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Noticias de nazismo

12-03-2018 | Fuente: abc.es
Le Pen «rebautiza» al FN con un nombre casi idéntico al de un partido fascista francés de la ocupación nazi
El futuro partido de la extrema derecha francesa, «Rassemblement national» (Agrupación Nacional) (RN), ha entrado en crisis antes de poder existir: ese nombre pudiera estar registrado por un grupúsculo que amenaza con perseguir judicialmente a Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional (FN), enterrado prematuramente en el congreso de la «refundación» y el giro apocalíptico, en Lille, el fin de semana pasado. Horas después que Marine Le Pen propusiera a los participantes en el XVI congreso del FN, fundado por su padre en 1972, Igor Kurek, presidente de un grupúsculo ultra nacionalista, anunció por todas las cadenas de radio y tv que el nombre Rassemblement national (RN) es una marca políticamente registrada, de su propiedad. En tanto que presidente del RN ya existente, Igor Kurek declara: «El Frente Nacional de Marine Le Pen no podrá llamarse nunca Rassemblement national porque ese nombre es la marca registrada de nuestro propio partido. Si Marine Le Pen se obstina, presentaré una querella ante la justicia, denunciando la usurpación del nombre». Prudente, Marine Le Pen propuso a los militantes de su partido enterrar el nombre de Frente Nacional, para romper definitivamente con su padre, sustituyéndolo por el de Rassemblement national. La presidenta del enterrado FN anunció que el nuevo nombre debería ser aprobado «en referéndum» por los militantes de la extrema derecha. Aturdida, tras la revelaciones de un dirigente político que dice ser propietario de la marca Rassemblement national, Le Pen se apresuró a declarar que su partido era propietario de la misma marca, con anterioridad. El riesgo de un eventual proceso judicial, enfrentando a los propietarios presuntos o reales de la marca RN, multiplicaría los frentes de crisis esperpéntica, cuando Marine Le Pen está enfrentada a cara de perro con su propio padre, Jean-Marie Le Pen, que utilizó la misma marca en varias elecciones, durante los años sesenta y setenta del siglo pasado. Rassemblement national populaire ya fue el nombre de un partido de extrema derecha colaboradora con el nazismo alemán, en la Francia ocupada de 1941 y 1944. Rassemblement national, eliminado el «popular», ya fue un grupúsculo y «cartel» de la extrema derecha durante los años sesenta del siglo pasado, cuando Jean-Marie Le Pen era un «discípulo» aventajado de un abogado ultra derechista, Jean-Louis Tixier-Vignancour. Tras fundar el FN en 1972, Jean-Marie Le Pen siguió utilizando el nombre de Rassemblement national para hacer varias campañas electorales. Y ese mismo nombre fue utilizado por los diputados del FN entre 1986 y 1988. Aspirando a «refundar« la extrema derecha, Marine Le Pen se ha tirado ella sola en una piscina donde flotan los restos podridos de otros partidos y grupúsculos que ya usaron con dudosa fortuna el mismo nombre que ella desea dar a su «nuevo» partido, Rassemblement national.
