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Noticias de incidentes

01-06-2020 | Fuente: abc.es
Decretado el toque de queda en Nueva York tras un fin de semana caótico
Nueva York estará esta noche en toque de queda tras varios días de protestas por los abusos policiales contra la minoría negra que han acabado en disturbios violentos. La principal ciudad de EE.UU. ha vivido manifestaciones desde el pasado miércoles por la muerte hace una semana en Mineápolis de George Floyd, un hombre negro al que un policía le asfixió con la rodilla contra el cuello durante casi nueve minutos cuando estaba contra el suelo, esposado y sujeto por otros dos agentes. El toque de queda, que se impondrá entre las once de la noche del lunes y las cinco de la mañana del martes, ha sido anunciado por el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, y el gobernador del estado, Andrew Cuomo. «He hablado con el alcalde y va a haber un toque de queda en la ciudad de Nueva York que creemos que será de ayuda», aseguró Cuomo, después de que los incidentes violentos se agravaran durante el fin de semana. Las protestas, mayoritariamente pacíficas durante el día, se tornaron violentas al caer el sol, con quema de coches de policía, vandalismo y enfrentamientos con los agentes. En la madrugada del lunes, tiendas del Soho,una de las zonas comerciales más exclusivas de Nueva York, y de otros barrios del Sur de Manhattan fueron saqueadas. «Lo que es más importante, va a haber un refuerzo en las fuerzas de seguridad», añadió el gobernador. «Ayer hubo alrededor de 4.000 agentes de servicio», dijo sobre la noche del domingo. «Hoy habrá el doble, cerca de 8.000». El toque de queda se había impuesto ya en decenas de grandes ciudades de todo el país, como Los Ángeles, Chicago, Atlanta, Miami, Detroit, Portland, Dallas, Filadelfia o Seattle. En Nueva York, con casi nueve millones de habitantes y un área metropolitano de 23 millones, el cumplimiento y el seguimiento de la orden será complicado.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Un afroamericano en Nueva York: «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso»
Jeff camina con su novia agarrado a un refresco y con la mascarilla caída sobre la papada. Camina, como el resto de la manifestación en Atlantic Avenue, una de las arterias de Brooklyn, sin dirección clara. Igual que la ola de protestas y violencia que ha tomado EE.UU. en los últimos días. Y como el drama que ha ocupado la atención del mundo, el de los abusos policiales y el racismo estructural hacia la minoría negra. Ha aflorado por una muerte grabada con el móvil, la de George Floyd en Mineápolis, casi nueve minutos de asfixia a manos de un policía que han traumatizado al país. Pero el drama estaba cosido a estas mismas calles de Brooklyn y en las ciudades de todo el país. Es una lacra fundacional de EE.UU. que el país no se ha sacudido: ni con una guerra civil, ni con la conquista de derechos civiles en los sesenta, ni con el ascenso de un negro a la presidencia. «Ahí mismo me pararon una vez», señala Jeff con el dedo a una esquina. «Iba en el coche con mi novia. Porque sí. Para sacarme algo. Eso a un blanco no le pasa, punto. Por esto -se señala la piel de su antebrazo-. Es suficiente para considerar que estás haciendo algo malo». Como la mayoría del tiempo, la protesta es pacífica. Los antidisturbios caminan con calma entre la multitud, que corea las consignas habituales -«No puedo respirar», las palabras de Floyd, o «Sin justicia no hay paz»- mientras los vecinos salen a las ventanas y a las puertas a aplaudir. Pero Nueva York, como casi todas las grandes ciudades del país, desciende al caos cada noche, con el ruido constante de los helicópteros y de las sirenas de la policía. Ocurrió la noche anterior, con enfrentamientos con la policía, coches quemados, destrozos, y ocurrirá esta. «Es necesaria», dice Jeff sobre la violencia. «Lo hemos intentado de forma pacífica y aquí estamos», dice sobre las mismas calles que pisaron los líderes del movimiento negro hace medio siglo y que ahora caminan muchas personas que siguen en barrios que son todavía guetos, con atención sanitaria deficiente y sin un sistema educativo que proporcione oportunidades. «Tienen que arder coches de policía para que nos hagan caso», lamenta. La violencia y los saqueos se llevan la atención y los titulares y desdibujan la raíz del problema, la posibilidad de que un agente de policía considere válido ahogar hasta la muerte a una persona esposada, y que sus tres compañeros no hagan nada para evitarlo. Brandon, un científico de Detroit (Michigan), no la justifica, pero la comprende. «Es una llamada de atención de que estamos cansados de ser maltratados, de esta injusticia», dice sobre los abusos policiales y el racismo. «Yo lo he sufrido toda la vida. Es triste que me esté acostumbrando». Acusarlo de asesinato Cuando se les pregunta qué justicia merece la muerte de George Floyd, la mayoría de manifestantes con los que ha hablado este periódico responden que se acuse de asesinato al agente -Derek Chauvin, que enfrenta cargos de asesinato no intencionado- y que se procese también a los otros tres agentes. Con un megáfono en la mano y un discurso tranquilo y bien construido, Gifted -así se hace llamar este músico y letrista nacido en Sant Lucía y criado en Texas- aseguró que «el país tiene que sentarse y tener una conversación honesta, profunda y, probablemente, incómoda de cuál es su pasado, quién es responsable y qué hacer a partir de ahora». Es una opción improbable en el EE.UU. del ?Make America Great Again? -?Hacer grande otra vez a EE.UU.?