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Noticias de museo guggenheim

01-06-2018 | Fuente: elmundo.es
Chagall ruso, Chagall judío y Chagall desatado
El Museo Guggenheim de Bilbao reúne la desperdigada colección del genio ruso de las vanguardias desde hoy y hasta el 2 de septiembre de este año 
30-05-2018 | Fuente: elmundo.es
ARS Magazine entrega los premios Arte y Empresa 2018 en su décimo aniversario
Plácido Arango, la Fundación Telefónica, El Museo Guggenheim Bilbao, Alicia Koplowitz, la Ciudad de Málaga, el Meadows y el Museo del Prado han sido los galardonados en 2018. El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo presidió el acto y estuvo acompañado por José Pedro Pérez-Llorca y Miguel Falomir, presidente del Patronato y director del Museo del Prado. 
29-07-2017 | Fuente: abc.es
Un pueblo ecologista para contener a la ultraderecha en la cuenca minera de Francia
Es sábado por la tarde y llueve a cántaros en Loos-en-Gohelle, un particular pueblecito de la cuenca minera del norte de Francia. De pronto, en una plaza donde no se ve ni un alma, aparece el alcalde al trote para sortear las gotas y abrir las puertas de su ayuntamiento. Triatleta en sus ratos libres, Jean-François Caron, de 60 años, sube con agilidad las escaleras que conducen a su despacho. A diferencia de otros políticos en pueblos vecinos, Caron renunció a esperanzas cortoplacistas de devolver los trabajos de la mina por medio de masivo empleo público a cambio de un objetivo más lejano: su pequeño pueblo lucha por zafarse del colapso minero convirtiéndose en ejemplo de los Acuerdos de París contra el Cambio Climático, que hace dos meses rechazó Donald Trump. De antepasados mineros y padre también alcalde, Caron no solo ha cambiado la imagen de Loos, sino también su identidad frente a la vecina Hénin-Beaumont, epicentro del Frente Nacional de Marine Le Pen y a tan solo 10 minutos en coche, que vive aún de la nostalgia por los años dorados de la mina y los puestos de trabajo de las grandes factorías extranjeras. «Vale, aquí el Frente Nacional solo ganó en la primera vuelta de las presidenciales con el 39% de los votos, pero la ciudad de al lado hizo 52», responde Caron con un marcado acento norteño a la pregunta de por qué el mismo pueblo que le vota a él desde hace 16 años prefiere al Frente Nacional en las generales. Del perchero apostado a su espalda cuelga una banda con los colores franceses junto a una bufanda verde. «¿El símbolo de una Francia ecologista? No me había dado cuenta, qué casualidad», ríe al levantarse y ordenar los papeles que hablan de su particular revolución. Al día siguiente de hacerse la entrevista, Emmanuel Macron ganó a Marine Le Pen, nueva lideresa de la ultraderecha patria y con quien Caron se ha topado varias veces en su carrera política. Le Pen, diputada por el Paso de Calais en la Asamblea Nacional, «hace todo por destruirte en el debate, con muy malas formas». De cara a sus votantes lo hace muy bien. «Con un modelo contrario al que yo propongo, ella les dice: ?voy a estar muy atenta a vuestros problemas y os protegeré de los inmigrantes que os quitan los trabajos?. El pueblo obrero de mina tiene poca costumbre de crear empresas, ha vivido durante décadas de un sistema clientelar promovido por los comunistas y socialistas, acostumbrados a un poder fuerte y autoritario y a tejer un sistema clientelista con los vecinos», apunta. El alcalde de Loos-en-Gohelle, Jean-François Caron, en la entrevista con ABC- F. J. C. En los últimos coletazos de la crisis económica, Caron, que ha sido reelegido hasta con el 82% de los votos, cree que el mundo se encamina hacia su tercera revolución industrial con el abandono de las energías fósiles frente a la economía de las renovables gracias a la transformación tecnológica. «El alcalde de Loos-en-Gohelle lo gestiona muy bien. Aunque en las elecciones municipales Caron gana fácilmente, en las nacionales los verdes no ganan nada, esto demuestra que los retos