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Noticias de libia

18-02-2021 | Fuente: elpais.com
Pasaje mortal a Europa, 2011-2020
A trave?s de este extraordinario ensayo de fotoperiodismo, Ricardo García Vilanova nos sumerge en estos viajes cao?ticos, improvisados, desesperados y nos acerca a la realidad de Libia, un pai?s en una encrucijada, devastado por la guerra y anclado en la interseccio?n de rutas de migracio?n peligrosas
06-02-2021 | Fuente: abc.es
Jon Lee Anderson: «Cuba está más arrinconada que nunca»
Jon Lee Anderson (California, 1957) no puede ocultar que sintió un gran alivio, «como muchas otros estadounidenses y personas alrededor del mundo», cuando el pasado 20 de enero vio la investidura de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos. Un gran alivio «tras los cuatro años de Trump como presidente, además del año de campaña». Un tiempo en el que «nos vimos obligados involuntariamente a adaptarnos, y no a aceptar, a una persona que había bajado el nivel de la política y que durante todos los días de su presidencia se había empeñado en dividir a los estadounidenses y despertar sus odios latentes. Algo que culminó con la irrupción inaceptable en el Capitolio el 6 de enero. Un acto que era como estar viendo una ópera bufa», asegura el periodista a ABC desde Virginia, donde siguió la toma de posesión del nuevo presidente, que le pilló en plena promoción de su último libro, «Los años de la espiral. Crónicas de América Latina» (Sexto Piso). El periodista y escritor confiesa incluso que disfrutó del espectáculo «hollywoodiense» e incluso «cursi» que tuvo lugar después de la toma de posesión de Biden, «porque era la celebración de la democracia, algo que se estaba perdiendo», sostiene. «Y un día después, no sentimos la necesidad por la mañana de mirar nuestros teléfonos móviles para ver si Trump había tuiteado algo», bromea al otro lado del teléfono durante la entrevista que se realizó por videollamada a través de whatsApp. «Ahora estamos con un tipo que es, felizmente, sereno y aburrido». Especializado en cubrir conflictos y guerras, Jon Lee Anderson es autor de títulos como «Ché Guevara. Un vida revolucionaria», «Libia, de Gadafi al colapso» o «La caída de Bagdad». Referente para muchos, su trayectoria es motivo de estudio en universidades de periodismo a ambos lados del Atlántico. En su última entrega, Anderson reúne una selección de 42 escritos realizados entre 2010 y 2020 y originalmente en inglés para la prestigiosa publicación «The New Yorker», de la que es colaborador habitual. Estos textos (traducidos al castellano por Daniel Saldaña) recogen sus viajes por la geografía y por la historia política y humana de un continente, y tratan de ser una «estampa de la época», en palabras de su autor. Una década «convulsionada», que vio morir a figuras como Fidel Castro y Hugo Chávez; ascender al poder a otras, como Nicolás Maduro, Raúl Castro o Dilma Rousseff, y su posterior caída; o enquistarse en él a mandatarios como Daniel Ortega o Cristina Fernández de Kirchner. Anderson ha sido testigo de la debacle de la «marea rosa», que representó en su momento el ascenso de los partidos de izquierdas en América Latina; también de la hecatombe del movimiento bolivariano en Venezuela, que ha dejado profundas heridas en el país -crisis política, social, económica y humanitaria-, y el triunfo de los populismos, como el representado por Jair Bolsonaro (el Trump tropical) en Brasil.. También retrata a escritores, como el cubano Leonardo Padura, aferrado a la isla a pesar de la realidad que vive, o el colombiano Gabriel García Márquez. El libro es además un crisol de géneros periodísticos, que van del obituario, al artículo de opinión, a los perfiles, las entrevistas y los reportajes. A través de estos últimos, Anderson acerca al lector el drama que vivió Haití tras su terremoto, o permiten seguir el proceso delicado y sigiloso para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba, después de medio siglo de hostilidad, impulsado por Barack Obama y quebrado después por Donald Trump. ¿Por qué el nombre de «Los años de la espiral»? Pensé mucho en qué título darle al libro, sobre cuál era el matiz de esa década. No quería que fuera una antología más. Ese no era el propósito. Algunas antologías están escritas más para el periodista que para el público. Pero yo tenía la sensación de que algo había ocurrido en esa década (de 2010 a 2020). Al reunir los textos vi que muchos eran de América Latina y que representaban una década muy dinámica y convulsionada, aunque no existiera una guerra como tal. Espiral significa un vaivén continuo, no es una escalera vertical.. Consideré que así fue la realidad de la región. En 2010, la izquierda estaba en su apogeo en América Latina, e incluso a esto le dieron un nombre, la «marea rosa». Estaban en el poder Lula da Silva, Fidel Castro estaba vivo todavía, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa.. Era muy llamativo que el continente de pronto estaba siendo gobernado por un grupo fuerte de izquierda, financiado mayoritariamente por el petróleo. A finales de la década había muerto Chávez, y su sucesor, Nicolás Maduro, estaba a cargo de una Venezuela que se había ido por agujero negro. Lula fue a la cárcel, y cuando salió había perdido mucho poder; y tras él llegó Dilma Rousseff, que tuvo un «impeachment».. Hoy está en el poder Bolsonaro. Quedan algunos representantes de la izquierda, pero ya no es lo mismo. Todo aquello coincidió con Obama (2009-2017) en el poder, un presidente que decidió enterrar sables con Cuba, una forma de cambiar el chip. Él explícitamente dijo de enterrar la Doctrina Monroe, que defiende una política intervencionista norteamericana en la región (y que reestableció Trump), y entabló paz con Cuba, y esta auspició la paz entre la guerrilla colombiana y el gobierno. ¿Estos mandatarios fueron sustituidos por otros con una filiación completamente opuesta? ¿Cuál es la causa de la caída de la izquierda? Obama fue reemplazado por Trump, y empiezan a surgir patanes de ultraderecha; y brotes de una derecha populista donde antes estaba la izquierda. Bolsonaro hizo migas con Trump, y en Bolivia hubo un breve reemplazo de Evo Morales, con Jeanine Áñez en el poder. Son varias las causas, pero el ingrediente más obvio y principal que llevó a esto es la corrupción en la izquierda, pero en esto no está sola, y se puede decir que quien ha dominado en este tema ha sido la derecha por el simple hecho de que la izquierda no ha estado en el poder. Lo que hemos visto es cómo la izquierda llegó al poder, en algunos casos a través de guerrilleros, personas que habían sido presos políticos, sindicalistas.. y con un espectro de su izquierdismo amplio: desde la retórica radical, como Chávez, hasta la izquierda pragmática, una especie de socialdemocracia, representada por Bachelet o Pepe Mujica, capaces de operar con gente de centro derecha. Y vimos