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Noticias de justicia

02-06-2020 | Fuente: abc.es
EE.UU. ofrece 5 millones de dólares por información sobre otro funcionario del Gobierno de Maduro
Las autoridades de Estados Unidos, en concreto el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) de Nueva York ha anunciado este lunes una recompensa por 5 millones de dólares por información que lleve a la captura o condena de Joselit de la Trinidad Ramírez Camacho, superintendente Nacional de Criptomonedas del régimen de Nicolás Maduro. Ramírez, mano derecha del ministro de Petróleo y presidente de Pdvsa, Tareck El Aissami, acusado de narcotráfico y por el que EE.UU. ofrece hasta 10 millones de dólares por pistas sobre su paradero, se une a la lista de «los más buscados» junto a al menos otras 14 figuras claves del chavismo en donde resaltan personajes como Nicolás Maduro (ofrecen 15 millones de dólares), Diosdado Cabello y Hugo Carvajal (10 millones de dólares por cada uno), entre otros. El responsable de gestionar la criptomoneda venezolana llamada «Petro» y todo el entramado financiero construído alrededor de la misma para legitimar actividades ilícitas está acusado de tener vínculos políticos, sociales y económicos profundos con presuntos narcotraficantes y por lavado de dinero, según manifiesta ICE en su anuncio. Ramírez, que hasta ahora era un total desconocido, resalta como un funcionario venezolano responsable del crimen organizado transnacional internacional. Tras conocerse la noticia, el embajador de Guaidó en EE.UU., Carlos Vecchio, aseguró: «seguimos trabajando junto a EE.UU. y otros aliados para develar y neutralizar el entramado de corrupción y crimen organizado internacional de la dictadura de Maduro». Vecchio define la Superintendencia de Criptomonedas como «una agencia del la dictadura de Maduro utilizada para apoyar las actividades ilícitas internacionales del régimen». Más temprano, Mike Pompeo adelantó en su cuenta de Twitter que Estados Unidos anunciaría una recompensa por información para llevar ante la justicia a otro funcionario del régimen de Maduro responsable del crimen organizado transnacional internacional. «Seguiremos trabajando para proteger a los ciudadanos estadounidenses y ayudar a los venezolanos a restaurar su democracia». ABC publicó en julio de 2019 una información de cómo el Gobierno de Venezuela facturaba los impuestos aeroportuarios generados por las aeronaves nacionales e internacionales que operan en la principal terminal del país en criptomonedas y, posteriormente, desviado al exterior a cuentas de testaferros sin que regresara a Venezuela. Las tasas aeroportuarias se convertían en bitcoins, un tipo de criptomonedas, y luego lo ubicaban en cuentas: si eran en Venezuela utilizan alguna de las siete casas de intercambio autorizadas por la Superintendencia Nacional de Criptoactivos (Sunacrip), a cargo de Joselit Ramírez; si no, las desvían al exterior, principalmente a Hong Kong, Rusia, China, Bulgaria y Rumanía a través de casas de intercambio internacional.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Jerusalén despide al joven autista abatido por disparos de la policía
Jerusalén Este, la zona de la ciudad santa ocupada por Israel desde 1967, despidió a Iyad Halak con un funeral que se celebró bien entrada la noche. Esta fue la condición impuesta por las autoridades a la familia tras finalizar la autopsia de este joven autista de 32 años, abatido el sábado por disparos de la Policía de Fronteras en la Ciudad Vieja. Esta vez Israel no se quedó con el cuerpo, ni tampoco puso límites a los asistentes a la marcha fúnebre, en esta ocasión el ministerio de Justicia ordenó la apertura de una investigación para tratar de aclarar la muerte de este discapacitado, que provocó protestas en la ciudad santa y en Tel Aviv en las que se comparó su caso con el del afroamericano George Lloyd en Mineápolis. «Justicia para Iyad y George», fue uno de los eslóganes más repetidos en las marchas. Benny Gantz, ministro de Defensa, pidió disculpas y envió el pésame a la familia. Como hacía desde 2014, Iyad salió de su casa en el barrio de Wadi Joz para asistir a sus clases en el centro de educación especial de Elwyn, muy cercano a la Explanada de las Mezquitas, donde se formaba para poder trabajar en una cocina, desveló la agencia Wafa. Estaba a punto de llegar a la puerta del centro cuando dos agentes de la Policía de Fronteras le dieron el alto porque «llevaba un objeto sospechoso que pensaron podía ser un arma», recogió el comunicado oficial. Joven recluta con F16 Según la versión de los hechos del diario «Haaretz», Iyad no atendió a la orden, echó a