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Noticias de nicaragua

20-07-2018 | Fuente: abc.es
Ayuno en Nicaragua en desagravio por la violencia represora
La población de Nicaragua respondió hoy a la invitación de los obispos para guardar un día de ayuno y recitar la oración de exorcismo a San Miguel Arcángel, en «desagravio por las profanaciones» de estos últimos meses «contra Dios» por la violencia desatada en el país. Las manifestaciones de protesta ?originalmente por razones económicas? contra el régimen autoritario sandinista se han saldado hasta el momento con 351 muertos, en su mayoría manifestantes abatidos por bala por policías y paramilitares. Los obispos instaron, «especialmente a los policías, militares y demás empleados públicos» que apoyan la violencia contra los nicaragüenses por orden del Gobierno, a reflexionar sobre la «grave y urgente» situación del país y a tomar las decisiones «que su conciencia les dicte y se comprometan a defender la vida, la verdad y la justicia». El llamamiento de la Conferencia Episcopal Nicaragüense (CEN), que preside el arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, se produce tras un recrudecimiento de la «represión y la violencia por parte de los paramilitares progubernamentales hacia las personas que protestan cívicamente». La crisis sociopolítica que atraviesa Nicaragua, que comenzó el 18 de abril como consecuencia de unas controvertidas y fallidas reformas a la seguridad social por decisión del presidente, Daniel Ortega, es la más sangrienta desde la década de 1980 en la nación centroamericana. «Lamentamos profundamente tanta muerte, dolor y sufrimiento de nuestro pueblo. Heridos, enjuiciados injustamente, amenazados, intimidados y los ultrajes cometidos contra quienes permanecieron en lugares de protestas pacíficas. Denunciamos los secuestros y detenciones arbitrarias, de que está siendo objeto la población civil», señaló la CEN mediante un comunicado. Asimismo, los obispos nicaragüenses denunciaron los ataques que sufren miembros de la mesa del Diálogo Nacional opuestos al Gobierno, defensores de los derechos humanos y medios de comunicación independientes. Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció ayer hoy la existencia de una «campaña de estigmatización» contra la Iglesia católica en Nicaragua y respaldó su labor en el diálogo nacional ante las crecientes críticas del Gobierno, que considera «golpistas» a los obispos. «Hemos visto una campaña de estigmatización a los miembros de la Iglesia como actores imparciales en la conducción de la mesa de diálogo nacional», dijo a Efe el secretario ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrão. La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha jugado un papel fundamental como mediadora en el diálogo nacional que busca poner fin a la violencia y que reúne al Ejecutivo y la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que aglutina al sector privado, la sociedad civil, estudiantes y campesinos. El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, calificó por su parte de «golpistas» a los obispos del país, y consideró que son cómplices de las fuerzas internas y de los grupos internacionales que, a su juicio, actúan en Nicaragua para derrocarlo. Ortega hizo esas acusaciones ante miles de sandinistas en una plaza de Managua y mientras conmemoraba el 39 aniversario de la revolución sandinista. El 7 de junio, la Conferencia Episcopal propuso a Ortega que adelantara a marzo de 2019 las elecciones fijadas para 2021.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
«Todo el mundo era sandinista en Nicaragua, pero este régimen es peor que el de Somoza»
