Infortelecom

Noticias de internet

04-06-2020 | Fuente: abc.es
Irán y Estados Unidos consuman el segundo intercambio de prisioneros de la era Trump
Ni en Irán, ni en Estados Unidos hablan oficialmente de un intercambio de prisioneros, pero en las últimas 72 horas dos detenidos en Teherán y Washington han puesto rumbo a casa. El primer paso lo dieron los estadounidenses con la liberación del científico Sirous Asgari, y el segundo, los iraníes, con la salida del país del veterano de la Marina Michael White. «Durante los pasados 683 días mi hijo, Michael, ha sido rehén de la Guardia Revolucionaria y hemos vivido una pesadilla», declaró la madre del ex militar en el comunicado en el que anunció que «la pesadilla ha terminado y mi hijo está a salvo y camino de casa» Aunque la tensión entre los dos países no ha parado de crecer desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, este es el segundo intercambio que se realiza desde su llegada al poder. White, de 48 años, viajó a Irán en julio de 2018 y seis meses después, las autoridades de Irán confirmaron que fue arrestado en Mashad, al este del país, a donde habría ido a visitar a una mujer a la que había conocido vía Internet, según su familia. Al exmilitar le impusieron una pena de diez años por «insultos al Líder» y la Fiscalía también apuntó a su posible papel de espía. White, enfermo de cáncer, contrajo el coronavirus durante su estancia en prisión, lo que llevó a las autoridades a liberarle de forma temporal a finales de marzo y desde entonces estaba bajo la custodia de la Embajada de Suiza en Teherán, que representa los intereses de los Estados Unidos en la república islámica. El diario «The New York Times» detalló que hay al menos otros tres ciudadanos estadounidenses en cárceles iraníes, todos ellos acusados de «espionaje». Asgari, en Teherán White puso rumbo a casa pocas horas después de que Asgari aterrizara en Teherán. El investigador de la universidad de Sharif, de 59 años, fue acusado en 2016 de «robo de secretos industriales» durante una visita académica a Estados Unidos. Tres años más tarde le absolvieron, pero seguía en prisión y las autoridades no le permitían regresar a Irán. A comienzos de mayo, el ministerio de Exteriores iraní reveló que el científico había contraído el coronavirus en el centro de detención en el que permanecía recluido. La agencia AFP elevó a 18 el número de iraníes en prisiones estadounidenses. La posibilidad de este intercambio la adelantaron en la república islámica a comienzos de mayo y la enmarcaron en la emergencia sanitaria mundial provocada por el coronavirus. «Esperamos que en esta situación en la que la enfermedad Covid-19 está amenazando la vida de los ciudadanos iraníes en las prisiones de EE.UU., el Gobierno estadounidense finalmente elija el cuidado a la vida de los seres humanos en vez de la política», declaró entonces el portavoz gubernamental, Alí Rabieí, quien ya puso sobre la mesa el nombre de Asgari. Un mes después el intercambio es una realidad y Asgari y White están en sus casas.
04-06-2020 | Fuente: abc.es
Hong Kong aprovecha el coronavirus para cortar las protestas contra China
Hoy se cumplen 31 años de la matanza de Tiananmen. En aquella también convulsa primavera de 1989, los tanques del Ejército chino aplastaron las protestas reclamando libertad que llevaban un mes y medio ocupando esta céntrica plaza de Pekín. Por primera vez en estos 31 años, esta noche no se podrá celebrar la tradicional vigilia por sus víctimas en Hong Kong, la única ciudad de China donde hasta ahora se permitía conmemorar la efeméride. Argumentando las normas de distancia social que siguen vigentes por el coronavirus, que ha dejado 1.094 contagiados y cuatro fallecidos, la Policía ha prohibido el homenaje que, como todos los años, se iba a llevar a cabo en el parque Victoria. Aunque en esta ocasión no es un aniversario redondo, como el que congregó el año pasado a más de 180.000 personas, se esperaba una asistencia multitudinaria por la agitación política que vive la excolonia británica contra el autoritario régimen de Pekín. Levantada desde junio del año pasado contra la ya retirada ley de extradición a China, las protestas se han reactivado en las últimas semanas por dos nuevas normativas muy controvertidas. La primera es la Ley de Seguridad Nacional que, aprobada el mes pasado por la Asamblea Nacional china, el régimen impondrá este verano en la mini-Constitución de la ciudad sin pasar por su Parlamento local. Una medida que buena parte de la sociedad hongkonesa y de la comunidad internacional consideran una violación del principio «un país, dos sistemas» que, en teoría, concede a la ciudad más libertad y autonomía que al resto de China. Los activistas y líderes de la oposición demócrata de Hong Kong temen que, cuando dicha normativa entre en vigor, ya no se puedan celebrar nunca más las vigilias de Tiananmen. La segunda es una ley de respeto al himno nacional de China, que prevé penas de hasta tres años de cárcel y multas de 50.000 dólares de Hong Kong (5.800 euros) para