Infortelecom

Noticias de lula da silva

13-05-2020 | Fuente: abc.es
«¡Reaccionen, por favor!»
Algunos dirigentes terminarán sus días con el recuerdo imborrable de los muertos y el dolor que dejó su gestión. El tsunami planetario del Covid-19 (me resisto al femenino tanto como al lenguaje inclusivo) se devora, poco a poco, la popularidad de los que fueron -y algunos insisten- un ejemplo de soberbia letal. Le está pasando, entre otros, a Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Emmanuel Macron y (ya era hora) a Pedro Sánchez. El primero ve en riesgo su reelección mientras al segundo, los británicos le apuntan a la cuenta de su desprecio inicial al virus, -estuvo a un paso de sepultarle-, la probabilidad de que este pueda terminar dejando un saldo de cadáveres superior al número de caídos en la segunda Guerra Mundial. A Bolsonaro, el psicópata en modo «Joker» sudamericano, le huyen hasta los suyos. Ministros con vocación de ser testigos de cargo de sus abusos de poder dan el portazo antes de quedar pegados a un presidente que ha resultado ser un fiasco. El último fue Sergio Moro, el hombre que puso a la sombra a Lula da Silva por corrupto. Ahora, el juez que fue ministro (cualquier parecido con Garzón es una coincidencia) busca un final idéntico para el presidente que intenta encubrir la corrupción de sus hijos, que viene a ser la suya propia. A Macron, el único que entonó el mea culpa y reconoció el error de convocar la primera vuelta de las elecciones municipales cuando el Covid ganaba terreno en la gran Francia tras arrasar Italia y España, el electorado -según los sondeos- no parece que le perdone ni vaya a hacerlo. Recorrido similar empieza a transita Sánchez, al que el espejo de Narciso (Michavila) le devuelve, en las encuestas de GAD3 para ABC, el reflejo del hartazgo de una sociedad que comienza a despertar del letargo o hibernación forzada, por un confinamiento, con toque de queda, impuesto por una lectura falaz de la Constitución. Los ciudadanos del mundo sienten que su paciencia se agota y entre ellos, pareciera que escucharan a Daniel Salas, el ministro de Salud de Costa Rica (de impecable gestión de la crisis) cuando ante la inacción por la pandemia estalló : «¡Reaccionen, por favor!».
04-05-2020 | Fuente: abc.es
El juez «verdugo» de Lula da Silva amenaza también a Bolsonaro
«Nadie me dará un golpe», declaró este sábado el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en un veloz encuentro con sus simpatizantes frente a la residencia oficial, el Palacio de Alvorada. Bolsonaro lanzó la frase sin ningún contexto y con cara de pocos amigos antes de subirse al coche, sin informar a dónde se dirigía. El momento intempestivo, común en sus actos, resume la tensión en que se encuentra Brasil, bajo las voces que apuntan al tercer impeachment de su joven democracia. Acorralado, Bolsonaro está siendo investigado y cuestionado en varios frentes. El juez de la Corte Suprema, Celso de Mello, dio dos meses para que la Policía Federal (PF) interrogara al célebre exjuez, Sergio Moro ?principal garante del Gobierno Bolsonaro hasta su renuncia hace una semana? para averiguar las acusaciones que lanzó contra el presidente antes de dejar el cargo, entre ellas, de que habría tratado de interferir en investigaciones policiales que involucran a su familia. Llamado «Judas» por Bolsonaro, Moro se presentó el sábado en la sede de la Policía Federal en Curitiba, para declarar ante comisarios, acompañado por sus abogados. Durante ocho horas, el exministro presentó pruebas, entre ellas, el registro de 15 meses de conversaciones por WhatsApp, y respondió a preguntas sobre las graves acusaciones que hizo sobre el presidente. Se trata del mayor escándalo que afronta Bolsonaro desde que está en el poder. El resultado de las investigaciones que deben ir a las manos del Fiscal General de la República, Augusto Aras, pueden ser el material más importante para un proceso de juicio político contra Bolsonaro, o una acusación de falso testimonio contra el exministro de Justicia. Además de la vía judicial, la renuncia de Moro aumentó el número de peticiones de destitución entre los congresistas. Según el juez Mello, «los crímenes supuestamente practicados» por Bolsonaro parecen tener «íntima conexión con el ejercicio del mandato presidencial», lo que abre camino para su investigación. La petición del juez enumera siete posibles delitos cometidos por Bolsonaro, entre ellos prevaricación y obstrucción a la justicia. La tensión política ocurre en cuando Brasil está en el centro de la atención mundial por el aumento de casos de coronavirus, y cuando Bolsonaro se enfrenta contra la mayoría de gobernadores y alcaldes del país, que han mantenido las medidas de aislamiento social y de cuarentena. El mandatario y sus militantes han salido a las calles todos los fines de semana en marchas que piden la vuelta de la normalidad y de la economía. Bajada de popularidad En una de esas