Los choques violentos en las manifestaciones contra el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, han dejado una cifra que expresa por sí sola la trágica situación que atraviesa el país: 351 muertos y un número indeterminado de desaparecidos es el balance que se manejaba este viernes, días después de que la la Organización de Estados Americanos (OEA) condenara al régimen sandinista ?el Frente Sandinista de Liberación Nacional entró en Managua en 1979, acabando con la dictadura de Anastasio Somoza? y le pidiera adelantar las elecciones. «Toda la gente de Nicaragua era sandinista, pero ahora se ha decepcionado, porque en su momento hubo muchísimos muertos por la libertad y ahora este régimen ha salido peor», explica Carlos Pérez, un nicaragüense de 39 años afincado en Madrid, a ABC. «Ortega solo cuenta con los empleados públicos, de la parapolicía y de los paramilitares, porque no le apoya nadie más. Organiza marchas para demostrar que tiene músculo, paga a la gente para que vaya y les pone autobuses, pero aún así no llegan muchas personas», añade. Trazando una analogía macabra, pero significativa, Pérez recuerda que los cadáveres de las víctimas de Managua se pueden encontrar en «la Cuesta del Plomo», donde los cuerpos de los opositores a Somoza también eran, antaño, arrojados por sus verdugos. «Todo empezó con la reforma del Seguro Social, pero eso fue solo la excusa, lo que encendió la mecha, porque la gente ya estaba cansada del régimen. La represión sobre ancianos y estudiantes hizo que el resto de Nicaragua saliese a las calles a manifestarse», recuerda Pérez. «El Gobierno no sabía qué hacer, así que convocó una mesa de diálogo para ganar tiempo. Nunca se la tomó en serio. Hizo algunas promesas, de las cuales no ha cumplido ninguna, y más bien ha recrudecido la represión», lamenta. El pasado 11 de julio, la propuesta de diálogo quedó paralizada después de que el cardenal Leopoldo Brenes y el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag fueran agredidos en Diriamba, al sur del país, por paramilitares afines a Ortega. Precisamente, el Papa Francisco ha manifestado en varias ocasiones su disgusto por la situación que sufre el país americano, y ha pedido, como hizo a finales de abril, que «se evite un inútil derramamiento de sangre». Sus ruegos no han sido escuchados. «Ahora, lo peor son las detenciones arbitrarias. En Nicaragua hay unas familias que se llaman CPC [Consejos del Poder Ciudadano] y que son como los oídos del Gobierno, los que le llevan las listas diciendo ?fulanito es líder de este barrio? o ?fulanito ha ido a manifestarse?», señala Pérez. «A esas persona las llevan a prisión, les ponen cargos, les detienen y luego les encuentran muertos», describe, añadiendo que muchos de sus conocidos han optado por abandonar el país. «Este régimen es peor que el anterior, porque antes había una especie de guerrilla, de armados contra armados, pero ahora son paramilitares y parapolicías contra civiles», critica. Ambos grupos violentos, a los que el Ejército, que «dice no meterse», provee de armas, cometen sus asaltos «vestidos de paisanos», pero «con un mismo color de ropa» para distinguirse de los civiles. Amnistía Internacional ya denunció que «el Gobierno nicaragüense ha utilizado a personas armadas o a grupos progubernamentales armados que actúan con la complicidad de funcionarios estatales, en particular la Policía, o con su aquiescencia o tolerancia» en un informe publicado a finales de mayo. «Creo que la comunidad internacional debería pronunciarse más», concluye Pérez, al otro lado del teléfono.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Venezuela y Nicaragua: gobiernos asesinos
Cuando creíamos que América Latina no podría sufrir escenas más dolorosas que las provocadas por la represión en Venezuela; cuando habíamos supuesto equivocadamente, que el caso venezolano era excepcional, y que en ninguna otra parte del continente era posible reproducir hechos de violencia tan desproporcionada; cuando los analistas habían estimado que, luego de las matanzas en las calles de las ciudades venezolanas, ya no sería posible que eso volviese a ocurrir en esta parte del mundo, henos aquí abofeteados por lo que viene sucediendo en Nicaragua desde el pasado 18 de abril. Al momento de escribir este artículo, la información proveniente de los últimos hechos, es todavía confusa. No se cuenta con datos firmes. Lo que sí