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Noticias de ministerio de defensa

19-10-2018 | Fuente: abc.es
Ecuador detiene a un grupo de militares vinculado al cártel de Sinaloa
El hallazgo de una tonelada de droga en la ex base militar de Manta, usada hace años por los Estados Unidos, parecía ser el mayor golpe del narcotráfico a las Fuerzas Armadas del Ecuador, tras el secuestro y asesinato de tres periodistas, dos civiles y un ataque con explosivos que se cobró la vida de cuatro infantes de Marina, en la frontera con Colombia, a inicios del año. Pero no. Ayer siete militares en servicio activo y siete civiles fueron detenidos en sendos allanamientos a recintos militares en la operación ?Camaleón? realizado por la Fiscalía y la Policía Nacional en cuatro provincias. Se los investiga por posible tráfico de armas con la organización delictiva Oliver Sinisterra, liderada por alias ?Guacho?, identificado como parte del cártel de Sinaloa y presunto responsable de los secuestros y asesinatos. El robo de armas era una operación compleja y eficaz para no dejar huella. Participaban un ingeniero de sistemas del Ejército que manipulaba el Sistema de Inventarios Logísticos; mientras otros militares sacaban munición y armas de las bodegas y una mujer era la encargada de llevar hasta la frontera con Colombia para entregarlas al grupo armado. El general Wagner Bravo, exjefe militar, comentó a ABC que le resulta "incomprensible el nivel de degradación al que se ha llegado, a sabiendas de que la población respalda a las FFAA en un 80 por ciento". Pidió para los militares implicados una severa sanción porque "han traicionado al país, manchado el uniforme y se han convertido en delincuentes". Fernando Carrión, profesor investigador de FLACSO y experto en Seguridad, dijo que mientras el Ministerio de Defensa concentra su acción en la frontera noroeste y en el control de la zona de exportación de cocaína, en el Pacífico, ?el Ejército vive una implosión?. Las pesquisas del operativo ?Camaleón? comenzaron a raíz de los atentados y asesinatos, y han sido alentadas por el anuncio del presidente Lenin Moreno, cuando dijo: ?se acabó la permisividad en la frontera?, en alusión a lo que habría ocurrido en el Gobierno de Rafael Correa.
17-10-2018 | Fuente: abc.es
Khashoggi aún estaba vivo cuando lo empezaron a descuartizar, según la inteligencia turca
Cuando el príncipe heredero de la corona saudí visitó Madrid en abril, se hizo acompañar de uno de los sospechosos de haber participado recientemente en el asesinato del periodista y disidente Jamal Khashoggi en Turquía. Entonces, Mohamed bin Salman, hombre fuerte y ministro de defensa de Arabia Saudí, se reunió con el Rey y el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy durante una gira internacional cuya intención era presentarse como el líder de una nueva generación que abriría Arabia Saudí al mundo y la convertiría en un Estado moderno. En su llegada a Madrid, y sus recepciones en la Moncloa y el palacio de La Zarzuela, a Bin Salman le escoltó Maher Abdelaziz Mutreb, un diplomático saudí destinado a Reino Unido en 2007. Según las autoridades turcas, que investigan la desaparición del periodista saudí, Khashoggi aún estaba vivo cuando lo empezaron a descuartizar. Asimismo, aseguran que Mutreb es uno de los 15 saudíes que volaron a Estambul para interrogar y posiblemente matar al periodista . Según creen los investigadores, Mutreb ha trabajado en seguridad personal del príncipe y es una persona de su máxima confianza. Que ambos visitaran Madrid y otras ciudades europeas como París en viajes oficiales invalida las excusas que hasta ahora ha transmitido la corona saudí a sus aliados en EE.UU. y que Donald Trump ha hecho públicas: que el príncipe heredero no sabía nada de una operación de asesinato de un disidente y si ocurrió fue obra de matones, y no del gobierno. «De nuevo se intenta que alguien sea declarado culpable antes de ser inocente», dijo ayer Trump, defendiendo a la corona saudí ante las críticas de legisladores y medios de comunicación norteamericanos. Mutreb bajó del avión oficial saudí después de Bin Salman el 11 de abril, cuando recibió a ambos la ministra de Defensa Maria Dolores de Cospedal. Según han confirmado los servicios de inteligencia norteamericanos, estuvo también con él en una gira por varias ciudades de EE.UU., en una visita en la que se incluyó la Casa Blanca en Washington y la sede de Naciones Unidas en Nueva York. El diario The New York Times fue el primero en revelar la identidad de Mutreb. Los 17 saudíes identificados por Turquía como sospechosos de la muerte de Khashoggi llegaron en vuelos privados a Estambul y partieron el mismo día de