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Noticias de lula da silva

02-02-2020 | Fuente: abc.es
Ese doble rasero en vigor
Hoy se clausura la decimoquinta edición del Hay Festival en Cartagena de Indias. Una cita en la que se han encontrado, una vez más, docenas de escritores y pensadores de múltiples nacionalidades. Y una cita en la que puede haberse puesto de manifiesto un doble rasero a la hora de seleccionar a qué políticos se puede convocar a hablar de cuestiones de actualidad. Dos expresidentes ocuparon las principales tribunas: el colombiano Juan Manuel Santos y la brasileña Dilma Rousseff. Santos es un expresidente que obtuvo un cuestionado premio Nobel de la Paz en 2016 por un acuerdo con las guerrillas de su país que rechazó la mayoría de los colombianos que se manifestaron en el plebiscito que debía ratificar el pacto. Pero las reticencias populares ya se habían puesto de manifiesto en las urnas con anterioridad. En plena negociación con las FARC en 2014 Santos se presentó a la reelección y perdió en primera vuelta. La cosa no iba bien y la campaña santista estaba apurada de dinero: ¿quién aportó fondos? Odebrecht, la compañía que ha generado los mayores casos de corrupción en toda Iberoamérica, que se ha llevado por delante presidentes y ministros de diferentes países. Resultado de ello es que el tesorero de la campaña de Santos, Roberto Prieto, fue condenado a cinco años y dos meses de prisión. Pero Santos se niega a contestar preguntas sobre la financiación de su campaña y a pesar de los muchos encuentros suyos con dirigentes de Odebrecht, documentados incluso con fotografías, él niega ningún conocimiento de esa financiación. En su presencia en el Hay, el asunto no apareció en la conversación. Sólo hubo una referencia a los dineros «mal habidos» en campañas electorales del mundo entero con candidatos de todo signo. Era pertinente. Santos tiene una notable singularidad política. En las elecciones de 2010 ganó la Presidencia con el apoyo de la derecha y contra un candidato de izquierda, Antanas Mockus. Y en las de 2014 ganó con el apoyo de la izquierda contra uno de derecha, Óscar Iván Zuloaga. Iguales honores disfrutó Dilma Rousseff sobre la que no hay sospechas, no. Hay la certeza de su apartamiento del poder por un caso de corrupción en el que hubo violación a la ley presupuestaria y a la ley de probidad administrativa en relación con actos de corrupción en la petrolera estatal, Petrobras, en el ámbito de la operación Lava Jato. Esta operación llevó a la cárcel a su predecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva. Rousseff, durante una hora, respondió a apenas seis preguntas, como queriendo limitar el número de cuestiones y al borde de la campana el moderador recomendó la visión del documental sobre la destitución de la presidenta elaborado por Petra Costa. Huelga decir que ese documental roza la categoría de hagiografía. Resultaba más interesante dedicar buena parte de la intervención a explicar cómo el centro derecha y la derecha brasileños se han disuelto en una extrema derecha, culpándoles a ellos de haber llegado a esa ubicación política. No hubo ni un segundo para reflexionar sobre qué responsabilidad en la llegada al poder de Jair Bolsonaro pueden haber tenido los dos presidentes militantes del Partido de los Trabajadores que han ocupado el poder durante trece años consecutivos, entre enero de 2003 y agosto de 2016. ¿No tuvieron su gestión ni sus casos de corrupción ninguna influencia en el resultado de las elecciones que dieron la victoria a la «ultra derecha» brasileña? La cuestión que me pasaba por la cabeza escuchando a Santos y a Rousseff es si foros como el Hay invitarían con igual liberalidad a expresidentes conservadores afectados por casos de corrupción flagrantes como los de estos dos oradores. Me temo que no. El doble rasero que se aplica es evidente.
