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Noticias de geopolitica

26-07-2018 | Fuente: abc.es
Alemania y Japón se erigen en núcleo de un eje contra EE.UU., Rusia y China
El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, se ha mostrado decidido durante su visita oficial a Japón a forjar una «alianza de los multilateralistas», un eje de países que defiendan juntos el orden mundial vigente desde el final de la II Guerra Mundial frente al aumento de los nacionalismos. Así lo ha anunciado en Tokio, proponiendo a Alemania y Japón, las tercera y cuarta economías más potentes del mundo, como núcleo de ese eje liberal y señalando como enemigo a batir las políticas comerciales del presidente de EE.UU. Donald Trump. Además de Trump, «que ha cuestionado las alianzas de varias décadas de antigüedad vía tuit en 280 caracteres», se ha referido también como amenazas al orden vigente, a Rusia y a China. El ministro alemán considera la anexión de Crimea por parte de Moscú y su actuación en la guerra de Siria como un desafío de Puitin al orden mundial. Por su parte, China quiere inclinar la balanza geopolítica del poder en su propio beneficio, siempre según la interpretación de Maas, e intenta para ello ganar adeptos entre los países más débiles, por lo que también debe ser contrarrestada. «En esta situación geopolítica necesitamos una colaboración germano-japonesa porque también es una colaboración de socios de valor», ha dicho en su discurso en el Instituto para Economía Política en Tokio, «nuestros países son muy pequeños para liderar solos la lucha por el poder entre las potencias mundiales, pero juntos podemos llega a grandes logros». Además de Japón y algunos países de la Unión Europea, también baraja como posibles miembros de la nueva alianza a Canadá y Sudáfrica. Maas ha descrito que los Estados implicados en la nueva alianza deberán asumir una responsabilidad conjunta en las organizaciones internacionales, velar por el cumplimiento del derecho internacional y llenar los vacíos que se produzcan por la retirada parcial de otros países del escenario mundial, atribuyendo a esta alianza buena parte de las tareas de las que hasta ahora se venían encargando organizaciones internacionales de carácter multilateral como las que espera defender. «Si unimos nuestras fuerzas (..) quizás podamos convertirnos juntos en algo así como (..) creadores, motores de un orden internacional que el mundo necesita urgentemente», han sido las palabras del ministro. La idea de una alianza para el multilateralismo ha quedado materializada en una declaración conjunta firmada durante esta visita por Maas y su homólogo japonés, Taro Kano, además de un pacto para una cooperación más estrecha para el libre comercio, para la prevención del cambio climático y por los derechos humanos.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Merkel marca una línea roja a Seehofer
En ningún momento de las durísimas semanas que Merkel tiene a sus espaldas, en las que la gran coalición desde la que gobierna Alemania ha estado al borde de la ruptura, se ha siquiera planteado dimitir la canciller alemana. «Para mí lo importante es que hemos llegado a un compromiso. No hemos solucionado todo lo referente a la inmigración, eso está claro, pero hemos logrado un acuerdo que nos permite seguir avanzando», ha resaltado el lado positivo del enfrentamiento abierto con su ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Horst Seehofer. Pero también ha mostrado su disposición a no volver a tolerar una escena como la a superada, en la que el ministro amenazaba con romper los lazos entre los dos partidos conservadores, que concurren conjuntamente a las elecciones desde