locales son muy diferentes que los nacionales. Tiene una visión de futuro que es buena, pero está muy solo», asegura Gilles Huchette, coordinador de Euralens, una asociación creada en 2009 para fomentar el trabajo por medio de la cultura. Su objetivo: emular el ejemplo vasco con el museo Guggenheim en Bilbao, pero en la cuenca minera francesa y con Louvre Lens. En España, hace cinco años 200 mineros de Asturias, León y Aragón entraron entre vítores en Madrid tras 20 días de «marcha negra» hacia la capital para demandar la supervivencia de la minería de carbón al Ministerio de Industria, que «había decidido» recortar el 63% de los fondos a un sector abocado a su extinción. La Unión Europea fijó el 31 de diciembre de 2018 como fin de la continuidad de las ayudas públicas a las minas de carbón. «Esta es la región más afectada de Francia: no hay trabajo, no hay nada. Y los inmigrantes con sus peleas y todo lo que han traído han dañado mucho a los comercios», asegura a ABC Laurine, una joven de 24 años oriunda de Nord Pas de Calais que votó por el Frente Nacional. Para ella, Francia debería tener el derecho de a cerrar su frontera y rechazar a los que han entrado ilegalmente, más aún si la UE no respeta los acuerdos de reparto. «Loos es una buena idea en el futuro, pero no a corto plazo, con la desesperanza y el paro que hay, la gente necesita ya empleos de forma urgente. Es difícil que la gente, tal como está, pueda seguir esperando más». La decisión del Gobierno socialista de Mitterrand hace treinta años de cortar la vía minera por no ser rentable frente al carbón importado significó el fin de 220.000 empleos en la región. Desigualdad Francia Infogram El carbón construyó todo: escuelas, hospitales.. Han venido gente de Bélgica, Polonia, del Magreb, Italia y hasta 30 nacionalidades distintas. Así puedes ver jóvenes con apellidos polacos votando por el Frente NacionalColor pizarra, la central de producción de electricidad fotovoltaica demuestra la oportunidad de desarrollar las energías renovables sin alterar el paisaje. El principal pilar de la transición ecológica de Loos, dice Caron, no es la revolución tecnológica sino una verdadera democracia participativa. El paro de la región supera con creces la media nacional, sin embargo, en Loos, el desempleo se encuentra 4 puntos por debajo de Lens-Hénin (18%). «El carbón construyó todo: escuelas, hospitales.. Han venido gente de Bélgica, Polonia, del Magreb, Italia y hasta 30 nacionalidades distintas. Así puedes ver jóvenes con apellidos polacos votando por el Frente Nacional», dice Huchette sobre la región. La decepción con los partidos tradicionales y la falta de credibilidad de un alcalde, socialista, que les ha fallado (Gérard Dalongeville) les ha llevado a votar al FN, especialmente en Hénin-Beaumont», sostiene la concejal ecologista en Hénin-Beaumont, Marine Tondelier, que acaba de publicar un libro «Nouvelles du Front», sobre la vida en el pueblo tras la llegada al poder del actual alcalde frentista, Steeve Briois. «El caso de Dalongeville es vergonzoso, increíble, pillaba el avión para pasearse, gastaba una barbaridad para una ciudad tan pequeña como Henin-Beaumont», critica el alcalde de Loos. El orgullo de ser minero pesa tanto como la desilusión, hasta rozar la vergüenza de haber sido las víctimas de una industria en clara decadencia desde los años sesenta. «Pese a los avances técnicos, hombres y niños son explotados», narra el periodista francés Philippe Chibani-Jacquot en el libro «El pueblo piloto del desarrollo sostenible». La región logró sus avances sociales a fuerza de violentas huelgas tras escándalos como el de 1906, cuando una explosión de grisú -gas metano en más de un 90% y se forma a la vez que el carbón- causó la muerte de 1.100 mineros en Courrieres, a unos 15 kilómetros. En España, murieron seis mineros a finales de 2013 por este mismo gas en el Pozo Emilio del Valle en La Pola de Gordón (León). Francia, Abril de 1906. Los supervivientes