acabar con los cada vez más frecuentes silbidos y pitidos en los encuentros deportivos. Debatida en el Consejo Legislativo (Legco), esta ley ya desató la semana pasada violentas protestas callejeras que dejaron casi 400 detenidos. La cifra de fallecidos, un misterio Para controlar posibles incidentes, la Policía ha desplegado 2.000 agentes antidisturbios y sus dos cañones de agua en la isla de Hong Kong y otros mil en la península de Kowloon. Además de impedir protestas como las de la semana pasada, su objetivo es vigilar los actos en recuerdo de la masacre de Tiananmen. A pesar de la prohibición de celebrar la vigilia en el parque Victoria, sus organizadores han llamado a acudir con velas en grupos de ocho, el número máximo autorizado por las restricciones contra el coronavirus. Junto a dicha cita, prevista para las ocho de la tarde (dos de la tarde, hora peninsular española), tendrán lugar por toda la ciudad otros actos en los que se guardará un minuto de silencio y se prenderán velas por las víctimas de Tiananmen. Más de tres décadas después, la cifra de fallecidos sigue siendo un misterio que oscila entre los 200 reconocidos en su día por el Gobierno hasta los 2.000 que anunciaron algunas agencias internacionales. En previsión de la que la asistencia a las vigilias se vea mermada, la Alianza en Apoyo de los Movimientos Democráticos y Patrióticos de China, organizadora del evento, ha apelado al público a subir a las redes sociales una foto con la etiqueta #6431. Con el lenguaje de internet, así se hace referencia al 31º aniversario del «liu si (6-4)», como se dice en mandarín la fecha del cuatro de junio. «El presidente Xi Jinping ha reforzado la impunidad que ha protegido a los líderes chinos desde antes de 1989 y ha habido represiones de protestas al estilo de Tiananmen en el Tíbet, Xinjiang y ahora en Hong Kong», denuncia en un comunicado Renee Xia, director de la ONG Defensores Chinos de los Derechos Humanos. Por su parte, la jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, que estaba ayer de visita en Pekín, volvió a defender la necesidad de la ley de seguridad nacional «por los acontecimientos que hemos visto en la ciudad, como la petición de independencia e incluso la violencia rayando en actividades terrorista». Aunque limitada y vigilada, la de este año podría ser la última vigilia de Tiananmen.
03-06-2020 | Fuente: abc.es
La pandemia deja en el aire el Congreso que aclamará a Trump como candidato
El presidente de Estados Unidos decidió anoche cambiar de ciudad el congreso que el Partido Republicano va a celebrar en agosto para confirmarle como candidato a las elecciones del 3 de noviembre, porque el gobernador de Carolina del Norte, el demócrata Roy Cooper, se niega a autorizarlo por el temor a que los 19.000 participantes creen un nuevo foco de contagios de coronavirus. «El gobernador Cooper todavía está en modo cuarentena, y nos dejará ocupar el centro de convenciones como nos prometió», dijo Donald Trump el martes. «Ahora nos obligan a buscar otro estado para celebrar el Congreso Nacional Republicano de 2020», añadió. En principio, el congreso iba a tener lugar entre los días 24 y 27 de agosto en el mismo centro de convenciones que confirmó a Barack Obama en 2012. En su hotel El diario The New York Times publicó la semana pasada que Trump quería organizar el congreso en su hotel y club de golf de Doral, cerca del aeropuerto de Miami, donde ya quiso celebrar la cumbre de líderes del G-7. La Casa Blanca desmintió esa información y hasta Trump dijo en Twitter que las salas de reuniones de ese hotel no son lo suficientemente grandes como para celebrar un congreso de este tipo. Los congresos que los partidos celebran cada cuatro años se han convertido más bien en actos electorales, porque cuando se celebran, las primarias ya han decidido quién va a ser proclamado candidato. La presidenta del Partido Republicano, Ronna McDaniel, dijo en un comunicado ayer que está barajando opciones para «un evento histórico que mostrará que en EE.UU. se vuelve a la normalidad». El gobernador no cede Carolina del Norte es un estado relativamente importante de cara a las elecciones generales. En 2008 ganó allí Barack Obama, el primer demócrata en hacerlo desde 1976. Pero en 2012 el estado optó por el republicano Mitt Romney. En 2016 Trump ganó en él a Hillary Clinton por algo más de 180.000 votos, de 4,5 millones. El gobernador Cooper se ha negado a dar su brazo a torcer después de que el Partido Republicano le haya exigido que levante las restricciones de actos públicos. Según dijo, le pidieron que abriera el centro de convenciones de Charlotte sin restricciones, lo mismo que restaurantes, bares y hoteles. «No vamos a asumir esos riesgos», dijo el gobernador en una carta a los republicanos. De momento, el congreso del Partido Demócrata, que se celebra la semana anterior en Milwaukee, en el estado de Wisconsin, sigue en la agenda, aunque el candidato Joe Biden ha aceptado medidas de seguridad sanitaria como máscaras obligatorias y voto delegado o por internet.