ocasiones, hace dos semanas, Bolsonaro acusó al Congreso y a la Corte Suprema de no dejarlo gobernar y apoyó los gritos de los manifestantes que pedían un Acto Institucional 5 (AI-5), el decreto con el que los militares confirmaron la dictadura en 1964. Criticado por políticos y por la opinión pública, que consideraron la actuación del presidente un motivo para destituirlo, Bolsonaro retrocedió, dijo que no había apoyado a los manifestantes y elogió la democracia. Una encuesta de Datafolha, publicada esta semana muestra que mientras un 45% de los brasileños apoya un «impeachment» en el Congreso, el 48% piensa lo contrario. Al mismo tiempo, su popularidad cae, en medio de caceroladas que han aumentado frente a la pandemia. El número de quienes consideran su Gobierno regular cayó del 32% en diciembre, al 26% esta semana; y el de los que lo califican de malo o pésimo subió del 36% al 38%. «La destitución es la última opción», declaró Luis Roberto Barroso, uno de los más antiguos ministros de la Corte Suprema, en una entrevista publicada el sábado en el diario O Estado de São Paulo. «Los hechos deben ser serios y demostrados», afirmó el juez sobre la posibilidad de que Brasil tenga su tercer juicio político en tres décadas, después de Fernando Collor de Mello (1992) y de Dilma Rousseff (2016). Barroso, que presidirá la Corte Electoral a partir del 25 de mayo, asumirá uno de esos procesos que pueden llevar a la destitución. El más importante, sin embargo, es el que tramita en la Corte Suprema, iniciado por Celso de Mello, a partir de la denuncia de Moro, que apunta la interferencia del mandatario en la Policía Federal (PF). Hijos investigados Uno de los motivos de la salida de Moro fue el deseo de Bolsonaro de cesar al hombre de confianza del exjuez en la PF, Mauricio Valeixo, para sustituirlo por un amigo de sus hijos, el comisario Alexandre Ramagem, en un momento en que la organización investiga a dos de los cuatro hijos del presidente. El mayor, el senador Flavio Bolsonaro, es investigado por desvío de recursos públicos y por vínculos con grupos paramilitares en Río de Janeiro;mientras que el concejal Carlos Bolsonaro lo es por producción y difusión de noticias falsas. Por esos motivos, el ministro de la Corte Suprema, Alexandre de Moraes, suspendió el nombramiento de Ramagem, provocando la furia de Bolsonaro, que demuestra no aceptar la convivencia entre tres poderes. «Quien manda aquí soy yo», gritó antes de aceptar que tendría que cumplir la orden.
25-04-2020 | Fuente: abc.es
Jair Bolsonaro y Sergio Moro protagonizan un nuevo cruce de acusaciones en las redes sociales
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha reprochado este sábado al ya exministro de Justicia y Seguridad Pública, Sergio Moro, que le apoyó cuando éste fue cuestionado por las filtraciones del caso de corrupción «Lava Jato» en el que trabajaba Moro y que propició la condena del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. «Las filtraciones de "Lava Jato" comenzaron en junio de 2019. Fueron filtraciones sistemáticas de conversaciones con Sergio Moro con miembros de la Fiscalía. Buscaban anular procesos y acabar con la reputación del exjuez. En julio (los partidos) PT (de Lula) y el PDT pidieron prisión contra él. En septiembre llegaban al Tribunal Supremo. Bolsonaro en el desfile del día 7 hizo eso», ha publicado Bolsonaro en Twitter en un mensaje acompañado de una fotografía del presidente apoyando su mano en el hombro de Moro. Bolsonaro compara así las filtraciones que perjudicaban a Moro con las declaraciones por parte de Moro cuestionando la destitución del director de la Policía Federal, Maurício Valeixo: «El presidente me dijo que quería colocar una persona afín, que le pudiese pasar informaciones, informes de Inteligencia. El papel de la Policía no es facilitar ese tipo de información», reveló Moro. En respuesta a las palabras de Bolsonaro de esta mañana, Moro, nombrado ministro tras la victoria de Bolsonaro en las presidenciales tras anularse la candidatura de Lula, ha publicado su propio mensaje en redes sociales. El mensaje incluye el enlace una noticia que relata cómo Moro pidió investigar al portero de una finca de Bolsonaro en el caso de homicidio de la activista política Marielle Franco. «Sobre la reclamación en la red social del señor presidente sobre una supuesta ingratitud: yo también apoyé al presidente de la república cuando él fue injustamente atacado. Pero preservar la Policía Federal de la interferencia política es una cuestión institucional, de Estado de Derecho, y no de relaciones personales», ha indicado. El viernes Moro y Bolsonaro cruzaron una serie de mensajes sobre la intención de Bolsonaro de destituir al director general de la Policía Federal. Moro explicó que le dijo a Bolsonaro que no tenía «ningún problema» en cambiar al director de la Policía, siempre y cuando hubiese una razón justificada, por ejemplo «un error grave» por parte de Valeixo.