regreso a Riad, a través de El Cairo y Dubái. Fue el 2 de octubre, la misma jornada en la que Khashoggi acudió a realizar un trámite en el consulado de su país en Estambul y nunca salió de él con vida, según creen tanto los investigadores turcos como sus empleadores en el diario «The Washington Post». De los 17 sospechosos, 11 tienen lazos con la inteligencia saudí. La visita de Bin Salman a España sirvió para que Arabia Saudí cerrara la compra de cinco corbetas a Navantia por importe de 1.800 millones de euros. El mes pasado el Ministerio de Defensa paralizó momentáneamente la venta a ese país de 400 bombas de precisión láser del Ejército español porque podrían ser utilizadas en el conflicto en Yemen. Luego, ante el malestar provocado en Riad, el Gobierno autorizó el envío. Aunque Kashoggi trabajaba para un medio de EE.UU. y residía en Washington, no tenía pasaporte de ese país, lo que ha llevado a Trump, que ha apostado una buena parte de su política exterior a tener unas buenas relaciones con Arabia Saudí, a renunciar a una investigación en profundidad por parte de los servicios de inteligencia norteamericanos.
09-10-2018 | Fuente: abc.es
Cuando Bolsonaro admiraba a Hugo Chávez: «Es la esperanza de América Latina»
Cuando percibió que su popularidad aumentaba y que tenía verdaderas posibilidades de volverse presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro dio un giro en sus pensamientos estatistas, nacionalistas e incluso chavistas, que formaron su trayectoria política. La memoria de internet ha traído a la luz pensamientos contradictorios del líder, que pese a ser un «outsider» para muchos, tiene un largo camino de casi tres décadas en la política nacional. «Es la esperanza para América Latina y me encantaría que esta filosofía llegase a Brasil», declaró Bolsonaro sobre nada más y nada menos que el entonces candidato a la presidencia, Hugo Chávez. En una entrevista al diario O Estado de São Paulo, en 1999, Bolsonaro comparó a Chávez al mariscal Humberto Castelo Branco, primer presidente de la dictadura militar (1964-85), régimen que aún defiende. «Creo que él (Chávez) hará lo que los militares hicieron en Brasil en 1964, con mucho más fuerza», resaltó, negando que fuese contra el comunismo. «Él no es anticomunista y yo tampoco. En verdad, no hay nada más cercano al comunismo que el medio militar», explicó el entonces diputado. Otro político venido a menos, muy admirado por Bolsonaro, es el peruano Alberto Fujimori, que cerró el congreso de su país con apoyo de las Fuerzas Armadas, en 1992, y acusado dentro y fuera del país por violaciones de derechos humanos. «Por su coraje, quiero alabar ahora al excelentísimo Sr. Presidente del Perú, Alberto Fujimori, que implantó en su país como forma de contener la explosión demográfica, la esterilización voluntaria», dijo en 1998. Fujimori, que fue presidente entre 1990 y 2000, fue denunciado por torturas, asesinatos y por esterilizar, sin consentimiento, a más de 300.000 mujeres. Aliado de Lula La prensa ha revivido los momentos en los que Bolsonaro fue hasta favorable a su actual enemigo, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. En 2003, cuando el gobierno Lula comenzaba, el actual candidato defendió el nombramiento de un ministro comunista al ministerio de Defensa. «Las cosas cambiaron. Hoy los comunistas beben whisky, viven bien y van a la piscina», dijo a Folha de São Paulo sobre el cargo concedido a Aldo Rebelo, presidente del Partido Comunista de Brasil. Otro tema que le asombra es que pese a valerse de la democracia, postulando a cargos desde 1990, Bolsonaro siempre fue explícito en decir que no cree en el sistema y que el único camino posible sería una guerra civil. «Solo cambiará, lamentablemente, cuando partamos a una guerra civil, y haciendo un trabajo que el régimen militar no hizo, matando unos 30 mil, comenzando por FHC (el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso)», afirmó en una entrevista de 1999 que se ha vuelto viral en youtube. En esos tiempos, Bolsonaro fue aliado de Lula, a quien apoyó en tres candidaturas presidenciales, hasta 2002. «Quiero alabar la posición de Lula en la comisión de relaciones exteriores. Informaré a mis veinte mil militares, que tienen internet, la propuesta del presidenciable para que cada uno decida su voto», dijo en 2002, en apoyo a Lula. Con la rapidez de las redes y los efectos que eso puede tener en su campaña, Bolsonaro ha usado videos para desmentir sus simpatías contra la izquierda y el comunismo, diciendo que es normal que las personas cambien. Sobre sus propuestas nacionalistas y estatizantes, Bolsonaro dice que ahora es un liberal en la economía, conservador en las costumbres.
