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Noticias de europa occidental

05-11-2019 | Fuente: abc.es
Hungría llama a desmantelar el euro
«¿El euro? Hay que reconocerlo: ha sido un error». Así de lapidario se ha expresado el presidente del Banco Central de Hungría, Gyorgy Matolcsy, en una columna publicada por el rotativo británico «Financial Times». Justificando la salida de Reino Unido y lanzando un severo ataque contra la moneda única, afirma que «ha llegado el momento de buscar una salida a la trampa del euro», en un gesto público de pleitesía a las pretensiones rusas de influencia sobre su país. «Existe un dogma peligroso, según el cual el euro habría sido un paso normal hacia la unificación de Europa occidental. Pero crear una moneda europea común no era del todo normal, porque casi ninguna de las condiciones previas necesarias se cumplieron», argumenta el banquero, que construye una mitología de surgimiento del euro partiendo de una supuesta conspiración para dominar a Alemania. «Cuando se concibió, el euro tenía una intención política que era debilitar a Alemania», novela Matolscsy, «Francia quería que los alemanes renunciaran al marco. Este paso atrás era el precio a pagar por la reunificación del país. Sin su poderosa divisa, los franceses pensaban que Alemania no tendría tanta influencia». Gyorgy Matolcsy se contradice a sí mismo al reconocer que, desde su introducción en 1999, uno de los países que más se ha beneficiado de la moneda único ha sido precisamente Berlín, que ha podido exportar todavía más sus productos. El responsable del Banco de Hungría defiende que Gyorgy «los europeos deben renunciar a sus peligrosas fantasías de crear un poder capaz de competir con los Estados Unidos. Los miembros de la eurozona deberían poder salir del área monetaria en las próximas décadas, y los restantes deberían construir una moneda global más sostenible». Hungria, junto con Polonia y República Checa, están a sólo un paso de ser condenadas por el Tribunal de Justicia Europeo por su negativa a participar en el sistema de reubicación de refugiados aprobado en la UE en 2015 para socorrer a Italia y a Grecia en un contexto de afluencia masiva. La importancia del litigio no estriba en el caso concreto de aquel mecanismo, ya expirado, sino en el interés de la Comisión por sentar jurisprudencia en la obligación de todos los Estados miembros de colaborar en un sistema de reparto que se puso en marcha en base al artículo 78 del Tratado. Aprovechando este momento de desafección y mal entendimiento, Rusia está llevando a cabo una operación de acercamiento al Gobierno de Viktor Orbán que culminaba la semana pasada con una visita oficial del presidente Vladimir Putin a Budapest que sirvió para escenificar que Hungría se ha constituido en avanzadilla rusa en el seno de la UE. Orban, en el poder desde 2010 y un admirador declarado de Putin, lleva reuniéndose con él al menos una vez al año en la última década y declaró durante la visita que «Hungría es parte de la OTAN y la UE, y seguirá siéndolo, pero eso no excluye que en ciertos temas políticos coopere con Rusia». Putin llegó al país centroeuropeo un día después de que Budapest vetara una declaración conjunta de la OTAN sobre Ucrania, argumentando que el documento no incluía su exigencia explícita de respetar a las minorías nacionales, entre ellas la magiar. En el oeste de Ucrania vive una minoría húngara de más de 100.000 personas, que han denunciado que la legislación ucraniana limita el uso de su lengua materna. Otro de los temas que trataron los dos políticos en su encuentro fue el interés húngaro por participar en el gasoducto Turk Stream, que transportará gas natural ruso a Turquía atravesando el mar Negro y que prevé extenderse hacia Europa Central. «Para Hungría la participación en este proyecto representa un interés significativo, tanto para garantizar su seguridad energética como para aumentar su papel en el sistema energético de Europa en general», afirmó Putin. Este nivel de relaciones con Moscú fueron duramente criticadas por el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo , durante una visita a Budapest el pasado febrero. Sin citarlos expresamente, sugirió que proyectos como el de la ampliación de la única planta nuclear del país con un préstamo ruso de 12.500 millones de euros amplían la dependencia energética de Moscú. La central de Paks suministra el 40 % de la electricidad consumida en Hungría, y Rusia ya provee el 70 % del petróleo y el gas que se emplean en el país centroeuropeo. En la misma línea de política exterior, Orbán recibe Erdogan como único político europeo que ha manifestado explícitamente su respaldo a la reciente invasión turca del noreste de Siria para forzar la retirada de las milicias kurdas de la zona. Sin duda se trata de uno de los grandes retos políticos que ha de abordar la Comisión Europea, bajo la dirección de su nueva presidenta, la alemana Ursula von der Leyen, puesto que el verso libre de Hungría consiste sistemáticamente un impedimento a la política exterior común europea.
