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Noticias de inmigracion

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Derecha y populistas cierran un acuerdo de gobierno en Austria
Austria ya tiene un nuevo gobierno. Será presentado el próximo día 20. Bajo el primer ministro más joven de Europa, Sebastian Kurz, de 31 años, será un gobierno de claro perfil de derecha que rompe una larga tradición de política socialdemócrata en Viena. El conservador Partido Popular (ÖVP) y el derechista Partido Liberal (FPÖ) forman un gobierno que se espera se distancie claramente de la política social-liberal practicada siempre por Austria en sintonía con su gran vecino septentrional, Alemania. Se endurecerán las condiciones en el sistema de ayudas sociales, habrá rigor en el gasto público y liberalización para mayor competencia, se extremará el control migratorio, prioridad para la seguridad, habrá una política de protección de la familia y una reforma contundente de la educación con métodos más exigentes. Muchos austriacos esperan con entusiasmo y otros temen con angustia que realmente sea Austria donde comience ahora el desmantelamiento del entramado legal y social generado durante medio siglo por el sesentayochismo político y cultural con una clara hegemonía de la izquierda en todos los campos de la vida social. Este gobierno es la primera gran esperanza de liquidar las estructuras del consenso social que en su día se consideraron ejemplares y hoy son una plaga paralizante. Se cree probable una aproximación a la política euroescéptica de sus vecinos orientales del Grupo de Visegrado: Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia. Kurz visitó el jueves al presidente de la República, Van der Bellen, para informarle del fin de las negociaciones. Las negociaciones entre ÖVP y FPÖ que se han celebrado durante semanas en el Palacio Epstein de la capital austriaca estaban este viernes ya en sus pasos finales de confirmación de ministros y altos cargos. Hoy podrían darse ya a conocer las carteras y los compromisos de coalición de unas conversaciones que se han desarrollado sin excesivos sobresaltos. El gran ganador de las elecciones del 15 de octubre, el joven Sebastian Kurz, que había revolucionado su partido al imponerles una política y una lista personalista al estilo Macron, tenía claro que no quería un nuevo gobierno con los socialistas del SPÖ con los que su partido había gobernado tres legislaturas seguidas. Eligió Kurz como socio al derechista FPÖ de Heinz Christian Strache mucho más cercano a él que los socialistas respecto a la política de refugiados y a la política de Angela Merkel en la región que está creando ahora graves fisuras. Austria considera ?como sus vecinos orientales? que ni Bruselas ni Merkel puede imponerles cuotas de inmigración. Austria es de los que más han aceptado en el pasado. Las cosas han cambiado mucho ya en Europa. No hay la mínima resistencia o irritación exterior a esta coalición del ÖVP con el partido de Strache. En el año 2000 una coalición así provocó la imposición de sanciones de la UE. Se levantaron cuando la Comisión reconoció que las medidas eran desproporcionadas. Pero también, cuando el FPÖ hace solo un año presentaba a su candidato a la presidencia de la República, la izquierda europea montó una campaña contra ese partido tachándolo de ultraderechista. Kurz coordinó con el primer ministro húngaro Victor Orban y los gobernantes balcánicos el cierre efectivo de la ruta de los Balcanes que estuvo a punto de desestabilizar la región después de la decisión de Merkel del 4 de septiembre de aquel año de aceptar a todos los refugiados que llegaran a sus fronteras. Los mejores se resisten Aún había este viernes ajustes por hacer. Se buscaba evitar que los ministerios armados, Defensa e Interior, estén en manos del mismo partido. Tampoco se quiere que lo estén Interior y Justicia. Se quiere a muchas mujeres en el gabinete y no de las estructuras de los partidos. Kurz buscaba mujeres brillantes e independientes. Pero en Austria como en toda Europa, hombres y mujeres brillantes se resisten a entrar en política donde les pagan mal, la prensa los maltrata y tienen garantizada la violación de su intimidad y el desgaste personal, cuando no el descrédito.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Alejandro Guillier, de presentador de televisión a la lucha política