sabemos es que los muertos sobrepasan el escandaloso número de 300 y que los heridos se cuentan por miles. También sabemos que la destrucción de infraestructura causada por los grupos paramilitares, agrega una táctica devastadora, en un país cuyo signo esencial es la pobreza de la mayoría. A la devastación de la pobreza se ha agregado ahora la devastación de la violencia política. Como en Venezuela, el gobierno ha respondido con las mismas estrategias: por una parte, simular, no más que unos días, su interés en un posible acuerdo producto del diálogo. Por otra parte, ha sacado a las calles grupos de paramilitares con una instrucción que no deja lugar a dudas: matar. Matar y matar, haciendo uso de una fuerza desproporcionada, que incluye armas de guerra, francotiradores, cuerpos policiales y participación constante de delincuentes comunes. En todas las ciudades donde se han producido estos terribles eventos, se ha seguido un patrón que pone en evidencia los perversos intercambios en curso entre los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. No voy a repetir aquí lo que ya se ha dicho bastante: hay evidentes semejanzas en los métodos paramilitares y represivos utilizados por ambas dictaduras. Una y otra han diseñado estrategias, planes y han hecho inversiones para mantener muy bien aceitadas estructuras cuya capacidad principal consiste en matar: matar a quien se oponga al objetivo de la pareja Ortega, que es permanecer en el poder de forma ilimitada. Es lo mismo que ocurre con los Maduro en Venezuela: la meta de permanecer en el poder por tiempo ilimitado debe ejecutarse al costo que sea: violentando la Constitución vigente a cada minuto; inventando un circo llamado Asamblea Nacional Constituyente; cerrando medios de comunicación; sometiendo a la sociedad a condiciones extremas de hambre, enfermedad e hiperinflación; destruyendo a Petróleos de Venezuela, porque se aspiraba a que ella fuese, no una industria productiva, sino la caja chica del populismo y la corrupción galopante. Venezuela fue siempre un país muy distinto a Nicaragua. El brutal empobrecimiento venezolano, nos ha aproximado en muchos sentidos. En ambos, el robo de los dineros públicos ocurre a manos llenas y sin controles. En ambos, los familiares de la pareja presidencial controlan negocios, contratos, prebendas y ejercen una nefasta influencia corruptora en las instituciones del Estado. En ambos, unas cortes de aduladores, funcionarios y agentes cubanos, les repiten que todo está bien, que ellos son unas víctimas del imperialismo y que no hay alternativa a la de disparar y matar a quienes se les opongan. En medio de todo este horror, hay cuestiones a las que debe hacerse seguimiento. Por ejemplo, la posible presencia de paramilitares venezolanos en Nicaragua. Hay algo verdaderamente siniestro en la política exterior de Cuba, que actúa en la trastienda y alienta a los gobiernos de ambos países a desconocer las leyes, los derechos humanos y las más básicas necesidades de los pueblos respectivos. A lo anterior hay que sumar las complicidades internacionales. A menudo, esas complicidades están basadas en la negación de los hechos. En el desconocimiento de la realidad. Que todavía haya medios de comunicación que repiten que lo ocurrido en Nicaragua es responsabilidad de los estudiantes que salieron a protestar, es un dato que nos dice que la lucha que los demócratas tenemos por delante está plagada de exigencias y campos de batalla en la política, la comunicación y los tribunales internacionales especializados en crímenes de lesa humanidad.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Parecidos y diferencias entre la Venezuela de Maduro y la Nicaragua de Ortega