25-08-2019 | Fuente: abc.es
La guerra comercial global y la falta de unidad marcan el G-7
Las guerras económicas entre grandes potencias de ambiciones mundiales, y las divisiones entre aliados europeos y aliados trasatlánticos, hipotecan los resultados concretos del G-7 de Biarritz, el cuadragésimo quinto y más problemático de la historia. Horas antes de iniciarse la cena de trabajo de los representantes de los siete grandes y la UE, Emmanuel Macron resumió de manera muy gráfica el estado de crisis del G-7 en estos términos: «Quizá no nos pongamos de acuerdo en todo. Pero nuestra voluntad es esta: hacer proposiciones, reducir los desacuerdos, no aceptar la fatalidad. Tenemos desacuerdos, pero los grandes temas no los podremos resolver si no trabajamos juntos». Ante el problema esencial de la paz y la estabilidad internacionales, los EE. UU., los distintos miembros de la UE, Japón y Canadá, tienen posiciones diferentes o muy diferentes sobre todas las grandes crisis inflamables: Irán, Siria, Ucrania, puesto de Rusia en la nueva escena internacional. Emmanuel Macron desearía oficiar de intermediario entre Teherán y Washington. Pero sus servicios no son siempre apreciados, ni están apoyados por la mayoría de los aliados europeos. El presidente de Francia, como Trump, apoyaría la vuelta de la Rusia de Putin al G7. Pero una mayoría aparente de miembros del club no parece dispuesta a aceptar tal sugerencia. Por el contrario, Ucrania pudiera ser invitada a próximos G-7. Para irritación de Putin. Macron se entrevistó con el presidente ruso la semana pasada en el Fuerte de Bregançon, residencia veraniega de los presidente de Francia, intentando reconstruir las relaciones de la Rusia de Putin con Europa occidental. En vano. El presidente ruso siempre está dispuesto al recurso a la fuerza armada, en Siria, en el este de Europa, para apoyar sus decisiones. La presencia del Reino Unido en el G-7, a dos meses de la «salida final, cueste lo que cueste» de la UE, según Boris Johnson, crea una cierta unión entre los aliados europeos, pero recuerda el abismo trasatlántico: Donald Trump alienta al Reino Unido a romper con las «cadenas» de la UE. Los enfrentamientos diplomáticos, tecnológicos, fiscales y comerciales de Donald Trump con Pekín, la UE y varios países europeos (Francia, Alemania) se han convertido en una hipoteca grave para la prosperidad mundial, que Macron resume de este modo: «Necesitamos más crecimiento para crear más puestos de trabajo; debemos ser conscientes que las tensiones son malas para todo el mundo? este G-7 debe evitar guerras comerciales, relanzar acuerdos e invertir en el futuro». Reflexión personal que el presidente francés repitió cara a cara al presidente norteamericano en una primera comida de trabajo, la tarde del sábado, con un resultado imprevisible. Trump abrió el «fuego», días pasados, calificando de estúpida la decisión macroniana de imponer cargas fiscales a los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), advirtiendo que estaba dispuesto a subir los aranceles norteamericanos sobre los vinos franceses. El duelo verbal Macron/Trump desembocó en una incierta negociación en el seno de la OCDE. Pero el presidente saliente del Consejo Europeo (CE) llegó a Biarritz lanzando una advertencia personal al presidente norteamericano: «Si E.UU. impone aranceles a los vinos franceses, la UE responderá del mismo modo, en defensa de un país miembro. Pese a que lo último que necesitamos es una confrontación, especialmente con nuestro mejor aliado, Estados Unidos, tenemos que estar preparados para ese escenario». Esas y otras crisis de fondo son percibidas desde distintas perspectivas por todos los miembros de la UE y por los miembros europeos del G-7. De ahí que el líder francés organizase la tarde del sábado una reunión de coordinación para intentar armonizar las posiciones de los aliados europeos ante la primera reunión plenaria de la cumbre, el domingo. Como cualquier presidente de la V República que se precie, Macron ha deseado innovar y modernizar el G-7, modificando el formato e introduciendo nuevos temas de trabajo. Complicando de manera espectacular la toma de decisiones prácticas. Una vez confirmadas sus convergencias (escasas) y divergencias (numerosas), los siete grandes se reunirán durante un día y medio muy corto, con los representantes de países de varios continentes, Europa incluida: España, Australia, Chile, la India, Burkina Faso, Egipto, Senegal, Rwanda y Sudáfrica. Los siete grandes, primero, y los nueve invitados, más tarde, deberán discutir y «tomar decisiones» en temas tan complejos como la «lucha contra las desigualdades», el cambio climático, la biodiversidad y el gran tema más inflamable de la cumbre, el futuro de la Amazonia y la cuenca del Amazonas, en Brasil y el cono sur americano. En el terreno de la lucha contra las desigualdades (una propuesta de trabajo del anfitrión, mal recibida por la mayoría del G-7), Macron se considera «optimista», y cree posible contar con la buena voluntad de las empresas y los estados para mejorar las condiciones de trabajo y la igualdad entre hombres y mujeres, en los cinco continente del planeta. No es un secreto que las políticas económicas y sociales de la zona euro, el Reino Unidos y los EE. UU. son muy diversas y no siempre conciliables. Acuerdo comercial En el terreno de la biodiversidad y el medio ambiente, Macron ha introducido varios temas que han creado divisiones inflamables. El