de la Catástrofe de Courrières, en la cuenca minera de Pas de Calais, después de ser visitados por el Ministro de Obras Públicas Mr. Barthou- Charles Chusseau Flaviens Pas de Calais alberga la única cuenca minera en el mundo patrimonio de la Humanidad, la misma que inspiró a Émile Zola para escribir «Germinal». El flamante ministro de la Transición Ecológica, Nicolas Hulot, quiere acabar con la vida de la mina, el infame oficio al que se dedica la familia Maheu, protagonista del libro, por el que desde el abuelo hasta la nieta de 15 años se matan inundando sus pulmones de hollín por unos míseros francos pagados por la Compañía y la burguesía vividora de las rentas en la Francia post revolucionaria. Caron presume de carácter atípico en política, incluso ante sus colegas de partido. «No entro en los estándares clásicos. Mis raíces familiares han tenido un gran papel en la zona, con un pedigrí muy social. Mi bisabuelo fue delegado minero y un revolucionario más o menos de la época de «Germinal», promotor de varias huelgas contra las pésimas condiciones de la mina. Además llamó a sus hijos con los nombres de la revolución francesa: Juvenal, Danton, Rosa, Eglantine, Louis Michel, Ferrer y Voltaire», describe. Los mineros de la novela de Zola se granjearon fama de borrachos entre los burgueses. «En vez de ahorrar unos ?sous? (antigua moneda francesa que de 5 céntimos) como nuestros campesinos, los mineros beben, contraen deudas y terminan por no tener nada con qué alimentar a su familia», le espetaron en casa de los burgueses cuando la señora de la familia protagonista mendigaba por unas monedas para dar de comer a su numerosa y pobre familia, en la que hasta los niños trabajaban picando piedra. Con dignidad ella negó la mayor: «Mi marido no bebe». Francia, 10/03/1906. La catástrofe de Courrières donde murieron mil cien mineros. En la imagen, el pueblo esperando noticias delante de la entrada a los pozos- M. Rol; A los hombres les repugnaba un trabajo que no les permitía siquiera saldar sus deudas, escribe Zola, en un tiempo en el que los salarios de los mineros se reducían a lo estrictamente necesario para que permitiera al obrero subsistir y reproducirse. «Además, había que entender las cosas: un minero necesitaba una jarra para limpiar el polvo de los pulmones». De ese clasismo de Germinal adolece el nuevo presidente francés Emmanuel Macron, según sus detractores. En un viaje a Noeux les mines (Pas de Calais) del pasado enero, el hoy presidente «jupiteriano» -como él mismo se define- denunció la falta de «salubridad y los problemas sociales» en la cuenca minera y un exceso de «tabaco y alcohol» en las últimas décadas tras el colapso del sector. Con las escombreras más altas de Europa, a simple vista, poco se diferencia la piel de Loos con la de sus pueblos vecinos. Pero, por ejemplo, el ayuntamiento es de los primeros edificios oficiales de alta calidad medioambiental -autónomo energéticamente- y varios paneles solares recubren el techo de la iglesia de Saint Vaast. Desde el consistorio aprovecharon que las tormentas volaron todo el techo de pizarra de la iglesia para renovar las instalaciones e instalar 200 metros cuadrados de paneles, que permiten a la ciudad ganar 5.000 euros al año, según un reportaje de «Le Monde» sobre la «revolución» ecológica de Loos. En veinte años se han construido más de 150 nuevas viviendas ecológicas aspirando a cumplir las normas ambientales del proyecto Horizon 2050, auspiciado por la Unión Europea. «Fascismo del siglo XXI» Pas de Calais es la región con el peor nivel de idiomas extranjeros de Francia. El desfase en educación entre zonas del país es exagerado«Pas de Calais es la región con el peor nivel de idiomas extranjeros de Francia. El desfase en educación entre zonas del país es exagerado», comenta Caron. Aquí la gente moría a los 40 por silicosis, los paisajes estaban destruidos, teníamos una imagen catastrófica? La cuenca minera es una vergüenza para el país porque