El periodista y sociólogo de 64 años Alejandro Guillier es independiente e inició su carrera política cuando llegó al Senado hace solo cuatro años. Con una popularidad cimentada en su trabajo en la televisión como presentador de programas de noticias, su candidatura presidencial tomó fuerza cuando los partidos oficialistas no pudieron llegar a acuerdo en torno a una candidatura única. Fue empleado de Piñera a principios de los años 2000, cuando este adquirió un canal de televisión del que Guillier era jefe de prensa y presentador. Casado y padre de tres hijos, Guillier es originario del norte chileno, por lo que su sello como senador ha sido la descentralización y regionalización del país. Propuestas Alejandro Guillier apuesta por perfeccionar y profundizar las reformas educativas y fiscales realizadas por el Gobierno de Bachelet, a lo que ha sumado el cambio constitucional. Sobre inmigración, un fenómeno creciente en Chile, el candidato oficialista se muestra partidario de la «empatía»: «Si le pones barrera a los extranjeros, le van a poner a los chilenos».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El nuevo gobierno de Austria se posiciona contra Merkel
Austria tiene desde hoy un nuevo gobierno que se proclama europeísta, pero demanda mayor papel para los estados nacionales y se aleja claramente de las líneas maestras socialdemócratas de la política europea. La composición del gobierno y el programa exponen voluntad de ruptura con la hegemonía política y cultural de la izquierda habida en Austria a lo largo de prácticamente medio siglo. El nuevo canciller, Sebastian Kurz del Partido Popular (ÖVP), y el vicecanciller Heinz Christian Strache del Partido de la Libertad (FPÖ) presentaban hoy el nuevo gobierno que entre sus principales objetivos tendrá el refuerzo de la seguridad interior y represión de la delincuencia, radical restricción a la inmigración, protección familiar, reforma educativa con el retorno de exámenes y fomento del rendimiento, una general liberalización económica, anuncio de rebajas fiscales y fomento de la inversión. La coalición ha querido tranquilizar a aquellos que dentro y fuera del país temen las intenciones del FPÖ al que muchos tachan de ultraderechista. Queda por ejemplo explícitamente descartado en el programa de gobierno cualquier iniciativa, también un referéndum, para promover la salida de Austria de la Unión Europea. «Austria será un miembro leal que se someterá siempre a las decisiones de la mayoría», dijo el líder de ese partido, el vicecanciller Strache. Las primeras reacciones hablan de una política de pequeños pasos para no asustar a nadie. Pero todas en la dirección ideológica. «Todos en la dirección correcta» que dijo Strache. Reparto de ministerios Adversarios de esta alianza y los socialistas en plena crisis existencial critican que finalmente el FPÖ se haya hecho con los ministerios de Interior, Defensa y Exteriores, aunque la titular de esta cartera es una independiente, experta en relaciones internacionales formada en Israel y EE.UU. que habla siete idiomas. Los intentos del jefe del Estado, Alexander Van der Bellen, de evitar que Interior y Defensa quedaran en manos del FPÖ también han fracasado. Fue toda una señal que la nueva coalición presentara al Gobierno en el monte Kahlenberg que se alza junto a Viena. Allí celebraron misa las tropas cristianas bajo el mando del Rey Sobieski antes de lanzarse sobre las tropas turcas que asediaban la ciudad en 1683. Sonriente, Kurz restaba importancia simbólica al lugar. Clara y unificadora es sin duda la voluntad de poner fin a la política de inmigración de las pasadas décadas. Como de romper con la canciller Merkel en sus intenciones de instaurar cuotas a los países. «La solución a la inmigración ilegal no está en su reparto». Hoy, canciller y vicecanciller dejaban así claro que el grupo de Visegrado de Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia tienen ya un nuevo y firme aliado en su frente contra Merkel.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump anuncia la vuelta de la rivalidad entre superpotencias
El desmantelamiento de la Unión Soviética y del bloque comunista a finales de los 80 y principios de los 90 dejó a EE.UU. como la única superpotencia mundial, con una supremacía militar y económica inigualable en el resto del mundo. Esa preponderancia está ahora amenazada por la expansión de dos potencias ?revisionistas? que están cambiando el ?statu quo? estadounidense, según Donald Trump. El presidente de EE.UU. presentó ayer su primer plan de estrategia nacional de seguridad,que señala a China y a Rusia como principal desafío para la seguridad y los intereses de su país. ?Después de haber sido desechada como un fenómeno del siglo pasado, la rivalidad entre superpotencias ha vuelto?, asegura el documento, que se publica al comienzo de cada presidencia por mandato del Congreso. Ni George W. Bush ni Barack Obama, los dos antecesores inmediatos de Trump, habían acompañado la publicación de la estrategia con un discurso del presidente. Pero Trump estaba muy satisfecho con el contenido del documento y optó por hacer una presentación pública, como una oportunidad de regresar a varios de sus grandes temas de campaña, como el ?América primero?. De hecho, su discurso apenas mencionó a otras potencias, ni detalló qué medidas desarrollará su Gobierno contra las amenazas a la seguridad de EE.UU. Fue una intervención con aire de campaña electoral, de renovar los votos con su base para construir un país más fuerte, una nueva invitación a seguirle en su