presidente francés anunció la tarde del viernes que su Gobierno rechazará el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur (al igual que España), para protestar contra el comportamiento del gobierno de Brasil ante la crisis de Amazonia. El gobierno alemán se apresuró a matizar, afirmando, oficialmente, que la ruptura del acuerdo UE/Mercosur le parece «muy mala idea». Macron y Merkel quizá coinciden en la necesidad de un gesto fuerte. El presidente francés propone hacer valer la solidaridad internacional con Brasil para luchar contra la gran crisis ecológica en curso, incluso favoreciendo alguna forma de colaboración mundial en la reforestación del Amazonas. No está claro como reaccionarán los miembros de la UE ante tales propuestas; y parece no muy razonable esperar que Trump se embarque en combates ecológicos de ese tipo? Otros problemas secundarios, como la inmigración, han quedado en un relativo segundo plano. Pero nadie olvida que la UE está profundamente dividida y fragmentada en ese terreno. Desde la óptica de la potencia convocante de esta edición del G-7, Francia, quizá lo esencial sea evitar la propagación incontrolada de las crisis en curso, intentando crear puentes y evitar nuevas catástrofes, contra las que Macron advierte de este modo: «No podemos resolver los grandes problemas mundiales si no trabajamos juntos». Veremos.
20-08-2019 | Fuente: abc.es
Putin, a Macron: «No queremos chalecos amarillos en Moscú»
Emmanuel Macron celebró la tarde-noche de este lunes una reunión y cena de trabajo con Vladímir Putin en el Fuerte de Brégançon, intentando desbrozar «malentendidos» sobre las fronteras de Europa y los escenarios de crisis internacional, donde el líder ruso es capaz de movilizar sus ejércitos y el presidente francés intenta oficiar de «intermediario», corriendo el riesgo de la gesticulación. Los portavoces de Macron han presentado la reunión como un ejercicio de «realismo político» («realpolitik»): «Se trata de seguir dialogando, siempre, con un vecino importante». Desde la óptica presidencial francesa, es un nuevo «intento» de «aproximar» a la Rusia de Putin a Europa occidental, el empantanado proyecto de la UE. Ambición de realismo político que choca con los principios básicos donde se funda la diplomacia del mandatario ruso y la diplomacia de Macron. La Rusia de Putin es una «democracia iliberal» en la terminología macroniana, algo que el presidente francés no se atreve a repetir en voz alta ante su invitado. Desde Moscú, el presidente ruso estima que el liberalismo donde se funda la UE «es algo obsoleto». Durante una cena de trabajo con vistas al Mediterráneo, la pareja Macron-Putin abordó las crisis pendientes e inflamables en las fronteras inmediatas y lejanas de la vieja Europa: Ucrania, tensiones «separatistas» en las fronteras rusas, movimientos prorrusos en las mismas fronteras, apoyados militarmente por Moscú. La UE y el G-7 (EE.UU., Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón) decidieron «castigar» a Putin tras la anexión militar pura y simple de Crimea en 2014. La UE impuso sanciones a Rusia, de un efecto aparentemente poco disuasivo. El G-7 expulsó a Rusia, que había llegado a integrarse entre los grandes occidentales. Cinco años después? Macron intenta oficiar de «intermediario» entre los aliados occidentales más renuentes al militarismo putiniano. Donald Trump, por el contrario, fue el primero en pedir la «reintegración» de Rusia en un G-7 que Macron reunirá del 24 al 26 de este mes en Biarritz, sin Putin. Por parte rusa, Putin repite de manera diáfana su disposición al recurso a la fuerza militar, siempre que considere «afectados» sus intereses «nacionales» en las fronteras europeas de Rusia. Por parte francesa, Macron deseó insistir en su «esperanza» en un «relanzamiento» de los acuerdos empantanados, traicionados o abandonados, laboriosamente negociados entre ucranianos, alemanes, franceses y rusos. Putin «informó» a Macron de sus conversaciones telefónicas con el presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, manifestando un «prudente optimismo». Optimismo por confirmar si se llegase a negociar, más adelante, algún acuerdo que satisfaga a todas las partes, comenzando por el Gobierno ucraniano y los separatistas apoyados militarmente por Moscú. Desde el estallido de la crisis ucraniana en 2014 los enfrentamientos se han cobrado más de 13.000 vidas. Sucesivos altos el fuego no han «apagado» definitivamente un incendio trágico en la frontera este de Europa. Putin acogió con «simpatía» y «comprensión» los intentos macronianos de «buscar soluciones» pacíficas a las tensiones fronterizas que Moscú considera «capitales» para su propia seguridad. Por el contrario, cuando Macron se atrevió a abordar temas «escabrosos» a los postres de una cena «con mucho sabor mediterráneo», como la persecución de homosexuales en Rusia, la represión política o el «intervencionismo» de los hombres de Putin en asuntos internacionales (a través de «agencias de prensa» y medios de intoxicación de masas), el presidente ruso puso la cucharilla de plata sobre su plato de frutas variadas, dejando claro que no aceptaba «lecciones». Recordó las protestas violentas de los «chalecos amarillos», con «decenas de personas fueron heridas y policías también». «No queremos algo parecido en la capital rusa», recalcó. Si el diálogo entre Macron y Putin no podía ir muy lejos en los terrenos europeos, las crisis mediterráneas solo permitieron