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Noticias de justicia

01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidos a un abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: as.com
Deporte contra racismo
Este deporte variopinto y solidario se ha vuelto a levantar contra la injusticia tras la muerte del afroamericano George Floyd bajo la rodilla de un policía.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
El hermano de George Floyd condena los saqueos durante las protestas en Estados Unidos: «No es lo que él querría»
Terrence, el hermano menor de George Floyd, el hombre afroamericano que murió a manos de la Policía de Minnesota, ha condenado este lunes la violencia que están llevando a cabo algunos manifestantes durante las protestas antirracistas en Estados Unidos. «A veces me enfado y quiero reventar algunas cabezas también», aseguró en una entrevista concedida a ABC News. «Quiero volverme loco. Pero estoy aquí. Mi hermano no querría eso. Mi hermano quería la paz. Escucharéis a mucha gente decir que era "un gigante gentil"». Tras asegurar que entiende los motivos por los que la gente está cabreada, mostró su preocupación por la posibilidad de que la memoria de su hermano se vea ensombrecida por las «destructivas» protestas. «Está bien enfadarse, pero hay que canalizar ese enfado para hacer algo positivo o realizar un cambio de otra manera porque ya hemos recorrido este camino», señaló Floyd. «La ira, el dañar tu ciudad natal.. No es lo que él querría». El joven confesó al copresentador de Good Morning America está seguro de que que su hermano solo desearía que siguieran busando justicia. La indignación y la violencia se han apoderado de Minnesota y de otros puntos de Estados Uunidos desde que el martes circulase una grabación con los últimos momentos de vida de George Floyd, un afroamericano de 46 años que fue detenido tras intentar utilizar un billete falso de veinte dólares. En el vídeo, grabado por una viandante, se ve cómo un policía aprieta con la rodilla en el cuello de la víctima, mientras está tirado en el suelo, boca abajo y esposado. «No puedo respirar», «me vais a matar», se le escucha decir mientras agoniza.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Los negros tienen 2,5 más de posibilidades de morir a manos de la Policía que los blancos en EE.UU.
Después de casi una semana de protestas por la muerte de George Floyd, el ciudadano negro asfixiado por un policía en Mineápolis, Minesota, tras ser detenido, muchas voces se elevan en los Estados Unidos para denunciar la brutalidad que los agentes exhiben frente a ese grupo de población. Más allá de los casos concretos, a menudo escandalosos por su injusticia y agresividad, las estadísticas respaldan la percepción de que los afroamericanos padecen una violencia desproporcionada. Según unas estadísticas publicadas por el diario estadounidense Washington Post, desde 2015 han muerto 4.728 personas en Estados Unidos víctimas de la violencia policial. De ellas, 2.385 eran ciudadanos blancos, mientras que 1.257 eran ciudadanos negros. En proporción con el número de población total del país, donde los ciudadanos negros solo suponen el 13%, se concluía que el porcentaje de los que habían perdido la vida en esas trágicas circunstancias era casi el doble de alto que el de blancos. Las cifras del Washington Post no son las únicas que sugieren que los ciudadanos negros siguen padeciendo la garra de un racismo nunca extirpado por completo. Según un estudio de la Universidad Rutgers, de Nueva Jersey, los datos no dejan lugar a dudas: en Estados Unidos, las posibilidades de que un ciudadano negro muera a manos de la Policía son 2,5 superiores a las que tienen los ciudadanos blancos. Otros grupos, como los latinos o los indios, también conviven un riesgo mayor que los blancos.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Miles de detenidos en un fin de semana caótico en EE.UU.
El domingo extendió por un día más las protestas que han sumido a EE.UU. en el caos y la violencia tras el último caso de abusos policiales contra la minoría negra. Las protestas empezaron el martes en Mineápolis, donde en la víspera un hombre negro, George Floyd, murió después de ser asfixiado durante casi nueve minutos por un agente de policía. Floyd estaba contra el suelo, desarmado, esposado y sujeto por otros dos agentes. Pero el policía, Derek Chauvin, siguió asfixiándole con la rodilla contra el cuello a pesar de que la víctima repetía «no puedo respirar» y llegó a desvanecerse. Para el viernes, las protestas de gran violencia que se registraron en Mineápolis -con decenas de edificios incendiados y negocios saqueados- ya se habían extendido a la mayoría de las grandes ciudades del país. Durante el fin de semana, los disturbios se agravaron en lugares como Nueva York y Atlanta, mientras que las autoridades decretaban el toque de queda en casi una treintena de ciudades y se desplegaba la Guardia Nacional en doce estados, además de la capital, Washington. Desde el viernes, se han producido más de 2.500 detenciones por los incidentes, según el recuento de 'The Washington Post'. En Mineápolis, miles de manifestantes se volvieron a echar a la calle después de que la abundante presencia de miembros de la policía y de la Guardia Nacional consiguiera controlar la situación en la noche del sábado y que se