20-01-2020 | Fuente: abc.es
Mientras buena parte de España se retorcía de la impotencia por la designación como fiscal general de Dolores Delgado, en Sudamérica el terremoto lo provocaba Baltasar Garzón. El exjuez, amigo o compañero de Lola, como se conoce a la aplaudidora de Villarejo por fichar mujeres para ejercer la prostitución, con el fin de extorsionar a políticos y empresarios, se erigió en verdugo supremo de magistrados y colegas de Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia, en lo que han bautizado como Tribunal de Acción Común (TAC). El patíbulo de periodistas, fiscales y de aquellos jueces que juzgan o intentan juzgar, entre otros, a Cristina Fernández de Kirchner, Luiz Inacio Lula da Silva, Rafael Correa y Evo Morales, lo preside Eduardo Barcesat, ex profesor de la pseudouniversidad Popular de Madres de Plaza de Mayo de Hebe de Bonafini, la misma que organizó en la década «K», los simulacros de juicios/linchamientos contra periodistas. La creación del TAC, una instancia al margen de la ley de los países mencionados, -y de cualquier otro-, la justifican para combatir el «law fare», expresión que en España frecuenta el separatismo para vender al mundo que sus condenados lo son fruto de un acoso judicial por razones políticas y no por los delitos cometidos. El falso tribunal que juzgará la conducta de la justicia verdadera y de la prensa sudamericana, ha instalado su sede en Madrid y anuncia que tendrá sentencia en el mes de noviembre. Antes, tranquiliza Barcesat, «daremos la oportunidad a los jueces como Bonadío (Claudio) y Moro (Sergio) para que brinden su postura» (sic). Daniel Santoro, uno de los periodistas en el objetivo del TAC, recordó, «Pinochet usó el mismo término lawfare cuando Baltasar Garzón lo detuvo en Londres». Ricardo Gil Lavedra, exmagistrado del juicio a las Juntas Militares argentinas, calificó la iniciativa de «desopilante». A la exministra Patricia Bullrich, el chiste no le hizo mucha gracia y apuntó: «La impunidad que CFK no consigue en su país va a buscarla al otro lado del Atlántico». Cristina Fernández de Kirchner, actual vicepresidente de Argentina, fue la primera en utilizar el recurso del «law fare» para defenderse de la colección de procesamientos, por corrupta, que la mantienen fuera de la cárcel gracias a la impunidad que le dan los fueros. Barcesat, con honestidad brutal, reconoce en La Nación: «Ya sé que no somos neutrales, la pregunta sería respecto de qué bando no lo somos». (SIC)
05-01-2020 | Fuente: abc.es
Bolsonaro se desinfla tras un año de constantes polémicas
Un año cargado de polémicas y de conflictos ha dejado un gusto amargo en las evaluaciones que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha recibido al cumplir su primer año de mandato. La encuestadora Ibope, la más tradicional de Brasil, concluyó que el ultraderechista es el mandatario peor evaluado en su primer año desde Fernando Collor de Mello (1990-92), destituido a la mitad de su Gobierno. Bolsonaro llega a los doce meses con un índice de satisfacción de apenas el 29%, empatado con Collor, que perdió popularidad al confiscar las cuentas de ahorros. Sin ninguna medida tan radical, Bolsonaro ha derretido su popularidad con polémicas dentro y fuera del país, en las que se ha enfrentado, e incluso ha insultado, a políticos, artistas, científicos y hasta presidentes extranjeros, desatando crisis diplomáticas como la que generó con el francés Emmanuel Macron, al decirle que la Amazonia era un problema brasileño en el que no tenía que meterse. «Es un Gobierno muy difícil, el peor evaluado entre todos los presidentes en su primer año, y eso es muy raro», compara el politólogo Humberto Dantas, doctor de la Universidad de Sao Paulo (USP). «Se trata de un Gobierno que en pocos meses ya fue cuestionado con propuestas de destitución, que es sometido a apuestas sobre si termina o no el mandato, que ha perdido sustentación y popularidad en muy poco tiempo», analiza el investigador. Dantas se refiere a esas polémicas y otras, como pelear con los principales líderes del partido por el cual fue elegido, hasta el punto de salirse de él y tener que crear el suyo. En noviembre anunció la fundación de Alianza por Brasil, su décimo partido en tres décadas de carrera, que dirige al lado de sus hijos, por quienes también ha peleado a toda costa. «Es un Gobierno en conflicto, que es el propio conflicto», comenta el analista sobre un presidente de temperamento difícil. Otro problema que contribuye a su descenso de popularidad es que Bolsonaro no se ha enfrentado a la corrupción, que fue uno de los temas que ayudó a su elección. «No hay un combate a la corrupción en su Gobierno. Al contrario, carga un pasivo gigantesco de sus hijos, llevándolos incluso al interior del poder», explica Dantas. Por los hijos, Bolsonaro se ha peleado con políticos, con medios de comunicación y ha pedido incluso la intervención de jueces o presionado a legisladores para apartarlos del ojo de la tormenta. El mayor de ellos, el senador Flavio Bolsonaro, está envuelto en un escándalo de corrupción que ha salpicado al Gobierno. A su tercer hijo, el diputado Eduardo, llegó a presentarlo como candidato a embajador de Brasil en Estados Unidos, el puesto más importante de la carrera diplomática, por el hecho de «hablar inglés». Ciencia y cultura Otro punto de desgaste ha sido la carga ideológica con la que Bolsonaro y algunos de sus ministros vienen atacando temas como la ciencia, la cultura y la educación, sectores que generaron las primeras protestas contra su Gobierno en el primer trimestre. En esas áreas han sido constantes los ataques a intelectuales y se han realizado cortes financieros que han golpeado a las universidades y a la vida cultural. «Es lamentable y peligroso el desgobierno que Bolsonaro viene realizando. Ha sido un año de un retroceso enorme en la cultura», reclama el actor y productor cultural Fernando Trauer, que compara las estrategias de censura y maniobras del Gobierno con los tiempos de la dictadura militar, cuando se reprimía la libertad de expresión bajo el camuflaje de la «moral y preceptos cristianos», uno de los argumentos del mandatario que se ampara en sus electores neopentecostales, uno de los grupos conservadores que crece con fuerza en Brasil. Para Dantas, esa ha sido una de las fortalezas de Bolsonaro, la de ser capaz de dialogar con un grupo de un conservadurismo exacerbado, que no se sentía representado por el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula da Silva, que antes de ser investigado por corrupción, tenía una popularidad altísima, del 83%.
