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Noticias de juventud

10-05-2020 | Fuente: abc.es
Alemania encuentra en el espíritu de 1945 las herramientas para enfrentar la crisis actual
Fritz Becker tenía 12 años cuando recogió del suelo un panfleto informativo que anunciaba el fin de la guerra y que todavía hoy atesora, amarillento, como prueba de que todo aquello no fue un mal sueño. Sus recuerdos, parcheados por el tiempo, evocan la «Alemania año cero» de Rossellini, la pregunta infinita en los ojos de aquel personaje, el niño Edmund, ante la realidad inaprensible de un Berlín donde no quedaba piedra sobre piedra, tanto en lo físico, como en lo político, en lo económico y en lo moral. La biografía de Fritz es una lección sencilla de Historia. Entre las ruinas, los alemanes se toparon con un hallazgo capaz de modificar incluso la realidad más adversa: el trabajo. «No había nada. Ni alimentos, ni carbón para calentarnos, ni cómo ir al médico?», recuerda, «no había nada pero trabajábamos y eso era lo que daba sentido al día a día, lo que nos permitía avanzar». Como muchos alemanes de su generación, Fritz trabajó y después estudió, a la inversa de la experiencia de la juventud actual. «Mis nietos también lo han hecho. Yo se lo he aconsejado. Es bueno ir al colegio, pero después es bueno trabajar, aprender de la realidad. Y con eso que han aprendido, con la madurez, ya se puede ir a la Universidad. Si no, es perder el tiempo?», critica. «Por la mañana se impartían clases y por la tarde, tanto profesores como alumnos trabajábamos en la reconstrucción del colegio, levantando paredes derruidas, fabricando ventanas, haciendo cemento?», recuerda Frau Brockschmidt, entonces alumna del colegio Canisius de Berlín, del que después fue profesora de por vida, «es algo que siempre he seguido transmitiendo a los alumnos, el poder del trabajo para mejorar las cosas, el poder del trabajo en sí mismo, más allá de la justa contraprestación. El trabajo nos dignifica. Aprender eso es mucho más importante que las notas que aparecen en el expediente». A esta generación de alemanes se ha referido esta semana el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, con palabras de gratitud. «El día de la liberación es un día de agradecimiento», dijo en su discurso ante la imponente Neue Wache, utilizando las mismas palabras históricas que su antecesor, Richard von Weizsäcker, en 1985, y mencionando también el proceso interior sin el cual no habría sido posible la Alemania que hoy conocemos. «Ha durado tres generaciones reconocerlo por completo, de corazón y en las cabezas. La liberación tuvo que venir de fuera porque este país estaba sumido en su culpa. El nuevo comienzo democrático fue posible gracias al perdón. Pero también nosotros tuvimos parte en una liberación interna, no aquel mismo día sino en un largo y doloroso proceso de aclaración, de preguntas en las familias, entre las generaciones, y la lucha contra el olvido». Aquella generación aprendió una desconfianza de oficio hacia la propaganda estatal, a aplicar la disciplina no a la obediencia, sino a la crítica, sostiene Kurt Kister, director de Süddeutsche Zeitung, que defiende que «la polémica entre la salud, la libertad y la economía es buena» y que critica «la tendencia política a prohibir, no porque sea necesario sino porque es posible». El presidente Steinmeier llamaba precisamente en su discurso a aplicar las lecciones aprendidas en el 45 a la gestión de la actual crisis sanitaria y entre aquellas lecciones, en el terreno político, destacan dos pilares sobre los que Alemania asentó su futuro: el europeísmo y la economía social de mercado. Respecto al europeísmo, la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, ha aprovechado la efeméride para llamar la atención sobre la fragilidad de la unión. «Demasiadas personas en Europa tenían ya dificultades para llegar a fin de mes antes de esta crisis. Ahora millones más enfrentan un futuro incierto, después de perder su trabajo o empresa. Los jóvenes y las mujeres se ven particularmente afectados. Europa debe ser valiente y hacer todo lo necesario para proteger la vida y los medios de vida», ha dicho, señalando el horizonte europeo como única brújula de orientación en la actual crisis, una brújula que ya dio buenos resultados tras la II Guerra mundial y que la canciller Merkel repite como un mantra en todos sus discursos: «A Alemania solamente le podrá ir bien si a Europa le va bien». Presidiendo el despacho de Merkel, en la Cancillería de Berlín, un