precisamente en esos dos países, Chile y Uruguay, alternancia en el poder, con una democracia bastante lograda. Pero en el resto del continente lo que hemos visto es un afincamiento en el poder, con el reclamo revolucionario. Con la insistencia de que se defendía una revolución y la marginación de la oposición; el manoseo de las leyes y de las constituciones para impedir compartir el poder, permitiendo la destrucción de las democracias que ya eran bastante incipientes. Hemos visto un izquierdismo desprovisto de intención de obra social, en algunos casos, y sustentado por dinero procedente del capitalismo con el que tuvieron que hacer alianzas. Esto impidió que su socialismo se consolidara. Estoy hablando de Ortega, de los venezolanos, inclusive Lula, que en Brasil tenía algunos aspectos muy loables y logró algunas cosas (la bolsa familia), pero en otros aspectos de su gestión no hizo mucho más de lo que hicieron sus predecesores en el cargo. Es decir, realizaron alianzas con partidos corruptos. Aparentemente miró para otro lado cuando hubo corrupción interna. Algunos dicen que él mismo fue corrupto, aunque a mí eso no me consta. Pero sí es cierto que su partido también se corrompió. Así funciona Brasil y la política brasileña. «El principal ingrediente para la caída de la izquierda en América Latina ha sido la corrupción» ¿La corrupción es endogámica en Latinoamérica? Se ha vuelto endogámica, lamentablemente. ¿Antes de Alberto Fujimori algún presidente tuvo que dimitir? Comenzó con la derecha, pero eso ha ido extendiéndose por todo el hemisferio. Hace unos días leí que Ferrari estaba abriendo un showroom en Caracas, en la capital de la revolución bolivariana. Eso ya no es revolución. Hace tiempo que no lo es. En Nicaragua, Daniel Ortega no sé lo que era originalmente, pero es un dictador junto con su mujer, Rosario Murillo. Es una monarquía chusca en un país donde han regalado tajada a sus hijos. Es muy parecido a lo que hizo Gadafi en Libia. Casi todas las empresas de telecomunicaciones de Nicaragua son propiedad de la familia Ortega. Y han asfixiado a la oposición y a cualquier voz contraria. Es como la política de Vladimir Putin. El régimen de Ortega tiene como referente al de Cuba, y busca como él perdurar en el tiempo y lograr una cierta normalización que le consolide, como ha sucedido durante seis décadas en la isla. A pesar de la nueva Constitución, que no se ha implementado en lo referente a derechos fundamentales, sigue siendo un país de partido único y, por tanto, un dictadura. Es cierto, pero Cuba tiene la ventaja de haber consolidado el poder hace 50 o 60 años. Esto no lo va lograr Venezuela, porque no es una isla, pero tampoco Nicaragua, aunque está bastante aislada. Lo que hizo Cuba fue lo que hizo la Unión Soviética. Estamos en una era post ideológica, y estamos hablando de dos tendencias: una autoritaria, que se cierne e intenta consolidarse sobre algunos países través del lenguaje, contra el antiimperialismo y el «antiyanquismo», que supo utilizar muy bien Fidel Castro, pero es mucho menos creíble a estas alturas en Ortega e incluso en Maduro. Otros no entraron en ese juego, como Bachelet y Lula, pero había otro grupo bombástico, bastante populista, como Correa, Maduro, Chávez, Ortega, Evo.. Este ha sido sustituido por Arce, un marxista más pragmático en su tono y en su actuación política, que se asemeja más a los que se llamaban eurocomunistas, que emergieron en los años 70 y 80 del siglo pasado, que solo iban un poco más allá de los socialdemócratas. ¿Qué supone la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca? ¿Cómo va a afectar a la región? Supone aire fresco. Nos da distensión y la oportunidad de revertir un poco la espiral que iba a la hecatombe, aunque todavía está Bolsonaro, que representa ese tipo de populismo autárquico y brutal, como ha demostrado con la gestión de la pandemia y que no atendió los incendios en la Amazonia. Con Biden vamos a ver un EE.UU. con un papel distinto porque uno de los pilares de su política es el cambio climático -Trump no solo lo desdeñó, lo enterró-. Eso va a suponer un muro de contención con los populistas de derecha, como Bolsonaro y Bukele, con el que no están nada contentos en EE.UU. Biden (de espaldas), cuando era vicepresidente de EE.UU., saluda a Maduro en Brasilia en 2015 - REUTERS Biden ha revertido alguna de las sanciones de Trump contra Venezuela, y también ha dicho que va a revisar las medidas que tomó Trump hacia Cuba, a la que aplicó numerosas sanciones y volvió a incluir en la lista de países terroristas. Fue durante su vicepresidencia, cuanto Obama era presidente, que hubo un acercamiento. ¿Cree que va a haber otro deshielo? Usted que ha vivido varios años en Cuba, ¿ve posible que el régimen negocie o ceda en algún aspecto? Todo quedó truncado por la falta de tiempo de la Administración de Obama. Sucedió muy tarde, a la mitad de su segundo mandato. En todo caso, creo que van a liberar la situación de las remesas y los viajes, pero creo que en un principio van a mantener las sanciones a los barcos que aprovisionan de combustible a Venezuela. Lo que si va a cambiar es el tono, el ambiente.. No va a ser de abierta hostilidad sino con un poco de recelo pero con disposición a dialogar. Biden representa una Administración más bien de la vieja escuela, es un poco más pragmático y menos idealista con lo que se puede lograr dialogando con países como Cuba y Venezuela. Con este último va a ser incluso más duro. Va a mantener muchas de las sanciones, pero está abriendo puentes de diálogo. Creo que su intención con él es abrir alguna acción humanitaria con la anuencia, e incluso la involucración de su gobierno, que a su vez permita una apertura del régimen. Esto son solo bosquejos que yo he recogido, pero creo que van por ahí las cosas. EE.UU. necesita algún as en la manga para negociar con el chavismo, porque los presidentes no son muy dialogantes, utilizan la negociación para ganar tiempo. Por eso mantienen el respaldo, tan absurdo, que hizo Trump a Juan Guaidó, aunque lo van a mantener como su líder preferido. Lo que hizo Trump con Venezuela fue absurdo, por más que las sanciones que les aplicó les hicieran daño, pero obligaron a Maduro a mirar a los rusos, a los chinos, a los turcos.. y a destripar la selva buscando minerales y oro. Venezuela es un país que empieza a parecerse cada vez más al Congo por el control y la rapiña de los recursos naturales. «Biden representa una Administración más bien de la vieja escuela, es un poco más pragmático y menos idealista con lo que se puede lograr dialogando con países como Cuba y Venezuela» Para Cuba 2021 es un año importante porque esta primavera se celebrará el VIII Congreso del Partido Comunista, en el que Raúl Castro cederá su cargo como primer secretario (el puesto con más poder en la isla) a un sucesor que muchos apuntan será el presidente Miguel Díaz-Canel. Por primera vez en 60 años el