28-12-2019 | Fuente: abc.es
El año del cambio de estrategia de la izquierda iliberal latinoamericana
El año 2019 ha marcado un cambio de estrategia de la izquierda iliberal latinoamericana. Si hace dos décadas, el luego llamado Socialismo del Siglo XXI apostó por llegar a los gobiernos nacionales a través de elecciones democráticas, en este momento parece querer acceder al poder mediante el caos social. Y si algunos de esos mismos movimientos utilizaron la violencia armada en una etapa guerrillera previa, anterior a una aceptación táctica de la vía electoral, hoy ciertos sectores han vuelto a promover la violencia, esta vez en forma de disturbios callejeros. En algunos países ?es el caso de Venezuela y Nicaragua, y estaba comenzando a pasar en Bolivia?, el recurso a la fuerza se ha hecho desde el mismo gobierno, para mantenerse ilícitamente en el poder; en otros, como en Colombia y Chile, esa izquierda está sumándose al cambio de estrategia, sin haber pasado por la etapa previa de una victoria electoral lograda por un amplio apoyo social, al menos inicialmente. El Foro de Sao Paulo El Foro de Sao Paulo es el mejor indicador de ese giro. En ocasiones se exagera el papel de esa agrupación continental de movimientos y partidos de izquierda, pues no funciona con la rigidez con la que las viejas Internacionales obedecían las consignas soviéticas. El tactismo cubano, que exige cierta sumisión, no es del agrado de todos los dirigentes intelectualmente próximos, los cuales generalmente prefieren la inspiración menos controladora del liderazgo de Lula da Silva. En cualquier caso, es cierto que el Foro de Sao Paulo ha servido y sirve para la puesta en común de experiencias y la coordinación de estrategias. Si dos manos mecen la cuna de ese espectro ideológico ?la cubana y la brasileña?, ambas se encuentran en el patrocinio venezolano. Por eso es muy significativo que, como desveló ABC, Caracas haya estado coordinando la acción de grupos radicales, como la chilena Coordinadora Arauca-Malleco y ciertos disidentes de las FARC, junto con colectivos paramilitares venezolanos. Se trata ciertamente de grupos muy reducidos y marginales políticamente, pero bastan actos de violencia callejera minoritarios para poner en aprietos a las instituciones democráticas. Por lo demás, Caracas fue sede en julio del XXV Foro de Sao Paulo, donde se hizo un balance del número de gobiernos perdidos y se analizó la manera de recuperar el espacio retrocedido. Hoja de ruta Fracasados los intentos revolucionarios marxistas de décadas anteriores en la mayor parte de Latinoamérica (después de la cubana, solo hubo el triunfo de la revolución sandinista), la llegada de la democracia a la región en los años 90, terminando un periodo de dictaduras o regímenes de una clase dominante, supuso un cambio en las reglas de juego. El propio Hugo Chávez, tras la inviabilidad del golpe militar que había promovido en 1992, vio que la manera de llegar al poder era a través del voto popular. Lo logró en las presidenciales de 1998. La nueva Constitución de Chávez y luego las de Rafael Correa y Evo Morales reforzaron el presidencialismo y con el tiempo, como también ocurrió en Nicaragua, las principales instituciones fueron copadas por el oficialismo, comenzando por la Corte Suprema y el Tribunal Electoral. En el siglo XXI el autoritarismo ya no necesitaba viejas fórmulas porque había encontrado una más acorde con el tiempo: la democracia iliberal, donde se mantienen las elecciones, pero el poder nunca cambia de manos. Prolongar esto pacíficamente fue posible mientras persistía el apoyo inicial y mientras luego el necesario fraude electoral, cada vez más grande, pudo ser impuesto. Después la confrontación era inevitable. Esa sucesión de etapas termina cuando se produce la expulsión del poder. Fuera de él hay que establecer una nueva hoja de ruta. Exhibido ya su carácter autoritario, algunos de esos líderes o partidos tienen difícil una pronta recuperación de la presidencia ?o un rápido ascenso a ella en caso de no haberla alcanzado nunca?, así que buscan un atajo.