correr e intentó esconderse tras un contenedor de basura. El agente más veterano disparó al aire, el más joven, un nuevo recluta armado con un F16, a matar, porque «llevaba guantes y pensó que era un terrorista». El oficial le pidió que dejara de disparar, pero no obedeció la orden hasta que el joven autista dejó de moverse. Entonces se percataron de que era un error, no llevaba ningún arma. «Recibimos una llamada del centro para decirnos que nuestro hijo había muerto», declaró entre lágrimas el padre de Iyad a los medios locales. Un primo del fallecido aseguró que debido a su discapacidad «ni siquiera sabía lo que era un judío o un árabe». La autopsia confirmó que Iyad recibió dos disparos en el pecho y el abogado de la familia, Jad Qadmani, señaló que «esto nos confirma el crimen cometido por los agentes, esperemos que sea prueba suficiente para poder llevarles a juicio». Uno de los agentes permanece en arresto en domiciliario y el otro fue puesto en libertad.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Se duplican el número de disidentes de las FARC en un año, el otro virus que se extiende en Colombia
En Colombia hoy es tan difícil pronosticar cuántos reclutados tienen los llamados disidentes de las FARC como establecer cuántos colombianos están contagiados por el coronavius. Es un universo de especulaciones que va cambiando a medida que pasa el tiempo, los controles se hacen más laxos, los test no son suficiente s y, sin embargo, es visible el aumento de los unos y los otros. En ambos casos, las autoridades parecen superadas y todo el país permanece atento. El diario El Tiempo publicó este domingo un artículo donde señala que el número de disidentes se ha duplicado en 12 meses y que hacen presencia en 138 de los 1.103 municipios del país. Se basa en un documento de inteligencia militar, en el que también se señala a alias «Gentil Duarte» como el comandante más poderoso con 2.776 hombres a su mando, al menos la mitad de ellos armados y operando en 14 departamentos de los 32 en que se divide el territorio nacional. Las cifras de disidentes son difíciles de establecer, en parte porque están cruzadas de intereses políticos. Las fuentes de inteligencia citadas por el diario las estiman en 4.600, la mitad de ellos armados. Según conocedores, hubo un grupo de guerrilleros de las FARC que nunca se desmovilizó, entre 800 y 1.000 combatientes; luego, de los que sí se desmovilizaron e iniciaron la fase de reincorporación a la vida civil habría una cifra similar que retomó las armas y el resto serían nuevos reclutados, que hace un año rondaban los 300 y actualmente pueden sumar entre 600 y 800, sin incluir milicianos y redes de apoyo. Evidentemente no todos se han ido a este nuevo grupo criminal, pues fuentes de trabajo en las filas del ELN, guerrilla que ha aumentado significativamente su pie de fuerza (unos 5.000), en la delincuencia, el narcotráfico y la minería ilegal siempre habrá mientras el Estado no haga presencia más allá de hechos de fuerza. Un hombre de pocas palabras Y que sea que «Gentil Duarte» el principal comandante no es novedad, como tampoco lo son sus lazos con el narcotráfico, fuente de rentas que controló por años. Duarte (Miguel Botache Santillana, según su cédula de ciudadanía o DNI), aunque se mostraba alineado con los jefes de esa guerrilla en tiempos de negociaciones (2015) e inclusive estuvo en la mesa en La Habana, era hombre de pocas palabras y escasa presencia. En 2016, las propias FARC lo sacaron del proceso, pues como comandante del frente Primero, que ya andaba disperso, en vez de controlarlo optó por sumarse a los disidentes y quedarse con 3.000 millones de pesos, dijeron entonces. «Gentil Duarte» siempre se ha movido por la frontera, en los departamentos de Vichada, Guainía, vecinos de Brasil y Venezuela, y por el Meta, zona suroriental de Colombia. Poco a poco ha avanzado hacia Caquetá, departamento del cual es oriundo y que fuera el gran territorio controlado por las FARC en la década de los 80 y que, en 1998, con cinco municipios bajo su mando y cuatro más en el Meta, fue la famosa zona de despeje entregada al grupo guerrillero por el presidente Andrés Pastrana. Allí lleva tiempos forjando alianzas, como lo informó hace un año ya un documento de la Fundación Ideas para la Paz y la senadora Juanita Goebertus, conocedora de primera mano del proceso de negociación con la entonces guerrilla. Santrich y Márquez, repiten El otro gran frente de los disidentes, en especial por quienes lo lideran, es el denominado «Segunda Marquetalia» ?República de Marquetalia fue el nombre del territorio donde se originaron las FARC, en 1964, al mando de «Tiro Fijo»- controlado