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Noticias de hugo chavez

09-10-2018 | Fuente: abc.es
Cuando Bolsonaro admiraba a Hugo Chávez: «Es la esperanza de América Latina»
Cuando percibió que su popularidad aumentaba y que tenía verdaderas posibilidades de volverse presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro dio un giro en sus pensamientos estatistas, nacionalistas e incluso chavistas, que formaron su trayectoria política. La memoria de internet ha traído a la luz pensamientos contradictorios del líder, que pese a ser un «outsider» para muchos, tiene un largo camino de casi tres décadas en la política nacional. «Es la esperanza para América Latina y me encantaría que esta filosofía llegase a Brasil», declaró Bolsonaro sobre nada más y nada menos que el entonces candidato a la presidencia, Hugo Chávez. En una entrevista al diario O Estado de São Paulo, en 1999, Bolsonaro comparó a Chávez al mariscal Humberto Castelo Branco, primer presidente de la dictadura militar (1964-85), régimen que aún defiende. «Creo que él (Chávez) hará lo que los militares hicieron en Brasil en 1964, con mucho más fuerza», resaltó, negando que fuese contra el comunismo. «Él no es anticomunista y yo tampoco. En verdad, no hay nada más cercano al comunismo que el medio militar», explicó el entonces diputado. Otro político venido a menos, muy admirado por Bolsonaro, es el peruano Alberto Fujimori, que cerró el congreso de su país con apoyo de las Fuerzas Armadas, en 1992, y acusado dentro y fuera del país por violaciones de derechos humanos. «Por su coraje, quiero alabar ahora al excelentísimo Sr. Presidente del Perú, Alberto Fujimori, que implantó en su país como forma de contener la explosión demográfica, la esterilización voluntaria», dijo en 1998. Fujimori, que fue presidente entre 1990 y 2000, fue denunciado por torturas, asesinatos y por esterilizar, sin consentimiento, a más de 300.000 mujeres. Aliado de Lula La prensa ha revivido los momentos en los que Bolsonaro fue hasta favorable a su actual enemigo, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. En 2003, cuando el gobierno Lula comenzaba, el actual candidato defendió el nombramiento de un ministro comunista al ministerio de Defensa. «Las cosas cambiaron. Hoy los comunistas beben whisky, viven bien y van a la piscina», dijo a Folha de São Paulo sobre el cargo concedido a Aldo Rebelo, presidente del Partido Comunista de Brasil. Otro tema que le asombra es que pese a valerse de la democracia, postulando a cargos desde 1990, Bolsonaro siempre fue explícito en decir que no cree en el sistema y que el único camino posible sería una guerra civil. «Solo cambiará, lamentablemente, cuando partamos a una guerra civil, y haciendo un trabajo que el régimen militar no hizo, matando unos 30 mil, comenzando por FHC (el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso)», afirmó en una entrevista de 1999 que se ha vuelto viral en youtube. En esos tiempos, Bolsonaro fue aliado de Lula, a quien apoyó en tres candidaturas presidenciales, hasta 2002. «Quiero alabar la posición de Lula en la comisión de relaciones exteriores. Informaré a mis veinte mil militares, que tienen internet, la propuesta del presidenciable para que cada uno decida su voto», dijo en 2002, en apoyo a Lula. Con la rapidez de las redes y los efectos que eso puede tener en su campaña, Bolsonaro ha usado videos para desmentir sus simpatías contra la izquierda y el comunismo, diciendo que es normal que las personas cambien. Sobre sus propuestas nacionalistas y estatizantes, Bolsonaro dice que ahora es un liberal en la economía, conservador en las costumbres.