19-12-2019 | Fuente: abc.es
Lula compara el Gobierno de Bolsonaro con el nazismo por su guerra contra la cultura
Rodeado por intelectuales y artistas, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-10), comparó el Gobierno de Jair Bolsonaro a la época del nazismo, acusando al ultraderechista de atacar la cultura y las artes, como una vía para destruir la sociedad brasileña. «Como en la Alemania nazi, quieren destruir Brasil comenzando por la cultura. No lo permitiremos. Vamos a resistir, como ya resistimos a otras pesadillas», aseguró Lula en un concurrido acto político en el emblemático centro cultural Circo Voador, marco histórico de importantes veladas artísticas, en Río de Janeiro. Fue su primera aparición pública en la segunda mayor ciudad brasileña, tras pasar 580 días en la cárcel, condenado por corrupción. Acompañado por la expresidenta Dilma Rousseff (2011-16), Lula acusó a Bolsonaro de moverse por impulsos de venganza contra los artistas, que en su mayoría, registraron su rechazo a la elección del líder ultraconservador. Según el diario «Folha de São Paul«, Lula estaba afónico, afectado por una gripe, declaró que a través de la cultura el pueblo brasileño «va a hacer la revolución que necesita», además de defender la cultura como derecho, expresión y riqueza de Brasil. «Es necesario recordar que la censura impuesta por el actual Gobierno no es apenas a la cultura. Es también al conocimiento», dijo el líder de la izquierda brasileña, que también criticó los procesos que le impiden candidatarse por tercera vez a la presidencia. Bolsonaro contra las artes Las declaraciones del principal opositor al actual Gobierno, fueron celebradas por los cerca de 500 artistas e intelectuales presentes. La cultura ha sido uno de los principales blancos de Bolsonaro, que inició su gestión cerrando el ministerio de Cultura, reduciendo el presupuesto del sector y viene censurando exposiciones, películas y todo lo que considera «de izquierda». En declaraciones a la prensa y en los vídeos que graba en Youtube, Bolsonaro ha reiterado que su Gobierno revertirá el pensamiento y las políticas educativas que considera dominadas por la izquierda. Su posición ha afectado además las áreas de educación y de ciencias, que también han sufrido recortes. El lunes, Bolsonaro cerró la TV Escola, una cadena de televisión pública, que transmite cursos de todas las áreas del conocimiento, creada en 1996, durante el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, para ayudar en la formación de profesores. Su argumento para la cancelación fue que la programación era «de izquierda» y no tenía audiencia. A su vez, el presidente calificó de «energúmeno» al fallecido educador brasileño Paulo Freire (1921-97), considerado una referência internacional en educación, que recibió en vida 37 títulos Honoris Causa, entre ellos, el de la Complutense (1991), y de la Universidad de Barcelona (1988). Contra la diva Montenegro Los ataques de Bolsonaro y de sus funcionarios contra la cultura, han incluído a la primera dama del teatro brasileño, Fernanda Montenegro, que a los 90 años es una venerada diva en Brasil. Montenegro fue candidata al Oscar de mejor actriz, ganadora del Oso de Plata, en Berlín (1998) y del Emmy Internacional (2013). Montenegro ha respondido a los ataques del Gobierno apuntando una «jornada fundamentalista» contra las artes, especialmente el cine. «Es una nueva moralidad que condena cualquier estructura contraria a su Dios», declaró la actriz, tras ser señalada de «mentirosa» y «sórdida», por Roberto Alvim, nombrado secretario de cultura, el mes pasado, tras ese ataque. Alvim cuestionaba una foto de Montenegro, que celebraba sus 90 años, donde posaba como una bruja sobre una hoguera hecha de libros. Apoyado por iglesias neopentacostales, el excapitán del Ejército no reconoce las acusaciones de censura y ha declarado que los proyectos que no reciben fondos son los que «no respetan los valores tradicionales». «Eso no es censura. Es preservar los valores cristianos, tratar a los jóvenes con respeto, reconocer a las familias», ha defendido Bolsonaro. La Agencia Nacional de Cine (Ancine) una de las entidades que más ha recibido presiones, canceló el apoyo a las películas con temas homosexuales y sobre la militancia negra, así como ha retirado de su sede y de su sitio web todos los afiches que considera izquierdistas. «No tienen audiencia. Es un dinero echado a la basura», declaró Bolsonaro al retirar el apoyo a películas con esas temáticas.
10-12-2019 | Fuente: abc.es
Solo cuatro presidentes en la toma de posesión de Alberto Fernández en Argentina
La historia no se repite en Argentina, pero esta versión se le parece mucho. Alberto y Cristina Fernández vuelven este martes a la Casa Rosada. El primero como presidente y la última, cuatro años más tarde, como vicepresidenta. Los actos del traspaso de mando, en esta ocasión, no llegan acompañados de escándalos ni de negativas a entregar «los atributos del mando», como sucedió hace cuatro años. Mauricio Macri hará lo que su antecesora rechazó: pasará el testigo del bastón y la banda presidencial (una versión nueva) a su sucesor. En este caso, y por deseo del primer Fernández (Alberto), será en el Congreso. La investidura de «los Fernández» se celebrará con ausencias importantes. La más sonada, quizás, sea el portazo de Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil rechazó la invitación de asistir a los actos oficiales, pero ordenó a última hora que su vicepresidente, Hamilton Mourano viajara a Buenos Aires. El ministro Osmar Terra tuvo que anular un viaje y una agenda destinada a suavizar las tensiones bilaterales. El