retrato de Konrad Adenauer recuerda constantemente la importancia de ese otro pilar, la economía social de mercado. Los fundadores de la República Federal de Alemania se dieron no sólo una nueva estructura federal, nuevas instituciones y una nueva constitución, sino también un nuevo orden económico. En el legendario libro «Prosperidad para todos» de 1957, el entonces Ministro de Economía Ludwig Erhard resume la receta para superar el viejo orden social desigual y lograr una comunidad de convivencia sostenible, combinando la libertad económica y la seguridad social, una tercera vía entre el liberalismo del laissez-faire y el gobierno económico central que surgió de la necesidad tras la destrucción y que ha demostrado sobradamente sus beneficios. El Estado está activo en la economía social de mercado. Protege el libre mercado y la competencia justa, evita los monopolios y asegura la estabilidad de los precios. Al mismo tiempo, invierte en la gente, quienes responsablemente deberán poder participar en la vida económica con dignidad. Con este fin, el Estado proporciona educación, salud, infraestructura y cultura. Da derechos a los trabajadores y los protege de la explotación. También redistribuye los ingresos a través de impuestos y pagos de transferencia. Y ayuda a los que no pueden ayudarse a sí mismos. La meta del sistema es lograr una amplia clase media. «La economía social de mercado sólo es sostenible si el pensamiento y la acción económicos son también reconocibles en sus beneficios para el bien común», apostilla a modo de conclusión el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, «cuando la gente se da cuenta de que no se trata sólo de ganancias, sino también de cohesión dentro de una sociedad».
10-05-2020 | Fuente: abc.es
Del fin de una guerra... ¿a otra?
El 8 de mayo de 2020 estaba llamado a ser una gran efeméride mundial. Nada menos que el 75 aniversario de la rendición oficial de las fuerzas armadas alemanas ante los Aliados, en una firma improvisada en un cuartel de la Juventud Hitleriana reutilizado por los soviéticos en el distrito berlinés de Karlshorst. Un día antes se había rendido el general Jodl en el cuartel general aliado de Reims, pero los soviéticos exigían su cuota de protagonismo: habían pagado el precio más alto, y habían conquistado Berlín. La guerra concluía oficialmente en Europa, aunque por algunas semanas persistirían los enfrentamientos entre unidades alemanas, soviéticas, partisanos de distinto color y otras milicias en distintos puntos de Europa centro-oriental y balcánica. Y, mientras tanto, los combates seguían en el Pacífico, hasta la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto. Los Aliados eran heterogéneos. Un dictador comunista y despiadado, Stalin, aliado circunstancial de Hitler en 1939-41, se sentaba a la mesa de negociación con dos líderes elegidos democráticamente, Roosevelt (y después Truman), y Churchill (después Atlee), y un general de regusto bonapartista, De Gaulle. Les unía el antifascismo, la derrota de una Alemania que había puesto en marcha un plan de exterminio racial sin precedentes. También olvidaban: Churchill había tenido una buena opinión de Mussolini años atrás, y había especulado con utilizar a Hitler como dique de contención de la temida expansión soviética. Todo eso ahora pertenecía al pasado; pero los vencedores sabían que, en poco tiempo, su coalición se dividiría. A un lado, el comunismo soviético. Del otro, el «mundo libre», donde una nueva potencia hegemónica, Estados Unidos, que impondría progresivamente su prevalencia a dos potencias coloniales en progresiva retirada, Gran Bretaña y Francia, y que no veía con buenos ojos la resurrección de los imperios ultramarinos en Asia. Una Europa en ruinas La salida de la guerra fue traumática. Buena parte de Europa estaba en ruinas, su capacidad industrial devastada. Privaciones y penurias: a principios de los cincuenta aún había racionamientos en Gran Bretaña. Millones de personas sin hogar, desplazadas, desaparecidas. Prisioneros de guerra, víctimas de limpiezas étnicas que no encontraban solidaridad entre sus depauperados connacionales, en Alemania o Italia. Mujeres que recogían escombros con sus hijos: la «Germania, anno Zero», de Rossellini (1948). Persistían rencores y divisiones soterradas: el antifascismo como matriz ético-política fundadora de las nuevas democracias occidentales hacía «tabula rasa» del pasado, y pasaba por alto que los resistentes activos a la ocupación nazi o fascista eran una relativa minoría. Los