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump inicia una transformación sin precedentes de las redes sociales
En algún punto intermedio entre la libertad de expresión y el derecho a una información veraz se ubica una ley estadounidense hasta ahora poco conocida y sobre la cual se han erigido las grandes redes sociales tal y como las conocemos ahora. Molesto porque dos de sus mensajes en Twitter han sido etiquetados como falsos, el presidente Donald Trump ha iniciado una reforma de esa ley de internet, que en última instancia puede transformar profundamente y en todo el mundo esas plataformas que han llegado a tener un papel tan predominante en la política, la prensa y la comunicación de hoy en día. La pregunta que hoy plantean los portavoces de Trump en la Casa Blanca es clara. ¿Por qué se etiqueta como engañosas las opiniones de Trump sobre voto por correo, pero no los mensajes del líder supremo iraní, Ali Jamenei, pidiendo la destrucción de Israel? ¿Por qué siguen intactos los mensajes de Nicolás Maduro en Venezuela acusando a EE.UU. de promover golpes de estado? ¿Y los de funcionarios y diplomáticos chinos acusando de forma indisimulada a EE.UU. de ser el creador secreto del coronavirus? El jueves el presidente Trump aceleró la reforma de esas leyes de internet. Durante muchos años, políticos y editores de medios de todo signo han venido pidiendo precisamente eso. En el centro de la polémica está la sección 230 de la llamada Ley de Decencia en las Comunicaciones, aprobada en 1996, la prehistoria de internet. Esta reza: «Ningún proveedor o usuario de un servicio de informática interactiva podrá ser tratado como editor o emisor de ninguna información de otro proveedor de contenido informativo». En jurisprudencia norteamericana, esto significa que las redes sociales no son responsables del contenido que se publica en ellas, por falso, injurioso o delictivo que sea. Pueden publicar cualquier cosa, con todos los privilegios y ninguna obligación. No es de extrañar que se hayan escrito abundantes artículos y libros que afirman que la Sección 230 contiene «las 26 palabras que crearon internet». Consenso Hasta ahora había cierto consenso, fuera de Silicon Valley, en que una reforma era necesaria. «Esa sección 230 debería revocarse». Así de claro lo dijo en enero no Trump, sino Joe Biden, vicepresidente entre 2009 y 2017 y candidato a la presidencia este año. En una conversación con «The New York Times», el demócrata afirmó que a la ciudadanía debería preocuparle «la concentración de poder» de esas plataformas. «Debe ser revocada, tanto para [Mark] Zuckerberg [fundador de Facebook] como para otras compañías». Incontables son los editoriales de la prensa norteamericana que han pedido, año tras año, una reforma de esa Sección 230, uno de los más recientes, el de «The Seattle Times» en marzo, que decía abiertamente que «dado el dominio de algunas plataformas gigantescas, sus fallos de autorregulación y el daño que están causando, es hora de reconsiderar las leyes que les otorgan ventajas. Eso incluye la Sección 230 de la Ley de Decencia de Comunicaciones, que exime a servicios de internet de responsabilidad civil por contenido que otros publican en ellos». La razón de muchos medios para criticar esa regulación es clara. Cabeceras de todo el mundo llevan largos años regalando sus contenidos a las grandes plataformas de internet, sobre todo a Google y Facebook, y pagan además por ello con el elevado precio de ver su circulación y publicidad dramáticamente reducidas, con efectos catastróficos para el periodismo. De momento, esa ley se ha modificado una vez, también bajo la presidencia de Trump y la tutela de las dos cámaras del Capitolio, para que las plataformas de internet sean al menos responsables si lo que se publica en sus servidores son mensajes que incitan a la trata de blancas y explotación sexual de menores. Tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado esa reforma tuvo el apoyo casi unánime de demócratas y republicanos. Censura partidista Pero, el problema para una reforma integral que políticos y editores de medios consideran necesaria hace años es que hoy la defiende Trump. El presidente pide reformar la Sección 320 no por solidaridad con la prensa, a la que considera su enemigo, sino para poder denunciar a Twitter por censura contra él y los activistas conservadores que le apoyan. Sólo si la red social fuera considerada legalmente una editora de contenidos podría quedar probado ante un juez que ejerce la censura. Como suele suceder en la era de Trump en Washington, basta con que el presidente proponga algo para que la oposición se alinee justo en todo lo contrario, como está sucediendo en este caso. Aun así, el presidente defendió las reformas propuestas en términos que en otra época hubieran sido de consenso en Washington. «Un pequeño puñado de poderosos monopolios de redes sociales controla una gran parte de todas las comunicaciones públicas y privadas en EE.UU. Y sabemos quienes son; no tenemos que nombrarlos», dijo en jueves.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump desafía a las redes sociales con nuevas reglas