marcha hacia la tierra prometida del ?Make America Great Again? (?Hacer grande otra vez a EE.UU.). ?Cuando el pueblo estadounidense habla, todo el mundo debería escuchar. Y el pueblo estadounidense habló con claridad hace un año?, dijo en referencia a su victoria electoral y aseguró que el resurgimiento del ?optimismo? y la ?confianza? en el país contrarrestarán los errores del pasado en política internacional y permitirán fortalecer los valores fundamentales del país: ?Una nación sin fronteras no es una nación. Una nación que no protege la prosperidad en casa no puede proteger sus intereses en el extranjero. Una nación que no está preparada para ganar una guerra no es capaz de prevenir un conflicto. Una nación que no siente orgullo por su historia no puede confiar en su futuro, y una nación que no no está segura sobre sus valores no puede reunir la voluntad para defenderlos?. Trump mencionó la reciente llamada del presidente ruso, Vladimir Putin, para agradecerle la colaboración de la inteligencia estadounidense en la detención de terroristas que planeaban un gran atentado. ?Así es como deberían ser las cosas?, dijo, pero insistió en que ?nosotros nos defenderemos a nosotros y a nuestro país como nunca se ha visto?. Fue una de las pocas menciones a otras potencias, aunque en el documento se explica que China y Rusia ?están decididas a que sus economías sean menos libres y menos justas, a fortalecer sus ejércitos y a controlar la información para reprimir a sus sociedades y ampliar su influencia?. Señalar con el dedo a Pekín y Moscú es en cierta manera un cambio de rumbo en la política exterior de Trump en los once meses que lleva al frente de EE.UU. Durante su campaña electoral, Trump atacó sin descanso los abusos económicos y comerciales de China, a la que acusó de ?violar? a EE.UU. Ya en la Casa Blanca, moderó su discurso, buscó mantener una relación positiva con el presidente Xi Jinping y trató de presionar para contener los avances nucleares de Corea del Norte. Sin embargo, el documento habla de China como ?competidor estratégico? y detalla su agresividad económica y la incidencia negativa en los intereses estadounidenses, así como su expansión militar y sus ambiciones territoriales, como la construcción de islotes artificiales en el Mar del Sur. Con Rusia, al menos en lo dialéctico, también ha tratado de entablar una relación correcta. Trump se ha negado a criticar la anexión de Crimea y las injerencias en Ucrania. Pero el documento, al igual que con China, es más duro. ?Estos competidores hacen necesario que EE.UU. revalúe sus políticas de las dos últimas décadas, basadas en la asunción de que la relación con sus rivales y su inclusión en las instituciones internacionales y en el comercio global les convertirían en actores benignos y socios de confianza?, indica el informe. ?Pero en la mayoría de las ocasiones, esta premisa ha demostrado ser falsa?. En su discurso, Trump desterró el multilateralismo de Obama y defendió un ?nuevo liderazgo de EE.UU.?, en el que habrá ?cooperación y reciprocidad? pero dentro de una visión del mundo con naciones ?fuertes, soberanas?. Sobre su relación con sus aliados europeos insistió en que no permitirá ?la morosidad en las contribuciones a la OTAN mientras nosotros garantizamos su seguridad?. Pero Trump, en líneas generales, pareció mirar mucho más hacia dentro de las fronteras de EE.UU. que hacia afuera, con la mente puesta en su base electoral. Repasó sus esfuerzos en inmigración, el despegue de la bolsa, su reforma fiscal o los planes para construir un muro con México y lo trufó todo de alusiones patrióticas: criticó a los anteriores líderes ?que se olvidaron del destino y la grandeza de EE.UU.?, habló de ?un nuevo despertar? del país, de su ?patriotismo y orgullo? y llamó a los estadounidenses a unirse a su visión: ?Si nos comprometemos a competir y a ganar otra vez, conseguiremos una América más grande que nunca?.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Alemania cumple tres meses sin gobierno a la espera de nuevas negociaciones
Alemania cumple este domingo tres meses sin gobierno, un tiempo récord, a la espera de las conversaciones que comenzarán a principios de año conservadores y socialdemócratas, complejas y de final incierto. La sociedad alemana asiste con cierta perplejidad a la inédita situación creada en Berlín t ras el fracaso de las primeras conversaciones para formar una coalición ?entre conservadores, liberales y verdes? y el renuente acercamiento actual del bloque de la canciller Angela Merkel y los socialdemócratas. «Vivimos en unos tiempos que nos enfrentan constantemente con lo inesperado. Eso nos provoca inseguridad. Pero hay razones para sentirse seguros», ha afirmado este domingo el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, en su discurso navideño, en el que ha pedido «confianza en el Estado». Ha agregado que «el Estado funciona» de acuerdo a lo previsto en la constitución, lo cual debe ser motivo de