tímidas convergencias, muy alejadas del poder de Moscú y París en los distintos escenarios en crisis. Discutieron «con franqueza» de la guerra en Siria y las tensiones entre Irán y EE.UU. sobre los acuerdos nucleares multilaterales. De Siria a Irán En Siria y el Mediterráneo oriental, Rusia juega un papel muy importante como aliado militar de Damasco. Palabras muy mayores y cruciales: los militares y la tecnología militar rusa juega un papel determinante en todos los campos de batalla. Se trata de una posición de gran potencia, presta al recurso más implacable de la fuerza armada. ¿Cómo puede influir Francia u otro país europeo en un escenario tan trágico, con el mero uso de la gesticulación verbal, sin apoyo militar? Ante la crisis nuclear entre Washington y Teherán, París cuenta con el apoyo de Berlín y Londres, con un éxito todavía desconocido. La gesticulación no siempre verbal de Teherán en el golfo Pérsico, en el estrecho de Ormuz, recuerda a todas las partes el «techo» de la retórica diplomática y la importancia muy mayor de los «gestos» marciales de la más diversa envergadura. Voluntarista y siempre optimista, Macron se consideró «satisfecho» de su diálogo con Putin, el primer encuentro de una serie, que continuará con Boris Johnson, el jueves, antes del G-7 del próximo fin de semana, en Biarritz.?
07-08-2019 | Fuente: abc.es
Los españoles, entre los menos dispuestos a una guerra; los marroquíes, los que más
España está entre los países con menor porcentaje de compatriotas dispuestos a ir a la guerra para defender su nación. Tan solo un 21% de sus ciudadanos tomaría las armas por su patria en una eventual guerra. El porcentaje de España está muy por debajo de la media mundial, el 60%; y también por detrás de la media de Europa Occidental, situada en el 25%, según la encuesta de Gallup International realizada en más de sesenta países. Solo hay menos población dispuesta a defender su patria en una guerra en los países derrotados en la Segunda Guerra Mundial: Italia (20%), Alemania (18%) y, el menor de todos, Japón (11%). Bélgica (19%) y Países Bajos (15%) son los otros dos países que están por debajo de España en una respuesta afirmativa a la pregunta «¿si hubiera una guerra donde está implicado tu país, estarías dispuesto a combatir?». Europa Occidental es, con diferencia, la región del mundo cuyos habitantes tienen menos interés en participar en un eventual conflicto bélico. Aunque hay excepciones: Finlandia, con un 74%, y Suecia, con un 55%. Ambos casos se explican por el temor a Rusia. La encuesta fue realizada en 2014 y publicada en 2015, con la anexión rusa de Crimea muy reciente. Tanto en Finlandia como en Suecia el servicio militar es obligatorio. En el caso sueco, se volvió a implantar en 2018, menos de una década después de haberlo abolido. Grecia, con el 54%, es otro país de Europa Occidental con un alto porcentaje de personas dispuestas a tomar las armas por su patria. Allí también el servicio militar es obligatorio. No obstante, este factor no es común en todas las naciones para el ánimo guerrero. Por ejemplo, en Austria, donde también el servicio militar es obligatorio, el porcentaje de ciudadanos dispuestos a participar en un conflicto bélico es tan solo del 21%, el mismo que en España. Incluso un país sin Ejército como Islandia cuenta con un porcentaje superior, el 26%. Reino Unido, con el 27%, y Francia, con el 29%, también cuentan con porcentajes bajos. Marruecos, los más dispuestos De los 64 países de los cinco continentes donde se realizó la encuesta, Marruecos es donde mayor porcentaje de población estaría dispuesta a participar en una guerra. Casi todos sus habitantes, el 94%, según la encuesta de Gallup International. Marruecos tiene la presión en el sur por la reivindicación de independencia del Sáhara Occidental, territorio ocupado por ellos, no reconocido como marroquí por Naciones Unidas. Mantiene una intermitente reivindicación de anexión de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Además, vive de cerca la latente amenaza islamista, más fuerte si cabe en la fecha de publicación de la encuesta, con el avance yihadista sobre Siria en expansión. Marruecos forma parte de la religión y la región mundial con mayor porcentaje de población dispuesta a tomar las armas. La población de religión islámica es más favorable a intervenir en una guerra por su país, el 78% de los encuestados. Los cristianos protestantes, con el 48%, son la confesión menos inclinada a combatir. Marruecos, a su vez, está dentro de la región mundial con mayor disposición a participar en un conflicto bélico: el 83% de los encuestados del convulso Oriente Próximo y Norte de África tomaría las armas. Entre las grandes potencias militares, Estados Unidos cuenta con la población menos comprometida (44%), por debajo de Rusia (59%) y China (71%). India, con el 77%, y Pakistán, con el 89%, son las potencias nucleares con los ciudadanos más inclinados a participar en una guerra. Ambas están enfrentadas por la región de Cachemira. Los datos de la encuesta, publicada en 2015, no recogen el ánimo por acontecimientos recientes. Así, por ejemplo, según el sondeo mundial, tan solo el 23% de los habitantes de Hong Kong participarían en un combate para defender su país. No obstante, los habitantes de región administrativa especial de China han dado muestras recientes de una implicación sin precedentes en la defensa de sus libertades y derechos amenazados por Pekín.
