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Noticias de justicia

02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump militariza su respuesta a la peor oleada de disturbios de EE.UU.
Ante una nación en llamas, sumida en la angustia de noches encadenadas de disturbios, incendios y saqueos, el presidente ha optado por la fuerza, militarizando su respuesta. El lunes por la tarde, Donald Trump emergió de la Casa Blanca y dio un breve discurso a las puertas del Despacho Oval. «Si cualquier ciudad o estado se niega a adoptar las medidas necesarias para defender la vida y la propiedad de sus residentes, desplegaré al Ejército para solucionar yo rápidamente el problema», dijo el presidente. Desde el patio en el que hablaba el Presidente, lugar habitual de sus discursos y ruedas de prensa, se escuchaban las explosiones de las granadas aturdidoras. A los manifestantes a los que en ese momento, 25 minutos antes del toque de queda de las 19.00, desalojaban los antidisturbios y los soldados de la Guardia Nacional, Trump les dijo: «En este momento avanzan miles y miles de soldados fuertemente armados, personal militar y agentes del orden a acabar con los disturbios, los saqueos, el vandalismo, los asaltos y esta destrucción desenfrenada». Varias leyes le impiden al Presidente movilizar al Ejército dentro de las fronteras del país, y por lo general sólo puede hacerlo en caso de que se declare una insurrección, como hizo de hecho Bill Clinton ante los disturbios raciales de Los Ángeles en 1992. En otros casos -intervenciones de rescate desastres naturales como huracanes o terremotos, por ejemplo- sólo los gobernadores pueden activar a la Guardia Nacional, compuesta por reservistas. En Washington, Trump pudo movilizar el lunes a más de un millar de soldados porque la capital es en sí misma un distrito federal, sin gobernador y dependiente directamente del Gobierno central. La noche del lunes y la madrugada del martes fueron las más violentas en la capital de EE.UU. hasta ahora, con constantes choques entre los antidisturbios y los manifestantes, cientos de los cuales quedaron encerrados hasta que se levantó al amanecer el toque de queda en una pequeña calle del barrio de Logan Circle. Algunos vecinos les abrieron las puertas de sus casas y les dejaron pasar la noche durmiendo dentro. Generales sobre el terreno Helicópteros militares volaban bajo mientras los saqueos, con rotura de lunas e incendios, se propagaban por toda la ciudad. Durante toda la noche se oían claramente disparos en todo el centro de la capital, normalmente desierto de noche. Generales vestidos de uniforme supervisaban el dispositivo de seguridad junto al secretario (ministro) de Defensa Mark Esper y el fiscal general (ministro de Justicia) William Barr. Las protestas comenzaron de forma pacífica, pero pronto han devenido en disturbios violentos en las principales ciudades del país, que están aplicando toques de queda. A la ira por la muerte bajo custodia policial de un hombre de raza negra, George Floyd, se ha añadido el malestar por la desigualdad y la destrucción de 40 millones de empleos por la pandemia de coronavirus. Los manifestantes entonan cánticos por igual contra el racismo, contra el capitalismo y contra el presidente, quien de hecho ha condenado la muerte de Floyd en repetidas ocasiones. Para el Presidente, según dijo en su discurso del lunes, estos disturbios son algo más grave y sombrío que la legítima desazón por el racismo imperante en algunos cuerpos policiales . «Estos días nuestra nación se ha visto afectada por anarquistas profesionales, turbas violentas, incendiarios, saqueadores, criminales, antifascistas y otros similares», dijo el presidente. En las protestas han muerto al menos seis personas, y hay más de 5.000 detenidos en todo el país. El presidente mantuvo una videoconferencia con los gobernadores afectados el lunes y les conminó a activar la Guardia Nacional. De lo contrario, dijo, parecerán «una panda de idiotas» y le obligarán a desplegar las fuerzas armadas de forma unilateral, algo para lo que en principio debería activar las leyes necesarias para ahogar una insurrección. Estas palabras de Trump, y el despliegue del Ejército en Washington, han despertado la ira entre sus críticos. La senadora Kamala Harris, que se postula para la candidatura a la vicepresidencia, le acusó de actuar como «un dictador». «Sus accions son claramente ilegales», dijo el gobernador de Illinois, J.B. Pritzke. «Es muy peligroso», añadió la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.