poder en la isla no estará en manos de ningún Castro. ¿Cree que esto permitirá una apertura del régimen en un futuro a corto plazo, o por el contrario el verdadero control seguirá en manos de los militares, reacios a ella y a otorgar derechos a los cubanos? En Cuba siempre han sido muy buenos en opacar sus intenciones. Me da la impresión de que vamos a entrar en un periodo más gris, en que quizás va a quedar más claro el grado de control de los militares. Díaz-Canel es una persona ya bastante gris, pero veremos si tiene peso en el cargo o si tiene que compartir el poder de una manera más obvia. En cuanto al cambio de postura en Washington, esta puede ofrecer algo a La Habana, pero no sé si lo van a aceptar allí o simplemente se van a limitar a agarrar la rama de olivo que viene con el nuevo Gobierno en Washington. Por una parte, a los de la línea dura en Cuba les convenían las políticas de Trump; y, por otra, Biden está ofreciendo las remesas y los viajes de nuevo, lo que pemitiría a Cuba funcionar a medio gas, que es lo más que puede hacer la isla en las circunstancias políticas en las que está. Lo cierto es que cuando les ha dado la posibilidad de abrirse, se han asustado y se han cerrado de nuevo. Después del intento de deshielo entre EE.UU. y Cuba en 2016 aumentó la represión en la isla y no trajo más derechos a los cubanos .. No sé que pasara, porque muchas cosas dependen de lo que suceda en Washington, y los tres próximos meses van a ser claves. Es pronto para adivinar cuál va a ser la reacción en Cuba a las iniciativas que emprenda Biden, pero eso va a ser determinante hasta cierto punto. A mi juicio, Cuba va a intentar seguir flotando en el agua.. También depende de lo que suceda en el horizonte en cuanto a política internacional. Los cubanos no quieren a los chinos. Si se tratara solo de buscar un nuevo sponsor, irían adelante, pero los chinos tampoco se atreven a meterse en lugar tan cercano a EE.UU., saben que por ahí, lo que empieza a ser una guerra fría puede calentarse muy rápidamente. Los rusos son rastreros a estas alturas. Putin retiró la base de Lourdes al principio de su mandato (tras la llegada de Trump al poder y el acercamiento de Rusia a Cuba se habló de una posible reapertura, que en 2018 desmintió Moscú). Lidian con quien pueden. Cuba está más arrinconada que nunca. Los cubanos están como en una balsa que está aflote, pero tienen menos salvavidas que antes. A menos que empiecen a abrirse y suavizar su política, como era la oferta de la Administración Obama, no veo un futuro muy positivo. Veo la consolidación de una etapa gris, con la seguridad del Estado con mayores problemas de contención. Pero Cuba ha cambiado, los jóvenes ya tienen acceso a información del exterior. La ventaja que ha tenido el régimen hasta ahora es que es una isla. Raúl Castro levanta la mano de Obama durante la vista de este a Cuba en 2016 - AFP ¿Cuáles son los retos para América Latina en esta nueva década? Hasta cierto punto diría que son los mismo de siempre, pero principalmente, y en un futuro inmediato, está el de gestionar el Covid y atender las consecuencias provocadas por la pandemia, como las deudas, el incremento del desempleo, el cierre de negocios.. Eso va a requerrir de una alianza específica con EE.UU. y con otros países con posibilidades de ayudar, aunque ellos también van a estar endeudados hasta la médula, así que su capacidad de préstamos va a ser más limitada. Todo lo que está mal en América Latina va a estar peor debido a la pandemia, y ya iba bastante mal, pues tiene el mayor índice del mundo de desigualdad, de violencia.. Y el mayor problema, más allá de la pandemia, es el estado de derecho. Si bien hace 40 años EE.UU. ayudó a auspiciar un cambio de rumbo político de las dictaduras -que había apoyado durante la Guerra Fría- hacia las democracias, respaldó muy poco esas democracias. Ya sabemos que la democracia es muy frágil -casi no ha sobrevivido a Trump-, en América Latina apenas se construyeron, y en algunos lugares se las han fumado. Brasil es un gigante geográficamente, pero el estado siempre ha sido del tamaño de Portugal. Bolsonaro lo convirtió en Burkina Faso, sin ofender a Burkina Faso. Toda la zona del Caribe son narcoestados, y no me refiero a que cada presidente lo sea. Pero son Estados fallidos. Por eso hay un éxodo al norte de Venezuela y Colombia hacia arriba. Tiene que haber un cambio muy serio, al que deberían contribuir EE.UU. y Occidente a través de una especie de gran plan Marshall, pero no creo que se produzca porque no se trata de dar solo dinero, sino de cambiar las estructuras de unos regímenes que son gansteriles y con narcos por medio, y eso es muy difícil. En México va a ser muy complicado, y en Centroamérica va a ser más de lo mismo, pero con más injerencia de políticas de derechos humanos. También ha entrado, en la última década, China en la región para empezar a competir, pero sin llegar a ser como África. Ahora con la presidencia de Biden, su presencia se va a definir un poco más. EE.UU. con quizá 12 años de presidentes demócratas -cuatro años de Biden, y ocho de Kamala Harris- puede volver a operar en el mundo como líder de los países democráticos. Eso puede ayudar mucho a América Latina, pero ésta tiene que superar su tendencia a la remilitarización, el populismo, el control territorial del narco.. Se tiene que democratizar de verdad. Actualmente solo hay dos países -Uruguay y Chile- que son dos puntos de luz en la región. «En América Latina tiene que haber un cambio muy serio, al que tiene que contribuir EE.UU. y Occidente con una especie de gran plan Marshall» ¿En esta década veremos el fin de los gobiernos autoritarios y de las dictaduras en América Latina, o eso todavía es un sueño? ¿Es quizá también algo endogámico de la región? No es un sueño, pero no sé si veremos su final. Esa es nuestra esperanza. Creo que la formación de América Latina es muy distinta a la de Canadá y EE.UU., que no tienen que ver con sus países de origen. La colonia duró mucho más y tuvo su propia política económica en América Latina. El feudalismo duró muchísimo más. Estos países todavía están en vías de encontrar su futuro. Y dentro de los propias países se aprecian siglos de diferencia. Si en el centro de Santiago de Chile estás en el siglo XXI, vas a las tierras mapuches y te encuentras en el XVII, donde todavía están peleando las reclamaciones de ese siglo. Podemos decir lo mismo de EE.UU. con respecto al tema de Black Lives Matter (Las vidas negras importan), pero es mucho más obvio en aquellos países donde vas al campo y ves a indígenas viviendo míseramente, o cómo los habitantes originarios viven amenazados por bulldozers y rifles. Es una región que es un compendio de todos los siglos y en la que hay muchos desniveles. A pesar de todo lo bueno y lo malo, creo que hay una posibilidad de esperanza hacia políticas más positivas debido a la victoria de Joe Biden en EE.UU.