La crisis nicaragüense recuerda a la situación en Venezuela, país golpeado desde hace meses por graves problemas económicos y políticos donde las manifestaciones son reprimidas con violencia. Aquí, cinco parecidos y diferencias entre la situación de ambos países. 1. Control político. Los dos movimientos de protestas piden la salida de los dos dirigentes de izquierda, Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, o elecciones adelantadas. Contra ellos, los gobiernos utilizan la misma estrategia. «Han apartado a los líderes y partidos de oposición. No por las urnas, sino a través de decisiones de Justicia o de la autoridad electoral, engañosas e ilegales. Ortega lo hizo durante los comicios de 2016 y Maduro le imitó en 2018», explicó a AFP el politólogo venezolano Luis Salamanca. Ambos «han censurado a los medios de comunicación y reforzado su autoridad eliminando los contrapoderes», añadió Juan Felipe Celia, del centro de análisis Atlantic Council en Washington. 2. Represión. Llamadas «turbas sandinistas» en Nicaragua o «colectivos» en Venezuela, estos grupos paramilitares próximos al poder son utilizados «para enfrentarse a los manifestantes», explicó el experto en relaciones internacionales Mariano de Alba. «Actúan en apariencia por su propia cuenta, pero a pesar de su aspecto de civiles, forman parte del aparato de seguridad del gobierno para agredir e intimidar a los opositores», explica a AFP el analista Diego Moya-Ocampos, del gabinete IHS Markit de Londres. Pero «el gobierno nicaragüense ha tenido una mano de hierro, ha matado mucho más», añade. Al menos 125 personas murieron en cuatro meses de manifestaciones en Venezuela, frente a las 280 en Nicaragua en tres meses. 3. Retórica. En ambos países, los opositores acusan a los presidentes de haber instaurando una «dictadura». Por su parte, ambos gobiernos califican a los manifestantes de «terroristas» y de «golpistas de derechas» financiados por Estados Unidos, subraya Mariano de Alba. 4. Negociación. El sociólogo nicaragüense Óscar Vargas considera que, como Maduro, Ortega busca tomar aliento durante las fases de negociación mientras se centra en «la usura y la división de la oposición». «La solución depende en gran medida de las divisiones de la coliación en el poder o del apoyo del Ejército», considera Mariano de Alba. 5. Presión internacional. Los dos gobiernos están aíslados de la escena internacional y han sido diana de sanciones estadounidenses. La situación en Nicaragua, sin embargo, «no ha acaparado tanta atención como la venezolana», según Mariano de Alba. 6. Economía. Venezuela está atrapada en una grave crisis, pero el gobierno puede apoyarse en la renta petrolera (el 96% de sus ingresos). «Ortega depende de los empresarios y de los nicaragüenses para que la economía se mantenga a flote», revela Mariano de Alba. «Nicaragua es una economía muy débil, frágil, y eso podría ser un punto de ruptura si la crisis no se soluciona en el corto plazo», juzga la analista nicaragüense Elvira Cuadra. El Banco Central de Nicaragua ha bajado del 4,9% al 1% su previsión de crecimiento para este año. 7. Peso político. Para Cuadra, el peso regional de los dos países también es diferente. Gracias a la bendición petrolera, el difunto presidente Hugo Chávez consolidó sólidas alianzas. 8. Ejército. El Ejército de Nicaragua apoya el diálogo entre los dos bandos. «Es más institucional, el venezolano está fuertemente politizado», consiera Moya-Ocampos. «Maduro puede contar con el apoyo de los militares. En Nicaragua, las principales fuerzas represivas son los grupos de civiles armados favorables a Ortega», describe Celia. 9. Oposición. En Nicaragua, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia dirige las manifestaciones, y agrupa a estudiantes, empresarios, campesinos y miembros de la sociedad civil. No se trata de un partido político. En Venezuela, la Platafoma de Unidad Democrática (MUD), una alianza de formaciones políticas con intereses divergentes, es la que lidera las protestas. 10. Apoyos. El analista nicaragüense Mauricio Díaz percibe una cierta «confusión» en el seno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, de izquierdas) en el poder y destaca que «los dirigentes históricos no se posicionan claramente». «El madurismo ha conocido importantes desafecciones, pero la coalición en el poder ha permanecido unida durante la crisis», concluye De Alba.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Daniel Ortega festeja su particular victoria en el aniversario de la revolución sandinista