11-03-2018 | Fuente: abc.es
«O tiramos Gobiernos o ponemos Gobiernos que no puedan gobernar»
El basurero de la historia estaba hasta ahora completo: allí fueron a parar el nazismo, el estalinismo, los nacionalismos y las guerras mundiales. Sin embargo, la crisis económica ha sacado del contenedor a nacionalismos y populismos, que pululan por Europa como Pedro por su casa. El auge de estos movimientos ha troceado el voto en los países europeos, como recientemente en Italia, hasta convertir sus Parlamentos en quesos cortados en miniporciones. Donde en España el queso se lo repartían dos partidos hoy hay cuatro a la mesa; en Austria se ha pasado de tres a cinco comensales; en Irlanda de tres a seis; en Francia, los cuatro tradicionales han de repartirlo con cinco y así sucesivamente. Hasta la crisis, la democracia era entendida como un modo de legitimar Gobiernos a través de la ciudadanía; ahora la democracia se entiende como «un ejercicio de bloquear al que gobierna, el ciudadano cree que el que le manda es su enemigo y por eso el ideal de toda barra de bar es bloquear la acción del político, ponerle coto. O tiramos Gobiernos o ponemos Gobiernos que no puedan gobernar», mantiene José Luis Barreiro, doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Esa fragmentación del voto europeo se debe, a juicio del economista e historiador Gabriel Tortella, al «anquilosamiento de los partidos tradicionales que no logran adaptarse a los cambios sociales». Es decir, cuando la gente ve en peligro su nivel de vida «busca soluciones radicales y simplistas». O dicho en otras palabras: la sociedad evoluciona, y las viejas ideologías que atraían a trabajadores y burgueses se van quedando anticuadas ante una sociedad más fluida, donde las distinciones de clase se diluyen y resurgen grupos de interés: pensionistas, mujeres, desempleados, micronacionalistas..». Como si volviéramos a los gremios de la Inglaterra de Ken Follet en «Los pilares de la tierra». Por eso, nuevos gobernantes como el presidente francés, Emmanuel Macron, han hecho suyas banderas «de gremio», como la del feminismo, que, a la vista de lo ocurrido el jueves pasado, reporta muchos más beneficios electorales que defender este o aquel sesgo ideológico. Por eso el paradigma del inmovilismo, Mariano Rajoy, tumbó como un resorte las reticencias contra la movilización femenina de algunas de sus compañeras de partido para colocarse desde primera hora el lazo morado en defensa de la igualdad. Macron, Rajoy y el feminismo Macron y Rajoy, no en vano dos de los gobernantes europeos con mayor estabilidad, saben que ese es el camino para resistir. Para Tortella, si los partidos tradicionales no quieren morir «deben mostrar flexibilidad» y dependerá mucho su supervivencia «de su capacidad para resolver los problemas que se van presentando». El de las mujeres es uno de los más importantes. Cristina, Santamarina, doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, dirige su mirada a las instituciones: «Hay una radicalización de la tendencia de voto que da cuenta de la falta de consenso de las opciones más centrales, de la debilidad de predicamento y de la autoridad de las instituciones». Esto es, la sociedad desconfía de las instituciones primero por causas tan graves como la corrupción pero también porque, según Santamarina, las instituciones «no han sido capaces de comunicar la importancia de su existencia a la ciudadanía». De ahí que el Movimiento Cinco Estrellas italiano junto a La Liga Norte hayan mordido la mitad del queso. Y por eso ese país se ha estrenado como el primero de la UE en que el voto de protesta, el voto contra el establishment político, se alza con la mayoría absoluta. O de ahí también que la mismísima Alemania, a pesar de que ha logrado frenar a los partidos eurófobos y antisistema, haya estado inopinadamente cinco meses sin Gobierno. Por no hablar de España, cuya parálisis durante casi un año pasará a los libros de texto. La consecuencia de ello es, en palabras de Barreiro, que «mientras antes la pluralidad era tener varias opciones para gobernar, como ha ocurrido desde la transición en España, ahora la pluralidad es que haya muchos partidos pero para no gobernar». El catedrático de Sociología de la UNED, Juan Jesús González, apunta a la gravísima crisis de la socialdemocracia y a la ruptura