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Noticias de japon

12-08-2020 | Fuente: as.com
Kubo revoluciona el Villarreal
A la espera de que pueda demostrar su talento en el campo, el impacto mediático del japonés ya bate récords en Twitter, Instagram o Youtube.
12-08-2020 | Fuente: as.com
Un peligroso mosquito amenaza a España: ya ha sido visto en el norte del país
El 'aedes japonicus' es una nueva especie de mosquito que puede transportar virus infecciosos como el dengue, el chikungunya y el virus del Nilo Occidental.
11-08-2020 | Fuente: as.com
Kubo: "Me cansé de correr tras la pelota contra el Villarreal, ahora estaré con ellos"
El centrocampista japonés ha sido presentado como nuevo jugador groguet. "Sí que hubieron otras ofertas, pero esta fue la mejor, por eso vine aquí", remarca.
11-08-2020 | Fuente: as.com
Rikako Ikee vuelve a competir tras derrotar a la leucemia
La nadadora japonesa volverá a competir el próximo 29 de agosto después de superar la enfermedad tras pasar diez meses en un hospital.
10-08-2020 | Fuente: as.com
Oficial: Kubo, al Villarreal
El club amarillo lanzó un gancho en redes sociales haciendo alusión a Japón y posteriormente confirmó el fichaje. Llega cedido por una temporada.
09-08-2020 | Fuente: as.com
Un youtuber japonés recrea el GTA en la vida real y está arransando en Internet...
El vídeo del momento en las redes sociales y en los canales de videojuegos. Un youtuber recrea el GTA en la vida real en la zona de Shibuya, en Tokyo.
09-08-2020 | Fuente: as.com
Unai Emery tendrá a Kubo para empezar con el Villarreal
La cesión del japonés Kubo será oficial en breve; el Villarreal empieza este lunes las pruebas médicas y los entrenamientos el miércoles, y Emery le quiere ya a su lado.
09-08-2020 | Fuente: abc.es
Nagasaki pide a Japón que firme el tratado de la ONU prohibiendo las armas nucleares
En una pequeña ceremonia con solo quinientas personas para evitar contagios por el coronavirus, una décima parte que en ocasiones anteriores, la ciudad japonesa de Nagasaki ha conmemorado este domingo los 75 años de la segunda bomba atómica, lanzada por Estados Unidos tres días después de la de Hiroshima para forzar la rendición del país en la Segunda Guerra Mundial. Además de recordar a los 70.000 muertos que dejó, el alcalde de Nagasaki, Tomihisa Taue, ha vuelto a pedir el fin de las más de 13.000 armas nucleares que quedan en el mundo, la mayoría en EE.UU. y Rusia. «Si, como con el nuevo coronavirus, que no temíamos hasta que empezó a propagarse a nuestro alrededor, la Humanidad no es consciente de la amenaza de las armas nucleares hasta que sean usadas de nuevo, nos encontraremos de nuevo en un apuro irrevocable», alertó Taue ante representantes de 70 países, según recoge la agencia Kyodo. Aprovechando la presencia del primer ministro nipón, Shinzo Abe, le instó a que su Gobierno ratifique el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares aprobado por 122 Estados miembros de la ONU en julio de 2017. Con tres nuevas firmas esta semana, faltan siete para llegar a los 50 países que son necesarios para que entre en vigor. Pero las potencias nucleares no lo han ratificado y Japón tampoco porque está bajo la protección del paraguas atómico de Estados Unidos, su principal aliado desde el final de la guerra. «Entre los Estados nucleares y los países bajo sus paraguas atómicos ha habido voces clamando que es demasiado pronto para tal tratado. Pero no es así. En realidad, la reducción de las armas está llegando muy tarde», advirtió el alcalde ante Abe. Pero este, repitiendo calcado su discurso de Hirohsima hace tres días, eludió la cuestión y se limitó a comprometerse con un «mundo libre de armas nucleares». Inicialmente, el objetivo de EE.UU. era Kokura, un polo industrial algo más al norte. Pero las nubes que cubrían la ciudad aquel 9 de agosto de 1945 Como la mayoría de Estados, Japón sí ha suscrito el Tratado para la No Proliferación Nuclear y mantiene sus tres principios de no producir, poseer ni permitir armas atómicas en su territorio. Pero el demostrado militarismo del Gobierno Abe y las crecientes tensiones políticas en el mundo, exacerbadas por la pandemia del coronavirus, están acabando con el liderazgo pacifista que había abanderado Japón tras sufrir las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Como hace hoy 75 años, esta importante ciudad portuaria del suroeste de Japón se ha parado a las once y