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Noticias de europa

11-11-2018 | Fuente: abc.es
Tensión en Polonia durante la celebración de los cien años de independencia
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, pidió ayer a los polacos que superen sus «fuertes diferencias», durante la conmemoración del centenario de la independencia de Polonia. Tusk, primer ministro de este país entre 2007 y 2014, hizo referencia a la grave confrontación entre los conservadores nacionalistas en el gobierno y la oposición liberal de centroderecha de su propio partido, Plataforma Cívica (PO), y reconoció que «soy consciente de que a diario disputamos por la forma de la República, por el futuro de nuestro Estado, y sé que a veces nuestras diferencias resultan demasiado fuertes». «Polonia, ¡perdónanos!», dijo, arrancando una ovación de los alrededor de mil simpatizantes que asistían al acto, entre los cuales estaban exministros liberales y el nuevo alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski. Concluyó con un mensaje conciliador: «El amor de los polacos por su patria es mucho más fuerte que sus disputas». Tusk pronunciaba este discurso tras haber participado en una ofrenda floral al mariscal Jozef Pilsudski, padre de la independencia polaca en 1918, y mientras en las calles de Varsovia unas 200.000 personas desfilaban en la marcha de antorchas y bengalas encabezada por el presidente polaco, Andrzej Duda, una movilización en la que participaron grupos de derecha radical pero en la que se impusieron los miles de banderas nacionales a los mensajes de odio. Proclamas supremacistas Al cierre de esta edición y según informaba el ministro del Interior polaco, Joachim Brudzinski, la marcha transcurría pacíficamente y no se han registrado incidentes relevantes. Aunque predominaron las banderas rojas y blancas, los colores nacionales polacos, también aparecieron emblemas del partido Campamento Radical, movimiento fascista nacido en los años treinta, y del partido político italiano de extrema derecha Fuerza Nueva. Se escucharon proclamas supremacistas a favor de una Europa blanca y contra los refugiados, e incluso se quemaron algunas banderas de la Unión Europea, todos ellos signos indeseados por el Gobierno, que convocaba la marcha. «Quiero que marchemos hoy todos juntos bajo nuestra bandera nacional, en un ambiente de celebración y homenaje a nuestros héroes y a nuestro país», había pedido Duda al inicio de la marcha, insistiendo en que se trataba de «un acto abierto a todos y en el que todos pueden encontrar un lugar». El motivo por el que el partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS) había admitido a los grupos ultranacionalistas en esta marcha era para evitar que tuviese lugar la que ellos organizan cada año en este aniversario, el 11 de noviembre de 1918, tras 123 años dividida y ocupada por Prusia, Rusia y el Imperio Austrohúngaro. Se trata de un acto que a menudo acoge mensajes xenófobos y contra los extranjeros. El año pasado, por ejemplo, participaron unas 100.000 personas y fue criticada por el pleno del Parlamento Europeo en una resolución en la que se instó a los países miembros de la UE a actuar de manera decisiva contra la extrema derecha. El partido opositor Nowoczesna considera, sin embargo, que la decisión del Gobierno polaco legitima indirectamente a los movimientos de extrema derecha y su líder, Katarzyna Lubnaue, calificó ayer de «lamentable que el presidente polaco marche junto a símbolos fascistas».