Donald Trump le ha declarado una guerra al mensajero que puede acabar transformando internet y las redes sociales tal y como se conocen hoy. El insólito decreto que el presidente aprobó el jueves ha abierto un largo proceso en que el gran aparato gubernamental de la Casa Blanca ha plantando cara a las grandes plataformas de distribución de internet en pleno año electoral, todo por unos mensajes del presidente sobre fraude en las urnas y disturbios raciales que han sido corregidos o amonestados por los administradores de Twitter. En el centro de esta batalla política se encuentra una legislación hasta ahora poco conocida pero que ha sentado los cimientos del internet actual: la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996. En su sección 230, establece: «Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o portavoz de ninguna información proporcionada por otro proveedor de contenido o información». Gracias a ella, hasta ahora las grandes empresas de internet, como Facebook o Twitter, no han sido responsables legales de lo que se ha publicado en ellas. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">REVOKE 230!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1266387743996870656?ref_src=twsrc%5Etfw">May 29, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> El presidente Trump denunció el jueves que esas redes sociales «han tenido un poder incontrolado para censurar, restringir, editar, dar forma, ocultar y alterar prácticamente cualquier forma de comunicación entre los ciudadanos particulares y entre las grandes audiencias. No hay precedente en la historia de EE.UU. de que un número tan pequeño de empresas controlen una esfera tan grande de interacción humana. No podemos permitir que eso siga sucediendo». Antes Twitter había etiquetado como falsos dos mensajes de Trump sobre supuesto fraude en el voto por correo. Después del decreto, la red social añadió a otro mensaje del presidente sobre los disturbios raciales en Minnesota un mensaje en el que le acusaba de violar los términos de uso por «glorificar la violencia». En ese mensaje censurado, el presidente decía «cuando los saqueos comienzan, comenzarán también los disparos». Luego, Trump negó en otro mensaje que estuviera amenazando con ordenar disparar a los manifestantes. Lo que el presidente ha ordenado es que el secretario (ministro) de Comercio Wilbur Ross prepare con el fiscal general (ministro de Justicia) William Barr un nuevo marco regulatorio con la Comisión Federal de Comunicaciones, que supervisa el sector de internet. El objetivo es forzar a las redes sociales a hacerse responsables de lo que publican, incluida la moderación de comentarios. De ese modo, si etiquetan o borran comentarios del presidente o de otros, pueden enfrentarse a denuncias por censura, que es lo que Trump busca en este caso en concreto.
29-05-2020 | Fuente: abc.es
El régimen de Maduro tacha de «armas biológicas» a los emigrantes retornados y les amenaza con la cárcel
El retorno de miles de refugiados a Venezuela por el coronavirus y la expulsión de la que han sido víctimas en los países de acogida tiene un sabor amargo, debido a la discriminación y al cruel trato inhumano con que son recibidos por el régimen chavista. Linda García, de 27 años, se sienta en el suelo frío de un albergue en San Cristóbal, capital del fronterizo estado Táchira, a esperar que se termine el confinamiento de 15 días al que fue sometida junto a otras 600 personas más. «No me esperaba encontrar este infierno aquí en mi propia tierra y mucho menos ser humillada como portadora de un arma biológica llamada coronavirus», escribe a ABC en su teléfono móvil. El aislamiento físico en los albergues sin contacto con el exterior no impide la comunicación telefónica discreta con sus familiares y clandestina con los medios de comunicación. A más de 50.000 emigrantes venezolanos registrados que han retornado a su país en las últimas semanas el régimen de Nicolás Maduro les ha prohibido, entre otras cosas, denunciar a la prensa su situación. La joven García, natural de Maracaibo, estado Zulia, peluquera profesional, se fue a Pamplona, en el departamento colombiano de Norte de Santander, siguiendo a su marido porque tenía trabajo en una construcción hace año y medio. Pero por la pandemia y la falta de dinero fueron expulsados de su vivienda. Ella y su pareja no presentan síntomas del virus, pero de todas formas tienen que guardar la cuarentena. En Maracaibo, la capital petrolera del país venida a menos por la destrucción de su principal industria nacional, Linda García dejó a sus dos hijos pequeños con la abuela a los que espera ver tan pronto termine el encierre en el refugio tachirense. Lo que no esperaba es que el secretario de la gobernación del Zulia, Lisandro Cabello, fuera el primero en aplicar el «apartheid» impuesto por Nicolás Maduro sobre los retornados: «Toda persona que viole el sistema migratorio e ingrese en el país será considerada arma biológica y encarcelada». Así mismo señaló que «hay una operación para contaminar a Venezuela desde Colombia». Maduro acusó este miércoles al presidente de Colombia, Iván Duque, de estar tras un plan para infectar con Covid-19 a los venezolanos que están regresando desde ese país. Asegura que los colombianos han contagiado de manera intencionada a los venezolanos que regresan. «No me esperaba encontrar este infierno aquí en mi propia tierra», afirma Linda García, una joven peluquera de Maracaibo que regresa desde Colombia La cifra de casos de contagiados escaló a 1.327 personas con solo once fallecidos. La diáspora también subió a cinco millones de emigrantes, de los cuales ha retornado menos del 1%, la mayoría de venezolanos trabajadores que han perdido su empleo y vivienda por la crisis económica causada por la pandemia, por lo que se han visto forzados a volver a su país. «De un momento a otro los montaron en vehículos, autobuses, les dieron bolsitas con pancitos. Ellos dicen que estaban sanos en las ciudades de Cali y Medellín, que no habían tenido contacto con contagiados y presumen que los contaminaron en los autobuses», dice Maduro. «Yo le digo esto al pueblo para que vean la maldad a la que nos enfrentamos. Los infectaron, por eso declaré la emergencia sanitaria en los pasos fronterizos». Según el diputado Carlos Valero, «queremos rechazar enérgicamente las irresponsables declaraciones de Nicolás Maduro, quien ha dicho que nuestros hermanos que han regresado al país por efecto de la pandemia, son una especie de arma biológica de gobiernos extranjeros. Culpar a