del pacto social en Europa como hilo conductor de la división del voto. Ese pacto de posguerra que establecía que amplios sectores tendrían una sólida cobertura social, se ha roto. «Las políticas de austeridad ?sostiene González?, que tienen más repercusión en la periferia de Europa que en el centro, han fragmentado social y políticamente al continente». Por ello, no es tanto la crisis económica reciente como la manera en que se afronta ese problema el causante del troceamiento. Los ejes políticos también han variado: en España donde había bipartidismo fundamentado en la rivalidad entre izquierda y derecha, desde 2015 se reformula entre vieja y nueva política. Por eso los 11 millones de votos de Zapatero se dividen casi por la mitad en 2015 con la entrada de Podemos y, por eso también, Ciudadanos emerge para sustraerle votos a Rajoy, como referente de las nuevas clases medias convirtiendo al PP «en el partido de los mayores», con menos empuje que las clases urbanas. Adiós a la socialdemocracia Es el mismo fenómeno que ya había experimentado el PSOE. Y en Europa partidos socialdemócratas como el PS francés, el Pasok griego o hace unos días el PD italiano del efímero Matteo Renzi. Barreiro también señala al ocaso de la socialdemocracia. «Esto no pasó durante treinta años y ahora pasa porque la socialdemocracia europea es incapaz de colaborar en la estabilidad». El caso español es de libro, según el politólogo gallego. «Mientras Pedro Sánchez, que atiende a intereses electorales cortoplacistas, da manotazos de ciego sobre el sistema para arañar votos, otros socialistas, fuera ya de la visión de la inmediatez, como Felipe González o Alfonso Guerra, tienen clarísimo que hay que hacer justo lo contrario». Lo más preocupante de estos procesos de descomposición política es la estela de debilidad sistémica que dejan. Barreiro sostiene que «con Gobiernos tan difíciles e inestables, los sistemas no funcionan. Eran como una maquinaria de reloj suizo, pero cuando se toca el Código Penal, las Autonomías, la ley electoral? pues el sistema se bloquea». Cataluña es un ejemplo. A falta de capacidad de pactar entre los partidos antes de que estallara la crisis, ahora el problema es casi irresoluble. Así lo describe: «Cuando al Gobierno se le tildaba de fábrica de nacionalistas el problema se podía haber arreglado con un acuerdo entre partidos en una mañana. Ahora ya no se arregla ni con 200 acuerdos en 200 mañanas». Ni siquiera la UE es ya la solución. Primero porque, como apunta la profesora Santamarina, «un caso como el italiano debilita aún más la importancia del proyecto europeo y por ello los Estados nacionales y las instituciones supraeuropeas deben volver a convocar pactos de confianza con los ciudadanos, más allá incluso de los partidos políticos tradicionales». Más Europa, sí, pero «con un nuevo pacto social», reclama Juan Jesús González.
08-03-2018 | Fuente: abc.es
Uno de los detalles más coloristas del acuerdo de gran coalición que Merkel ha firmado con los socialdemócratas es el nuevo bautismo del Ministerio de Interior, que muy posiblemente ocupará el socialcristiano bávaro Horst Seehofer y que a partir de ahora se llamará Ministerio de Interior, Construcción y «Heimat». Heimat no significa exactamente patria, como ha traducido alarmado The New York Times, por lo que no responde a la realidad que Alemania vaya ahora a tener un nuevo «Ministerio de la Patria». El Ministerio ya estaba ahí y patria en alemán se dice más bien «Vaterland». Y aunque lo significase, no justificaría una alarma por un supuesto giro del gobierno alemán hacia la extrema derecha o hacia el nacionalismo, un terreno ajeno incluso a los más conservadores de la CDU de Merkel y en las antípodas de los ideales de sus socios socialdemócratas (SPD). «Heimat» significa más bien hogar. Forma parte de expresiones como «sentirse en casa», «dirección habitual«, «poeta de la zona» o «terruño». En el corazón de los alemanes evocaba pastel de manzana de la abuela y velas de Adviento hasta que adquirió su connotación negativa cuando Hitler vinculó el término a la idea de nación, pasando a formar parte también de expresiones como «certificado de nacionalidad», «apátrida» o «devoción por la tierra natal«. Por eso, desde la II Guerra Mundial, la palabra era esquivada por todos menos por quienes deseaban