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Noticias de inmigracion

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump retoma la guerra contra el aparato republicano tras romper con Bannon
El bloque antiestablishment se resquebraja. El frente monolítico que irrumpió en escena en 2016 para aupar a Donald Trump desde un nuevo nacionalismo populista para Estados Unidos, primero al liderazgo republicano y después a la Casa Blanca, muestra grietas de difícil reparación. La caída en desgracia del padre intelectual del trumpismo, Steve Bannon, es un mal síntoma para un movimiento que aún aspira a asaltar, refundar y despojar de sus esencias al Partido Republicano. También para el propio Trump, por mucho que ahora niegue abiertamente la trascendencia de quien alimentó decisivamente su discurso ganador. Mientras su entorno reduce los daños del choque a la mínima expresión, minusvalorando el rol de su enemigo, los valedores del frente populista, donantes y comunicadores, ya han respondido al mensaje presidencial expresado así por uno de sus asesores: «O Bannon o yo». Quienes tienen que elegir ya lo han hecho: se quedan con el ocupante del Despacho Oval. En cuestión de días, la publicación de «Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump», del controvertido periodista Michael Wolff, ha diluido como un azucarillo la poderosa influencia de Steve Bannon en los ruidosos movimientos tácticos de su líder. El asesor que susurraba a Trump, incluso después de ser desalojado de una Casa Blanca en llamas, intenta recomponer una relación hecha añicos por su desprecio a los familiares del presidente, expresada en múltiples comentarios recogidos en el que ya es el libro del mandato. Pero las alabanzas a su hijo, Donald Trump Jr, en su primer mensaje reconciliador, no parecen suficientes. El primer valedor del intrigante Bannon, la multimillonaria familia Mercer, soporte de «Breitbart News», impulsor del movimiento trumpista, se ha desmarcado de él abiertamente. Incluso alimentando ruidos de sables que podrían apartar a Bannon de la dirección del digital, donde posee la cuarta parte del capital. El entorno de la Casa Blanca, con muchas afrentas pendientes, hace leña del árbol caído. Bannon ya no es nadie, se esfuerza en transmitir. El establishment republicano respira, tras la anunciada guerra por el poder interno de su principal enemigo. La tregua no será fácil. Trump continuará amenazando su existencia. Seguirá siendo necesario un entendimiento a la fuerza. Pero la ruptura del presidente con el hacedor de una estrategia expresamente diseñada para descabezar el partido, otorga tiempo al oficialismo. Con la vista puesta en un año decisivo para revalidar o perder el amplio poder que acumula, el mayor en décadas, Trump reunió este fin de semana al núcleo duro republicano. Los hombres clave de su Administración y los líderes conservadores en el Congreso, Paul Ryan y Mitch McConnell, todos condenados a comulgar con la agenda del presidente los próximos diez meses, ante el gran reto electoral del «midterm» (elecciones legislativas de mitad de mandato). Trump y los republicanos han salvado el primer año a trompicones. La aprobación de la rebaja fiscal en fechas navideñas enderezó el barco a la deriva de una Administración que hacía aguas. Pero resulta aún poco bagaje para presentarse ante los electores. El plan de infraestructuras planteado por la Casa Blanca, con una inversión de un billón de dólares para revitalizar los transportes y los servicios de un país necesitado, se presenta como la segunda gran baza republicana. Una olla a presión Mientras el ejecutivo y los jefes del legislativo estudian cómo abordar el nuevo impulso, la cocina del partido sigue siendo una olla a presión. El candidato outsider que derrotó uno a uno a dieciséis aspirantes en las primarias de 2016 mantiene su intención de plantear opas, siempre hostiles, en el proceso de elección de candidatos. Especialmente en aquellos estados donde Trump pretende mantener un discurso de inconfundible marca propia. Perfiles populistas frente a quienes representan la más fiel tradición republicana. Valedores de su radical discurso antiinmigración, de la defensa del muro en la frontera con México y de la creación de empleo «sólo para americanos», frente al moderado discurso conservador. La ausencia de Bannon puede entorpecer su estrategia, pero no su decidida batalla, que opera desde la poderosa Casa Blanca. Y ya ha logrado su primer objetivo, Arizona, estado vecino del país del sur y donde la inmigración es el eje de todo su discurso político. La presión del presidente sobre quien estaba llamado a repetir como candidato del establishment ha surtido efecto. El senador Jeff Flake proclamó su renuncia después de que el presidente denunciara repetidas veces en Twitter la «debilidad» de su discurso. En su lugar, promocionó a Kelli Ward, conocida