25-07-2019 | Fuente: elpais.com
Europa occidental afronta una jornada de calor extremo
París alcanza su temperatura máxima histórica con 42,4 grados centígrados
08-07-2019 | Fuente: abc.es
La «OTAN de las Américas»
En sus 70 años de vida paralela, ni la OTAN ha aplicado nunca su famoso artículo 5, que obliga al resto de países a acudir en defensa de un Estado miembro atacado, ni la «OTAN de las Américas» ha aplicado su correspondiente artículo 3. Si el mismo Donald Trump ha cuestionado el automatismo de esa disposición del Tratado del Atlántico Norte, ¿por qué ahora debería defenderlo, en el contexto de la crisis venezolana, en el caso del TIAR, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca? Juan Guaidó y la Asamblea Nacional de Venezuela pueden promover la reincorporación de ese país al TIAR, del que fue sacado en 2012 por el chavismo, pero invocar la ayuda militar exterior para acabar con la «usurpación» de Nicolás Maduro ¿realmente haría que el resto de países signatarios avalaran una intervención de Ejércitos vecinos, cuando el propio concepto de «agresión» puede ser discutible, aunque quepa denunciar una «invasión selectiva» cubana? El artículo 3.1 del TIAR dice los siguiente: «Las Altas Partes Contratantes convienen en que un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de las Naciones Unidas». Tratado con poca fuerza El TIAR, también llamado Tratado de Río de Mutua Defensa, se concluyó en Río de Janeiro en 1947, casi dos años antes de que se constituyera la OTAN, y su vida está ligada a la Guerra Fría. La URSS dejó de ser una amenaza para Latinoamérica mucho antes que para Europa Occidental, así que el Tratado americano comenzó a perder sentido mucho antes del debate que luego se ha abierto sobre la vigencia del papel de la OTAN. En 1962 el TIAR sirvió para suscitar consenso en torno a las sanciones contra Cuba, aunque sin llegar a pedir la invasión que Estados Unidos haría por su cuenta en Bahía Cochinos. Sin embargo, en 1982 se puso en evidencia que el tratado era ya papel mojado: Argentina solicitó activar la mutua defensa en su enfrentamiento con el Reino Unido por las Malvinas, pero Washington se puso del lado de Londres y además Chile y Colombia observaron que los argentinos podían verse como los iniciadores del conflicto. En 2001 Estados Unidos pidió la ayuda continental tras el ataque del 11-S, pero algunos países latinoamericanos le negaron su asistencia en el largo proceso de las invasiones de Afganistán y sobre todo de Irak. Si la OTAN ha ido aumentando sus miembros desde la caída del Telón de Acero, el TIAR los ha ido perdiendo. La primera baja significativa se produjo en 2002, cuando México abandonó el tratado buscando liderar un replanteamiento de la seguridad regional para hacerla más inclusiva y no solo ligada a los intereses geopolíticos de Estados Unidos. No fue la decisión de un gobierno del PRI que pudiera etiquetarse de izquierda o procubano, sino del presidente Vicente Fox, del conservador PAN. México fue el país anfitrión de la Conferencia Especial de Seguridad 2003, encargada por la Cumbre de las Américas, que sirvió para poner en marcha un enfoque más multidimensional en los trabajos de la Comisión de Seguridad Hemisférica de la Organización de Estados Americanos (OEA). Los intereses políticos bolivarianos, por otro lado, llevaron a Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador a plantear su salida en 2012, momento en que Cuba también hizo efectiva su baja. Ataque contra la soberanía Si un país miembro del tratado invoca formalmente el artículo 3.1, el Consejo Permanente de la OEA tiene que evaluar si existen las condiciones requeridas para convocar una reunión de consulta de los integrantes del TIAR. Dada la correlación de fuerzas que existe hoy en la OEA, no sería