cumpliera de forma generalizada el toque de queda. La principal protesta fue en una autopista, que fue cortada por miles de personas y donde estuvo a punto de suceder una tragedia. Un camión cisterna de gran tamaño irrumpió en la autopista y estuvo a punto de llevarse por delante a cientos de manifestantes. Participantes en la protesta sacaron al conductor del volante y le agredieron hasta que llegó la policía. El conductor está detenido y a la espera de si se interponen cargos en su contra. Donde se produjo una víctima mortal fue en Omaha (Nebraska), donde el dueño de un bar se enzarzó en una disputa con manifestantes y acabó disparando dos tiros a uno de ellos, que falleció. En Nueva York, el murmullo de los helicópteros y el aullido de las sirenas de la policía se sintió todo el fin de semana, también el domingo. Después de actuaciones de fuerza de los agentes el día anterior, miles de personas salieron de forma pacífica, aunque era previsible que con la llegada de la noche volviera la violencia. Por uso excesivo de fuerza fueron expulsados dos agentes del cuerpo de policía de Atlanta, una de las ciudades que más disturbios han vivido. Pero también hubo saqueos abundantes en ciudades como Filadelfia o Santa Mónica (California), enfrentamientos con la policía desde Miami hasta Portland y en la capital, Washington, los manifestantes volvieron a cercar la Casa Blanca, con incendios y destrozos en las inmediaciones de la residencia presidencial. Varios medios estadounidenses aseguraron ayer que Donald Trump fue trasladado a un banquet el viernes por la noche, cuando arreciaron las protestas, y pasó allí algo menos de una hora. El abogado de la familia de Floyd, David Crump, condenó la violencia, pero defendió que lo que las ha provocado es la «brutalidad policial y un sistema criminal racista». Lo que acabará con los disturbios es, defendió, que haya «responsabilidad policial y justicia equitativa».
01-06-2020 | Fuente: as.com
"Tenía todo hablado para ir al Madrid pero fue Ronaldo"
El actual entrenador de Defensa y Justicia narró cómo pudo ir al Real Madrid en el año 2002 y también más tarde como ayudante de Carlo Ancelotti.
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Estados Unidos vive el mayor toque de queda desde Luther King
«¡Michael Brown!, ¡Amadou Diallo!, ¡Trayvon Martin!, ¡Alton Sterling!, ¡Eric Garner!, ¡Philando Castile!»? Un manifestante gritaba hoy esos y otros nombres con voz desgarrada en una acera de la avenida Flatbush, en Nueva York. Es una letanía de hombres negros muertos a manos de la policía, en circunstancias dudosas o abusos flagrantes. Con cada nombre, la muchedumbre alrededor respondía «¡Don?t shoot!», «¡No disparéis!». La respuesta era atronadora cuando al final apareció el nombre de George Floyd, que falleció el pasado lunes tras ser asfixiado por un policía durante casi nueve minutos cuando estaba esposado y sujeto por otros dos agentes. La muerte de Floyd y la aparición de un vídeo grabado por una viandante que recogía todo el episodio -«no puedo respirar», «me vais a matar», se escucha decir a Floyd, que se desvanece sin que el agente deje de ahogarle, con su rodilla sobre el cuello- han desatado una ola de protestas contra una lacra que no desaparece. La contestación al racismo estructural y a los abusos policiales que vive el país ha sido oscurecido, sin embargo, por la violencia que ha acompañado a las protestas. En Mineápolis, la ciudad de Minnesota donde ocurrió la última tragedia, la situación estuvo bajo control en la madrugada de ayer, después de cuatro noches de caos y destrucción. El gobernador del estado, Tim Walz, había llamado a todos los miembros de la Guardia Nacional del estado, y las calles de la ciudad se inundaron de agentes del orden. Hubo enfrentamientos con los agentes, y destrozos, pero la policía actuó con mayor determinación y efectivos para imponer el toque de queda a partir de las ocho de la tarde que habían decretado las autoridades. Se realizaron arrestos, se lanzaron gases lacrimógenos y para la medianoche la mayor parte de las calles de la ciudad estaban vacías. La posibilidad del despliegue del Ejército en la ciudad se rebajó hoy, tras el ofrecimiento del presidente, Donald Trump, a hacerlo. El Pentágono, sin embargo, tiene unidades de policía militar en alerta por si es necesario su envío. La relativa calma de Mineápolis, donde durante la semana han ardido decenas de edificios y se han extendido los saqueos, contrastó con el aumento de la violencia en el resto del país. Cientos de arrestos En Nueva York, protestas pacíficas como el recordatorio de los hombres negros muertos por abusos policiales, los llamamientos a reformas estructurales en las fuerzas del orden y sentadas dieron paso a incidentes violentos. En la misma avenida Flatbush, se destrozaron coches de policía, y dos todoterreno policiales embistieron a una multitud que trataba de impedir el paso con una valla y les lanzaba objetos. Hubo disturbios por toda la ciudad, desde Harlem a Staten Island, y ayer se registraron saqueos en localidades cercanas como Rochester y se esperaban más incidentes por la noche. Al escribir esta información, la policía había arrestado casi 350 personas desde la tarde del sábado y se multiplicaban las acusaciones al uso excesivo de violencia por parte de la policía, a pesar de que en la mayoría de los casos se