Gobierno de Fernández tendrá que hacer malabares para reconducir las relaciones con su principal socio comercial y evitar que el agónico Mercosur (Mercado Común Suramericano) desaparezca y con él se esfume el tratado de libre comercio con la UE. Relación tirante con Israel En ese mismo terreno del «no», pero con sensibilidades aún más a flor de piel, Fernández deberá moverse con Israel tras comunicarle Benjamin Netanyahu que tampoco aceptaba su invitación y, al estilo Bolsonaro, retirar la delegación de alto nivel prevista para viajar con el ministro Akunis. En este caso, las razones, no confesadas, son dos. La primera, por el conocido «pacto con Irán» (2013) suscrito por Cristina Fernández. La expresidenta fue acusada por el fiscal Alberto Nisman (asesinado, según un informe de la Gendarmería Nacional) y está procesada por presunto encubrimiento de los responsables del atentado a la AMIA en julio de 1994, que dejó 86 víctimas mortales. El Gobierno de Mauricio Macri designó a un embajador político en Israel (Mariano Caucino), cuyo principal misión fue recuperar la confianza entre ambas Administraciones. El otro motivo del rechazo se encuentra en las declaraciones inoportunas de la, a partir de hoy, ministra de Seguridad, Sabina Frederic. Las autoridades de Israel expresaron su preocupación por la posibilidad de que el nuevo Gobierno derogue la calificación de organización terrorista decretada por Macri a Hizbolá. La ministra consideró que mantener esa etiqueta era «comprarnos un problema que no tenemos». La Justicia considera que Hizbolá estuvo detrás del ataque a la Embajada de Israel, así como de la Amia. Tampoco estará presente en la investidura el presidente Iván Duque. Colombia es el ùltimo país de la región andina que sufre las sacudidas del hervidero social que atravesaron ?por diferentes motivos? Ecuador, Perú, Chile y Bolivia. Lenín Moreno, presidente que le dio la puntilla a Unasur y ordenó retirar una estatua de Néstor Kirchner en Quito, permanecerá en la capital ecuatoriana. En La Paz se quedará Jeanine Añez. La presidenta interina jamás recibió la invitación de Buenos Aires, detalle que la alivió, porque en la capital argentina no se hubiera «sentido cómoda» (sic). Alberto y Cristina Fernández consideran que Evo Morales fue víctima de un golpe de Estado y, a diferencia de Macri, no reconocen el gobierno de transición de Bolivia. En este contexto o clima enrarecido entre los vecinos más próximos y lejanos, Uruguay puso la nota de la concordia. Tabaré Vázquez y Lacalle Pou, presidente en ejercicio y electo respectivamente, cruzaran juntos el río de La Plata para estar presentes en la investidura y Sebastián Piñera pese a la crisis, cruzará los Andes en un viaje relámpago para no hacer el feo al futuro Gobierno. Con el paraguayo Mario Abdo Benítez y el dictador cubano Miguel Díaz-Canel que llegó el domingo, serán apenas cuatro los presidentes de la región que verán en vivo y en directo el regreso, oficial, del «perokirchnerismo» al poder. La presidente del Senado, Pilar Llop, estará en representación de España. Bolsonaro da marcha atrás y envia a su vicepresidente a la investidura Al final dio su brazo a torcer. Horas antes de que comenzaran los actos del traspaso de mando en Argentina, Jair Bolsonaro rectificó y autorizó a su vicepresidente, Hamilton Mourano a viajar a Buenos Aires para asistir a los actos del traspaso de mando entre Mauricio Macri y Alberto Fernández. Lo calificó en campaña de «parte de una banda» y como presidente electo le anunció que no asistiría a su investidura. Bolsonaro, presionado dentro y fuera de Brasil, por fin recapacitó, cambio de opinión y prácticamente sobre la hora, decidió dar luz ver a Hamilton Mourao para que le represente oficialmente en la investidura. El «gesto» lo calificó Mourao, tiene como objetivo «que las relaciones vuelvan a la normaliad». Escenario difícil de imaginar, dados los antecedentes y el perfil del presidente de Brasil, la política y los intereses bilaterales deberían poder lograrlo. El comunicado oficial de Brasil supuso un alivio al aclarar, en positivo, la nueva situación: «Informamos que el presidente de la República, (Jair bolsonaro) decidió designar al vicepresidente como jefe de la delegación brasileña para la ceremonia de posesión del mando presidencial en Argentina». En ese momento, el embajador de Brasil en Argentina se había quedado como único representantes de Brasil en la investidura. La secuencia viene precedida de unos volantazos políticos que llevaron a anunciar que, antes de dar el portazo definito que corrigió hace unas horas, sería el Ministro de Ciudadaní, Osmar Terra el enviado de Bolsonaro. Hombre conciliador, considerado y fino negociador, parecía el ideal para bajar la tensión entre los dos socios principales de Sudamérica. Las tensiones entre Bolsonaro y Fernández arranca de la visita del último a Brasil para ver en Curitiba a Luiz Inacio Lula Da Silva y de sus constantes manifestaciones donde le identificaba como un preso poltíco y no ?la realidad-, a la inversa. Desde entonces, los comentarios del brasileño sobre Fernández fueron en tono despectivo y llegó a declarar tras su victoria en las urnas, el pasado 27 de octubre: «Lo lamento. No tengo una bola de cristal pero creo que Argentina escogió mal». Algo más pragmático añadiría, No pretendo felicitarlo. Ahora bien, no nos vamos a indisponer. Vamos a esperar un tiempo para ver cuál es su posición real en la política. Con final feliz, en rigor, no lo es tanto. Se trata de la primera vez desde 1989 que un presidente de Brasil, principal socio comercial de Argentina, no asista a la investidura de su vecino.