por su agresivo mensaje antiestablishment y en favor de la construcción del muro. La familia Mercer financiará también las aspiraciones de Ward y del trumpismo en el estado sureño. El presidente también ha roto las hostilidades en Tennessee. Bob Corker, uno de sus grandes enemigos y fiel representante de la fiel guardia republicana en el Senado, sucumbió a sus presiones. Otra más de las víctimas que Trump pretende acumular en su camino. Jaque al libre comercio y a la moderación con los inmigrantes Trump no ha vaciado aún el Partido Republicano de sus esencias ideológicas, pero la amenaza no puede ser más real. La ruptura de los grandes acuerdos comerciales de ámbito internacional, plasmada con el TransPacífico y que pende sobre el TLC (con Canadá y México), es la cara más visible del asalto a la naturaleza de un partido favorable a la economía de mercado. Buena parte del reaganismo no puede estar más en entredicho, pese a que Trump presuma de una bajada de impuestos similar a la del expresidente republicano. Un proteccionismo que el actual inquilino de la Casa Blanca vincula con el cierre de fronteras a la inmigración. Es el hilo conductor que conecta al populismo nacionalista: la atribución de culpas al extranjero. El simplismo de Trump, que promete empleos sólo para los americanos, choca la complejidad de las decisiones de sus antecesores, fueran Reagan o Bush, quienes abrieron la puerta a la inmigración con idéntica naturalidad que sus rivales demócratas.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Ultimátum de Trump para salvar a los «dreamers» a cambio del muro
Más de 800.000 inmigrantes al borde de la deportación, miles de millones de gasto e inversión paralizados y el Gobierno federal a un paso del cierre. Es la situación límite que afrontan la Casa Blanca y el Congreso casi un año después de que el presidente outsider se estrenara en el Despacho Oval. Existen precedentes del bloqueo que pende sobre millones de nóminas públicas y los servicios de los estadounidenses, a menudo víctimas de la creciente polarización política, pero no de la construcción de un largo muro en la frontera con México como primera fuente de discordia. A diez días de que las arcas nacionales se queden sin fondos, prorrogados provisionalmente hasta el 19 de enero, Donald Trump tensó este martes la cuerda en su empeño de endurecer la política de inmigración: «Pongan el país por delante del partido». El mensaje a una veintena de congresistas sonó al ultimátum del presidente que no va a renunciar al reclamo que le conectó con sus millones de fieles, al símbolo del cierre de fronteras que Trump ha convertido en la naturaleza de ser de su mandato. Lejos de aclararse, la solución al «tres en raya» planteado por la Casa Blanca se complica más cada día. La alambicada negociación en marcha debe situar tres variables en línea, en apariencia muy lejanas: una cuantiosa partida económica para el muro, que los demócratas rechazan de plano; una solución definitiva consensuada por el Congreso para legalizar la situación de los 800.000 «dreamers» (hijos de indocumentados llegados a Estados Unidos como menores), que Trump sólo ratificará si se da el primer supuesto, y un entendimiento entre republicanos y demócratas para que al menos sesenta de los cien senadores aprueben la ley presupuestaria, el paraguas financiero. Todos vasos comunicantes de una gran probeta a punto de estallar. Contra las drogas y la delincuencia El ocupante del Despacho Oval lanzó su último órdago antiinmigración cuando la semana pasada presentó al Congreso sus líneas rojas para que los afectados por el fin del programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), que él mismo suspendió en septiembre, pudieran quedarse en Estados Unidos. Muchas alusiones a la restricción de visados y de entrada de familiares, pero, en esencia, el muro. Este mismo martes mismo, martilleó el mismo clavo con un discurso tan nítido como amenazante: «La solución a los dreamers debería ser una ley de amor, pero Estados Unidos necesita asegurar sus fronteras para cerrar el acceso al tráfico de drogas y la delincuencia». Los legisladores han asumido la patata caliente de alcanzar en seis meses un acuerdo, pero es el presidente quien debe avalar con su firma el nuevo estatus legal de los «dreamers», 15.000 de los cuales ya están en situación ilegal. Antes de que en marzo todos los jóvenes inmigrantes queden desprotegidos, republicanos y demócratas deberán consensuar la nueva norma. Pero las dificultades son máximas. Los demócratas, en su gran mayoría, asumen como prioridad máxima una medida que les congratula con su electorado. Entre los republicanos, en cambio, hay división de opiniones, aunque su dirección siga mostrando mayor comprensión hacia los «dreamers» que el presidente al que sustentan. Algunos cuestionan el coste añadido de 2.600 millones de dólares