08-10-2018 | Fuente: abc.es
La lucha contra la corrupción y la defensa de la seguridad, las grandes bazas de Bolsonaro
Brasil enfila el camino de la derecha a imagen y semejanza de su vecino de América del Norte. Los parecidos entre Jair Bolsonaro (63) y Donald Trump (72) no son pocos. En lo negativo coinciden en su racismo, desprecio a las mujeres y comentarios homófobos. En lo positivo, ambos hombres, abanderados del ordeno y mando, conquistaron a buena parte de su electorado con mensajes implacables de lucha contra la corrupción, defensa de la seguridad y promesas de un futuro mejor para la economía de Brasil y de sus ciudadanos. El excapitán Bolsonaro, entusiasta, al menos de boquilla, de la dictadura brasileña, está a un paso (unos cuatro puntos) de convertirse en presidente del país que podría formar, por sí mismo, un continente. Las elecciones, como los partidos de fútbol, hay que jugarlas pero resulta muy difícil imaginar un escenario, dentro de tres semanas, con Fernando Haddad victorioso y Bolsonaro hundido. El escrutinio final de la primera vuelta arrojó un saldo de 46 por ciento de los votos para el primero y de poco más del 29 por ciento para el elegido de Luiz Inacio Lula Da Silva. El balotaje del 28 de octubre parece que apuntaría a confirmar la debacle del Partido de los Trabajadores (PT). La caída del movimiento que logró mantenerse en el poder, cerca de quince años consecutivos, fue tan dura que hasta se cobró la cabeza de la expresidenta Dilma Rousseff, incapaz de lograr un escaño de senadora en Minas Gerais, su territorio. La monumental corrupción destapada con el escándalo Lava Jato, el deficit económico y el récord de asesinatos en el 2017 (más de 64.000) sumado a la sombra de Lula y su estrategia de manotazos de ahogado desde prisión, no ayudaron a levantar en las urnas a un hombre tratado, por lo suyos, primero como un pelele y al final, a la desesperada, como su último recurso. El atentado contra Bolsonaro, como era previsible, logró el efecto contrario al propuesto. Su imagen se disparó y los sondeos, una vez más, no lograron registrar hasta donde llegaría la nueva estrella de la política brasileña. Evo Morales, imprudente histórico a la hora de opinar en las elecciones de los países que tiene más cerca (de los otros también), supo en esta ocasión guardar la ropa y manifestarse con una diplomacia sin precedente. Anticipó para la segunda vuelta, «la victoria del pueblo brasileño» y omitió pronunciar una palabra en contra de Haddad. El presidente de Bolivia sabe que corren nuevos vientos y con Bolsonaro en Brasil las cosas serán ?si las urnas no lo remedian- muy distintas de cómo fueron con Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Lula y Dilma Rousseff en Brasil, Michel Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador y el matrimonio Kirchner en Argentina, sin olvidar a José «Pepe» Mujica en el pequeño y armonioso Uruguay. Todos ellos formaron un equipo dispuesto a cerrar los ojos o hacerse los distraídos ante los abusos de unos y otros, fueran estos en Caracas, Buenos Aires, Quito o Brasilia. La nueva Sudamérica tiene ya otros protagonistas de la historia. La Argentina de Mauricio Macri, la Colombia de Iván Duque, el Chile de Sebastián Piñera, el Paraguay de Mario Abdo o el Ecuador de Lenin Moreno y el Uruguay de Tabaré Vázquez, están lejos de ese modo de entender la democracia que tanto daño hizo a buena parte del continente. Aunque sus parecidos con Jair Bolsonaro no sean los de Trump, su llegada al Palacio de Planalto, en el fondo, no sería tan mala noticia.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
«El pueblo soy yo»: así fue el descenso a los infiernos de Venezuela por culpa de Hugo Chávez