11-11-2018 | Fuente: elpais.com
Las 15 imágenes que resumen la Primera Guerra Mundial
La Gran Guerra causó 10 millones de muertos, trastocó el mapa de Europa, tumbó tres imperios, contribuyó a la revolución soviética y fue una causa latente de la Segunda Guerra Mundial. Con motivo del centenario, repasamos en 15 imágenes las claves del conflicto
11-11-2018 | Fuente: abc.es
Los líderes del mundo celebran en Francia el centenario del Armisticio de la IGM
Emmanuel Macron puso un broche político de cierto calado a la ceremonia de conmemoración del centenario del Armisticio que puso fin a la Primera guerra mundial: «El nacionalismo es lo contrario del patriotismo. Nuevas ideologías manipulan las religiones y el nacionalismo. La historia puede volver a tomar una dimensión trágica?. Ante más de medio centenar de jefes de Estado y gobierno de cinco continentes, con ausencias significativas, como la de Theresa May y Víktor Orbán, el presidente de Francia rindió homenaje a los muertos caídos por la defensa y la libertad de Francia y Europa, evitando entrar en el detalle de la «tragedia de la paz» que siguió al Armisticio. «Francia sabe lo que debe a los combatientes llegados del mundo entero. Francia se inclina ante su grandeza», subrayó Macron. Insistiendo en el legado histórico que los dirigentes de ayer y de hoy dejan a las nuevas generaciones, Macron se refirió con brevedad pero con cierta precisión a las nuevas amenazas que, a su modo de ver, se ciernen sobre el incierto futuro de Europa. Desde la óptica macroniana, el nacionalismo -en general, sin matizar- es lo «contrario» del patriotismo. En escorzo, Macron relanza su enfrentamiento personal con algunas de las formas del nacionalismo, presentándose como paladín de un patriotismo «bien entendido» que no caería en las trampas y amenazas atribuidas a otros nacionalismo que pudieran calificarse de «excluyentes». En escorzo, Macron replantea su duelo político personal con Marine Le Pen. En el mismo plano, Macron denuncia la amenaza global de las «ideologías nuevas que manipulan las religiones». Sin nombrarlo, el presidente francés alude, parece evidente, al cáncer mundial del islamismo integrista y subversivo, percibido como una amenaza contra la civilización occidental. El presidente francés terminó su breve discurso, ante el Arco del Triunfo, insistiendo en una amenaza que considera creciente: «La historia amenaza con volver a tomar un curso trágico». Advertencia de fondo: las próximas elecciones europeas podrán ser el escenario del enfrentamiento entre varias visiones enfrentadas sobre el futuro de las sociedades occidentales.
11-11-2018 | Fuente: abc.es
Francia moviliza a miles de gendarmes para la celebración del centenario del Armisticio
Cerca de 70 jefes de Estado y de Gobierno asisten hoy a la ceremonia conmemorativa del centenario del armisticio entre las Potencias Aliadas y Alemania de la Primera Guerra Mundial que se celebra en el Arco de Triunfo de París. Hay más de 10.000 gendarmes, policías y anti disturbios «escoltan» a este más de medio centenar de jefes de Estado y gobierno, entre el Elíseo y el Arco del Triunfo, el monumento nacional elegido por Emmanuel Macron para hacer un elogio del multilateralismo diplomático, colofón a las celebraciones del centenario del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. El ministerio del Interior decidió poner en pie de guerra a todas las fuerzas de seguridad del Estado, tras una sucesión de indicadores alarmantes: intento fallido de agresión criminal contra el presidente de Francia, protagonizado por un grupúsculo de extrema derecha violenta; riesgos de «desbordamientos» de grupúsculos de extrema izquierda que «amenazaron» con manifestaciones violenta. La presencia en París de la élite diplomática mundial, la reunión más importante desde las grandes manifestaciones del invierno de 2015, en solidaridad con la ola de atentados terroristas, aconsejaba medidas de seguridad excepcionales. El Rey de España, Donald Trump, Angela Merkel, Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu, Recep Tayyip Erdogan, Justin Trudeau, Mohammed VI, entre medio centenar largo de personalidades, fueron acogidos en el Elíseo, primero, a primera hora de la mañana, y ante el Arco del Triunfo, hacia