que, según la Oficina de Control Presupuestario del Congreso, deberán asumir las arcas federales en los próximos diez años. Claro que la cantidad es menor en comparación con los 18.000 millones que Trump ha reclamado para la construcción de 1.100 kilómetros de muro, en idéntico plazo de tiempo. Un desembolso que muchos republicanos tampoco están dispuestos a asumir, mientras la desbocada deuda pública nacional supera con creces los 20 billones de dólares. La acumulación de obstáculos convierte la aprobación de la ley presupuestaria en un rompecabezas. El Senado, que debe dar el último visto bueno a la norma, reparte hoy 51 y 49 miembros entre republicanos y demócratas. Pero en este caso no valen lecturas partidistas. Como en todas las votaciones presupuestarias, la mayoría reforzada hace necesario un pacto entre muchos senadores de ambos partidos. Y no sólo Trump tiene capacidad de presión. Los demócratas, como grupo minoritario, pueden echar mano del llamado filibusterismo parlamentario, un recurso para bloquear a la mayoría republicana que el propio reglamento de la Cámara Alta prevé. Mientras se busca el acuerdo, la cuenta atrás no se detiene.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El sur se une para revitalizar la UE e impulsar las consultas ciudadanas
Los países del sur de la Unión Europea se reunieron este miércoles en Roma, en un formato de cumbre que se ha consolidado y que les da una voz única y más fuerte en el debate europeo. Les une su mismo interés en la política migratoria, al ser frontera sur y puerta de entrada de miles de inmigrantes ilegales, pero también su deseo de avanzar hacia más y mejor Europa, y lograr por fin un acercamiento de las instituciones a los ciudadanos, con una mayor participación de la gente. «Los siete somos europeístas», advirtió el anfitrión, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, en la primera intervención, Ahí dejó sentado que el único afán de este grupo, que no «bloque ni frente», es liderar el avance decidido de la Unión hacia una mayor integración, en la encrucijada originada por la crisis y el Brexit. El grupo del sur tiene un líder cada vez más evidente, el francés Emmanuel Macron. El horario de la cumbre se adaptó a su regreso del viaje a China, que acabó con un toque de atención a toda Europa para que actúe realmente como una potencia en el mundo. En la declaración de Roma se plasmó ese deseo, al defender una UE «más soberana, social y democrática, que pueda ser líder en el mundo». La cumbre de Roma es la continuación de las anteriores de Atenas, Lisboa y Madrid, y tendrá su continuación a mediados de marzo en Chipre. Gentiloni recibió en Villa Madama, un palacio del siglo XVI situado en el monte Mario de Roma, a Mariano Rajoy, Emmanuel Macron, Antonio Costa (Portugal), Nicos Anastasiades (Chipre), Josep Muscat (Malta) y Alexis Tsipras (Grecia). Tras una sesión de trabajo, en la sala Giulio Romano, los siete compartieron una declaración pública y una cena de trabajo, en el salón D?angolo. Los siete países del sur coincidieron en que su afán no es marcar distancias con el resto de la UE, sino plantear propuestas para avanzar a la velocidad que todos ellos desean, y que permita revitalizar el proyecto europeo y acercarlo a los ciudadanos. «Nuestro objetivo es aportar un valor añadido al proceso europeo y defender una posición común», explicó Rajoy. Sin duda, el problema que más les une a todos es el de los flujos de inmigración irregular. Los siete pidieron a la UE un refuerzo en el control de las fronteras exteriores, a menudo coladero para las mafias, y más recursos para ayudar al continente africano, y frenar en el origen los flujos migratorios. «Las fronteras deben ser reconocidas y compartidas por la Unión Europea», afirman en la declaración conjunta. Piden, además, que la Unión redoble «su lucha contra la trata de personas y las nuevas formas de esclavitud». Los siete socios del sur apoyan «firmemente» una política de migración europea común, que tenga como objetivo evitar flujos irregulares y aborde las causas fundamentales de la migración masiva «en el diálogo y la cooperación con los países de origen y de tránsito». Esta es una idea sobre la que el Gobierno de España presume de su autoría y que ha exportado al resto del continente desde su experiencia. Más democracia El presidente francés se mostró especialmente interesado en la idea de avanzar hacia una Europa «más democrática». «Necesitamos más Europa y revitalizarla», aseguró. En concreto, defiende las «consultas ciudadanas», como una forma de impulsar la UE y acercarla a los ciudadanos, para que participen más y estén más próximos a las instituciones. El resto de los socios asumió esta idea. Entre ellos, Rajoy, quien se mostró a favor de las consultas y de una Europa con mucha más participación ciudadana. Se pusieron fecha para que esta propuesta se haga