24-04-2020 | Fuente: abc.es
Dimite el ministro de Justicia de Bolsonaro por «interferencias politicas» en la lucha contra la corrupción
Símbolo de la Operación Lavacoches, y uno de los principales garantes del Gobierno del brasileño, Jair Bolsonaro, el juez Sergio Moro, renunció este viernes a su cargo de 'Super' ministro de Justicia y Seguridad Pública, disparando una metralladora giratoria contra el polémico mandatario, y dejándolo aún más frágil en un momento en que se acumulan en el Congreso una serie de pedidos por su destitución. El exjuez, de 47 años, famoso por llevar al popular expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a la prisión (2018), hizo el anuncio después de que Bolsonaro sustituyese a uno de los principales cuadros de su ministerio, el jefe de la Policía Federal (PF), Mauricio Valeixo, principal brazo de las investigaciones judiciales, para substituirlo por un nombre de su confianza , en el momento en que su hijo mayor, el senador Flavio Bolsonaro, es investigado por desvíos de fondos públicos. «La interferencia política puede llevar a relaciones impropias entre el director de la PF y el Presidente de la República. No puedo estar de acuerdo. No tengo como continuar sin condiciones de trabajo y sin preservar la autonomía de la PF. El presidente me quiere fuera del cargo», afirmó Moro en una declaración que le ha puesto los pelos de punta a los militares que apoyan al ultraderechista. Según el diario O Estado de São Paulo, militares de alta patente del Gobierno, se manifestaron «perplejos» y en «choque» con la entrevista de Moro al dejar el cargo. Uno de los generales entrevistados consideró la presión de Bolsonaro, un «suicidio» político y dijo que el presidente ahora es en «zombi». La analista de política del mismo diario, Vera Magalhães, comentó que Moro se vuelve con su discurso «gravísimo» en el principal motivo para un poceso de destitución contra Bolsonaro, al dejar clara su intención de interferir en investigaciones, tener acceso a informes de inteligencia e insinuar que quiere acceso a las averiguaciones sobre el caso de su hijo, en trámite en la Corte Suprema. Otra declaración de Moro que sorprendió fue cuando comparó el comportamiento de Bolsonaro al de los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, los principales blancos de la Operación anticorrupción que encabezó. «Imaginénse si en la Lavacoches, un ministro o entonces, la presidenta Dilma o el expresidente (Lula) llamasen a cada rato al superintendente de Curitiba (sede de la operación) para pedir informaciones», comparó el exministro para dejar muy evidentes las presiones de Bolsonaro y su falta de compromiso con la democracia y la ética. Moro, además, también se distanció de la forma en que Bolsonaro conduce el combate a la Covid-19, presionando a que los brasileños vuelven a las calles, y destituyendo la semana pasada al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, que insistía en la necesidad de una cuarentena más larga, justo en el momento en que la curva de contagios está en ascenso. El coronavirus ha sido uno de los asuntos que viene restándole popularidad al presidente, que desde que asumió el cargo, en enero del año pasado, no ha mostrado resultados ni en el área económica ni en la lucha anticorrupción, dos de los principales temas que justificaron su elección. En la última encuesta Datafolha, el 51% de los brasileños admitió que Bolsonaro empeora la lucha contra la pandemia. Aislado por todos lados, Bolsonaro está en el peor momento de su Gobierno. El juez Moro Sergio Moro, que deja el Gobierno Bolslonaro tras 16 meses, fue el implacable juez que condijo los procesos de investigación contra el expresidente Lula da Silva y los principales nombres de su Partido de los Trabajadores (PT), en la que fue la mayor operación anticorrupción de la historia brasileña. Las investigaciones llevaron a la prisión de Lula en abril de 2018, de donde salió en noviembre del año pasado. La operación reveló, desde 2014, una red de corrupción sustentada por constructoras y servida por la estatal brasileña Petrobras, que abastecía las cuentas de empresarios y de políticos de todos los partidos. Los tentáculos de esa red, llegaron a paraísos fiscales y encontraron refugio en empresas europeas, africanas y en Estados Unidos. Moro, que sigue gozando de alta popularidad y le hace sombra a Bolsonaro, vio su imparcialidad cuestionada cuando se subió al Gobierno de un político polémico que nunca estuvo precisamente asociado a la ética. Bolsonaro llegó al poder, desconocido por buena parte de la población, con un discurso de «nueva política», tras haber sido militar y diputado durante tres décadas, sin aprobar un solo proyecto. Imparcialidad manchada El exministro también tuvo su imparcialidad manchada por la filtración de mensajes que mostraron que él y los principales jueces de la operación tenían intereses políticos y asumían una persecución contra los líderes del PT. Los diálogos de WhatsApp filtrados por el portal The Intercept, Glenn Greenwald, fueron publicados e investigados por los principales diarios brasileños. Con su salida y su fuerte popularidad, Moro deja el Gobierno antes que se hunda y se convierte en uno de los nombres que suenan para suceder al actual Gobierno.
