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Noticias de ministerio del interior

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Rabat desmantela una célula terrorista leal a Daesh que pensaba atentar en Marruecos
Las autoridades marroquíes desmantelaron hoy una nueva célula terrorista vinculada al grupo yihadista Daesh que estaba planificando atentar contra el país magrebí. El Ministerio del Interior informó hoy en un comunicado de que las tres personas que forman esta célula fueron detenidas en la ciudad de Nador, en el noreste de Marruecos. Las investigaciones demostraron que los integrantes de esta célula «recibieron instrucciones de los dirigentes de Daesh para crear un emirato en el norte del país que estará encargado de planificar una serie de atentados suicidas con coches bomba contra instituciones sensibles». La nota añadió que la vigilancia policial desveló que los arrestados realizaron un proceso de detección y registro de sitios sensibles en la ciudad de Nador como posibles blancos para llevar a caso sus «proyectos terroristas». En los últimos tres años, Marruecos ha desmantelado ya una treintena de células terroristas ligadas al Estado Islámico, una estrategia que ha permitido al país magrebí no sufrir ningún atentado desde hace casi cinco años.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Fidel Castro murió de una neumonía, de la que no quiso tratarse, según Norberto Fuentes
Una neumonía causó la muerte de Fidel Castro el pasado 25 de noviembre. Así lo ha afirmado el escritor cubano Norberto Fuentes en un escueto mensaje colgado en su blog el viernes por la noche. «Sujeto a confirmación. Neumonía. Diez días sin tratamiento. Él no quiso tratarse», escribió quien fue referente intelectual, amigo y confidente de los hermanos Castro en la década de los ochenta, antes de caer en desgracia y exiliarse en Miami. Apenas dos días después de que el líder de la revolución castrista enfermara en julio de 2006, Fuentes adelantó en su blog que Fidel Castro estaba ingresado en el hospital del Palacio de la Revolución, que padecía diverticulitis, una enfermedad del aparato digestivo, y no regresaría más al poder. Lo que así sucedió: primero fue sustituido temporalmente por su hermano Raúl en la presidencia de Cuba y oficialmente desde febrero de 2008. La enfermedad que situó a Castro «al borde de la muerte» y le obligó a entregar las riendas del país a su hermano menor fue una diverticulitis de colon, según los cables de Wikileaks. Consiste en la inflamación de los divertículos, protuberancias en el tramo final del intestino que el 26 de julio de 2006 le causó una gran hemorragia durante un viaje en avión por la isla. Se negó a la colostomía La perforación en el intestino grueso le obligaba a someterse a una colostomía. Pero se negó a tal «humillación» y pasó por varias operaciones y complicaciones. Al final su entorno llamó al médico español José Luis García Sabrido, quien desmintió que se tratase de un cáncer. Sin embargo, el ex teniente coronel del Ministerio del Interior Juan Reinaldo Sánchez, su escolta durante 17 años, explicó en un libro publicado en 2014 («La vida oculta de Fidel Castro»), que el líder del castrismo fue tratado de una úlcera cancerosa en 1983, que se le reprodujo en 1992. El propio Fidel Castro admitió después que «llegó a estar muerto» y se sentía como un «resucitado». Su declive en la última década de vida fue notorio.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El ultraderechista Norbert Hofer, «tranquilo y confiado» tras votar en Austria
Los dos aspirantes a convertirse en el nuevo presidente de Austria han depositado ya su voto en unas elecciones que podrían tener como resultado el primer jefe de Estado ultraderechista en Europa occidental desde la Segunda Guerra Mundial. El populista de derechas Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, ha manifestado sentirse «tranquilo y confiado», mientras que el independiente Alexander Van der Bellen, que tiene estrechos lazos con los verdes, también se ha mostrado optimista, aunque ha reconocido que uno «nunca puede estar seguro». El aspirante de la extrema derecha ha acudido con su mujer a depositar su papeleta en un colegio electoral en Pinkafeld, localidad ubicada en una región fronteriza con Hungría. Al salir ha insistido en que no quiere un referéndum sobre la salida de Austria de la UE, según ha informado la prensa allí presente. Van der Bellen ha votado en Viena, también acompañado por su esposa. A la salida ha afirmado que la cita electoral de hoy es un hito para Europa. La jornada ha comenzado fría pero con buen