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Noticias de minnesota

02-06-2020 | Fuente: abc.es
El abrazo entre un policía blanco de Miami y una activista negra en plena manifestación se hace viral
El abrazo de una destacada activista de Miami, Florida (EE.UU.) y un agente de policía local en plena calle y ante una manifestación por el crimen de George Floyd, de raza negra, se ha vuelto viral por un video dado a conocer como ejemplo de «conexión». Renita Holmes, una activista desde la década de los 80 que años atrás había denunciado haber sido agredida por un oficial de policía, se detuvo este domingo sobre su motocicleta delante de una fila de policías que vigilaban el orden durante una manifestación. La activista, una mujer afroamericana de baja estatura, vestida de blanco y con una gorra del mismo color puesta con la visera hacia atrás, pidió a los agentes de la de la Patrulla de Carreteras de Florida (FHP, por sus siglas en inglés) que tuvieran «paciencia».<iframe width="642" height="361" src="https://www.youtube.com/embed/z21V2nm5b94" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> «Tienen mamás .. agradezco su paciencia y su tolerancia», solicitó Holmes sentada en su moto también de color blanco. Para su sorpresa, el capitán Roger Reyes rompió la línea avanzó hacia ella y le preguntó a Holmes si podía abrazarla. Ambos se fundieron en un abrazo mientras la activista, que no sabía que Reyes había perdido recientemente a su madre, permanecía sentada en su «scooter». «Te quiero, hombre», le dijo Holmes al agente durante el abrazo. El oficial, un robusto hombre de la raza blanca, no sabía que Holmes es una antigua activista de derechos civiles vinculada al Ayuntamiento de Miami, de acuerdo con el medio Local 10. «Conexión especial y humanidad» «Nos abrazamos y había una conexión allí. Fue especial», dijo Reyes, según recoge la misma fuente. «Desearía poder abrazar a mi madre. Ella llenó el vacío ayer", comentó por su parte el oficial en referencia a Holmes. Los agentes, de acuerdo con este diario, se habían enfrentado a una multitud de manifestantes que querían marchar por una autopista de 7 kilómetros que conecta la carretera interestatal 95 con Miami Beach. «Estaba bien que él también fuera humano», dijo Holmes este lunes. «Tuvimos una maravillosa oportunidad de demostrar que el amor gana», destacó. Holmes dijo que todavía estaba obsesionada por las últimas palabras de Floyd hace hoy una semana cuando el policía blanco de Minneapolis (Minnesota) Derek Chauvin presionaba con la rodilla en el cuello del ciudadano afroamericano. «Mamá, no puedo respirar», fueron las palabras de Floyd. La conexión de Reyes y Holmes se volvió viral cuando la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, reprodujo el video de Local 10 News durante una conferencia de prensa.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Un afroamericano en Nueva York: «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso»
Jeff camina con su novia agarrado a un refresco y con la mascarilla caída sobre la papada. Camina, como el resto de la manifestación en Atlantic Avenue, una de las arterias de Brooklyn, sin dirección clara. Igual que la ola de protestas y violencia que ha tomado EE.UU. en los últimos días. Y como el drama que ha ocupado la atención del mundo, el de los abusos policiales y el racismo estructural hacia la minoría negra. Ha aflorado por una muerte grabada con el móvil, la de George Floyd en Mineápolis, casi nueve minutos de asfixia a manos de un policía que han traumatizado al país. Pero el drama estaba cosido a estas mismas calles de Brooklyn y en las ciudades de todo el país. Es una lacra fundacional de EE.UU. que el país no se ha sacudido: ni con una guerra civil, ni con la conquista de derechos civiles en los sesenta, ni con el ascenso de un negro a la presidencia. «Ahí mismo me pararon una vez», señala Jeff con el dedo a una esquina. «Iba en el coche con mi novia. Porque sí. Para sacarme algo. Eso a un blanco no le pasa, punto. Por esto -se señala la piel de su antebrazo-. Es suficiente para considerar que estás haciendo algo malo». Como la mayoría del tiempo, la protesta es pacífica. Los antidisturbios caminan con calma entre la multitud, que corea las consignas habituales -«No puedo respirar», las palabras de Floyd, o «Sin justicia no hay paz»- mientras los