mostrar sus coqueteos con el nazismo. Sin embargo la palabra «Heimat» ha renacido recientemente en boca del partido antieuropeo y anti extranjeros Alternativa para Alemania (AfD), que la enarbola como clavo ardiente al que agarrarse en un país a su juicio invadido por extranjeros contraculturales. Y ese es el motivo por el que la gran coalición se ha servido ahora del término: no para girar a la derecha, como preocupa al New York Times, sino para dejar claro a AfD que no puede apropiarse de palabras que pertenecen legítimamente a todos y que despiertan sentimientos muy arraigados. El resto de los partidos ha decidido luchar contra AfD con sus propias armas lingüísticas. Merkel saludó recientemente la llegada de su sucesora al frente de la CDU, Annegrett Kramp-Karrenbauen, diciendo que «va a dar un gran impulso y a crear más Heimat en el partido». El diputado de Turingia Mike Mohring fue el primero en proponer un Ministerio del Heimat federal, para «responder a las preocupaciones de la gente en el Este y Oeste que sienten que se han quedado atrás». «Existe una gran necesidad de Heimat, de sentir que se pertenece a algo», diagnosticaba el cristianodemócrata Jens Spahn en su análisis de la situación política alemana el pasado Miércoles de Ceniza, «pero no por sentir esa necesidad de hogar hay que dirigir necesariamente el voto a AfD porque esos conceptos están muy presentes en el programa de otros partidos, como el nuestro». Los Verdes reivindican ahora reiteradamente el «Heimat» para defender la unión de los alemanes en contra de las políticas propuestas por el AfD y el parlamentario socialdemócrata Karamba Diaby, nacido en Senegal y de raza negra, defiende abiertamente el nuevo nombre del Ministerio ante los medios de comunicación, asegurando que el término promueve la «inclusión y la integración» y que para él, «Heimat» también conlleva las ideas de «sentirte bien donde estás, porque hay respeto, tolerancia y participación». El portavoz del actual Ministerio del Interior, Johannes Dimroth, no ha podido todavía especificar si el cambio de nombre conllevará cambios de competencias para esa cartera, aunque del texto del acuerdo de gran coalición no se desprende ninguna. Y lo cierto es que ya existen en Alemania dos Bundesländer con ministerios que contienen la palabra «Heimat» en su denominación. Uno es el Consejo Local de Construcción, Igualdad y del Heimat de Renania del Norte Westfalia y el otro es el Ministerio de Finanzas, Desarrollo Regional y del Heimat, de Baviera, cuyo cometido es incrementar con fondos públicos las oportunidades laborales y el desarrollo de infraestructuras en la región, la conexión de toda la región al internet, y la descentralización. También promueve la identidad regional, premiando a aquellas localidades que «preserven el arte, la cultura, las tradiciones y costumbre regionales». En Baviera, de donde proviene el futuro ministro Horst Seehofer, se publica anualmente un «Reporte del Heimat», una especie de informe sobre el estado de la región, y es en este territorio donde más urgente resulta cortar el vínculo que AfD ha establecido con las referencias al propio hogar como si se tratasen de una peculiaridad de su programa político, puesto que las próximas elecciones regionales serán decisivas para la consolidación de ese partido como segunda fuerza política alemana. En las redes sociales, el nuevo nombre del Ministerio ha sido motivo de chanza. «Nos obligarán a llevar Lederhose?». Se preguntaba uno de los twitts más repetidos, en referencia a los típicos pantalones cortos de peto de la Oktoberfest. Pero ni una sola crítica se ha escuchado desde las bancadas de la izquierda, al margen de estas breves expresiones virtuales. «¿Y por qué iban a criticarlo?«, se pregunta el escritor y editor de Cultura de Mitteldeutsche Zeitung Andreas Montag, «no logro entender qué tiene de malo o de sospechoso que la gente ame de todo corazón el país en el que vive, el paisaje con el que se sienten conectados. Por supuesto nada, siempre y cuando ese archivo adjunto no excluya al otro, como parece suceder entre los indignados ciudadanos de Pegida», dice en alusión al grupo «Patriotas alemanes contra la islamización de Occidente».
03-03-2018 | Fuente: abc.es
¿Por qué una Gran Coalición es tan difícil en España cuando en Alemania ya ha habido tres?