aquí no tienen estudios, son nulos..», continúa. Aunque los indicadores económicos sitúan a la localidad por debajo de la media nacional, el indicador de desarrollo humano la sitúa arriba de la región, al mismo nivel que la próspera Lille, la gran ciudad del norte. «Soy muy pesimista. No creo que vuelva la industria. Soy originaria de la cuenca minera y he visto el desarrollo de Lens y los alrededores de la mano de los socialistas y comunistas, y en tantos años en el poder no buscaron un futuro más allá del carbón y la fábrica. El alcalde de Loos está muy solo», asegura Carine, mediadora cultural de la región. Desde Jacques Chirac, ningún otro presidente de la V República había perdido tanta valoración como Emmanuel Macron en los primeros cien días en el Elíseo. Proyectó en campaña un gran cambio para su país, una catarsis en pro de la vanguardia tecnológica; atraer con la economía colaborativa a los jóvenes desheredados de los suburbios de mayoría musulmana o a los hijos de mineros que votan por la nueva ultraderecha del Frente Nacional. Tras la retirada de Trump del Acuerdo de París, Macron dio un golpe de efecto con su campaña «Make our planet great again» (Hacer nuestro planeta grande de nuevo), para atraer científicos y académicos a Francia. «Yo voto a Macron porque cuando está en juego la democracia, ni me lo pienso. Pero luego tiene que cumplir, tengo profundos desacuerdos con él», dice Caron, que rechaza lo que llama «modelo Mélenchon» o cualquier otro de extrema izquierda: «Decretar la verdad no funciona, necesitas implicar a la gente». La importancia del modelo Loos llegó a la Cumbre del Clima en París a finales de 2015, en la que líderes mundiales como Obama planeaban visitar este pequeño pueblo del norte. Los atentados del Bataclan cancelaron la cita. En las elecciones de 2007, los verdes hicieron su peor marca, cinco años después apenas ganaron 200,000 votos más pero sin llegar al millón de votos, en 2002 cosecharon casi millón y medio, y en estas últimas se integraron en la candidatura del socialista Benoît Hamon, que consiguió el peor resultado de la historia de su partido. «He rechazado siempre el círculo parisino a diferencia de otros miembros de los verdes como Marine Tondalier? Para ganar en un partido político hay que pasar más tiempo en ?compadreos? antes de una Asamblea que luchando por cosas concretas. Así, el ecologismo se ha alejado del terreno y nunca ha tenido unos resultados tan malos. Yo he ganado por ser independiente y no sectario». Caron confía en la personalidad del ministro ecologista para en las discusiones de gobierno y acelerar la aplicación de la ley de transición energética. «Proponemos de aquí a 2022 el cese de toda la producción de electricidad a partir del carbón», anunció el ministro de la Transición Ecológica, Nicolas Hulot, a principios de este mes. Curtido en el show televisivo, Hulot procede del frío y lejano norte, de Lille, capital «roja» de una región que dominó en las últimas elecciones presidenciales el Frente Nacional. Caron alerta al nuevo presidente: «Tenemos que evitar que la cuenca minera sea el laboratorio del fascismo del siglo XXI. Ese es uno de sus grandes retos». La catástrofe minera de Courrieres. El obrero Augusto Berthon, último superviviente sacado de l amina después de estar 25 días bajo tierra- Valerian Gribayedoff;
29-06-2017 | Fuente: elmundo.es
El videoartista Bill Viola descubre su alma en el Museo Guggenheim Bilbao
La muestra, que consta de 27 obras, podrá verse a partir de mañana hasta el 9 de noviembre 
07-05-2017 | Fuente: abc.es
El laboratorio de Marine Le Pen para conquistar Francia
