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Noticias de francisco fernandez ordonez

26-11-2016 | Fuente: abc.es
Cinco décadas de relación entre Fidel y España
La desaparición de Fidel Castro puede abrir una nueva página en la relación de España con Cuba, tras cinco décadas de altibajos marcadas por el fuerte vínculo histórico y sentimental español con la isla. Desde el triunfo de la Revolución en 1959, las relaciones de España con Fidel Castro «han sido muy complejas, muy diferentes a las que han mantenido otros países de la UE, debido a la fuerte carga histórica y también emocional con Cuba, que sale a la luz en cada conflicto», afirma Consuelo Naranjo, investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). «Si analizamos las diferentes declaraciones de Castro, siempre puso de manifiesto el pasado, nunca se cierra esa reivindicación histórica, y en distintos momentos habla de que los españoles no han superado esa arrogancia colonial», agrega. España reconoció al nuevo Gobierno revolucionario, pero ya en 1960 tuvo lugar un serio incidente, precedente de otros futuros encontronazos. Ese año, el embajador en La Habana del régimen franquista, Juan Pablo Lojendio, interrumpió ante las cámaras de Telemundo para replicar al líder cubano, quien había acusado a la diplomacia española de acoger a numerosos religiosos contrarrevolucionarios. Lojendio fue expulsado del país y su homólogo en Madrid fue llamado a Cuba. Desde entonces, y hasta 1975, las relaciones se situaron a nivel de encargados de negocios. Pese a este incidente, Naranjo destaca el "caso paradigmático" de la relación con Franco, pues a pesar de ser antagónicos ideológicamente, "España nunca votó contra Cuba en la ONU ni secundó el embargo", por distintas razones. Ya en la Transición española, Adolfo Suárez fue el primer presidente de Europa Occidental que visitó Cuba, donde Fidel Castro le recibió con todos los honores y se negoció la salida de la isla de algunos españoles emigrados y nacionalizados cubanos. En la etapa del Gobierno socialista de Felipe González (1982-1996), las relaciones fueron fluidas, aunque se tensaron cuando el Ejecutivo español le invitó a transitar hacia la democracia. En 1990, tuvo lugar la «crisis de las embajadas», cuando 18 cubanos se refugiaron en la legación española en La Habana con la intención de poder salir de la isla. Castro calificó al ministro español de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, de "administrador colonialista". Sin embargo, la etapa de mayor tensión se vivió durante el mandato en España de José María Aznar, quien vinculó la cooperación española a avances en las reformas hacia la democratización del régimen cubano y el respeto a los derechos humanos. «Con Aznar las relaciones se tensan aún más y desembocan en un enfrentamiento cuando España presiona a la UE hasta que, en 1996, se aprueba la llamada Posición Común», señala Naranjo. Cuba retiró el «placet» ese año al nuevo embajador español, José Cordech, y no hubo embajador en la isla hasta abril de 1998. Las relaciones se tensaron aún más -señala la investigadora- cuando Aznar apoyó en 1998 el «proyecto Varela» de Oswaldo Payá, el opositor fallecido en julio de 2013 en un accidente de tráfico en Cuba. De ésa época, son famosos los epítetos que el líder cubano dirigió al jefe del Gobierno español, como «caballerito» o «personaje de estirpe e ideología fascista». La llegada al poder en España del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2012), supuso el inicio de un nuevo entendimiento -tampoco exento de disensiones- aunque solo los dos primeros años coincidieron con los dos últimos de Fidel al frente del régimen cubano. «Zapatero opta por la vía, no del enfrentamiento, sino más diplomática, más suave, aunque también insistiendo en la necesidad de un proceso democratizador en la isla», recuerda Naranjo. La diplomacia española propuso la revisión de la Posición Común hasta lograr la suspensión, y en 2005 el levantamiento, de las sanciones políticas. El reemplazo de Fidel por su hermano Raúl permitió al entonces ministro de Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, llevar adelante su política de restablecer los proyectos de cooperación, hablar sobre los derechos humanos y sobre los presos políticos. Un nuevo incidente