A la espera del resultado del voto de las bases del SPD, de una consulta que determinará si la Gran Coalición entre ese partido y el bloque conservador del CDU-CSU sale adelante, el futuro de Alemania sigue en vilo. Durante estos años, tanto en 2005 como en 2013, Angela Merkel se ha servido del acuerdo entre los dos grandes partidos para ser investida canciller. Una solución que no ha sido imitada en España, donde un pacto equivalente de gobierno entre el PP y el PSOE sería difícil de imaginar; así pudo comprobarse, al menos, por las declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba o Mariano Rajoy luego de las elecciones generales de marzo de 2016, cuando ambos políticos desecharon esa posibilidad. Lo cierto es que la Gran Coalición es una fórmula típicamente alemana, nacida en los años turbulentos de la Guerra Fría y en las circunstancias singularísimas que atravesaba esa nación partida en dos como consecuencia, en parte, de la Segunda Guerra Mundial. La República Federal de Alemania (RFA), una democracia liberal adscrita al bloque occidental y con una economía de libre mercado, había nacido en 1949, como también lo había hecho la República Democrática de Alemania (RDA), una democracia «popular» bajo el influjo de la Unión Soviética y regida, a pesar del colorete, por un partido único, el SED, que contaba, porque así estaba establecido, con un número fijo, y mayoritario, de escaños en la Cámara del Pueblo. El nacimiento del SED (en español, Partido Socialista Unificado de Alemania) se había oficializado en el congreso celebrado en Berlín entre el 21 y el 22 de abril de 1946, y había sido posible gracias a la fusión entre los socialdemócratas y los comunistas del este, en una conjunción que pretendía lograr, según había afirmado entonces el comunista Walter Ulbricht, el «renacimiento del movimiento obrero alemán»; Ulbricht, gustoso beneficiario de ese «renacimiento», se había convertido, entre 1960 y 1973, en el máximo dirigente de la RDA como presidente de su Consejo de Estado. A él, tras el breve paso por el cargo de Willi Stoph, le había sucedido, en 1976, el durísimo Erich Honecker, alérgico a cualquier aperturismo, como el propuesto por el soviético Gorbachov, que resquebrajara a la RDA. Para el recuerdo, y como resumen de una época, queda retratado su beso con Brejnev, el mandatario soviético en una célebre pintura sobre los restos del Muro de Berlín. El beso de Brejnev y HoneckerEl viaje ideológico del SPD en la RFA fue muy distinto. Kurt Schumacher, líder socialdemócrata recluido, por el nazismo, en el campo de concentración de Dachau, se cerró en banda y se negó a repetir el experimento unionista de la RDA. El anticomunismo se adhirió al espíritu del SPD occidental, que mantuvo su autonomía y que siguió destilando su ideología de posos marxistas hasta el congreso de Bad Godesberg, un encuentro celebrado en 1959 donde también abandonó la dialéctica de la lucha de clases. Según el diputado Herbert Wehner, el congreso también supuso la renuncia a socializar el Estado. El historiador Tony Judt, en su obra «Postguerra», señala que «el nuevo programa del Partido allí adoptado estableció claramente 'el socialismo democrático, enraizado en Europa de la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica, no pretende proclamar verdades absolutas'». Acceder al poder La reforma del SPD de la RFA no solo fue fruto de las reflexiones ideológicas, sino también de fines pragmáticos. Desde el nacimiento del nuevo Estado, los socialdemócratas no habían alcanzado los resultados necesarios como para formar gobierno; de hecho, el partido no accedía a él desde el 27 de marzo de 1930 o, lo que es lo mismo, desde poco antes del final de la República de