02-04-2020 | Fuente: abc.es
Petróleo venezolano rumbo a Cuba
El pasado 29 de marzo, cuatro buques petroleros partieron desde el Complejo Refinador de Amuay, ubicado en la península de Paraguaná, Estado Falcón, y se dirigieron hacia tres puertos en Cuba: La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba. Llevaban combustibles de distinto tipo, especialmente gasoil. De acuerdo a los documentos del despacho, que se filtraron desde Petróleos de Venezuela, la cifra de carga fue de 380.000 barriles. Existe una alta probabilidad de que, en realidad, el volumen de lo exportado sobrepase los 500.000 barriles. Las prácticas de subfacturación permiten a funcionarios de los dos países hacerse de unas ganancias destinadas directamente a sus bolsillos. También aquí, como en absolutamente todos los ámbitos de actuación de los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la corrupción opera en contra de intereses esenciales de la sociedad venezolana y, también en este caso, de la sociedad cubana. La información, que no ha recibido la atención que merece, abrumada por el torrente informativo causado por la pandemia, ha causado un legítimo escándalo. Muchos nos preguntamos cómo es posible que un país atravesado por los más extremos padecimientos, muchos de ellos generados por la falta de combustible, pueda exportarlo a otro país. Este hecho recuerda las políticas de Stalin entre los años 1932 y 1933: mientras millones de campesinos, especialmente de la región ucraniana, morían de hambre, los comunistas exportaban cereales y gastaban fortunas en campañas de propagandísticas, que hablaban, por ejemplo, del trigo «más nutritivo del mundo». Aunque no tenemos información del posible contenido económico de la transacción -si el combustible fue donado o vendido a un precio irrisorio, en relación a su valor del mercado-, lo que sí sabemos es que esos combustibles no aliviarán a los ciudadanos o a las familias cubanas: servirán para enriquecer más al poder que aplasta a los cubanos, para hacer crecer la brecha entre los que tienen acceso al sistema de prebendas comunistas y los que no, y, sobre todo, alimentará los vehículos y las plantas eléctricas de los funcionarios y los policías que viven en sus feudos de privilegio. El envío no es un gesto de solidaridad, ni tampoco su finalidad es política -aunque constituya un desafío al bloqueo-. Se trata no más que de un negocio entre dos poderes corruptos y mafiosos, que se asisten mutuamente. La cuestión se sintetiza en esto: una banda criminal que le envía armas a otra. Porque ese es el propósito del envío: entregar al castrismo un recurso, un arma de dominación sobre la totalidad de la sociedad cubana. En dos décadas, los subsidios por la venta/entrega de combustibles a Cuba han sumado entre 46.000 y 54.000 millones de dólares, de acuerdo a distintas estimaciones. A ello habría que añadir otros 12.000 millones de dólares que han sido entregados al castrismo a través de otros mecanismos como donaciones, convenios sin contraprestación real, partidas extraordinarias, gastos por viajes (boletos aéreos, viáticos, gastos de alimentación), contratos por supuestos servicios, pagos por productos agrícolas que nunca llegaron a Venezuela, y más. Al régimen cubano le pagaron por productos alimentarios que no producía en su país, que compraba en el mercado internacional, y que luego llegaban a Venezuela a precios inconcebibles. Muchas veces se ha denunciado la operación realizada con el petróleo venezolano: el castrismo lo recibía a precios 40 o 50% por debajo de su costo y lo revendía a precios internacionales. De hecho, muchos barcos de «petróleo para Cuba» partían desde Venezuela directamente a puertos en otros países, que los habían adquirido en negociaciones igualmente opacas. ¿Cuál ha sido el destino de esos recursos que Chávez y Maduro entregaron al castrismo? ¿En qué proyectos han sido invertidos? ¿Han beneficiado, de algún modo, a la sociedad cubana? No: la pobreza extendida y cronificada no ha cambiado en absoluto. Las