Francia está fracturada. Al norte, la economía tiembla, los jóvenes no encuentran trabajo y sus padres perdieron el suyo en la mina o por la deslocalización de las grandes empresas. Parisinos como el rockstar de las letras francesas Michel Houellebecq -que se abstendrá- no se ven reflejados en la rabia y el mundo de Marine Le Pen, que ha llegado a la segunda vuelta alertando de la situación crítica de la Francia periférica: menos glamurosa, más gris y pesimista. Para los millones de franceses que votarán hoy a Macron, el ultraderechista Frente Nacional ha dibujado un apocalipsis que solo existe en su imaginación. Si París tiene dos caras -centro burgués y suburbios de inmigrantes-, a nivel nacional hay dos universos distintos que se disputan la hegemonía y el rumbo del país. Desde 2014, el pueblo de Hénin-Beaumont, en el corazón de la cuenca minera de Altos de Francia, es la ciudad probeta del Frente Nacional, desde donde Marine Le Pen ha querido demostrar que puede gestionar con éxito todo el país. «Aquí no lo están haciendo nada mal y eso me asusta», comenta Jean-Claude frente a un panel electoral donde no está Macron, solo Le Pen. «Hablo como ciudadano, no como funcionario del Ayuntamiento, y te digo que aunque soy de izquierdas lo están haciendo mejor que los socialistas y comunistas en el pasado. Teníamos a un alcalde que estuvo muchos años en el poder y ha terminado en la cárcel por corrupción». Jean-Claude, de unos 60 años y que se abstendrá hoy, cree que Marine Le Pen «compra» a la gente que está muy mal con ayudas sociales, trabajos públicos y mejorando como sea sus vidas: «Todo el mundo mira lo que pasa en Hénin-Beaumont». Decepción y paro Uno de los bastiones del Frente Nacional para ganar hoy El Elíseo es esta región, con un paro que supera el 25% -más del doble la media francesa- y tasas de pobreza que llegan hasta el 42% en el caso de Roubaix o el 31% en Lens, pero no todos votan a Marine por las mismas razones. «Aquí no son fascistas, están airados con la corrupción y la falta de trabajo. La decepción con los partidos tradicionales y la falta de credibilidad de un alcalde, socialista, que les ha fallado (Gérard Dalongeville) les ha llevado a votar al FN. No tiene nada que ver con Calais -donde el voto al FN está más ligado a la crisis migratoria-, aquí la minería de carbón ha influido muchísimo», sostiene la concejal ecologista, Marine Tondelier, que acaba de publicar un libro «Nouvelles du Front», sobre la vida en el pueblo tras la llegada al poder del actual alcalde frentista, Steeve Briois. «Este alcalde lo está haciendo muy bien, ha bajado los impuestos, ha dado trabajo en el Ayuntamiento, habla con la gente, es simpático y se preocupa por nosotros, nada que ver con el anterior que ni lo conocían en el Ayuntamiento o su predecesor, ahora en la cárcel por corrupto», apunta Jean Michel en un bar de la plaza del pueblo a 200 metros de la sede del FN, y al que va a comer a menudo el alcalde, según reconoce el dueño, Dino. De orígenes italianos, lleva ocho años en Francia y reconoce que el FN ha hecho un buen trabajo en Hénin-Beaumont: «Hay muchísimo paro. Se han ido empresas muy importantes como la multinacional Samsonite (multinacional estadounidense). Este pueblo siempre ha sido un bastión de comunistas y socialistas. «No votan al partido por ideología. Como aquí la derecha tradicional no cuenta apenas, pensamos: «¿por qué no votar por el FN?». Una victoria de Macron «sería una derrota para los norteños», opina el analista del canal francés CNews, Harold Hyman, aunque no cree que estalle ninguna rebelión «de los blancos de los norte». «Macron viene de Amiens, en Picardía, -donde tuvo el incidente de la fábrica de Whirlpool con los obreros en plena campaña-, y comprende la angustia de la gente. Les tratará de tranquilizar e invertirá allí». En la noche electoral de la primera vuelta, Marine Le Pen organizó su baño de masas en Hénin-Beaumont, irónicamente en el pabellón François Mitterrand, expresidente socialista. Le Pen votó y volverá a votar en esta ciudad minera de 26.000 habitantes. «Antes de la victoria del FN no vino apenas, ahora sí que aparece por aquí», subraya Jean Michel. Nord Pas de Calais clausuró sus últimas minas de carbón en 1990 por la reconversión industrial, poniendo fin a 200 años de historia minera. «En esta zona