vecinos salen a las ventanas y a las puertas a aplaudir. Pero Nueva York, como casi todas las grandes ciudades del país, desciende al caos cada noche, con el ruido constante de los helicópteros y de las sirenas de la policía. Ocurrió la noche anterior, con enfrentamientos con la policía, coches quemados, destrozos, y ocurrirá esta. «Es necesaria», dice Jeff sobre la violencia. «Lo hemos intentado de forma pacífica y aquí estamos», dice sobre las mismas calles que pisaron los líderes del movimiento negro hace medio siglo y que ahora caminan muchas personas que siguen en barrios que son todavía guetos, con atención sanitaria deficiente y sin un sistema educativo que proporcione oportunidades. «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso», lamenta. La violencia y los saqueos se llevan la atención y los titulares y desdibujan la raíz del problema, la posibilidad de que un agente de policía considere válido ahogar hasta la muerte a una persona esposada, y que sus tres compañeros no hagan nada para evitarlo. Brandon, un científico de Detroit (Michigan), no la justifica, pero la comprende. «Es una llamada de atención de que estamos cansados de ser maltratados, de esta injusticia», dice sobre los abusos policiales y el racismo. «Yo lo he sufrido toda la vida. Es triste que me esté acostumbrando». Acusarlo de asesinato Cuando se les pregunta qué justicia merece la muerte de George Floyd, la mayoría de manifestantes con los que ha hablado este periódico responden que se acuse de asesinato al agente -Derek Chauvin, que enfrenta cargos de asesinato no intencionado- y que se procese también a los otros tres agentes. Con un megáfono en la mano y un discurso tranquilo y bien construido, Gifted -así se hace llamar este músico y letrista nacido en Sant Lucía y criado en Texas- aseguró que «el país tiene que sentarse y tener una conversación honesta, profunda y, probablemente, incómoda de cuál es su pasado, quién es responsable y qué hacer a partir de ahora». Es una opción improbable en el EE.UU. del ?Make America Great Again? -?Hacer grande otra vez a EE.UU.?- de Donald Trump, un presidente que azuza las protestas con exigencias de mano dura y sin sombra de crítica sobre las prácticas de la policía. Pero tampoco en el ?America, second to none? -América, por detrás de nadie- de Joe Biden o del partido demócrata: el alcalde de Mineápolis, el gobernador del estado de Minnesota, su fiscal general y una de las dos cámaras legislativas estatales las controlan los demócratas. «EE.UU. se contradice a sí misma cuando apoya a otros países que luchan por salir de la opresión. Cuando se trata de la gente que está aquí oprimida, se habla de otra manera y les llamamos ?matones?», dice Gifted. Él cree que se necesita un cambio radical de actitud en la policía, que debe empezar por condenas contundentes que no se producen. «Su indiferencia es repugnante», condena. «Tienen que ser capaces de vernos como hermanos y hermanas, entonces harán las cosas de manera diferente«. Hoy en día, eso es una quimera. La desconfianza mutua entre la policía y las comunidades de minoría negra, alimentada durante décadas, parece hoy más difícil de salvar que nunca y que las protestas consigan avances es cuestionable. «No soy optimista», asegura Erika, agarrada a su hija, delante de una línea de antidisturbios en la avenida Flatbush, el epicentro de los incidentes en Brooklyn. «Para mí, para que haya justicia, estos jóvenes no pueden parar hasta que haya cambios», dice mientras levanta la vista hacia los manifestantes que llevan una semana en las calles. «Cada vez que paramos, cada vez que dejamos de ser agresivos seis meses después, un hombre negro vuelve a ser asesinado, un hombre negro vuelve a ser linchado».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La autopsia de la familia contradice la versión oficial y asegura que Floyd murió asfixiado durante la detención