tiempo en la mayor parte del país, donde 6,4 millones de personas a partir de 16 años están llamadas a las urnas. Así ha empezado el día también en Salzburgo. Lehen es un barrio de clase obrera y con fuerte presencia inmigrante, donde Hofer cuenta con mucho apoyo. Dragan Mirkovic, cerrajero de 40 años, le ha votado porque es el mejor para los ciudadanos y para las relaciones con Europa. El candidato del FPÖ ha rebajado últimamente su tono euroescéptico pero insiste que la soberanía nacional debe ser fuerte frente a las instituciones comunitarias. Cara amable Rudolf Zanotti, jubilado de 77 años, también ha apoyado al aspirante de la ultraderecha porque es «más simpático», ha indicado en declaraciones a Europa Press. Del presidente de la República espera que ayude a mantener la paz y que la gente «no pase hambre». Dora Kofler, otra jubilada del barrio, también ha dado su confianza a Hofer. «Es más joven», ha afirmado. Desde su punto de vista, el jefe del Estado debe ser un buen representante del país. Hanife Jildiz, que trabaja como limpiadora, ha apoyado en cambio a Van der Bellen, porque su contrincante «no quiere a los extranjeros». Austria está muy divida en esta votación. En la segunda vuelta celebrada en mayo, y anulada posteriormente por el Tribunal Constitucional por irregularidades en el recuento, Van der Bellen ganó solo por 31.000 votos. Jürgen Kaltenböck, guía turístico de 44 años, está cansado de tener que volver a votar. Apoya al candidato independiente y de Hofer piensa que miente, que esconde sus verdaderas intenciones. «Es más radical de lo que dice ser». En su opinión, «lo triste» es que el candidato del FPÖ representa bien al pueblo austriaco, que desde su punto de vista puede ser «malhumorado y agresivo». Cree además que muchos votantes se están dejando asustar por las «mentiras» y manipulaciones de la derecha populista en cuestiones como los inmigrantes. Sid Ali es uno de ellos. Procedente de Argelia y musulmán, lleva 16 años en el país. A pesar de los mensajes negativos del Partido de la Libertad sobre el islam, dice sentirse tranquilo ante una eventual llegada de Hofer a la jefatura del Estado, porque esta institución solo tiene un poder «simbólico». Bernhard Jenny, director de arte de 60 años, es de los que también desconfía de las maneras «suaves» de Hofer, que quiere «engañar a la población». En este sentido alude a su cambio de discurso sobre la UE, ahora menos crítico. Cree que si gana habrá «una avalancha política» en el país. Considera que Austria vive hoy «un momento decisivo» en el que deberían unirse «todos los que quieren defender la democracia y Europa». Apoyos Los jóvenes y las mujeres votan más a Van der Bellen, según un estudio realizado en la segunda vuelta electoral de mayo por SORA, una consultora de investigación social con sede en Viena. Sin embargo, la diferencia más notable está entre las personas con estudios y las que carecen de ellos. El 76% de los votantes con título universitario o de educación secundaria prefirió al candidato ecologista, mientras que el 62% de los que carecen de formación se decantaron por el candidato de la derecha populista. Los primeros colegios electorales han empezado a abrir a las siete de la mañana. Las autoridades electorales municipales fijan el horario de voto, que no puede ir más allá de las cinco de la tarde. A partir de esa hora se espera que el Ministerio del Interior empiece a difundir resultados parciales. Como se prevé una votación muy ajustada, es posible que haya que esperar al recuento del voto por correo. Por ello, las autoridades han avisado de que probablemente el nombre del presidente solo se sepa el lunes o incluso el martes.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La participación en el referéndum en Italia sube al 57,24 %
La participación del referéndum por la reforma constitucional que se celebra hoy en Italia alcanzó el 57,24 % a las 19:00 horas locales (18:00 GMT), según el nuevo dato actualizado del ministerio del Interior. El anterior dato de participación, que era del 20,14 %, se hizo público al mediodía, cinco horas después de la apertura de los colegios electorales, que permanecerán abiertos hasta las 23:00 horas locales (22:00 GMT). En este referéndum, que confirma la aprobación en el Parlamento de la reforma impulsada por el Gobierno del primer ministro Matteo Renzi (centroizquierda), no se necesita una participación mínima sino que ganará la opción que reciba más votos. Unos 51 millones de italianos están llamados a votar este domingo en un referéndum sobre la reforma constitucional en Italia que prevé, entre