- de Donald Trump, un presidente que azuza las protestas con exigencias de mano dura y sin sombra de crítica sobre las prácticas de la policía. Pero tampoco en el ?America, second to none? -América, por detrás de nadie- de Joe Biden o del partido demócrata: el alcalde de Mineápolis, el gobernador del estado de Minnesota, su fiscal general y una de las dos cámaras legislativas estatales las controlan los demócratas. «EE.UU. se contradice a sí misma cuando apoya a otros países que luchan por salir de la opresión. Cuando se trata de la gente que está aquí oprimida, se habla de otra manera y les llamamos ?matones?», dice Gifted. Él cree que se necesita un cambio radical de actitud en la policía, que debe empezar por condenas contundentes que no se producen. «Su indiferencia es repugnante», condena. «Tienen que ser capaces de vernos como hermanos y hermanas, entonces harán las cosas de manera diferente«. Hoy en día, eso es una quimera. La desconfianza mutua entre la policía y las comunidades de minoría negra, alimentada durante décadas, parece hoy más difícil de salvar que nunca y que las protestas consigan avances es cuestionable. «No soy optimista», asegura Erika, agarrada a su hija, delante de una línea de antidisturbios en la avenida Flatbush, el epicentro de los incidentes en Brooklyn. «Para mí, para que haya justicia, estos jóvenes no pueden parar hasta que haya cambios», dice mientras levanta la vista hacia los manifestantes que llevan una semana en las calles. «Cada vez que paramos, cada vez que dejamos de ser agresivos seis meses después, un hombre negro vuelve a ser asesinado, un hombre negro vuelve a ser linchado».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Un manifestante asesinado a tiros, primera víctima mortal de los incidentes raciales en EE.UU.
Un hombre ha perdido la vida en la ciudad de Louisville, tiroteado durante los incidentes raciales que se están multiplicando y recrudenciendo en EE.UU. Los hechos se produjeron cuando una multitud, ignorando el toque de queda decretado a partir de las 21 horas, se congregó en un aparcamiento, informa The Main. Los agentes trataron de separar el nutrido grupo cuando uno de los que protestaban disparó contra los funcionarios. Entonces, uno de ellos respondió y alcanzó a la víctima, que murió, prácticamente en el acto. Las informaciones son confusas y se ignora si fue un miembro de la Guardia Nacional que acudió hasta esta población el pasado sábado para ayudar a combatir los disturbios o la Policía quien abatió al fallecido y si este fue el autor de los primeros tiros. Los hechos sucedieron sobre la medianoche de ayer. Mientras el jefe de Policía de Louisville, Steve Conrad, ha indicado que la víctima era uno de los manifestantes, otras versiones lo niegan. Así, varios testigos de los hechos afirman que no participaba en los altercados sino que era el dueño de un restaurante especializado en barbacoas que estaba en el lugar en donde le sorprendieron los incidentes. Las protestas, que están sembrando el caos en todo país, y han llevado incluso a que el presidente de los EE.UU. se tuviera que refugiar en el búnker de la Casa Blanca el viernes pasado, junto a su hijo menor y su mujer, y a que un fuerte cordón policial rodee la sede presidenciasl, se produce después del crimen de George Floyd, de 46 años y padre de una hija. El hombre, de raza negra, estaba desarmado y murió a manos del oficial de policía blanco, Derek Chauvin, quien se arrodilló sobre el cuello del hombre de color durante ocho minutos y 46 segundos la semana pasada, a pesar de sus repetidas súplicas. Floyd, desesperado, le pedía que le dejase: «No puedo respirar», decía cada vez más bajo, hasta que falleció, asfixiado. ¿El motiv0? La supuesta compra de la víctima de un paquete de cigarrilos con un billete falso de 20 dólares. Su muerte ha sido vista como un símbolo de brutalidad policial contra los afroamericanos que ha indignado a todo el país. Ayer 40 personas fueron arrestadas solo en Louisville después de que los agentes usaron gases lacrimógenos para dividir a multitud de manifestantes. Decenas de miles de personas se reunieron el domingo cuando la Guardia Nacional fue desplegada en más de la mitad de los estados del país por protestas que han visto a 4.100 personas arrestadas solo este fin de semana.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Irán afirma que está preparado para enviar más gasolina a Venezuela