condiciones de hambre sistemática, de carestía sin remedio, de permanente e irreversible deterioro de todas las infraestructuras, de precariedad en todos los planos de la vida privada y la vida pública, se han mantenido e intensificado. De hecho, la noticia de los cuatros cargueros enviados a Cuba debe servirnos para poner de bulto el trasfondo de esta cuestión: el petróleo no solo ha sido una gran herramienta para consolidar al régimen de Chávez y Maduro, y aplastar a la sociedad venezolana: ha sido también el arma con que se ha galvanizado y endurecido el siniestro poderío del castrismo sobre cada resquicio de la nación cubana, el arsenal con el que se ha financiado el aplastamiento de la oposición democrática nicaragüense, la chequera con que se han comprado los votos de pequeños países para impedir los pronunciamientos de la Organización de Estados Americanos en contra de las violaciones de los Derechos Humanos, la fuente que ha provisto de millones y millones de dólares con que se han lucrado los Kirchner, los Lula da Silva, los Evo Morales, los Rafael Correa, los Petro y los Vásquez, pero también los Iglesias y los Monedero, los Samper y los Rodríguez Zapatero, y tantos otros que aparecen como luchadores de causas sociales o promotores del diálogo, cuando no son más que feroces usuarios de la cada vez más exigua renta petrolera venezolana.
02-03-2020 | Fuente: abc.es
Anne Hidalgo lleva a Lula da Silva a París para hacer campaña municipal
Anne Hidalgo, alcaldesa de París, ha impuesto por decisión personal el título de ciudadano de honor de la capital al expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, que ha hecho una visita rápida para hacer campaña electoral, municipal. Condenado en Brasil por diversos delitos de corrupción, Lula llegó a París, acompañado de la expresidenta Dilma Rousseff, para comenzar entrevistándose con los representantes de todas las izquierdas francesas, incapaces de entenderse entre ellos, pero «unidos» en el «homenaje» al expresidente brasileño. Antes de recibir el título de ciudadano de honor de París, por decisión personal de Hidalgo, Lula sostuvo conversaciones amistosas con Olivier Faure, líder del PS, y Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista). Faure es el líder menos valorado en la historia del socialismo francés, al frente de un partido caído de hinojos en la crisis más grave de su historia. Anne Hidalgo, alcaldesa, no ha considerado oportuno contar con Faure para ningún acto de la campaña municipal en curso. Mélenchon fue condenado el mes de diciembre pasado a tres meses de prisión con remisión de pena, culpable de los delitos de rebelión y provocación a la justicia. El PS y LFI, Faure y Mélenchon, se odian cordialmente y defienden políticas incompatibles, entre ellos. Pero se fotografían encantados con Lula y Dilma Rousseff. Candidata a la reelección Anne Hidalgo, por su parte, es candidata a su propia reelección en las elecciones municipales del 15 y el 22 de este mismo mes de marzo, y ha traído a París a Lula para nombrarlo ciudadano de honor invitándolo a participar en un mitin de campaña local. Hidalgo no ha podido ni deseado contar con ningún líder socialista de envergadura nacional para apoyar su campaña. Los líderes históricos han desaparecido del «radar» político. No hay líderes emergentes. El PS está sufriendo una hemorragia dramática de militantes y simpatizantes. Ante la histórica crisis del socialismo francés, la alcaldesa saliente espera que la pareja Lula y Dilma Rousseff aporten a su solitaria campaña municipal el «aura» incierta de «personajes internacionales». Según todos los sondeos y estudios de opinión, la campaña municipal de París se jugará en dos terrenos básicos: limpieza y seguridad. Son los dos puntos más débiles de Anne Hidalgo. La suciedad y el incremento de la delincuencia «menor» (atracos, violencia no siempre «soft») son cuestiones sensibles de vida cotidiana, muy alejadas de la «gesticulación» internacional con personajes condenados judicialmente en su propia patria.