difícil que el Consejo Permanente convocara esa sesión, aunque el resultado de la misma es más dudoso. Si bien el artículo 3.1 habla de «ataque armado» y el 3.2 se refiere a la solicitud planteada por Estados «directamente atacados», el artículo 6 contempla «una agresión que no sea ataque armado» contra la «soberanía o la independencia política» de un Estado. De acuerdo con ello, la Venezuela de Guaidó podría denunciar la actividad cubana en el país. Las medidas que se aprobaran no tendrían por qué llegar al envío de tropas. Lo que ocurre es que varias de las acciones que se contemplan ya se están aplicando, sin que el régimen de Maduro haya caído; además se supone que el objetivo de recurrir al TIAR es para desencadenar algún tipo de uso de fuerza. Según el artículo 8, «para los efectos de este Tratado, las medidas que el Órgano de Consulta acuerde comprenderán una o más de las siguientes: el retiro de los jefes de misión; la ruptura de las relaciones diplomáticas; la ruptura de las relaciones consulares; la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónica o radiotelegráficas, y el empleo de la fuerza armada». El texto indica que las medidas que se acuerden «serán obligatorias para todos los Estados signatarios del presente Tratado que lo hayan ratificado, con la sola excepción de que ningún Estado estará obligado a emplear la fuerza sin su consentimiento». Bastaría, así, que Estados Unidos y algún otro país enviara tropas o que apoyara con el envío de material cualquier operación militar interna que pueda suceder. La clave es que se lograran suficientes votos para activar la cláusula, y hasta ahora una mayoría de países, como se ha visto entre los integrantes del Grupo de Lima, no están por soluciones militares.
05-06-2019 | Fuente: abc.es
Portsmouth inicia los actos del 75 aniversario del Día D con Trump como gran protagonista
Los líderes mundiales se reúnen en la costa del sur de Inglaterra hoy miércoles para conmemorar el 75 aniversario del Día D, la invasión marítima más grande de la historia y la hazaña que ayudó a poner fin a la Segunda Guerra Mundial. Pese a la polémica visita de Estado de Donald Trump, la reina Isabel II y la primera ministra Theresa May se unirán al presidente de los Estados Unidos en los eventos conmemorativos en Portsmouth. También participarán el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el primer ministro australiano, Scott Morrison, la canciller alemana, Angela Merkel, entre otros líderes. «Nos unimos para rendir homenaje a aquellos que marcaron un giro decisivo en la Segunda Guerra Mundial en en las playas de Normandía y prometeremos nunca olvidar la deuda que tenemos con ellos», dijo May en un comunicado. «Su solidaridad y determinación en la defensa de nuestra libertad sigue siendo una lección para todos nosotros», aseguró. En las primeras horas del 6 de junio de 1944, más de 150.000 aliados partieron de Portsmouth y sus alrededores para comenzar el ataque aéreo, marítimo y terrestre en Normandía, que finalmente condujo a la liberación de Europa occidental del régimen nazi. La invasión, con nombre en código Operación Overlord, sigue siendo el asalto anfibio más grande de la historia e involucró a casi 7.000 naves y lanchas de aterrizaje a lo largo de un tramo de 80 kilómetros de la costa francesa. Miles fueron asesinados en ambos lados. Aunque el programa empieza este miércoles con un homenaje a la Resistencia normanda, el acto más simbólico llegará el jueves, cuando Trump y Macron acudan al cementerio franco-estadounidense de Colleville sur Mer, a pocos metros de Omaha Beach, una de las cinco playas en las que desembarcaron las tropas aliadas. Allí pronunciarán unas palabras antes de desplazarse a Caen, capital de Normandía, para mantener una entrevista bilateral.