El Ministerio de Exteriores de Irán dijo este lunes que enviarán más cargamentos de combustible a Venezuela si el Gobierno de Caracas así lo requiere, pese a las presiones de Estados Unidos para evitar este comercio. «Si el Gobierno venezolano pide un nuevo cargamento, lo enviaremos a ese país», subrayó el portavoz de Exteriores, Abás Musaví, al ser preguntado al respecto en rueda de prensa. El portavoz insistió en que ese comercio entre Irán y Venezuela es «legítimo» ya que ambos países están «bajo sanciones unilaterales y crueles de EE.UU. que ningún país está obligado a cumplir». «Los dos países tienen derecho a un comercio libre pero como los estadounidenses están acostumbrados al unilateralismo no lo aceptaron», denunció. Escasez en Venezuela Irán ha enviado cinco buques cargados con 245 millones de litros de gasolina, que han llegado a los puertos venezolanos sin incidentes pese a que Washington advirtió a gobiernos, puertos, empresas transportistas y aseguradores que podrían enfrentar medidas si ayudan a los petroleros. Ante una eventual acción estadounidense, Venezuela decidió escoltar a los buques iraníes que, además de gasolina, contienen otros materiales que serán utilizados por la petrolera estatal venezolana Pdvsa en las refinerías del país. Venezuela padece desde hace semanas una severa escasez de gasolina que ha llevado a miles de conductores a permanecer durante días en colas en las cercanías de las gasolineras a lo largo del país. La tensión entre Irán y EE.UU. ha escalado desde que en 2018 Washington se retiró de modo unilateral del acuerdo nuclear con Teherán y volvió a imponer sanciones al país persa, incluidas las exportaciones de petróleo.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
Miles de detenidos en un fin de semana caótico en EE.UU.
El domingo extendió por un día más las protestas que han sumido a EE.UU. en el caos y la violencia tras el último caso de abusos policiales contra la minoría negra. Las protestas empezaron el martes en Mineápolis, donde en la víspera un hombre negro, George Floyd, murió después de ser asfixiado durante casi nueve minutos por un agente de policía. Floyd estaba contra el suelo, desarmado, esposado y sujeto por otros dos agentes. Pero el policía, Derek Chauvin, siguió asfixiándole con la rodilla contra el cuello a pesar de que la víctima repetía «no puedo respirar» y llegó a desvanecerse. Para el viernes, las protestas de gran violencia que se registraron en Mineápolis -con decenas de edificios incendiados y negocios saqueados- ya se habían extendido a la mayoría de las grandes ciudades del país. Durante el fin de semana, los disturbios se agravaron en lugares como Nueva York y Atlanta, mientras que las autoridades decretaban el toque de queda en casi una treintena de ciudades y se desplegaba la Guardia Nacional en doce estados, además de la capital, Washington. Desde el viernes, se han producido más de 2.500 detenciones por los incidentes, según el recuento de 'The Washington Post'. En Mineápolis, miles de manifestantes se volvieron a echar a la calle después de que la abundante presencia de miembros de la policía y de la Guardia Nacional consiguiera controlar la situación en la noche del sábado y que se cumpliera de forma generalizada el toque de queda. La principal protesta fue en una autopista, que fue cortada por miles de personas y donde estuvo a punto de suceder una tragedia. Un camión cisterna de gran tamaño irrumpió en la autopista y estuvo a punto de llevarse por delante a cientos de manifestantes. Participantes en la protesta sacaron al conductor del volante y le agredieron hasta que llegó la policía. El conductor está detenido y a la espera de si se interponen cargos en su contra. Donde se produjo una víctima mortal fue en Omaha (Nebraska), donde el dueño de un bar se enzarzó en una disputa con manifestantes y acabó disparando dos tiros a uno de ellos, que falleció. En Nueva York, el murmullo de los helicópteros y el aullido de las sirenas de la policía se sintió todo el fin de semana, también el domingo. Después de actuaciones de fuerza de los agentes el día anterior, miles de personas salieron de forma pacífica, aunque era previsible que con la llegada de la noche volviera la violencia. Por uso excesivo de fuerza fueron expulsados dos agentes del cuerpo de policía de Atlanta, una de las ciudades que más disturbios han vivido. Pero también hubo saqueos abundantes en ciudades como Filadelfia o Santa Mónica (California), enfrentamientos con la policía desde Miami hasta Portland y en la capital, Washington, los manifestantes volvieron a cercar la Casa Blanca, con incendios y destrozos en las inmediaciones de la residencia presidencial. Varios medios estadounidenses aseguraron ayer que Donald Trump fue trasladado a un banquet el viernes por la noche, cuando arreciaron las protestas, y pasó allí algo menos de una hora. El abogado de la familia de Floyd, David Crump, condenó la violencia, pero defendió que lo que las ha provocado es la «brutalidad policial y un sistema criminal racista». Lo que acabará con los disturbios es, defendió, que haya «responsabilidad policial y justicia equitativa».