antes no había nada. El carbón construyó todo: escuelas, hospitales.. Han venido gente de Bélgica, Polonia, del Magreb, Italia y hasta 30 nacionalidades distintas. Así puedes ver jóvenes con apellidos polacos votando por el Frente Nacional», asegura a ABC Gilles Huchette, coordinador de Euralens, una asociación creada en 2009 para fomentar el trabajo por medio de la cultura. Su objetivo: emular el ejemplo vasco con el museo Guggenheim en Bilbao, pero en la cuenca minera francesa y con Louvre Lens. Vincent, de 28 años y en paro, votará al FN: «Llegué hace tres años a Henin para buscar trabajo en logística e informática. No soy racista, como no lo es tampoco mucha gente que les votará. Lo hacemos por la falta de trabajo en el norte, necesitamos un cambio y no seguir como con Hollande», explica. Aunque no le gusta que Le Pen recurra tanto a la inmigración para llegar a la gente, admite que en Calais sí que han sufrido con la llegada masiva de refugiados. «Mi padrino, policía en Calais, me dijo que los inmigrantes detenían constantemente a los camiones y coches, que era todo caos y que la gente de allí está harta de eso». Según un panfleto local del FN, «es la hora de elegir» entre quien apoya el velo en el trabajo y el burkini en la playa y quien respeta la defensa de los derechos de las mujeres, pero sobre todo entre quien «aumentará los impuestos» y quien «mejorará los bolsillos de los jubilados y los pobres». Esto es Hénin-Beaumont, la probeta de Marine.
07-05-2017 | Fuente: abc.es
Macron y Le Pen: la economía y el miedo fracturan Francia
Francia está fracturada. Al norte, la economía tiembla, los jóvenes no encuentran trabajo y sus padres perdieron el suyo en la mina o por la deslocalización de las grandes empresas. Parisinos como el rockstar de las letras francesas Michel Houellebecq -que se abstendrá- no se ven reflejados en la rabia y el mundo de Marine Le Pen, que ha llegado a la segunda vuelta alertando de la situación crítica de la Francia periférica: menos glamurosa, más gris y pesimista. Para los millones de franceses que votarán hoy a Macron, el ultraderechista Frente Nacional ha dibujado un apocalipsis que solo existe en su imaginación. Si París tiene dos caras -centro burgués y suburbios de inmigrantes-, a nivel nacional hay dos universos distintos que se disputan la hegemonía y el rumbo del país. «Teníamos a un alcalde que estuvo muchos años en el poder y ha terminado en la cárcel por corrupción», dice Jean-ClaudeDesde 2014, el pueblo de Hénin-Beaumont, en el corazón de la cuenca minera de Altos de Francia, es la ciudad probeta del Frente Nacional, desde donde Marine Le Pen ha querido demostrar que puede gestionar con éxito todo el país. «Aquí no lo están haciendo nada mal y eso me asusta», comenta Jean-Claude frente a un panel electoral donde no está Macron, solo Le Pen. «Hablo como ciudadano, no como funcionario del Ayuntamiento, y te digo que aunque soy de izquierdas lo están haciendo mejor que los socialistas y comunistas en el pasado. Teníamos a un alcalde que estuvo muchos años en el poder y ha terminado en la cárcel por corrupción». Jean-Claude, de unos 60 años y que se abstendrá hoy, cree que Marine Le Pen «compra» a la gente que está muy mal con ayudas sociales, trabajos públicos y mejorando como sea sus vidas: «Todo el mundo mira lo que pasa en Hénin-Beaumont». Decepción y paro Uno de los bastiones del Frente Nacional para ganar hoy el Elíseo es esta región, con un paro que supera el 25% -más del doble la media francesa- y tasas de pobreza que llegan hasta el 42% en el caso de Roubaix o el 31% en Lens, pero no todos votan a Marine por las mismas razones. «Aquí no son fascistas, están airados con la corrupción y la falta de trabajo. La decepción con los partidos tradicionales y la falta de credibilidad de un alcalde, socialista, que les ha fallado (Gérard Dalongeville) les ha llevado a votar al FN. No tiene nada que ver con Calais -donde el voto al FN está más ligado a la crisis