27-05-2019 | Fuente: abc.es
«Me quedo sin comer para que mi hija pueda hacerlo»: los efectos de la austeridad en el Reino Unido
Los recortes gubernamentales en el gasto social durante la última década han provocado que decenas de miles de familias pobres en Inglaterra se queden sin alimentos suficientes para comer, una «clara violación del deber del gobierno de garantizar una alimentación adecuada», según recoge un informe de la Oenegé Human Rights Watch (HRW) publicado la semana pasada. El informe, de 115 páginas, destaca cómo los grandes recortes en el gasto social, motivados por la austeridad y exacerbados por varias reformas, han dado lugar a que muchas familias con niños en Inglaterra pasen hambre y dependan de la ayuda alimentaria de organizaciones benéficas. Muchas de estas familias son monoparentales y están encabezadas por mujeres. En este sentido, HRW descubrió que el gobierno del Reino Unido no está cumpliendo con su deber en virtud de la ley de derechos humanos de garantizar el derecho a una alimentación adecuada. «La forma en que el gobierno del Reino Unido ha gestionado su reducción en el gasto de asistencia social ha hecho que los padres se vean incapaces de alimentar a sus hijos en la quinta mayor economía del mundo», apuntó Kartik Raj, investigador de Europa Occidental de HRW. «El gobierno del Reino Unido debería garantizar el derecho a la alimentación de todos en lugar de esperar que sean las organizaciones benéficas las que intervengan y llenen el vacío». La Oenegé se concentró en tres áreas de Inglaterra con altos niveles de precariedad en Hull, Cambridgeshire y Oxford. En esas zonas llevó a cabo 126 entrevistas a familias afectadas por la pobreza alimentaria, voluntarios y personal de bancos y despensas de alimentos y personal de centros comunitarios y escuelas. Como parte de su investigación, también analizó datos oficiales y estadísticas, y revisó información del gobierno del Reino Unido y las autoridades locales. Precariedad extrema «A menudo, no me queda nada al final de la semana», dijo una madre de 23 años de Hull con una hija de cuatro años que no pudo encontrar un empleo que se ajustara al horario escolar de su hija. Por eso, recurre a una despensa comunitaria de bajo costo que redistribuye el excedente de alimentos de los supermercados. «Cuando eres madre soltera, hay muy pocos trabajos que puedes hacer que te permitan dejar a tu hijo en la escuela por la mañana, luego ir a trabajar y regresar a las 14.30 para recogerlos. Me salto comidas, para que mi hija pueda comer». La organización apunta tres motivos fundamentales como los responsables del repunte. En primer lugar, HRW destaca la drástica reducción del gasto en asistencia social desde 2010, lo que ha afectado de severamente a las ayudas para familias y niños. En segundo lugar, el informe señala la implementación de una reforma importante al sistema de asistencia social, conocido como Crédito Universal, que ha exacerbado la crisis del hambre al retrasar el acceso a los pagos iniciales. Por último, la Oenegé apunta a la falta de intervención gubernamental ante la creciente evidencia de un deterioro en el nivel de vida de los residentes más pobres del país. Esto incluye un vertiginoso aumento en el uso de los bancos de alimentos, que han registrado una subida del 50 por ciento en la entrega de paquetes de comida en los últimos cinco años.
25-05-2019 | Fuente: abc.es
Chipre, la baza turca para el Parlamento Europeo
Turquía podría tener por primera vez representación en el Parlamento Europeo. Chipre vota en las próximas elecciones europeas este 26 de mayo, como en muchos otros países europeos como España. Sin embargo, las divisiones entre grecochipriotas y turcochipriotas son evidentes a pocos días de los comicios. Los ciudadanos de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre -solo reconocida por Turquía- podrán pasar la línea verde que separa en dos la isla y su capital, Nicosia, para votar en el sur de la ciudad en estos comicios comunitarios. Aunque esto no acaba de gustar a los grecochipriotas ni a la amplia comunidad armenia en el país. Niyazi Kizilyurek, candidato del Partido Progresista del Pueblo Obrero, podría ganar un asiento en la cámara de representación europea. Kizilyurek promueve un acercamiento a la República Turca del Norte de Chipre y para los más críticos, su elección como eurodiputado supondría «normalizar la ocupación turca de la isla de Chipre». Además, el candidato defiende que, desde las primeras elecciones en el país, así como al Parlamento Europeo, «no ha habido ningún representante turcochipriota» en la República de Chipre, la zona dominada por los grecochipriotas. Por su parte, Nicos Anastasiades, presidente de la República de Chipre, remarcó en la cumbre de Sibiu, Rumanía, hace unas semanas, que la Unión Europea «se mantiene unida detrás de Chipre» y, por ende, espera que «Turquía respete los derechos soberanos de los Estados miembros de la UE». El presidente marcó distancias con sus compatriotas turcos, especialmente en la zona ocupada, con un claro mensaje a futuro por la posible entrada de Kizilyurek en las instituciones europeas. Por primera vez la isla entera podrá votar como una sola comunidad, un solo pueblo, donde griegos, armenios y turcos conviven en un día de elección democrática, sin votar de forma dividida como ha sucedido desde la ocupación del norte de la isla por Turquía en 1974. Este gran avance enturbia el sur de la capital, donde los turcochipriotas deben pasar para poder echar su papeleta electoral y la República de Chipre podría no permitir