El cineasta e historiador Carlos Oteyza ha quitado el velo de mentira que se esfuerza por mantener el gobierno venezonalo en torno a la imagen de Hugo Chávez. Pero no lo ha hecho a través de los cauces habituales, sino mediante una nueva cinta que será estrenada por fin en las salas españolas y en la que lleva a cabo una disección de cómo y por qué este controvertido personaje es el responsable del «hoy venezolano». Se trata de «El pueblo soy yo», un documental cuyo subtítulo: «Venezuela en populismo», Formado en París, Oteyza lleva cuarenta años analizando la vida de su país, Venezuela, donde nació, vive y trabaja, tanto con cine de ficción, con cintas como «El Escándalo» (1987), sobre un caso real de corrupción y espionaje dentro de la industria petrolera nacional, como en una serie de documentales de la que hoy presenta su penúltimo capítulo. De hecho, explica el director, habría que empezar a contar la historia en los años 80. «Entonces había tanto dinero que pensamos que saldríamos del tercer mundo y entraríamos en el primero; esos dinerales, que vuelven locos a los futbolistas -pone como ejemplo- también enloquecen a un país porque sus gentes se creen que son ricos. Y solo fue que tuvimos dinero y lo gastamos, no lo invertimos». Así empieza el documental «El pueblo soy yo. Venezuela en populismo», con imágenes reales inéditas de los años de bonanza, para recorrer después los catorce años del gobierno de Chávez hasta los momentos actuales con su sucesor, Nicolás Maduro, una realidad de basura y escasez que ha expulsado, en una diáspora desconocida hasta ahora, a cerca de tres millones de personas. Apoyado en testimonios de intelectuales e investigadores «de posición crítica pero que no vierten en la película», aclara Oteyza, -de Enrique Krauze a Loris Zanatta, pasando por el biógrafo de Chávez Alberto Barrera Tyszka, o la escritora Ana Rosa Torres- Oteyza no quiere «dar soluciones», ni siquiera analizar políticamente su situación actual. «Es un toque de atención, una provocación a una mirada reflexiva que ayude a entender el proceso que nos ha llevado a esta tragedia que vive Venezuela», apunta. Y alerta de que «cualquier democracia que sufra una crisis económica grave puede devenir en populismo»; hoy, afirma tajante, «el populismo está aquí, en Europa, no sólo en América Latina, acechando. Y esto no cambiará hasta que no aceptemos que hay una crisis de las democracias». Las nuevas realidades, explica, impactan en la gente que «empieza a no sentirse representada y así surgen los líderes carismáticos que saben hablar bien en la tele; en Venezuela -resume-, las consecuencias han sido aterradoras». La diáspora, el desabastecimiento, los sueldos de treinta dólares al mes de las clases medias, el inmovilismo político de Nicolás Maduro, la intervención de los medios de comunicación y la desintegración de las instituciones: esas son las consecuencias del populismo. Autor de la trilogía «El reventón. Una historia del petróleo en Venezuela (1883-1999)», documental en tres partes que se remonta al descubrimiento del petróleo en 1883, Oteyza ya hizo cine sobre los gobiernos del dictador Marcos Pérez Jiménez y de las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993). Ahora explica en cinco partes las condiciones que permitieron que un golpista saliera de la cárcel para ser presidente de la república; su enamoramiento con el castrismo, cómo se deshizo de las instituciones, o el tremendo desengaño de la gente. Capítulo aparte merece la intervención en este proceso de «algunos españoles que estuvieron en Venezuela cuando el barril del petróleo estaba a 100-110 dólares. Eso duró algunos años, pero esos asesores se volvieron para España sin pensar que esos precios del petróleo no durarían siempre, y todo se vino abajo», explica Oteyza. «Cuando uno ve el país hoy, ve que aquello fue espuma, una burbuja que se escapó; era un momento ideal para dar discursos bonitos. Aquellos españoles pensaron que estaban modelando una nueva forma de gobernar en el siglo XXI», dice en referencia a algunos dirigentes de Podemos, entre ellos, Juan Carlos Monedero, al que no nombra. «Pero el precio del petróleo bajó, las empresas tomadas dejaron de producir y se volteó la tortilla. Lo que parecía un modelo se convirtió en un dolor. Es importante que en España tengan esto claro", advierte, porque "estos líderes tratan siempre de convencer de que todo el problema se basa en la corrupción y eso es una manera de tomar luego la constitucionalidad», como pasó en Venezuela, dice. El documental se estrena el viernes 11 de octubre en las salas españolas.