personas que están atravesando una enfermedad de ser armas biológicas y de propagar un virus, es inhumano. Buscan criminalizar a los migrantes venezolanos y evadir la responsabilidad del régimen en el tratamiento de la pandemia». Desde Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú, la mayoría de los emigrantes hacen largos recorridos a pie para volver a sus hogares pero se encuentran en el Puente Internacional Simón Bolívar en Ureña, Táchira, con un tapón o embudo en donde quedan represados, esperando con sus maletas a la intemperie para poder cruzar la frontera y llegar a su destino. Las autoridades sanitarias y migratorias del Táchira los dejan volver a cuentagotas, previamente los registran y desinfectan, les hacen pruebas PCR y los confinan en refugios como instituciones, centros educativos y hoteles. «Nos dan comida podrida para gusanos» En los refugios nacionales los emigrantes comienzan a vivir otro calvario. Linda García se queja de que no hay colchonetas para dormir, ni baños, ni agua, ni luz, ni telefonía, ni internet, ni comida ni atención médica. «Nos han dado comida podrida con gusanos», dijo. Javier Tarazona, director de la ONG Fundaredes, dijo a ABC que etiquetar a los emigrantes como arma biológica es una irresponsabilidad del régimen de Maduro. «El trato que se les da a los retornados en los albergues es cruel e inhumano. Los someten a condiciones de indigentes». El padre Baltazar Porras denunció en las redes sociales que en los refugios del Táchira se ofrece comida descompuesta a los migrantes al llamar a los tachirenses a llevar alimentos a los necesitados. Otro caso de intoxicación por comida descompuesta ocurrió con los retornados en Barquisimeto, estado Lara. José Pastor Ortíz denunció a la prensa regional que su bebé de 1 año murió por deshidratación en el hospital pediátrico Dr. Agustín Zubillaga el 8 de mayo. «Nosotros nos venimos de Bogotá el 29 de abril y ya el 30 estábamos en Guasdualito, estado Apure. Allí fuimos encerrados en una escuela durante ocho días. Aunque la comida era poca, el personal encargado tenía la posibilidad de comprar comida cruda, que cocinábamos con leña», contó Ortiz. Pero en Barquisimeto la familia Ortiz fue confinada en la Villa Bolivariana de la gobernación de Lara, donde estuvieron encerrados encerrados más de ocho días. «Anoche nos dieron arepas (tortillas de maíz) con mortadela descompuesta. Nosotros no la comimos toda pero mi hijo que es un glotón se la comió toda. Todo el grupo de 12 personas se intoxicó y tuvo que ser hospitalizado pero mi hijo murió porque no aguantó la espera por el médico», dijo entre lágrimas José Ortiz. Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano también deplora que un arma biológica alienta la discriminación, la vejación y la exclusión en contra de los retornados. «Una acusación tan grave, obliga a Maduro, quien debe llevar las pruebas al Sistema de Naciones Unidas, de acuerdo a la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y tóxicas y sobre su destrucción».
29-05-2020 | Fuente: abc.es
Twitter refuta a un político chino por publicar en un mensaje que EE.UU. provocó la pandemia
Twitter impugnó un mensaje publicado el pasado 13 de marzo por el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Zhao Lijian y lo enlazó con información verificada que contradice sus comentarios a cuenta del origen del coronavirus. Zhao publicó en marzo que «podría haber sido el ejército estadounidense quien llevase la epidemia a Wuhan», tuit que se acompaña ahora de una alerta que enlaza a otra página donde se explica que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que las pruebas sugieren que el virus tiene su origen en animales y que no fue creado en un laboratorio. Crisis diplomática En marzo, el comentario de Zhao llevó al Departamento de Estado estadounidense a llamar a consultas al embajador chino en EE.UU., Cui Tiankai, iniciando un nuevo rifirrafe entre los dos países. Las relaciones entre Pekín y Washington, ya espinosas antes de la pandemia debido a la guerra comercial, se han deteriorado notablemente a raíz de la aparición del coronavirus. Tras aquel tuit de Zhao, el presidente de EE.UU., Donald Trump, comenzó a hablar del «virus chino» y acusó al gigante asiático de ocultar datos sobre el origen y los comienzos de la enfermedad. La gestión del brote en sus primeros días, cuando varios médicos chinos fueron silenciados por advertir de que la enfermedad que padecían los primeros pacientes era un coronavirus, provocó cientos de críticas, y periódicos locales como la revista Caixin opinaron que algunas medidas de las autoridades podrían haber incluso facilitado la rápida expansión del patógeno. Sin embargo, China aseguró en mayo que no supo hasta el 19 de enero cómo de infeccioso era el nuevo coronavirus, y ha rechazado en repetidas ocasiones las acusaciones de Estados Unidos de que ocultó de manera intencionada información sobre la gravedad de la COVID-19. Asimismo, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, declaró el domingo que Washington está llevando las relaciones con Pekín «al borde de una nueva guerra fría», y que, además de la Covid-19, hay un «virus político» que se propaga por el país norteamericano, al que acusa de usar cada oportunidad para atacar a la potencia asiática. Polémica con Trump Twitter utilizó el mismo procedimiento aplicado a Zhao con el presidente estadounidense el pasado martes, cuando enlazó por primera vez un mensaje de Trump con información verificada que contradecía lo que éste había publicado. En respuesta a esto, Trump firmó este jueves un decreto destinado a evaluar si su Gobierno puede castigar a Twitter, Facebook, YouTube o Google si intentan moderar los contenidos publicados en sus plataformas, en medio de un creciente debate sobre hasta qué punto debe llegar la libertad de expresión en Internet.