La autopsia encargada por la familia de George Floyd, el afroamericano muerto durante una detención policial el pasado 25 de mayo en Minneapolis, concluye que el hombre murió de asfixia en el lugar donde se produjo el arresto. Esta afirmación contradice la versión policial y se basa en una autopsia privada realizada a petición de la familia. La asfixia, según esta fuente, fue provocada por una compresión continuada del cuello y la espalda de la víctima que provocaron una falta de riego sanguíneo al cerebro, según ha explicado en rueda de prensa uno de los abogados de la familia, Ben Crump, y recoge la prensa estadounidense. La doctora Allecia Wilson, responsable de esta nueva autopsia, describe como «homicidio» la muerte de Floyd. Crump ha subrayado que el hombre de 46 años «murió en el lugar» de la detención. «La ambulancia fue su coche fúnebre», ha afirmado el abogado. «Los policías fueron los causantes de la muerte», ha remarcado otro de los representantes legales de la familia, Antonio Romanucci, que ha denunciado «fallos graves y sistémicos en la Policía de Minneapolis». Crump ha pedido la detención de todos los agentes implicados en el arresto que provocó la muerte de Floyd y que se acuse de asesinato en primer grado al agente Derek Chauvin, quien presionó con la rodilla el cuello de Floyd contra el suelo durante casi nueve minutos, según el vídeo de los hechos publicado en redes sociales. «No puedo respirar», «me vais a matar», se le escucha decir mientras agoniza. El forense del condado de Hennepin no halló «ningún indicio físico que apoye un diagnóstico de asfixia traumática ni estrangulación», según el pliego de cargos publicado por la Fiscalía dicho condado tras el arresto de Chauvin. La indignación y la violencia se han apoderado de Minnesota y de otros rincones de Estados Unidos donde miles de personas siguen manifestándose por la muerte de George Floyd.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidoshacia el abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidos a un abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
El hermano de George Floyd condena los saqueos durante las protestas en Estados Unidos: «No es lo que él querría»
Terrence, el hermano menor de George Floyd, el hombre afroamericano que murió a manos de la Policía de Minnesota, ha condenado este lunes la violencia que están llevando a cabo algunos manifestantes durante las protestas antirracistas en Estados Unidos. «A veces me enfado y quiero reventar algunas cabezas también», aseguró en una entrevista concedida a ABC News. «Quiero volverme loco. Pero estoy aquí. Mi hermano no querría eso. Mi hermano quería la paz. Escucharéis a mucha gente decir que era "un gigante gentil"». Tras asegurar que entiende los motivos por los que la gente está cabreada, mostró su preocupación por la posibilidad de que la memoria de su hermano se vea ensombrecida por las «destructivas» protestas. «Está bien enfadarse, pero hay que canalizar ese enfado para hacer algo positivo o realizar un cambio de otra manera porque ya hemos recorrido este camino», señaló Floyd. «La ira, el dañar tu ciudad natal.. No es lo que él querría». El joven confesó al copresentador de Good Morning America está seguro de que que su hermano solo desearía que siguieran busando justicia. La indignación y la violencia se han apoderado de Minnesota y de otros puntos de Estados Uunidos desde que el martes circulase una grabación con los últimos momentos de vida de George Floyd, un afroamericano de 46 años que fue detenido tras intentar utilizar un billete falso de veinte dólares. En el vídeo, grabado por una viandante, se ve cómo un policía aprieta con la rodilla en el cuello de la víctima, mientras está tirado en el suelo, boca abajo y esposado. «No puedo respirar», «me vais a matar», se le escucha decir mientras agoniza.
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Estados Unidos vive el mayor toque de queda desde Luther King
«¡Michael Brown!, ¡Amadou Diallo!, ¡Trayvon Martin!, ¡Alton Sterling!, ¡Eric Garner!, ¡Philando Castile!»? Un manifestante gritaba hoy esos y otros nombres con voz desgarrada en una acera de la avenida Flatbush, en Nueva York. Es una letanía de hombres negros muertos a manos de la policía, en circunstancias dudosas o abusos flagrantes. Con cada nombre, la muchedumbre alrededor respondía «¡Don?t shoot!», «¡No disparéis!». La respuesta era atronadora cuando al final apareció el nombre de George Floyd, que falleció el pasado lunes tras ser asfixiado por un policía durante casi nueve minutos cuando estaba esposado y sujeto por otros dos agentes. La muerte de Floyd y la aparición de un vídeo grabado por una viandante que recogía todo el episodio -«no puedo respirar», «me vais a matar», se escucha decir a Floyd, que se desvanece sin que el agente