguró un joven en la iglesia. «No podemos salir, estamos acorralados», gritó otro. muchachos despidiéndose de sus familiares, mientras piden ayuda en la UNAN, debido al ataque de balas de fuerzas parapoliciales. #SOSNicaragua pic.twitter.com/ZeDUDIGXdI? ??? Nica Vandálica ??? (@vandalica88) July 13, 2018El grupo de jóvenes se refugió en la parroquia, aneja a la UNAN, a donde estaban trasladando a estudiantes heridos que llevaban varias semanas encerrados en la sede universitaria para pedir la renuncia del presidente Daniel Ortega. Dos jóvenes murieron en el ataque perpetuado por las fuerzas del Gobierno contra una iglesia en Managua, donde estaban atrincherados decenas de estudiantes. El conflicto que deja más de 270 muertes, unos 2.000 heridos y medio millar de detenidos. en tres meses. «Es urgente que cesen de inmediato los ataques que en este momento suceden en contra estudiantes de la UNAN y la Iglesia», escribió en Twitter la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas.
21-07-2018 | Fuente: elpais.com
Ortega ataca a la Iglesia y tilda de golpistas a los obispos de Nicaragua
El presidente arremete contra los religiosos durante la celebración del 39 aniversario de la revolución sandinista. La Iglesia convoca a los feligreses a una jornada de ayuno y exorcismo
21-07-2018 | Fuente: elpais.com
Venezuela ofrece apoyo para defender a Daniel Ortega
El canciller Arreaza acusa a EE UU de interferir en Nicaragua
20-07-2018 | Fuente: elpais.com
Ortega ataca a la Iglesia y tilda de golpistas a los obispos de Nicaragua
El presidente arremete contra los religiosos durante la celebración del 39 aniversario de la revolución sandinista. La Iglesia convoca a los feligreses a una jornada de ayuno y exorcismo
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Ayuno en Nicaragua en desagravio por la violencia represora
La población de Nicaragua respondió hoy a la invitación de los obispos para guardar un día de ayuno y recitar la oración de exorcismo a San Miguel Arcángel, en «desagravio por las profanaciones» de estos últimos meses «contra Dios» por la violencia desatada en el país. Las manifestaciones de protesta ?originalmente por razones económicas? contra el régimen autoritario sandinista se han saldado hasta el momento con 351 muertos, en su mayoría manifestantes abatidos por bala por policías y paramilitares. Los obispos instaron, «especialmente a los policías, militares y demás empleados públicos» que apoyan la violencia contra los nicaragüenses por orden del Gobierno, a reflexionar sobre la «grave y urgente» situación del país y a tomar las decisiones «que su conciencia les dicte y se comprometan a defender la vida, la verdad y la justicia». El llamamiento de la Conferencia Episcopal Nicaragüense (CEN), que preside el arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, se produce tras un recrudecimiento de la «represión y la violencia por parte de los paramilitares progubernamentales hacia las personas que protestan cívicamente». La crisis sociopolítica que atraviesa Nicaragua, que comenzó el 18 de abril como consecuencia de unas controvertidas y fallidas reformas a la seguridad social por decisión del presidente, Daniel Ortega, es la más sangrienta desde la década de 1980 en la nación centroamericana. «Lamentamos profundamente tanta muerte, dolor y sufrimiento de nuestro pueblo. Heridos, enjuiciados injustamente, amenazados, intimidados y los ultrajes cometidos contra quienes permanecieron en lugares de protestas pacíficas. Denunciamos los secuestros y detenciones arbitrarias, de que está siendo objeto la población civil», señaló la CEN mediante un comunicado. Asimismo, los obispos nicaragüenses denunciaron los ataques que sufren miembros de la mesa del Diálogo Nacional opuestos al Gobierno, defensores de los derechos humanos y medios de comunicación independientes. Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció ayer hoy la existencia de una «campaña de estigmatización» contra la Iglesia católica en Nicaragua y respaldó su labor en el diálogo nacional ante las crecientes críticas del Gobierno, que considera «golpistas» a los obispos. «Hemos visto una campaña de estigmatización a los miembros de la Iglesia como actores imparciales en la conducción de la mesa de diálogo nacional», dijo a Efe el secretario ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrão. La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha jugado un papel fundamental como mediadora en el diálogo nacional que busca poner fin a la violencia y que reúne al Ejecutivo y la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que aglutina al sector privado, la sociedad civil, estudiantes y campesinos. El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, calificó por su parte de «golpistas» a los obispos del país, y consideró que son cómplices de las fuerzas internas y de los grupos internacionales que, a su juicio, actúan en Nicaragua para derrocarlo. Ortega hizo esas acusaciones ante miles de sandinistas en una plaza de Managua y mientras conmemoraba el 39 aniversario de la revolución sandinista. El 7 de junio, la Conferencia Episcopal propuso a Ortega que adelantara a marzo de 2019 las elecciones fijadas para 2021.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
«Todo el mundo era sandinista en Nicaragua, pero este régimen es peor que el de Somoza»
Los choques violentos en las manifestaciones contra el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, han dejado una cifra que expresa por sí sola la trágica situación que atraviesa el país: 351 muertos y un número indeterminado de desaparecidos es el balance que se manejaba este viernes, días después de que la la Organización de Estados Americanos (OEA) condenara al régimen sandinista ?el Frente Sandinista de Liberación Nacional entró en Managua en 1979, acabando con la dictadura de Anastasio Somoza? y le pidiera adelantar las elecciones. «Toda la gente de Nicaragua era sandinista, pero ahora se ha decepcionado, porque en su momento hubo muchísimos muertos por la libertad y ahora este régimen ha salido peor», explica Carlos Pérez, un nicaragüense de 39 años afincado en Madrid, a ABC. «Ortega solo cuenta con los empleados públicos, de la parapolicía y de los paramilitares, porque no le apoya nadie más. Organiza marchas para demostrar que tiene músculo, paga a la gente para que vaya y les pone autobuses, pero aún así no llegan muchas personas», añade. Trazando una analogía macabra, pero significativa, Pérez recuerda que los cadáveres de las víctimas de Managua se pueden encontrar en «la Cuesta del Plomo», donde los cuerpos de los opositores a Somoza también eran, antaño, arrojados por sus verdugos. «Todo empezó con la reforma del Seguro Social, pero eso fue solo la excusa, lo que encendió la mecha, porque la gente ya estaba cansada del régimen. La represión sobre ancianos y estudiantes hizo que el resto de Nicaragua saliese a las calles a manifestarse», recuerda Pérez. «El Gobierno no sabía qué hacer, así que convocó una mesa de diálogo para ganar tiempo. Nunca se la tomó en serio. Hizo algunas promesas, de las cuales no ha cumplido ninguna, y más bien ha recrudecido la represión», lamenta. El pasado 11 de julio, la propuesta de diálogo quedó paralizada después de que el cardenal Leopoldo Brenes y el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag fueran agredidos en Diriamba, al sur del país, por paramilitares afines a Ortega. Precisamente, el Papa Francisco ha manifestado en varias ocasiones su disgusto por la situación que sufre el país americano, y ha pedido, como hizo a finales de abril, que «se evite un inútil derramamiento de sangre». Sus ruegos no han sido escuchados. «Ahora, lo peor son las detenciones arbitrarias. En Nicaragua hay unas familias que se llaman CPC [Consejos del Poder Ciudadano] y que son como los oídos del Gobierno, los que le llevan las listas diciendo ?fulanito es líder de este barrio? o ?fulanito ha ido a manifestarse?», señala Pérez. «A esas persona las llevan a prisión, les ponen cargos, les detienen y luego les encuentran muertos», describe, añadiendo que muchos de sus conocidos han optado por abandonar el país. «Este régimen es peor que el anterior, porque antes había una especie de guerrilla, de armados contra armados, pero ahora son paramilitares y parapolicías contra civiles», critica. Ambos grupos violentos, a los que el Ejército, que «dice no meterse», provee de armas, cometen sus asaltos «vestidos de paisanos», pero «con un mismo color de ropa» para distinguirse de los civiles. Amnistía Internacional ya denunció que «el Gobierno nicaragüense ha utilizado a personas armadas o a grupos progubernamentales armados que actúan con la complicidad de funcionarios estatales, en particular la Policía, o con su aquiescencia o tolerancia» en un informe publicado a finales de mayo. «Creo que la comunidad internacional debería pronunciarse más», concluye Pérez, al otro lado del teléfono.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Venezuela y Nicaragua: gobiernos asesinos