29-05-2020 | Fuente: elpais.com
Musicales para las masas: el género se reinventa en Internet
Grandes nombres del teatro musical y estrellas del cine como Meryl Streep triunfan con versiones 'online' de los grandes títulos
28-05-2020 | Fuente: abc.es
Menos de 300 muertes y de 17.000 contagios, las claves de la lucha de Israel contra el coronavirus
Desde que el coronavirus traspasó las fronteras de Wuhan y comenzó a expandirse por el mundo, la Humanidad ha sido testigo de cómo se desata uno de esos periodos a los que se hace mención especial en los libros de Historia, de la fragilidad del ser humano y el falso control que tiene sobre su vida, así como de que hay casi tantas formas de enfrentarse a una crisis, en este caso sanitaria, como países existen. Qué método es más apropiado, solo el tiempo lo dirá; no obstante, lo cierto es que hay países que hasta el momento han registrado cifras muy bajas de casos confirmados y muertes en comparación con el resto. Es el caso de Israel, donde se han contabilizado 281 fallecidos, 16.771 contagios y 14.486 curados; unos datos que dejan entrever que han sabido controlar la pandemia y que han permitido la reapertura casi total de la economía. Lea Levi, inmigrante francesa y médica de familia en el hospital Meuhedet, explica que la contención de la Covid-19 se ha sustentado sobre cuatro pilares. El primero es «la precocidad con que se aplicaron las medidas: después del inicio de marzo, el Gobierno israelí empezó a someter a una cuarentena de dos semanas a todos los nacionales que volvían del extranjero; al mismo tiempo, la Maguen David Adom (Estrella Roja de David, el servicio de emergencia y asistencia médica) lanzó una campaña a nivel nacional de test que al principio se hacían a domicilio y después también en unidades móviles a las que los pacientes llegaban en sus vehiculos privados tras solicitar cita por una ?app?. Los resultados de los test llegaban directamente al médico que trataba al paciente, así como a su centro de salud». En segundo lugar la doctora habla de la situación geopolítica de Israel, algo que en principio constituye un hándicap se ha convertido en una ventaja en este caso, muy concreto. «Hay muy pocos desplazamientos, dadas las complejas relaciones diplomáticas con los países vecinos», expone, y añade: «Con respecto a las relaciones con la Autoridad Palestina, parece que israelíes y palestinos hayan llegado a un entendimiento, ?en favor del sentido común?, para evitar la propagación del virus». No solo se frenó la circulación de ciudadanos de una zona a otra, sino que también -como ya explicaba la agencia de noticias Efe dos meses atrás- «los enfrentamientos entre Israel y las milicias de Gaza han disminuido relativamente, del mismo modo que han descendido los sucesos en los territorios palestinos de Cisjordania y Jerusalén Este, aunque se mantienen las fricciones diarias». El hecho de que hubiese una relativa tranquilidad en la zona no evitó sin embargo que, el pasado 28 de marzo, el Ejército israelí bombardease, como respuesta a un disparo de cohete, puestos del movimiento islamista, Hamás, que controla la bloqueada franja de Gaza. Tampoco ha evitado que hace una semana, el líder palestino, Mahmud Abbas, volviese a anunciar que «la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado de Palestina quedan absueltos de todos los acuerdos y entendimientos con los gobiernos americano e israelí y todas las obligaciones contempladas en estos, incluyendo las de seguridad». Tal y como expuso el correponsal de ABC en Oriente Medio; Mikel Ayestaran, «Abbas mostró de esta forma su malestar con el plan de anexión de Cisjordania que los israelíes pretenden poner en marcha el 1 de julio y que supondrá el final de la solución de los dos Estados en la que trabaja la comunidad internacional, sin éxito, desde hace décadas». Tecnología y sistema sanitario Pero, volviendo al plano sanitario, Levi habla de una tercera razón por la que el virus no se ha cebado con Israel: «el uso de los datos personales de los individuos». «Una app [Hamagen] permite localizar por qué lugares hemos pasado y nos advierte de si hemos estado en contacto con un enfermo de coronavirus, en cuyo caso quedamos confinados», cuenta, y agrega: «A mediados de marzo se aprobó un decreto para utilizar los datos de los servicios secretos con el fin de localizar los casos y poder advertir a los contactos». Una vez que se detecta un caso positivo, «los pacientes reciben un kit de mascarillas, guantes, termómetro y oxímetro (mide la cantidad de oxígeno en sangre), además de llamadas diarias de un médico y del enfermero dedicado a seguir su caso», desgrana, puntualizando que esta sería la cuarta clave en la lucha de Israel contra el coronavirus. A todo ello hay que sumar la organización de la red sanitaria del país. «La situación se tomó muy en serio después del inicio de la crisis en China, cuando seguimos la espectacular construcción del hospital en Wuhan. A finales de enero recibimos las primeras cajas con material y mascarillas para atender a los pacientes que pudieran estar infectados. Desde principios