deje de ahogarle, con su rodilla sobre el cuello- han desatado una ola de protestas contra una lacra que no desaparece. La contestación al racismo estructural y a los abusos policiales que vive el país ha sido oscurecido, sin embargo, por la violencia que ha acompañado a las protestas. En Mineápolis, la ciudad de Minnesota donde ocurrió la última tragedia, la situación estuvo bajo control en la madrugada de ayer, después de cuatro noches de caos y destrucción. El gobernador del estado, Tim Walz, había llamado a todos los miembros de la Guardia Nacional del estado, y las calles de la ciudad se inundaron de agentes del orden. Hubo enfrentamientos con los agentes, y destrozos, pero la policía actuó con mayor determinación y efectivos para imponer el toque de queda a partir de las ocho de la tarde que habían decretado las autoridades. Se realizaron arrestos, se lanzaron gases lacrimógenos y para la medianoche la mayor parte de las calles de la ciudad estaban vacías. La posibilidad del despliegue del Ejército en la ciudad se rebajó hoy, tras el ofrecimiento del presidente, Donald Trump, a hacerlo. El Pentágono, sin embargo, tiene unidades de policía militar en alerta por si es necesario su envío. La relativa calma de Mineápolis, donde durante la semana han ardido decenas de edificios y se han extendido los saqueos, contrastó con el aumento de la violencia en el resto del país. Cientos de arrestos En Nueva York, protestas pacíficas como el recordatorio de los hombres negros muertos por abusos policiales, los llamamientos a reformas estructurales en las fuerzas del orden y sentadas dieron paso a incidentes violentos. En la misma avenida Flatbush, se destrozaron coches de policía, y dos todoterreno policiales embistieron a una multitud que trataba de impedir el paso con una valla y les lanzaba objetos. Hubo disturbios por toda la ciudad, desde Harlem a Staten Island, y ayer se registraron saqueos en localidades cercanas como Rochester y se esperaban más incidentes por la noche. Al escribir esta información, la policía había arrestado casi 350 personas desde la tarde del sábado y se multiplicaban las acusaciones al uso excesivo de violencia por parte de la policía, a pesar de que en la mayoría de los casos se vio a las fuerzas del orden actuar con proporcionalidad. El jefe de policía de la ciudad, Dermot Shea, calificó de «turba» a los manifestantes violentos y aseguró que lo que ocurrió en la madrugada de ayer -coches incendiados, destrozos, 33 policías heridos- fue un «intento de apropiarse de la causa de la igualdad que todos debemos defender». En Nueva York no se impuso un toque de queda -una medida muy complicada para la mayor ciudad del país-, algo que sí ocurrió en decenas de grandes urbes, desde Los Ángeles a Miami o Filadelfia. No se recordaban tantas ciudades en toque de queda desde el asesinato de Martin Luther King, el gran líder de la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, en 1968. La Guardia Nacional se desplegó en doce estados, además de la capital del país, Washington. Protestas en 75 ciudades Nada de eso evitó que continuara la violencia, que ensombreció las protestas, en su mayor parte pacíficas, en 75 ciudades de EE.UU. Muchas de ellas descendieron a escenarios de caos, con coches de policía en llamas, vandalismo, cortes de carreteras, pillaje, cientos de policías y manifestantes heridos y nuevas víctimas mortales. Un joven murió en Indianápolis la noche del sábado, el cuarto fallecido en todo el país desde que empezaron las protestas el pasado martes. Al cierre de esta edición, se habían producido casi 1.700 detenciones en EE.UU. por las protestas, según el recuento de la agencia AP. Muchas autoridades y líderes sociales han tratado esta semana de aunar llamamientos a la calma y a la serenidad con el reconocimiento de que las protestas son legítimas y responden a una lacra que EE.UU. no es capaz de solucionar. «Sé de vuestro dolor, rabia, sentimiento de desamparo y desesperanza. Se os ha negado la justicia durante mucho tiempo», dijo en un comunicado el veterano diputado John Lewis, uno de los líderes de los movimientos civiles de los derechos sociales, que caminó con King y organizó revueltas pacíficas. «Los disturbios, los saqueos y los incendios no son el camino. Organizaos. Protestad. Haced sentadas. Votad. Sed constructivos, no destructivos».