la fundación de la República Federal de Alemania, si no se tomaban las medidas fronterizas que estaba exigiendo. «Formar parte de un gobierno significa estar en disposición de llegar a compromisos, los miembros de un gobierno deben ser capaces de hablar entre sí y de llegar a soluciones con las que todos estén de acuerdo. Y si eso no es posible para alguno de los miembros del gobierno, es un claro síntoma de que su lugar no está ya dentro de ese gobierno». Con estas palabra ha sugerido la canciller alemana a Seehofer que en la próxima ocasión en que su postura sea así de intransigente, debe tomar la puerta y largarse. «Dentro de un gobierno se puede hablar de todo y se puede negociar sobre todos los asuntos, pero creo que en cuanto al tono que hemos visto en las últimas semanas, es francamente mejorable», ha seguido criticando el ultimátum del bávaro. A pesar de su serenidad y su buen humor, Merkel ha dejado entrever lo harta que está de su ministro cuando, en la tradicional rueda de prensa de verano, la última del curso y siempre en un tono más distendido, le han preguntado a quién preferiría llevarse de vacaciones: a Trump, a Putin o a Seehofer. «Vacaciones son vacaciones», se ha limitado a responder no sin cierta ironía. Sobre Trump y Putin Trump ha sido otro de los protagonistas de la rueda de prensa. Merkel ha celebrado la invitación del presidente estadounidense al jefe de Estado ruso, Vladimir Putin, a celebrar una nueva cumbre en unos meses en Washington. «Tenemos que acostumbrarnos al hecho de que los encuentros entre el presidente de Estados Unidos y el de Rusia se convertirán en algo normal», ha sostenido, «cada vez que se habla es bueno para todos y muy especialmente si hablan estos dos países». Espera que Putin y Trump aborden el desarme nuclear porque, ha recordado, estos dos países poseen juntos el 90% de las armas nucleares del mundo. Por lo demás, y a pesar de la insistencia de las preguntas en las desavenecias con Trump, Merkel ha repetido la importancia de las relaciones entre su país y Estados Unidos. Sigue siendo un socio «central para nosotros». La canciller alemana no ha entrado a juzgar las motivaciones de los reiterados y explícitos ataques verbales de Trump a Alemania en los últimos meses. «No me centro en su motivación sino en la contra argumentación. Deseo insistir en hechos como que la mayor fábrica de BMW no está en Alemania, sino en Carolina del Sur, y apoyo a la UE en los pasos que está dando para tratar de acercar posturas». Inmigración y OTAN En materia de inmigración, Merkel ha apoyado a las organizaciones internacionales que están salvando vidas en el Mediterráneo, pero ha recordado que deben respetar las leyes y que Italia no debe cargar sola con el peso que supone su frontera exterior. Ha justificado los pasos hacia una unión de la defensa en el seno de la UE como forma más eficiente del gasto militar y ha subrayado la necesidad de que Europa tome un lugar más destacado en la geopolítica global y en la resolución de conflictos, «no al margen de la OTAN, pero sí ganando independencia en su capacidad de reacción». A pesar de que está terminando un curso agotador para políticos y periodistas en Alemania, Merkel insiste en que «yo no me quejo». A sus 64 años recién cumplidos asegura que «me alegro de disfrutar ahora de un par de días de vacaciones y poder dormir un poco más, pero no me quejo, al contrario, estoy emocionada. El orden global está bajo una gran presión, la digitalización nos plantea enormes retos. Todo eso nos obliga a trabajar mucho, claro está, pero es muy interesante e incluso emocionante».
11-07-2018 | Fuente: abc.es
¿Por qué acusa Trump a Alemania de ser «cautiva» de Rusia?