judíos supervivientes del Holocausto hallaban a menudo frialdad y hostilidad entre sus antiguos convecinos. Reconstrucción Tras la II Guerra Mundial fue preciso un plan que permitiese a Europa crecer y consumir los excedentes de EE.UU. Fue preciso un Plan de Reconstrucción Económica procedente de la única potencia que no había sufrido destrucciones en su territorio, los Estados Unidos. Un ingente programa de créditos a bajo interés, con perspectiva estratégica: había que reconstruir una Europa que pudiese crecer y consumir los excedentes norteamericanos, de la Coca-Cola al pato Donald; pero también había que crear clase media, consolidar la pequeña propiedad y el consumo, para evitar que la miseria favoreciese la expansión del comunismo, reforzado por el prestigio militar y el sacrificio soviético. De la necesidad de redistribuir y coordinar los fondos recibidos del amigo americano nacieron las primeras instituciones de cooperación supraestatal, que serían los precedentes de la Comunidad Económica Europea constituida en 1957 en Roma. Los antiguos aliados se dividieron; los antiguos enemigos, Francia y Alemania en primer lugar, se reconciliaron. Paradójicamente, los líderes políticos que habían exigido de sus poblaciones sangre, sudor y lágrimas no gestionaron la inmediata posguerra, salvo Stalin. Pero del mismo modo que aquellos habían colaborado durante los duros años bélicos, ahora buena parte de los nuevos líderes cooperaban en Europa occidental para dar paso a una etapa de reconstrucción. Las sociedades europeas miraron hacia adelante, y durante treinta años apenas quisieron saber de sus sufrimientos pasados y de las víctimas; disfrutaron de las nuevas oportunidades y del creciente bienestar. Algo aprendieron: para maximizar las expectativas individuales, era mejor ajuntar esfuerzos, relativizar fronteras. Populismo Trump y Bolsonaro eluden su pésima gestión y culpan a laboratorios chinos y agresiones externas La amenaza del virus Tres cuartos de siglo después, el mundo se enfrenta a una amenaza inusitada. Un virus de morbilidad baja, pero muy contagioso, que ha provocado una crisis sanitaria y un parón económico sin precedentes en tiempos de paz. Los distintos gobiernos estatales han recurrido a menudo a retóricas de tinte bélico, equiparando el Covid-19 a una invasión silenciosa. Algunos, recurriendo a un burdo populismo, desde Trump a Bolsonaro, han intentado externalizar las responsabilidades de su pésima gestión en un agente foráneo: laboratorios chinos, agresiones externas. Otros, aun adoptando medidas de contención recomendadas por expertos, no dejan de apelar al patriotismo, a la solidaridad con los más vulnerables frente a la pandemia -ancianos, personas con patologías previas, pero también sectores sociales desfavorecidos-, y parecen inspirarse en los lemas utilizados en tiempos de guerra para movilizar a la retaguardia. Todos saben que, como todas las guerras, también esta pasará, y piensan en el mundo de mañana, en el que se dirimirán hegemonías, se confrontarán modelos económicos y el cataclismo dejará huellas sociales impredecibles. Lección En 1945 nos enseñaron que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas A diferencia del mundo de 1945-47, el dilema ya no es entre «mundo libre» y «comunismo», sino entre libertad y democracia versus seguridad y autoritarismo. Qué sistema político demostrará ser más eficaz para derrotar a un enemigo difuso, pero corrosivo. Algunos argumentarán que la globalización favorece el contagio, y propugnarán una vuelta a los límites conocidos: el confinamiento como metáfora de un mundo más pequeño, mediocre, pero manejable. Otros ven en esta crisis una antesala de la gran catástrofe climática futura y esperan que la Humanidad aprenda una lección: es vulnerable. Un mundo más sostenible y solidario será garantía de salud y bienestar, aunque se consuma menos. También a diferencia del mundo de hace 75 años, la colaboración internacional cede paso frente a las soluciones estatales. Las recetas varían de Estado a Estado, de región a región. El confinamiento favorece la ilusión de la autosuficiencia, y el miedo fomenta la insolidaridad. Si la ruina de posguerra espoleó la cooperación europea, los costes económicos de la pandemia amenazan con provocar la quiebra de la frágil unidad continental. Hay estrellas solitarias, desde Angela Merkel a António Costa; pero no se divisan liderazgos nuevos, capaces de gestionar el mundo posterior a la pandemia: ningún De Gasperi, ningún Brandt. Un río revuelto