02-10-2018 | Fuente: as.com
CSKA: el equipo del Ejército Rojo que reclutaba fichajes
El Ministerio de Defensa aún está en su accionariado. Gracias a sus privilegios logró hacerse con Grygory Fedotov, la mayor estrella del club.
26-09-2018 | Fuente: elpais.com
España apoyó en secreto la guerra en Yemen con la venta de bombas a Riad
El Ministerio de Defensa tendrá que volver a comprar esas bombas, con toda probabilidad por más dinero de los 9,2 millones que pagaron los saudíes, ya que formaban parte del arsenal de guerra del Ejército del Aire que hay que reponer lo antes posible
25-09-2018 | Fuente: abc.es
Como represalia por la presunta responsabilidad de Israel en el derribo, el pasado 18 de septiembre, de un avión de reconocimiento ruso Il-20, catástrofe causada por un misil S-200 disparado por la defensa antiaérea siria y en la que perecieron los 15 tripulantes, Moscú decidió hoy dotar al Ejército sirio de misiles S-300. El Gobierno hebreo llevaba años presionando al Kremlin para evitar que estos cohetes, mucho más modernos y precisos que los S-200, cayeran en manos del régimen de Bashar al Assad. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habló hoy por teléfono con el presidente ruso, Vladímir Putin, para expresarle su malestar y alertar de que los S-300 contribuirán a «crear nuevas amenazas en la región». Netanyahu dejó claro que su país «seguirá defendiendo su seguridad» y culpó del incidente del Il-20 a Irán y Siria. Hoy también puso el grito en el cielo el asesor de seguridad nacional estadounidense, John Bolton, quien en declaraciones a la prensa en Nueva York pidió a Rusia que se «replantee» suministrar a Siria los S-300. «Creemos que entregar los S-300 al Gobierno sirio sería una escalada significativa por parte de los rusos». El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, se propone tratar este asunto en Nueva York con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Sin embargo, Putin en su conversación de hoy con Netanyahu insistió en que fueron los pilotos de la aviones de combate israelíes F-16, que atacaban objetivos en Latakia para impedir una supuesta transferencia de nuevos armamentos a Hizbolá, los que «con sus acciones provocaron la tragedia». El domingo, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, dijo que uno de los cuatro cazas F-6 israelíes que participaban en el bombardeo «se parapetó detrás de nuestro Il-20 y el sistema antiaéreo lo detectó como enemigo». «Los datos objetivos presentados hablan de falta de profesionalismo o, como mínimo, de negligencia criminal de los pilotos de los cazas israelíes, cuya acción produjo la muerte a 15 militares rusos», aseguró Konashénkov. Evitar acciones irreflexivas Quien hoy anunció la entrega a Siria de los misiles S-300, en un plazo máximo de «dos semanas», fue el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú. «Estas medidas enfriarán las cabezas calientes de algunos e impedirán acciones irreflexivas que puedan suponer una amenaza para nuestros soldados», advirtió Shoigú. Según sus palabras, los S-300 «son capaces de interceptar aparatos a una distancia de más de 250 kilómetros y pueden atacar al mismo tiempo varios blancos en vuelo». El ministro de Defensa ruso recordó que las fuerzas sirias ya habían sido entrenadas para la utilización de los S-300, cuyo envío a Siria debió producirse en 2013. «Pero no lo hicimos a petición de Israel», agregó Shoigú, quien advirtió que «la navegación por satélite, los radares de a bordo y los sistemas de comunicación de la aviación militar que ataquen blancos en territorio sirio serán bloqueados en el Mediterráneo», en la zonas adyacentes a la costa de Siria.