de marzo comprendimos que la situación se agravaba muy rápido, por lo que limitamos la asistencia de pacientes a las consultas y desarrollamos las teleconsultas; se pospusieron las cirugías y consultas médicas no esenciales y se canceló la atención dental no urgente. Ha habido un largo periodo en el que paradójicamente los hospitales han quedado en calma antes que que llegase el pico de la epidemia», dice Levi, quien también explica las medidas que se tomaron, no solo a nivel organizacional, sino desde el punto de vista estructural: «Cada hospital israelí está construido de tal manera que en 24 horas puede desplegar un hospital de campaña bien equipado, se pueden utilizar en caso de guerra biológica u otro tipo de crisis sanitaria para aumentar su capacidad. También en los aparcamientos de los centros de salud hay marcas en el suelo de líneas telefónicas y de acceso a internet que permiten abrir rápidamente nuevos servicios». Esta forma de anticiparse a lo que pueda venir es quizás una muestra de lo que Rafael Dezcallar, diplomático español que vivió en el estado hebreo entre 1989 y 1992, llama en su obra «Entre el desierto y el mar» el síndrome de la seguridad: «Hasta que llegue la paz, las gentes de esta ciudad [Tel Aviv] grande y próspera seguirán sintiéndose vulnerables y frágiles. Miran el mapa y, a pesar de su fortaleza militar y de sus bombas atómicas ven a Israel como un país muy pequeño en medio de un mar árabe, en el que viven cientos de millones de persona, en su mayoría hostiles». Piedras en el camino No obstante, los buenos resultados que los israelíes han registrado hasta el momento en su lucha contra el coronavirus no implican que haya sido un camino de rosas. Levi califica la situación provocada por la pandemia de «una mala película histórica sobre la epidemia de la gripe de 1918 o la de la peste» y asegura que jamás se había topado con una patología con tanta variedad en el cuadro clínico: «Va desde personas mayores con paperas o diarrea hasta otros pacientes con dificultad respiratoria.. Además, nunca habíamos conocido una patología tan contagiosa». Aunque afirma que lo que más le sorprendió es «la larga duración de la incubación, de varias semanas, lo que hace imposible saber si las medidas tomadas eran las acertadas hasta entre dos semanas y un mes después». Al igual que el resto de la comunidad médica internacional, ella y sus compañeros se han visto obligados a aprender acerca de la Covid-19 a marchas forzadas; también se han enfrentado a momentos de tensión. «Para mí la semana más difícil fue la primera de abril por la cantidad de casos que saturaban los servicios de urgencias, las dificultades para que el personal se quedase en casas de retiro y, sobre todo, el tener que convencer a muchas familias de que tenían que separarse: por un lado, los miembros que habían dado positivo y que eran enviados a hoteles medicalizados y, por otro, los miembros que habían dado negativo; había que evitar la propagación del virus en el seno de la unidad familiar en el periodo de celebración de las fiestas de Pessah, la Pascua judía [conmemoración de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto]». Además, en medio de un contexto incierto en el que la política ha creado inesperadas alianzas -el conservador Benjamin Netnyahu y el centrista Benny Gantz han formado un Gobierno de coalición tras 16 meses de bloqueo político y tres elecciones infructuosas-, el estado se ha tenido que emplear a fondo para vigilar más de cerca a ciertos sectores de la población, que se han mostrado más díscolos a la hora de seguir el confinamiento. La ciudad en que vive Levi con su familia -tiene cinco hijos- es ejemplo de ello: Bnei Brak es una localidad judía ortodoxa de las afueras de Tel-Aviv; de sus 195.000 habitantes, 2500 se infectaron, convirtiéndola en la ciudad más afectada por la enfermedad en el país. El desconocimiento de las medida tomadas por el Gobierno, la invitación de algunas voces fuertes de la comunidad a seguir rezando en sinagogas y escuelas talmúdicas y la celebración de funerales masivos hicieron que las fuerzas del orden tuvieran imponer el confinamiento, lo que desató la indignación de los jaredíes (temerosos de Dios). Levi cuenta que en su ciudad hubo «un dispositivo de urgencia excepcional: una intervención del Ejército a tiempo para establecer un confinamiento militar con una limitación de desplazamiento de cien metros y bloqueos en la entrada de la ciudad. También se desplegó un centro detección accesible para todos, centro de manejo de pacientes ambulatorios y, como en las otras ciudades, el Ejército entregaba materiales médicos y paquetes de alimentos a los pacientes confinados». Lucha desde los laboratorios El ambiente de los barrios y las ciudades ultraortodoxos contrasta con el de Tel Aviv, ciudad improvisada, atestada de terrazas en las que se puede observar el carácter y estilo de vida mediterráneo de sus habitantes, «capital de gay» de Oriente Medio. También contrasta con Haifa, al norte de Tel Aviv, imán para los desarrolladores de startups y centro de innovación tecnológica