las 11 de la mañana, por un maestro de ceremonias que ha orquestado la conmemoración del centenario del Armisticio con una doble aspiración: hacer pedagogía multilateral e intentar reafirmar el puesto de Francia y el suyo propio en la nueva sociedad de naciones. Si la primera jornada de celebraciones, el sábado, tuvo un primer colofón agridulce, marcado por las tensiones Macron -Trump sobre el futuro de la defensa de Europa, la jornada del domingo aspiraba al ecumenismo, sembrado de ambigüedades. Al pie del Arco del Triunfo, construido a mayor gloria de la epopeya militar napoleónica, Macron volvió a la carga con su visión personal del multilateralismo diplomático, que tiene casi tantas versiones como invitados de la gran «misa» (laica) celebrada como homenaje al Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, ante la tumba del soldado desconocido, que cada cual celebra desde su propia óptica nacional. Donald Trump, siempre original, decidió no participar en el Foro de la Paz organizado por Macron, después de la comida, en el Elíseo, tras la ceremonia en el Arco del Triunfo. Vladimir Putin, por su parte, aceptó participar en el Foro de la Paz concebido por el presidente de Francia como tribuna que debiera reunirse cada año, bajo el «paraguas» de Naciones Unidas, foro multicultural canónico, donde cada cual expresa visiones propias del multiculturalismo, a geometría variable. No todos los jefes de Estado y gobierno que participaron la noche del sábado en la gran cena del Museo de Orsay participaron el domingo en las ceremonias del Arco del triunfo, que tampoco fueron todos los mismos que desearon participar en el Foro de la Paz de la tarde del domingo. Esa participación a geometría variable en las ceremonias sugiere un entusiasmo igualmente variable ante la naturaleza de la celebración del Armisticio. Francia y Alemania, por ejemplo, no celebran la fecha con el mismo entusiasmo ni con el mismo énfasis, por razones sin duda históricas, que Marcel Proust, el más grande de los escritores franceses del siglo XX, ya resumió en una carta dirigida a Madame Strauss, fechada el 11 de noviembre de 1918: «Sea cual sea la alegría por esta inmensa victoria inesperada, lloramos a tantos muertos que una cierta forma de alegría quizá no sea la forma de celebración preferida».
11-11-2018 | Fuente: elpais.com
Los eurófobos renuncian a irse de la UE, quieren dominarla
Los nacional-populistas promueven ahora una Europa de las naciones en lugar de un repudio absoluto a la Unión
11-11-2018 | Fuente: abc.es
Polémicas elecciones en las regiones separatistas del este de Ucrania
Pese a las críticas y advertencias de la OSCE y la mayor parte de los países de Occidente, las autoridades rebeldes de las repúblicas separatistas del este de Ucrania, Donetsk y Lugansk, se disponen hoy a celebrar «comicios» para elegir a sus respectivos líderes y a los diputados de los llamados «Consejos Populares». La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha sido la última en condenar una decisión que viola los acuerdos de paz de Minsk. Estas elecciones han sido también criticadas e incluso calificadas de «ficticias e ilegítimas» por la Unión Europa , EEUU y las autoridades de Kiev. Según Enzo Moavero, presidente de turno de la OSCE y ministro de Exteriores italiano, los comicios en el este de Ucrania «van en contra de la letra y el espíritu de los acuerdos de Minsk». El presidente ucraniano, Piotr Poroshenko, cree que «Rusia debería haber influido para evitar la celebración de las elecciones y ha hecho lo contrario, demostrando así que no quiere propiciar una solución pacífica». Según su opinión, «los resultados de esta convocatoria jamás serán reconocidos por la Comunidad Internacional (..) y provocarán la adopción de nuevas sanciones contra Rusia». Pero en Moscú piensan de otra manera. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo el martes que las elecciones organizadas por los separatistas «no vulneran los acuerdos de paz». A juicio de Peskov, «quienes demuestran poco deseo de que se aplique lo pactado en Minsk son las autoridades de Kiev». Lo firmado en Minsk, el 12 de febrero de 2015, contempla la devolución a Ucrania del control de la frontera con Rusia, en los tramos que corresponden a Donetsk y Lugansk, y la celebración en ambos territorios de elecciones realmente libres y democráticas con arreglo a la legislación ucraniana. A cambio, Kiev debe conceder a los dos enclaves un sistema de autogobierno. Pero la desconfianza mutua mantiene el proceso en punto muerto mientras los enfrentamientos armados se suceden de forma esporádica. El «presidente» en funciones de Donetsk y favorito para obtener la mayoría de los votos, Denís Pushilin, explicó a comienzo de mes que la república «necesita celebrar estas elecciones» para dotarse de líder y asamblea local. Prometió que transcurrirán «de forma transparente y cumpliendo todos los estándares internacionales», algo que no se cree nadie salvo Moscú. El jefe de los Servicios de Seguridad de Ucrania (SBU), Vasili Gritsak, sostiene que las actas con los resultados de los comicios «ya están confeccionadas». El pasado agosto, fue asesinado en un atentado todavía sin esclarecer el que había sido jefe de la autoproclamada República Popular de Donetsk (DNR) durante casi cuatro años, Alexánder Zajárchenko. Pushilin se puso entonces al frente de la DNR de forma interina. En la vecina también autoproclamada República Popular de Lugansk (LNR) se celebran igualmente elecciones y el que parte con ventaja es el que desempeña interinamente el cargo de máximo dirigente, Leonid Pasechnik. Sustituyó hace justo un año a Ígor Plotnitski, que fue desplazado por un oscuro golpe de mano. Donetsk y Lugansk se levantaron en armas contra el Gobierno ucraniano en abril de 2014, un mes después de que Rusia se anexionara Crimea. Estalló entonces una guerra que Moscú atizó enviando armas, dinero y hombres en apoyo de los separatistas. Desde entonces, según la ONU, el conflicto ha acabado con la vida de 10.000 personas. Los acuerdos de Minsk, alcanzados bajo la mediación de Alemania y Francia, fueron un intento, por ahora fallido, de poner fin definitivamente al enfrentamiento armado entre el Ejército ucraniano y las milicias rebeldes.
11-11-2018 | Fuente: abc.es
Felipe VI ha entregado este fin de semana en París a Emmanuel Macron un pequeño regalo relevante. Es un ejemplar dedicado del catálogo de la exposición que el propio Rey inauguró el pasado martes en el Palacio Real de Madrid. Bajo el título de «Cartas al Rey» la exposición recoge la espectacular aportación de España en la Primera Guerra Mundial. Una contribución que encabezó el propio Alfonso XIII al crear en palacio una oficina humanitaria para ayudar a los familiares de los desaparecidos en el campo de batalla a ubicar a sus seres queridos. Más de 200.000 cartas fueron atendidas con éxito desigual. Las más de las veces no fue posible dar una satisfacción, aunque esa no pasara de lograr la ubicación de los despojos de una persona. Pero, en esta hora, es muy relevante recordar el papel que jugó la Corona hace un siglo. Un papel que nadie puede cuestionar ni criticar. Un Rey hijo de Archiduquesa austriaca y marido de Princesa británica, con sucesivos jefes de Gobierno partidarios de uno y otro bando, hizo una tarea de mediación deslumbrante por las víctimas del conflicto. Algo que sólo se podía hacer desde la neutralidad que el propio Alfonso XIII promovió. Un momento de gloria de la Corona española que muy pocos quieren recordar. Hoy hace cien años: a las 11.00 del 11 del XI del año 1918 se decretó el alto el fuego final de la Gran Guerra que había empezado en el verano de 1914. Pero no está tan claro que de verdad fuera el final. Tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, Europa movilizó en un mes cinco millones de soldados -y yo dudo que hoy fuera capaz de movilizar 50.000. Aún así, la mayoría de las cancillerías preveían un conflicto local menor en torno a Serbia, pero había intereses más profundos y cambiantes. Para Francia, Alemania era una amenaza, por lo que buscó una alianza con Rusia. Rusia, como siempre, buscaba el acceso al Bósforo y consolidar su supremacía entre los pueblos ortodoxos. Los británicos, en el mejor sentido imperial, no querían que tuviera lugar ninguna guerra en la que no estuviesen ellos, a pesar de no tener más interés que el de evitar que Alemania les arrebatara la supremacía marítima. Todo ello provocó la peor guerra que había conocido hasta entonces la Humanidad. El