otras cosas, poner fin a la función legislativa del Senado y agilizar los procesos legislativos, según el Ejecutivo de Renzi. En los últimos sondeos publicados sobre la intención de voto, el rechazo a la reforma constitucional se situaba diez puntos por delante del "sí" -55 % frente al 45 %- , pero también mostraron que una cuarta parte del electorado no sabía cuál sería su posición en el referéndum. Renzi vinculó su continuidad al frente del Gobierno con la victoria en el referéndum, aunque posteriormente lamentó haberlo relacionado y ahora se plantea la incógnita de qué sucederá si el Ejecutivo pierde la consulta convocada por el primer ministro. Gran parte de la atención internacional, especialmente la de los socios de la Unión Europea (UE) se centra este domingo en Italia por los temores sobre la inestabilidad que una eventual victoria del no pueda ocasionar, al igual que ya ocurrió en junio pasado tras la decisión de los británicos de romper con los socios europeos.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La Liga Norte y Forza Italia piden la dimisión de Renzi tras conocer los primeros sondeos
El líder de la Liga Norte, Matteo Salvini, y el diputado de Forza Italia Renato Brunetta instaron a la dimisión del primer ministro italiano, Matteo Renzi, tras conocer los sondeos que apuntan a la derrota del Gobierno en el referéndum celebrado hoy. «Si se confirmaran estos datos sería una gran victoria de los ciudadanos y Renzi tendría que dimitir en los dos minutos siguientes para ir enseguida a las elecciones», declaró Salvini, que apoyó el rechazo a la reforma constitucional defendida por Renzi en la consulta. «Renzi debe dimitir», sentenció por su parte Brunetta, el primer representante del partido del ex primer ministro Silvio Berlusconi que compareció ante los medios tras conocerse los datos de los sondeos a pie de urna tras el cierre de la votación. El «no» vence en el referéndum según el sondeo del canal público de televisión, RAI, que indicó que el rechazo a la reforma podría vencer con un mínimo del 54 % de los votos y un máximo del 58 %. Mientras, el grupo privado Mediaset situó la victoria del «no» en un mínimo del 55 % y un máximo del 59 %. Según los sondeos conocidos tras el final de la votación, el «sí» obtendría un mínimo del 42 % y un máximo del 46 %, según los datos de la RAI. El grupo Mediaset estima por su parte que la posición defendida por el Gobierno italiano quedaría derrotada al alcanzar un mínimo del 41 % y un máximo del 45 % de los votos. El ministerio del Interior comunicó poco después del final de la votación que la participación alcanzó en el conjunto del territorio italiano el 68,99 %.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Manuel Valls, el futuro candidato de izquierda a la Presidencia de Francia que rechaza el socialismo
Corría abril de 1982, la izquierda francesa vivía sus años dorados y un joven «militante socialista», con pinta de adolescente, intervenía en un programa de la televisión para explicar el impacto del paro sobre la juventud. El jersey de rombos, la camisa y algunos lapsus, quizá fruto del nerviosismo, no permitían imaginar en él al futuro primer ministro. Manuel seguía siendo Manuel, y no Valls; seguía siendo, en definitiva, el hijo de un pintor catalán y una mujer suiza; el muchacho «reservado, autoritario y ambicioso» que «leía enormemente», según su hermana Giovanna; el admirador del socialista de centro Michel Rocard; y el estudiante de Historia al que nunca había tentado la revolución. Este lunes, más de tres décadas después, ese chico, ya convertido en Manuel Valls (Barcelona, 1962), anunciará su candidatura a la Presidencia de Francia en las elecciones que el país galo celebrará el próximo mayo. Valls lo tendrá difícil. La renuncia de François Hollande a la reelección apenas atenúa la crisis a la que se enfrentan los socialistas, desgastados tras cinco años a las riendas del país. Según los sondeos, la formación está abocada a no pasar a la segunda vuelta de los comicios presidenciales. Una encuesta reciente, de la empresa Elabe, afirma que será el candidato de Los Republicanos, el conservador François Fillon, quien obtendrá las llaves del Elíseo con un 66 por 100 de los votos. Marine Le Pen, la líder de extrema derecha, deberá conformarse con un 34 por 100. Una debacle, la de verse relegados al tercer puesto, que el primer ministro desea evitar a toda costa. «Ante la angustia, la duda y la decepción, ante la idea de que la izquierda no tiene ninguna posibilidad, quiero romper la mecánica que nos conducirá a la derrota», explicó hace una semana. Para