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se dio este viernes un baño de masas jaleado por miles de simpatizantes del FSLN, que celebraron con el mandatario el 39º aniversario de la revolución sandinista, ondeando banderas rojinegras que alfombraron la Plaza de la Fe de Managua. En medio de un ambiente festivo, ancianos, adultos, jóvenes y niños ataviados con símbolos del Frente Sandinista de Liberación Nacional se unieron en una sola voz en defensa de Ortega, en una coyuntura en la que una gran mayoría de nicaragüenses exigen su dimisión por su gestión al frente del Gobierno, que dio lugar a las revueltas que comenzaron el 18 de abril. En el contexto de las protestas populares, la población opositora, a la que el Gobierno acusa de intento de golpe de Estado, ha celebrado en los últimos tres meses decenas de manifestaciones y protestas, en las que se pide la paz, la justicia y la libertad para el país, términos que, paradójicamente, coinciden con los que utiliza Ortega en su discurso. Y de igual modo, en las marchas o concentraciones de unos y de otros, de orteguistas y opositores, suenan las mismas canciones tradicionales, los mismos himnos, las mismas arengas en favor de una Nicaragua libre y justa, pero en situaciones diferentes, en contextos distintos y por motivos dispares. Unos buscan que finalicen las protestas y el consiguiente cese de la violencia, a condición de que el comandante se quede al frente del poder, mientras otros insisten en su petición de que Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, abandonen la Presidencia y se adelanten las elecciones. «El comandante se queda», frente a «de que se van, se van (Ortega y Murillo)». Son dos de los gritos de guerra de los bandos enfrentados, miembros de la misma familia en algunos casos, cuya opción política opuesta los ha llevado a romper la relación que otorgan los lazos de sangre. Un simpatizante de Ortega que pidió ser identificado como Juan Antonio dijo a Efe que Nicaragua «mejoró en todos los aspectos» desde que el presidente llegó al poder hace once años, «y esa es la razón» por la que todos los nicaragüenses deberían «agradecerle y hacer que se quede por muchos años». «En nuestro país hubo mucha corrupción, muchos problemas con la salud pública y con la educación, pero con la llegada de Daniel, todo se arregló y esas personas (opositores) lo agradecen pidiendo su dimisión y generando violencia en todo el país», dijo el sandinista. Preguntado por la autoría de los asesinatos de 351 personas desde el 18 de abril, Juan Antonio aseguró no saber «quién ha matado a esa gente, pero no ha sido nadie que trabaje para el Gobierno» de Ortega. «Eso sí lo puedo decir, porque estoy muy seguro», agregó. El mismo discurso se repitió en diversas ocasiones entre los simpatizantes de Ortega, quienes, siguiendo las consignas del mandatario y usando sus mismas palabras, no admiten que los autores de esas muertes hayan sido las «fuerzas combinadas» sandinistas, formadas por policías, parapolicías, paramilitares y antimotines. Insisten, tal y como explicó Wilma, simpatizante de Ortega, a Efe, que «todo es porque le quieren quitar el poder a Daniel para ponerse ellos, mediante un golpe de Estado». En la misma línea que Juan Antonio, Wilma, quien no supo responder a la pregunta de quiénes son «ellos», los que buscan ocupar el lugar de Ortega, aseguró que «ningún miembro» del Gobierno «mató a nadie». Al término de la celebración, se elevó el sonido de la música y sonaron los cohetes mientras los asistentes despedían a su líder entre gritos de «el pueblo unido jamás será vencido» o «el comandante se queda», entre otros. Este año, la celebración del aniversario de la revolución se llevó a cabo en una coyuntura nunca antes vivida en Nicaragua, en el contexto de una sangrienta crisis sociopolítica y el clamor popular por la renuncia del mandatario por parte de miles de nicaragüenses.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Daniel Ortega festeja el aniversario de la revolución sandinista con 351 muertos a sus espaldas