dos de la mañana (cuatro y dos de la madrugada, hora peninsular española), el momento exacto en que cayó la bomba. Inicialmente, el objetivo de EE.UU. era Kokura, un polo industrial algo más al norte en la misma isla de Kyushu. Pero las nubes que cubrían la ciudad aquel 9 de agosto de 1945 obligaron al bombardero B-20 «Bockscar» a cambiar su rumbo tras dar varias vueltas en círculo esperando a que el cielo se despejara. Como Nagasaki era también un punto militar estratégico por albergar una fábrica de armas de Mitsubishi, su destino quedaba así sellado para la posteridad por una casualidad meteorológica. EFE A esa hora fatídica, las once y dos minutos de la mañana, un artefacto de 3,25 metros de largo, 1,5 de diámetro y 4,5 toneladas estallaba a una altura de 500 metros sobre el barrio de Matsuyama-machi, al norte de Nagasaki, y desataba un nuevo infierno en la Tierra. Hoy, un monolito negro señala el lugar donde cayó la bomba, apodada «Fat Man» («El Gordo») por su forma gruesa. Su explosión, equivalente a 21.000 toneladas de TNT, mató a 70.000 de los 240.000 habitantes de la ciudad y dejó más de 120.000 personas sin hogar, ya que destruyó un tercio de las casas de Nagasaki. Al igual que en Hiroshima, la nueva bomba liberaba una cantidad de energía tan descomunal que su onda expansiva arrasaba casi siete kilómetros cuadrados y, con unas temperaturas de miles de grados, abrasaba hasta volatilizar todo cuando encontraba a su paso. Para honrar a las víctimas de esta tragedia, el novelista Kazuo Ishiguro, de nacionalidad británica pero nacido en Nagasaki nueve años después de la bomba, envió un mensaje pidiendo «no olvidar lo frágil que sigue siendo nuestra civilización» y recordando «el supremo valor de la vida humana». Ausente también por el coronavirus, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, alertó con otro comunicado de que «los progresos históricos en desarme nuclear están en riesgo porque la red de instrumentos y acuerdos diseñados para reducir el peligro de las armas atómicas y lograr su eliminación se están derrumbando». El aniversario de las bombas atómicas es especialmente emotivo para los «hibakusha», como se conoce en japonés a los 136.000 supervivientes que todavía quedan, ya que en el último año fallecieron 9.200 según los registros oficiales. Con una edad media de 83 años, saben que no les queda mucho tiempo y no quieren morirse sin ver el final de las armas nucleares. Pero luchan contra un enemigo mucho más peligroso que la radiactividad: el olvido.
09-08-2020 | Fuente: abc.es
«Toda señal de vida ha quedado extinguida»
«La bomba atómica es una realidad. El presidente Truman ha anunciado que ha sido utilizada por primera vez contra el Japón con una potencia igual a 20.000 toneladas de trinitrotolueno. Su poder explosivo es 2.000 veces superior al de la bomba británica conocida como ?revienta manzanas?, de 10.000 kilogramos, que era hasta ahora la de mayor potencia». No habían pasado ni 15 horas desde que Hiroshima había sido arrasada, cuando los lectores de ABC recibían la primera información. Según un telex llegado a nuestra redacción el mismo 6 de agosto de 1945, el secretario de Guerra norteamericano, Henry L. Stimson, desconocía los daños causados: «Sólo se sabe que la zona está cubierta por una impenetrable capa de humo y polvo». En las crónicas de los días siguientes tampoco se hablaba de los 166.000 muertos y 130.000 heridos que produjo, pero sí de la devastación. Portada del 25 de agosto de 1945 - ABC «Toda señal de vida ha quedado extinguida en Hiroshima. Hombres, animales, plantas e insectos han perecido abrasados por el fuego o por efecto de las horribles ondas de aire incendiado. [..] La ciudad ha dejado de existir», podía leerse el día 9. Todavía el presidente Truman no había ordenado el ataque sobre Nagasaki, aunque ABC se hizo eco del «segundo ultimátum» lanzado por Estados Unidos un día antes de que la segunda bomba atómica causara otros 40.000 muertos con la explosión y 20.000 más por las secuelas en lo que quedaba de año. El presidente reconoció que, en 1942, ya sabía «que los alemanes trabajaban febrilmente para encontrar la forma de unir la energía atómica a otros inventos de guerra con los que esclavizar al mundo, pero fracasaron. Los norteamericanos ganaron la batalla». «Se abre ahora una nueva etapa revolucionaria en la ciencia de destrucción», advertía otra declaración remitida por la agencia Efe.