Weimar, del sistema político derrocado tras la subida, en enero de 1933, del nazismo al poder. Convenía, por tanto, volver a atraer a los electores. Los años 60 fueron una década de oro para conseguirlo, sobre todo por la crisis presuspuestaria y el incremento de la inflanción que sufría el país. Así las cosas, la Gran Coalición de 1966 nació con el reto de superar las convulsiones de ese periodo, teniendo también que lidiar con la izquierda antiparlamentaria, crítica con la aprobación de las leyes de emergencia que habilitaban al Gobierno para actuar en situaciones de excepción. Las muertes violentas de algunos militantes del movimiento tiñieron de sangre el final de la década de los 60 y anunciaron los años de plomo de la siguiente. Es el caso del líder estudiantil Rudi Dutschke, gravemente herido por un miembro de la extrema derecha el 11 de abril de 1968. Para más inri, el por entonces canciller, el conservador Kurt Georg Kiesinger, tenía una biografía polémica. Miembro del partido nazi desde marzo de 1933, había trabajado en el Ministerio de Asuntos Exteriores del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial, a unque en 1944 había recibido la acusación de tener «tendencias políticas que podrían ser hostiles a la política exterior del Führer». Muy diferente era el itinerario biográfico de su vicecanciller, el carismático y socialdemócrata Willy Brandt. Brandt, que en realidad se llamaba Herbert, había militado en formaciones socialistas desde su juventud y luego, en 1933, se había exiliado a Noruega, donde había huido del regimen totalitario que se asentaba en Alemania. Además de vicecanciller, Brandt había desempeñado, en la Gran Coalición, el cargo de ministro de Asuntos Exteriores. Aunque cartera siempre clave, en un contexto histórico de Guerra Fría, y en un país como la República Federal de Alemania, el desempeño de esa responsabilidad era particularmente delicada y útil. Desde él pudo potenciar la «Ostpolitik» o política del este, una estrategia consistente en acercarse a las «democracias populares» de la órbita de la Unión Soviética con el objetivo de promover, en ellas, el cambio político. Willy Brandt en 1972Final de una edad de oro La Gran Coalición terminó en 1969 y permitió al SPD demostrar que era un partido capaz de ponerse a las riendas de la RFA. De hecho, en las elecciones de ese año, Willy Brandt fue elegido como nuevo canciller; en esa ocasión, la coalición de gobierno se formó con el SPD y con los liberales del FDP, el tradicional partido bisagra. Comenzaron entonces años gloriosos para la socialdemocracia de la Alemania occidental, época dorada en la que Helmut Schdmidt , que subió a la cancillería en 1974 y que enfrentó una de las mayores crisis internas del país, la del terrorismo de la banda de extrema izquierda Baader-Meinhof, también fue protagonista. Hoy en día, la situación de la formación dista mucho de la de entonces. Martin Schulz, que concurrió como candidato del SPD a las elecciones del pasado año, se vio obligado a renunciar a la presidencia del partido por los decepcionantes resultados obtenidos en los comicios. «El SPD necesita una renovación», señaló entonces. Junto a las tensiones internas, el futuro del partido no parece muy halagüeño. En Alemania, la Gran Coalición cumplió la función de solucionar la crisis económica, y fue posible gracias a la necesidad del SPD de acceder al poder para demostrar que lo podía detentar con éxito. Su remodelación ideológica y su abrazo al pragmatismo facilitaron que gobernara junto al CSU-CDU. En España, la capacidad de alcanzar un acuerdo de ese tipo, con un PSOE que se ha balanceado hacia Ciudadanos o hacia Podemos pero no hacia el PP, parece, al menos a día de hoy, imposible.