03-10-2018 | Fuente: abc.es
Maduro impulsa el éxodo que llegaría a cuatro millones de venezolanos
Nicolás Maduro ha impulsado el éxodo de venezolanos que según afirmaciones del canciller colombiano Carlos Holmes Trujillo llegaría a 4 millones de personas en los próximos meses, lo que duplicaría la cifra actual de la diáspora, no obstante a los intentos oficialistas de que vuelvan los fugados. Ayer regresaron 95 venezolanos de Perú, en el quinto vuelo programado por Maduro del plan «Vuelta a la patria», que totaliza cerca de 463 personas desde Perú. El plan comenzó hace un mes que incluyó a 86 desde Argentina pero no compensa a la masa de 2,3 millones que se han ido de Venezuela en los últimos cinco a años, según cifras de la ONU. El publicitado plan de vuelta de Maduro, quien pide unos 500 millones de dólares a las Naciones Unidas para financiar el traslado de los emigrantes, no ha animado a los que se han ido. «Se va a reforzar con mucha inversión para que los venezolanos regresen a estudiar y a trabajar por el país», añadió el mandatario. Su plan ha caído en contradicciones. Mientras el Ministerio de Comunicación e Información, que dirige Jorge Rodríguez, afirma que han vuelto 7.000 personas, los cinco vuelos apenas suman 463 pasajeros repatriados. La mayoría no se acoge al plan sino que responde «volveremos cuando caiga Maduro». La fuga de venezolanos La tendencia entonces es que la fuga de venezolanos se va a acelerar con la implementación del «madurazo», el conjunto de medidas económicas radicales que arrancó en agosto. La causa es el «socialismo siglo XXI» que el difunto Hugo Chávez le dejó a Maduro cuando estaba moribundo en 2012 el legado bajo el nombre «Plan de la Patria». Y el primer afectado es su vecina Colombia. El canciller colombiano Carlos Holmes Trujillo dijo que «hasta cuatro millones de inmigrantes venezolanos pueden llegar a Colombia en el escenario más pesimista de un agravamiento de la crisis de ese país», informó este martes el canciller Carlos Holmes Trujillo. «En un escenario pesimista, es decir, un escenario que parte de que la situación pueda empeorar, estamos hablando de (recibir) cuatro millones de venezolanos en Colombia», dijo Trujillo en su intervención en el foro «Desafíos de la migración venezolana». El foro, organizado por la Universidad del Rosario, el diario El Tiempo y la Fundación Konrad-Adenauer-Stiftung, también explicó que «según el escenario base, Colombia recibiría en los próximos años un número que llegaría a 2.166.000 venezolanos», que supera el doble de la cifra actual. «En el escenario optimista, que parte de que las cosas llegasen a mejorar en Venezuela, el número sería de 1.850.000», agregó Trujillo, citado en un comunicado de la cancillería colombiana. Venezuela ha perdido al menos el 13% de su población tras la oleada migratoria ocasionada por el socialismo del siglo XXI, y la cual afecta a los países de la región por la grave crisis humanitaria. Cifras oficiales de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) señalan que entre 2015 y 2017 la inmigración venezolana creció casi un 11%, al pasar de 700.000 personas a 1,5 millones. Pero la verdad es que hay miles de venezolanos de doble nacionalidad que han abandonado Venezuela; así como existe otra cantidad que llega como turistas a sus nuevos destinos y se mantienen allí mientras permanecen de forma legal; se trata de un flujo migratorio incalculable. Según la encuestadora Consultores 21, el 40% de la población de Venezuela quiere emigrar; y de acuerdo con el sociólogo Tomás Páez la estimación era que para mediados de este 2018, el 15% de la población venezolana habría dejado el país, con la esperanza de poder regresar algún día. Lo único cierto es que muy pocos son los que quieren volver mientras Maduro permanezca en el poder. Estos testimonios se repiten en la mayoría de los que se fueron. No ven la hora de volver pero sin Maduro.
28-09-2018 | Fuente: elpais.com
Rodrigo Cabezas: ?El plan económico presentado por Maduro no funcionará?