lograrlo tendrá que enfrentarse a rivales externos, internos ?como el ex ministro de Economía Emmanuel Macron, que tratará de arrebatarle el voto de centroizquierda? y al desgaste provocado por sus años de gestión. Un «reformista» Inevitablemente ligado al conservadurismo, el pragmatismo y la afinidad por mantener el orden, ostentar el cargo de ministro de Interior siempre ha identificado a su titular con esos rasgos. Manuel Valls lo alcanzó en mayo de 2012, cuando el por entonces nuevo presidente, François Hollande, lo designó para el puesto. El joven político ya venía curtido de once años al frente de la alcaldía de Evry, una ciudad de la periferia parisiense con fama de conflictiva. Su nueva ocupación le quedaba como un guante. Con un perfil muy poco izquierdista, Valls siempre ha reivindicado a figuras políticas de centro, con un carácter moderado y poco apegadas a los cambios bruscos. En su despacho, cuentan, cuelga un retrato de Georges Clemenceau; un gesto que equivale a una declaración de intenciones: el que fuera dos veces primer ministro de la Tercera República Francesa consideraba que «la emancipación de los desheredados» debía resultar «de su propio esfuerzo». Una tarea a la que los políticos debían contribuir creando un medio social adecuado, y «cada vez más favorable». Nada, en definitiva, de alborotos o revueltas sociales. «La ideología ha conducido a desastres, pero la izquierda que defiendo guarda un ideal: la emancipación individual. Es pragmática, reformista y republicana», explicaba Valls en octubre de 2014. Avispado, el periodista que le entrevistaba captó el matiz, preguntándole si no debía ser también socialista. «Lo repito: pragmática, reformista y republicana», zanjó el sin embargo miembro del Partido Socialista. Sus declaraciones no resultaban sorprendentes, porque siempre había sido crítico con esa etiqueta política: en 2009, ya propuso cambiar el nombre de su formación, sustituyendo el término «partido» por el más abierto «movimiento», y desterrando para siempre el de «socialismo», un concepto que consideraba «desfasado» y propio «del siglo XIX», por otro que no especificó. El ministro estricto Valls no se aburrió en el cargo. Uno de los momentos más difíciles de su gestión llegó con el llamado «caso Diuedonné», así bautizado por el humorista Dieudonné M'bala M'bala, muy popular en Francia e inventor de un saludo, llamado la «quenelle», consistente en estirar el brazo derecho, recto, hacia abajo. Su parecido con el saludo nazi, unido a las bromas sobre el Holocausto hechas por el cómico y a su vinculación con el político negacionista Robert Faurisson, llevaron al ministro del Interior a emprender una batalla personal en su contra: «Hay que acabar con esta mecánica del odio. Dieudonné es antisemita y racista», afirmó en diciembre de 2013, cuando también expresó su deseo de prohibir sus espectáculos. Lo cierto es que en el pasado ya había mostrado sus sensibilidades por el tema. En 2011, en Estrasburgo, se declaró «ligado de forma eterna a la comunidad judía y a Israel». Como ministro del Interior, Valls también tuvo que hacer frente a la cuestión romaní. Los romaníes, poblaciones gitanas procedentes de la Europa del Este, comenzaron a sufrir deportaciones a sus países de origen durante la Presidencia de Nicolas Sarkozy. En septiembre de 2010, François Hollande criticó la decisión del conservador, que por entonces consideraba «inmoral e ilegal». Su llegada al poder cambió su punto de vista, cuando defendió, en septiembre de 2013, que «solo una minoría» de ellos buscaba la integración. Hollande cerraba así filas con su ministro del Interior, que ya había afirmado que los romaníes tenían «intención de regresar a Bulgaria y Rumanía». La lucha antiterrorista Con un aura de socialista conservador y de hombre de orden, Valls accedió al cargo de primer ministro en marzo de 2014. Desde ese puesto tuvo que lidiar con el que ha sido el principal desafío de su mandato: el terrorismo islamista. En enero de 2015, el asesinato de los dibujantes de la revista satírica «Charlie Hebdo» y el asalto a un supermercado kosher de París iniciaron la oleada de violencia que ha sacudido Francia durante los dos últimos años. Los atentados contra la capital en noviembre de 2015 y contra Niza en julio de 2016 ahondaron la espiral de inseguridad. «Debemos comprender que las primeras víctimas son los musulmanes», afirmó al respecto en septiembre de este año. Poco antes también había señalado que Francia «estaba en guerra contra el terrorismo». Valls, que gozó de la buena consideración de los ciudadanos franceses durante su etapa al frente del Ministerio del Interior, ha sufrido una caída en popularidad provocada por su desgaste como primer mininistro y por su cercanía al presidente François Hollande. Su lucha por conducir a los socialistas a una nueva victoria en las elecciones no será sencilla.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Manuel Valls, el futuro precandidato de izquierda a la Presidencia de Francia que rechaza el socialismo