resultado en Europa es bien conocido, millones de muertos dejaron una Europa mucho más fraccionada. El mejor ejemplo es el del Imperio austrohúngaro cuyas fronteras de 1918 se repartieron en doce Estados de la Europa de cien años después. Hoy hace cien años, la Corona Imperial incluía la totalidad de la Austria presente, la República Checa, Eslovenia y Bosnia Herzegovina, además de abarcar territorios de Italia y la Dalmacia croata. La Corona de San Esteban comprendía la totalidad de la Hungría y Eslovaquia presentes así como el resto de Croacia, la Voivodina serbia, parte de Rumanía, la Uncrania transcarpática y la Galitzia polaca. Los tratados de Versalles consagraron un saqueo dirigido por el primer ministro francés, Georges Clemenceau, que proclamó despectivamente sobre la desmembración de aquella Monarquía bicéfala: «Austria será? lo que quede». La paz firmada el 28 de junio de 1919 en Versalles, cinco años después del magnicidio de Sarajevo, no buscaba el bien común de todos los europeos. Anhelaba más bien la venganza. Ciudadanos preclaros como Richard Coudenhove-Kalergi comenzaron a promover una Europa unida en un tiempo en que seguía siendo imposible porque la venganza de Versalles iba a servir para aupar al poder a quien buscara vengarse de nuevo en Alemania. Y la forma en que Clemenceau y sus aliados desmantelaron el imperio danubiano abrió la puerta a la Unión Soviética. Stalin fue siempre uno de los estrategas militares y geopolíticos más brillantes del siglo XX y vio la oportunidad que se le abría en Centroeuropa: aliado con las débiles democracias occidentales, tras un primer pacto con los nazis, con los que se repartió Polonia, el gran botín iba a ser para la tiranía soviética. Una Europa unida Es por ello que hoy hace cien años no fue el principio de la paz que en estas horas quieren conmemorar en Francia jefes de Estado de todo el mundo. Hoy hace cien años hubo un alto el fuego dentro de la gran guerra que libró Europa a lo largo de todo el siglo XX. Una guerra que el Tratado de Versalles dejó labrada y se reactivó en septiembre de 1939 y tras los tratados de paz de 1945 continuó en forma de Guerra Fría hasta la derrota de la Unión Soviética el 9 de noviembre de 1989, hace 29 años, con el derribo del Muro de Berlín. Una guerra que los jóvenes europeos desconocen; es una efeméride que les resulta muy lejana. Para la gran mayoría hoy es inimaginable vivir una guerra en tu territorio. Pero, en realidad, es algo no tan distante. Y la mejor garantía frente a una nueva Europa en guerra es una Europa unida que reflexione sobre las causas del desencanto que algunas de sus políticas han generado en muchos ciudadanos europeos.
11-11-2018 | Fuente: abc.es
El Armisticio que cerró en falso la Gran Guerra
En la madrugada del 11 de noviembre de 1918, en el interior de un tren que había transitado hasta el bosque de Compiègne, en la Picardía francesa, el mariscal Foch, aquel hombre que había dado la vuelta a la Gran Guerra a favor de la Triple Entente, y Matthias Erzberger, el político democristiano alemán que acabaría siendo asesinado en 1921 por unos nacionalistas en Kniebis ?un pueblecito de Baden-Wurtemberg? y que encabezaba la delegación enviada por el Káiser Guillermo II, se firmó el Armisticio que ponía fin a la Gran Guerra. Habían sido cuatro largos años en los que la población europea había pasado de la euforia ?nunca el continente había sido más fuerte, rico y hermoso», señaló Stefan Zweig? y la locura belicista, a despeñarse por el precipicio del horror y la destrucción masiva. Por vez primera en la historia, las víctimas civiles suponían dos tercios del total de los caídos en un enfrentamiento militar. Mientras en la neutral España llegaba entonces la generación reformista liberal más importante de todo el siglo ?Ortega y Gasset, Azaña, Cambó, Marañón, Gómez de la Serna, Pérez de Ayala, Menéndez Pidal, Blas Cabrera o Clara Campoamor, entre otros muchos?, para buena parte de los países de Europa ?Inglaterra, Francia, Alemania, singularmente aunque no solo?, la generación del 14 fue una «lost generation». Los que no habían muerto en el frente habían quedado lisiados o tarados ante el horror que habían contemplado, como muy bien reflejó en su pintura el expresionista alemán Otto