tranquilidad, pero reconoció que algunas personas sufren la actual incertidumbre. «No todo lo inesperado nos debe llevar a la frustración», ha asegurado el presidente alemán, un cargo eminentemente protocolario que en este momento de «impasse» juega un papel relevante como mediador entre partidos. «Esto es válido especialmente para la formación de gobierno, que de una forma inusual se está haciendo esperar», ha concedido. De esta forma hacía referencia al hecho de que ésta es ya la ocasión en que más ha costado formar gobierno en Alemania desde 1949 y, si todo va bien, pasarán aún un par de meses hasta que haya un Ejecutivo con plenas facultades al frente de la primera economía europea y en una capital ineludible en la toma de decisiones en la UE. Según el calendario que han consensuado conservadores y socialdemócratas, el 3 de enero tendrá lugar el tercer encuentro informal entre Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), y el presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Martin Schulz. A continuación, entre el 7 y el 11 de enero, se celebrará la primera fase de negociaciones, los denominados «sondeos», en la que, además de los contenidos, se va a estudiar la fórmula para dotar de un gobierno estable a Alemania. La cuestión que se debe dilucidar aquí es si se firma una gran coalición como la de la legislatura pasada, tal y como quiere Merkel, una opción previsible y estable, o si se busca una modalidad nueva ?y más incierta? que permita más flexibilidad al SPD, que cree que ser socio minoritario de los conservadores le perjudica en las urnas. De hecho, el congreso federal que celebraron los socialdemócratas en diciembre dio permiso a la dirección, tras muchos titubeos, para abrir con el bloque de la canciller un diálogo «con final abierto». Tras esa primera ronda, los partidos deben sancionar lo aprobado ?lo que incluye un congreso extraordinario del SPD en Bonn el 21 de enero? para poder dar paso a la segunda fase de las negociaciones. Este segundo período debería ya servir para cristalizar los detalles del acuerdo y, según la experiencia previa en Alemania, durará varias semanas, por lo que los expertos apuntan a que no será fácil que haya un nuevo gobierno en Berlín antes de marzo. Las presiones para que el SPD ceda y acceda a entrar en una nueva gran coalición son enormes: Schulz ha recibido llamadas tanto del presidente francés, Emmanuel Macron, como del primer ministro griego, Alexis Tsipras, así como toques de atención desde la poderosa industria alemana. No obstante, las reticencias de la dirección y las bases socialdemócratas a reeditar la gran coalición pueden llevar a que este delicado proceso descarrile, ya sea durante las negociaciones o en el referéndum que celebrará el SPD para solicitar el respaldo de la militancia. En este río revuelto, el único partido que se siente cómodo es el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que se carga de nuevos argumentos para atacar a los partidos tradicionales y saborea por adelantado el rédito que obtendría de una nueva gran coalición: ser el primer partido de la oposición. AfD, con un discurso islamófobo y claramente anti inmigración, obtuvo en las elecciones un 12,6 % de los votos y se convirtió en la tercera mayor fuerza en el Bundestag (cámara baja) por detrás tan sólo de conservadores y socialdemócratas.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Italia niega la nacionalidad a los hijos de inmigrantes
Se cierra la legislatura en Italia dando el portazo a una de las leyes más polémicas que se han debatido en los últimos años: el «ius soli», la ley que podía haber concedido la nacionalidad italiana a los hijos de inmigrantes nacidos en este país. En el Senado ni siquiera hubo el número legal de senadores para votar la ley, porque los parlamentarios piensan ya solamente en la campaña electoral. El presidente de la República, Sergio Matarella, disolverá las cámaras el próximo jueves o el viernes y el 4 de marzo serán las elecciones generales. Solamente 116 senadores, de un total de 320 con que cuenta esta cámara, hicieron el esfuerzo de presentarse para votar una ley que comenzó a plantearse hace 16 años, y cuya aprobación ha implorado buena parte de la sociedad civil y el mundo católico, comenzando por el Papa Francisco. En realidad, el apoyo al «ius soli» ha ido perdiendo cada día más fuerza, sobre todo en el centro derecha, porque, según indican las encuestas, el sentimiento de los italianos hacia la inmigración ha cambiado radicalmente. Hace seis años, el 71% de los ciudadanos era partidario de conceder la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en Italia. Ese porcentaje se ha dado la vuelta. Hoy la mayoría es contraria a esa ley, porque la inmigración suscita temor. Una encuesta de «La Stampa-Financial Times» publicada el pasado 18 de diciembre indicaba un fuerte crecimiento a los que quieren cerrar las puertas a la inmigración: El 60% de los italianos rechaza la idea de