El exministro de Finanzas de Hugo Chávez, que rompió con el actual presidente en 2016, critica al Gobierno por su falta de profesionalidad
14-09-2018 | Fuente: abc.es
El 87% de los venezolanos viven en la pobreza, según la ONU
Una amplia mayoría de los venezolanos vive en la pobreza, al menos el 87% de la población, mientras que el 61% ya cayó al nivel de la miseria extrema. Y en cuanto al futuro generacional, el 55% de los niños menores de cinco años sufre de malnutrición y desnutrición, que tiene un impacto negativo e irreversible en su retraso y crecimiento. Las cifras dramáticas de la condición social de 30 millones de venezolanos son el resultado de casi seis años de mala gestión del régimen chavista de Nicolás Maduro, que recibió de manos del fallecido Hugo Chávez uno de los países con mayores reservas probadas de petróleo y que ahora se encuentra en la ruina. La denuncia de la pobreza en Venezuela la hizo el director de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y a la Vida (Codevida), Francisco Valencia, junto a otros representantes de la ONG y del Centro de Derechos Humanos (CDH) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) ante las Naciones Unidas. En el acto fue organizado por la ONG defensora de las libertades fundamentales Human Rights Watch y llevado a cabo en paralelo a la trigésimo novena sesión regular del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. «Los niveles de inseguridad alimentarios son altísimos. El 55% de los niños menores de cinco años sufren malnutrición», agregó el activista citando datos gubernamentales de Cáritas, organización católica, y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Por su lado, el representante de la CDH de la UCAB, Eduardo Trujillo, aseguró que «más de ocho millones de venezolanos solo comen dos veces por día o menos, y lo que ingieren no es nutritivo. De media, los venezolanos perdieron once kilos de peso solo en 2017». Ambos activistas explicaron cómo es vivir «sin una distribución regular de agua potable ni de electricidad y con una inflación del 233% en agosto», dijo Valencia. El representante de Codevida señaló que, ante esta desesperada situación, era entendible que 2,3 millones de personas hayan abandonado el país, «entre ellos, el 50% del personal sanitario de los hospitales públicos». «Una sola enfermera tiene que ocuparse de 80 pacientes en un día», explicó Valencia, y denunció que «16.000 enfermos renales tienen su vida amenazada porque se han clausurado los centros de diálisis; 5.000 pacientes hemofílicos no reciben tratamiento de coagulación; 33.000 enfermos de párkinson no obtienen medicinas, y 80.000 seropositivos no perciben tratamientos antiretrovirales desde 2017», detalló Valencia. Añadió que en los últimos años el número de muertos a causa del sida o enfermedades relacionadas aumentó de 1.600 al año hasta las 5.000 personas. Señaló que 55.000 personas enfermas de cáncer no reciben quimioterapia o las medicinas necesarias y que la mayoría de los centros de tratamiento del cáncer han clausurado. Brotes de enfermedades que estaban erradicadas Valencia también afirmó que se están presentando brotes de enfermedades ya erradicadas como el sarampión (más de 4.000 casos) o la malaria (500.000), y que las cifras de infectados creciendo. Trujillo, por su parte, hizo énfasis en la urgencia de solicitar a la comunidad internacional y a la ONU que se defina a los que huyen del país como «refugiados o emigrantes forzosos», porque abandonan su país forzados por la crisis. Defendió la necesidad de que la comunidad internacional les de protección. Los venezolanos que huyen lo hacen por cuatro razones: «Falta de alimentos, falta de medicamentos, por la inseguridad y por la situación económica».