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se dio este viernes un baño de masas jaleado por miles de simpatizantes del FSLN, que celebraron con el mandatario el 39º aniversario de la revolución sandinista, ondeando banderas rojinegras que alfombraron la Plaza de la Fe de Managua. En medio de un ambiente festivo, ancianos, adultos, jóvenes y niños ataviados con símbolos del Frente Sandinista de Liberación Nacional se unieron en una sola voz en defensa de Ortega, en una coyuntura en la que una gran mayoría de nicaragüenses exigen su dimisión por su gestión al frente del Gobierno, que dio lugar a las revueltas que comenzaron el 18 de abril. En el contexto de las protestas populares, la población opositora, a la que el Gobierno acusa de intento de golpe de Estado, ha celebrado en los últimos tres meses decenas de manifestaciones y protestas, en las que se pide la paz, la justicia y la libertad para el país, términos que, paradójicamente, coinciden con los que utiliza Ortega en su discurso. Y de igual modo, en las marchas o concentraciones de unos y de otros, de orteguistas y opositores, suenan las mismas canciones tradicionales, los mismos himnos, las mismas arengas en favor de una Nicaragua libre y justa, pero en situaciones diferentes, en contextos distintos y por motivos dispares. Unos buscan que finalicen las protestas y el consiguiente cese de la violencia, a condición de que el comandante se quede al frente del poder, mientras otros insisten en su petición de que Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, abandonen la Presidencia y se adelanten las elecciones. «El comandante se queda», frente a «de que se van, se van (Ortega y Murillo)». Son dos de los gritos de guerra de los bandos enfrentados, miembros de la misma familia en algunos casos, cuya opción política opuesta los ha llevado a romper la relación que otorgan los lazos de sangre. Un simpatizante de Ortega que pidió ser identificado como Juan Antonio dijo a Efe que Nicaragua «mejoró en todos los aspectos» desde que el presidente llegó al poder hace once años, «y esa es la razón» por la que todos los nicaragüenses deberían «agradecerle y hacer que se quede por muchos años». «En nuestro país hubo mucha corrupción, muchos problemas con la salud pública y con la educación, pero con la llegada de Daniel, todo se arregló y esas personas (opositores) lo agradecen pidiendo su dimisión y generando violencia en todo el país», dijo el sandinista. Preguntado por la autoría de los asesinatos de 351 personas desde el 18 de abril, Juan Antonio aseguró no saber «quién ha matado a esa gente, pero no ha sido nadie que trabaje para el Gobierno» de Ortega. «Eso sí lo puedo decir, porque estoy muy seguro», agregó. El mismo discurso se repitió en diversas ocasiones entre los simpatizantes de Ortega, quienes, siguiendo las consignas del mandatario y usando sus mismas palabras, no admiten que los autores de esas muertes hayan sido las «fuerzas combinadas» sandinistas, formadas por policías, parapolicías, paramilitares y antimotines. Insisten, tal y como explicó Wilma, simpatizante de Ortega, a Efe, que «todo es porque le quieren quitar el poder a Daniel para ponerse ellos, mediante un golpe de Estado». En la misma línea que Juan Antonio, Wilma, quien no supo responder a la pregunta de quiénes son «ellos», los que buscan ocupar el lugar de Ortega, aseguró que «ningún miembro» del Gobierno «mató a nadie». Al término de la celebración, se elevó el sonido de la música y sonaron los cohetes mientras los asistentes despedían a su líder entre gritos de «el pueblo unido jamás será vencido» o «el comandante se queda», entre otros. Este año, la celebración del aniversario de la revolución se llevó a cabo en una coyuntura nunca antes vivida en Nicaragua, en el contexto de una sangrienta crisis sociopolítica y el clamor popular por la renuncia del mandatario por parte de miles de nicaragüenses.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Ortega acusa de «golpistas» a la Conferencia Episcopal de Nicaragua