24-09-2018 | Fuente: abc.es
Tres años de la intervención «clave» de Rusia en la guerra civil siria
El próximo domingo se cumplirán tres años desde que el presidente Vladímir Putin decidiese intervenir en Siria en ayuda de Bashar al Assad, que estaba entonces totalmente contra las cuerdas. Queda sólo por liberar el bastión rebelde de Idlib, situado al noroeste del país y fronterizo con Turquía, pero su recuperación se hará esperar tras el acuerdo alcanzado la semana pasada en Sochi entre Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Putin aceptó suspender el asalto final al Idlib debido a las presiones de la comunidad internacional y, sobre todo, de Turquía. Pero Moscú espera que Ankara actúe ahora con mayor resolución contra los grupos yihadistas y modere a sus milicias aliadas para lograr que el enclave no sea un peligro ni para Assad ni para las dos bases militares que Rusia tiene en Latakia, la naval de Tartús y la aérea de Jmeimim. De que se consiga o no este objetivo depende que continúe el actual entente entre Rusia y Turquía, condición fundamental para la buena marcha de la operación hacia la victoria final en Siria y hacia la apertura definitiva de un proceso político en el que Assad, como desea el Kremlin, juegue un papel central. Un nuevo elemento inquietante e inesperado, aunque no por eso totalmente imprevisible, ha sido la enrarecida atmósfera que ha generado entre Rusia e Israel el derribo, el pasado martes frente a las costas de Latakia, de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200. El Ministerio de Defensa ruso volvió ayer a culpar a Israel del incidente , ya que, según el portavoz castrense, Ígor Konashénkov, uno de los cuatro cazas F-6 israelíes que participaban en un bombardeo contra instalaciones del Ejército sirio en Latakia «se parapetó detrás de nuestro Il-20 y el sistema antiaéreo lo detectó como enemigo». Negligencia criminal «Los datos objetivos presentados hablan de falta de profesionalismo o, como mínimo, de negligencia criminal de los pilotos de los cazas israelíes, cuya acción produjo la muerte a 15 militares rusos», aseguró Konashénkov el domingo. A su juicio, Israel «incurrió en una clara violación del acuerdo ruso-israelí del 2015 para la prevención de este tipo de situaciones en Siria». El portavoz de Defensa cree además que Israel puso en peligro el tráfico en la zona de aviones comerciales. Israel declinó ayer comentar las palabras de Konashénkov, pero sigue negando su culpabilidad. Pese a los evidentes vínculos existentes entre Moscú y Damasco, ya desde la época soviética, y a la existencia de indiscutibles intereses rusos en Siria, Putin estuvo mirando para otro lado durante cuatro años. La guerra civil en el país árabe comenzó en 2011 y en 2015, cuando Assad estaba completamente acorralado y había perdido el control sobre más de dos tercios de su territorio, Rusia de repente decidió intervenir. Rusia, gran potencia Los analistas coincidieron entonces en señalar que debido a que la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas del este de Ucrania había dañado la imagen internacional de Rusia, además de provocar un rosario interminable de sanciones, la mejor forma de desviar la atención y tratar de recuperar el prestigio perdido era demostrando que Moscú colabora en primera línea para erradicar a grupos terroristas tan atroces como el Daesh y el Frente al Nusra (filial local de Al Qaida). Corrían por las televisiones mundiales terribles escenas de decapitaciones y torturas de verdugos del autoproclamado Estado Islámico. Putin retomaba así la iniciativa, reafirmaba el papel de Rusia como gran potencia y evitaba la caída de un nuevo dictador, algo que parece producirle alergia después de lo visto en Irak con Saddam Hussein y en Libia con Muammar Gaddafi. Tras una fase preparatoria que había comenzado en agosto, el 30 de septiembre de 2015, Rusia lanzaba sus primeros bombardeos contra posiciones yihadistas, aunque después quedó patente que los ataques masacraban también a muchos grupos de la oposición a Assad considerados moderados. Y es que Putin nunca ocultó que su objetivo en Siria, además de la cacareada lucha contra el terrorismo, era «estabilizar» el régimen «legítimo» de Assad. Tres años más tarde, Rusia tiene más cerca que nunca culminar con éxito su intervención militar. El mes pasado, el Ministerio de Defensa ruso distribuyó mediante un vídeo el primer documento pormenorizado sobre la participación de las Fuerzas Armadas rusas en el conflicto sirio y el número total de efectivos que han estado destinados en el país árabe desde el 30 de septiembre de 2015, que asciende a un total de 63.012. Esa cifra de militares rusos «han tenido experiencia de combate en Siria», subraya el informe, que eleva el número de generales a 434 y a 25.738 el de oficiales. Retirada no cumplida Putin ha anunciado hasta tres veces la retirada de sus tropas de Siria, pero en los tres casos han sido gestos propagandísticos dirigidos más bien a intentar tranquilizar a sus compatriotas, preocupados con el excesivo gasto militar cuando hay otras urgencias en el país. Al final, el presidente ruso tuvo que reconocer que sus soldados permanecerán en Siria «mientras su presencia resulte beneficiosa» y no ha vuelto a concretar ninguna nueva fecha para su repatriación. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus aviones llevaron a cabo más de 39.000 incursiones contra objetivos en territorio sirio, aniquilando a más de 86.000 terroristas y destruyendo cerca de 121.466 instalaciones pertenecientes a los insurgentes. El conflicto ha permitido experimentar al Ejército ruso 231 tipos diferentes de armamentos. Los aparatos más utilizados en las operaciones contra los extremistas en Siria están siendo los Sujói, el Su-24M y el Su-25SM, capaces de transportar una cantidad significativa de municiones, principalmente bombas aéreas. Los aviones Su-30,  Su-34 y Su-35 también realizan operaciones de combate destruyendo puestos de mando, campamentos y grupos de terroristas. El logro más indudable del Ejército ruso fue el despliegue de la base aérea de Jmeimim, en Latakia, en tan solo un mes. En la base fueron construidos todos los dispositivos de apoyo material y de ingeniería para el grupo aéreo ruso. Los complejos de defensa aérea S-400, Pantsir-S1, Buk-M2, junto a otros sistemas, son empleados para la defensa de la base, mientras que los drones monitorean su territorio. También los helicópteros de ataque Mi-28, Mi-35 y Ka-52 se utilizaron ampliamente en Siria. Ensayo de material militar Por otro lado, las Fuerzas Armadas rusas han ensayado en Siria misiles Iskander y Kalibr, capaces de portar armas nucleares tácticas, también cohetes para  equipar aviones de combate, los X-101, lanzaderas navales Bastión para golpear objetivos en la costa enemiga y casi todos los tipos de aeronaves que Rusia tiene en su arsenal. Han sido probados también los nuevos dispositivos de guerra electrónica, blindados de la última generación como el Taifún-K, robots de combate y para desminado, muy útiles sobre todo en Palmira. Lo que se desconoce a ciencia cierta es el número de bajas que han sufrido las fuerzas rusas en estos tres años. Putin promulgó en mayo de 2015, en la víspera del comienzo de la intervención armada en el país árabe, una ley que prohíbe facilitar cifras de militares muertos en «tiempos de paz». Los datos que se manejan ahora mismo se refieren a los casos de muertes más sonados, de altos mandos o los dos pilotos abatidos. También el de los 15 tripulantes del Il-20 derribado la semana pasada. Algún otro caso se ha traslucido gracias a las declaraciones de sus familiares. Todos ellos suponen en torno a un centenar de bajas. Contando también los más de 200 mercenarios rusos del grupo Wagner, aniquilados el pasado febrero en Deir ez Zor, al noreste de Siria, en un ataque de la coalición internacional que lidera Estados Unidos, salen más de 300 muertos. Algunas ONGs elevan la cifra a 400 y otras creen que solamente en Deir ez Zor hubo 600. Otro enigma es el costo real de la guerra en Siria para las arcas rusas. La editora británica IHS Jane's calculó el año pasado que Rusia gastaba cada día en Siria entre 2 y 3,5 millones de euros. La única vez que Putin habló de cifras al respecto fue en marzo de 2016 y declaró que, hasta ese momento, se habían gastado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros según el cambio de entonces). Hace justo un año, el diario económico ruso RBK publicaba su propio estudio, en el que elevaba la cantidad a 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros). El último cálculo lo hizo el partido opositor ruso «Yábloko» el pasado marzo y arrojaba una suma que podría oscilar entre los 172.300 millones y los 245.100 millones de rublos (de 2.300 a 3.270 millones de euros). Esto en mitad de una situación económica muy adversa para Rusia a causa de las numerosas tandas de sanciones impuestas por EE.UU. y la UE. Mercenarios, instrumento de la guerra de Rusia en Siria Rusia ayuda al régimen sirio con bombardeos de su aviación y de su fuerza naval. El personal miliar adscrito a la operación, por tanto, pertenece a la Fuerza Aérea y a la Armada. Rusia incluye en su dispositivo desplegado en Siria tropas para defender sus bases de Tartús y Jmeimim y mantiene unidades de la Policía Militar que actúan, según los casos, para ayudar en tareas de orden público en las localidades recuperados por el Ejército sirio o, como sucede en los Altos del Golán o Idlib, en misiones de observación y mantenimiento de la paz. Oficialmente, Moscú no tiene fuerzas de infantería combatiendo en Siria, ya que las unidades de mercenarios de la llamada Compañía Militar Privada (ChVK en sus siglas en ruso) Wagner, según se ha venido repitiendo en los ministerios de Defensa y Exteriores, «actúan bajo intereses privados» y «no están vinculadas al dispositivo militar ruso» en Siria. Se sabía de su existencia por las fotos colgadas por sus propios combatientes en las redes sociales, pero lo que les puso realmente a la luz fue el encontronazo que tuvieron con fuerzas estadounidenses el pasado mes de febrero en Deir ezzor, en donde sufrieron cuantiosas bajas. Este grupo lo creó el empresario conocido como el «chef de Putin», Evgueni Prigozhin, sancionado la semana pasada por Washington, junto con otras 33 personas y compañías, por sus vinculaciones con el Kremlin. Tres periodistas rusos fueron este verano asesinados en la República Centroafricana cuando intentaban investigar la presencia en este país del grupo Wagner.