05-02-2021 | Fuente: abc.es
Borrell explora en Moscú la difícil normalización con Putin
El viaje oficial a Moscú que emprende hoy el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, es probablemente el más importante de los últimos años y tiene lugar en un momento especialmente delicado porque deberá intentar combinar la firmeza ante el flagrante comportamiento antidemocrático del Kremlin y la necesidad de cooperar en numerosos campos con el vecino más poderoso de Europa. Borrell estará dos días en Moscú llevando el mandato de los países europeos para transmitir a Vladimir Putin el descontento con la represión de la oposición y los obstáculos a las actividades de la sociedad civil. Varios grupos políticos del Parlamento Europeo le han pedido que se reúna con el dirigente opositor Alexéi Navalni que acaba de ser condenado a casi tres años de cárcel después de haber sobrevivido a un intento de envenenamiento que los servicios europeos de información atribuyen a los propios agentes del Kremlin. Algunos eurodiputados habían dicho incluso que era preferible suspender el viaje de Borrell si este no tenía ocasión de encontrarse con Navalni, y muchos países creen que el viaje del representante europeo podría considerarse como un símbolo de normalización con Moscú. Pero desde otros sectores de la opinión pública europea y de los propios gobiernos se ha empezado a abrir paso la idea de que para lograr avances en la lucha contra la pandemia del Covid-19 la UE debería contar con la vacuna rusa si es aprobada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Entre otros, la canciller alemana Angela Merkel ha dicho que «las diferencias políticas no deberían ser un obstáculo para cooperar en la lucha contra el Covid-19». Muchos países creen que el viaje del representante europeo podría considerarse como un símbolo de normalización con Moscú El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha dicho que Rusia estaba dispuesta «a todo» para mejorar las relaciones con la UE, pero no a «escuchar consejos» sobre Derechos Humanos. Borrell también ha intentado rebajar las expectativas ante este viaje diciendo que «no creo que vaya a lograr la liberación de Navalni» aunque si podría reunirse con él «si las autoridades rusas lo permiten». Relaciones congeladas desde 2014 Más allá del foco puesto en la suerte del disidente democrático y de las manifestaciones que piden su liberación en las ciudades de Rusia, la realidad es que las relaciones entre Bruselas y Moscú han estado prácticamente congeladas desde 2014, tras el conflicto en Ucrania y la anexión rusa de la península de Crimea. Tampoco están de acuerdo en asuntos como la situación en Bielorrusia y las protestas contra el autócrata Alexander Lukashenko o lo que ha pasado recientemente en el Caucaso, pero la posición rusa es esencial también para los intereses europeos en Siria, Libia y el Mediterráneo Oriental. Putin ha enviado a los grupos paramilitares irregulares incluso en zonas tradicionalmente asociadas al interés de Europa como la República Centroafricana, así que Borrell tiene una larga lista de asuntos pendientes para tratar con el régimen de Putin. También se trata de una visita importante para intentar establecer una posición global de la UE después del cambio de la administración norteramericana y para fortalecer su posición ante China. Pero por lo que se refiere a las cuestiones bilaterales con Rusia y sobre todo las exigencias de que Moscú acepte respetar unas mínimas reglas democráticas, se prevé un auténtico «diálogo de sordos».
27-01-2021 | Fuente: abc.es
El Comité de DD.HH. de la ONU culpa a Italia de un naufragio con más de 200 migrantes muertos
El Comité de Derechos Humanos de la ONU ha determinado que Italia incumplió se deber de proteger la vida de más de 200 migrantes y refugiados que viajaban en una embarcación hundida en 2013 en el mar Mediterráneo, tanto por no responder a las llamadas de auxilio como por demorarse en el envío de un barco militar que se encontraba en la zona. A bordo de la embarcación naufragada viajaban más de 400 personas, entre ellos tres sirios y un palestino que perdieron a sus familias y que presentaron una queja conjunta ante el Comité de Derechos Humanos. Estos supervivientes han contado que partieron desde la ciudad libia de Zuará el 10 de octubre de 2013 y que solo unas horas después la embarcación fue tiroteada por otro barco con bandera bereber, cuando se encontraban a 113 kilómetros de la isla de Lampedusa. Uno de los pasajeros llamó entonces al servicio de emergencias de Italia, para advertir de que se hundía. Repitió su llamada en varias ocasiones, pero recibió como única respuesta que debía trasladar su alerta al centro de coordinación de rescates marítimo de Malta. Cuando finalmente llegó a la zona una patrullera maltesa, la embarcación estaba ha hundida e Italia solo accedió a enviar un buque militar que se encontraba a apenas una hora porque las autoridades de Malta se lo pidieron de forma urgente. El Comité ha concluido que, como resultado de esta demora, se ahogaron más de 200 personas, entre ellas 60 niños. Una de las personas que integran el Comité, Hélène Tigroudja, ha admitido que «es un caso complejo», ya que el incidente se produjo en aguas internacionales y en la zona de rescate que teóricamente corresponde a Malta, pero «más cerca de Italia y de uno de sus buques navales». Tal es así, que los expertos estiman que el barco italiano podría haber llegado dos horas antes del naufragio. Tigroudja ha apuntado que, independientemente de la teoría sobre zonas de rescate, las autoridades italianas tenían en este caso el «deber» de apoyar la misión para «salvar las vidas de los migrantes». No hacerlo, ha añadido, «tuvo un impacto directo en la pérdida de cientos de vidas». El Comité de Derechos Humanos de la ONU ha instado a las autoridades de Italia a investigar los hechos y depurar responsabilidades, al tiempo que ha instado a todos los países implicados a indemnizar a las familias de las víctimas.