Dix. Francia, que había acudido al campo de batalla deseosa de revanchismo tras la debacle sufrida en Sedán en 1870 y la humillación de ver proclamado Emperador al Káiser Guillermo I en Versalles, no dejó pasar la ocasión para impulsar un tratado de paz tan sumamente desproporcionado que el economista del Partido Liberal británico John M. Keynes no dejó de advertir en «Las consecuencias económicas de la Paz» (1919) que las desmesuradas condiciones económicas impuestas a Alemania supondrían no solo su servidumbre, sino «la decadencia de toda la vida civilizada de Europa». Así fue. Lo impuesto en Versalles, no solo trajo para Alemania años de quiebra y zozobra, sino que en las dos siguientes décadas se asistió a la destrucción del bienintencionado sistema de cooperación internacional que se trató de vertebrar a través de la Sociedad de Naciones, a una oleada creciente de proteccionismo y desconfianza entre los países, a la emergencia de partidos de corte nacionalista ?si no abiertamente fascistas en toda Europa? y a una oleada de antisemitismo sin precedentes en la historia que anunciaba el horror del Holocausto. Si la Gran Guerra de 1914 no se puede entender sin la perspectiva de lo ocurrido en suelo europeo en 1870, la devastadora II Guerra Mundial fue, para muchos, epílogo lógico de lo acordado en Versalles, que no hizo sino generar el caldo de cultivo que ayudó a la caída, uno tras otro, de los sistemas parlamentarios liberales de buena parte de Europa, dando lugar a regímenes abiertamente fascistas (la Italia mussoliniana), autoritarios (España, Albania, Portugal, Polonia, Lituania, Yugoslavia, Austria, Letonia, Estonia, Bulgaria, Grecia o Rumanía) o al criminal régimen nazi de Adolf Hitler. Racismo en Entreguerras Pero todo ello estuvo anunciado durante el período de Entreguerras en el lenguaje racista, supremacista y eugenésico ?en el peor sentido del término? que fue ganando protagonismo en el debate público, desde luego, a lo largo y ancho de Europa, pero, también, en Estados Unidos, donde el Ku Klux Klan asistió a uno de sus períodos de algidez. Fue entonces cuando las fronteras se convirtieron en lugares de exigencia de «documentación en regla al extranjero». Fue entonces cuando se contempló de manera cruda el enaltecimiento de discursos que reivindicaban la existencia de varias categorías entre los seres humanos. Fue entonces cuando cobraron fuerza inusitada partidos excluyentes a uno y otro extremo ?comunistas y fascistas?, que fueron seduciendo a cada vez más extensas capas sociales, exacerbando la imposición radical igualitarista ?los primeros? y el odio a la otredad ?los segundos?, asimilándose, al fin, de manera terrorífica en su acción exterminadora. Pocos advirtieron entonces cómo lo que estaba sucediendo atentaba contra la más elemental dignidad humana. Tras la II Guerra Mundial se generó una catarsis que nos hizo albergar la esperanza de que, en algún momento, quedaríamos libres del horror segregacionista y excluyente cuando llegó la hora de los organismos internacionales, los derechos humanos, la descolonización, el impulso de la construcción europea, el final de la Guerra Fría y la caída de los regímenes comunistas, entre otras muchas realidades que hicieron mejor el mundo a finales del siglo XX. Con todo, hoy se perciben síntomas muy evidentes de un retroceso severo, de agotamiento y crisis en lo logrado. He aquí otra función del historiador: advertir las nubes que anuncian tormentas en nuestro tiempo para que el barco de la humanidad las eluda y encamine de nuevo su rumbo hacia un mundo más justo, abierto y solidario. ____________________ Antonio López Vega es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid y autor de «1914: el año que cambió la historia»
11-11-2018 | Fuente: as.com
El RB Salzburgo es el único equipo invicto en toda Europa
Tras la derrota del Braga ante el Oporto, el conjunto austriaco es el único en Europa que no conoce la derrota esta temporada en todas las competiciones .
11-11-2018 | Fuente: elpais.com
?Si no cambiamos, podemos llevar a una generación hacia la pobreza?
El economista jefe del Banco Mundial para Europa y Asia, Maurizio Bussolo, pide un nuevo contrato social para frenar la desigualdad y el auge de los movimientos populistas