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Arde EE.UU. por las protestas contra los abusos policiales
La noticia de la detención y la acusación de asesinato en tercer grado y homicidio imprudente al policía Derek Chauvin no calmó los ánimos en Mineápolis ni en el resto de EE.UU. Todo lo contrario. Por cuarta noche consecutiva, y con mucha mayor fuerza, la violencia se apoderó de la principal ciudad de Minnesota en la madrugada de ayer en las protestas por la muerte de George Floyd, un hombre negro que murió después de que Chauvin le asfixiara con su rodilla contra el cuello durante más de ocho minutos. El agente siguió apretando incluso después de que Floyd, que había implorado que no podía respirar, se desvaneciera. Su muerte es el último episodio trágico de la lacra de abusos policiales contra la minoría negra y ha propagado las protestas, teñidas muchas veces de violencia, por todo el país. Mineápolis descendió al caos en la madrugada del viernes al sábado, a pesar del toque de queda que impusieron las autoridades a partir de las ocho de la tarde y del despliegue de la Guardia Nacional. Cerca de 2.500 miembros de las fuerzas del orden, entre policía local y este cuerpo militar de reserva, trataron de controlar la situación. No fueron suficiente. Miles de personas desafiaron y se lanzaron a las calles. Como en anteriores noches, incendiaron edificios y coches y destrozaron negocios -ardieron, al menos, un banco, un restaurante y una gasolinera- y lanzaron proyectiles y fuegos artificiales contra la policía. Había «decenas de miles de personas», aseguró el comisionado del Departamento de Seguridad Pública de Minnesota, John Harrington. Si en la anterior noche los manifestantes violentos sitiaron, tomaron, arrasaron e incendiaron la comisaría de policía número 3 de Mineápolis -donde estaban asignados Chauvin y los otros tres agentes involucrados en la muerte de Floyd- en la madrugada de ayer fueron a por otra, la número 5. No lo consiguieron, pero forzaron el repliegue de la Guardia Nacional en algún momento. Anarquistas y criminales Hoy la tensión era todavía mayor. «Lo que hemos visto en noches anteriores, va a quedar pequeño con lo que habrá esta noche», advirtió el gobernador del estado, Tim Walz, sobre esta madrugada del domingo. Walz aseguró que las protestas legítimas por la muerte de Floyd habían sido infiltradas por anarquistas y criminales. «Entiendo la indignación», dijo sobre la reacción al abuso policial. «Pero esto no es sobre la muerte de George. Esto es para crear caos». El gobernador aseguró que el 80% de los que han participado en vandalismo, pillaje y ataques a la policía están «bien organizados», forman parte de un «intento organizado de desestabilizar la sociedad» y vienen de fuera de Minnesota. Pero también reconoció la amplitud de las protestas y la incapacidad de las fuerzas del orden para hacerles frente. «Nuestras ciudades de Mineápolis y St. Paul están sitiadas», dijo en referencia a las llamadas ?ciudades gemelas?, las dos principales ciudades del estado. «Sinceramente, no tenemos gente suficiente», dijo Walz. «Simplemente son más que nosotros». La situación llevó al gobernador a movilizar a todos los efectivos de la Guardia Nacional en el estado -13.200 efectivos- y a no desechar la idea de una intervención del ejército de EE.UU. A instancias de Donald Trump, el Pentágono ha empezado a preparar unidades militares para un potencial despliegue en Mineápolis. La violencia se intensificó en Mineápolis y creció por el resto del país. En ocasiones, con resultados trágicos. En medio del caos de las protestas en Detroit (Michigan), un joven de 19 años murió después de que un vehículo disparara contra un grupo de manifestantes. En Oakland (California), dos agentes del Servicio de Protección Federal fueron tiroteados durante los disturbios, en los que participaron 7.500 personas. En Louisville, se protestaba también por la muerte reciente de una mujer negra, Breonna Taylor, a manos de la policía y ardieron coches de policía. El gobernador declaró el estado de emergencia y llamó a la Guardia Nacional. Al grito de «Sin justicia no hay paz», el caos se propagó en una treintena de ciudades del país. En Nueva York hubo manifestaciones multitudinarias en Brooklyn: miles de personas cercaron comisarías de policía, incendiaron un furgón policial, lanzaron botellas y objetos contra los agentes y cortaron avenidas principales. Hubo cientos de detenidos en Chicago, al igual que en Houston o en Portland, donde se quemó una comisaría de policía. Los incidentes llegaron hasta las puertas de la Casa Blanca, donde un grupo de manifestantes se concentraron después de que la noche anterior Trump inflamara los ánimos con una amenaza: «Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos». Ayer, el presidente acusó a los «antifa» (los grupos antifascistas radicales) y la «izquierda radical» de las protestas y aseguró que esos «grupos organizados no tienen nada que ver con George Floyd». Defendió que ser «más duros» contra ellos es la mejor manera de «honrar la memoria» de la víctima. Violencia planeada El fiscal general del estado, Andrew Barr, insistió en la misma línea. «Las voces de las protestas pacíficas están siendo secuestradas por elementos violentos y radicales», dijo en un comunicado televisivo. «En muchos lugares, parece que la violencia está planeada, organizada y manejada por grupos anárquicos y de extrema izquierda». Los llamamientos a la serenidad y a la calma se generalizaron en todo el país. En Mineápolis, líderes políticos, religiosos y comunitarios se unieron para implorar a la gente que se quedara en su casa. Uno de los discursos más compartidos fue el de la alcaldesa de Atlanta, otra ciudad tomada por los disturbios. «Cuando quemáis esta ciudad, quemáis nuestra comunidad. Si queréis cambio en este país, registraos para votar», dijo. Un tono diferente al que utilizó Trump: por un lado, defendió que la violencia debía parar para honrar la memoria de Floyd, pero, a su vez, preguntó a sus seguidores si ayer habría «una noche MAGA» -en referencia a su lema de campaña, ?Make America Great Again?