05-02-2018 | Fuente: abc.es
Polonia trata de blindar la verdad histórica del Holocausto
Quién afirme que existieron los «campos de concentración polacos» durante el Holocausto incurre en un delito en Polonia que está penado con hasta tres años de cárcel. Ninguna advertencia de dentro y fuera de sus fronteras ha impedido que Polonia aprobara la controvertida ley sobre el Holocausto que establece esta pena. Desde hace muchas décadas, las autoridades polacas de muy diverso signo y la propia sociedad civil protestan airadamente siempre que alguien, véase el presidente norteamericano Barack Obama en 2012, habla de «campos de concentración polacos» o «campos de exterminio polacos». Ha sucedido con frecuencia. Y las protestas tienen toda la razón. Es una monstruosidad histórica. Porque los campos estaban en Polonia pero no eran polacos. Definirlos como tales implica una imputación a Polonia que es falsa, injusta y gravemente injuriosa. Los campos de concentración y exterminio habidos en los territorios polacos de antes y después de la Segunda Guerra Mundial eran campos nazis alemanes, concebidos, construidos, organizados, gestionados y dirigidos exclusivamente por las tropas de ocupación de la Alemania nazi y sus colaboradores. Pero la controversia sobre la ley no surge de que ese hecho incuestionable sea puesto en duda. Sino del temor a que la ley que limite la libertad para recordar otras facetas como la colaboración de polacos en el exterminio de los judíos de Europa central y oriental. Polonia fue la principal víctima de la vesania criminal nazi, pero en los casi seis años de ocupación hubo por supuesto casos de colaboración de la población civil con el ocupante nazi alemán. Especialmente en la persecución de judíos alimentada por un antisemitismo extendido por Centroeuropa. Como por Europa occidental. La colaboración con el nazismo en Polonia fue mínima si se compara con la habida en Francia, Bélgica u Holanda. Siendo la brutalidad de la ocupación alemana infinitamente mayor en Polonia que en los países europeos occidentales. La ley dice que será perseguido «todo el que atribuya al Estado o a la nación polaca alguna responsabilidad en los crímenes del Tercer Reich alemán», y permite una discrecionalidad peligrosa que va más allá de la mentira de los «campos polacos». Israel ha protestado con tanta vehemencia contra esa ley que ha desencadenado una crisis diplomática. También sufren las relaciones con Washington, el gran aliado estratégico de Varsovia, aun por encima de la UE. Polonia vuelve así al centro de críticas internacionales. Lo está a veces por el mero hecho de tener un gobierno conservador, ideológicamente lejano a los consensos socialdemócratas el núcleo de UE. Pero ahora el malestar afecta también a quienes en EE.UU., Europa e Israel ven con simpatía a un gobierno polaco derechista que se resiste al seguidismo de la política culturalmente izquierdizante que domina en la UE. Combatir la mentira por ley lleva directamente al infierno. Porque utilizar la ley para imponer hechos históricos genera más problemas de los que soluciona. También Israel, ahora iracunda con Polonia, tiene leyes que persiguen penalmente cuestionar el genocidio y los crímenes contra judíos. Pero ahí también hay zonas grises y agujeros negros. Como los crímenes contra judíos cometidos por judíos colaboracionistas de los nazis. La primera piedra en ese empedrado maldito está en las leyes contra el negacionismo surgidas de las órdenes de las fuerzas aliadas de ocupación en Alemania y Austria tras 1945. Negar el Holocausto se consideró delito porque se entendía como intento de rehabilitación y reactivación (Wiederbetätigung) del nazismo. A partir de ahí, el negacionismo está prohibido en muchos países pese a quienes creen que este tipo de leyes hacen menos bien que mal. Al abusarse de ellas para recortar libertades de expresión, opinión e investigación. Caso extremo, insólito en Europa es la nueva Ley de Memoria Histórica que presentó el PSOE en el Congreso y que pretende imponer con draconianas penas de cárcel e inhabilitación una determinada visión de la historia de España en el siglo XX. Esa ley no parte de la defensa de una verdad histórica como la ley polaca, sino de la voluntad de reprimir toda verdad histórica que no convenga a la versión frentepopulista de república, guerra civil y franquismo. Blindar la verdad con leyes como en Polonia es peligroso. Aún lo es más blindar la mentira como quieren hacer en España.