02-06-2020 | Fuente: marca.com
Hamilton: "La injusticia repugnante DEBE parar"
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02-06-2020 | Fuente: abc.es
¿Qué son los Antifa, el movimiento que Donald Trump considera terrorista y Pablo Iglesias defiende?
El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha acusado los últimos días a la Antifa de estar detrás de la organización de los disturbios que sacuden a las mayores ciudades del país tras la muerte de un ciudadano afroamericano por la actuación de un policía. Estas protestas contra la violencia policial, que comienzan de manera pacífica, suelen desembocar en altercados con los agentes, actos de vandalismo y saqueos, cuya organización Trump atribuye al movimiento antifascista conocido como Antifa. ¿Qué y quiénes son? La Antifa, básicamente no es un grupo ni una organización política al uso tradicional, sino un movimiento de corte anarquista que no cuenta con una estructura jerárquica ni un programa definido, y cuyos objetivos van desde la lucha antisistema más radical a la búsqueda de la justicia social más idealista. Pero el objetivo común de sus partidarios pasa por anular a los grupos fascistas, racistas, neonazis y de extrema derecha reventando sus manifestaciones y evitando que promuevan o hagan gala de sus posturas supremacistas, contrarias a las minorías, a las mujeres o a los miembros de la comunidad LGTB. Los activistas de la Antifa son a menudo identificados por Trump y sus seguidores como "alt-left", contrapuestos a la "alt-right" (derecha alternativa) que apoyan al gobernante y que engloba a los grupos ultranacionalistas bancos. Sus orígenes Aunque sus antecedentes históricos en EEUU pueden estar en las luchas antirracistas de la segunda mitad del siglo XIX, los orígenes del antifascismo se remontan a las décadas de 1920 y 1930, con la lucha contra el fascismo italiano de Benito Mussolini, el nazismo de Adolf Hitler y el franquismo antes, durante y después de la Guerra Civil española, según los académicos. Pese a sus ruidosas protestas, durante mucho tiempo la Antifa pasó prácticamente inadvertida en Estados Unidos, un país en el que la izquierda radical es una rareza. La llegada de la notoriedad Y como Trump se encargó de recordar días atrás, su mayor notoriedad la consiguió gracias a su vinculación con el movimiento ciudadano "Occupy Wall Street", que en 2011 ocupó el Zucotti Park de Nueva York para protestar contra la desigualdad económica. Sin embargo, con el auge del conservadurismo del Tea Party y luego la llegada de Trump a la Presidencia, en enero de 2017, fue cobrando fuerza en los últimos años, en los que ha visto cómo se han multiplicado sus grupos, según el historiador y académico Mark Bray, autor de "Antifa: El Manual del Antifascista". Bray, que también fue activista en "Occupy Wall Street", llama "autodefensa preventiva" a esa táctica de la Antifa de usar la violencia contra los fascistas antes de que ellos sean violentos y lleguen a agredir a los colectivos minoritarios. Un antes y un después En los últimos años la Antifa ha puesto en práctica esa filosofía ante demostraciones de fuerza de la ultraderecha, pero posiblemente la más sonada ha sido la contramanifestación de agosto de 2017 ante una marcha de supremacistas y neonazis en Charlottesville (Virginia). Ese día se produjeron altercados violentos entre ambos bandos y un supremacista mató a una mujer y causó una veintena de heridos al arrollar con su vehículo a un grupo de contramanifestantes. Tras los acontecimientos de Charlottesville, el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky, una de las voces académicas más reconocidas de la izquierda de EE.UU., se refirió a los antifascistas como "un gran regalo para la derecha". Pese a la mayor fuerza que ha venido cobrando, otros académicos, como Todd Gitlin, profesor de Periodismo y Sociología de la Universidad de Columbia, la Antifa sigue siendo un fenómeno "relativamente pequeño" desde el punto de vista de la historia del antifascismo y de la actual "resistencia" contra el "Trumpismo". Trump anunció este domingo que declararía la Antifa como un grupo terrorista, aunque en Estados Unidos no hay un estatuto de terrorismo interno, y el Gobierno sólo tiene una lista de organizaciones internacionales y países a los que considera terroristas o que fomentan el terrorismo.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Asesinan a cuatro policías a tiros en 24 horas en el estado mexicano de Guanajuato