06-01-2021 | Fuente: abc.es
Egipto se suma con reticencias al acuerdo
Egipto se sumó al bloqueo a Qatar en 2017 tras el anuncio saudí. Tres años y medio después, las autoridades de El Cairo dieron la bienvenida al nuevo acuerdo de «solidaridad y estabilidad» firmado en Al Ula con un país con el que tienen un choque de intereses debido a los Hermanos Musulmanes. La organización islamista, nacida en Egipto, es el mayor enemigo de Abdel Fatah Al Sisi, que llegó al poder en 2013 tras dar un golpe militar contra Mohamed Morsi, candidato de la hermandad. Qatar, junto a Turquía, es uno de los países que apoya y da refugio a los miembros de una cofradía perseguidos en Egipto. Estos países también están enfrentados en la vecina Libia, donde apoyan a bandos contrarios en el conflicto civil armado.
27-12-2020 | Fuente: abc.es
Turquía advierte que responderá a todo ataque contra sus tropas en Libia
El ministro de Defensa de Turquía, Hulusi Akar, ha advertido al general Jalifa Hafter, jefe del bando rebelde en la guerra civil de Libia, que cualquier ataque contra las tropas turcas en el país africano conllevaría una respuesta militar, informa este domingo el Ministerio de Defensa turco. «Este criminal de guerra y asesino Hafter y quienes lo apoyan deben saber que si se lleva a cabo cualquier ataque contra las fuerzas turcas consideramos objetivo legítimo las fuerzas de Hafter en cualquier lugar. No tendrán a dónde huir», advirtió Akar durante una visita a Libia iniciada ayer. Describió a Hafter, que recibe apoyo de Rusia, Arabia Saudí, Emiratos y Egipto, como «golpista, peón de fuerzas exteriores y juguete de otros» y aseveró que «no todo el mundo que se compra un uniforme puede ser mariscal», en alusión al rango militar de Hafter. Akar hizo estas declaraciones, difundidas hoy en la web de su Ministerio, al cenar la noche del sábado con el contingente militar turco que Ankara envío a Trípoli en enero pasado para respaldar el Gobierno del primer ministro libio Fayez al Serraj, asediado por las fuerzas de Hafter. La intervención turca cambió el equilibrio de fuerzas y permitió a Al Serraj, cuyo Gobierno está reconocido por Naciones Unidas y la Unión Europea, recuperar terreno, antes de proclamarse un alto el fuego con negociaciones de paz en noviembre pasado. Akar se reunió ayer con el ministro del Interior libio, Fathi Bashaga, un político que ha protagonizado tensiones con Al Serraj este otoño y al que se le considera un posible candidato a reemplazar al actual dirigente. El ministro turco criticó también la misión Irini de la Unión Europea, cuyo objetivo es vigilar el cumplimiento del embargo de armas contra Libia, lamentando que «se ha empezado sin ningún tipo de coordinación con el Gobierno libio legítimo, sin cooperación y sin una decisión clara de Naciones Unidas». Irini es así «una operación parcial, injusta y de dudosa legalidad» que «no se puede aceptar», dijo Akar, cuyo Gobierno ha criticado ya anteriormente que la misión europea solo controla las rutas marítimas por las que llega material a Trípoli, pero no las aéreas que usan los Estados árabes para enviar armas a Hafter.
18-12-2020 | Fuente: abc.es
El secretario general de la ONU pide a Alemania que asuma un rol más fuerte en el mundo
La visita del secretario general de la ONU Antonio Guterres a Berlín se produce en el momento en el que Alemania hace balance ya de su semestre en la presidencia por turnos de la UE y a pocos días de que comiencen las campañas de vacunaciones en Europa, un punto de inflexión en la lucha contra la pandemia que ha valorado como «significativo» y que ha aprovechado para felicitar, una vez más, la aportación alemana, dado que la primera vacuna desarrollada procede de un laboratorio de Alemania. Guterres ha hecho, ante el pleno del Bundestag, un discurso laudatorio a la gestión de la canciller Mekel, no solamente contra el coronavirus sino también ante otros grandes retos a los que se enfrenta la humanidad en la década de los años veinte, como la protección del clima o la preservación del multilateralismo. «Los estudios demuestran que los trabajos de gestión dirigidos por mujeres en la lucha contra la pandemia Covid han dado mejores resultados», ha aludido a la condición femenina de Merkel, que ha pedido a Alemania «un rol más fuerte en el mundo» y ha reivindicado que «la vacuna debe ser un bien público global». Guterres ha descrito la Alemania de 2021 como «poder de paz» y «columna del multilateralismo». «Como secretario general de la ONU, soy testigo de cómo trabaja Alemania en el día a día, con profunda conciencia histórica y responsabilidad, para asumir progresivamente un papel de liderazgo en el mundo», ha dicho, «veo cómo Alemania afronta los grandes retos de nuestro tiempo». «Alemania es un aliado importante en todo el mundo en nuestra lucha por la paz», ha enfatizado, poniendo como ejemplo el compromiso alemán en Afganistán y en la región del Sahel. También ha felicitado expresamente a Merkel por la organización de la Conferencia Internacional de Libia, el pasado mes de enero en Berlín y ha animado al Parlamento alemán a seguir esa misma senda cuando Merkel, que termina en 2021 su cuarta y última legislatura en el poder, se haya marchado. «Se lo pido a ustedes con urgencia, Alemania debe asumir un papel más fuerte en el mundo, en el mantenimiento de la paz y el multilateralismo, en la defensa de los Derechos Humanos, que hoy está conectada directamente con los procesos de digitalización y protección del clima», ha urgido a los diputados alemanes. «Hoy la amenaza mayor no son las guerras, sino nuestros propios crímenes contra la naturaleza», ha advertido, pasando a anotar la serie de datos que respaldan el hecho de que «el calentamiento climático es ya un hecho» y describiendo un escenario «apocalíptico» en el que Alemania hace en su opinión una importante aportación con sus metras de reducción de emisiones hasta 2030, su política de abandono de las energía procedentes del carbón y su soporte al Acuerdo de París, al que contribuye «con un gran apoyo a su financiación». También ha señalado que Alemania es necesaria «en el trabajo sobre