22-09-2018 | Fuente: abc.es
La batería de sanciones de Estados Unidos contra Rusia salpica a China
Estados Unidos apunta a Rusia pero el disparo impacta en China. Eso es lo que se puede concluir del anuncio que realizó el jueves el Departamento de Estado, que dirige Mike Pompeo, sobre la imposición de nuevas sanciones, que afectan a 33 ciudadanos y empresas rusas, pero también al Departamento de Desarrollo de Equipos (EDD, en sus siglas en inglés), órgano dependiente del Ministerio de Defensa chino, que fue creado hace un par de años por el presidente Xi Jinping con el objetivo de mejorar la tecnología disponible para el ejército. La administración Trump sanciona a China por la compra de diez cazas rusos Sukhoi Su-35 en 2017 y de misiles tierra-aire S-400 en 2018 a Rosoboronexport, el principal exportador ruso de armas, en aplicación de la Ley para Contrarrestar a Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones (CAATSA, en sus siglas en inglés). Una de sus consecuencias es que afecta a terceros países, en este caso a China por hacer negocios con empresas rusas que forman parte de una lista negra de empresas relacionadas con el Kremlin. El Departamento de Estado anunció de esta forma que sanciona al EDD y a su director, Li Shangfu, al que prohíbe la entrada en el país, por su compra de aviones y armamento a la citada empresa rusa. La sanción implica que no podrán exportar productos a Estados Unidos o realizar operaciones dentro de su sistema financiero, y además se les embargarán las propiedades que puedan tener en el país. La ley que ampara estas sanciones fue firmada por el presidente Donald Trump en agosto de 2017, después de que el Congreso aprobara por amplia mayoría una iniciativa destinada a sancionar a Irán, Corea del Norte y Rusia. Trump aprovechó la firma de la ley para arremeter contra ella por considerarla «significativamente defectuosa». De lo que en el fondo se lamentaba el presidente es de que la ley le resta poderes para levantar algunas de las sanciones a Rusia aprobadas por su predecesor, Barack Obama. «Las acciones no tienen como propósito socavar las capacidades militares o la preparación para el combate de ningún país», explicó el Departamento de Estado en un comunicado, «sino imponer costes a Rusia en respuesta por su interferencia en el proceso electoral de Estados Unidos, su inaceptable comportamiento en el este de Ucrania y otras actividades malignas». «Habrá consecuencias» Estas sanciones abren un nuevo frente entre Estados Unidos y China. El autoritario régimen de Pekín ha respondido airadamente a Washington. El portavoz de Exteriores chino, Geng Shuang, instó ayer a la Casa Blanca a retirar dichas sanciones o, de lo contario, habrá consecuencias. «China está fuertemente indignada con el movimiento ilógico por parte de EE.UU.», aseguró Geng Shuang en su comparecencia diaria ante la prensa, según informa la agencia Xinhua. A su juicio, «EE.UU. ha violado seriamente las normas básicas de las relaciones internacionales y dañado severamente los lazos entre los dos países y sus ejércitos». Por ese motivo, instó a Washington a «corregir inmediatamente su error y retirar las llamadas sanciones. De lo contrario, tendrá que atenerse a las consecuencias». Aunque el portavoz no quiso indicar cuáles serían, esta amenaza empeora aún más las relaciones entre Pekín y Washington, enfrentados por la guerra comercial que han desatado los aranceles del presidente Trump. Este es el último capítulo de la nueva guerra fría que enfrenta a Pekín y Washington, junto al agravamiento de su guerra comercial con nuevos aranceles cruzados que entrarán en vigor el lunes y su disputa en el Mar del Sur de China. Impuestas desde 2014 sin el apoyo de China, estas sanciones de EE.UU. y sus aliados occidentales se dirigen fundamentalmente contra la economía rusa y su firma estatal de venta de armas, Rosoboronexport. Pero han salpicado al régimen de Pekín en el momento más tenso de sus relaciones con Washington de los últimos años. De hecho, no parece casual que el Departamento de Estado haya anunciado las sanciones en plena guerra comercial con China, que ha reforzado su alianza con Rusia frente a la hegemonía