Cuatro policías fueron asesinados a balazos en dos ataques ocurridos en las últimas 24 horas en Celaya, municipio del central estado mexicano de Guanajuato, informaron este lunes las autoridades de justicia. Estos homicidios han situado a Celaya como el municipio con la mayor cifra de agentes asesinados este año en Guanajuato, con 18 de los 40 reportados, indicaron. Los primeros dos asesinatos se registraron el domingo cuando unos desconocidos atacaron a balazos el vehículo en el que viajaban dos policías municipales que estaban de descanso. Ambos efectivos murieron en el lugar y a pesar de los operativos de búsqueda iniciados para dar con los responsables, no hubo detenidos, indicaron las autoridades. La segunda agresión tuvo lugar este lunes, prácticamente 24 horas después, cuando tres agentes investigadores de la Fiscalía General del Estado fueron atacados a balazos mientras realizaban trabajo de campo. Dos de ellos murieron y una fue registrada como grave. En el sitio fueron asegurados casquillos percutidos de grueso calibre y tras un operativo de búsqueda fueron detenidos los presuntos responsables del doble homicidio, quienes quedaron a disposición del Ministerio Público, según informó la Fiscalía. Con lo anterior, suman ya 40 los agentes de seguridad pública asesinados en Guanajuato en lo que va del año, de los cuales 18 han ocurrido en Celaya, localizado a unos 20 kilómetros de Villagrán, poblado señalado como la cuna del Cártel de Santa Rosa de Lima. Guerra entre cárteles Dicho cártel, liderado por José Antonio Yépez, alias «El Marro», mantiene una férrea disputa con el Cártel Jalisco Nueva Generación por el control territorial para el robo de hidrocarburo y comercialización de drogas. Muestra de esta batalla son las llamadas narcomantas que justo este lunes aparecieron en diversos municipios de Guanajuato, entre ellos Celaya, en los cuales la organización de «El Marro» amenaza a sus rivales de Jalisco. Incluso, de acuerdo con el secretario de Seguridad Pública de la entidad, Alvar Cabeza de Vaca, cerca del 80 % de homicidios que se han perpetrado en Guanajuato -1.534 de enero a abril-, tienen su origen en disputas del crimen organizado.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
EE.UU. ofrece 5 millones de dólares por información sobre otro funcionario del Gobierno de Maduro
Las autoridades de Estados Unidos, en concreto el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) de Nueva York ha anunciado este lunes una recompensa por 5 millones de dólares por información que lleve a la captura o condena de Joselit de la Trinidad Ramírez Camacho, superintendente Nacional de Criptomonedas del régimen de Nicolás Maduro. Ramírez, mano derecha del ministro de Petróleo y presidente de Pdvsa, Tareck El Aissami, acusado de narcotráfico y por el que EE.UU. ofrece hasta 10 millones de dólares por pistas sobre su paradero, se une a la lista de «los más buscados» junto a al menos otras 14 figuras claves del chavismo en donde resaltan personajes como Nicolás Maduro (ofrecen 15 millones de dólares), Diosdado Cabello y Hugo Carvajal (10 millones de dólares por cada uno), entre otros. El responsable de gestionar la criptomoneda venezolana llamada «Petro» y todo el entramado financiero construído alrededor de la misma para legitimar actividades ilícitas está acusado de tener vínculos políticos, sociales y económicos profundos con presuntos narcotraficantes y por lavado de dinero, según manifiesta ICE en su anuncio. Ramírez, que hasta ahora era un total desconocido, resalta como un funcionario venezolano responsable del crimen organizado transnacional internacional. Tras conocerse la noticia, el embajador de Guaidó en EE.UU., Carlos Vecchio, aseguró: «seguimos trabajando junto a EE.UU. y otros aliados para develar y neutralizar el entramado de corrupción y crimen organizado internacional de la dictadura de Maduro». Vecchio define la Superintendencia de Criptomonedas como «una agencia del la dictadura de Maduro utilizada para apoyar las actividades ilícitas internacionales del régimen». Más temprano, Mike Pompeo adelantó en su cuenta de Twitter que Estados Unidos anunciaría una recompensa por información para llevar ante la justicia a otro funcionario del régimen de Maduro responsable del crimen