06-12-2019 | Fuente: abc.es
Delincuencia y política: el Foro de Sao Paulo
Está en curso una desgraciada tendencia, en muchos lugares del planeta: el abrazo, sin disimulos, sin escrúpulos y sin rubor, entre políticos y delincuentes. Cualquier historiador podría levantar la mano para sostener, y con razón, que los vínculos que han unido a los hombres de poder con el poderío de los delincuentes se remontan hasta la Antigüedad. Pero en los últimos tiempos, no solo en América Latina, se ha producido un cambio sustantivo: en varios países la delincuencia ha asaltado el poder. Hay que entenderlo: lo que está ocurriendo sobrepasa al fenómeno de la corrupción. Ya no se trata de la antigua y reiterada operación, según la cual, un mafioso con recursos a su disposición, especialmente financieros, «compra» favores, contratos, prebendas, complicidad, omisión o impunidad de policías, jueces, carceleros, parlamentarios y autoridades. La práctica, a través de los siglos, ha sido la del ocultamiento: corruptor y corrompido operaban en las sombras. Intentaban mantener sus relaciones y acuerdos, fuera de la vista de los demás. La corrupción era inseparable del secreto. La participación de intermediarios tenía como objetivo proteger la identidad del político o el poderoso que vendía sus decisiones (como, por ejemplo, la de no actuar o dejar el campo abierto para la acción de los delincuentes). Lo nuevo, o relativamente nuevo, es que la delincuencia ha invadido el campo de la política. El auge de la política-basura (la política basada en denuncias, invasión de la vida privada de los adversarios, escuchas telefónicas, acusaciones del más diverso tenor, uso de lenguaje procaz, prácticas de espionaje, delaciones y más), se ha sumado al odio que destilan las redes sociales, donde circulan señalamientos gravísimos, con frecuencia de fuentes anónimas, que se hacen virales, en algunos casos, con la intervención de maquinarias destinadas a ese fin. La destrucción de la política, es decir, el desconocimiento reiterado de su imprescindible necesidad, de su pertinencia social, de su credibilidad y de su legitimidad, despeja el terreno para que delincuentes -mejor dicho, delincuentes políticos-, envueltos en los ropajes del izquierdismo, el populismo, el nacionalismo, el socialismo y otros ismos afines, accedan a la política como vía de ingreso a los bienes que produce el trabajo de las personas, las empresas y las sociedades. El uso de todas las formas de lo violento y lo ilícito para conquistar el poder, fue patentado por el leninismo, que lo puso en práctica en la Rusia de 1917: hacerse con el control matando, asaltando propiedades, violando niñas y mujeres, destruyendo bienes -especialmente aquellos que tenían un carácter simbólico-, expropiando y más. Lenin formuló unas prácticas, donde los matones estaban llamados a cumplir un papel fundamental: el de arrasar con la política, desterrarla de lo público, para que en su lugar se instauraran prácticas como el engaño, el sabotaje, el atentado, las golpizas y asesinatos, el ataque terrorista, la invención de expedientes, la persecución y aniquilación de los disidentes, la sistematización del espionaje, el acoso de los defensores de la libertad, la eliminación de la libertad de prensa y mucho más. Insisto: en el origen mismo de la práctica comunista quedó establecida la incorporación de la delincuencia y los delincuentes como las herramientas fundamentales de conquista y gestión del poder. En la historia de la izquierda en América Latina -salvo excepciones- la acción de lo ilícito ha sido reiterada en la mayoría de los países: secuestros, asaltos a bancos, ataques terroristas, acciones de sabotaje, devastación de bienes privados y públicos, asesinato de empresarios, funcionarios públicos, militares o policiales, conformación de grupos de guerrilla que han causado pérdidas humanas y patrimoniales cuyo alcance es incuantificable. Lo asombroso, y esta es quizás la más perniciosa irradiación del leninismo, es que mucha de esa actividad delictiva, ha sido justificada y legitimada, en alguna medida, por discursos de pretensiones académicas o de carácter político-social. Que el Foro de Sao Paulo se haya erigido en una especie de casa matriz de lo ilícito; que haya articulado una red de gobiernos encabezada por corruptos; que se haya dado a la tarea de corromper a jerarcas de las fuerzas militares y policiales de varios países -Venezuela y Nicaragua, de forma exitosa-; que haya incorporado a su membresía a organizaciones dedicadas al narcotráfico y el terrorismo como la FARC; que actúe como operador de regímenes abiertamente fuera de la ley como los de Ortega y Maduro; que active mecanismos para proteger a prófugos de la Justicia como Rafael Correa y Evo Morales; que cante loas a delincuentes como Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner, no debe sorprendernos: está en su genética. Ni debe sorprendernos que en varios países del continente hayan sido detenidos funcionarios venezolanos -policías, miembros de grupos paramilitares, malandros de largo expediente- que fueron diseminados por Maduro, con el objetivo de estimular la desestabilización. Tampoco debe sorprendernos que tenga distribuidos por toda América Latina agitadores, adeptos, militantes del resentimiento, sicópatas, grupos de delincuentes y pequeñas células que, apenas se presenta una oportunidad, salen a las calles, no a protestar, sino a demoler; no a formular una propuesta, sino a prender fuego, martillar, acabar con bienes y vidas, sin justificación ni lógica alguna. Salen a la calle a imponer la violencia. A mostrar la capacidad de los delincuentes de dominar a la sociedad. Salen a recordarnos por qué, en los últimos tiempos, un sujeto como Diosdado Cabello, se ha convertido en un factótum del Foro de Sao Paulo, y Caracas, el lugar donde se reunieron a finales de julio, y donde se reunirán el próximo mes de enero.