estadounidense. Así lo demuestra la participación del Ejército chino en las gigantescas maniobras que Moscú llevó a cabo a principios de este mes en Vostok, donde ambos países lucieron músculo militar de forma conjunta. Con dichos juegos de guerra, China y Rusia trasladan al campo militar el multilateralismo que vienen propugnando para minar la menguante presencia internacional de EE.UU., cada vez más cuestionada por los altibajos del presidente Trump. Imputados por Mueller Junto a Li Shangfu y su Departamento de Desarrollo de Equipamiento de la Comisión Militar de Central, en la lista negra fueron incorporadas 33 ciudadanos -entre los que se encuentra Yevgeny Prigozhin, oligarga ruso conocido como «el cocinero de Putin»- y empresas rusas. Entre ellos, los 25 rusos que ya fueron imputados con anterioridad por el fiscal especial Robert Mueller, encargado de la investigación de la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016. La lista suma ahora 72 personas y empresas que, según Estados Unidos, tiene relación con la inteligencia rusa. Estar en ella no implica necesariamente la imposición de una sanción para los afectados, pero sí para aquellos que realicen tratos con ellos.
19-09-2018 | Fuente: abc.es
Putin desactiva la crisis abierta con Israel tras el derribo de un avión ruso
El derribo ayer de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200, que habían sido disparados durante un ataque de cuatro aviones israelíes F-16 y cuyo objetivo era abatirlos, ha abierto una crisis, de momento diplomática y no excesivamente virulenta, entre Rusia e Israel. El incidente recuerda lo sucedido en noviembre de 2015 cuando aviones de combate turcos, también F-16, derribaron un cazabombardero ruso Sujói-24 en la frontera entre Turquía y Siria. El presidente Vladímir Putin terminó ayer quitando hierro al incidente y dejando claro que no habrá crisis en las relaciones con Israel. Pero, por la mañana, el Ministerio de Defensa ruso responsabilizó a Israel de lo sucedido con el Il-20, cuya caída al mar Mediterráneo, el lunes cerca de la localidad siria de Latakia, causó la muerte de sus 15 tripulantes. el momento en el que la aeronave rusa desapareció de los controles de radar, cuatro aviones israelíes F-16 atacaban posiciones en Latakia. Como un «escudo» Según el comunicado dado a conocer por el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, el general Ígor Konashénkov, los aparatos israelíes utilizaron como «escudo» el avión ruso, que fue alcanzado por misiles S-200 disparados por la artillería antiaérea siria. Konashénkov calificó de «hostiles» las acciones de Israel y aseguró que sus aviones «crearon deliberadamente una situación peligrosa», ya que el Il-20 ruso se disponía a aterrizar y en las inmediaciones se encontraba el navío francés «Auvergne». Según sus palabras, «quince militares rusos han muerto por culpa de las acciones irresponsables de Israel en Siria». El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, por su parte manifestó que Rusia «ha advertido repetidamente a Israel del peligro de sus ataques contra Siria, por lo que la responsabilidad del incidente recae completamente sobre este Estado. Rusia se reserva el derecho de responder de forma adecuada». Konashénkov considera «imposible» que el control aéreo israelí no se percatará de la presencia del Il-20, que al ser empleado como «escudo» por los pilotos de los F-16, «lo pusieron a merced de la defensa antiaérea siria». Además, subrayó el general ruso, Israel no avisó con la debida antelación de sus planes de ataque, lo que «impidió situar el Il-20 en una zona segura». Este avión ruso, un turbohélice de reconocimiento y lucha radioelectrónica, desapareció de las pantallas de radar hacia las diez de la noche (hora española) del lunes. Volaba en ese momento sobre el Mediterráneo a unos 35 kilómetros de la costa de Siria. Se disponía a tomar tierra en la base aérea rusa de Jmeimim, situada al noroeste de Siria junto a Latakia. Los restos del avión y varios de los cadáveres fueron hallados ayer por la Marina rusa a 27 kilómetros al oeste de la ciudad de Baniyas (provincia de Latakia). Tras el enfado mostrado por el Ministerio de Defensa, cuyo