El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, ha acustado de «golpistas» a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y de ser cómplices, junto con fuerzas internas y fuerzas externas, de intentar derrocarlo del poder. Durante un discurso ante miles de sandinistas en una plaza de Managua, el mandatario denunció que muchos templos fueron ocupados como cuarteles para guardar municiones y salir a atacar y asesinar, en el marco de la crisis sociopolítica que atraviesa Nicaragua desde el pasado 18 de abril. La Conferencia Episcopal, mediadora y testigo del diálogo nacional, propuso al presidente Ortega adelantar las elecciones generales para el 31 de marzo de 2019 sin posibilidad de reelección para superar la crisis. Ortega reveló que cuando los obispos le hicieron esa propuesta, el 7 de junio pasado, se «sorprendió» y cuando recibió el documento, que además de adelantar los comicios planea la reestructuración del Estado, se dijo así mismo: «Están comprometidos con los golpistas». «Eran parte del plan con los golpistas», continuó el mandatario, ante miles de nicaragüenses que se congregaron en la Plaza de la Fe, Juan Pablo II, una explanada ubicada a orillas del Lago de Managua, en conmemoración del 39 aniversario de la revolución sandinista. «Me duele mucho decir esto, porque yo le tengo aprecio a los obispos, les respeto, soy católico», agregó. Según dijo, dentro del Episcopado hay obispos con posiciones de mayor confrontación y otros más moderados, «pero lamentablemente siempre se impone la línea de la confrontación, no de la mediación». Ortega calificó la propuesta de los obispos, de adelantar las elecciones y reestructurar el Estado, como un «golpe de Estado», y que no era la posición de un mediador, sino de una institución que estaba «tomando partido» en el marco de la crisis. «Me asombré, me dolió que los señores obispos tuvieran esa actitud de golpistas», insistió Ortega, quien afirmó que se llenó de la paciencia de Job cuando le hicieron esa propuesta y que, aún así, les dijo que la plantearan en el diálogo a ver si encontraba consenso. A juicio del mandatario, los obispos «se descalificaron como mediadores y testigos», porque con su propuesta de anticipar los comicios, enviaron un mensaje «claro» de que están a favor del «golpe» de Estado. «Es lo que más me ha dolido, porque llegué a pensar que con los obispos podíamos encontrar acuerdos que nos ayudara a consolidar la paz», añadió. Según Ortega, la actual crisis en la que está sumergida Nicaragua «ha sido una batalla dolorosa, porque hemos enfrentado una conspiración armada y financiada por fuerzas internas y por fuerzas externas que totalmente identificamos», aunque no las mencionó. Acusó a esas «fuerzas» de iniciar «la agresión» en el marco de las protestas y de «provocar los muertos», porque, según dijo, «lanzaban a los jóvenes de los barrios» a las calles. Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, con Ortega también como presidente. Las protestas se iniciaron el 18 de abril pasado, por unas fallidas reformas a la seguridad social, y se convirtieron en una reclamación que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) han responsabilizado al Gobierno de Ortega de graves violaciones a los derechos humanos en el marco de la actual crisis, que ha dejado más de 350 muertos, según organismos humanitarios. La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó este jueves una resolución que pide a Ortega apoyar «un calendario electoral» acordado en el diálogo nacional, mediado por la Iglesia católica, en una fórmula que busca elecciones anticipadas como vía para salir de la crisis. La resolución fue aprobada con el voto a favor de 21 de los 34 miembros activos de la OEA, mientras que tres (Nicaragua, Venezuela y San Vicente y las Granadinas) votaron en contra y se registraron siete abstenciones y tres ausentes.