26-02-2020 | Fuente: abc.es
Bolsonaro insta a sus fieles a bloquear el Congreso y la Corte Suprema de Brasil
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abrió una nueva crisis política en el primer día útil después de los carnavales, al difundir desde su cuenta de WhatsApp un vídeo en el que convoca a sus seguidores a una marcha que pide el cierre del Congreso Nacional y la Corte Suprema, el próximo 15 de marzo. El vídeo acusa a estos dos poderes de impedirle al presidente gobernar. El mensaje difundido por el mandatario apoya esta jornada nacional de protestas convocada por doce grupos de derecha y ultraderecha, como el Movimiento Brasil Conservador y el Movimiento Integralista, reforzando palabras de orden como «basta » y «necesitamos cambiar a Brasil». La verificación del vídeo y de la cuenta presidencial fue confirmada el miércoles por la columnista política del diario O Estado de São Paulo, Vera Magalhães, y volvió a agitar la política brasileña, adormecida por los carnavales, generando reacciones contra Bolsonaro, inclusive de pedidos de destitución. La Orden de Abogados de Brasil (OAB), por ejemplo, reconoció en una nota, las bases para un juicio político contra el presidente al usar su móvil para atentar contra la democracia. Sectores de la oposición, de todos los tintes políticos, criticaron al presidente y convocaron una reunión de emergencia en el Congreso para tratar el tema el miércoles. El vídeo reproduce imágenes del atentado que Bolsonaro sufrió durante la campaña presidencial de 2018, cuando fue acuchillado en medio de un mitin. El guión que acompaña las imágenes dice: «Él (Bolsonaro) fue llamado a luchar por nosotros, compró la pelea por nosotros, desafió a los poderosos por nosotros, casi murió por nosotros, enfrenta a la izquierda sanguinaria y corrupta por nosotros, sufre calumnias y mentiras por hacer lo mejor para nosotros, él es nuestra única esperanza de días cada vez mejores, y necesita nuestro apoyo en las calles el día 15 de marzo». El vídeo, que toca al fondo el himno nacional, convoca a la protesta y compara a Bolsonaro, que se llama Jair Messias, a «Jesús?. Destaca además, a cuatro generales importantes de su Gobierno, entre ellos, al vicepresidente Hamilton Mourão y al ministro de Seguridad Institucional, general Augusto Heleno, que ya acusó al Congreso de «chantaje». «Los generales aguardan las órdenes del pueblo», dice uno de los mensajes del vídeo que está siendo visto como una especie de «autogolpe» por congresistas, incluso aliados y amigos de Bolsonaro. Críticas de varios tintes El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, que cumple agenda oficial en España, declaró en su cuenta Twitter: «Sólo la democracia es capaz de absorber sin violencia las diferencias de la sociedad y unir a Nación por el diálogo. Por encima de todo y de todos, está el respeto a las instituciones democráticas», escribió parafraseando a Bolsonaro, sin mencionarlo. El lema de Bolsonaro en su campaña fue «Dios por encima de todos». Entre los políticos que criticó la manifestación presidencial, se destacaron los exmandatarios Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), que apoya la política económica de Bolsonaro, y Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), su principal opositor. El ex presidente Cardoso dijo que Brasil está «ante una crisis institucional de consecuencias gravísimas», mientras Lula da Silva, apuntó el «gesto autoritario de alguien que agrede a la democracia todos los días». El abogado y excandidato presidencial Ciro Gomes, que enfrentó a Bolsonaro en las elecciones, declaró que es «un crimen» pronunciarse desde la presidencia contra las instituciones democráticas. Jueces de la Corte Suprema también criticaron el mensaje presidencial.