un país multiétnico. Si se aprobara la nueva ley de «ius soli», los potenciales nuevos ciudadanos italianos serían 600.000, hijos de inmigrantes nacidos en Italia desde 1998 hasta hoy, y cuyos padres residen en este país desde hace al menos cinco años. A estos hay que añadir otros 178.000 por el «ius cultural», otorgado a inmigrantes nacidos en el extranjero, llegados a Italia antes de los 12 años, que hayan completado cinco años de escuela en este país. El proyecto de ley, que no ha sido aprobado, prescinde del contexto cultural familiar o de grupo en que ha crecido el futuro ciudadano italiano. Solamente se exigía que uno de los padres tenga un permiso regular de residencia, una renta mínima y que sepa hablar italiano. Obviamente, las preocupaciones de los italianos se centran en una categoría especial de inmigrantes: los de cultura islámica. El Papa, hijo de emigrantes, entró directamente en el debate político italiano, al exigir, en su mensaje para la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado en agosto pasado, que en el momento del nacimiento fuera «reconocida y certificada» la nacionalidad a todos los niños para que puedan ser tutelados. Un rotundo apoyo del Pontífice a la ley, que ha tenido su mayor oposición en el centro derecha, en particular la Liga Norte, cuyo líder, Matteo Salvini, responde al Papa: «Si quiere ius soli, lo aplique en el Vaticano». En una Italia con clara caída demográfica y una sociedad que envejece, a buen seguro que en la próxima legislatura se volverá a plantear el debate sobre el «ius soli», una ley que muchos, sobre todo en el centro izquierda y el mundo católico, consideran que es una batalla por la solidaridad.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Italia se asoma al «escenario español» tras las elecciones
El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, se reunió con el presidente Sergio Mattarella el jueves en el primer paso formal antes de la disolución del Parlamento, que es necesaria antes de que se convoque una elección, dijo a Reuters una fuente del gobierno. Después de la reunión con Gentiloni, se espera que Mattarella convoque a los portavoces de las dos cámaras y disuelva el parlamento. El gabinete de Gentiloni establecerá la fecha de las elecciones, que se espera que sean el 4 de marzo. Una vez más en la agitada historia política de Italia, las próximas elecciones generales podrían empujar a los partidos a una situación muy fragmentada y en la que casi con total seguridad se necesitarán pactos: es el temido «escenario español». Al observar los avatares políticos de 2016 en la vecina España, los cronistas italianos tomaron nota de los 314 días que Mariano Rajoy gobernó en funciones y acuñaron este término que, a decir verdad, describe a la perfección la historia política transalpina. 64 gobiernos en siete décadas Italia suma 64 gobiernos en sus recién celebradas siete décadas de democracia y, con la disolución del Parlamento prevista para hoy, zanja una legislatura en la que se han sucedido tres primeros ministros desde 2013: Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni, todos del Partido Demócrata (PD). La principal duda ahora es si el país tendrá un Gobierno estable el día después de los comicios, que se esperan a comienzos de marzo. Según todos los sondeos que se han venido publicando durante todo este 2017 de ambiente electoral, la respuesta es tajante: no, los pactos y coaliciones serán indispensables. Las encuestas muestran un panorama de enorme división política y habrá que ver el Parlamento que genera la nueva y controvertida ley electoral, que de alguna manera obliga a las grandes coaliciones. El nuevo sistema electoral, aprobado "ad hoc", otorga el 36 % de los escaños de la Cámara de los Diputados y del Senado mediante un sistema mayoritario basado en circunscripciones uninominales y el 64 % restante de forma proporcional. En base a sondeos y a los últimos datos electorales, el profesor de Ciencias Políticas de Universidad romana de "La Sapienza" Oreste Massari vaticina en conversación con Efe "un tripolarismo, una situación en la que casi seguramente nadie logrará una mayoría". Las partes parecen claras: el centroizquierda del PD, la coalición de centroderecha liderada por «Forza Italia» (FI) y el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Y ninguno de ellos parece capaz de alcanzar el 40 % de los votos que se requiere para gobernar en solitario y sin sobresaltos. Como ya ocurriera en 2013, cuando fue la formación más votada sin concurrir en coalición, el «anticasta» M5S ha venido encabezando todos los sondeos, también el publicado la semana pasada por el instituto SWG, que le otorga el 25,7 % de los sufragios estimados. Su batalla es la de la crítica al bipartidismo y la defensa de la transparencia y su candidato Luigi di Maio, que con 31 años podría convertirse en el primer ministro más joven de la historia del país, ha prometido que anunciará sus ministros antes de las