realidad: la próxima primavera. Con ese mismo «espíritu», otra idea que está germinando es la de establecer una circunscripción electoral única para el Parlamento Europeo, y la creación de listas transnacionales. La retirada británica de la Unión Europea y el futuro de sus 73 escaños en la Eurocámara han dado vida a este debate. «Podría ser una manera de reforzar la dimensión democrática de la Unión», afirman en la declaración final de la cumbre de Roma. Fin de la crisis La situación económica ocupó parte de la agenda. «2018 será un año determinante para dar por concluida la crisis en Europa», aseguró el primer ministro griego, Alexis Tsipras. Advirtió, no obstante, de que la UE debe evitar a toda costa cometer los mismos errores y repetir «las políticas equivocadas». En realidad, todos asumieron que la peor crisis en décadas forma parte ya del pasado y la UE debe aprovechar la nueva etapa para reformarse. El presidente Rajoy hizo su propia advertencia. Aseguró que el «gran objetivo» de la UE debe ser el crecimiento económico y la creación de empleo, y para ello instó a «perseverar en las políticas reformistas» para no retroceder en el camino.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Macrooperación en 98 locales de 7-Eleven de EE.UU. en busca de inmigrantes ilegales
Agentes de la autoridad de inmigración y aduanas de Estados Unidos (ICE) han realizado este miércoles en casi un centenar de establecimientos de la cadena 7-Eleven de todo el país una amplia redada en busca de trabajadores extranjeros en situación irregular. En la operación, la mayor de este tipo en lo que va del mandato de Donald Trump, se han realizado 21 detenciones. En concreto, los agentes han aparecido antes del amanecer en 98 locales de 18 estados y el Distrito de Columbia, en los que han interrogado a trabajadores y entregado notificaciones de inspección, informan medios estadounidenses. «Se aplicará la ley» Según el propio ICE, la operación supone un aviso para otras compañías que puedan contar en su plantilla con trabajadores no autorizados. «Las acciones de hoy envían un potente mensaje a los negocios de EE.UU. que contratan y emplean a trabajadores ilegales: el ICE aplicará la lay, y si se descubre que usted incumple la ley, se le responsabilizará por ello», ha señalado en una declaración Thomas D. Homan, el principal funcionario de la agencia. «Los negocios que contratan a tarbajadores ilegales ejercen un efecto llamada para la inmigración ilegal y nosotros estamos trabajando duro para erradicar ese imán», continúa Homan. En este sentido, asegura que la autoridad de inmigración y aduanas continuará sus esfuerzos para proteger a los empleos de los trabajadores estadounidenses, al eliminar las ventajas de la competencia desleal de las compañías que explotan la inmigración ilegal». La operación deriva de la ampliación de una investigación que arrancó con un caso de hace cuatro años contra una franquiciada de Long Island, en el estado de Nueva York. Se produce al día siguiente de que un juez estadounidense haya bloqueado la derogación del programa Consideración de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), que protege de la deportación a cerca de 800.000 personas de entre 15 y 36 años que llegaron al país siendo niños, anunciada por Donald Trump en septiembre de 2017. El presidente estadounidense ha reaccionado tachando de «injusto» el sistema judicial del país.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Schulz señala Europa como la clave para cerrar la negociación con Merkel
El personal de la Casa Willy Brandt, la sede central del Partido Socialdemócrata (SPD) en Berlín, se afana este jueves en la preparación de termos de café. Los negociadores arrancan esta última sesión de sondeo preparados para otra maratón y tratando de comunicar optimismo sobre un posible acuerdo para la formación de una nueva Gran Coalición de gobierno. «Hemos avanzado mucho en estas jornadas, pero todavía tenemos varias piedras en el camino», ha dicho la canciller Merkel a su entrada, «la CDU va a participar con espíritu constructivo, pero naturalmente tenemos también en visión que debemos hacer la política correcta para nuestro país y que hoy será un día muy largo». Martin Schulz, por su parte, ha sido bastante más explícito y ha subrayado, antes de sentarse a la mesa de negociación, que «estamos necesitando más Europa, no menos» y que «necesitamos un resurgimiento y una renovación de Europa», en referencia al proyecto del gobierno francés para la reforma de la Unión. «El presidente francés ha hecho una serie de propuestas para la renovación y el fortalecimiento de la UE que hasta ahora no han recibido una respuesta de Alemania», ha agregado, señalando que la negociación depende de que la CDU de una señal lo suficientemente clara en esa dirección y ha mostrado esperanza de lograrlo a lo largo de esta última