Donald Trump tiene entre ceja y ceja a Alemania, y así lo ha demostrado este miércoles en el primer día de cumbre en Bruselas. «Alemania, en lo que a mí respecta, es cautiva de Rusia porque está recibiendo gran parte de su energía de Rusia» ha dicho Trump al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, mientras era consciente de que las cámaras le grababan. «Tenemos que hablar sobre los miles y miles de millones de dólares que se le están pagando al país del que se supone que debemos protegerlo» ha declarado. Cuando todos esperaban hoy que el presidente de los Estados Unidos, comenzara la cumbre de la OTAN atacando a los aliados que no cumplen con la regla de la financiación del 2%, el mandatario norteamericano ha vuelto a sorprender con sus declaraciones. La razón de esta reprimenda es un oleoducto de 800 millas de largo planeado bajo el mar Báltico. El gobierno alemán ha proseguido con su proyecto Nord Stream II durante años, a pesar de las críticas de los Estados Unidos y algunas naciones de la Europa del Este. El conflicto del gas Durante las próximas décadas, se espera que los recursos propios de gas de Europa, que representaron más de un tercio de sus suministros en 2016, desaparezcan gradualmente. (Gran Bretaña, Noruega y los Países Bajos son los mayores productores de Europa occidental y septentrional, que dependen principalmente de los campos de gas natural en el Mar del Norte). Como los suministros propios de Europa se están agotando, Estados Unidos esperaba obtener acceso a un mercado rentable con una demanda creciente. Naciones como Polonia y Ucrania también temen que Rusia pueda estar diversificando sus rutas de gas en Europa para poder explotar su red por razones políticas. En junio de 2014, en medio de las consecuencias de la anexión rusa de Crimea meses antes, Rusia cortó el suministro de gas de Ucrania durante semanas en lo que Kiev dijo que era un intento de chantajear a Ucrania. UE. La presión sobre Rusia ayudó a resolver finalmente el conflicto, ya que a los poderosos Estados miembros de Europa occidental les preocupaba que la interrupción de la oferta pudiera tener repercusiones en todo el continente. Nord Stream 2 Desde que comenzara el conflicto en Ucrania tanto la Unión Europea como Estados Unidos han comenzado un sistema de sanciones para castigar a la economía rusa por sus nuevas aspiraciones geopolíticas de Moscú. Sin embargo, el sector del gas ruso se mantiene fuera de las sanciones de Europa. El Nord Stream II es el segundo gaseoducto ruso en el mar Báltico, el primer gaseoducto, de la empresa energética rusa Gazprom, lleva gas natural desde Vyborg (oeste ruso) hasta Greifswald (norte alemán). La canciller alemana, Angela Merkel, no ha mostrado ninguna disposición para detener el controvertido proyecto del oleoducto, pero a veces ha indicado al menos cierto escepticismo, reconociendo que el proyecto no era totalmente económico, sin negar su dimensión política. Algo que contrastaba fuertemente con su predecesor, Gerhard Schroeder, socialdemócrata, que durante mucho tiempo defendió la conexión del gas. En ese momento, el gobierno alemán dijo que perseguía el oleoducto entre Rusia y Alemania para reducir los costos de energía y establecer una ruta de suministro confiable. Se espera que el Nord Stream II esté operativo a finales de 2019 o principios de 2020. Sin embargo, las degradadas relaciones entre Rusia y la Unión Europea y, hasta cierto punto Estados Unidos, son un factor que podrían complicar a Alemania el abrir la llave de paso de ese gaseoducto. Pero hasta ahora, el único impacto que Nord Stram II ha tenido, ha sido el de abrir una brecha entre Alemania y otras naciones occidentales. En respuesta a las acusaciones de Trump de que Alemania es cautiva de Rusia, Merkel, que creció en el este de Alemania, ha advertido al presidente que podría estar en una mejor posición para juzgar la dependencia de su país. «Me he criado en una parte de Alemania controlada por la Unión Soviética, y estoy muy feliz hoy de que estamos unidos en la libertad», ha dicho Merkel.