elecciones. Subida de la Liga Norte Pero, ante estas perspectivas, el M5S deberá poner fin a su tradicional rechazo a los pactos y trazar alianzas si quiere llegar a Palacio Chigi, algo a lo que Di Maio ya se ha mostrado favorable. En segundo lugar se encontraría el PD de Matteo Renzi, para el que SWG apuesta por un 25 % de los votos, y lo hace con el desgaste propio de haber gobernado el país durante el último lustro y con enormes diferencias con las otras formaciones progresistas. Un ejemplo es el de "Libres e Iguales" (LeU), escisión del PD y que podría contar con un 7 % de los votos, gracias al espaldarazo de pesos pesados como el presidente del Senado, Pietro Grasso, líder de la lista, o la presidenta de la Cámara Baja, Laura Boldrini. En cuanto a la derecha tradicional, el sondeo otorga un 14,8 % de los votos a la FI de Silvio Berlusconi y un 13,7 % a la Liga Norte, que ha subido como la espuma con sus discursos contra la inmigración irregular y la omnipresencia mediática de su líder, Matteo Salvini. El profesor ve claro que «hará falta discutir posibles coaliciones después de votar» y en ese momento «las alquimias pueden ser muchas", afirma, para después apostar por alguna alianza entre la derecha y el M5S, unidas por el rechazo frontal a Renzi, bestia negra también para parte de la izquierda. Tras las elecciones, mientras los partidos políticos debaten con los resultados en la mano el futuro del Gobierno, este deberá seguir funcionando y lo que podría ocurrir es la continuidad en funciones de Paolo Gentiloni. Un político de carácter sereno y bien valorado por los italianos que se perfila ya como «un recurso», ya que podría hacerse cargo de hacer funcionar Italia en periodo de "sede vacante" del mismo modo que lo hizo tras la dimisión de Renzi en diciembre de 2016. «La perspectiva más plausible es que haya una red de protección en torno al Gobierno de Gentiloni, que no dimitiría. Permanecerá en funciones para el ordinario funcionamiento de la administración", augura el politólogo, no sin antes subrayar que en cualquier caso, y sobre todo en Italia, no hay que dar nada por sentado.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El presidente de Italia disuelve el Parlamento para la convocatoria de elecciones
El presidente de Italia, Sergio Mattarella, ha firmado este jueves el decreto de disolución del Parlamento, paso previo para la convocatoria de elecciones legislativas, previsiblemente el próximo 4 de marzo. El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, se reunió con el presidente en el primer paso formal antes de la disolución del Parlamento, que es necesaria antes de que se convoque una elección, dijo a Reuters una fuente del gobierno. Después de la reunión con Gentiloni, se esperaba que Mattarella convoque a los portavoces de las dos cámaras y disuelva el parlamento. El gabinete de Gentiloni establecerá la fecha de las elecciones, que se espera que sean el 4 de marzo. Una vez más en la agitada historia política de Italia, las próximas elecciones generales podrían empujar a los partidos a una situación muy fragmentada y en la que casi con total seguridad se necesitarán pactos: es el temido «escenario español». Al observar los avatares políticos de 2016 en la vecina España, los cronistas italianos tomaron nota de los 314 días que Mariano Rajoy gobernó en funciones y acuñaron este término que, a decir verdad, describe a la perfección la historia política transalpina. 64 gobiernos en siete décadas Italia suma 64 gobiernos en sus recién celebradas siete décadas de democracia y, con la disolución del Parlamento prevista para hoy, zanja una legislatura en la que se han sucedido tres primeros ministros desde 2013: Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni, todos del Partido Demócrata (PD). La principal duda ahora es si el país tendrá un Gobierno estable el día después de los comicios, que se esperan a comienzos de marzo. Según todos los sondeos que se han venido publicando durante todo este 2017 de ambiente electoral, la respuesta es tajante: no, los pactos y coaliciones serán indispensables. Las encuestas muestran un panorama de enorme división política y habrá que ver el Parlamento que genera la nueva y controvertida ley electoral, que de alguna manera obliga a las grandes coaliciones. El nuevo sistema electoral, aprobado "ad hoc", otorga el 36 % de los escaños de la Cámara de los Diputados y del Senado mediante un sistema mayoritario basado en circunscripciones uninominales y el 64 % restante de forma proporcional. En base a sondeos y a los últimos datos electorales, el profesor de Ciencias Políticas de Universidad romana de "La Sapienza" Oreste Massari vaticina en conversación con Efe "un tripolarismo, una situación en la que casi seguramente nadie logrará una mayoría". Las partes parecen claras: el centroizquierda del PD, la coalición de centroderecha liderada por «Forza Italia» (FI) y el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S). Y