para populismos o autoritarismos diversos, en el peor de los casos. Empero, si los europeos de 1945 algo nos enseñaron a sus nietos y bisnietos, es que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas. También lo habían demostrado las sociedades posteriores a la I Guerra Mundial, en 1918-19, cuando también tuvieron lugar guerras civiles, revoluciones, enfrentamientos armados, deportaciones.. y una pandemia de gripe que la historiografía casi olvidó se llevó, mientras tanto, a más del uno por cien de la población. Los europeos de 1918/19 querían vivir y olvidar; también los de 1945/46. Los de 2020/21, sin duda, también, aunque pagarán un precio. Por alto que sea, será muy inferior al que pagaron nuestros abuelos y bisabuelos. Algo hemos avanzado. Xosé M. Núñez Seixas es catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Santiago y premio nacional de Ensayo 2019
04-05-2020 | Fuente: marca.com
La segunda juventud del ajedrez
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27-04-2020 | Fuente: as.com
Marta Torrejón vive una segunda juventud en el Barça
La lateral azulgrana ha dejado su mejor versión durante esta temporada. La balear ha dado un gran salto goleador, con su mejor marca anotadora.
24-04-2020 | Fuente: as.com
Álvaro Fernández, el mayor activo del Huesca
El meta riojano es internacional con la sub-21 de España y pese a su juventud es un fijo para Míchel. Hay nueve futbolistas con contrato para el próximo curso.
23-04-2020 | Fuente: abc.es
El español continúa su ascenso imparable entre los políticos de Estados Unidos
El español continúa aumentando su presencia en el panorama político de Estados Unidos. Hace tiempo que el idioma de Cervantes dejó de ser una mera anécdota en las campañas electorales del país, pero el creciente peso demógrafico de los hispanos hace que sean cada vez más decivisos, lo que lleva a su vez a los candidatos en las diferentes contiendas electorales a acercarse a este sector de la población mediante la lengua que les identifica con sus raíces. Tras las últimas elecciones legislativas, celebradas en 2018, el 16% de los miembros de la Cámara de Representantes y el 15% de los senadores emplean ya el español en su comunicación, según el último informe elaborado por The Hispanic Council sobre el uso de esta lengua en la política de EE.UU. Esto supone un ligero aumento con respecto al mandato anterior, cuando su uso era, respectivamente, del 14% y del 13%. «En el nuevo Congreso de Estados Unidos, que es el que cuenta con más hispanos de la historia, se utiliza más que nunca el español», recalca The Hispanic Council, que publica con motivo del Día Internacional del Idioma Español la segunda edición de su informe bianual «El español en la política de EEUU: análisis de su uso en la Cámara de Representantes y el Senado». Los demócratas utilizan más el español Según este think tank con sede en Madrid, dedicado a analizar la realidad de la comunidad hispana de EE.UU. y promover los lazos entre este país y España, los senadores y congresistas demócratas hacen con diferencia un mayor uso del español que los republicanos. En concreto, el 4% de los congresistas republicanos utiliza el español frente al 26% de los demócratas, mientras que en el Senado el porcentaje se eleva al 8% entre los republicanos y al 23% entre los demócratas. Son los demócratas también quienes llevan el peso del incremento del uso del español, ya que entre los representantes de este partido ha aumentado un 3% y entre sus senadores un 4%, con respecto a la anterior composición del Congreso. En el campo republicano, el uso del español se mantiene estable en ambas cámaras, si bien con un ligero ascenso en el uso por parte de sus senadores. «Históricamente, el Partido Demócrata ha tenido más facilidad para captar el voto hispano y ha presentado tradicionalmente a más candidatos hispanos a los comicios -señala el estudio-. Por lo tanto, es lógico que los miembros de este partido sean los que más utilizan el español en su comunicación». Sin embargo, The Hispanic Council subraya que «cuando el Partido Republicano ha utilizado estrategias para apelar al voto hispano y ha utilizado el español también ha obtenido buenos resultados». En este sentido, pone como «claro ejemplo» Florida y las campañas, con gran uso del español, del hoy senador Rick Scott y del actual gobernador del estado, Ron DeSantis. De hecho, hay figuras relevantes de uno y otro partido que utilizan el español en el Congreso estadounidense, y no necesarimente son de origen hispano. En el