ensombreció ese avance: la muerte por una huelga de hambre del disidente cubano Orlando Zapata en 2010. Pero después se pudo lograr la liberación de más de un centenar de presos políticos gracias a la mediación de la Iglesia Católica, y su traslado a España junto con sus familiares. La llegada al gobierno del Partido Popular, tras las elecciones de noviembre de 2011, abrió una nueva etapa, y nuevos incidentes como la detención y juicio del español Ángel Carromero por el accidente de tráfico en el que murieron dos disidentes. «Pero pese al empeoramiento continuo y a la complejidad de las relaciones políticas, las económicas siempre se han mantenido, y los empresarios españoles, con muchos intereses en turismo y hostelería, no entienden esas diferencias, mientras los exiliados cubanos en Miami no comprenden a esos empresarios», destaca la experta. De los momentos puntuales de tensión de Fidel Castro con las autoridades españoles se libró el rey Juan Carlos, con quien siempre mantuvo una relación cordial. Desde que en 1992, durante la Cumbre Iberoamericana de Madrid, declarara que no era monárquico, pero sí de Don Juan Carlos, Castro siempre tuvo elogios para el rey salvo cuando éste dirigió el famoso «¿Por qué no te callas?» al venezolano Hugo Chávez. Pero incluso en este caso las alusiones no fueron personales y el líder cubano criticó el pasado imperialista de España de manera genérica. La relación de Castro con España tuvo asimismo una vertiente judicial, cuando disidentes cubanos presentaron en Madrid una querella por genocidio y crímenes contra la humanidad, que la Audiencia Nacional rechazó en diciembre de 2007.
26-11-2016 | Fuente: abc.es
Una relación entre el abrazo y el recelo
Las relaciones entre España y Cuba durante el régimen castrista no han sido precisamente una balsa de aceite, tal vez porque la sensibilidad en nuestro país hacia la que fue última colonia española en América es mucho mayor que hacia otros países iberoamericanos. En los últimos cuarenta años ha habido de todo. Adolfo Suárez sorprendió con una visita a La Habana y Felipe González apostó por unas relaciones cordiales con Fidel Castro, con quien mantuvo largas conversaciones en Cuba y en 1986 asistió a una actuación del ballet Tropicana. Las fotos de ambos junto a las bailarinas coparon las portadas de los periódicos. Castro liberó al disidente Eloy Gutiérrez Menoyo, preso durante veinte años, y González accedió a firmar un acuerdo para que Cuba pagara una pequeña parte de las indemnizaciones a los españoles expropiados tras la revolución castrista. El dinero lo adelantó el Gobierno español y el dictador comenzó a pagar parte de la deuda en especies: jugo y pasta de guayaba, caramelos, miel, café, chatarra y sanitarios (inodoros, lavabos, etcétera). Nunca terminó de abonar lo estipulado. Pero Castr o siguió provocando a las autoridades españolas. Entre otras cosas, llamó «tipejo fascistoide» al presidente del Congreso, Félix Pons, y expulsó de Cuba a los senadores del PP Loyola de Palacio y Javier Cámara en el mismo aeropuerto de La Habana. El 13 de julio de 1990 estalló la «crisis de las embajadas», cuando un grupo de cubanos se refugió en la representación diplomática de España en La Habana. El régimen castrista calificó al ministro de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, de «angustiado administrador colonial», entre otras lindezas. A la vez, logró introducir a nueve «topos» en la Embajada con la excusa de pedir también asilo político. La crisis duró 55 días. Castro prometió tramitar la marcha legal del país de los refugiados, pero no cumplió. Viaje de Castro a Galicia Mientras, Cuba dio acogida a un buen número de miembros de ETA, algunos de los cuales siguen allí. En 1992, la celebración de la Cumbre Iberoamericana en Madrid facilitó que Castro viajara a España y visitara la tierra de sus padres, en Galicia, donde Manuel Fraga le dispensó una gran recibimiento. Sólo dos años después, se produjo otro serio incidente en las relaciones bilaterales. Castro logró con sus presiones la dimisión del embajador español, José Antonio San Gil, que había mantenido contactos con grupos de disidentes. Ya con José María Aznar en La Moncloa, en 1996, Castro retiró el plácet que había dado al nuevo embajador en Cuba, José Coderch, porque éste declaró a