Infortelecom

Noticias de movimientos sociales

07-10-2018 | Fuente: abc.es
Brasil busca este domingo un camino que puede reflotarlo o socavar aún más la profunda crisis económica y política en que se ha sumergido en los últimos cuatro años, tras el estallido de un gigantesco escándalo de corrupción, que derribó a la última presidenta electa, Dilma Rousseff, y llevó a la prisión al mayor líder político del país, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Con un país dividido entre los que detestan a Lula y su Partido de los Trabajadores (PT), los que le tienen verdadera pasión y los están en el medio de esa tormenta, más de 147 millones de brasileños votarán en 5.570 municipios de 27 estados, en uno de los comicios más dramáticos desde 1990, cuando realizó su primera elección directa después de tres décadas de dictadura. Los brasileños elegirán no sólo al presidente, sino también gobernadores, senadores y diputados, representantes de 27 estados. Serán 556.000 urnas electrónicas en Brasil y en 171 localidades en el resto del mundo, en la que representa una de las mayores elecciones globales y de las más modernas, donde la última novedad es que más de 87 millones votarán biometricamente, identificados por la impresión digital, y usando una aplicación en el móvil sin necesidad de documento de papel. En un escenario muy imprevisible, los dos favoritos a ir a una segunda vuelta el 28 de octubre son el ultraderechista Jair Bolsonaro, con un 35% en los sondeos, y el filósofo petista, Fernando Haddad, con un 22%. El empuje con el que ha crecido en el último mes, después de un atentado que casi le quitó la vida, puede impulsar a Bolsonaro a llevarse la elección en una primera vuelta, como buscan sus militantes, tratando de anular el fuerte rechazo del 45%, fomentado principalmente por mujeres y la campaña #EleNão (Él no). Para vencer en primera ronda son necesarios más del 50% de los votos. Polarización El exmilitar y Haddad son los representantes de una polarización concentrada en la imagen de Lula y su partido, que gobernó el país durante 13 años, dejando el recuerdo de una euforia con una economía pujante e importantes conquistas sociales que situaron a Brasil en un inusual puesto de vanguardia internacional. El colofón de esos tiempos, protagonizados por Rousseff, dejó también la marca de un país emergente que dejó de lado sus prioridades para despilfarrar fondos en los estadios del Mundial de Fútbol 2014 y en la organización de la Olimpiada Río 2016, una ilusión que se desbarató con los escándalos de la estatal Petrobras y un cartel de constructoras, salidos a la luz hace cuatro años. «Independientemente del resultado, el vencedor de esta elección ya es Bolsonaro, porque fue quien pautó el debate. El eje de la discusión se dislocó hacia la derecha, inflamando aún más el debate estructural», explica Fabio Luis Barbosa dos Santos, doctor en Historia Económica de la Universidad de São Paulo (USP). En tercer lugar en las encuestas está el laborista Ciro Gomes, soñando con un viraje que a estas alturas, con un 11%, sería espectacular. Gomes es exministro de Lula y uno de los economistas que detuvo la hiperinflación en la década de 90, depende de una unión de los electores de centro, por un «voto útil», que abandonarían en el camino a otros dos prestigiosos políticos, el socialdemócrata, Geraldo Alckmin, con el 10%, y la ambientalista Marina Silva, que se ha desplomado en un mes, del 16% al 4%. Puede sorprender por ser el único capaz de vencer a Bolsonaro en los sondeos de segunda vuelta. Operación Lavacoches La corrupción revelada por la Operación Lavacoches, encabezada por una red de jueces, fiscales y la Policía Federal, salpicó a políticos de los partidos más importantes: el PT, un viejo abanderado de la ética, el socialdemócrata PSDB y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del actual presidente, Michel Temer, el más impopular de la historia, con un 4%. Las investigaciones llevaron a la cárcel en abril de este año a Lula, que pese a las condenas y acusaciones por corrupción y blanqueo de fondos, era el favorito para vencer en los comicios con un 39% de los votos, que registraba hasta el mes pasado, cuando la Corte Electoral (TSE) le prohibió definitivamente su candidatura. En medio de esas frustraciones surgió el candidato alternativo Bolsonaro, un excapitán del Ejército, por el diminuto Partido Social Liberal (PSL), que con un discurso machista, homofóbico y racista, ha conquistado una importante base de