08-07-2018 | Fuente: elpais.com
¿Cómo será el próximo semestre en Bolsa? Así lo ven los analistas
Los expertos no renuncian a apostar por la remontada del Ibex 35 Las tensiones geopolíticas y los bancos centrales marcarán el ritmo
07-07-2018 | Fuente: elpais.com
Los expertos no renuncian a apostar por la remontada del Ibex 35 Las tensiones geopolíticas y los bancos centrales marcarán el ritmo
14-06-2018 | Fuente: abc.es
El pesimismo hace tiempo que se ha puesto de moda a la hora de analizar los grandes problemas internacionales. Y de todos los retos globales acumulados en la última década, quizá uno de los mayores focos para el desaliento sea la crisis de inmigración y refugiados a la que se enfrenta Europa. El dilema que nos concierne, refrescado por el caso del Aquarius y su inminente llegada a España, ha generado desde dudas razonables hasta los peores sentimientos xenófobos alentados por el nacional-populismo. Sin el afán constructivo que ha caracterizado el progreso de la Unión Europea es imposible solucionar la crisis de inmigración y refugiados desatada hace tres años, con Siria y Libia como grandes motores. En retrospectiva, los elementos que han promovido toda esta catástrofe se mantienen dolorosamente intactos: la proliferación de Estados fallidos, el avance del yihadismo dentro de su geografía variable al otro lado del Mediterráneo y múltiples e interminables guerras civiles que agotan las mejores voluntades humanitarias. Esta combinación de circunstancias geopolíticas está alimentando el contumaz éxodo irregular con destino a Europa procedente sobre todo del norte de África y Asia occidental. Casi toda la franja del Sahara se encuentra implicada, desde Mali hasta el cuerno de África, con zonas sumidas desde hace años en la anarquía como Somalia o Eritrea. A los emisores habituales de desplazados muy poco voluntarios se ha sumado el flujo procedente de Siria, un país totalmente envilecido tras más de siete años de guerra civil internacionalizada. El África subsahariana también sigue aportando cientos de miles de «sin papeles» procedente de países como Nigeria, Gambia, Sierra Leona, Sudán. Algunos incluso son palestinos procedentes de Gaza. Con puntos de partida incluso mucho más lejanos como Afganistán, Pakistán o Bangladesh, a esta lista desesperada también ha terminado por sumarse Yemen. Las últimas estadísticas de Naciones Unidas indican que el número de desplazados por la fuerza en todo el mundo ha superado los 65 millones, incluidos 22,5 millones de refugiados. Cifras que no hacen más que incrementarse mientras Europa se consume en sus divisiones.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
La apertura de Rusia a Italia puede romper el equilibrio de la Unión Europea
Con su apertura a la Rusia de Putin, el nuevo gobierno populista italiano puede crear un terremoto en las relaciones exteriores, no solo de Italia, sino también en la europeas. Para todos los analistas extranjeros y las cancillerías europeas, la parte más significativa del primer discurso del jefe del gobierno italiano, Giuseppe Conte, en el Parlamento, ha sido su neta apertura a Rusia. Una apertura que conlleva la idea de levantar las sanciones económicas que en el 2014 la Unión Europa impuso, con el apoyo de Estados Unidos, a Moscú después de la ocupación militar rusa de Crimea, lo que supuso un atentado a la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Fue muy pobre la explicación del profesor Giuseppe Conte sobre política exterior, sin explicar con precisión la colocación internacional de Italia. Como no podía ser menos, mostró su adhesión a la Alianza Atlántica, pero dedicó más espacio y con más énfasis a precisar que Italia está también con Rusia: «Tenemos la intención de reiterar la convencida pertenencia de nuestro país a la Alianza Atlántica, con los Estados Unidos de América como aliado privilegiado», dijo. A continuación, añadió un párrafo importante para confirmar con fundamento una línea pro-rusa de Italia que nunca fue tan clara y explícita: «Seremos autores de una apertura a Rusia, que ha consolidado en los últimos años su