13-09-2018 | Fuente: elpais.com
Andorra procesa a dos exministros de Hugo Chávez por un expolio de 2.000 millones
La juez encausa a 28 personas por el saqueo entre 2007 y 2012 de la petrolera estatal venezolana
21-08-2018 | Fuente: elpais.com
Chávez, Maduro y la tercera vía
Esta expresión llegó a ser la favorita de Hugo Chávez antes de acceder al poder
11-08-2018 | Fuente: elpais.com
Monólogo de un delirante psiquiatra venezolano
El actor Héctor Manrique lleva al teatro a Edmundo Chirinos, que trató a Hugo Chávez y asesinó a una paciente
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Parecidos y diferencias entre la Venezuela de Maduro y la Nicaragua de Ortega
La crisis nicaragüense recuerda a la situación en Venezuela, país golpeado desde hace meses por graves problemas económicos y políticos donde las manifestaciones son reprimidas con violencia. Aquí, cinco parecidos y diferencias entre la situación de ambos países. 1. Control político. Los dos movimientos de protestas piden la salida de los dos dirigentes de izquierda, Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, o elecciones adelantadas. Contra ellos, los gobiernos utilizan la misma estrategia. «Han apartado a los líderes y partidos de oposición. No por las urnas, sino a través de decisiones de Justicia o de la autoridad electoral, engañosas e ilegales. Ortega lo hizo durante los comicios de 2016 y Maduro le imitó en 2018», explicó a AFP el politólogo venezolano Luis Salamanca. Ambos «han censurado a los medios de comunicación y reforzado su autoridad eliminando los contrapoderes», añadió Juan Felipe Celia, del centro de análisis Atlantic Council en Washington. 2. Represión. Llamadas «turbas sandinistas» en Nicaragua o «colectivos» en Venezuela, estos grupos paramilitares próximos al poder son utilizados «para enfrentarse a los manifestantes», explicó el experto en relaciones internacionales Mariano de Alba. «Actúan en apariencia por su propia cuenta, pero a pesar de su aspecto de civiles, forman parte del aparato de seguridad del gobierno para agredir e intimidar a los opositores», explica a AFP el analista Diego Moya-Ocampos, del gabinete IHS Markit de Londres. Pero «el gobierno nicaragüense ha tenido una mano de hierro, ha matado mucho más», añade. Al menos 125 personas murieron en cuatro meses de manifestaciones en Venezuela, frente a las 280 en Nicaragua en tres meses. 3. Retórica. En ambos países, los opositores acusan a los presidentes de haber instaurando una «dictadura». Por su parte, ambos gobiernos califican a los manifestantes de «terroristas» y de «golpistas de derechas» financiados por Estados Unidos, subraya Mariano de Alba. 4. Negociación. El sociólogo nicaragüense Óscar Vargas considera que, como Maduro, Ortega busca tomar aliento durante las fases de negociación mientras se centra en «la usura y la división de la oposición». «La solución depende en gran medida de las divisiones de la coliación en el poder o del apoyo del Ejército», considera Mariano de Alba. 5. Presión internacional. Los dos gobiernos están aíslados de la escena internacional y han sido diana de sanciones estadounidenses. La situación en Nicaragua, sin embargo, «no ha acaparado tanta atención como la venezolana», según Mariano de Alba. 6. Economía. Venezuela está atrapada en una grave crisis, pero el gobierno puede apoyarse en la renta petrolera (el 96% de sus ingresos). «Ortega depende de los empresarios y de los nicaragüenses para que la economía se mantenga a flote», revela Mariano de Alba. «Nicaragua es una economía muy débil, frágil, y eso podría ser un punto de ruptura si la crisis no se soluciona en el corto plazo», juzga la analista nicaragüense Elvira Cuadra. El Banco Central de Nicaragua ha bajado del 4,9% al 1% su previsión de crecimiento para este año. 7. Peso político. Para Cuadra, el peso regional de los dos países también es diferente. Gracias a la bendición petrolera, el difunto presidente Hugo Chávez consolidó sólidas alianzas. 8. Ejército. El Ejército de Nicaragua apoya el diálogo entre los dos bandos. «Es más institucional, el venezolano está fuertemente politizado», consiera Moya-Ocampos. «Maduro puede contar con el apoyo de los militares. En Nicaragua, las principales fuerzas represivas son los grupos de civiles armados favorables a Ortega», describe Celia. 9. Oposición. En Nicaragua, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia dirige las manifestaciones, y agrupa a estudiantes, empresarios, campesinos y miembros de la sociedad civil. No se trata de un partido político. En Venezuela, la Platafoma de Unidad Democrática (MUD), una alianza de formaciones políticas con intereses divergentes, es la que lidera las protestas. 10. Apoyos. El analista nicaragüense Mauricio Díaz percibe una cierta «confusión» en el seno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, de izquierdas) en el poder y destaca que «los dirigentes históricos no se posicionan claramente». «El madurismo ha conocido importantes desafecciones, pero la coalición en el poder ha permanecido unida durante la crisis», concluye De Alba.
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