27-01-2018 | Fuente: elpais.com
El magnate que salvó a miles de judíos en Bolivia
Un archivo histórico revela que el empresario minero Moritz Hochschild ayudó a familias que escapaban del nazismo en la Segunda Guerra Mundial
15-12-2017 | Fuente: elpais.com
La Nobel que salvó del nazismo a otra Nobel
La escritora sueca Selma Lagerlöf facilitó en 1940 el salvoconducto para la huida de la poeta Nelly Sachs
27-11-2017 | Fuente: abc.es
Nick Clegg recibe en Madrid el Premio Otto de Habsburgo por «dar la batalla por el ideal europeo»
El archiduque Otto de Habsburgo, primogénito del último Emperador de Austria y Rey de Hungría, fue una de las grandes figuras del europeísmo. Tras luchar contra el nazismo, consagró buena parte de su vida a la causa de una Europa unida. Colaboró con el conde Coudenhove-Kalergi, fundador de la Unión Paneuropea, una organización en la que le sucedió como presidente internacional en 1973. Durante dos décadas, además, fue eurodiputado por la CSU. Falleció en 2011 en Pöcking (Baviera), a la edad de 98 años. Su nombre da hoy nombre al galardón con el que el Comité Español de la entidad que presidió reconoce la labor de personalidades que se han destacado en la defensa del proyecto europeo. Este año, en su XIV edición, ha recaído en Nick Clegg, uno de los políticos británicos que más se ha opuesto al Brexit y con más denuedo ha abanderado la permanencia del Reino Undo en la UE. El presidente del Comité Español de la Unión Paneuropea, el periodista Ramón Pérez-Maura, hizo entrega este lunes del Premio Otto de Habsburgo a Clegg en un sencillo acto celebrado en Madrid, al que asistieron el ministro de Educación, Cultura y Deporte y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, quien fue el anterior presidente del Comité, y la archiduquesa Mónika de Habsburgo-Lorena, hija del propio Otto de Habsburgo y actual vicepresidenta de la organización que concede el galardón. Pérez-Maura: «El premio es un reconocimiento a las batallas que ha ha dado en defensa del ideal europeo» Durante la entrega, Pérez-Maura destacó que el premio supone un reconocimiento a «las batallas» que el ex viceprimer ministro británico y antiguo líder de los liberal demócratas del Reino Unido «ha dado en defensa del ideal europeo». Por su parte, Méndez de Vigo calificó el Brexit de «catástrofe» y aventuró que «otro gallo habría cantado si Nick hubiese estado en el gobierno» cuando se convocó el referéndum en el que se decidió la salida del Reino Unido de la UE, en junio del pasado año. El hoy portavoz del Gobierno conoció a Clegg cuando este era alumno del Colegio Europeo de Brujas (Bruselas), del que el titular de Educación español sigue siendo presidente. Méndez de Vigo: «Otro gallo habría cantado con el Brexit si Nick hubiese estado en el gobierno» El premiado consideró un «honor tremendo» recibir el galardón y comentó que acudir a Madrid a recogerlo le permitía «escapar de la locura del Brexit». En sus palabras de agradecimiento, se preguntó qué diría Otto de Habsburgo, del que recordó que «luchó toda su vida contra el nacismo y el comunismo», ante las amenazas que sufre ahora Europa, como «el separatismo, el nacionalismo y la polarización de las democracias». Para Clegg, es «importante reformar Europa para reforzar Europa». Se refirió a la necesidad de adaptarse a los retos económicos tras la crisis desencadenada en 2008, de desarrollar políticas sociales para los jóvenes, prepararse para los cambios tecnológicos y proteger el medio ambiente, pero no se debe olvidar, enfatizó, que «Europa es una idea, un sueño». Por eso animó al «redescubrimiento» de la UE como «una comunidad de valores». En esta línea, aseguró que «es posible, pero con convicción, que es lo que faltó en mi país, podemos parar el Brexit».
07-11-2017 | Fuente: elpais.com
La justicia francesa devuelve un Pissarro a una familia expoliada durante el nazismo
Los descendientes de Simon Bauer logran recuperar 'La cosecha', confiscado en 1943
07-11-2017 | Fuente: elpais.com
La justicia francesa devuelve un ?pissarro? a una familia expoliada en el nazismo
Los descendientes de Simon Bauer logran recuperar 'La cosecha', confiscado en 1943
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