su libre acceso, como impide el paso a la parte griega a los ciudadanos de Turquía. No obstante, cabe resaltar que legalmente toda la isla pertenece a la Unión Europea, incluida la autoproclamada república del norte. El rencor vuelve a la capital A tan solo una semana de las elecciones europeas, el pasado domingo, centenares de personas se congregaban en la plaza Elefhtherias, junto al ayuntamiento de Nicosia -conocido como el Bastión D?Avila-, con banderas griegas y chipriotas, vistiendo camisetas a juego con un único mensaje: ?Genocidio, 100 años: 1919-2019?. La manifestación continuó por las calles Ledras y Onasagorou, aproximándose al concurrido paso protegido por la ONU a la zona turca, la línea verde, para acabar dando media vuelta y volviendo al consistorio, donde las banderas llevan todo el mes a media asta. Muchos ciudadanos de origen armenio también se sumaron a la reivindicación que se fundamenta en el odio hacia los turcos tras el inicio de la guerra entre Grecia y Turquía en mayo de 1919. Un mes para recordar a sus ancestros, padres y abuelos, por el daño causado a grecochipriotas y armenios, pero con la vista puesta en unas elecciones que permitirán votar a los que parte de la población chipriota llama ?genocidas?. Este sentimiento anti-turco se ve plasmado en el pensamiento chipriota. El sábado era asesinado en el centro de Nicosia Mbah Franklin Mbah, camerunés de 28 años, que según medios chipriotas había venido pidiendo asilo al país. Los hechos sucedieron pasada la media noche del sábado, hacia las 2:30 horas en el Club Nocturno OXI, donde Mbah se vio implicado en una pelea con tres chicos de la zona sur de la isla, quiénes lo agredieron con botellas y objetos punzantes. Herido, fue perseguido hasta la antigua estación central de autobuses, en la Plaza Solomos, donde pidió auxilio, desplomándose poco después junto al primer andén. A la mañana siguiente, el domingo, poco antes de la manifestación contra el ?genocidio? turco, la policía de la ciudad acordonaba la estación donde un gran charco de sangre evidenciaba que el joven camerunés había muerto desangrado. Los vecinos de la zona se acercaron a ver qué sucedía. La mayoría coincidían en decir ?musulmanes?. El pueblo había dado su veredicto. Aunque la investigación ha desvelado que no hay una conexión, al menos directa, entre los musulmanes suníes de la zona turca y la muerte del joven africano. Solo los turcochipriotas pasan la línea verde Convertido en un reclamo turístico, la frontera entre ambos países hace todavía más complicada esta reconciliación y reunificación de la isla, a pesar de la apertura en estos comicios europeos. Licomedes K., empleado hostelero de la capital, responde contundente al preguntarle sobre el paso fronterizo de Nicosia: «No existe frontera, simplemente es un paso. Entre España y Francia hay frontera, pero entre Cataluña y España no, ¿verdad? Pues esto es lo mismo». El grecochipriota remarca que «no existen dos países», porque según K. son un solo país, pero «el norte está ocupado ilegalmente por los turcos». Ante esto, cabe recalcar que la mayoría de los armenios y grecochipriotas no suelen pasar a la zona turca, de hecho, la ciudad ha crecido hacia el sur mientras la zona turca se ha estancado. Fuera de las murallas venecianas que rodean de forma circular el casco histórico de la ciudad -partiendo la línea verde de la ONU el círculo en dos- los edificios de la zona turca del norte caen prisioneros del tiempo junto a una población empobrecida y con servicios casi inexistentes. Los turcochipriotas pasan a la República de Chipre por necesidad. La calle Ledras o la avenida del archiduque Makarios III -arteria principal de la capital- cuentan con establecimientos de grandes cadenas norteamericanas y de Europa Occidental como Bershka, Pull & Bear, Starbucks o McDonald?s. En cambio, en el lado norte de la ciudad tan solo existe un núcleo de tiendas turísticas, sin grandes marcas comerciales, y una demanda que solo puede satisfacerse pasando a la zona griega. Los turbantes y la comida turca conviven en el sur mientras en el norte tan solo se relacionan turistas y turcochipriotas. «Los chipriotas no solemos pasar al norte de la ciudad, a la zona ocupada, de hecho, yo no he estado nunca», nos explica Anastasia quien ha venido a la capital a promocionar la riqueza natural de los montes Troodos, al suroeste de la isla. ¿Dónde está la campaña europea? Más allá de los vaivenes entre las tres principales comunidades de la isla, de la ocupación de Turquía o del sentimentalismo hacia Grecia, llegan las elecciones europeas. Resulta curioso no ver ninguna pancarta electoral por las calles de Nicosia, ni por la ciudad vieja ni por la novísima ampliación que recuerda más a las ciudades occidentales que a las del oriente mediterráneo. La política europea no entra en campaña en Chipre. Los grecochipriotas hablan poco de sus políticos, lo hacen más de Grecia y contra Turquía. En la parte turcochipriota, el ciudadano medio ha decidido hacer oídos sordos a la situación política actual traspasando sin reparo los controles de la línea verde. ¿Dónde está la campaña? Se juega en los medios de comunicación, en las redes y en los sentimientos étnicos, históricos, religiosos y culturales, pero no en las calles. Muchos carteles con la bandera de la Unión Europea están pintados en acto de protesta junto a la línea verde de la ONU. No se oye opinar sobre las elecciones al Parlamento Europeo, no se escucha hablar de Europa en Nicosia.
20-03-2019 | Fuente: elpais.com
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