papel internacional en varias crisis geopolíticas. Nos haremos promotores de una revisión del sistema de sanciones, a partir de las que corren el riesgo de mortificar a la sociedad civil rusa». Italia se distancia de sus aliados Obviamente, con este nuevo enfoque en la política exterior, el nuevo gobierno populista italiano se separa de la línea de una acción común europea frente a la Rusia de Putin. Nadie considera que es un tema baladí, porque Italia es la tercera economía de la eurozona y juega un papel fundamental en el Mediterráneo por su posición estratégica. El gran inspirador de este cambio es el ministro del Interior, Matteo Salvini, en su condición de secretario de la Liga Norte, de extrema derecha. Se sabe que el profesor Conte actúa como portavoz del programa de gobierno ?él mismo se definió «garante del contrato»? firmado por el líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el propio Salvini, ambos vicepresidentes del gobierno. Factor ruso El factor Rusia está desde hace tiempo en la política interna italiana, con la mirada de Moscú puesta en los movimientos antisistema y populistas. Ante las elecciones italianas del 4 de marzo, Europa y Estados Unidos tenían interés en una victoria de los partidos tradicionales, ya fueran de izquierda o de derecha, mientras sentían gran temor por que ganaran los populistas y antisistema. La posición de Moscú era diametralmente opuesta: ansiaba la victoria de la Liga Norte de Matteo Salvini y del M5E. Ya durante la campaña, actores rusos ejercitaron influencia a través de las redes sociales para favorecer un resultado que creara un terremoto político e inestabilidad interna y externa. Esa «influencia perversa» rusa en la web se evidenció en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y de Francia, en los comicios generales de Alemania e incluso en el Brexit de Reino Unido. Cabe añadir otro factor decisivo para explicar el interés y la presencia de Rusia en la política italiana: La Liga Norte tiene una especial relación con el partido Rusia Unida, el principal partido político ruso del que es líder indiscutible Vladímir Putin. Esa relación de la Liga y Rusia Unida se concretó con la firma de un acuerdo en Moscú entre Salvini y el partido de Putin el 6 de marzo 2017. Salvini se comprometió entonces a «facilitar» la cooperación multilateral entre la Federación Rusa y la República italiana con un «acuerdo histórico». No puede sorprender ahora el discurso del nuevo primer ministro italiano, a la luz de lo que revela ese acuerdo entre la Liga y Rusia Unida: «Se consultarán y se intercambiarán informaciones sobre temas de actualidad, sobre las relaciones internacionales y desarrollo económico». Fue un acuerdo suscrito con la esperanza de convertirse en poco tiempo en «una relación entre dos fuerzas políticas de gobierno», sobre la base del común denominador de todos los movimientos nacional-populistas: «La soberanía estatal». Salvini precisó entonces en su página de Facebook los temas que trató con sus interlocutores rusos en Moscú: «Lucha a la inmigración clandestina y al terrorismo islámico, pacificación de Libia y final de las sanciones contra Rusia, que han costado a Italia 5.000 millones de euros y miles de puestos de trabajo perdidos». Precisamente, este punto, el levantamiento de las sanciones, es clave y central para el gobierno ruso, hasta el punto de constituir una cuestión fundamental en todos los encuentros que Rusia Unida ha tenido con todos los partidos populistas europeos. No pasó desapercibido aquel acuerdo Liga-Rusia Unida para algunos medios, en particular para el prestigioso diario «Financial Times»: «Ese acuerdo es un tentativo más del Kremlin para desarrollar relaciones formales con grupos populistas con vistas a las elecciones que se desarrollarán en los próximos meses y en las que los grupos de extrema derecha aumentarán su consenso». Hasta entonces, solo el Partido de la Libertad austriaco de Heinz-Cristian Strache, con un pasado de neonazi, actualmente vicecanciller, había hecho algo parecido, llegando incluso a «hermanarse» con Moscú en el 2016. El