electores que no quieren al PT de vuelta. «Bolsonaro es la respuesta de una sociedad asustada. Quien está sin trabajo tiene miedo del hambre, y quien trabaja, tiene miedo del desempleo. Todos tienen miedo de la violencia y también, miedo de la policía», escribe Luis Barbosa. Una guerra sucia El líder nacionalista, autoritario y que llegó a ser entusiasta del chavismo, de la estatalización y se ha convertido en un liberal de última hora, ha crecido exponencialmente en la ruina brasileña, que en los últimos cuatro años ha visto resurgir el desempleo, la recesión económica y ha perdido el orgullo de ser brasileño, ante la repercusión internacional de los escándalos de corrupción, que dejaron huellas por el mundo. La violencia es otro de los grandes problemas del país. Con más de 62 mil asesinatos en el último índice de seguridad pública, el discurso de Bolsonaro, favorable a la liberación de las licencias de armas y la reducción de la edad mínima penal, ha encontrado eco entre electores que buscan salidas simples para problemas más complejos, como deficiencias educacionales, en la sanidad, en el transporte y en la falta de viviendas dignas, con más de 100 millones de brasileños sin acceso a saneamiento básico. Para Barbosa, Bolsonaro promete el orden por la truculencia, en un contexto de desprestigio de los movimientos sociales y de la política tradicional, así como ocurrió con Donald Trump en EE.UU., con Recep Tayyip Erdogan, en Turquía, o con el recrudecimiento del fascismo en Italia. Con una campaña que ha salido de la tradicional propaganda de televisión para crecer en redes sin control, especialmente en WhatsApp, la distribución de noticias falsas se ha alimentado ferozmente, llevando a incidentes violentos, especialmente entre los electores de Bolsonaro. El incidente más grave fue la puñalada contra Bolsonaro, el pasado 6 de septiembre, dada por un albañil aparentemente desequilibrado. Días antes, Bolsonaro pedía a sus correligionarios que «acribillasen a petistas». Lo cierto es que Brasil está en una encrucijada entre el petismo y el antipetismo. «Cualquier gobierno que venga será inestable, como fue (Fernando) Collor», compara Barbosa, recordando al independiente electo en 1990, que cayó tras solo dos años en el poder por una investigación del Congreso.
26-09-2018 | Fuente: abc.es
Macri desayuna en Nueva York con la dimisión del presidente del Banco Central
Tranquilidad es un término que, en lo que va de año, parece estar enemistado con Mauricio Macri. El presidente de Argentina se desayunó -o atragantó- en Nueva York (Asamblea General de la ONU) con dos malas noticias. La dimisión de Luis Caputo, hasta ahora presidente del Banco Central y la cuarta huelga general con la que el sindicalismo castiga a su Gobierno. Guido Sandleris, reemplazo de Caputo, ocupará un puesto de máxima sensibilidad en Argentina donde, cualquier señal de desconcierto, duda o incertidumbre se paga, como sucedió de inmediato, con un dólar al alza. El don de la inoportunidad marca una decisión que se interpreta como una derrota de Caputo, en el pulso que mantenía con el ministro de Economía, Nicolás Dujovne y el Fondo Monetario Internacional por su forma de «domar» al dólar. El Gobierno de Macri renegocia estos días (están pendientes flecos) un acuerdo con el FMI que le permitirá disponer de liquidez suficiente hasta fines del 2019 para evitar «corridas» con el peso. La decisión de Caputo, un golpe bajo para algunos, al anunciarla con Macri en Nueva York, se traduce en mayor peso específico para el ministro de Economía, Nicolás Dujovne. Aunque era una crónica anunciada, también las movilizaciones sindicales y la cuarta huelga general al Gobierno de Mauricio Macri, sorprendieron al presidente argentino en Nueva York mientras recibía un importante premio internacional (Global Citizen Award), compartía mesa con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde y anunciaba en Bloomberg TV la noticia que el mundo de las finanzas quería oír: el año próximo se presentará a la reelección. En el exterior se celebra a Macri pero en casa el sindicalismo, los movimientos sociales y los sectores más extremos de la oposición tratan de arrinconarle cuando, prácticamente, falta un año para que termine la legislatura. Las movilizaciones que comenzaron el lunes y la huelga general, en protesta por la política de ajuste, logran poner patas arriba un país cansado de apretarse el cinturón y, en simultáneo, indignado por la red de corrupción sin escrúpulos que se tejió durante los años de régimen kirchnerista (2003-2015) y dejó secas las arcas de un Estado que no levanta cabeza. Las víctimas, en ambos casos, son los argentinos. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca salió a defender la gestión con un ataque al sindicalismo: «Deben dejar de lado la política electoral para alcanzar acuerdos que le sirvan a los argentinos». Las declaraciones de Triaca siguieron a otras anteriores del líder de la CTA, Pablo Micheli que dijo: «No alcanza con un paro, o se cae este modelo económico o estos tipos dejan el Gobierno». Jorge Triaca, en declaraciones a Infobae.com, insistió. «El paro nacional no resuelve nada en la Argentina». La CGT (Confederación General del Trabajo), además de la CTA y los denominados movimientos sociales, no piensan lo mismo y sueñan con cambios después de una jornada de huelga que tiene garantizado el éxito y desde primeras horas se siente en el país con la parálisis del transporte público. Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña, el triunvirato que conduce la CGT, exige la reapertura de las «paritarias» (convenios laborales) como consecuencia del alza de la inflación que podría acercarse, a fin de año, al 40 por ciento. Asimismo, quieren frenar los despidos y que el Gobierno, entre otras medidas, declare la «emergencia alimentaria». Los efectos inmediatos que percibe la población es la ausencia de los camiones de retirada de basura, los bloqueos de acceso de las principales vías a la ciudad de Buenos Aires y a las del interior, aeropuertos cerrados, suspensión de ferrocarriles así como gasolineras sin funcionar, bancos con la persiana echada, centros escolares y universitarios cerrados y comercios con el candado puesto.
25-09-2018 | Fuente: abc.es
El sindicalismo castiga a Macri con una cuarta huelga general
Las movilizaciones sindicales y la cuarta huelga general al Gobierno de Mauricio Macri, sorprendió al presidente argentino en Nueva York, mientras recibía un importante premio internacional (Global Citizen Award), compartía mesa con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde y anunciaba en Bloomberg TV la noticia que el mundo de las finanzas quería oír, el año próximo se presentará a la reelección. En el exterior se celebra a Macri pero en casa el sindicalismo, los movimientos sociales y los sectores más extremos de la oposición tratan de arrinconarle cuando, prácticamente, falta un año para que termine la legislatura. Las movilizaciones que comenzaron el lunes y la huelga general de hoy, en protesta por la política de ajuste, logran poner patas arriba un país cansado de apretarse el cinturón y, en simultáneo, indignado por la red de corrupción sin escrúpulos que se tejió durante los años de régimen kirchnerista (2003-2015) y dejó secas las arcas de un Estado que no levanta cabeza. Las víctimas, en ambos casos, son los argentinos. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca salió a defender la gestión con un ataque al sindicalismo: «Deben dejar de lado la política electoral para alcanzar acuerdos que le sirvan a los argentinos». Las declaraciones de Triaca siguieron a otras anteriores del líder de la CTA, Pablo Micheli que dijo: «No alcanza con un paro, o se cae este modelo económico o estos tipos dejan el Gobierno». Jorge Triaca, por cuarta vez en los tres años de Administración, insistió, en declaraciones a Infobae.com en descalificar la huelga. «El paro nacional ?reiteró- no resuelve nada en la Argentina». La CGT (Confederación General del Trabajo), además de la CTA y los denominados movimientos sociales, no piensan lo mismo y sueñan con cambios después de una jornada de huelga que tiene garantizado el éxito y desde primeras horas, se siente en el país con la parálisis del transporte público. Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña, el triunvirato que conduce la CGT exige la reapertura de las «paritarias» (convenios laborales) como consecuencia del alza de la inflación que podría acercarse, a fin de año, al 40 por ciento. Asimismo, quieren frenar los despidos y que el Gobierno, entre otras medidas, declare la «emergencia alimentaria». Los efectos inmediatos que percibe la población con el paro es la ausencia de los camiones de retirada de basura, bloqueos a las principales vías de acceso a la ciudad de Buenos Aires (y a las del interior), aeropuertos cerrados, suspensión de ferrocarriles así como gasolineras sin funcionar, bancos con la persiana echada y centros escolares y comercios con el candado puesto.