vio a las fuerzas del orden actuar con proporcionalidad. El jefe de policía de la ciudad, Dermot Shea, calificó de «turba» a los manifestantes violentos y aseguró que lo que ocurrió en la madrugada de ayer -coches incendiados, destrozos, 33 policías heridos- fue un «intento de apropiarse de la causa de la igualdad que todos debemos defender». En Nueva York no se impuso un toque de queda -una medida muy complicada para la mayor ciudad del país-, algo que sí ocurrió en decenas de grandes urbes, desde Los Ángeles a Miami o Filadelfia. No se recordaban tantas ciudades en toque de queda desde el asesinato de Martin Luther King, el gran líder de la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, en 1968. La Guardia Nacional se desplegó en doce estados, además de la capital del país, Washington. Protestas en 75 ciudades Nada de eso evitó que continuara la violencia, que ensombreció las protestas, en su mayor parte pacíficas, en 75 ciudades de EE.UU. Muchas de ellas descendieron a escenarios de caos, con coches de policía en llamas, vandalismo, cortes de carreteras, pillaje, cientos de policías y manifestantes heridos y nuevas víctimas mortales. Un joven murió en Indianápolis la noche del sábado, el cuarto fallecido en todo el país desde que empezaron las protestas el pasado martes. Al cierre de esta edición, se habían producido casi 1.700 detenciones en EE.UU. por las protestas, según el recuento de la agencia AP. Muchas autoridades y líderes sociales han tratado esta semana de aunar llamamientos a la calma y a la serenidad con el reconocimiento de que las protestas son legítimas y responden a una lacra que EE.UU. no es capaz de solucionar. «Sé de vuestro dolor, rabia, sentimiento de desamparo y desesperanza. Se os ha negado la justicia durante mucho tiempo», dijo en un comunicado el veterano diputado John Lewis, uno de los líderes de los movimientos civiles de los derechos sociales, que caminó con King y organizó revueltas pacíficas. «Los disturbios, los saqueos y los incendios no son el camino. Organizaos. Protestad. Haced sentadas. Votad. Sed constructivos, no destructivos».
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump anuncia que incluirá a los antifascistas como «organización terrorista»
Donald Trump anunció hoy que su Administración declarará a los ?antifa?, los grupos antifascistas radicales, como «organización terrorista». No queda claro qué impacto tendrá el anuncio en un movimiento heterogéneo, disgregado y poco organizado, pero van en la línea que defiende el presidente de EE.UU. de retratar las protestas como la obra de radicales de extrema izquierda. En esa línea fueron otros altos cargos de su administración, como el fiscal general de EE.UU., William Barr, que hoy aseguró en un comunicado que el Departamento de Justicia busca «arrestar y acusar a los agitadores radicales violentos que ha secuestrado las protestas pacíficas» y señaló como responsables a «antifa y otros grupos similares». Algunos líderes demócratas y activistas de izquierdas han asegurado que elementos de extrema derecha han iniciado disturbios violentos para causar caos y enturbiar las protestas. Los relatos de unos y otros terminan por desviar la atención del historial de abusos de la policía hacia la minoría negra, en el que la muerte de George Floyd es solo el último caso, y del racismo estructural que sufre EE.UU., dentro y fuera de los cuerpos de policía. «Son unas pocas manzanas podridas», aseguró Robert O?Brien, asesor de seguridad nacional de Trump, en una entrevista en la CNN sobre los casos de abusos policiales contra la minoría negra. «No creo que haya racismo sistémico», defendió sobre los cuerpos de policía de quienes dijo que «el 99,9% son grandes americanos» que «trabajan en los barrios más duros» y que son sus «héroes». Las estadísticas ofrecen una realidad diferente. La población negra tiene casi 2,5 veces más de probabilidad de morir a manos de la policía que los blancos: 30 muertes por millón de habitantes para los negros, frente a 12 muertes por millón para los blancos (y 22 muertes para los hispanos). Un «patrón» Es innegable que hay elementos anarquistas de extrema izquierda que están aprovechando las protestas para propagar violencia e imponer su agenda antisistema, y es posible que elementos del llamado ?supremacismo blanco? hayan buscado echar gasolina al fuego. Pero el telón de fondo de la última muerte de un hombre desarmado es la desigualdad y falta de oportunidades que sufre la minoría negra, en especial en las grandes ciudades del país, y una desconfianza mutua entre la policía y la población en los barrios desfavorecidos en los que viven. Una de las consecuencias más evidentes es la disparidad racial en el sistema penitenciario: la minoría negra representa el 12% de los adultos de EE.UU., pero acumula el 33% de la población penitenciaria. Los blancos, que son el 64% de la población adulta, suponen el 30% de los encarcelados. «Esto es un patrón», reflexionó Nancy Pelosi, la líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, sobre la muerte de Floyd y otros hombres negros a manos de la policía. Ella y otros líderes, también algunos republicanos, han tratado de poner el acento en reformas que cambien la relación entre la policía y la minoría negra. La violencia y la anarquía propagada desde diversos sectores ha enturbiado esas reclamaciones. .