aliado de Putin en Viena Seguramente no fue casual que, en coincidencia con el discurso de Giuseppe Conte en el parlamento italiano, apareciera en Viena Vladimir Putin. El presidente ruso se entrevistó con el canciller Sebastian Kurz, desde siempre muy partidario de la necesidad de aproximarse a Rusia, como su vicecanciller, el populista Heinz-Christian Strache, de extrema derecha. Oficialmente, Putin visitó Viena en coincidencia con el 50º aniversario del acuerdo todavía en vigor entre Austria y la entonces Unión Soviética sobre suministro de gas natural. Esto solo era una justificación. El verdadero motivo del viaje de Putin a Viena residió en que Austria inicia el próximo mes el semestre de presidencia de la Unión Europea. Austria, al contrario que la mayor parte de los gobiernos europeos y occidentales que han decidido distanciarse de Moscú, prefiere estar abierta al diálogo con el Kremlin. El canciller Kurz ha subrayado que Viena quiere ser «un puente entre este y oeste». Pero Vladimir Putin va más allá: abre dos puertas en la Unión Europea con dos gobiernos filorusos, pero sobre todo su interés está en Italia, un aliado estratégico en el Mediterráneo. Plan desestabilizador «Por su parte, el gobierno de Roma tiene a alguien que le cubre las espaldas en su confrontación/choque que se perfila con la Unión Europea», escribe el diario «La República», preguntándose si Matteo Salvini es consciente de «cuánto puede ser desestabilizador su modo de proceder, aunque quizás sea el resultado que pretende Salvini». El líder de la Liga cuenta además con las simpatías de los países nacionalistas del Grupo de Visogrado (Hungría, polonia, la República Checha y Eslovaquia). Preocupa la nueva orientación del gobierno italiano, que podría liderar el grupo de países pro-rusos, en un contexto de tensión internacional y de guerra comercial que podría agravarse. La Comisión Europea aprobó ayer aranceles aduaneros a una lista de productos estadounidenses, en represalia por los aranceles del presidente Donald Trump al aluminio y el acero europeos. La inminente cumbre del G7 y la próxima de la OTAN, a mitad de julio en Bruselas, despiertan hoy la atención mundial. Y los ojos de los líderes presentes observarán sobre todo a Italia.
28-05-2018 | Fuente: elpais.com
El petróleo tantea su techo político
Impulsado por las tensiones geopolíticas, el precio del crudo explora los límites aceptados implícitamente por la OPEP y Rusia
21-05-2018 | Fuente: abc.es
ra un joven corpulento, barbudo y desgarbado, vestido con unos vaqueros y una camiseta, a la manera occidental de los jóvenes iraníes. Yo deambulaba con un amigo español por las calles de Isfahan, la ciudad más turística del país, rumbo a la encantadora plaza de Naqsh-e-Yahan. «¿Spania?», nos preguntó. «Spania, Federico García Lorca?», dijo. Siguió un atropellado monólogo en farsi, del que nada comprendimos, y una pausa antes de que, con los ojos encendidos, comenzara a recitar de corrido aquello de «Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde?». Nos dio la pista la solemne repetición del «panja», el número cinco en persa. Y los gestos de matador que realizaba, en una surrealista y maravillosa escena en medio del habitual jaleo callejero de la ciudad de los puentes. Nos invitó a su casa. No recuerdo su nombre. Al «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» le siguió un amplio recital lorquiano. Nos sacaba ediciones persas de sus autores venerados, algunas en inglés de tiempos de antes de la revolución de Jomeini. Muchos de ellos libros prohibidos por la infernal teocracia chií, claro. Nosotros escuchábamos, tomando el té, husmeando entre su enorme librería adornada con retratos de sus héroes, una miscelánea contemporánea que mezclaba el Che Guevara, Gandhi y Oscar Wilde. Aquel encuentro nos condujo a conocer a la dulce Goldboo, y a las veladas en casa de sus progenitores con vodka ilegal destilado en el barrio cristiano y el llanto del sitar de su padre. Regresó de EE.UU. con la promesa de una revolución justa en 1979, y había acabado sumido en décadas de melancolía. Así es Irán, un