05-12-2019 | Fuente: abc.es
Lula y Rousseff, absueltos del cargo de asociación para delinquir en Brasil
Un juez federal de Brasilia absolvió este miércoles a los expresidentes brasileños Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff del cargo de asociación para delinquir, en uno de los varios procesos por corrupción abiertos contra dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil. La sentencia absolutoria fue dictada por el juez duodécimo federal de Brasilia, Marcus Vinicius Reis Bastos, y también beneficia a los exministros de Hacienda en los gobiernos del PT Antonio Palocci y Guido Mantega, así como al extesorero de la formación progresista Joao Vaccari. Los cinco fueron juzgados tras haber sido acusados de haber integrado una organización criminal destinada a desviar recursos de la petrolera Petrobras y de otras empresas estatales durante los gobiernos del PT, primero con Lula (2003-2010) y después con Rousseff (2011-2016), para supuestamente financiar las campañas electorales del partido. Los acusados fueron declarados inocentes dos meses después de que la propia Fiscalía solicitara su absolución sumaria tras reconocer que no existían «elementos configuradores de la existencia de una organización criminal». La denuncia fue presentada por el entonces Fiscal General de Brasil, Rodrigo Janot, poco antes del fin de su mandato en 2017, pero sus sucesores en el cargo, Raquel Dodge y Augusto Aras, no la respaldaron. De acuerdo con la acusación hecha por Janot, Lula y Rousseff participaron en una red para recaudar entre 2002 y 2016 sobornos por un valor de 1.480 millones de reales (unos 352,4 millones de dólares) para las campañas electorales del PT. Además de concluir que no existían pruebas de las acusaciones, el juez del caso afirmó que el proceso tan sólo buscaba «criminalizar la actividad política». «La denuncia no cuenta con los elementos demostrativos del delito de asociación para delinquir ni permite concluir, ni siquiera en tesis, que existía una asociación de cuatro o más personas estructuralmente ordenada, con división de tareas, alguna forma de jerarquía o estabilidad», según la sentencia. La absolución afecta a uno de los nueve procesos abiertos en la Justicia contra Lula, que el pasado 8 de noviembre abandonó la prisión en la que estuvo recluido desde abril de 2018 después de que la Corte Suprema le autorizara a esperar en libertad hasta que agote todos los recursos a que tiene derecho contra sus condenas. Lula cumplía una pena de 8 años y 10 meses de prisión por corrupción y lavado de dinero que ya fue ratificada en tres instancias, por lo que tan sólo le quedan pendientes los recursos que presentó ante la Corte Suprema. La semana pasada una corte de segunda instancia confirmó una condena contra Lula igualmente por corrupción y lavado de dinero y elevó la pena en cinco años, hasta 17, en otro de los nueve procesos contra el exmandatario. Lulao, que asegura ser víctima de una «persecución judicial y política», también había sido absuelto, en julio del año pasado, en otro caso en el que se le acusaba de obstrucción a la Justicia por supuestamente intentar comprar el silencio de un ejecutivo de Petrobras para evitar que lo denunciara por los desvíos en la petrolera. El abogado del exgobernante brasileño, Cristiano Zanin, afirmó que la nueva absolución demuestra que el presidente más carismático en la historia de Brasil es víctima de una persecución política y judicial destinada a evitar su regreso al poder.