Corría abril de 1982, la izquierda francesa vivía sus años dorados y un joven «militante socialista», con pinta de adolescente, intervenía en un programa de la televisión para explicar el impacto del paro sobre la juventud. El jersey de rombos, la camisa y algunos lapsus, quizá fruto del nerviosismo, no permitían imaginar en él al futuro primer ministro. Manuel seguía siendo Manuel, y no Valls; seguía siendo, en definitiva, el hijo de un pintor catalán y una mujer suiza; el muchacho «reservado, autoritario y ambicioso» que «leía enormemente», según su hermana Giovanna; el admirador del socialista de centro Michel Rocard; y el estudiante de Historia al que nunca había tentado la revolución. Este lunes, más de tres décadas después, ese chico, ya convertido en Manuel Valls (Barcelona, 1962), anunciará su candidatura a la Presidencia de Francia en las elecciones que el país galo celebrará el próximo mayo, para las que primero deberá superar las primarias de su partido. Valls lo tendrá difícil. La renuncia de François Hollande a la reelección apenas atenúa la crisis a la que se enfrentan los socialistas, desgastados tras cinco años a las riendas del país. Según los sondeos, la formación está abocada a no pasar a la segunda vuelta de los comicios presidenciales. Una encuesta reciente, de la empresa Elabe, afirma que será el candidato de Los Republicanos, el conservador François Fillon, quien obtendrá las llaves del Elíseo con un 66 por 100 de los votos. Marine Le Pen, la líder de extrema derecha, deberá conformarse con un 34 por 100. Una debacle, la de verse relegados al tercer puesto, que el primer ministro desea evitar a toda costa. «Ante la angustia, la duda y la decepción, ante la idea de que la izquierda no tiene ninguna posibilidad, quiero romper la mecánica que nos conducirá a la derrota», explicó hace una semana. Para lograrlo tendrá que enfrentarse a rivales externos, internos ?como el ex ministro de Economía Emmanuel Macron, que tratará de arrebatarle el voto de centroizquierda? y al desgaste provocado por sus años de gestión. Un «reformista» Inevitablemente ligado al conservadurismo, el pragmatismo y el gusto por mantener el orden, ostentar el cargo de ministro de Interior siempre ha identificado a su titular con esos rasgos. Manuel Valls lo alcanzó en mayo de 2012, cuando el por entonces nuevo presidente, François Hollande, lo designó para el puesto. El joven político ya venía curtido de once años al frente de la alcaldía de Evry, una ciudad de la periferia parisiense con fama de conflictiva. Su nueva ocupación le quedaba como un guante. Con un perfil muy poco izquierdista, Valls siempre ha reivindicado a figuras políticas de centro, con un carácter moderado y poco apegadas a los cambios bruscos. En su despacho, cuentan, cuelga un retrato de Georges Clemenceau; un gesto que equivale a una declaración de intenciones: el que fuera dos veces primer ministro de la Tercera República Francesa consideraba que «la emancipación de los desheredados» debía resultar «de su propio esfuerzo». Una tarea a la que los políticos debían contribuir creando un medio social adecuado, y «cada vez más favorable». Nada, en definitiva, de alborotos o revueltas sociales. «La ideología ha conducido a desastres, pero la izquierda que defiendo guarda un ideal: la emancipación individual. Es pragmática, reformista y republicana», explicaba Valls en octubre de 2014. Avispado, el periodista que le entrevistaba captó el matiz, preguntándole si no debía ser también socialista. «Lo repito: pragmática, reformista y republicana», zanjó el sin embargo miembro del Partido Socialista. Sus declaraciones no resultaban sorprendentes, porque siempre había sido crítico con esa etiqueta política: en 2009, ya propuso cambiar el nombre de su formación, sustituyendo el término «partido» por el más abierto «movimiento», y desterrando para siempre el de «socialismo», un concepto que consideraba «desfasado» y propio «del siglo XIX», por otro que no especificó. El ministro estricto Valls no se aburrió en el cargo. Uno de los momentos más difíciles de su gestión llegó con el llamado «caso Diuedonné», así bautizado por el humorista Dieudonné M'bala M'bala, muy