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Estados Unidos vive el mayor toque de queda desde Luther King
«¡Michael Brown!, ¡Amadou Diallo!, ¡Trayvon Martin!, ¡Alton Sterling!, ¡Eric Garner!, ¡Philando Castile!»? Un manifestante gritaba hoy esos y otros nombres con voz desgarrada en una acera de la avenida Flatbush, en Nueva York. Es una letanía de hombres negros muertos a manos de la policía, en circunstancias dudosas o abusos flagrantes. Con cada nombre, la muchedumbre alrededor respondía «¡Don?t shoot!», «¡No disparéis!». La respuesta era atronadora cuando al final apareció el nombre de George Floyd, que falleció el pasado lunes tras ser asfixiado por un policía durante casi nueve minutos cuando estaba esposado y sujeto por otros dos agentes. La muerte de Floyd y la aparición de un vídeo grabado por una viandante que recogía todo el episodio -«no puedo respirar», «me vais a matar», se escucha decir a Floyd, que se desvanece sin que el agente deje de ahogarle, con su rodilla sobre el cuello- han desatado una ola de protestas contra una lacra que no desaparece. La contestación al racismo estructural y a los abusos policiales que vive el país ha sido oscurecido, sin embargo, por la violencia que ha acompañado a las protestas. En Mineápolis, la ciudad de Minnesota donde ocurrió la última tragedia, la situación estuvo bajo control en la madrugada de ayer, después de cuatro noches de caos y destrucción. El gobernador del estado, Tim Walz, había llamado a todos los miembros de la Guardia Nacional del estado, y las calles de la ciudad se inundaron de agentes del orden. Hubo enfrentamientos con los agentes, y destrozos, pero la policía actuó con mayor determinación y efectivos para imponer el toque de queda a partir de las ocho de la tarde que habían decretado las autoridades. Se realizaron arrestos, se lanzaron gases lacrimógenos y para la medianoche la mayor parte de las calles de la ciudad estaban vacías. La posibilidad del despliegue del Ejército en la ciudad se rebajó hoy, tras el ofrecimiento del presidente, Donald Trump, a hacerlo. El Pentágono, sin embargo, tiene unidades de policía militar en alerta por si es necesario su envío. La relativa calma de Mineápolis, donde durante la semana han ardido decenas de edificios y se han extendido los saqueos, contrastó con el aumento de la violencia en el resto del país. Cientos de arrestos En Nueva York, protestas pacíficas como el recordatorio de los hombres negros muertos por abusos policiales, los llamamientos a reformas estructurales en las fuerzas del orden y sentadas dieron paso a incidentes violentos. En la misma avenida Flatbush, se destrozaron coches de policía, y dos todoterreno policiales embistieron a una multitud que trataba de impedir el paso con una valla y les lanzaba objetos. Hubo disturbios por toda la ciudad, desde Harlem a Staten Island, y ayer se registraron saqueos en localidades cercanas como Rochester y se esperaban más incidentes por la noche. Al escribir esta información, la policía había arrestado casi 350 personas desde la tarde del sábado y se multiplicaban las acusaciones al uso excesivo de violencia por parte de la policía, a pesar de que en la mayoría de los casos se vio a las fuerzas del orden actuar con proporcionalidad. El jefe de policía de la ciudad, Dermot Shea, calificó de «turba» a los manifestantes violentos y aseguró que lo que ocurrió en la madrugada de ayer -coches incendiados, destrozos, 33 policías heridos- fue un «intento de apropiarse de la causa de la igualdad que todos debemos defender». En Nueva York no se impuso un toque de queda -una medida muy complicada para la mayor ciudad del país-, algo que sí ocurrió en decenas de grandes urbes, desde Los Ángeles a Miami o Filadelfia. No se recordaban tantas ciudades en toque de queda desde el asesinato de Martin Luther King, el gran líder de la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, en 1968. La Guardia Nacional se desplegó en doce estados, además de la capital del país, Washington. Protestas en 75 ciudades Nada de eso evitó que continuara la violencia, que ensombreció las protestas, en su mayor parte pacíficas, en 75 ciudades de EE.UU. Muchas de ellas descendieron a escenarios de caos, con coches de policía en llamas, vandalismo, cortes de carreteras, pillaje, cientos de policías y manifestantes heridos y nuevas víctimas mortales. Un joven murió en Indianápolis la noche del sábado, el cuarto fallecido en todo el país desde que empezaron las protestas el pasado martes. Al cierre de esta edición, se habían producido casi 1.700 detenciones en EE.UU. por las protestas, según el recuento de la agencia AP. Muchas autoridades y líderes sociales han tratado esta semana de aunar llamamientos a la calma y a la serenidad con el reconocimiento de que las protestas son legítimas y responden a una lacra que EE.UU. no es capaz de solucionar. «Sé de vuestro dolor, rabia, sentimiento de desamparo y desesperanza. Se os ha negado la justicia durante mucho tiempo», dijo en un comunicado el veterano diputado John Lewis, uno de los líderes de los movimientos civiles de los derechos sociales, que caminó con King y organizó revueltas pacíficas. «Los disturbios, los saqueos y los incendios no son el camino. Organizaos. Protestad. Haced sentadas. Votad. Sed constructivos, no destructivos».