05-12-2019 | Fuente: elpais.com
Un juez absuelve a Lula da Silva y Dilma Rousseff, acusados de financiación ilegal de su partido
Los expresidentes estaban acusados de haber integrado una organización criminal que desviaba recursos de la petrolera Petrobras y de otras empresas estatales para financiar las campañas electorales del PT
28-11-2019 | Fuente: abc.es
Michel Temer, expresidente de Brasil: «Pensé que Lula pediría la unidad nacional, pero salió de prisión más radicalizado»
Reformista es la palabra que describe la efímera presidencia del abogado Michel Temer (Sao Paulo, 1940). Su dilatado currículo político incluye la jefatura del Estado, la vicepresidencia del país y la presidencia de la Cámara de Diputados, en estas últimas instancias hasta en dos ocasiones. El hombre que durante su mandato metió al expresidente Lula da Silva en la cárcel hoy recorre el mundo respondiendo las inquietantes preguntas sobre el futuro de Brasil con Lula pululando en sus calles. Recibe a este diario en la residencia del Embajador brasileño en Madrid para dar cuenta del primer aniversario de Jair Bolsonaro en la presidencia y sus impresiones sobre la convulsionada Latinoamérica. Cuando mira atrás y analiza su dos años de gobierno (2016-2018), ¿hace alguna autocrítica? Durante mis dos años y ocho meses de gestión se hizo lo que el tiempo me permitió. Se hizo una reforma importante en materia económica para cubrir los gastos públicos. Con ella logramos recuperar las empresas estatales que estaban en una situación muy delicada. Por otro lado, yo actualicé la legislacion laboral del país, que supuso un gran impulso para las inversiones nacionales y extranjeras. También en el área de educación hice reformas que se deseaban desde hace 20 años. Conseguimos reducir la inflación que estaba en dos dígitos y la redujimos a 3,75. Con respecto a los intereses de la banca, cuando llegamos estaban en 14,25 y los dejamos en 6,5. fue una progresión favorable. Una cosa que me quedó pendiente fue la reforma de las pensiones. Trabajé por un año y medio para tratar de convencer al Congreso Nacional y a la opinión pública de la necesidad de reformar las pensiones porque había una gran resistencia. Una vez superadas ha sido lo que le permitió al Gobierno de Bolsonaro llevarla a cabo. Otra cosa que no hice fue la simplificación tributaria, mediante una reforma tributaria. Yo creo que es necesario simplificar y desburocratizar el sistema tributario, no lo conseguí hacer, pero lo hubiese hecho si tenía más tiempo. Jair Bolsonaro ha registrado la peor popularidad de un presidente brasileño en los tres primeros meses de gobierno. ¿Cómo califica la gestión del presidente este primer año de Gobierno? Generalmente, todos los gobiernos intentan anular lo que hizo el gobierno anterior. Sin embargo, Bolsonaro está dándole continuidad a lo que hizo mi gobierno. Muchas de las cosas que está haciendo yo las había dejado programadas como por ejemplo la reforma de las pensiones. Por otro lado, la economía poco a poco se ha ido recuperando, tampoco se puede hacer magia y recuperarla de un día para otro. Si te fijas en las medidas que está tomando el presidente creo que permitirá que la economía se recupere lentamente. Yo veo que su gobierno va bien. Bolsonaro abandonó las filas de su partido Social Liberal (PSL) por la crisis interna y acaba de formar otro partido (Alianza para Brasil). ¿Eso habla bien de un líder democrático? El Partido Social Liberal creció mucho gracias a Bolsonaro. Con él pasaron de tener un diputado a 53 en el Congreso. El PSL no era lo mismo que el Partido de los Trabajadores, por ejemplo, que es un partido muy antiguo con una base sólida. El nuevo partido de Bolsonaro sería el sexto partido creado en Brasil. No sé cuáles son las razones que lo llevaron a eso. ¿El fallo de la Corte Suprema que acaba de dejar al expresidente Lula da Silva en libertad puede marcar un precedente en la Justicia de cara a la lucha de la corrupción del país? Lula da Silva fue liberado gracias a una modificación de la juridisprudencia del Tribunal Supremo Federal, pero eso no significa que no se siga combatiendo la corrupción porque la lucha administrativa contra la corrupción es una determinación que nos da la Constitución. En el momento en el que un ciudadano es detenido pasa a disposición de la Justicia y es ella que decide según la ley. ¿Puede emerger nuevamente el fenómeno Lula en Brasil? Él es un líder nacional y eso no se puede negar. Yo pensé que cuando saliera de prisión pediría la unidad nacional, pero salió con una posición más radical. Hay que hacer una distinción entre polarización y radicalización, la polarización está en el campo de las ideas y conductas, la radicalización tiene que ver con los sentimientos de las personas. Lo que está pasando en Brasil es una radicalización que despierta en la gente malestar y odio. Creo que es una tarea que se tiene que llevar adelante en nuestro país para acabar con la división de unos con otros. Con respecto a la crisis política que vive Bolivia, ¿Evo Morales cometió un error al tratar de reelegirse para un cuarto mandato? Prefiero no opinar sobre otro país. No seguí el proceso electoral y es muy difícil dar una opinión sobre eso. ¿Cree que las protestas en Latinoamérica van a contaminar a Brasil? Primero hay que encontrar las razones que tienen las personas para manifestar su insatisfacción y luego, se necesita un pacto de convivencia. Las protestas no solo ocurren en Latinoamérica, también en Hong Kong, Beirut y Francia con los chalecos amarillos. Es necesario el diálogo entre las diferentes posturas internas de un país y también entre los países. Yo no creo que Brasil se contamine porque tenemos instituciones democráticas muy sólidas. ¿Representa un problema para Brasil el ascenso de Alberto Fernández en Argentina? Brasil tiene una relación comercial muy intensa con Argentina, yo no creo que eso vaya a cambiar porque mirando al pasado con la presidenta Cristina y Néstor Kirchner las relaciones comerciales se mantuvieron. Puede haber algún ajuste político pero no creo que se modifiquen las relaciones económicas. Brasil y Argentina continuarán estabilizando cada vez más sus lazos.
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