02-02-2020 | Fuente: abc.es
Ese doble rasero en vigor
Hoy se clausura la decimoquinta edición del Hay Festival en Cartagena de Indias. Una cita en la que se han encontrado, una vez más, docenas de escritores y pensadores de múltiples nacionalidades. Y una cita en la que puede haberse puesto de manifiesto un doble rasero a la hora de seleccionar a qué políticos se puede convocar a hablar de cuestiones de actualidad. Dos expresidentes ocuparon las principales tribunas: el colombiano Juan Manuel Santos y la brasileña Dilma Rousseff. Santos es un expresidente que obtuvo un cuestionado premio Nobel de la Paz en 2016 por un acuerdo con las guerrillas de su país que rechazó la mayoría de los colombianos que se manifestaron en el plebiscito que debía ratificar el pacto. Pero las reticencias populares ya se habían puesto de manifiesto en las urnas con anterioridad. En plena negociación con las FARC en 2014 Santos se presentó a la reelección y perdió en primera vuelta. La cosa no iba bien y la campaña santista estaba apurada de dinero: ¿quién aportó fondos? Odebrecht, la compañía que ha generado los mayores casos de corrupción en toda Iberoamérica, que se ha llevado por delante presidentes y ministros de diferentes países. Resultado de ello es que el tesorero de la campaña de Santos, Roberto Prieto, fue condenado a cinco años y dos meses de prisión. Pero Santos se niega a contestar preguntas sobre la financiación de su campaña y a pesar de los muchos encuentros suyos con dirigentes de Odebrecht, documentados incluso con fotografías, él niega ningún conocimiento de esa financiación. En su presencia en el Hay, el asunto no apareció en la conversación. Sólo hubo una referencia a los dineros «mal habidos» en campañas electorales del mundo entero con candidatos de todo signo. Era pertinente. Santos tiene una notable singularidad política. En las elecciones de 2010 ganó la Presidencia con el apoyo de la derecha y contra un candidato de izquierda, Antanas Mockus. Y en las de 2014 ganó con el apoyo de la izquierda contra uno de derecha, Óscar Iván Zuloaga. Iguales honores disfrutó Dilma Rousseff sobre la que no hay sospechas, no. Hay la certeza de su apartamiento del poder por un caso de corrupción en el que hubo violación a la ley presupuestaria y a la ley de probidad administrativa en relación con actos de corrupción en la petrolera estatal, Petrobras, en el ámbito de la operación Lava Jato. Esta operación llevó a la cárcel a su predecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva. Rousseff, durante una hora, respondió a apenas seis preguntas, como queriendo limitar el número de cuestiones y al borde de la campana el moderador recomendó la visión del documental sobre la destitución de la presidenta elaborado por Petra Costa. Huelga decir que ese documental roza la categoría de hagiografía. Resultaba más interesante dedicar buena parte de la intervención a explicar cómo el centro derecha y la derecha brasileños se han disuelto en una extrema derecha, culpándoles a ellos de haber llegado a esa ubicación política. No hubo ni un segundo para reflexionar sobre qué responsabilidad en la llegada al poder de Jair Bolsonaro pueden haber tenido los dos presidentes militantes del Partido de los Trabajadores que han ocupado el poder durante trece años consecutivos, entre enero de 2003 y agosto de 2016. ¿No tuvieron su gestión ni sus casos de corrupción ninguna influencia en el resultado de las elecciones que dieron la victoria a la «ultra derecha» brasileña? La cuestión que me pasaba por la cabeza escuchando a Santos y a Rousseff es si foros como el Hay invitarían con igual liberalidad a expresidentes conservadores afectados por casos de corrupción flagrantes como los de estos dos oradores. Me temo que no. El doble rasero que se aplica es evidente.
20-01-2020 | Fuente: abc.es
Mientras buena parte de España se retorcía de la impotencia por la designación como fiscal general de Dolores Delgado, en Sudamérica el terremoto lo provocaba Baltasar Garzón. El exjuez, amigo o compañero de Lola, como se conoce a la aplaudidora de Villarejo por fichar mujeres para ejercer la prostitución, con el fin de extorsionar a políticos y empresarios, se erigió en verdugo supremo de magistrados y colegas de Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia, en lo que han bautizado como Tribunal de Acción Común (TAC). El patíbulo de periodistas, fiscales y de aquellos jueces que juzgan o intentan juzgar, entre otros, a Cristina Fernández de Kirchner, Luiz Inacio Lula da Silva, Rafael Correa y Evo Morales, lo preside Eduardo Barcesat, ex profesor de la pseudouniversidad Popular de Madres de Plaza de Mayo de Hebe de Bonafini, la misma que organizó en la década «K», los simulacros de juicios/linchamientos contra periodistas. La creación del TAC, una instancia al margen de la ley de los países mencionados, -y de cualquier otro-, la justifican para combatir el «law fare», expresión que en España frecuenta el separatismo para vender al mundo que sus condenados lo son fruto de un acoso judicial por razones políticas y no por los delitos cometidos. El falso tribunal que juzgará la conducta de la justicia verdadera y de la prensa sudamericana, ha