31-05-2020 | Fuente: abc.es
La violencia incendia todas las grandes ciudades de Estados Unidos
Las protestas en decenas de ciudades de EE.UU. por la muerte de George Floyd a manos de un policía de Mineápolis oscurecieron por incontables episodios de violencia que han sumido a los centros urbanos del país en el caos. La del sábado ha sido la quinta jornada de protestas desde que circulara un vídeo grabado por una viandante en la que un agente de policía, Derek Chauvin, apretaba con su rodilla contra el cuello a Floyd durante más de ocho minutos. La víctima estaba esposada, tumbada boca abajo y sujetada por otros dos agentes. «No puedo respirar», dijo varias veces, pero Chauvin siguió asfixiándole, incluso cuando quedó inconsciente. La detención y la presentación de cargos contra el policía -asesinato en tercer grado y homicidio imprudente- del pasado viernes no ha calmado los ánimos, ni en Mineápolis ni en el resto del país. En el escenario de la tragedia, un ejército de miembros de la Guardia Nacional y de la policía local inundó las calles de la ciudad. El gobernador del estado, Tim Walz, aseguró que los disturbios violentos se debía a grupos organizados, mayoritariamente llegados de fuera, y el presidente de EE.UU., Donald Trump, culpó a «antifas» (grupos antifascistas radicales) y la «extrema izquierda» del caos. Aunque se volvieron a registrar incidentes, incendios y destrozos, la abundante presencia policial pareció calmar la situación en Mineápolis en las primeras horas de la madrugada del domingo, después de varias noches en las que algunas calles de la ciudad se convirtieran en un escenario de guerra. La violencia, sin embargo, volvió a esparcirse por todo EE.UU. Decenas de ciudades declararon el toque de queda -en un número que no se recordara desde el asesinato de Martin Luther King Jr. en 1968-, mientras que once estados y la capital, Washington, requirieron el despliegue de la Guardia Nacional. Eso no evitó una plaga de disturbios, incluso con víctimas mortales, como el joven que murió en uno de los tiroteos registrados en Indianápolis (Indiana), en medio de las protestas. En la mayoría de las ciudades, la violencia se intensificó respecto a días anteriores. En Nueva York hubo incidentes de punta a punta de la ciudad, desde Harlem a Brooklyn, e incluso en la puerta de la Torre Trump, el edificio donde tenía sus oficinas y residencia el presidente de EE.UU., en la Quinta Avenida. Los disturbios más graves fueron en Brooklyn, donde ardieron coches de policía y donde dos todoterreno de las fueras del orden embistieron a la multitud que les rodeaba, golpeaba y tiraba objetos. En Washington, los manifestante volvieron a cercar la Casa Blanca, después de que Trump les amenazara por Twitter y animara a la celebración de contramanifestaciones. Se produjeron multitud de detenciones después de que un grupo de participantes atravesara una de las barreras de protección. Los saqueos de negocios, que asolaron Mineápolis los primeros días de protestas, se reprodujeron en ciudades como Filadelfia o Chicago, donde también ardieron coches y edificios. Los disturbios, que se registraron en casi 50 ciudades del país, enturbiaron las protestas pacíficas que se multiplicaron durante el día, con exigencias de reformas en los cuerpos policiales y gestos simbólicos, como la simulación de los casi nueve minutos que Floyd permaneció tumbado contra el suelo mientras Chauvin le asfixiaba.