02-06-2018 | Fuente: elpais.com
Los movimientos sociales salen a la calle contra el FMI y el ajuste de Macri
Los manifestantes reclaman a la CGT, la mayor central obrera de Argentina, que convoque una huelga general
24-05-2018 | Fuente: abc.es
París, Mayo 1968: «¿Qué?»
Las jornadas parisinas y francesas del mes de mayo de 1968 tienen un eco fantasmal muy superior a su verdadero alcance histórico cultural, social y político, muy inferior al de otras y más profundas insurrecciones de aquel mismo año, en Berkeley, California, y Praga, Checoslovaquia, entre otros numerosos movimientos internacionales, de muy diverso alcance y naturaleza del Japón al Brasil, pasando por México y Madrid. La primavera de Berkeley, en San Francisco, California, EE. UU., duró una década corta y, hacia 1968, confirmó su muy profunda influencia en la escena internacional a través de movimientos culturales, sociales y políticos de inmenso calado. El movimiento Beat influyó en la poesía y la música popular (Ginsberg, Dylan), no solo estadounidense. La revuelta estudiantil contra la guerra del Vietnam fue el «modelo» importado con éxito por los estudiantes parisinos. La insurrección cívica norteamericana tuvo dos vertientes, pacífica (Martin Luther King) y violenta (Black Panters), dos movimientos que cambiaron la historia de la lucha de los derechos civiles en la primera democracia mundial La primavera de Praga se prolongó entre el 5 de enero y el 20 de agosto de 1968, cuando Checoslovaquia fue invadida por los tanques de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia. Aquella primavera tuvo raíces culturales, sociales y políticas profundísimas, que comenzaron a minar la estabilidad amenazada de la URSS y el antiguo Pacto de Varsovia. Entre esos dos aldabonazos de alcance mundial, grandes movimientos sociales (pacifistas, feministas, homosexuales, liberación sexual, ecologistas, etc.), distintos movimientos culturales y artísticos (hippies, happening, fluxus, pop-art, videoarte, land art, psicodelia, etc.) tuvieron muy diversas raíces, en California, Nueva York, Berlín y París, sin duda. Se trataba del «alzamiento» de una generación privilegiada (nacida entre 1940 y 1950), en los EE. UU. y Europa, que descubría su identidad tirándose a la calle contra las grandes potencias imperiales (la URSS y los EE.UU.), roturando nuevos territorios sociales y culturales, globalmente «anti autoritarios», aspirando a crear «nuevas formas de vida» y «relaciones sociales» (de la autogestión a las «comuna»). En ese marco, las jornadas del mes de mayo de 1968, en París y Francia, tuvieron y tienen un eco excepcional, pero dejaron una herencia harto incierta. «Olvidar 68» Embrión de las jornadas de mayo, la Internacional Situacionista (1958 - 1969) fue el movimiento cultural más genuinamente subversivo de su época. Desapareció sin posible descendencia. Los pensadores franceses que estuvieron al frente del primer movimiento de la época, los maestros «estructuralistas», terminaron difuminándose en una diversidad antagónica: Claude Leví-Strauss osciló hacia el liberalismo, Michel Foucault terminó apoyando el retorno del ayatolá Jomeini a Teherán, Louis Althusser estranguló a su propia esposa? y los jóvenes activistas del 68 parisino (André Glucksmann, Bernard-Henri Lévy) comenzaron por denunciar la impostura totalitaria comunista, para terminar oscilando hacia el reformismo tranquilo. Desaparecida la Internacional Situacionista, el 68 francés no inspiró textos subversivos comparables a la Comuna Zamorana de Agustín García Calvo. En el terreno estrictamente político, los jóvenes parisinos del 68 estaban divididos en numerosas capillas izquierdistas: trotskistas ( Alain Krivine), maoístas (Alain Geismar), anarquistas (Daniel Cohn-Bendit), divididas, a su vez, en «subcapillas» (trostkistas de distinta obediencia, «maoistas libertarios», entre muchas otras otras). Jamás hubo entre esas familias antagónicas un «proyecto político común». Krivine