muchos otros retos, como la erosión de las potencias nucleares», y ha terminado su discurso lamentando que no puedan celebrase hoy los grandes conciertos en todo el mundo proyectados con motivo del 250º aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, cancelados a causa de la pandemia. «Pero a cambio hemos podido escuchar un coro global, con cantantes que desde diversas partes del mundo cantaban al unísono su Oda a la Alegría, un signo de los nuevos tiempos que vivimos, en los que también hay nuevas esperanzas». Este discurso halagador y agradecido tiene lugar cuando está a punto de terminar la ocupación interina de Alemania de uno de los sillones del consejo de Seguridad de la ONU, que el país reivindica desde hace décadas como permanente. Coincide también con el enfrentamiento que en el seno del consejo han protagonizado en los últimos días los representantes de Rusia y China con el embajador alemán ante la ONU, Christophe Hughes, que en una sesión sobre Siria criticó las posiciones de estos dos países y advirtió que contribuyen a complicar aún más la entrega de importante ayuda humanitaria. El Gobierno alemán acaba de publicar un informe, además, en el que denuncia el deterioro de la situación de los Derechos Humanos en China, Rusia y Turquía, en el que señala, por ejemplo, la tendencia negativa en China desde 2012. «Los derechos individuales están siendo socavados cada vez más», alerta el documento, que estipula que «esto concierne tanto a los derechos civiles y políticos como a la liberta de prensa y expresión, además de la libertad religiosa». Sobre Rusia, declara que «especialmente en lo referente a las elecciones de 2019, la libertad de asamblea ha sido mercada» y critica que la Ley de soberanía de Internet de 2019 «ha creado un escenario en el que se permite la censura online». El discurso de Guterres viene a respaldar estas posiciones y supone, además, una despedida de Merkel con mención de honor por los muchos servicios prestados en diversos conflictos internacionales durante sus 16 años en el poder.
17-12-2020 | Fuente: abc.es
Diez años de la Primavera Árabe: Túnez como ejemplo y regresión en el resto de la región
La inmolación de Mohamed Buazizi el 17 de diciembre de 2010 en Túnez fue el catalizador de unas protestas que se extendieron por la región, dando lugar a la conocida como «Primavera Árabe», un proceso que, una década más tarde, se ha saldado con la caída de varios regímenes autoritarios pero ha desencadenado varias guerras y una oleada contrarrevolucionaria que ha impedido la materialización de las principales demandas de los manifestantes. Las protestas aumentaron su intensidad en enero de 2011 tras la muerte de Buazizi y derivaron en la huida del país del presidente, Zine el Abidine ben Alí, en el poder desde 1987 y quien el 14 de enero puso rumbo a Arabia Saudí, una dimisión que envalentonó a los manifestantes en la región, que exigían una mayor democratización y avances a nivel de derechos. La salida del poder de Ben Alí rompió la imagen de inmovilidad de los gobiernos y dio esperanzas de cambio a la población, que salió en masa a las calles para exigir la dimisión de sus líderes o al menos cambios que derivaran en una mejora de su calidad de vida, gracias a la mayor facilidad para organizar las manifestaciones a través de las redes sociales. Esta sensación se vio reforzada por la dimisión en febrero del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, tras una represión que dejó cerca de 800 muertos, si bien puso en alerta a los gobernantes regionales, que recurrieron a una mayor violencia para reprimir las manifestaciones. Esto provocó que países como Siria y Libia se vieran sumidos en sendas guerras que, en el caso del segundo, derivaron en una implicación internacional directa que se saldó con la captura y ejecución del líder libio, Muamar Gadafi, en octubre de 2011. El caso de Siria fue aún más complejo debido a los numerosos intereses internacionales, que provocaron que la guerra derivada de la represión de las fuerzas de Bashar al Assad se convirtiera en un conflicto internacionalizado que sigue activo y que ha dejado cientos de miles de muertos y millones de refugiados y desplazados. Asimismo, decenas de miles de yemeníes salieron a protestar contra el desempleo y exigir la dimisión del presidente, Alí Abdulá Salé, que cedió el poder en 2012 a su vicepresidente, Abdo Rabbu Mansur Hadi, quien no logró satisfacer las demandas e hizo frente a un refuerzo del poderío de los huthis, unas tensiones que en 2014 sumirían al país en una guerra civil con tintes regionales. Bahréin fue otro de los países en los que las protestas tuvieron especial importancia, encabezadas por chiíes que denunciaban discriminación a manos de la gobernante dinastía suní --unas protestas apoyadas por sectores de la comunidad suní--, si bien las autoridades las aplastaron con apoyo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (UAE). La 'Primavera Árabe' tuvo ecos en Marruecos, Argelia, Mauritania, Kuwait, Omán, Irán o Arabia Saudí, pero en estos casos las autoridades pudieron capearlas con reformas cosméticas y promesas de una mejora de la calidad de vida y una mayor lucha contra la corrupción. Progresos La oleada revolucionaria ha tenido a Túnez como el escenario de los mayores progresos, si bien los sucesivos gobiernos han sido incapaces de mejorar la situación económica, empeorada por una cadena de atentados que dañó al sector turístico. Asimismo, la población permanece desencantada con la falta de avances y el aún muy elevado desempleo. El resto de los países han sufrido un retroceso de su situación, especialmente Siria, Yemen y Egipto, donde un golpe de Estado en 2013 puso fin al breve mandato del islamista Mohamed Mursi --primer presidente electo del país-- y llevó al poder al entonces jefe del Ejército, Abdelfatá al Sisi, quien ha lanzado una campaña de represión contra islamistas y activistas. Al Assad sigue en el poder en Siria, que continúa sumido en una guerra en la que han estado implicados múltiples países y en el marco de la cual Estado Islámico logró aprovechar el caos para instaurar un 