31-05-2020 | Fuente: abc.es
Hong Kong se resiste a ser como la China de Xi Jinping
Como centro financiero global y meca del capitalismo, Hong Kong era una de las ciudades más prósperas, seguras, eficientes, vibrantes y libres de la Tierra. Con más de 1.200 rascacielos, esta espectacular megalópolis celebraba cada año un sinfín de congresos y exposiciones y en 2018 atrajo a 65 millones de turistas. Cuatro de cada cinco venían de China continental para gastarse un dineral en sus restaurantes y «boutiques» de marca, que copaban el 5 por ciento de las ventas de lujo en todo el mundo. Pero Hong Kong lleva un año sumido en una agitación social que venía de antes y ya había hundido el turismo y la economía antes de que el coronavirus le diera la puntilla. Con permiso de Vargas Llosa, «¿cuándo se jodió el Perú?». En la memoria colectiva aparece un año, 2012, a partir del cual las cosas empiezan a torcerse. Curiosamente, o no, es el mismo en que Xi Jinping sucede a Hu Jintao, primero como secretario general del Partido Comunista y, al año siguiente, como presidente de China. Justo antes del primer relevo, las masivas protestas estudiantiles contra una ley de educación patriótica que quería imponer Pekín obligaron finalmente a retirarla en el verano de 2012. En el año más duro tras la «Gran Recesión» de 2008, que agravó las desigualdades que sufre esta ciudad con la vivienda más cara del mundo, nació una generación de jóvenes muy comprometidos políticamente. Tras este éxito inicial, la promesa incumplida del sufragio universal desató la Revuelta de los Paraguas en el otoño de 2014, cuando los manifestantes bloquearon durante casi tres meses tres puntos neurálgicos. Aquella protesta fracasó cuando sus campamentos fueron levantados por la Policía y sus cabecillas condenados por los tribunales. «¡Volveremos!», prometieron mientras se apagaba la llama del descontento sin haber logrado sus objetivos. Pedían pleno sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo de Hong Kong, escogido por un comité afín a Pekín, y libre presentación de candidatos, ya que el régimen solo permitía una terna de aspirantes filtrados para no perder el control de la ciudad. Tras un lustro de relativa calma, en la que continuó la siempre problemática inmigración de chinos del continente y se acrecentó el control de Pekín con el «secuestro» de los libreros críticos, el malestar volvió a estallar hace un año. Una polémica ley de extradición a China sacó a millones de personas a las calles en las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en la excolonia británica. Aunque empezaron de forma pacífica y con el civismo de los hongkoneses por bandera, desembocaron en una violencia nunca vista en la ciudad. Desde la toma del Parlamento local el 1 de julio, aniversario de la devolución a China, una «guerrilla urbana» formada sobre todo por jóvenes tomó por costumbre enfrentarse cada fin de semana con la Policía. Cuando la ley de extradición fue retirada en septiembre, era tarde. Con batallas campales que dejaron dos muertos, un hombre quemado vivo, 8.500 detenidos y una sociedad polarizada, las protestas se pararon con la epidemia del coronavirus. Como todo. Pero su control y el anuncio de China de una Ley de Seguridad Nacional, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras, las han reactivado con la misma fuerza que antes. Dentro de esta vorágine «acción-reacción», Pekín se ha saltado al Parlamento de Hong Kong para imponerla directamente en su Ley Básica, mini-Constitución de la ciudad. Tan controvertida decisión ha encontrado una fuerte oposición social y el rechazo internacional por considerarla una violación del principio «un país, dos sistemas», que otorga al antiguo enclave británico autonomía y más libertades de las que tiene el resto de China. Dicho principio, piedra angular de la Declaración Conjunta Sino-Británica suscrita en 1984 para acordar la devolución en 1997, está vigente cincuenta años. Bajo el autoritarismo de Xi Jinping, que persigue con dureza a los disidentes y aspira a perpetuarse en el poder, Pekín parece haber perdido la paciencia y no esperará hasta 2047 para la integración completa de Hong Kong en China. Con esta Ley de Seguridad Nacional no solo pretende aplastar la revuelta, sino mantener el control de la ciudad ante la previsible victoria de la oposición demócrata en las elecciones de septiembre al Parlamento autónomo. Espoleado por las protestas, su arrollador triunfo en los comicios municipales de noviembre augura un vuelco en el Consejo Legislativo (Legco), que podría bloquear al Gobierno local y volverse intratable como se ha visto en los últimos enfrentamientos entre sus diputados. «Quieren un control administrativo total: establecer oficinas y agencias (de la seguridad pública) en Hong Kong. Enviarán cuadros del Partido Comunista para supervisar al ejecutivo, al legislativo y al judicial. Es solo el principio», alertó el viernes en la cadena pública RTHK Martin Lee, veterano demócrata que estuvo en el comité redactor de la Ley Básica de 1985 a 1989. A su juicio, la imposición de la Ley de Seguridad Nacional es inconstitucional pese a que la jefa ejecutiva, Carrie Lam, prometa que respetará todos los derechos. Pero el Ministerio de Seguridad Pública de China ya ha anunciado que «guiará y apoyará a la Policía de Hong Kong a detener la violencia y restaurar el orden», lo que hace temer una represión contra los activistas políticos como en el continente. Para este domingo había convocada una marcha en recuerdo de la matanza de Tiananmen, cuyo 31º aniversario se conmemora el jueves, pero no ha sido aprobada. Veremos si se repiten los incidentes del domingo pasado. Mientras más control impone China, más se resiste Hong Kong, y viceversa.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Arde EE.UU. por las protestas contra los abusos policiales