jornada. Activistas de la organización Avaaz, con una máscara de Emmanuel Macron y una pancarta que reza «Hacer grande Europa otra vez», a imitación del lema de Donald Trump sobre EE.UU. - Afp En el partido de Merkel, sin embargo, hay escepticismo frente a parte de las propuestas de Macron, sobre todo en lo referente a la creación del cargo de ministro de Finanzas europeo. Y los socialcristianos de Baviera llevan meses alineados con los líderes de Visegrado, que siguen las consignas del húngaro Viktor Orban en dirección a una «Europa de las naciones fuertes». La novedad de esta negociación es que por primera vez se plantea la posibilidad de una gran coalición sin lastre de deuda y sin urgentes problemas económicos que resolver, lo que deja espacio para la política. Sobre la mesa hay ya más del doble de dinero de lo que hubiese costado la fallida «coalición Jamaica», que Merkel trató de negociar anteriormente con verles y liberales. Preacuerdos por valor de 100.000 millones Los preacuerdos a los que ha llegado con los socialdemócratas del SPD, todavía en borrador, suman unos 100.000 millones de euros hasta 2021, a la espera de cerrar todavía un proyecto común sobre inmigración y refugiados. Uno de los preacuerdos más firmemente anclados versa sobre cómo atar más corto a la industria del automóvil, así como la implementación de programas para impulsar la incorporación al mercado laboral alemán de extranjeros cualificados. De momento, también hay consenso para que el futuro gobierno disponga de un margen de maniobra de cerca de 45.000 millones de euros para rebajas fiscales, apoyo a las familias y construcción de vivienda. El monto de ingresos a partir del cual se paga la tarifa impositiva máxima del 42%, pasaría de los actuales 54.000 euros anuales a 60.000 euros. El SPD quiere flanquear además esa medida con un aumento de la tarifa impositiva máxima para los ingresos superiores a 76.000 euros anuales, que negociará en una fase posterior del proceso. La propuesta de reagrupación familiar para los refugiados presentada por el SPD y que limitaría el ingreso a 40.000 personas por año, queda supeditada también a la respuesta europea, de modo que Europa queda convertida en la clave de bóveda de la negociación y en la justificación final que Schulz necesita para que las bases de su partido aprueben el acuerdo. El plan de los partidos es que este jueves se cierren las conversaciones previas, en caso ideal con un documento común que mañana deberá ser analizado por las cúpulas respectivas.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump ve «improbable» que se entreviste con el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller
El presidente de EEUU, Donald Trump, evitó este miércoles aclarar si permitirá que le interrogue el fiscal especial que investiga la trama rusa, Robert Mueller, y aumentó la incertidumbre para los «soñadores» al confirmar que no aceptará ninguna ley sobre su situación que no incluya fondos para el muro. «Veremos lo que ocurre», dijo Trump al ser preguntado sobre si estaría dispuesto a que le interrogue Mueller, durante una conferencia de prensa con la primera ministra de Noruega, Erna Solberg, en la Casa Blanca. El presidente afirmó que, como «no hay conspiración» entre su campaña electoral de 2016 y el Gobierno ruso porque «nadie la ha encontrado en ningún nivel» hasta ahora, «parece improbable que haya una entrevista» de los investigadores con él. Pese a la insistencia de un periodista, Trump evitó comprometerse a reunirse con Mueller si éste lo solicita, lo que supone una marcha atrás con respecto a su promesa del pasado mes de junio, cuando dijo que estaría «cien por cien» dispuesto a proporcionar un testimonio jurado al fiscal especial. Según medios estadounidenses, Mueller planteó la posibilidad de interrogar a Trump durante una reunión a finales de diciembre con los abogados del presidente, y éstos están conversando sobre el formato que tendría esa posible entrevista. Hasta el momento, la investigación de Mueller ha desembocado en la presentación de cargos contra cuatro personas relacionadas con Trump, pero el presidente ha asegurado que tiene garantías de que él mismo no está siendo investigado en lo que calificó como una «caza de brujas». «No hubo absolutamente ninguna conspiración», insistió Trump este miércoles. «Durante once meses han tenido esa falsa nube suspendida sobre esta Administración, sobre nuestro gobierno. Y ha dañado a nuestro gobierno», añadió. El futuro de los cientos de miles de «soñadores» En la misma conferencia de prensa, Trump aclaró su posición en las negociaciones con el Congreso para reemplazar con una ley el plan DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), que protege de la deportación a unos 690.000 jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños, apodados «soñadores». El presidente anunció en septiembre pasado