- en la Casa Blanca, en lo que parecía una invitación a hacer frente a las protestas de la noche anterior.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump amaga con el despliegue del Ejército contra los disturbios por la muerte de Floyd en Mineápolis
La ira por las heridas raciales a vuelto a Washington, como suele hacer cada cierto tiempo, pero en esta ocasión en año electoral y con Donald Trump en la Casa Blanca. Una turba rodeó el viernes la residencia del presidente, tumbó vallas y se enfrentó al Servicio Secreto, que tuvo que confinar a Trump durante unas cuantas horas, hasta que la multitud marchó avenida Pennsylvania arriba, hacia el cercano hotel que lleva el nombre del presidente. Este había condenado rápidamente el supuesto homicidio de George Floyd e intentó mostrar empatía con aquellos que denunciaban la brutalidad policial del caso. Pero fiel a su carácter, Trump no pudo mantenerse mucho tiempo alejado de la polémica. Primero, el jueves por la noche el presidente, para criticar los disturbios, recuperó en Twitter una vieja frase muy cargada racialmente: «Cuando comienzan los saqueos, comenzarán los disparos». Esa frase la pronunció en 1967 un jefe de policía de Miami para definir su estrategia policial contra los disturbios raciales, y la hizo suya el candidato supremacista George Wallace. Twitter, alertado de ella, etiquetó el mensaje del presidente diciendo que «glorifica la violencia». Desde ese momento, cualquier semblanza de estrategia dirigida desde la Casa Blanca para contener los disturbios que están prendiendo en todo EE.UU. saltó por los aires. Trump denunció que los manifestantes son en realidad radicales del movimiento antifascista. Después se vio en la obligación de aclarar que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió George Floyd, son demócratas, del alcalde a los senadores del estado. Y finalmente ha convocado para esta noche [madrugada en España] a sus partidarios a la Casa Blanca, para defenderle, se supone, de nuevos cercos como el del viernes. En un movimiento de alto riesgo, el presidente también ofreció movilizar a las fuerzas armadas para contener los disturbios en Mineápolis, una militarización del conflicto en toda regla. «Tenemos al ejército listo, si es que quieren llamarlo. Podemos enviar tropas muy rápidamente», dijo el presidente. Aunque los gobernadores pueden movilizar a la Guardia Nacional, compuesta de reservistas, las fuerzas armadas sólo pueden movilizarse plenamente dentro de las fronteras de EE.UU. si se declara una insurrección. A las protestas se le han sumado saqueos en varias ciudades. El gobernador de Minnesota, Tim Waltz, rechazó inicialmente esa ayuda. El presidente no ha considerado necesario, hasta ahora, dirigirse a la nación para intentar calmar esta creciente animosidad. En un acto anunciado como una rueda de prensa el viernes, Trump se fue sin aceptar preguntas. Después, en una mesa redonda con empresarios volvió a ofrecer sus condolencias a la familia de Floyd, sin más. Cortejo a los afroamericanos Hoy, el presidente ha viajado a Florida a presenciar el segundo intento del lanzamiento al espacio de la cápsula de Space X, y de camino ha querido aclarar que sus partidarios, los de la gorra roja con el lema «Make America Great Again» («Hagamos América Grande de Nuevo») «aman a los negros, quieren mucho a los afroamericanos». Es año electoral, y aunque en 2016 sólo obtuvo el 8% del voto de las personas de raza negra, en meses pasados el presidente ha cortejado a varios de sus líderes, confiando en mejorar en lo posible ese porcentaje. A pesar de los esfuerzos de Trump por congraciarse con las minorías raciales, estas no olvidan su apoyo a los supremacistas que en 2017 se manifestaron en la localidad de Charlottesville Virginia, provocando unos disturbios en los que murió una mujer. «Había gente buena en ambos lados», dijo entonces. Muchos de los que el viernes rodearon la Casa Blanca decían haber participado en anteriores protestas motivadas por aquellos hechos, y en algunos de sus carteles se leía «Remember Charlottesville» o «Recordad Charlottesville». Por la oferta de movilizar a las fuerzas armadas, todo indica a que Trump va a aprovechar esta oportunidad para presentarse como el presidente y candidato del orden y la fuerza. Será más fácil de explicar para él que el hecho de que EE.UU. haya superado los 100.000 casos de coronavirus, algo que parece haber quedado en un segundo plano.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Con Mineápolis en toque de queda, las protestas arrecian en el resto de EE.UU.