organizado transnacional internacional. «Seguiremos trabajando para proteger a los ciudadanos estadounidenses y ayudar a los venezolanos a restaurar su democracia». ABC publicó en julio de 2019 una información de cómo el Gobierno de Venezuela facturaba los impuestos aeroportuarios generados por las aeronaves nacionales e internacionales que operan en la principal terminal del país en criptomonedas y, posteriormente, desviado al exterior a cuentas de testaferros sin que regresara a Venezuela. Las tasas aeroportuarias se convertían en bitcoins, un tipo de criptomonedas, y luego lo ubicaban en cuentas: si eran en Venezuela utilizan alguna de las siete casas de intercambio autorizadas por la Superintendencia Nacional de Criptoactivos (Sunacrip), a cargo de Joselit Ramírez; si no, las desvían al exterior, principalmente a Hong Kong, Rusia, China, Bulgaria y Rumanía a través de casas de intercambio internacional.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Jerusalén despide al joven autista abatido por disparos de la policía
Jerusalén Este, la zona de la ciudad santa ocupada por Israel desde 1967, despidió a Iyad Halak con un funeral que se celebró bien entrada la noche. Esta fue la condición impuesta por las autoridades a la familia tras finalizar la autopsia de este joven autista de 32 años, abatido el sábado por disparos de la Policía de Fronteras en la Ciudad Vieja. Esta vez Israel no se quedó con el cuerpo, ni tampoco puso límites a los asistentes a la marcha fúnebre, en esta ocasión el ministerio de Justicia ordenó la apertura de una investigación para tratar de aclarar la muerte de este discapacitado, que provocó protestas en la ciudad santa y en Tel Aviv en las que se comparó su caso con el del afroamericano George Lloyd en Mineápolis. «Justicia para Iyad y George», fue uno de los eslóganes más repetidos en las marchas. Benny Gantz, ministro de Defensa, pidió disculpas y envió el pésame a la familia. Como hacía desde 2014, Iyad salió de su casa en el barrio de Wadi Joz para asistir a sus clases en el centro de educación especial de Elwyn, muy cercano a la Explanada de las Mezquitas, donde se formaba para poder trabajar en una cocina, desveló la agencia Wafa. Estaba a punto de llegar a la puerta del centro cuando dos agentes de la Policía de Fronteras le dieron el alto porque «llevaba un objeto sospechoso que pensaron podía ser un arma», recogió el comunicado oficial. Joven recluta con F16 Según la versión de los hechos del diario «Haaretz», Iyad no atendió a la orden, echó a correr e intentó esconderse tras un contenedor de basura. El agente más veterano disparó al aire, el más joven, un nuevo recluta armado con un F16, a matar, porque «llevaba guantes y pensó que era un terrorista». El oficial le pidió que dejara de disparar, pero no obedeció la orden hasta que el joven autista dejó de moverse. Entonces se percataron de que era un error, no llevaba ningún arma. «Recibimos una llamada del centro para decirnos que nuestro hijo había muerto», declaró entre lágrimas el padre de Iyad a los medios locales. Un primo del fallecido aseguró que debido a su discapacidad «ni siquiera sabía lo que era un judío o un árabe». La autopsia confirmó que Iyad recibió dos disparos en el pecho y el abogado de la familia, Jad Qadmani, señaló que «esto nos confirma el crimen cometido por los agentes, esperemos que sea prueba suficiente para poder llevarles a juicio». Uno de los agentes permanece en arresto en domiciliario y el otro fue puesto en libertad.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Se duplican el número de disidentes de las FARC en un año, el otro virus que se extiende en Colombia
En Colombia hoy es tan difícil pronosticar cuántos reclutados tienen los llamados disidentes de las FARC como establecer cuántos colombianos están contagiados por el coronavius. Es un universo de especulaciones que va cambiando a medida que pasa el tiempo, los controles se hacen más laxos, los test no son suficiente s y, sin embargo, es visible el aumento de los unos y los otros. En ambos casos, las autoridades parecen superadas y todo el país permanece atento. El diario El Tiempo publicó este domingo un artículo donde señala que el número de disidentes se ha duplicado en 12 meses y que hacen presencia en 138 de los 1.103 municipios del país. Se basa en un documento de inteligencia militar, en el que también se