La noticia de la detención y la acusación de asesinato en tercer grado y homicidio imprudente al policía Derek Chauvin no calmó los ánimos en Mineápolis ni en el resto de EE.UU. Todo lo contrario. Por cuarta noche consecutiva, y con mucha mayor fuerza, la violencia se apoderó de la principal ciudad de Minnesota en la madrugada de ayer en las protestas por la muerte de George Floyd, un hombre negro que murió después de que Chauvin le asfixiara con su rodilla contra el cuello durante más de ocho minutos. El agente siguió apretando incluso después de que Floyd, que había implorado que no podía respirar, se desvaneciera. Su muerte es el último episodio trágico de la lacra de abusos policiales contra la minoría negra y ha propagado las protestas, teñidas muchas veces de violencia, por todo el país. Mineápolis descendió al caos en la madrugada del viernes al sábado, a pesar del toque de queda que impusieron las autoridades a partir de las ocho de la tarde y del despliegue de la Guardia Nacional. Cerca de 2.500 miembros de las fuerzas del orden, entre policía local y este cuerpo militar de reserva, trataron de controlar la situación. No fueron suficiente. Miles de personas desafiaron y se lanzaron a las calles. Como en anteriores noches, incendiaron edificios y coches y destrozaron negocios -ardieron, al menos, un banco, un restaurante y una gasolinera- y lanzaron proyectiles y fuegos artificiales contra la policía. Había «decenas de miles de personas», aseguró el comisionado del Departamento de Seguridad Pública de Minnesota, John Harrington. Si en la anterior noche los manifestantes violentos sitiaron, tomaron, arrasaron e incendiaron la comisaría de policía número 3 de Mineápolis -donde estaban asignados Chauvin y los otros tres agentes involucrados en la muerte de Floyd- en la madrugada de ayer fueron a por otra, la número 5. No lo consiguieron, pero forzaron el repliegue de la Guardia Nacional en algún momento. Anarquistas y criminales Hoy la tensión era todavía mayor. «Lo que hemos visto en noches anteriores, va a quedar pequeño con lo que habrá esta noche», advirtió el gobernador del estado, Tim Walz, sobre esta madrugada del domingo. Walz aseguró que las protestas legítimas por la muerte de Floyd habían sido infiltradas por anarquistas y criminales. «Entiendo la indignación», dijo sobre la reacción al abuso policial. «Pero esto no es sobre la muerte de George. Esto es para crear caos». El gobernador aseguró que el 80% de los que han participado en vandalismo, pillaje y ataques a la policía están «bien organizados», forman parte de un «intento organizado de desestabilizar la sociedad» y vienen de fuera de Minnesota. Pero también reconoció la amplitud de las protestas y la incapacidad de las fuerzas del orden para hacerles frente. «Nuestras ciudades de Mineápolis y St. Paul están sitiadas», dijo en referencia a las llamadas ?ciudades gemelas?, las dos principales ciudades del estado. «Sinceramente, no tenemos gente suficiente», dijo Walz. «Simplemente son más que nosotros». La situación llevó al gobernador a movilizar a todos los efectivos de la Guardia Nacional en el estado -13.200 efectivos- y a no desechar la idea de una intervención del ejército de EE.UU. A instancias de Donald Trump, el Pentágono ha empezado a preparar unidades militares para un potencial despliegue en Mineápolis. La violencia se intensificó en Mineápolis y creció por el resto del país. En ocasiones, con resultados trágicos. En medio del caos de las protestas en Detroit (Michigan), un joven de 19 años murió después de que un vehículo disparara contra un grupo de manifestantes. En Oakland (California), dos agentes del Servicio de Protección Federal fueron tiroteados durante los disturbios, en los que participaron 7.500 personas. En Louisville, se protestaba también por la muerte reciente de una mujer negra, Breonna Taylor, a manos de la policía y ardieron coches de policía. El gobernador declaró el estado de emergencia y llamó a la Guardia Nacional. Al grito de «Sin justicia no hay paz», el caos se propagó en una treintena de ciudades del país. En Nueva York hubo manifestaciones multitudinarias en Brooklyn: miles de personas cercaron comisarías de policía, incendiaron un furgón policial, lanzaron botellas y objetos contra los agentes y cortaron avenidas principales. Hubo cientos de detenidos en Chicago, al igual que en Houston o en Portland, donde se quemó una comisaría de policía. Los incidentes llegaron hasta las puertas de la Casa Blanca, donde un grupo de manifestantes se concentraron después de que la noche anterior Trump inflamara los ánimos con una amenaza: «Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos». Ayer, el presidente acusó a los «antifa» (los grupos antifascistas radicales) y la «izquierda radical» de las protestas y aseguró que esos «grupos organizados no tienen nada que ver con George Floyd». Defendió que ser «más duros» contra ellos es la mejor manera de «honrar la memoria» de la víctima. Violencia planeada El fiscal general del estado, Andrew Barr, insistió en la misma línea. «Las voces de las protestas pacíficas están siendo secuestradas por elementos violentos y radicales», dijo en un comunicado televisivo. «En muchos lugares, parece que la violencia está planeada, organizada y manejada por grupos anárquicos y de extrema izquierda». Los llamamientos a la serenidad y a la calma se generalizaron en todo el país. En Mineápolis, líderes políticos, religiosos y comunitarios se unieron para implorar a la gente que se quedara en su casa. Uno de los discursos más compartidos fue el de la alcaldesa de Atlanta, otra ciudad tomada por los disturbios. «Cuando quemáis esta ciudad, quemáis nuestra comunidad. Si queréis cambio en este país, registraos para votar», dijo. Un tono diferente al que utilizó Trump: por un lado, defendió que la violencia debía parar para honrar la memoria de Floyd, pero, a su vez, preguntó a sus seguidores si ayer habría «una noche MAGA» -en referencia a su lema de campaña, ?Make America Great Again?- en la Casa Blanca, en lo que parecía una invitación a hacer frente a las protestas de la noche anterior.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Con Mineápolis en toque de queda, las protestas arrecian en el resto de EE.UU.