Cuando creíamos que América Latina no podría sufrir escenas más dolorosas que las provocadas por la represión en Venezuela; cuando habíamos supuesto equivocadamente, que el caso venezolano era excepcional, y que en ninguna otra parte del continente era posible reproducir hechos de violencia tan desproporcionada; cuando los analistas habían estimado que, luego de las matanzas en las calles de las ciudades venezolanas, ya no sería posible que eso volviese a ocurrir en esta parte del mundo, henos aquí abofeteados por lo que viene sucediendo en Nicaragua desde el pasado 18 de abril. Al momento de escribir este artículo, la información proveniente de los últimos hechos, es todavía confusa. No se cuenta con datos firmes. Lo que sí sabemos es que los muertos sobrepasan el escandaloso número de 300 y que los heridos se cuentan por miles. También sabemos que la destrucción de infraestructura causada por los grupos paramilitares, agrega una táctica devastadora, en un país cuyo signo esencial es la pobreza de la mayoría. A la devastación de la pobreza se ha agregado ahora la devastación de la violencia política. Como en Venezuela, el gobierno ha respondido con las mismas estrategias: por una parte, simular, no más que unos días, su interés en un posible acuerdo producto del diálogo. Por otra parte, ha sacado a las calles grupos de paramilitares con una instrucción que no deja lugar a dudas: matar. Matar y matar, haciendo uso de una fuerza desproporcionada, que incluye armas de guerra, francotiradores, cuerpos policiales y participación constante de delincuentes comunes. En todas las ciudades donde se han producido estos terribles eventos, se ha seguido un patrón que pone en evidencia los perversos intercambios en curso entre los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. No voy a repetir aquí lo que ya se ha dicho bastante: hay evidentes semejanzas en los métodos paramilitares y represivos utilizados por ambas dictaduras. Una y otra han diseñado estrategias, planes y han hecho inversiones para mantener muy bien aceitadas estructuras cuya capacidad principal consiste en matar: matar a quien se oponga al objetivo de la pareja Ortega, que es permanecer en el poder de forma ilimitada. Es lo mismo que ocurre con los Maduro en Venezuela: la meta de permanecer en el poder por tiempo ilimitado debe ejecutarse al costo que sea: violentando la Constitución vigente a cada minuto; inventando un circo llamado Asamblea Nacional Constituyente; cerrando medios de comunicación; sometiendo a la sociedad a condiciones extremas de hambre, enfermedad e hiperinflación; destruyendo a Petróleos de Venezuela, porque se aspiraba a que ella fuese, no una industria productiva, sino la caja chica del populismo y la corrupción galopante. Venezuela fue siempre un país muy distinto a Nicaragua. El brutal empobrecimiento venezolano, nos ha aproximado en muchos sentidos. En ambos, el robo de los dineros públicos ocurre a manos llenas y sin controles. En ambos, los familiares de la pareja presidencial controlan negocios, contratos, prebendas y ejercen una nefasta influencia corruptora en las instituciones del Estado. En ambos, unas cortes de aduladores, funcionarios y agentes cubanos, les repiten que todo está bien, que ellos son unas víctimas del imperialismo y que no hay alternativa a la de disparar y matar a quienes se les opongan. En medio de todo este horror, hay cuestiones a las que debe hacerse seguimiento. Por ejemplo, la posible presencia de paramilitares venezolanos en Nicaragua. Hay algo verdaderamente siniestro en la política exterior de Cuba, que actúa en la trastienda y alienta a los gobiernos de ambos países a desconocer las leyes, los derechos humanos y las más básicas necesidades de los pueblos respectivos. A lo anterior hay que sumar las complicidades internacionales. A menudo, esas complicidades están basadas en la negación de los hechos. En el desconocimiento de la realidad. Que todavía haya medios de comunicación que repiten que lo ocurrido en Nicaragua es responsabilidad de los estudiantes que salieron a protestar, es un dato que nos dice que la lucha que los demócratas tenemos por delante está plagada de exigencias y campos de batalla en la política, la comunicación y los tribunales internacionales especializados en crímenes de lesa humanidad.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Parecidos y diferencias entre la Venezuela de Maduro y la Nicaragua de Ortega