el fin de DACA, y dio al Congreso hasta el próximo 5 de marzo para solucionar la situación de los «soñadores», pero la Casa Blanca ha condicionado esa medida a la aprobación de varias prioridades de Trump, como un refuerzo de la seguridad fronteriza y cambios en el sistema de inmigración legal. Este martes, al recibir en la Casa Blanca a una veintena de legisladores para hablar del tema, Trump fue algo ambiguo sobre su postura, dado que aseguró que aceptaría cualquier acuerdo que le presentaran los negociadores del Congreso. Pero, al ser preguntado si aceptaría un acuerdo que no incluyera fondos para el muro, Trump fue tajante: «No, tiene que incluir el muro». «Necesitamos el muro para tener seguridad. Creo realmente que (los legisladores) van a conseguir una solución al problema de DACA. Cualquier solución tiene que incluir el muro, porque sin el muro no funcionará», agregó el presidente. Esa posición de Trump, que ha pedido al Congreso 18.000 millones de dólares durante una década para construir el muro, dificulta la negociación con los demócratas, que consideran inaceptable ese proyecto e insisten en que su único objetivo sigue siendo reemplazar DACA. En su reunión con la primera ministra Solberg, Trump habló sobre comercio y seguridad, y le pidió aumentar la contribución de Noruega a la OTAN hasta el 2 por ciento del producto interior bruto (PIB) del país. El Acuerdo del Clima de París Por su parte, Solberg defendió los beneficios de la «economía verde», como los automóviles eléctricos fabricados por la estadounidense Tesla que importa cada vez más Noruega, y destacó el compromiso de su país con el Acuerdo de París sobre el clima. Trump, mientras, reivindicó su decisión de abandonar ese pacto global contra el cambio climático, aunque reiteró que podría regresar a él «posiblemente» si se hacen ciertos cambios, algo a lo que la comunidad internacional no parece estar dispuesta.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Merkel apura 24 horas consecutivas de negociación
En la gran coalición alemana, el partido que se lleve el gato al agua lo hará por una cuestión de resistencia física. Merkel lleva casi 24 horas consecutivas negociando con los socialdemócratas, toda una noche después de que, a las doce, terminase en teoría el plazo que los potenciales socios se habían dado a sí mismos para llegar a un acuerdo. Ni consiguen cerrar el trato ni tiran la toalla. «Hay minipasos», dicen fuentes de la Casa Willy Brandt, la sede del Partido Socialdemócrata (SPD), todavía obligadas al silencio impuesto sobre el contenido de las conversaciones. Las últimas dificultades surgían anoche en materia de impuestos. Ya había quedado cerrado el preacuerdo sobre la respuesta que Alemania dará en Bruselas al plan de Macron para reformar Europa, cuyos detalles no habían sido todavía hechos públicos pero respondiendo a la premisa expresada por el presidente del SPD, Martin Schulz: «los países miembros necesitan más Europa, no menos, una renovación de Europa». Después, a primera hora de la tarde, entraron en detalle en materia de impuestos y de inmigración para, llegado un momento, dejar a los técnicos cerrando cuestiones técnicas y trasladarse Merkel, Schulz y el líder de los socialcristianos bávaros, Horst Seehofer, al despacho del presidente de los socialdemócratas. Allí, ellos tres solos, trataron una serie de puntos de forma confidencial. Seguramente se trataba de un boceto de la formación del nuevo gobierno con nombres y apellidos en cada cartera. A ellos se sumaron posteriormente los jefes de los grupos parlamentarios de los partidos, para acordar un punto más, extremadamente importante: posición y tono parlamentario común respecto al partido populista y anti europeo Alternativa para Alemania (AfD). Los tres líderes de los tres partidos negociaban bajo una intensa presión. El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, había insistido a media mañana en la obligación de los implicados en lograr la formación de gobierno y las carreras políticas de los cabezas de partido, o lo que queda de ellas, dependía directamente de terminar la jornada con éxito. En este contexto, la necesidad de que no se filtrase el contenido del borrador de acuerdo mientras continuaba la negociación llevó incluso a retirar los teléfonos móviles de los 39 negociadores para garantizar el secreto hasta finalizar. Aun así algunas líneas del preacuerdo iban trascendiendo. Además de la renuncia a los objetivos de reducción de emisiones de gases tóxicos a los que Alemania se había comprometido hasta 2020, se sabía que se han pactado las bases para una reforma de inmigración que de prioridades a trabajadores cualificados, aunque la ley no ha sido todavía bautizada porque la CDU de Merkel insiste en que no aparezca la palabra «inmigrantes» sino «trabajadores». Bastante más fácil de acordar ha sido un compromiso para extender a todo el territorio alemán la banda ancha, con plazo hasta 2025, gracias al dinero que fluirá de la adjudicación de licencias IMTS y 5G, en las que quedan varios puntos que han de ser acordados una vez arranquen las negociaciones oficiales. Porque recordemos que lo que hemos visto hasta ahora eran solo los sondeos, en los que se ha hablado también de asuntos tan variados como la reducción del uso del polémico glifosato o un gran programa de inversión en construcción de vivienda y remodelación de sedes de colegios. Y todos estos acuerdos siguen sujetos a la frase que más se ha repetido durante las negociaciones: nada está totalmente pactado hasta que todo esté totalmente pactado.