'califato' que cubría partes de Siria e Irak, países en los que ha sido derrotado militarmente, si bien permanece activo. La muerte de Gadafi generó una lucha de poder en Libia que desencadenó en 2015 un conflicto entre administraciones enfrentadas tras las parlamentarias del año anterior, si bien durante los últimos meses los esfuerzos de mediación han derivado en un alto el fuego en el país, otro escenario de las disputas regionales que ha implicado a países como Egipto, Rusia, EAU y Turquía. La situación en Yemen, que ya era el país más pobre de la región antes del estallido de la guerra en 2014, es aún más alarmante por la crisis humanitaria en la que se encuentra sumido y a los continuados combates entre los huthis, apoyados por Irán, y la coalición liderada por Arabia Saudí que respalda a Hadi. En Bahréin, la dinastía Al Jalifa ha retenido el poder entre las denuncias de ONG por la campaña de detención de activistas y líderes opositores, que ha incluido la disolución de la principal formación opositora y la condena a cientos de personas por cargos de terrorismo, en medio de las tensiones entre Manama y Teherán. Nuevos movimientos populares Sin embargo, una de las lecciones de la «Primavera Árabe» fue que las movilizaciones podían provocar cambios en sus gobiernos, lo que se ha visto replicado posteriormente en Argelia y Sudán, donde Abdelaziz Buteflika y Omar Hasán al Bashir, respectivamente, cayeron en 2019 ante la presión de las calles. Las protestas en Argelia estallaron en 2019 ante los planes de Buteflika, quien se encontraba impedido tras sufrir un derrame cerebral en 2013, de presentarse a un quinto mandato y concluyeron con su dimisión y la celebración de presidenciales en diciembre, en las que Abdelmayid Tebune se impuso en medio de una baja participación. La caída de Al Bashir, quien llegó al poder en 1989 a través de un golpe de Estado, tuvo lugar en una nueva asonada tras meses de manifestaciones por la crisis económica y la falta de oportunidades, reprimidas por las fuerzas de seguridad y grupos paramilitares. La transición abierta tras el acuerdo entre la junta y la oposición ha derivado en reformas que han permitido alcanzar un acuerdo de paz con varios grupos rebeldes y la anulación de leyes discriminatorias, como la que regulaba la forma de vestir y el comportamiento público de las mujeres. Líbano ha sido otro de los epicentros de las protestas, que provocaron la dimisión de Saad Hariri en octubre de 2019 debido a la crisis económica, social y política, facetas del histórico inmovilismo y sectarización de la política libanesa. Las explosiones del 4 de agosto en el puerto de Beirut provocaron nuevas protestas que causaron la dimisión de su sucesor, Hasán Diab, quien sigue en funciones hasta que Hariri --designado nuevamente-- logre ensamblar un Ejecutivo. Irán ha sido escenario de manifestaciones por la mala situación económica --empeorada por las sanciones de Estados Unidos--, unas protestas reprimidas con firmeza que han dejado cientos de muertos, en lo que Teherán tilda de un intento por parte de actores internacionales de derribar a la República Islámica. Irak ha sido también escenario de protestas --especialmente a raíz de octubre de 2019--, centradas en la mala situación económica y la corrupción. Las movilizaciones, que se saldaron con cientos de muertos, provocaron la dimisión del primer ministro, Adel Abdul Mahdi, y su sucesor, Mostafá al Kazemi, se ha comprometido a investigar la muerte de manifestantes e impulsar una campaña de reformas. Estos países son algunos ejemplos de la caída del llamado 'muro del miedo' ante los regímenes autocráticos y del resurgimiento de las protestas populares tras varios años de silencio, provocado en parte por el descenso al caos de Siria, Yemen y Libia, algo usado por algunos gobernantes como una justificación para reprimir las manifestaciones con el argumento de mantener la estabilidad.
17-12-2020 | Fuente: abc.es
Guerras y dictaduras sepultan los sueños que encendió hace una década la «primavera árabe»
«Acabo de salir de la cárcel. He pasado dos años en una celda de incomunicación. Esta es la respuesta a tu pregunta», dice Shady ElGhazaly al otro lado del teléfono. Este médico egipcio fundó la Coalición de Jóvenes Revolucionarios, uno de los grupos más activos durante la revolución de 2011 cuyo epicentro fue la plaza de Tahrir y que en apenas tres semanas logró que Hosni Mubarak dejara el poder. «Refugiados, prisioneros o mártires, es el sino que compartimos los revolucionarios árabes, un precio que estamos dispuestos a pagar», es el balance que hace ElGhazaly una década después de aquellos días en los que las calles Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Siria soñaron con un cambio político, reformas y apertura. Un sueño sepultado por unas revueltas que dejan una herencia de miles de muertos y detenidos, millones de refugiados y desplazados internos, ciudades enteras arrasadas, militares de vuelta al poder, como el caso del general Abdel Fatah Al Sisi, y situaciones económicas muy complicadas. Egipto fue el segundo país al que llegó la bautizada como «primavera árabe», pero este proceso de revueltas sociales estalló en Túnez el 17 de diciembre. Mohamed Boazizi, un joven vendedor de fruta de Sisi Boazid, al sur del país, se suicidó a lo bonzo para protestar por su miserable situación económica y laboral y tiró la primera piedra del muro tunecino levantado por Zine el-Abidine Ben Ali durante 24 años. Las protestas se extendieron a lo largo del país y cuando, apenas 28 días después, llegaron a las calles de la capital, el dictador cogió un avión y se fue con su familia a Arabia Saudí. El ejemplo tunecino fue el faro para los jóvenes de otros países que ansiaban cambios después de décadas bajo férreas dictaduras, un movimiento que pilló por sorpresa a los dictadores y a los considerados expertos de la región, que no lo vieron llegar. Mubarak, Al Abdula Saleh, en Yemen, y Muamar Gadafi, en Libia, siguieron los pasos de Ben Ali y perdieron el poder. Bashar Al Assad es el único que se mantiene en su palacio diez años después de que las primeras