20-07-2018 | Fuente: elpais.com
El bastión rebelde de Monimbó resiste el asedio de los paramilitares de Ortega
Paramilitares leales al presidente de Nicaragua toman Masaya, cuyo barrio indígena asegura que no se doblegará
19-07-2018 | Fuente: elpais.com
El bastión rebelde de Monimbó resiste el asedio de los paramilitares de Ortega
Paramilitares leales al presidente de Nicaragua toman Masaya, cuyo barrio indígena asegura que no se doblegará
19-07-2018 | Fuente: abc.es
Claves para entender la crisis de Nicaragua
Cuando se cumplen tres meses del inicio de las protestas en Nicaragua, que, de momento ha dejado 350 muertos y más de 1.800 heridos, según Human Rights Watch, la OEA exige a Daniel Ortega el adelanto de elecciones a 2019. El gobierno del matrimonio Ortega y Rosario Murillo (vicepresidenta), cuenta con el apoyo de las fuerzas policiales, las turbas paramilitares y las Juventudes Sandinistas, además de sus aliados socialistas: Cuba y Venezuela. Estas son las principales claves y fechas para entender el caos que sufre el país centroamericano. Inicio de las protestas: El 18 de abril estudiantes, jubilados y empresarios salieron a las calles contra la reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que el presidente Ortega aprobó unilateralmente, por la que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empresarios e imponía una retención del 5% a los jubilados, con el objetivo de tapar los casos de corrupción multimillonarios. Al día siguiente, las protestas se extienden a otras ciudades y los antimotines reprimen a los estudiantes, donde mueren tres personas: Dos estudiantes y un policía. Esa misma jornada Ortega ordena el cierre de dos cadenas de televisión independientes y un canal de la Conferencia Episcopal. Marcha atrás de Ortega Después del inicio de las protestas, las calles siguen incendiadas. El 22 de abril Daniel Ortega anuncia la retirada de la reforma de la Seguridad Social que en una semana ya había provocado tres decenas de muertos. A pesar de la marcha atrás, aumenta la violencia y Ortega ordenó el despliegue del ejército en ciudades importantes como la capital, Managua. Un día después, el día del libro, el escritor Sergio Ramírez dedicó su premio Cervantes a «los nicaragüenses asesinados estos días por reclamar justicia». Fracaso de diálogo El 18 de mayo, cuando se cumplía un mes del inicio de las protestas, comienza la primera jornada de diálogo con una tregua de 72 horas, que no se cumple y continúa la violencia, por lo que se suspenden las conversaciones. El papel de la Iglesia es clave en las negociaciones, ya que actúa de mediadora y testigo en la mesa de diálogo, sobre todo, el monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, que se han convertido en símbolos de la protesta nacional y en defensores de los jóvenes que resisten en las calles. Propuesta a Estados Unidos El mes de junio se inicia con un giro, Ortega ofrece una propuesta a Estados Unidos para adelantar las elecciones de 2021, para solucionar la crisis. Pero las protestas siguen en las calles: La patronal convoca una huelga para presionar a Ortega y que ponga fin a la violencia en las calles. El 15 de junio se vuelve al diálogo y tanto oposición como gobierno deciden invitar a mediadores internacionales para investigar las muertes violentas, pero la violencia continúa y seis miembros de una familia muren calcinados en su casa tras un ataque de grupos parapoliciales, según los testigos. Dos meses del inicio de la crisis, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos pone de manifiesto que la situación en Nicaragua «bien podría merecer» una investigación internacional. Continua la violencia en julio El 7 de julio la Asociación Nicaragüense por los Derechos Humanos recoge la cifra de 351 muertos, después de que los enfrentamientos en Jintope y en Diriambia dejasen 21 víctimas mortales. También la Conferencia Episcopal sufre ataques violentos, como el que padeció el cardenal Leopoldo Brenes, y como consecuencia se suspende el diálogo. Las manifestaciones continúan y piden la dimisión de Ortega, además de otro paro nacional, mientras los sandinistas recrean el repliegue táctico de fuerza de época de Somoza a través de una caravana entre Managua y Masaya. Presión internacional Estados Unidos, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y trece países latinoamericanos exigen el fin de la violencia policial. Daniel Ortega hace oídos sordos y un día después, el 17 de julio, más de 1.500 efectivos del ejército, de la policía y parapoliciales asedian la ciudad de Masaya, último bastión contra Ortega. El 18 de julio la OEA se reunió en sesión permanente y aprobó por 21 votos a favor y tres en contra, entre ellos la propia Nicaragua, Venezuela y San Vicente y las Granadinas, y con la ausencia de Bolivia, que se levantó de la sesión, el adelanto de las elecciones en el país centroamericano a 2019.
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