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump, repudiado por llamar «países de mierda» a los que envían inmigrantes
La vuelta a escena del Trump más agresivo y vulgar ha desencadenado otra tormenta política. Es la constatación de que el «outsider» que desembarcó en el Washington más políticamente correcto nunca va a adaptarse a la presidencia, sino que la presidencia tendrá que adaptarse a él. La expresión de Michael Wolff, el exitoso autor del terremoto editorial de la temporada, «Furia y Fuego: En la Casa Blanca de Trump», adquirió todo su sentido al conocerse que el ocupante del Despacho Oval había despreciado como «países de mierda» a aquellas naciones pobres que llaman a la puerta de Estados Unidos para la acogida de víctimas de catástrofes naturales. Un acalorado comentario en una reunión con congresistas para debatir la política de inmigración. Y un «déjà vu» de la escena con la que el controvertido magnate irrumpió en 2015 en la precampaña presidencial comparando a los mexicanos con «violadores y drogadictos». Ni un año de estancia entre paredes presidenciales ha amansado a la fiera, de nuevo rechazada con unanimidad. Republicanos y demócratas coincidieron en las duras críticas con los gobiernos de los países aludidos, Haití, El Salvador y algunas naciones africanas, que exigieron a Trump aclaraciones por su «racismo». Desmentido con la boca pequeña El desmentido con la boca pequeña del presidente y el comunicado oficial de la Casa Blanca, que no aludía a la cita, apenas calmaron los ánimos. Tampoco, que Trump firmara este viernes la declaración oficial del Día de Martin Luther King, festividad que celebra este lunes un país atónito por el trepidante tránsito de un presidente negro a otro enemigo de las minorías. Durante el simbólico acto, la insistente pregunta sin respuesta de varios periodistas tronó con estrépito: «Presidente, ¿es usted racista?». Aunque asumió haber sido «duro en el lenguaje», el aludido negó que pronunciara la expresión desvelada por The Washington Post, que citaba distintas fuentes presentes en la reunión. Ante una veintena de legisladores, en medio de un largo discurso que apelaba a un acuerdo en el Congreso, Trump se habría preguntado: «¿Por qué necesitamos a tantos haitianos?». Después, siempre en cerrada defensa de un endurecimiento en la política de inmigración, concluía: «Échenlos». Para culminar su aserto con una severa pregunta: «¿Por qué querríamos nosotros a toda esa gente de países que son pozos de mierda?». El senador demócrata Dick Durbin, testigo del encuentro, se apresuró a confirmar la exactitud de sus palabras. Para probarlo, relató que el senador republicano Lindsey Graham le había afeado al presidente su expresión. La supuesta alusión de Trump venía a justificar su reciente decisión de cancelar progresivamente todos los acuerdos temporales de acogida de inmigrantes, los llamados TPS. Primero, el de Haití, que deja a la intemperie a 45.000 acogidos tras sus terremotos. Hace unos días, el de El Salvador, que obliga a 200.000 personas a abandonar el país, también en año y medio. Además de un debate periodístico en los medios sobre la idoneidad de repetir al público expresiones tan soeces, incluso aunque procedan del hombre más poderoso de la nación, las afirmaciones de Trump han abierto un nuevo frente de choques diplomáticos. El Gobierno de El Salvador, a través de su cancillería, exigía «aclaraciones» al Departamento de Estado, mientras las portadas de algunos periódicos protestaban por el «insulto». El Ejecutivo de Haití tildaba el comentario de «racista» y defendía su país con «orgullo». Entre los países africanos englobados en el grupo de emisores de inmigrantes, el Gobierno de Botsuana requirió al embajador estadounidense para preguntarle que aclarara si «está incluido entre los países de mierda». Dimite un embajador En Estados Unidos, como en una catarata de reacciones monotemáticas, el mismo «establishment» que sucumbió a su empuje electoral volvió a lanzar todas sus críticas contra el presidente más polémico en décadas. Para el líder de la mayoría republicana, Paul Ryan, los comentarios son «desafortunados y poco útiles». Es sintomático que la dirección del partido asumiera que Trump pronunció esas palabras, pese a que sus senadores dijeran no recordar si las pronunció o no. La afirmación de Ryan tenía lugar minutos después de que el embajador de Estados Unidos en Panamá, John Feeley, anunciara su renuncia a «seguir sirviendo en una Administración como ésta, por una cuestión de principios».