La detención y la imposición de cargos a Derek Chauvin, el policía que asfixió a un hombre negro en Mineápolis, no ha cambiado los ánimos en la principal ciudad de Minnesota ni en el resto de EE.UU. Chauvin fue acusado de asesinato en tercer grado (sin intención de matar) y homicidio imprudente por apretar con su rodilla contra el cuello durante siete minutos a George Floyd, que estaba contra el suelo, esposado y sujetado por otros dos agentes. «No puedo respirar», «me vais a matar», dijo Floyd, que murió poco después. Ocurrió este lunes y la escena quedó reflejada en una grabación de móvil de una viandante. El vídeo provocó una ola de indignación y protestas que derivaron en incidentes violentos, con saqueos e incendios, durante toda la semana. Las autoridades trataron de contener la situación el viernes con la imposición de un toque de queda a partir de las ocho de la tarde, tanto en Mineápolis como en St. Paul, su llamada «ciudad gemela», y donde también se registraron disturbios en la noche del jueves. A pesar de ellos, hubo manifestantes que desafiaron la orden y salieron a protestar, en el mismo lugar donde en la víspera arrasaron e incendiaron una comisaría de policía -en la que estaban asignados Chauvin y los otros tres agentes involucrados en la tragedia-, que fue evacuada por las autoridades. La policía respondió a quienes se saltaron el toque de queda con gas lacrimógeno, en medio de una ciudad tomada por la Guardia Nacional. Como en la noche anterior, las protestas prendieron en otras ciudades del país. En Atlanta (Georgia) hubo disturbios graves, con incendio y destrozo de coches de policías y vandalismo y saqueo en negocios. En la capital, Washington, los manifestantes se concentraron alrededor de la Casa Blanca y fueron respondidos por el Servicio Secreto, que decretó el cierre de la residencia presidencial. En la víspera, Donald Trump había caldeado el ambiente con amenazas a los participantes en disturbios violentos: «Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos», aseguró en Twitter, en un mensaje que fue muy criticado y exaltó todavía más los ánimos. También se registraron incidentes en lugares como Houston (Texas), Milwaukee (Wisconsin), Detroit (Michigan) o Louisville (Kentucky). Las protestas más multitudinarias fueron en Nueva York, donde hubo incidentes por segunda noche consecutiva. Una protesta mayoritariamente pacífica en Foley Square, en el Sur de Manhattan, fue seguida de una concentración con incidentes en Brooklyn, delante del Barclays Center, el estado del equipo de la NBA de los Nets. Los manifestantes cortaron por momentos dos de las principales avenidas de Brooklyn, Flatbush y Atlantic, lanzaron botellas de agua y objetos contra las fuerzas del orden y corearon consignas contra la policía. Este periódico presenció decenas de detenciones en ese lugar, además de rifirrafes entre los agentes y los manifestantes, la mayoría de ellos muy jóvenes. Los incidentes prosiguieron en otras partes de Brooklyn. Cerca de Barclays Center, en el parque Fort Greene, se volvieron a cortar calles, la policía detuvo a manifestantes y una furgoneta policial ardió en llamase. A pocas manzanas, en el barrio de Clinton Hill, los coches y las furgonetas de policía colapsaban el cruce de las calles Lafayette y Classon, donde está una de las comisarías y delante de la que se registraron incidentes. También había manifestantes en otra dependencia policial de Brooklyn, con gritos de «No puedo respirar« -en recuerdo a las palabras de Floyd- o »Sin justicia no hay paz«. Los disturbios prosiguieron en otras partes de Brooklyn toda la noche, con un sonido constante de sirenas.