La detención y la imposición de cargos a Derek Chauvin, el policía que asfixió a un hombre negro en Mineápolis, no ha cambiado los ánimos en la principal ciudad de Minnesota ni en el resto de EE.UU. Chauvin fue acusado de asesinato en tercer grado (sin intención de matar) y homicidio imprudente por apretar con su rodilla contra el cuello durante siete minutos a George Floyd, que estaba contra el suelo, esposado y sujetado por otros dos agentes. «No puedo respirar», «me vais a matar», dijo Floyd, que murió poco después. Ocurrió este lunes y la escena quedó reflejada en una grabación de móvil de una viandante. El vídeo provocó una ola de indignación y protestas que derivaron en incidentes violentos, con saqueos e incendios, durante toda la semana. Las autoridades trataron de contener la situación el viernes con la imposición de un toque de queda a partir de las ocho de la tarde, tanto en Mineápolis como en St. Paul, su llamada «ciudad gemela», y donde también se registraron disturbios en la noche del jueves. A pesar de ellos, hubo manifestantes que desafiaron la orden y salieron a protestar, en el mismo lugar donde en la víspera arrasaron e incendiaron una comisaría de policía -en la que estaban asignados Chauvin y los otros tres agentes involucrados en la tragedia-, que fue evacuada por las autoridades. La policía respondió a quienes se saltaron el toque de queda con gas lacrimógeno, en medio de una ciudad tomada por la Guardia Nacional. Como en la noche anterior, las protestas prendieron en otras ciudades del país. En Atlanta (Georgia) hubo disturbios graves, con incendio y destrozo de coches de policías y vandalismo y saqueo en negocios. En la capital, Washington, los manifestantes se concentraron alrededor de la Casa Blanca y fueron respondidos por el Servicio Secreto, que decretó el cierre de la residencia presidencial. En la víspera, Donald Trump había caldeado el ambiente con amenazas a los participantes en disturbios violentos: «Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos», aseguró en Twitter, en un mensaje que fue muy criticado y exaltó todavía más los ánimos. También se registraron incidentes en lugares como Houston (Texas), Milwaukee (Wisconsin), Detroit (Michigan) o Louisville (Kentucky). Las protestas más multitudinarias fueron en Nueva York, donde hubo incidentes por segunda noche consecutiva. Una protesta mayoritariamente pacífica en Foley Square, en el Sur de Manhattan, fue seguida de una concentración con incidentes en Brooklyn, delante del Barclays Center, el estado del equipo de la NBA de los Nets. Los manifestantes cortaron por momentos dos de las principales avenidas de Brooklyn, Flatbush y Atlantic, lanzaron botellas de agua y objetos contra las fuerzas del orden y corearon consignas contra la policía. Este periódico presenció decenas de detenciones en ese lugar, además de rifirrafes entre los agentes y los manifestantes, la mayoría de ellos muy jóvenes. Los incidentes prosiguieron en otras partes de Brooklyn. Cerca de Barclays Center, en el parque Fort Greene, se volvieron a cortar calles, la policía detuvo a manifestantes y una furgoneta policial ardió en llamase. A pocas manzanas, en el barrio de Clinton Hill, los coches y las furgonetas de policía colapsaban el cruce de las calles Lafayette y Classon, donde está una de las comisarías y delante de la que se registraron incidentes. También había manifestantes en otra dependencia policial de Brooklyn, con gritos de «No puedo respirar« -en recuerdo a las palabras de Floyd- o »Sin justicia no hay paz«. Los disturbios prosiguieron en otras partes de Brooklyn toda la noche, con un sonido constante de sirenas.
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