instalado su sede en Madrid y anuncia que tendrá sentencia en el mes de noviembre. Antes, tranquiliza Barcesat, «daremos la oportunidad a los jueces como Bonadío (Claudio) y Moro (Sergio) para que brinden su postura» (sic). Daniel Santoro, uno de los periodistas en el objetivo del TAC, recordó, «Pinochet usó el mismo término lawfare cuando Baltasar Garzón lo detuvo en Londres». Ricardo Gil Lavedra, exmagistrado del juicio a las Juntas Militares argentinas, calificó la iniciativa de «desopilante». A la exministra Patricia Bullrich, el chiste no le hizo mucha gracia y apuntó: «La impunidad que CFK no consigue en su país va a buscarla al otro lado del Atlántico». Cristina Fernández de Kirchner, actual vicepresidente de Argentina, fue la primera en utilizar el recurso del «law fare» para defenderse de la colección de procesamientos, por corrupta, que la mantienen fuera de la cárcel gracias a la impunidad que le dan los fueros. Barcesat, con honestidad brutal, reconoce en La Nación: «Ya sé que no somos neutrales, la pregunta sería respecto de qué bando no lo somos». (SIC)
05-01-2020 | Fuente: abc.es
Bolsonaro se desinfla tras un año de constantes polémicas
Un año cargado de polémicas y de conflictos ha dejado un gusto amargo en las evaluaciones que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha recibido al cumplir su primer año de mandato. La encuestadora Ibope, la más tradicional de Brasil, concluyó que el ultraderechista es el mandatario peor evaluado en su primer año desde Fernando Collor de Mello (1990-92), destituido a la mitad de su Gobierno. Bolsonaro llega a los doce meses con un índice de satisfacción de apenas el 29%, empatado con Collor, que perdió popularidad al confiscar las cuentas de ahorros. Sin ninguna medida tan radical, Bolsonaro ha derretido su popularidad con polémicas dentro y fuera del país, en las que se ha enfrentado, e incluso ha insultado, a políticos, artistas, científicos y hasta presidentes extranjeros, desatando crisis diplomáticas como la que generó con el francés Emmanuel Macron, al decirle que la Amazonia era un problema brasileño en el que no tenía que meterse. «Es un Gobierno muy difícil, el peor evaluado entre todos los presidentes en su primer año, y eso es muy raro», compara el politólogo Humberto Dantas, doctor de la Universidad de Sao Paulo (USP). «Se trata de un Gobierno que en pocos meses ya fue cuestionado con propuestas de destitución, que es sometido a apuestas sobre si termina o no el mandato, que ha perdido sustentación y popularidad en muy poco tiempo», analiza el investigador. Dantas se refiere a esas polémicas y otras, como pelear con los principales líderes del partido por el cual fue elegido, hasta el punto de salirse de él y tener que crear el suyo. En noviembre anunció la fundación de Alianza por Brasil, su décimo partido en tres décadas de carrera, que dirige al lado de sus hijos, por quienes también ha peleado a toda costa. «Es un Gobierno en conflicto, que es el propio conflicto», comenta el analista sobre un presidente de temperamento difícil. Otro problema que contribuye a su descenso de popularidad es que Bolsonaro no se ha enfrentado a la corrupción, que fue uno de los temas que ayudó a su elección. «No hay un combate a la corrupción en su Gobierno. Al contrario, carga un pasivo gigantesco de sus hijos, llevándolos incluso al interior del poder», explica Dantas. Por los hijos, Bolsonaro se ha peleado con políticos, con medios de comunicación y ha pedido incluso la intervención de jueces o presionado a legisladores para apartarlos del ojo de la tormenta. El mayor de ellos, el senador Flavio Bolsonaro, está envuelto en un escándalo de corrupción que ha salpicado al Gobierno. A su tercer hijo, el diputado Eduardo, llegó a presentarlo como candidato a embajador de Brasil en Estados Unidos, el puesto más importante de la carrera diplomática, por el hecho de «hablar inglés». Ciencia y cultura Otro punto de desgaste ha sido la carga ideológica con la que Bolsonaro y algunos de sus ministros vienen atacando temas como la ciencia, la cultura y la educación, sectores que generaron las primeras protestas contra su Gobierno en el primer trimestre. En esas áreas han sido constantes los ataques a intelectuales y se han realizado cortes financieros que han golpeado a las universidades y a la vida cultural. «Es lamentable y peligroso el desgobierno que Bolsonaro viene realizando. Ha sido un año de un retroceso enorme en la cultura», reclama el actor y productor cultural Fernando Trauer, que compara las estrategias de censura y maniobras del Gobierno con los tiempos de la dictadura militar, cuando se reprimía la libertad de expresión bajo el camuflaje de la «moral y preceptos cristianos», uno de los argumentos del mandatario que se ampara en sus electores neopentecostales, uno de los grupos conservadores que crece con fuerza en Brasil. Para Dantas, esa ha sido una de las fortalezas de Bolsonaro, la de ser capaz de dialogar con un grupo de un conservadurismo exacerbado, que no se sentía representado por el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula da Silva, que antes de ser investigado por corrupción, tenía una popularidad altísima, del 83%.
1
...