por Iván Márquez y Jesús Santrich, a quien se le vio la semana pasada en una foto caminando por una calle de Caracas, al parecer. Con dineros del narcotráfico, santuario en Venezuela, tráfico de armas y recursos, quienes fueran miembros del Secretariado de las FARC, firmantes protagónicos del Acuerdo y desde agosto de 2019 prófugos y perseguidos por la justicia de Estados Unidos por cargos de narcotráfico, han logrado reclutar ya cerca de 800 personas, unos 200 están armados. Así lo habían pronosticado en el libro que publicaron a finales de 2019, «La segunda Marquetalia, la lucha sigue», donde justifican su salida del proceso, arremeten contra todo y aseguran que armarán la «nueva FARC-EP». Según el documento publicado el domingo, ya tendrían algo de presencia en ocho departamentos del país, a partir de alianzas con disidentes locales. Es relevante aclarar que de la antigua guerrilla de las FARC, cerca de un 90% de los desmovilizados persiste en el proceso de reintegración a la sociedad. Por el camino, con deseos de control territorial, para intimidar o cobrar venganza, estas disidencias han matado a varios de los 198 excombatientes asesinados desde la firma del Acuerdo, en 2016. Por eso, la semana pasada el movimiento político FARC se reunió con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con el fin de lograr medidas cautelares a los diez mil guerrilleros que se mantienen en el camino a la legalidad.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump amenaza con la intervención del Ejército si no cesan las protestas
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Trump emergió este lunes cuando caía el toque de queda en Washington, al filo de las 19.00, para proclamarse «presidente de la ley y el orden». Justo en ese momento, los antidisturbios desalojaban las calles aledañas a la Casa Blanca. Con disparos de los cañones de pelotas de goma y gas lacrimógeno perceptibles de fondo, el presidente se dirigió a la nación desde el patio de su residencia para anunciar que ha ordenado la movilización en la capital de «miles y miles de soldados fuertemente armados para poner fin a los disturbios, los saqueos, el vandalismo, las agresiones y los destrozos». Tras su breve discurso, Trump demostró el por qué del desalojo masivo. Él; su hija y yerno, y algunos miembros de su Gobierno caminaron hasta la iglesia de San Juan, unos minutos antes rodeada de manifestantes, para visitarla tras el incendio de su sacristía ayer. En ese pequeño templo, a escasos metros de la Casa Blanca, han rezado todos los presidentes desde principios del siglo XIX, incluido el propio Trump. Ante las escaleras de la iglesia, el presidente alzó un brazo con una Biblia en la mano. El discurso y el paseo de Trump fueron una demostración clara de fuerza, después de quedar encerrado en la Casa Blanca durante tres días, rodeado de disturbios, fuegos y saqueos. El viernes el Servicio Secreto le llegó a bajar a él y a su familia al búnker que no se empleaba desde los años de George W. Bush y los atentados terroristas del 11-S.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Urgente. Acaban de desalojar las calles en torno a la Casa Blanca. Gas lacrimógeno, pelotas de goma y antidisturbios. Este es el momento. En 15 minutos, toque de queda. <a href="https://t.co/p6tiZpuTcq">pic.twitter.com/p6tiZpuTcq</a></p>&mdash; David Alandete (@alandete) <a href="https://twitter.com/alandete/status/1267588349277220865?ref_src=twsrc%5Etfw">June 1, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Ayer se cumplió una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Vandalismo como el de estos días no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo, estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa Blanca. Trump, fiel a su carácter, no había renunciado durante los últimos días a sus provocaciones. Comenzó la semana pasada calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia de la frase.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">..These THUGS are dishonoring the memory of George Floyd, and I won?t let that happen. Just spoke to Governor Tim Walz and told him that the Military is with him all the way. Any difficulty and we will assume control but, when the looting starts, the shooting starts. Thank you!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1266231100780744704?ref_src=twsrc%5Etfw">May 29, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> En una tensa videollamada mantenida ayer con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, el presidente les acusó de débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». En los disturbios habían muerto a fecha de ayer al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones durmieron ayer bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a pedir refuerzos al Pentágono de forma inmediata. Cálculo electoral El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia . Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Un afroamericano en Nueva York: «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso»