popular en Francia e inventor de un saludo, llamado la «quenelle», consistente en estirar el brazo derecho, recto, hacia abajo. Su parecido con el saludo nazi, unido a las bromas sobre el Holocausto hechas por el cómico y a su vinculación con el político negacionista Robert Faurisson, llevaron al ministro del Interior a emprender una batalla personal en su contra: «Hay que acabar con esta mecánica del odio. Dieudonné es antisemita y racista», afirmó en diciembre de 2013, cuando también expresó su deseo de prohibir sus espectáculos. Lo cierto es que en el pasado ya había mostrado sus sensibilidades por el tema. En 2011, en Estrasburgo, se declaró «ligado de forma eterna a la comunidad judía y a Israel». Como ministro del Interior, Valls también tuvo que hacer frente a la cuestión romaní. Los romaníes, poblaciones gitanas procedentes de la Europa del Este, comenzaron a sufrir deportaciones a sus países de origen durante la Presidencia de Nicolas Sarkozy. En septiembre de 2010, François Hollande criticó la decisión del conservador, que por entonces consideraba «inmoral e ilegal». Su llegada al poder cambió su punto de vista, cuando defendió, en septiembre de 2013, que «solo una minoría» de ellos buscaba la integración. Hollande cerraba así filas con su ministro del Interior, que ya había afirmado que los romaníes tenían «intención de regresar a Bulgaria y Rumanía». La lucha antiterrorista Con un aura de socialista conservador y de hombre de orden, Valls accedió al cargo de primer ministro en marzo de 2014. Desde ese puesto tuvo que lidiar con el que ha sido el principal desafío de su mandato: el terrorismo islamista. En enero de 2015, el asesinato de los dibujantes de la revista satírica «Charlie Hebdo» y el asalto a un supermercado kosher de París iniciaron la oleada de violencia que ha sacudido Francia durante los dos últimos años. Los atentados contra la capital en noviembre de 2015 y contra Niza en julio de 2016 ahondaron la espiral de inseguridad. «Debemos comprender que las primeras víctimas son los musulmanes», afirmó al respecto en septiembre de este año. Poco antes también había señalado que Francia «estaba en guerra contra el terrorismo». Valls, que gozó de la buena consideración de los ciudadanos franceses durante su etapa al frente del Ministerio del Interior, ha sufrido una caída en popularidad provocada por su desgaste como primer mininistro y por su cercanía al presidente François Hollande. Su lucha por conducir a los socialistas a una nueva victoria en las elecciones no será sencilla: primero deberá superar las primarias del Partido Socialista.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Manuel Valls, el precandidato de izquierda a la Presidencia de Francia que rechaza el socialismo
Corría abril de 1982, la izquierda francesa vivía sus años dorados y un joven «militante socialista», con pinta de adolescente, intervenía en un programa de la televisión para explicar el impacto del paro sobre la juventud. El jersey de rombos, la camisa y algunos lapsus, quizá fruto del nerviosismo, no permitían imaginar en él al futuro primer ministro. Manuel seguía siendo Manuel, y no Valls; seguía siendo, en definitiva, el hijo de un pintor catalán y una mujer suiza; el muchacho «reservado, autoritario y ambicioso» que «leía enormemente», según su hermana Giovanna; el admirador del socialista de centro Michel Rocard; y el estudiante de Historia al que nunca había tentado la revolución. Este lunes, más de tres décadas después, ese chico, ya convertido en Manuel Valls (Barcelona, 1962), ha anunciado su candidatura a la Presidencia de Francia en las elecciones que el país galo celebrará el próximo mayo, para las que primero deberá superar las primarias de su partido. Valls lo tendrá difícil. La renuncia de François Hollande a la reelección apenas atenúa la crisis a la que se enfrentan los socialistas, desgastados tras cinco años a las riendas del país. Según los sondeos, la formación está abocada a no pasar a la segunda vuelta de los comicios presidenciales. Una encuesta reciente, de la empresa Elabe, afirma que será el candidato de Los Republicanos, el conservador François Fillon, quien obtendrá las llaves del Elíseo con un 66 por 100 de los votos. Marine Le Pen, la líder de extrema derecha, deberá conformarse con un 34 por 100. Una debacle, la de verse relegados al tercer puesto, que el primer ministro desea evitar a toda costa. «Ante la angustia, la duda y la decepción, ante la idea de que la izquierda no tiene ninguna posibilidad, quiero romper la mecánica que nos conducirá a la derrota», explicó hace una semana. Para