deliraba con un putsch leninista, «tomando» el palacio del Elíseo: proyecto de Cohn-Bendit le quitó de la cabeza, con dos sentencias devastadoras. Entre la cultura y la política, el magno legado del 68 francés fue el hundimiento de la hegemonía comunista. Por vez primera, desde 1945, el PCF y los intelectuales comunistas fueron denunciados como un grupo de presión arcaico y totalitario. Entre la cultura y la agitación social, la contestación juvenil parisina no tuvo la importancia excepcional que tuvo la contracultura californiana? El «papa» de la revolución sexual (Wilhelm Reich) llegó «importado» de Berlín y Berkeley. El «papa contraconsumista» (Herbert Marcuse) era alemán y enseñaba en California. La «intelligentsia» estrictamente parisina intentó «sumarse» y «participar» de alguna manera en las jornadas de mayo, pero no dejó una huella duradera. El sociólogo Alain Touraine elaboró sucesivas teorías de un «socialialismo autogestionario» que no tuvo ningún éxito y terminó diluido en la «unión de la izquierda». Henri Lefebvre fue acusado de plagiario. Sartre, Beauvoir y Foucault intentaron en vano montarse en algún «carro», pero también ellos pertenecían a un pasado nada heroico y terminaron apoyando a los terroristas de la Fracción Ejército Rojo. Entre muchas otras herencias cosmopolitas, los novelistas, poetas y cineastas checos y norteamericanos (Kundera, Ginsberg, etcétera) dejaron obras de gran calado en la historia literaria y visual de la época. La Nouvelle Vague francesa (de formación políticamente conservadora) paralizó el Festival de Cannes de aquel año, pero la obra de Godard del momento destaca por su colosal confusión no siempre significante. Sin duda, la defensa de la Cinemateca parisina de Henri Langlois tuvo un cierto tono épico, sin herencia. En el terreno social, la CGT (sindicato comunista) se benefició del gigantesco lío, negociando unos acuerdos salariales que terminaron por enterrar los sucesos de mayo, con un «pacto social» entre De Gaulle y los comunistas. De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional el 30 de mayo. Veintisiete días después de la aparatosa ocupación de la Sorbona, se iniciaba una rapidísima vuelta a la normalidad más conservadora. En las elecciones generales del mes de junio siguiente, la Union pour la défense de la République (UDR, derecha gaullista) consiguió 294 de los 485 escaños: una de las mayorías conservadoras más grandes de la historia política de Francia. Los centristas de Progrès et démocratie moderne (PDM) consiguieron 27 escaños. Los Républicains indépendants (RI, centristas) consiguieron 64 escaños. El PCF consiguió 34 escaños. La Federación izquierda demócrata socialista 57 consiguió escaños. Así terminaban políticamente varias semanas de agitación sin destino conocido más allá de poéticas proclamas literarias: el alzamiento y triunfo de la Francia más conservadora. Comenzaba el inconcluso diluvio de los millares de libros y ensayos glosando una «revolución» que nunca existió, los fuegos fatuos de unos movimientos culturales, sociales y políticos que no habían comenzado en Francia y solo tuvieron en París el eco confuso de una explotación comercial sin herencia cultural «autónoma», al margen de las grandes corrientes sociales, culturales, artísticas y políticas europeas y norteamericanas. Daniel Cohn-Bendit, la figura más emblemática del 68 francés, publicó el 2008 un libro titulado «Forget 68» (Olvidar 68) y hoy, tras apoyar la candidatura de Emmanuel Macron al Elíseo, defiende una Europa federal, una economía «liberal libertaria».
15-01-2018 | Fuente: elpais.com
Iglesias considera que Podemos se ha distanciado de ?las clases populares?
El partido encara las elecciones de 2019 conjurado en liderar la agenda social en las instituciones y recuperar la presencia y el relato en la calle con los movimientos sociales
14-01-2018 | Fuente: elpais.com
Iglesias considera que Podemos se ha distanciado de ?las clases populares?