titular, Shoigú, habló por teléfono con su homólogo israelí, Avigdor Lieberman, para mostrar una vez más su malestar, fue el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, quien se expresó al respecto, pero bajando considerablemente el tono de los reproches. Aunque afirmó que en el Kremlin reina una «preocupación extrema» por la muerte de los 15 tripulantes del Il-20, declinó entrar en materia. «No voy a dar ninguna valoración. La situación se está analizando. Los primeros resultados de este análisis se han ofrecido en la declaración del Ministerio de Defensa, que de manera unívoca calificó de provocadoras esas acciones», manifestó Peskov en su habitual comparecencia ante los medios de comunicación rusos. El portavoz del presidente Vladímir Putin dijo además que el derribo del avión no influirá de ninguna manera en el acuerdo alcanzado el lunes entre Rusia y Turquía para pacificar la situación en Idlib. También ayer fue convocado el embajador de Israel en Moscú, Harry Koren, a dar explicaciones en el Ministerio de Exteriores ruso. Pero acudió la encargada de negocios de la legación israelí, Keren Cohen Gat, que no quiso hacer ninguna declaración tras su encuentro en la Cancillería rusa. Armas para Hizbolá Entre tanto, Tzahal, el Ejército israelí, daba a conocer un comunicado responsabilizando de la catástrofe del Il-20 al régimen de Bashar al Assad, a Irán y a la milicia chií Hizbolá. Según la nota, «en el momento del ataque el avión ruso derribado no se encontraba en la zona de operaciones (..) el objetivo de la incursión era un centro dependiente de las tropas sirias de fabricación de armas de exterminación masiva para que Hizbolá las empleara contra Israel». Así mismo, el Ejército israelí aseguró estar dispuesto a «facilitar a Rusia toda información relevante» que sirva para esclarecer los hechos. Esta misma oferta se la hizo poco después por teléfono el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Putin, indicando que enviará a Moscú al máximo responsable de la Fuerza Aérea del país para ayudar en la investigación. Netanyahu expresó al jefe del Kremlin sus condolencias por la muerte de los militares rusos. Putin fue quien puso punto final al percance dando a entender que no pondrá en peligro las relaciones con Israel como sí sucedió con Turquía hace tres años. El derribo del cazabombardero ruso provocó una crisis con Ankara, sanciones incluidas, que sólo empezó a resolverse después de que Erdogan pidiera disculpas, en el verano de 2016. Durante su rueda de prensa conjunta con el primer ministro húngaro, Viktor Orban, el presidente ruso dijo ayer que lo de ahora y lo de hace tres años «son cosas distintas (..) entonces el ataque del caza turco fue premeditado, pero lo sucedido ahora parece más bien una cadena de casualidades trágicas (..) ningún avión israelí derribó al nuestro deliberadamente». Al ser preguntado sobre qué medidas piensa adoptar contra Israel, Putin respondió que «nuestras acciones de respuesta apuntarán ante todo a dar mayor seguridad a nuestros militares y a nuestras instalaciones en Siria».
18-09-2018 | Fuente: abc.es
Un avión militar ruso desaparece tras un ataque de cazas israelíes en Siria
El Ministerio de Defensa ruso ha informado este lunes de que la base aérea de Hmeymim en Siria ha perdido la comunicación con un avión militar IL-20, según ha informado la agencia de noticias Sputnik. «El 17 de septiembre, sobre las 20.00 horas GMT, se perdió la comunicación con un avión ruso IL-20 cuando regresaba a la base de Hmeymim y sobrevolaba el Mediterráneo a 35 kilómetros de la costa siria», ha afirmado el Ministerio en un comunicado. En el comunicado, el Ministerio ruso ha precisado que el avión ha desaparecido de los radares durante un ataque que lanzaron cuatro aviones F-16 de Israel contra objetivos sirios en la provincia de Latakia. Según el Ministerio, en el IL-20 se encontraban a bordo 14 militares y por el momento se desconoce su destino. Además, en el mismo momento en el que ha desaparecido, los radares rusos han detectado lanzamientos de misiles desde la fragata francesa Auvergne, emplazada en el mar Mediterráneo.
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