país lleno de gente culta y hospitalaria que viven acantonados en el interior de sus vidas privadas y sometidos a los azotes del fundamentalismo religioso en su vida pública. Isfahan tuvo 400.000 visitantes extranjeros el año pasado, según cifras oficiales citadas por el «Financial Times». El triple que dos años antes. Ahora, tras la decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear y de reactivar nuevas sanciones económicas, se prevé una caída del turismo internacional de entre el 15% y el 40%. No sé qué será de nuestro anfitrión lorquiano. Me lo imagino saliendo a la calle con la ilusión de un nuevo encontronazo cultural durante los dos años de vigencia del acuerdo. Y deprimido ahora por el previsible cierre de las cortinas de la vida que seguirá al restablecimiento de sanciones. Occidente se ha enfrentado durante tres lustros al endiablado dosier nuclear iraní. Y al dilema de saber que el castigo a las facciones más duras y fanáticas del régimen, defensoras del programa atómico y la confrontación con EE.UU., suponía agravar la condena de esa mayoría social que suman muchos abstencionistas y los votantes de las candidaturas llamadas reformistas. Y que, si bien orgullosos de su país y nacionalistas persas en muchos casos, aspiran a la apertura, y a que les dejen vivir en paz. Irán no fue siempre el «enemigo de Occidente», ni EE.UU. el «Gran Satán» para los iraníes. En los años 70, la doctrina exterior de un Richard Nixon enfangado en la Guerra de Vietnam le llevó a delegar la estabilidad en Oriente Medio en los «Pilares Gemelos» de la gran potencia en la región: el Irán del Sha y Arabia Saudí. Ironías de la geopolítica, los dos archirrivales de hoy le guardaban juntos el patio petrolero a Washington. Más aún, en aquella ecuación, Israel, Irán y los kurdos conformaban una red de apoyo logístico y de inteligencia para EE.UU., que tenía en ellos un cinturón aliado no árabe en las tierras del Profeta. A mediados de los 80, durante la guerra Irán-Irak, la Administración Reagan sufrió también el humillante escándalo conocido como Irán-Contra. Mientras defendían públicamente el embargo de armas contra las dos facciones, la CIA y un joven analista del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, orquestaron un cinematográfico plan de rescate de unos rehenes estadounidenses de Hizbolá a cambio de la venta clandestina de misiles a Teherán. Los mismos misiles que, situados fuera del ámbito del acuerdo nuclear entre las cinco potencias y Teherán, inquietan hoy, con razón, a Israel. Creo que Netanyahu sobredimensiona la amenaza, que Trump sobreactúa en sus decisiones, y que la UE sobrevive como el «enano político» que todavía es. Y que la pregunta que deben hacerse es la de siempre: Qui Prodest. ¿A quién benefician las decisiones? Al Irán oficial de la teocracia militar antisemita que estableció Jomeini, o al Irán «real» que solo aspira a, entre otras cosas, leer a Lorca en Isfahan.
26-02-2018 | Fuente: abc.es
La geopolítica de los brutos y el Mundial de Rusia 2018
La FIFA se fía de Putin. Apenas unas pocas horas después de la muerte de un agente de la Ertzaintza en el contexto de los violentísimos enfrentamientos entre ultras del Spartak de Moscú y del Athletic de Bilbao, el órgano de gobierno del fútbol mundial corrió a expresar el viernes su «completa confianza en la organización de la seguridad y el extenso concepto de seguridad desarrollado por las autoridades rusas» de cara al Mundial de Rusia 2018. Para qué dejar que una víctima de la barbarie altere un suculento negocio que sirve, además, perfectamente a los fines geoestratégicos del régimen que dirige Vladimir Putin. El presidente ruso lleva desde 1999 alternando el cargo de primer ministro y de jefe del Estado de la Federación Rusa. Acaba de superar a Leonid Brézhnev como el dirigente más duradero después del propio Stalin. Y el mes que viene será reelegido sin sorpresa en unas nuevas «elecciones» presidenciales (permítanme las comillas), justo a tiempo para llegar ungido de poder a la inauguración del Mundial el 14 de junio. Una ocasión perfecta para blanquear el