protestas pidiendo cambios y reformas empezaran en Daraa, al sur de Siria. «Me gusta recordar esos días, tenía veinte años, muchas ganas y fuerza. Pese a todo lo ocurrido, no me arrepiento, mereció la pena porque teníamos la razón», reflexiona el periodista sirio Muhamed Subat cuando se le pregunta por aquellos días. En 2018 se vio obligado a abandonar su Daraa natal por motivos de seguridad y ahora vive como refugiado en Madrid, desde donde sigue «con mi lucha para lograr un cambio en Siria a través de las redes sociales, la revolución no ha terminado». Guerras abiertas Las protestas derivaron en guerras abiertas en Libia y Siria, donde sus líderes decidieron pelear a muerte por sus tronos y ambos países y sus sociedades han quedado devastadas, lo que lleva a muchos de los supervivientes a tener nostalgia de los días anteriores a 2011. En el caso de Yemen, las fuertes movilizaciones registradas en Sanaa llevaron a Saleh a aceptar un plebiscito que acabó con su número dos, Mansour Hadi, como presidente. El problema es que Saleh nunca aceptó su destino y, con el apoyo de parte del Ejército y los milicianos hutíes (una secta dentro del chiismo), dio un golpe militar que obligó a Hadi a buscar refugio en Riad. En 2015, Arabia Saudí lanzó una operación a militar gran escala con la excusa de que los hutíes son «aliados de Irán» y desde entonces el país está sumido en una crisis humanitaria sin precedentes. «Como joven revolucionario que participó en todo el proceso, la lección aprendida es que no te puedes fiar de aquellos partidos que han formado parte del sistema durante muchos años y tienen fuertes intereses en la red de corrupción que ellos mismos han montado. Fuimos unos inocentes al pensar que los partidos de la oposición nos iban a traer el cambio», opina el analista yemení Hussam Almolaki. Otra de las lecciones que han aprendido en Yemen es «a no confiar en que las potencias extranjeras van a resolver tus problemas domésticos, porque solo van a actuar en defensa de sus propios intereses», sentencia Almolaki. En Túnez, el lugar donde empezó todo, sí se han realizado una serie de reformas políticas que responden a las demandas de 2011. Ahora, como hace diez años, es el faro en el que el resto de países de la región se mira para pensar que otro sistema político es posible.
10-11-2020 | Fuente: abc.es
Un Oriente Medio sacudido por Trump mira con cautela a Biden
Oriente Medio mira con cautela el relevo en la Casa Blanca y eso explica la tardanza en las felicitaciones desde Israel, Turquía o Arabia Saudí, cuyos líderes se han entendido de forma estrecha con Donald Trump. Quedan dos meses para que Joe Biden jure el cargo, pero la región que se va a encontrar dista mucho de la que dejó cuando era número dos de Barack Obama. TERRITORIOS PALESTINOS. Desde Ramala confían en que el cambio ayude a retomar la relación que se rompió con Trump, cuyas decisiones a favor de Israel inhabilitaron a Estados Unidos como mediador válido en el conflicto. Nada indica que Biden vaya a trasladar de nuevo la Embajada a Tel Aviv, pero en diferentes intervenciones ha revelado que volverá a aportar fondos a la organización de la ONU que se encarga de los refugiados palestinos (UNRWA) y reabrirá la misión palestina en Estados Unidos. «Estamos comprometidos con la solución de los dos estados y nos oponemos a los pasos unilaterales que vayan en contra de ella. También nos oponemos a la anexión y a la expansión de los asentamientos», declaró Kamala Harris en uno de los actos de campaña. La esperanza palestina contrasta con las dudas de Israel. El Estado judío no olvida el legado de Barack Obama con la resolución 2334 del Consejo de Seguridad, que afirma que las colonias «no tienen validez legal» y representan una «flagrante violación» del derecho internacional. TURQUÍA. Erdogan y Trump desarrollaron una relación tan compleja como efectiva y en los momentos clave, pese a las diferencias, Estados Unidos respaldó a Turquía. Erdogan compró el sistema S-400 ruso, ocupó el cantón kurdo de Afrín en Siria, desplegó mercenarios en Libia, tensó la situación con Grecia en el Mediterráneo? sin que Washington moviera ficha en su contra. Biden podría endurecer la posición de su país respeto a las intervenciones militares turcas en el exterior y su cooperación con Rusia. Trump definió a Erdogan como «un jugador de ajedrez de clase mundial en la política exterior», Biden declaró a «The New York Times» en 2019 que «deberíamos tener un enfoque muy diferente con Erdogan, dejar claro que apoyamos a los líderes de la oposición». Fue precisamente Kemal Kilicdaroglu, líder del principal partido opositor, el primer líder turco en felicitarle por su victoria en las urnas. ARABIA SAUDÍ. Mohamed Bin Salman (MBS), príncipe heredero, hombre fuerte del país y amigo personal de Trump, tardo más de 24 horas en enviar un mensaje a Biden. El futuro presidente anunció en campaña su intención de «reevaluar» los lazos con Riad, puso sobre la mesa la necesidad de aclarar asesinatos como el del periodista Jamal Khasoggi y criticó el apoyo de su país a la guerra que mantienen los saudíes en Yemen. Trump levantó un muro de seguridad alrededor de la figura de MBS y esto le ayudó a superar la crisis que provocó el asesinato y descuartizamiento de Khasoggi en su Consulado de Estambul, la detención de defensoras de los derechos de las mujeres en el reino o los excesos en Yemen. EMIRATOS ÁRABES UNIDOS. A diferencia de turcos, israelíes o saudíes, Mohammed Bin Zayed felicitó rápidamente a Biden. El dirigente emiratí, siempre pragmático, tiene lazos en el líder demócrata desde la etapa de Obama y espera que la nueva Administración cumpla con la entrega de los cazas F35, comprados durante la etapa de Trump como parte del acuerdo de normalización de relaciones con Israel. Biden hereda los Acuerdos Abraham, la estrategia de normalización de relaciones entre el Estado judío y diferentes países árabes como EAU o Bahrein, una estrategia impulsada por Trump que supone un giro radical a la posición defendida por los países árabes en las últimas décadas.
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