La crisis nicaragüense recuerda a la situación en Venezuela, país golpeado desde hace meses por graves problemas económicos y políticos donde las manifestaciones son reprimidas con violencia. Aquí, cinco parecidos y diferencias entre la situación de ambos países. 1. Control político. Los dos movimientos de protestas piden la salida de los dos dirigentes de izquierda, Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, o elecciones adelantadas. Contra ellos, los gobiernos utilizan la misma estrategia. «Han apartado a los líderes y partidos de oposición. No por las urnas, sino a través de decisiones de Justicia o de la autoridad electoral, engañosas e ilegales. Ortega lo hizo durante los comicios de 2016 y Maduro le imitó en 2018», explicó a AFP el politólogo venezolano Luis Salamanca. Ambos «han censurado a los medios de comunicación y reforzado su autoridad eliminando los contrapoderes», añadió Juan Felipe Celia, del centro de análisis Atlantic Council en Washington. 2. Represión. Llamadas «turbas sandinistas» en Nicaragua o «colectivos» en Venezuela, estos grupos paramilitares próximos al poder son utilizados «para enfrentarse a los manifestantes», explicó el experto en relaciones internacionales Mariano de Alba. «Actúan en apariencia por su propia cuenta, pero a pesar de su aspecto de civiles, forman parte del aparato de seguridad del gobierno para agredir e intimidar a los opositores», explica a AFP el analista Diego Moya-Ocampos, del gabinete IHS Markit de Londres. Pero «el gobierno nicaragüense ha tenido una mano de hierro, ha matado mucho más», añade. Al menos 125 personas murieron en cuatro meses de manifestaciones en Venezuela, frente a las 280 en Nicaragua en tres meses. 3. Retórica. En ambos países, los opositores acusan a los presidentes de haber instaurando una «dictadura». Por su parte, ambos gobiernos califican a los manifestantes de «terroristas» y de «golpistas de derechas» financiados por Estados Unidos, subraya Mariano de Alba. 4. Negociación. El sociólogo nicaragüense Óscar Vargas considera que, como Maduro, Ortega busca tomar aliento durante las fases de negociación mientras se centra en «la usura y la división de la oposición». «La solución depende en gran medida de las divisiones de la coliación en el poder o del apoyo del Ejército», considera Mariano de Alba. 5. Presión internacional. Los dos gobiernos están aíslados de la escena internacional y han sido diana de sanciones estadounidenses. La situación en Nicaragua, sin embargo, «no ha acaparado tanta atención como la venezolana», según Mariano de Alba. 6. Economía. Venezuela está atrapada en una grave crisis, pero el gobierno puede apoyarse en la renta petrolera (el 96% de sus ingresos). «Ortega depende de los empresarios y de los nicaragüenses para que la economía se mantenga a flote», revela Mariano de Alba. «Nicaragua es una economía muy débil, frágil, y eso podría ser un punto de ruptura si la crisis no se soluciona en el corto plazo», juzga la analista nicaragüense Elvira Cuadra. El Banco Central de Nicaragua ha bajado del 4,9% al 1% su previsión de crecimiento para este año. 7. Peso político. Para Cuadra, el peso regional de los dos países también es diferente. Gracias a la bendición petrolera, el difunto presidente Hugo Chávez consolidó sólidas alianzas. 8. Ejército. El Ejército de Nicaragua apoya el diálogo entre los dos bandos. «Es más institucional, el venezolano está fuertemente politizado», consiera Moya-Ocampos. «Maduro puede contar con el apoyo de los militares. En Nicaragua, las principales fuerzas represivas son los grupos de civiles armados favorables a Ortega», describe Celia. 9. Oposición. En Nicaragua, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia dirige las manifestaciones, y agrupa a estudiantes, empresarios, campesinos y miembros de la sociedad civil. No se trata de un partido político. En Venezuela, la Platafoma de Unidad Democrática (MUD), una alianza de formaciones políticas con intereses divergentes, es la que lidera las protestas. 10. Apoyos. El analista nicaragüense Mauricio Díaz percibe una cierta «confusión» en el seno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, de izquierdas) en el poder y destaca que «los dirigentes históricos no se posicionan claramente». «El madurismo ha conocido importantes desafecciones, pero la coalición en el poder ha permanecido unida durante la crisis», concluye De Alba.
...
7
...