renovado papel de superpotencia que Moscú reclama ante una audiencia global cuyas últimas retransmisiones «made in Russia» han sido la anexión por la fuerza de Crimea en 2014, la guerra sucia en Ucrania, la interferencia en las elecciones presidenciales de EE.UU. y, en el ámbito deportivo, el escándalo de dopaje masivo en las Olimpiadas de Invierno de Sochi de 2014 que costó a Rusia la prohibición de participar en los recientes Juegos de Pyeongchang. Pero nada, ni el matonismo ni el doping, logran empañar la unidad de destino en lo universal de la Rusia de Putin. «La prohibición de participar en las Olimpiadas de Invierno de 2018 ha sido en realidad un regalo para él», afirmaba recientemente Andrei Kolesnikov, especialista en Rusia del think-tank estadounidense Carnegie Endowment for International Peace. «Para Putin, supone el combustible perfecto para [reforzar] su concepto de fortaleza asediada, uno de los pilares de su legitimidad personal y su popularidad». La utilización de los grandes eventos deportivos al servicio de la diplomacia internacional está en los propios orígenes griegos de la competición olímpica. Lo acabamos de ver en los Juegos de Invierno de Pyeongchang, donde las dos Coreas han escenificado un presunto esfuerzo reconciliatorio ante la mirada incómoda e impaciente del vicepresidente Pence de los Estados Unidos. El paripé no parece haber dado resultado: el viernes pasado, Trump anunció el paquete de sanciones energéticas más duro hasta la fecha contra empresas y petroleros vinculados al régimen norcoreano. El propio Hitler, quien antes de su llegada al poder calificaba -como no- a las Olimpiadas como «una invención de judíos y masones», aprovechó con maestría los Juegos de Berlín de 1936. Aquellos a los que aspiraba también la Barcelona republicana y en los que triunfó -recordemos- el gran atleta negro Jesse Owens calzando unas muy alemanas zapatillas d el empresario Adi Dassler, fundador de Adidas. Lo recuerda bien Mihir Bose, el periodista deportivo anglo-indio, en su libro «The Spirit of the Game». «Los nazis obtuvieron todo lo que querían: impresionaron a los extranjeros, demostraron a Hitler que podía ignorar las sanciones internacionales, y unificaron a los alemanes en torno al régimen». La elección por el comité ejecutivo de la FIFA en 2010 de Rusia y Qatar como sedes de los Mundiales de 2018 y de 2022 apesta a corrupción. Según publicó «The Sunday Times», Putin habría regalado un cuadro de Picasso al entonces presidente de la UEFA, Michel Platini. El francés fue uno de los 22 electores bajo sospecha. Siete de ellos han sido acusados por las autoridades estadounidenses, Franz Beckenbauer por las alemanas, Ángel María Villar por las españolas, y otros cinco han sido sancionados por la FIFA. La elección de dos países tan poco futboleros responde, en cualquier caso, al olfato geopolítico de Joseph Blatter, el suizo que dirigió el fútbol mundial desde 1998 hasta la redada del FBI contra la FIFA en 2015. «Entendió muy pronto que el poder global estaba desplazándose hacia el Este», afirmaba Simon Kuper, especialista en fútbol del «Financial Times«, en una crítica de libro en el New York Review of Books. La elección de Qatar -uno de los países más activos diplomáticamente en los últimos conflictos en Oriente Próximo- para el Mundial de 2022 acarrea el llamativo agravante de las elevadísimas temperaturas, por encima de los 40 grados, que sufre el emirato en verano. Una circunstancia que ha obligado a mover la competición, por primera vez en su historia, a los meses de noviembre-diciembre. Para desgracia de millones de aficionados civilizados al deporte rey, las hinchadas radicales de ciertos clubes rusos -«máquinas de pegar entrenadas en gimnasios y curtidas en peleas organizadas en bosques», según la descripción del corresponsal en Moscú de este diario, Rafa Mañueco- y de otros tantos equipos del fútbol internacional -los Herri Norte del Athletic, sin ir más lejos- desempeñan el papel de las legiones bárbaras de Atila en el tablero de la alta política global.
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