señala a alias «Gentil Duarte» como el comandante más poderoso con 2.776 hombres a su mando, al menos la mitad de ellos armados y operando en 14 departamentos de los 32 en que se divide el territorio nacional. Las cifras de disidentes son difíciles de establecer, en parte porque están cruzadas de intereses políticos. Las fuentes de inteligencia citadas por el diario las estiman en 4.600, la mitad de ellos armados. Según conocedores, hubo un grupo de guerrilleros de las FARC que nunca se desmovilizó, entre 800 y 1.000 combatientes; luego, de los que sí se desmovilizaron e iniciaron la fase de reincorporación a la vida civil habría una cifra similar que retomó las armas y el resto serían nuevos reclutados, que hace un año rondaban los 300 y actualmente pueden sumar entre 600 y 800, sin incluir milicianos y redes de apoyo. Evidentemente no todos se han ido a este nuevo grupo criminal, pues fuentes de trabajo en las filas del ELN, guerrilla que ha aumentado significativamente su pie de fuerza (unos 5.000), en la delincuencia, el narcotráfico y la minería ilegal siempre habrá mientras el Estado no haga presencia más allá de hechos de fuerza. Un hombre de pocas palabras Y que sea que «Gentil Duarte» el principal comandante no es novedad, como tampoco lo son sus lazos con el narcotráfico, fuente de rentas que controló por años. Duarte (Miguel Botache Santillana, según su cédula de ciudadanía o DNI), aunque se mostraba alineado con los jefes de esa guerrilla en tiempos de negociaciones (2015) e inclusive estuvo en la mesa en La Habana, era hombre de pocas palabras y escasa presencia. En 2016, las propias FARC lo sacaron del proceso, pues como comandante del frente Primero, que ya andaba disperso, en vez de controlarlo optó por sumarse a los disidentes y quedarse con 3.000 millones de pesos, dijeron entonces. «Gentil Duarte» siempre se ha movido por la frontera, en los departamentos de Vichada, Guainía, vecinos de Brasil y Venezuela, y por el Meta, zona suroriental de Colombia. Poco a poco ha avanzado hacia Caquetá, departamento del cual es oriundo y que fuera el gran territorio controlado por las FARC en la década de los 80 y que, en 1998, con cinco municipios bajo su mando y cuatro más en el Meta, fue la famosa zona de despeje entregada al grupo guerrillero por el presidente Andrés Pastrana. Allí lleva tiempos forjando alianzas, como lo informó hace un año ya un documento de la Fundación Ideas para la Paz y la senadora Juanita Goebertus, conocedora de primera mano del proceso de negociación con la entonces guerrilla. Santrich y Márquez, repiten El otro gran frente de los disidentes, en especial por quienes lo lideran, es el denominado «Segunda Marquetalia» ?República de Marquetalia fue el nombre del territorio donde se originaron las FARC, en 1964, al mando de «Tiro Fijo»- controlado por Iván Márquez y Jesús Santrich, a quien se le vio la semana pasada en una foto caminando por una calle de Caracas, al parecer. Con dineros del narcotráfico, santuario en Venezuela, tráfico de armas y recursos, quienes fueran miembros del Secretariado de las FARC, firmantes protagónicos del Acuerdo y desde agosto de 2019 prófugos y perseguidos por la justicia de Estados Unidos por cargos de narcotráfico, han logrado reclutar ya cerca de 800 personas, unos 200 están armados. Así lo habían pronosticado en el libro que publicaron a finales de 2019, «La segunda Marquetalia, la lucha sigue», donde justifican su salida del proceso, arremeten contra todo y aseguran que armarán la «nueva FARC-EP». Según el documento publicado el domingo, ya tendrían algo de presencia en ocho departamentos del país, a partir de alianzas con disidentes locales. Es relevante aclarar que de la antigua guerrilla de las FARC, cerca de un 90% de los desmovilizados persiste en el proceso de reintegración a la sociedad. Por el camino, con deseos de control territorial, para intimidar o cobrar venganza, estas disidencias han matado a varios de los 198 excombatientes asesinados desde la firma del Acuerdo, en 2016. Por eso, la semana pasada el movimiento político FARC se reunió con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con el fin de lograr medidas cautelares a los diez mil guerrilleros que se mantienen en el camino a la legalidad.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump amenaza con la intervención del Ejército si no cesan las protestas