migratoria-, aquí la minería de carbón ha influido muchísimo», sostiene la concejal ecologista, Marine Tondelier, que acaba de publicar un libro «Nouvelles du Front», sobre la vida en el pueblo tras la llegada al poder del actual alcalde frentista, Steeve Briois. «No votan al partido por ideología. Como aquí la derecha tradicional no cuenta apenas, pensamos: «¿por qué no votar por el FN?», apunta Dino«Este alcalde lo está haciendo muy bien, ha bajado los impuestos, ha dado trabajo en el Ayuntamiento, habla con la gente, es simpático y se preocupa por nosotros, nada que ver con el anterior que ni lo conocían en el Ayuntamiento o su predecesor, ahora en la cárcel por corrupto», apunta Jean Michel en un bar de la plaza del pueblo a 200 metros de la sede del FN, y al que va a comer a menudo el alcalde, según reconoce el dueño, Dino. De orígenes italianos, lleva ocho años en Francia y reconoce que el FN ha hecho un buen trabajo en Hénin-Beaumont: «Hay muchísimo paro. Se han ido empresas muy importantes como la multinacional Samsonite (multinacional estadounidense). Este pueblo siempre ha sido un bastión de comunistas y socialistas. «No votan al partido por ideología. Como aquí la derecha tradicional no cuenta apenas, pensamos: «¿por qué no votar por el FN?». Una victoria de Macron «sería una derrota para los norteños», opina el analista del canal francés CNews, Harold Hyman, aunque no cree que estalle ninguna rebelión «de los blancos de los norte». «Macron viene de Amiens, en Picardía, -donde tuvo el incidente de la fábrica de Whirlpool con los obreros en plena campaña-, y comprende la angustia de la gente. Les tratará de tranquilizar e invertirá allí». En la noche electoral de la primera vuelta, Marine Le Pen organizó su baño de masas en Hénin-Beaumont, irónicamente en el pabellón François Mitterrand, expresidente socialista. Le Pen votó y volverá a votar en esta ciudad minera de 26.000 habitantes. «Antes de la victoria del FN no vino apenas, ahora sí que aparece por aquí», subraya Jean Michel. Nord Pas de Calais clausuró sus últimas minas de carbón en 1990 por la reconversión industrial, poniendo fin a 200 años de historia minera. «En esta zona antes no había nada. El carbón construyó todo: escuelas, hospitales.. Han venido gente de Bélgica, Polonia, del Magreb, Italia y hasta 30 nacionalidades distintas. Así puedes ver jóvenes con apellidos polacos votando por el Frente Nacional», asegura a ABC Gilles Huchette, coordinador de Euralens, una asociación creada en 2009 para fomentar el trabajo por medio de la cultura. Su objetivo: emular el ejemplo vasco con el museo Guggenheim en Bilbao, pero en la cuenca minera francesa y con Louvre Lens. «No soy racista, como no lo es tampoco mucha gente que les votará. Lo hacemos por la falta de trabajo», se justifica Vincent Vincent, de 28 años y en paro, votará al FN: «Llegué hace tres años a Henin para buscar trabajo en logística e informática. No soy racista, como no lo es tampoco mucha gente que les votará. Lo hacemos por la falta de trabajo en el norte, necesitamos un cambio y no seguir como con Hollande», explica. Aunque no le gusta que Le Pen recurra tanto a la inmigración para llegar a la gente, admite que en Calais sí que han sufrido con la llegada masiva de refugiados. «Mi padrino, policía en Calais, me dijo que los inmigrantes detenían constantemente a los camiones y coches, que era todo caos y que la gente de allí está harta de eso». Según un panfleto local del FN, «es la hora de elegir» entre quien apoya el velo en el trabajo y el burkini en la playa y quien respeta la defensa de los derechos de las mujeres, pero sobre todo entre quien «aumentará los impuestos» y quien «mejorará los bolsillos de los jubilados y los pobres». Esto es Hénin-Beaumont, la probeta de Marine.
01-12-2016 | Fuente: elpais.com
Helsinki rechaza definitivamente la construcción de un museo Guggenheim
Los partidos de izquierda y los ultranacionalistas tumban la iniciativa en el pleno municipal