mundial. En su polo científico se ubica el laboratorio de Bonus BioGroup, que desarrolla un medicamento (MesenCure) para tratar a pacientes de coronavirus y neumonía. Su proyecto tiene unas claras protagonistas: las células mesenquimáticas del tejido conjuntivo (MSCs), con las que la compañía ya tiene experiencia trabajando. Según explica en su nota de prensa, estas células se extraen del tejido adiposo de donantes sanos para someterlas a «una innovadora combinación de condiciones químicas, biológicas y físicas» y aumentar así su eficacia terapéutica. Se introducen en el cuerpo del paciente por vía intravenosa y ellas, activadas, se encargan de «alcanzar los pulmones y reducir su inflamación, regenerar los tejidos pulmonares deteriorados y mejorar la respiración y otros síntomas». Liad Vaknin, portavoz de la empresa, explica que «alrededor de 35 personas» trabajan en el proyecto y que lo hacen más rápido de lo normal, debido a la urgencia de la crisis: «Normalmente, el desarrollo de este tipo de medicinas dura entre tres y cuatro años. En las circunstancias actuales y con la aceleración del proceso, basado en tecnologías ya desarrolladas por la compañía, además de nuestra vasta experiencia en este campo y nuestra capacidad de fabricación, la empresa planea tratar a pacientes en seis meses», momento en que se espera que el fármaco ya esté disponible en hospitales y farmacias. Vislumbrando el día en el el producto salga al mercado, Liad afirma que, «sin duda», él y el resto del equipo sentirán «una gran satisfacción y un sentimiento de plenitud»: «Después de todo, la biotecnología no es una alta tecnología. La mayoría de nosotros podríamos haber ganado más dinero probablemente si hubiéramos elegido una profesión relacionada con las altas tecnologías. Sin embargo, escogimos la biotecnología para ayudar a quienes lo necesitan y mejorar las condiciones humanas. ¿Y que mejor oportunidad que esta?». Un mundo cambiante De lo que nadie duda ya es de que la crisis del coronavirus cambiará, si no lo ha hecho ya, algunas de nuestras costumbres y formas de ver la vida. «Como el mundo del trabajo, el de la medicina también se ha pasado al universo de los vídeos. En mi centro de salud, el Mehuredet, hemos tenido un aumento de las teleconsultas por teléfono y, especialmente, por vídeo. Creo que esto va a modificar completamente el comportamiento del paciente hacia su médico», expresa Levi. También hay voces que van más allá y hablan de cambios en el Nuevo Orden Mundial y del ascenso de los nacionalismos. Gadi Taub, historiador y columnista en el diario Haaretz, es un firme defensor de ello. Considera que las instituciones internacionales han fallado, lo que hará que la gente recurra instintivamente al estado nación, «que los internacionalistas han estado interpretando como villano desde el final de la Segunda Guerra Mundial». Según su parecer, hay dos razones: «la solidaridad que solo las sociedades nacionales pueden evocar entre sus ciudadanos (?), algo que no logran marcos más grandes como "Humanidad" o "Europa" , y la democracia», ya que, explica, «hasta ahora, los estados nacionales han demostrado ser el vehículo más efectivo para que las personas ejerzan control sobre su destino común». El historiador opina que es más fácil alcanzar la libertad en una «familia de naciones libres e independientes» que en una «Humanidad uniforme bajo una única élite». Para ilustrar su posición, que choca de plano con la de los internacionalistas, utiliza como metáfora los videos de seguridad que ponen en los aviones de pasajeros antes de despegar, que dicen «cuando viaje con una persona que necesita ayuda, primero póngase su propia máscara de oxígeno..», porque «está claro que, de lo contrario, reduciría su capacidad de ayudar a los otros. Si queremos someter esta enfermedad y salir de la crisis en forma razonable, es mejor que esperemos que Donald Trump, por poner un ejemplo, se ocupe primero de la economía de Estados Unidos. A menos, por supuesto, que Europa se contente con ver que el próximo plan Marshall provenga de China». También piensa que los datos registrados por Israel en su lucha contra el coronavirus no son casualidad, ya que «en comparación con Europa, ha batallado contra la crisis sanitaria» y ha salido más airosa. «Israel tiene una cultura ruidosa de desacuerdo, un desprecio por el orden y un número desproporcionado de individualistas inconformistas. Aunque los israelíes no son reacios ?per se? a establecer reglas, todos se inclinan a verse a sí mismos como la excepción. Aun así, la sociedad israelí ha conservado un fuerte sentido instintivo de solidaridad. Y esto puede explicar, al menos en parte, nuestro relativo éxito en el manejo de la crisis: cuando una sociedad está vinculada por la solidaridad, puede exigir a las personas que tengan precaución no solo para protegerse, sino también para proteger a los demás», expone. Y compara: «La UE no ha podido producir tales lazos de lealtad mutua. Y esta es la razón por la cual sus diversos estados miembros no tardaron mucho en volver a cerrar sus fronteras nacionales».
1
...