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Trump emergió este lunes cuando caía el toque de queda en Washington, al filo de las 19.00, para proclamarse «presidente de la ley y el orden». Justo en ese momento, los antidisturbios desalojaban las calles aledañas a la Casa Blanca. Con disparos de los cañones de pelotas de goma y gas lacrimógeno perceptibles de fondo, el presidente se dirigió a la nación desde el patio de su residencia para anunciar que ha ordenado la movilización en la capital de «miles y miles de soldados fuertemente armados para poner fin a los disturbios, los saqueos, el vandalismo, las agresiones y los destrozos». Tras su breve discurso, Trump demostró el por qué del desalojo masivo. Él; su hija y yerno, y algunos miembros de su Gobierno caminaron hasta la iglesia de San Juan, unos minutos antes rodeada de manifestantes, para visitarla tras el incendio de su sacristía ayer. En ese pequeño templo, a escasos metros de la Casa Blanca, han rezado todos los presidentes desde principios del siglo XIX, incluido el propio Trump. Ante las escaleras de la iglesia, el presidente alzó un brazo con una Biblia en la mano. El discurso y el paseo de Trump fueron una demostración clara de fuerza, después de quedar encerrado en la Casa Blanca durante tres días, rodeado de disturbios, fuegos y saqueos. El viernes el Servicio Secreto le llegó a bajar a él y a su familia al búnker que no se empleaba desde los años de George W. Bush y los atentados terroristas del 11-S.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Urgente. Acaban de desalojar las calles en torno a la Casa Blanca. Gas lacrimógeno, pelotas de goma y antidisturbios. Este es el momento. En 15 minutos, toque de queda. <a href="https://t.co/p6tiZpuTcq">pic.twitter.com/p6tiZpuTcq</a></p>&mdash; David Alandete (@alandete) <a href="https://twitter.com/alandete/status/1267588349277220865?ref_src=twsrc%5Etfw">June 1, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Ayer se cumplió una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Vandalismo como el de estos días no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo, estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa Blanca. Trump, fiel a su carácter, no había renunciado durante los últimos días a sus provocaciones. Comenzó la semana pasada calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia de la frase.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">..These THUGS are dishonoring the memory of George Floyd, and I won?t let that happen. Just spoke to Governor Tim Walz and told him that the Military is with him all the way. Any difficulty and we will assume control but, when the looting starts, the shooting starts. Thank you!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1266231100780744704?ref_src=twsrc%5Etfw">May 29, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> En una tensa videollamada mantenida ayer con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, el presidente les acusó de débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». En los disturbios habían muerto a fecha de ayer al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones durmieron ayer bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a pedir refuerzos al Pentágono de forma inmediata. Cálculo electoral El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia . Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Un afroamericano en Nueva York: «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso»
Jeff camina con su novia agarrado a un refresco y con la mascarilla caída sobre la papada. Camina, como el resto de la manifestación en Atlantic Avenue, una de las arterias de Brooklyn, sin dirección clara. Igual que la ola de protestas y violencia que ha tomado EE.UU. en los últimos días. Y como el drama que ha ocupado la atención del mundo, el de los abusos policiales y el racismo estructural hacia la minoría negra. Ha aflorado por una muerte grabada con el móvil, la de George Floyd en Mineápolis, casi nueve minutos de asfixia a manos de un policía que han traumatizado al país. Pero el drama estaba cosido a estas mismas calles de Brooklyn y en las ciudades de todo el país. Es una lacra fundacional de EE.UU. que el país no se ha sacudido: ni con una guerra civil, ni con la conquista de derechos civiles en los sesenta, ni con el ascenso de un negro a