Jeff camina con su novia agarrado a un refresco y con la mascarilla caída sobre la papada. Camina, como el resto de la manifestación en Atlantic Avenue, una de las arterias de Brooklyn, sin dirección clara. Igual que la ola de protestas y violencia que ha tomado EE.UU. en los últimos días. Y como el drama que ha ocupado la atención del mundo, el de los abusos policiales y el racismo estructural hacia la minoría negra. Ha aflorado por una muerte grabada con el móvil, la de George Floyd en Mineápolis, casi nueve minutos de asfixia a manos de un policía que han traumatizado al país. Pero el drama estaba cosido a estas mismas calles de Brooklyn y en las ciudades de todo el país. Es una lacra fundacional de EE.UU. que el país no se ha sacudido: ni con una guerra civil, ni con la conquista de derechos civiles en los sesenta, ni con el ascenso de un negro a la presidencia. «Ahí mismo me pararon una vez», señala Jeff con el dedo a una esquina. «Iba en el coche con mi novia. Porque sí. Para sacarme algo. Eso a un blanco no le pasa, punto. Por esto -se señala la piel de su antebrazo-. Es suficiente para considerar que estás haciendo algo malo». Como la mayoría del tiempo, la protesta es pacífica. Los antidisturbios caminan con calma entre la multitud, que corea las consignas habituales -«No puedo respirar», las palabras de Floyd, o «Sin justicia no hay paz»- mientras los vecinos salen a las ventanas y a las puertas a aplaudir. Pero Nueva York, como casi todas las grandes ciudades del país, desciende al caos cada noche, con el ruido constante de los helicópteros y de las sirenas de la policía. Ocurrió la noche anterior, con enfrentamientos con la policía, coches quemados, destrozos, y ocurrirá esta. «Es necesaria», dice Jeff sobre la violencia. «Lo hemos intentado de forma pacífica y aquí estamos», dice sobre las mismas calles que pisaron los líderes del movimiento negro hace medio siglo y que ahora caminan muchas personas que siguen en barrios que son todavía guetos, con atención sanitaria deficiente y sin un sistema educativo que proporcione oportunidades. «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso», lamenta. La violencia y los saqueos se llevan la atención y los titulares y desdibujan la raíz del problema, la posibilidad de que un agente de policía considere válido ahogar hasta la muerte a una persona esposada, y que sus tres compañeros no hagan nada para evitarlo. Brandon, un científico de Detroit (Michigan), no la justifica, pero la comprende. «Es una llamada de atención de que estamos cansados de ser maltratados, de esta injusticia», dice sobre los abusos policiales y el racismo. «Yo lo he sufrido toda la vida. Es triste que me esté acostumbrando». Acusarlo de asesinato Cuando se les pregunta qué justicia merece la muerte de George Floyd, la mayoría de manifestantes con los que ha hablado este periódico responden que se acuse de asesinato al agente -Derek Chauvin, que enfrenta cargos de asesinato no intencionado- y que se procese también a los otros tres agentes. Con un megáfono en la mano y un discurso tranquilo y bien construido, Gifted -así se hace llamar este músico y letrista nacido en Sant Lucía y criado en Texas- aseguró que «el país tiene que sentarse y tener una conversación honesta, profunda y, probablemente, incómoda de cuál es su pasado, quién es responsable y qué hacer a partir de ahora». Es una opción improbable en el EE.UU. del ?Make America Great Again? -?Hacer grande otra vez a EE.UU.?- de Donald Trump, un presidente que azuza las protestas con exigencias de mano dura y sin sombra de crítica sobre las prácticas de la policía. Pero tampoco en el ?America, second to none? -América, por detrás de nadie- de Joe Biden o del partido demócrata: el alcalde de Mineápolis, el gobernador del estado de Minnesota, su fiscal general y una de las dos cámaras legislativas estatales las controlan los demócratas. «EE.UU. se contradice a sí misma cuando apoya a otros países que luchan por salir de la opresión. Cuando se trata de la gente que está aquí oprimida, se habla de otra manera y les llamamos ?matones?», dice Gifted. Él cree que se necesita un cambio radical de actitud en la policía, que debe empezar por condenas contundentes que no se producen. «Su indiferencia es