ninguno de ellos parece capaz de alcanzar el 40 % de los votos que se requiere para gobernar en solitario y sin sobresaltos. Como ya ocurriera en 2013, cuando fue la formación más votada sin concurrir en coalición, el «anticasta» M5S ha venido encabezando todos los sondeos, también el publicado la semana pasada por el instituto SWG, que le otorga el 25,7 % de los sufragios estimados. Su batalla es la de la crítica al bipartidismo y la defensa de la transparencia y su candidato Luigi di Maio, que con 31 años podría convertirse en el primer ministro más joven de la historia del país, ha prometido que anunciará sus ministros antes de las elecciones. Subida de la Liga Norte Pero, ante estas perspectivas, el M5S deberá poner fin a su tradicional rechazo a los pactos y trazar alianzas si quiere llegar a Palacio Chigi, algo a lo que Di Maio ya se ha mostrado favorable. En segundo lugar se encontraría el PD de Matteo Renzi, para el que SWG apuesta por un 25 % de los votos, y lo hace con el desgaste propio de haber gobernado el país durante el último lustro y con enormes diferencias con las otras formaciones progresistas. Un ejemplo es el de "Libres e Iguales" (LeU), escisión del PD y que podría contar con un 7 % de los votos, gracias al espaldarazo de pesos pesados como el presidente del Senado, Pietro Grasso, líder de la lista, o la presidenta de la Cámara Baja, Laura Boldrini. En cuanto a la derecha tradicional, el sondeo otorga un 14,8 % de los votos a la FI de Silvio Berlusconi y un 13,7 % a la Liga Norte, que ha subido como la espuma con sus discursos contra la inmigración irregular y la omnipresencia mediática de su líder, Matteo Salvini. El profesor ve claro que «hará falta discutir posibles coaliciones después de votar» y en ese momento «las alquimias pueden ser muchas", afirma, para después apostar por alguna alianza entre la derecha y el M5S, unidas por el rechazo frontal a Renzi, bestia negra también para parte de la izquierda. Tras las elecciones, mientras los partidos políticos debaten con los resultados en la mano el futuro del Gobierno, este deberá seguir funcionando y lo que podría ocurrir es la continuidad en funciones de Paolo Gentiloni. Un político de carácter sereno y bien valorado por los italianos que se perfila ya como «un recurso», ya que podría hacerse cargo de hacer funcionar Italia en periodo de "sede vacante" del mismo modo que lo hizo tras la dimisión de Renzi en diciembre de 2016. «La perspectiva más plausible es que haya una red de protección en torno al Gobierno de Gentiloni, que no dimitiría. Permanecerá en funciones para el ordinario funcionamiento de la administración", augura el politólogo, no sin antes subrayar que en cualquier caso, y sobre todo en Italia, no hay que dar nada por sentado.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump califica la trama rusa de «engaño» de los demócratas por la derrota electoral de Clinton
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sostenido este viernes en una entrevista con The New York Times que no ha habido ninguna conspiración con Rusia en su campaña electoral, pero considera que la investigación perjudica a la imagen de Estados Unidos. En la entrevista publicada hoy el diario neoyorquino, el mandatario norteamericano ha asegurado que «no ha existido ninguna conspiración» con el Gobierno ruso para favorecer su candidatura electoral frente a la aspirante demócrata Hillary Clinton. Trump piensa que, en cualquier caso, será tratado imparcialmente por el fiscal especial, Robert Mueller. El gobernante republicano ha repetido hasta en catorce ocasiones que «no hubo conspiración» con Rusia en la improvisada conversación de 30 minutos que mantuvo con el periodista del diario en su club de golf de West Palm Beach (Florida), donde disfruta de sus vacaciones navideñas. En concreto, sí ha atribuido el complot con Rusia a los demócratas e insiste en que fue el desconocimiento de Hillary Clinton del sistema de elecciones presidenciales lo que causó su derrota y no una conspiración con Moscú. En este sentido, ha afirmado que «hicieron la historia de Rusia como un engaño, como una estratagema, como una excusa para una derrota electoral que, en teoría, los demócratas debieran haber ganado con el Colegio Electoral». En este sentido, Trump ha añadido contundentemente que «yo no hice tratos con Rusia, gané por ser de lejos mucho mejor candidato. Gané pues hice la campaña adecuada y ella no. Ella hizo campaña para ganar el voto popular. Yo hice campaña para el Colegio Electoral». En concreto, ha precisado el presidente estadounidense que «la genialidad es que el voto popular es una forma de hacer campaña electoral completamente diferente. Y Hillary nunca entendió eso». El ganador de las elecciones de 2016 al repasar su victoria y su primer año de mandatao ha recordado que «yo fui cinco veces a Maine, la genialidad del Colegio Electoral es que vas a lugares que podrías no ir». Agenda legislativa En la defensa de sus