lograrlo tendrá que enfrentarse a rivales externos, internos ?como el exministro de Economía Emmanuel Macron, que tratará de arrebatarle el voto de centroizquierda? y al desgaste provocado por sus años de gestión. Un «reformista» Inevitablemente ligado al conservadurismo, el pragmatismo y el gusto por mantener el orden, ostentar el cargo de ministro de Interior siempre ha identificado a su titular con esos rasgos. Manuel Valls lo alcanzó en mayo de 2012, cuando el por entonces nuevo presidente, François Hollande, lo designó para el puesto. El joven político ya venía curtido de once años al frente de la alcaldía de Evry, una ciudad de la periferia parisiense con fama de conflictiva. Su nueva ocupación le quedaba como un guante. Con un perfil muy poco izquierdista, Valls siempre ha reivindicado a figuras políticas de centro, con un carácter moderado y poco apegadas a los cambios bruscos. En su despacho, cuentan, cuelga un retrato de Georges Clemenceau; un gesto que equivale a una declaración de intenciones: el que fuera dos veces primer ministro de la Tercera República Francesa consideraba que «la emancipación de los desheredados» debía resultar «de su propio esfuerzo». Una tarea a la que los políticos debían contribuir creando un medio social adecuado, y «cada vez más favorable». Nada, en definitiva, de alborotos o revueltas sociales. «La ideología ha conducido a desastres, pero la izquierda que defiendo guarda un ideal: la emancipación individual. Es pragmática, reformista y republicana», explicaba Valls en octubre de 2014. Avispado, el periodista que le entrevistaba captó el matiz, preguntándole si no debía ser también socialista. «Lo repito: pragmática, reformista y republicana», zanjó el sin embargo miembro del Partido Socialista. Sus declaraciones no resultaban sorprendentes, porque siempre había sido crítico con esa etiqueta política: en 2009, ya propuso cambiar el nombre de su formación, sustituyendo el término «partido» por el más abierto «movimiento», y desterrando para siempre el de «socialismo», un concepto que consideraba «desfasado» y propio «del siglo XIX», por otro que no especificó. El ministro estricto Valls no se aburrió en el cargo. Uno de los momentos más difíciles de su gestión llegó con el llamado «caso Diuedonné», así bautizado por el humorista Dieudonné M'bala M'bala, muy popular en Francia e inventor de un saludo, llamado la «quenelle», consistente en estirar el brazo derecho, recto, hacia abajo. Su parecido con el saludo nazi, unido a las bromas sobre el Holocausto hechas por el cómico y a su vinculación con el político negacionista Robert Faurisson, llevaron al ministro del Interior a emprender una batalla personal en su contra: «Hay que acabar con esta mecánica del odio. Dieudonné es antisemita y racista», afirmó en diciembre de 2013, cuando también expresó su deseo de prohibir sus espectáculos. Lo cierto es que en el pasado ya había mostrado sus sensibilidades por el tema. En 2011, en Estrasburgo, se declaró «ligado de forma eterna a la comunidad judía y a Israel». Como ministro del Interior, Valls también tuvo que hacer frente a la cuestión romaní. Los romaníes, poblaciones gitanas procedentes de la Europa del Este, comenzaron a sufrir deportaciones a sus países de origen durante la Presidencia de Nicolas Sarkozy. En septiembre de 2010, François Hollande criticó la decisión del conservador, que por entonces consideraba «inmoral e ilegal». Su llegada al poder cambió su punto de vista, cuando defendió, en septiembre de 2013, que «solo una minoría» de ellos buscaba la integración. Hollande cerraba así filas con su ministro del Interior, que ya había afirmado que los romaníes tenían «intención de regresar a Bulgaria y Rumanía». La lucha antiterrorista Con un aura de socialista conservador y de hombre de orden, Valls accedió al cargo de primer ministro en marzo de 2014. Desde ese puesto tuvo que lidiar con el que ha sido el principal desafío de su mandato: el terrorismo islamista. En enero de 2015, el asesinato de los dibujantes de la revista satírica «Charlie Hebdo» y el asalto a un supermercado kosher de París iniciaron la oleada de violencia que ha sacudido Francia durante los dos últimos años. Los atentados contra la capital en noviembre de 2015 y contra Niza en julio de 2016 ahondaron la espiral de inseguridad. «Debemos comprender que las primeras víctimas son los musulmanes», afirmó al respecto en septiembre de este año. Poco antes también había señalado que Francia «estaba en guerra contra el terrorismo». Valls, que gozó de la buena consideración de los ciudadanos franceses durante su etapa al frente del Ministerio del Interior, ha sufrido una caída en popularidad provocada por su desgaste como primer mininistro y por su cercanía al presidente François Hollande. Su lucha por conducir a los socialistas a una nueva victoria en las elecciones no será sencilla: primero deberá superar las primarias del Partido Socialista.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Hollande designa al ministro del Interior Bernard Cazeneuve para suceder a Manuel Valls