Senado, destacan en el ránking los demócratas Catherine Cortez (Nevada), Tim Kaine (Virginia), Bob Menéndez (Nueva Jersey) y Dianne Feinstein (California), y los republicanos Marco Rubio (Florida) y John Cornyn (Texas), apunta el informe. En la Cámara de Representantes, The Hispanic Council subraya el uso del español por parte de los demócratas Natala Narragán (California), Lucille Roybal-Allard (California), Lori Traham (Massachussets), José E. Serrano (Nueva York), Dina Titus (Nevada), Albio Sires (Nueva Jersey), Nydia M. de Velázquez (Nueva York), así como del republicano Mario Díaz-Balart (Florida). «Muchos de los miembros del Congreso que no utilizan el español en su comunicación habitual sí lo hicieron para apelar al voto hispano durante el proceso de campaña», explica el documento. Otro de los aspectos que recoge el informe es la relación entre la juventud de los políticos y el uso que hacen del español. En el Senado se aprecia que los miembros más jóvenes y que menos tiempo llevan sirviendo en la cámara son los que utilizan más el español en su comunicación. En la Cámara de Representantes, esa correlación no es tan clara y el uso del español se distribuye de manera más uniforme independientemente de la edad y los años de servicio, añade. Recuerda el informe que al menos 22 estados cuentan ya con un mínimo de 10% de población hispana, lo que confirma la tendencia de que la influencia de esta comunidad se produce a nivel nacional y no sólo en estados tradicionalmente hispanos como Texas, Florida o California. Factor clave en las elecciones de 2020 En las elecciones a la Casa Blanca previstas para el 3 de noviembre de este año, 32 millones de hispanos tendán derecho a voto, más del 13% del total del electorado de EE.UU., según los datos del instituto investigador Pew. Superarán así a la comunidad afroamericana, sitúandose como la minoría del país con mayor peso en los comicios. En las primarias por la candidatura demócrata, que se abrieron el pasado febrero con los caucus de Iowa y que permanecen prácticamente congeladas por la crisis del coronavirus, se ha podido comprobar precisamente el esfuerzo de los candidatos por dirigirse al público en español. «Sin duda, el español ha estado y está presente en estas primarias», explica a ABC Daniel Ureña, presidente de The Hispanic Council y coautor del informe junto a Juan Ignacio Güenechea. «Especialmente los diferentes candidatos demócratas han apostado por el español a la hora de comunicarse con los votantes hispanos a través de anuncios, vídeos, redes sociales y contenidos en sus páginas web», señala. «Uno de los factores a tener en cuenta será el nivel de participacion de los hispanos en la votación», señala el presidente de The Hispanic Council, Daniel Ureña Por ejemplo, señala Ureña, «Bernie Sanders trabajó durante mucho tiempo la creación de la plataforma ?Unidos con Sanders?, que le fue muy útil en varios estados donde se alzó con la victoria. De hecho, se presentó como el ?Tío Bernie?, apostando por uno de los valores esenciales para la comunidad hispana: la familia». La carrera electoral de este año va a estar dominada por la gestión por parte del presidente Donald Trump de la crisis sanitaria, las medidas que se tomen y el impacto que tengan principalmente en la economía, «los hispanos van a tener un papel determinante en la elección», insiste el presidente de The Hispanic Council. «En 2016 Hillary Clinton no consiguió el mismo nivel de apoyo que Obama entre los votantes hispanos y Trump consiguió un resultado bastante razonable entre estos electores -explica-. Por tanto, uno de los factores a tener en cuenta será el nivel de participación de los hispanos en la votación y un elemento importante puede ser el conectar con ellos a través del idioma español». El propio informe de The Hispanic Council advierte de que la menor participación de la comunidad hispana en los proceso electorales de EE.UU. es «un factor limitante para que el uso del español en la política gane fuerza». En las elecciones de 2016 solo fueron a votar un 47,6% de los hispanos con derecho a hacerlo, más de doce puntos por detrás de los negros, con un 59,6%, y muy por debajo de la de los blancos, con un 65,3%. Aunque en las elecciones de mitad de mandato en 2018 se incrementara la participación hispana con respecto a las anteriores, señala el documento, «una mayor movilización de este grupo y una mayor implicación en la vida política del país tendría un impacto directo en el uso del español en el Congreso de Estados Unidos».