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El fundador y director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, y su mujer, la novelista MacKenzie Bezos, donarán 33 millones de dólares para financiar la educación universitaria de mil «dreamers» en EE.UU., según ha informado la organización que provee estas ayudas. El donativo de Bezos, el hombre más rico del mundo, es la mayor contribución que TheDream.US, un grupo sin ánimo de lucro que costea estudios universitarios de los «dreamers», ha recibido desde que se fundó en 2013. Un millar de indocumentados que se graduaron en la escuela siendo beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) recibirán una ayuda de 33.000 dólares para acceder a la universidad. Bezos es el fundador y presidente de Amazon y el propietario del periódico The Washington Post y, según varios medios estadounidenses, se convirtió recientemente en el hombre más rico de la historia, con una fortuna que supera los 104.000 millones de dólares. «Mi padre (en referencia a su padrastro, el cubano Miguel Bezos) aterrizó en este país solo, sin hablar inglés. Con mucha determinación y la ayuda de algunas organizaciones de Delaware se convirtió en un ciudadano sobresaliente y continúa devolviendo lo que el país le bendijo en tantos sentidos», ha afirmado Bezos en un comunicado. Los cerca de 800.000 «dreamers» que en 2012 recibieron el amparo migratorio que les ofreció el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, enfrentan ahora la incertidumbre del cierre de este programa por parte del actual mandatario, Donald Trump, el próximo 5 de marzo. Trump y los congresistas debaten estos días una ley que dé estatus migratorio permanente a estos jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños a cambio de medidas y fondos para aumentar la lucha contra la inmigración ilegal y la seguridad fronteriza, incluido el polémico muro en la frontera con México. Anoche, senadores republicanos y demócratas llegaron a un principio de acuerdo para proteger a los «dreamers», de la deportación, así como sobre otras medidas migratorias y de seguridad fronteriza, que aún debe recibir el visto bueno del presidente, Donald Trump y del Congreso. Un total de 2.850 jóvenes cursan actualmente estudios superiores bajo el programa de TheDream.US, que tiene convenios con 70 universidades de bajo coste en 15 estados de EE.UU.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Por evitar males mayores
Otra vez habrá, salvo sorpresa de última hora, una Gran Coalición en el gobierno de Alemania. Otra vez vuelve lo que, antes y después de las elecciones del 24 de septiembre, se descartó con rotundidad en los dos grandes partidos, el democristiano CDU/CSU y el socialdemócrata SPD. Es difícil recordar una alianza más forzada y desde un principio menos apetecida, menos ilusionante, menos prometedora. Se unen los que no se quieren unir, porque no hay más remedio, con unos líderes cuyas carreras agonizan -Angela Merkel, Martin Schulz- y bajo el lema con el que titulaba ayer tarde el diario «Sueddeutsche Zeitung»: «Todo lo demás sería peor». En realidad, todo está dominado por un partido ausente de estas negociaciones como de las anteriores. La Gran Coalición, su programa inicial -sin subida de impuestos y con topes a la inmigración-, la angustia por lograr un acuerdo sin aliciente alguno y el miedo cerval a unas elecciones, todo se debe a la radical novedad que produjeron las elecciones de septiembre: la irrupción en el Bundestag con 93 escaños del partido derechista «Alternative für Deutschland» (AfD). Su triunfal entrada al parlamento con el voto de la derecha abandonado por Merkel ha cambiado radicalmente todo. Demonizada y tachada de ultraderechista por todos los demás, la AfD ha roto el consenso alemán cuya máxima expresión es la gran coalición. Su existencia disuadía de la gran coalición porque con ella la AfD es la principal fuerza de la oposición en el Bundestag. Pero también obligaba a la gran coalición porque se teme que en nuevas elecciones el AfD siga creciendo. Merkel había intentado formar un gobierno con los Liberales (FDP) y los Verdes. Aquel intento con dos partidos antitéticos fracasó estrepitosamente. Después solo quedaban dos opciones, la gran coalición o nuevas elecciones. El pánico a la segunda obligaba a la primera. Su principal, quizás única virtud, será acabar con el gobierno en funciones y transmitir en Europa la sensación de que se desatasca la crisis alemana. Pero no se sabe hasta qué punto. Ni hasta cuándo.