09-08-2020 | Fuente: abc.es
El infierno que Truman desató para «salvar miles de vidas»
Nicolás Maquiavelo, el filósofo y diplomático florentino, nunca llegó a pronunciar aquella cita de que «el fin justifica los medios». Pero sí lo hizo Harry S. Truman, trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos, cuando dijo una frase casi idéntica tres días después del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki: «La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes». El debate sobre la licitud de salvar miles de vidas estadounidense y precipitar el final de la Segunda Guerra Mundial a costa de matar a cerca de 150.000 japoneses persigue desde entonces a EE.UU., el único país del mundo que ha usado armas nucleares contra la población civil. Tras la toma de Berlín en mayo de 1945, la última herida abierta de un conflicto que destapó los mayores horrores humanos estaba en la guerra entre Japón y EE.UU. La contienda en el Pacífico, marcada por el odio racial y el fanatismo japonés, alcanzó cotas terroríficas incluso para la II Guerra Mundial. Ninguno de los dos bandos acostumbraba a hacer prisioneros y el acopio de trofeos necrofílicos, calaveras y dientes sobre todo, se convirtió en una aterradora diversión. Cada pequeño avance americano por el Pacífico se saldó en ese último año con una cifra insostenible de bajas frente a un ejército, el japonés, que parecía dispuesto a inmolarse antes de rendirse. Conquistar las cenizas y detritos volcánicos de Iwo Jima costó a los Aliados la vida de 6.821 marines y 20.000 heridos. De los 21.000 defensores japoneses apenas sobrevivió un puñado. La isla de Okinawa, guarnecida por 71.000 soldados, fue desalojada metro a metro a un precio de 65.631 bajas norteamericanas. Un marine, testigo del horror, lo sintetizó así: «Te mandan a un sitio? y el tiroteo es infernal? Pero luego vuelven a enviarte allí y te matan. ¡Dios!, o estás allí hasta que mueres, o no eres capaz de aguantarlo». El enorme número de vidas por tomar islas aisladas plagó de dudas la operación «Olympic», que planeaba el 1 de noviembre una invasión masiva sobre Japón con el doble de recursos que en el Día-D. Para el historiador Williamson A. Murray, coautor de «Historia de la guerra» (Akal), «el número de bajas causado por esta operación hubiera sido demoledor y solo los avances científicos [la bomba nuclear] lo pudieron evitar». Pese a que el país se encontraba totalmente aislado, con su flota hundida, su fuerza aérea neutralizada y su economía asfixiada, el alto mando japonés seguía aparentemente poco interesado en concluir la lucha y prefería buscar el final más honorable para sus oficiales. Fue ante esta encrucijada cuando Harry S. Truman autorizó el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre territorio japonés. Solo unos días después de las explosiones, el emperador Hirohito intervino para poner fin al obstinamiento suicida de sus consejeros. Según afirmó Koichi Kido, asesor del emperador, «la bomba atómica nos ayudó a los partidarios de la paz en nuestro empeño de acabar la guerra». El 2 de septiembre representantes del Gobierno japonés firmaron la rendición en la cubierta del Missouri. La justificación oficial de EE.UU. para arrasar Hiroshima y Nagasaki se enfrenta, sin embargo, a datos contradictorios. Por un lado, y así lo reconoce Murray, la guerra ya estaba ganada a principios de ese verano al margen de lo que hiciera Japón, cuyo aislamiento e incapacidad para producir armas le resignaban a elegir hasta cuándo iba a alargar la resistencia. El presidente Truman, durante uno de sus discurso - ABC Para la invasión de Japón, EE.UU. podría contar en semanas con el apoyo de las tropas soviéticas, mientras que la potencia asiática tenía en ese momento al grueso de su ejército en la Manchuria ocupada y el transporte de estas tropas a Japón era una tarea casi imposible ahora que el ejército rojo se preparaba para morder a su presa. Harry Hopkins, emisario de la Casa Blanca con Stalin, comunicó a Washington que «los japoneses están condenados, y lo saben». El abanico de posibilidades era mayor de lo que el discurso de Truman quiso reflejar. «Las pruebas obtenidas por la actual investigación demuestran que se podrían haber seguido otras opciones sin recurrir a la invasión, y que la guerra podría haber acabado en noviembre», escribió el historiador Barton Bernstein, de Stanford, en «La reconsideración de las bombas atómicas», publicado en el 50º aniversario de la tragedia. El propio Dwight Eisenhower, entonces máximo comandante de las fuerzas en Europa y eventual sucesor de Truman, reconocería años después que «los japoneses estaban listos para rendirse y no hacía falta golpearlos con esa cosa horrible». La amenaza soviética Hoy incluso hay dudas sobre la influencia directa de las bombas en la decisión japonesa. Ni el alto mando ni el emperador se habían conmovido con bombardeos tan devastadores como el de Tokio (83.000 muertos). Un factor tanto o más influyente para inclinar al emperador a mover ficha fue que, dos días después de la bomba sobre Hiroshima, la URSS atacó a los japoneses en Manchukuo y Mengjiang. En menos de dos semanas, el ejército japonés en la zona, cerca de un millón de hombres, fue borrado del mapa. No hay duda de que la decisión de Truman y la respuesta de Hirohito estuvieron condicionadas por la inminente Guerra Fría. EE.UU. no había sacrificado a tantos hombres para que, en el tiempo de prolongación, Stalin se metiera por medio en el nuevo orden del Pacífico. Cada día que se alargara el conflicto eran kilómetros que los soviéticos conquistaban con voracidad. Truman e Hirohito compartían el miedo a que un régimen comunista aterrizara en Japón.
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