23-04-2020 | Fuente: elmundo.es
Muere  a los 83 años Shirley Knight, actriz de 'Dulce pájaro de juventud' y 'En la escalera oscura'
Ganó un premio Tony, un Globo de Oro, tres Emmys y fue nominada al Oscar en dos ocasiones 
17-04-2020 | Fuente: abc.es
Una acusación de agresión sexual se cruza en la nominación de Biden
Joe Biden tiene el camino abierto a la nominación del partido demócrata para la presidencia de EE.UU. La semana pasada, el único contrincante que quedaba en la carrera, el izquierdista Bernie Sanders, anunció su retirada. Esta semana, Sanders le brindó su adhesión, que fue seguida de la voz con más peso del partido demócrata -Barack Obama- y de otros candidatos hasta ahora reticentes, como Elizabeth Warren. En pocos días, el partido orquestaba el ritual de la consolidación alrededor del candidato. Al mismo tiempo, ganaba espacio una acusación que amenaza con descarrilar su nominación: una mujer, Tara Reade, asegura que Biden le agredió sexualmente. El episodio se remonta a 1993, cuando el ex vicepresidente era senador por Delaware. Reade era asistente en la oficina del senador en el Capitolio y alega que, en un encuentro en solitario con Biden, este le puso contra la pared, le metió la mano por debajo de la falda y le penetró en sus partes íntimas con los dedos. Reade, en su relato, se lo quitó de encima a lo que Biden reaccionó con un «¡Venga, hombre! Escuché que yo te gusto». Incendio político La campaña presidencial de Biden negó con rotundidad la acusación. «No ocurrió de ninguna manera», aseguró un comunicado, que insistió en la posición de Biden de que las mujeres tienen el derecho a que se les escuche y se investigue sus acusaciones. «Lo que está claro sobre esta alegación: es falsa». El asunto ha provocado un incendio en el clima político de alta polarización de EE.UU. Los medios más cercanos a Donald Trump, que tratará de mantener su cargo ante Biden en las presidenciales de noviembre, se han lanzado a dar pábulo a las acusaciones. Los medios menos cercanos, les han acusado de doble rasero frente a las acusaciones de hace dos años contra el actual juez del Tribunal Supremo, Brett Kavanaugh, que enfrentó acusaciones de violación en su juventud. En los últimos años, y en plena ascendencia del movimiento «MeToo», Biden ha tenido que disculparse por su inclinación a besuquear o toquetear a mujeres, una práctica aceptada en el pasado. Ocho mujeres le acusaron en 2019 de propasarse con su cercanía física, aunque ninguna alegó que fuera agresión sexual. Entre ellas estaba Reade, que cambió su relato a finales de marzo en una entrevista en un podcast. La acusación no está clara: según una investigación de «The New York Times», una amiga corroboró su versión, otra amiga solo que le tocó de forma inapropiada y ningún compañero de trabajo lo recuerda. El hermano de Reade cambió de versión en otra investigación de «The Washington Post», para también pasar de toqueteo a agresión sexual. Reade asegura que presentó una queja formal en el Senado, pero no hay registro de ella. La acusadora ha cambiado varias veces de versión sobre por qué dejo la oficina del senador y se ha significado como seguidora de Sanders.
13-04-2020 | Fuente: as.com
El novio de la madre de Neymar es del Real Madrid
La pareja de la progenitora del futbolista brasileño está causando sensación en las redes sociales por su juventud y su fanatismo por el club merengue.
06-04-2020 | Fuente: as.com
Cifuentes vive una segunda juventud en el Cádiz
El guardameta, que cumplirá 41 años el próximo mes, se encuentra en un perfecto estado de forma. Es el segundo portero menos goleado de Segunda.
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