ABC que la Embajada estaría abierta «de par en par» a la oposición. Aznar, al tiempo que dejaba claro a Fidel Castro en su encuentro en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile que esperaba cambios democráticos en la isla, mantuvo la sede diplomática sin embajador durante cerca quinientos días; hasta que en abril de 1998 nombró a Eduardo Junco, tras una conversación telefónica con el presidente cubano. La firmeza del Gobierno hizo que las relaciones entraran por un nuevo cauce. En otoño, Castro fue a Oporto para la Cumbre Iberoamericana y allí se reunió con el Rey. Aznar, incluso, le invitó a viajar a Madrid y le recibió en La Moncloa. Ya en 1999 con motivo de la Cumbre de La Habana, Aznar se reunió allí con un grupo de disidentes. Lejos de mejorar, las relaciones se deterioraron aún más un año después durante la Cumbre Iberoamericana de Panamá, con un enfrentamiento velado entre Castro y Aznar, cuando el dictador cubano se negó a firmar un texto de condena contra ETA, si no se incluía también una condena a las que consideraba actividades terroristas de Estados Unidos. Aznar redujo al mínimo imprescindible los contactos políticos y diplomáticos con Cuba. Las relaciones quedaron casi congeladas. Posición común de la UE Mientras, la Unión Europea, que ya había adoptado, a instancias sobre todo de España, una posición común sobre Cuba, vinculando las ayudas a la isla a la apertura democrática del régimen, dio en junio de 2003 una vuelta de tuerca a su presión cuando Castro detuvo a 75 disidentes y ejecutó a tres secuestradores de un barco. La UE acordó entonces, entre otras cosas, invitar a las Fiestas Nacionales en sus embajadas a miembros de la disidencia, lo que provocó que las autoridades cubanas dejaran de ir a las recepciones. Además, el Gobierno cubano respondió cerrando el Centro Cultural español en La Habana, cuya actividad le resultaba molesta ya que no podía ejercer control sobre ella. Todo cambió con la llegada al poder del PSOE en marzo de 2004. El Gobierno de Zapatero logró que la UE suspendiera las sanciones y dejara de invitar a los disidentes. El régimen castrista respondió restablecimiendo los contactos oficiales y liberando a algunos de los opositores encarcelados. Desde que se conoció la enfermedad de Fidel Castro, en 2006, el Gobierno intensificó su actividad para tratar de conocer lo que estaba pasando en la isla. En abril de 2007, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, abrió una fase de confraternización con Raúl Castro, aceptando todas las condiciones de las autoridades cubanas para su visita a la isla, incluida la de no reunirse con disidentes. Estos se sintieron abandonados por España, pese a que hubiera varias excarcelaciones de presos políticos. El ministro anunció la disposición de Zapatero de viajar a Cuba a lo largo de 2009, algo que no se llegó a producir, pero él sí continuó sus contactos con el régimen. Actuó como facilitador del acuerdo alcanzado en 2010 por el régimen castrista y la Iglesia Católica en Cuba, para poner en libertad a un elevado número de presos políticos, muchos de los cuales fueron enviados a España. La vuelta del PP al Gobierno abrió un nuevo escenario en las relaciones bilaterales, que se vieron, al principio, marcadas por el juicio y condena a cuatro años de cárcel al dirigente juvenil del PP Ángel Carromero por el accidente de tráfico en el que murieron los disidentes del Movimiento Cristiano Liberación Oswaldo Payá y Harold Cepero Cuba aceptó que Carromero cumpliera su pena en España, donde se benefició del tercer grado y quedó libre. Gestos de Rajoy El Ejecutivo de Rajoy consideró que podía haber cambios en Cuba y optó por el pragamatismo. Así, pasó a convertirse en defensor del fin de la posición común de la UE y aprobó un importante condonación de la abultada deuda cubana a España. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, viajó en noviembe de 2014 a la isla, sólo un par de semanas antes de que Washington y La Habana anunciaran la decisión de normalizar sus relaciones. Aunque García-Margallo también eludió verse con disidentes, el gesto no fue suficiente para que le recibiera Raúl Castro, que sí lo haría en mayo pasado cuando el ministro, acompañado de Ana Pastor, volvió a Cuba.
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