El partido encara las elecciones de 2019 conjurado en liderar la agenda social en las instituciones y recuperar la presencia y el relato en la calle con los movimientos sociales
10-10-2017 | Fuente: abc.es
Merkel ve con buenos ojos la creación de un ministerio de Finanzas del euro
Cada día que pasa queda más claro que el objetivo prioritario de Angela Merkel para esta legislatura es la reforma de Europa que liderará junto al presidente francés, Emmanuel Macron. Tras dejar arrancada y en marcha la negociación entre conservadores, liberables y verdes, para la formación de una «Coalición Jamaica», que asuma el gobierno de Berlín, se encontró este martes con Macron para hacerse la primera foto de la nueva gran coalición europea. Todavía no es canciller y no puede organizar reuniones bilaterales entre Francia y Alemania, pero encontró la coartada perfecta, la inauguración de la Feria del Libro de Fráncfort. Alemania, Francia, papel impreso y muchos fotógrafos. Ese fue el escenario de la instantánea y la metáfora inicial del proceso que está a punto de comenzar. «Estoy decidido a impulsar el compromiso de Alemania en el debate sobre las reformas europeas», dijo Macron antes del encuentro con la canciller alemana, durante un coloquio en la Universidad Goethe de Fráncfort con el verde Daniel Cohn-Bendit, líder de las protestas estudiantiles del 68, y con el politólogo Gilles Kepel. «Yo creo que cuando tienes una visión lo que tienes que hacer no es salir corriendo al médico, sino abrir un debate sobre esa visión con los tuyos», bromeó sobre las sugerencias de que sus planes son demasiado «idealistas». «Si estamos preparados para políticas comunes de seguridad, de infraestructura digital, de energía, de inmigración y de lucha contra el terrorismo, entonces que alguien me explique por qué motivo no podemos tener un presupuesto europeo común», clamó, arrancando un aplauso de los estudiantes alemanes. Emmanuel Macron estableció además el plazo de «un año» para que los países europeos vayan haciendo sus aportaciones y para que la reforma europea comience a cobrar perfil. Es más fácil que Merkel vea con buenos ojos un Ministerio de Finanzas antes que un presupuesto común A pesar de que la reacción de Alemania a sus propuestas ha sido inicialmente fría, Merkel ha reconocido personalmente que «puede imaginarse» un Ministerio de Finanzas y un presupuesto europeo común. Aunque es más fácil que vea con buenos ojos un Ministerio de Finanzas antes que un presupuesto común que pueda implicar nuevas aportaciones económicas de Alemania a la UE. Muchos analistas coinciden en que la «Coalición Jamaica» que se verá obligada a pactar para formar gobierno con verdes y liberales supondrá dificultades adicionales en la tarea de consensuar los nuevos pasos de integración europea con Macron y que «el contraste entre las expectativas en Bruselas y el resultado de las elecciones alemanas es evidente», en palabras de Rosa Balfour, investigadora del centro German Marshall Fund. Pero Merkel y Macron se esforzaron este martes en orillar todo lo que los separa y recordar lo que los une, un proyecto europeo «en el que se refleja nuestra alma, nuestra libertad de espíritu y nuestra libertad de expresión, que encuentran un gran exponente en esta feria», señaló la canciller alemana. «La literatura es la mejor arma contra aquellos que intentan levantar muros y fomentar el fanatismo»Emmanuel Macron «La cultura puede ayudar a Europa a encontrar su lugar en un mundo en cambio, los autores son el sismógrafo de movimientos sociales», dijo Merkel, recordando a los burócratas de Bruselas que Europa es mucho más que eurobonos y normativas e invitando a elevar la perspectiva con que sean abordadas las próximas reformas. «La literatura es la mejor arma contra aquellos que intentan levantar muros y fomentar el fanatismo», añadió Macron, refiriéndose sin citar a los movimientos extremistas y antieuropeos que la Europa del siglo XXI, está convencido, logrará dejar atrás. Merkel, que está dispuesta a servir de contrapeso real a las «visiones» de Macron, insistía este martes en el gran significado del trabajo conjunto entre París y Berlín, y asentía con entusiasmo a las proclamas europeas del francés. «Europa ha perdido un poco el hilo en los últimos años», decía Macron, en referencia al euroescepticismo de Polonia y Hungría, «ahora necesitamos una hoja de ruta común que supere el debate puramente económico y una coalición de buena voluntad».
02-10-2017 | Fuente: elpais.com
?Había un protocolo para esconder las urnas en solo un minuto?
Los movimientos sociales se organizaron durante horas en algunos centros cívicos para lograr votar
1
...