repugnante», condena. «Tienen que ser capaces de vernos como hermanos y hermanas, entonces harán las cosas de manera diferente«. Hoy en día, eso es una quimera. La desconfianza mutua entre la policía y las comunidades de minoría negra, alimentada durante décadas, parece hoy más difícil de salvar que nunca y que las protestas consigan avances es cuestionable. «No soy optimista», asegura Erika, agarrada a su hija, delante de una línea de antidisturbios en la avenida Flatbush, el epicentro de los incidentes en Brooklyn. «Para mí, para que haya justicia, estos jóvenes no pueden parar hasta que haya cambios», dice mientras levanta la vista hacia los manifestantes que llevan una semana en las calles. «Cada vez que paramos, cada vez que dejamos de ser agresivos seis meses después, un hombre negro vuelve a ser asesinado, un hombre negro vuelve a ser linchado».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidoshacia el abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidos a un abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: as.com
Deporte contra racismo
Este deporte variopinto y solidario se ha vuelto a levantar contra la injusticia tras la muerte del afroamericano George Floyd bajo la rodilla de un policía.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
El hermano de George Floyd condena los saqueos durante las protestas en Estados Unidos: «No es lo que él querría»
Terrence, el hermano menor de George Floyd, el hombre afroamericano que murió a manos de la Policía de Minnesota, ha condenado este lunes la violencia que están llevando a cabo algunos manifestantes durante las protestas antirracistas en Estados Unidos. «A veces me enfado y quiero reventar algunas cabezas también», aseguró en una entrevista concedida a ABC News. «Quiero volverme loco. Pero estoy aquí. Mi hermano no querría eso. Mi hermano quería la paz. Escucharéis a mucha gente decir que era "un gigante gentil"». Tras asegurar que entiende los motivos por los que la gente está cabreada, mostró su preocupación por la posibilidad de que la memoria de su hermano se vea ensombrecida por las «destructivas» protestas. «Está bien enfadarse, pero hay que canalizar ese enfado para hacer algo positivo o realizar un cambio de otra manera porque ya hemos recorrido este camino», señaló Floyd. «La ira, el dañar tu ciudad natal.. No es lo que él querría». El joven confesó al copresentador de Good Morning America está seguro de que que su hermano solo desearía que siguieran busando justicia. La indignación y la violencia se han apoderado de Minnesota y de otros puntos de Estados Uunidos desde que el martes circulase una grabación con los últimos momentos de vida de George Floyd, un afroamericano de 46 años que fue detenido tras intentar utilizar un billete falso de veinte dólares. En el vídeo, grabado por una viandante, se ve cómo un policía aprieta con la rodilla en el cuello de la víctima, mientras está tirado en el suelo, boca abajo y esposado. «No puedo respirar», «me vais a matar», se le escucha decir mientras agoniza.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Los negros tienen 2,5 más de posibilidades de morir a manos de la Policía que los blancos en EE.UU.
Después de casi una semana de protestas por la muerte de George Floyd, el ciudadano negro asfixiado por un policía en Mineápolis, Minesota, tras ser detenido, muchas voces se elevan en los Estados Unidos para denunciar la brutalidad que los agentes exhiben frente a ese grupo de población. Más allá de los casos concretos, a menudo escandalosos por su injusticia y agresividad, las estadísticas respaldan la percepción de que los afroamericanos padecen una violencia desproporcionada. Según unas estadísticas publicadas por el diario estadounidense Washington Post, desde 2015 han muerto 4.728 personas en Estados Unidos víctimas de la violencia policial. De ellas, 2.385 eran ciudadanos blancos, mientras que 1.257 eran ciudadanos negros. En proporción con el número de población total del país, donde los ciudadanos negros solo suponen el 13%, se concluía que el porcentaje de los que habían perdido la vida en esas trágicas circunstancias era casi el doble de alto que el de blancos. Las cifras del Washington Post no son las únicas que sugieren que los ciudadanos negros siguen padeciendo la garra de un racismo nunca extirpado por completo. Según un estudio de la Universidad Rutgers, de Nueva Jersey, los datos no dejan lugar a dudas: en Estados Unidos, las posibilidades de que un ciudadano negro muera a manos de la Policía son 2,5 superiores a las que tienen los ciudadanos blancos. Otros grupos, como los latinos o los indios, también conviven un riesgo mayor que los blancos.