la presidencia. «Ahí mismo me pararon una vez», señala Jeff con el dedo a una esquina. «Iba en el coche con mi novia. Porque sí. Para sacarme algo. Eso a un blanco no le pasa, punto. Por esto -se señala la piel de su antebrazo-. Es suficiente para considerar que estás haciendo algo malo». Como la mayoría del tiempo, la protesta es pacífica. Los antidisturbios caminan con calma entre la multitud, que corea las consignas habituales -«No puedo respirar», las palabras de Floyd, o «Sin justicia no hay paz»- mientras los vecinos salen a las ventanas y a las puertas a aplaudir. Pero Nueva York, como casi todas las grandes ciudades del país, desciende al caos cada noche, con el ruido constante de los helicópteros y de las sirenas de la policía. Ocurrió la noche anterior, con enfrentamientos con la policía, coches quemados, destrozos, y ocurrirá esta. «Es necesaria», dice Jeff sobre la violencia. «Lo hemos intentado de forma pacífica y aquí estamos», dice sobre las mismas calles que pisaron los líderes del movimiento negro hace medio siglo y que ahora caminan muchas personas que siguen en barrios que son todavía guetos, con atención sanitaria deficiente y sin un sistema educativo que proporcione oportunidades. «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso», lamenta. La violencia y los saqueos se llevan la atención y los titulares y desdibujan la raíz del problema, la posibilidad de que un agente de policía considere válido ahogar hasta la muerte a una persona esposada, y que sus tres compañeros no hagan nada para evitarlo. Brandon, un científico de Detroit (Michigan), no la justifica, pero la comprende. «Es una llamada de atención de que estamos cansados de ser maltratados, de esta injusticia», dice sobre los abusos policiales y el racismo. «Yo lo he sufrido toda la vida. Es triste que me esté acostumbrando». Acusarlo de asesinato Cuando se les pregunta qué justicia merece la muerte de George Floyd, la mayoría de manifestantes con los que ha hablado este periódico responden que se acuse de asesinato al agente -Derek Chauvin, que enfrenta cargos de asesinato no intencionado- y que se procese también a los otros tres agentes. Con un megáfono en la mano y un discurso tranquilo y bien construido, Gifted -así se hace llamar este músico y letrista nacido en Sant Lucía y criado en Texas- aseguró que «el país tiene que sentarse y tener una conversación honesta, profunda y, probablemente, incómoda de cuál es su pasado, quién es responsable y qué hacer a partir de ahora». Es una opción improbable en el EE.UU. del ?Make America Great Again? -?Hacer grande otra vez a EE.UU.?- de Donald Trump, un presidente que azuza las protestas con exigencias de mano dura y sin sombra de crítica sobre las prácticas de la policía. Pero tampoco en el ?America, second to none? -América, por detrás de nadie- de Joe Biden o del partido demócrata: el alcalde de Mineápolis, el gobernador del estado de Minnesota, su fiscal general y una de las dos cámaras legislativas estatales las controlan los demócratas. «EE.UU. se contradice a sí misma cuando apoya a otros países que luchan por salir de la opresión. Cuando se trata de la gente que está aquí oprimida, se habla de otra manera y les llamamos ?matones?», dice Gifted. Él cree que se necesita un cambio radical de actitud en la policía, que debe empezar por condenas contundentes que no se producen. «Su indiferencia es repugnante», condena. «Tienen que ser capaces de vernos como hermanos y hermanas, entonces harán las cosas de manera diferente«. Hoy en día, eso es una quimera. La desconfianza mutua entre la policía y las comunidades de minoría negra, alimentada durante décadas, parece hoy más difícil de salvar que nunca y que las protestas consigan avances es cuestionable. «No soy optimista», asegura Erika, agarrada a su hija, delante de una línea de antidisturbios en la avenida Flatbush, el epicentro de los incidentes en Brooklyn. «Para mí, para que haya justicia, estos jóvenes no pueden parar hasta que haya cambios», dice mientras levanta la vista hacia los manifestantes que llevan una semana en las calles. «Cada vez que paramos, cada vez que dejamos de ser agresivos seis meses después, un hombre negro vuelve a ser asesinado, un hombre negro vuelve a ser linchado».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidoshacia el abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.