Sin sorpresas, el presidente de Francia ha designado al hasta ahora ministro del Interior Bernard Cazeneuve, como nuevo primer ministro y sucesor de Manuel Valls que ayer presentó su dimisión a la par que lanzaba la candidatura a las primarias socialistas en Francia, con vistas a las elecciones presidenciales de 2017. El anuncio del Elíseo del nombramiento de Cazeneuve se ha producido minutos después de que Valls saliera de la sede de la presidencia, donde estuvo reunido media hora con Hollande para presentar su dimisión. «Manuel Valls ha dimitido y el presidente ha nombrado a Bernard Cazeneuve como nuevo primer ministro», ha señalado a Efe una portavoz del Elíseo. La remodelación del Gobierno que lleva aparejada la salida de Valls, quien va a consagrarse por entero a su candidatura a las primarias socialistas de enero, se va a producir en las próximas horas, sin más precisiones, según la portavoz. Una de las principales cuestiones es si Cazeneuve, que desde su puesto al frente del Ministerio del Interior desde abril de 2014 ha dirigido la lucha antiterrorista en Francia, mantendrá esa cartera de gran relevancia cuando el país sigue en estado de emergencia por la amenaza yihadista. Leal a Hollande El nuevo primer ministro, de 53 años, uno de los amigos más leales de Hollande, entró en el Gobierno en 2012 cuando el presidente socialista accedió al Elíseo, en un primer momento como responsable de Asuntos Europeos. El año siguiente pasó a dirigir el departamento de Hacienda cuando el jefe del Estado tuvo que sustituir a Jérôme Cahuzac por el escándalo de las revelaciones sobre sus cuentas en el extranjero no declaradas. En abril de 2014, cuando Valls se convirtió en primer ministro -reemplazando a Jean-Marc Ayrault-, Cazeneuve se convirtió en ministro de Interior y en ese puesto ha vivido la larga serie de ataques yihadistas que ha sufrido Francia, en particular las masacres de enero de 2015 y del 13 de noviembre de ese año en París, y la del 14 de julio de 2016 en Niza. El feudo electoral del nuevo primer ministro está Normandía, y en particular en el departamento de La Manche, de donde fue diputado, además de alcalde de la ciudad de Cherburgo. En los últimos tiempos ha indicado que dejará la política activa cuando termine el actual mandato presidencial, en mayo de 2017.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Masiva detención en Turquía de dirigentes del partido pro-kurdo HDP
El presidente Recep Tayyip Erdogan había avisado: «Tienen que saber que van a pagar un alto precio». Se refería a los autores de la masacre a las puertas del estadio del Besiktas, que causaron 44 muertes y más de 100 heridos, según las últimas cifras oficiales. Y ayer quedó claro a quién apuntan las autoridades con su dedo acusador. El portavoz del pro-kurdo HDP (Partido Democrático de los Pueblos), Ayhan Bilgen, aseguró que 237 miembros de su partido han sido detenidos. Los canales oficialistas no han ofrecido una cifra tan alta. Según la agencia de noticias estatal Anadolu, 199 trabajadores del HDP han sido puestos bajo custodia policial acusados de tener vínculos con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), un grupo armado etiquetado como terrorista tanto por la Unión Europea y Estados Unidos. Por su parte, el Ministerio del Interior anunció la detención de 235 personas por realizar «propaganda terrorista a través de las redes sociales». La policía turca puso en marcha ayer una macrorredada en 11 provincias del país. La unidad antiterrorista irrumpió en las oficinas centrales del partido en Estambul y detuvo a 21 de sus miembros, incluyendo los líderes provinciales Dogan Erbas y Aysel Güzel. Durante la redada dejaron una pintada en la que se podía leer: «Vinimos, no estábais aquí», según una fotografía publicada por el portavoz Bilgen, un lema ya visto en ciudades como Cizre durante los sangrientos toques de queda militar. La policía realizó un despliegue similar en otras provincias, como en Ankara, donde entre los 18 detenidos también se encuentra el jefe provincial, ?brahim Binici, así como en Manisa, Adana, Mersin, Gaziantep o Hakkari y otros cuatro puntos del país.