logros legislativos, Trump ha atacado a los demócratas por no aceptar acuerdos en asuntos como los seguros médicos y el programa conocido como Obamacare, cuya obligatoriedad critica, o la bajada de impuestos, que, ha reiterado, pudo hacerse de manera «bipartidista». No obstante, ha asegurado que en sus proyectos de infraestructuras puede contar con el apoyo de «tantos votos demócratas como republicanos». «Hemos gastado el pasado mes 7 billones de dólares en Oriente Medio. Y Oriente Medio sigue peor que hace 17 años. Y si quieres 12 billones para arreglar carreteras y autopistas no lo puedes obtener», se ha lamentado Trump. El mandatario ha fijado su objetivo: «Quiero al menos una ley de Infraestructuras con un billón de dólares. Queremos reparar carreteras, autopistas y puentes, que algunos están en muy mal estado, e incluso algunos en determinadas circunstancias pueden colapsar» y se ha mostrado ocnvencido de que algunas de estas infraestructura «en diez años se derrumbarán». Visados y comercio Sobre otras controvertidas cuestiones como la inmigración, reitera que acabará con la «lotería» de los visados, sistema de acceso al país que tilda de mejorable, y subraya que optará por otro basado en méritos. De las cuestiones comerciales ha recordado que pretende renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, en inglés NAFTA), que ha descalificado como un acuerdo «espantoso para nosotros». Trump ha advertido que «si no logro un buen acuerdo, lo liquido en dos segundos». Horas después de criticar a China por traficar con petróleo con Corea del Norte ha asegurado que «la guerra es lo único más importante para mi que el comercio». Tras subrayar sus buenas relaciones personales con el presidente de China, Xi Jinping, ha advertido de que el perjuicio del déficit comercial y el robo de propiedad intelectual en China, que valora conjuntamente en 650.000 millones de dólares, puede ser contemplado de diferente manera «si me ayudan con Corea del Norte, al menos por algún tiempo». «Pero si entra petróleo (en Corea del Norte), no estoy contento», ha reiterado Trump, quien precisa que sus advertencias «no fueron un tuit. Son las redes sociales y llegan a todo el mundo». Al ironizar que, sin su presidencia, el «declinante New York Times sería el fallido New York Times», el gobernante norteamericano ha puntualizado que tiene a «158 millones de personas» como seguidores en sus redes sociales.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Los socios bávaros de Merkel la desairan al invitar a Orban
En una clara provocación a Merkel, los socialcristianos bávaros de la CSU han invitado a su tradicional encuentro de principios de año, que comenzó ayer en el monasterio de Seeon, al presidente húngaro, Viktor Orban, principal opositor en Europa a la política de refugiados de la canciller alemana. A punto de comenzar en Berlín las negociaciones para una gran coalición de Merkel con los socialdemócratas (SPD), en las que toma parte como tercera pata la CSU, y en modo autodefensa debido a la proximidad de las elecciones regionales, el presidente del partido dejó claro que no se limitarán a exigir un claro endurecimiento de la política de inmigración en el seno del nuevo gobierno, sino que están dispuestos a plantar cara a las propuestas de Macron para Europa. «Siempre hemos sido partidarios de una Europa de naciones fuertes», dijo, rechazando así la exigencia de unos «Estados Unidos de Europa» en 2025, planteada por el socialdemócrata Martin Schulz, y poniéndose de parte de Orban ante las acusaciones de deriva totalitaria de Bruselas. «Aconsejo a las autoridades europeas que respeten a los gobiernos de los países miembros elegidos democráticamente, como es el caso de Hungría, y aumenten el diálogo con sus gobernantes, que es como se entiende la gente», zanjó. «Queremos esa coalición, haremos todo lo posible por lograrla porque el resto de las opciones no nos gustan», dijo Seehofer ante la evidente dificultad que supondrá un pacto en el que el SPD considera irrenunciable exactamente lo contrario: que Alemania siga al pie de la letra la propuesta de Macron para Europa. El AfD sigue subiendo «No solamente nosotros hemos recibido un claro mandato en las elecciones de septiembre», argumentó, «también el SPD ha perdido un millón de votos que ha ido a parar a Alternativa para Alemania (AfD)», en referencia al partido antieuropeo y antiextranjeros que según las encuestas hoy obtendría un punto más que en las elecciones, el 14% de los votos, mientras que los grandes partidos siguen perdiendo apoyos. El líder del partido en el Bundestag, Alexander Dobrindt, mostró por su parte un discurso si cabe más provocador. «Queremos esa coalición, pero con un partido socialdemócrata que sepa deletrear las palabras seguridad y crecimiento, no con uno que sólo pueda sacar temas sociales del baúl de los recuerdos socialista». Fijó líneas rojas de negociación en pensiones, alquileres y recorte de derechos de los inmigrantes.