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Noticias de euroescepticismo

24-06-2020 | Fuente: abc.es
Solana y Piqué reivindican el papel de la UE frente a la pugna entre EE.UU. y China
El el marco del ciclo de conferencias «Empresas españolas liderando el futuro», celebrado por iniciativa de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y que se clausura este miércoles, los exministros Josep Piqué y Javier Solana han debatido hoy acerca de la dimensión geopolítica que los empresarios tienen que considerar para llevar a cabo sus actividades. Como ya se ha señalado en el vídeo introductorio a la charla, el papel de la Unión Europea (UE), las nuevas condiciones impuestas por la pandemia de Covid-19 y la confrontación entre China y Estados Unidos, conforman el telón económico de fondo, de gran complejidad. «Durante los últimos años -ha comenzado Solana-, las empresas españolas han realizado un esfuerzo de internacionalización, para el que es imprescindible tener una Europa más cohesionada, en la que trabajar juntos se imprescindible». Tras ese primer apunte, el exministro socialista, ex secretario general de la OTAN y actual presidente del Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE, ha dedicado palabras laudatorias a la gestión de Bruselas ante el descalabro económico provocado por la pandemia: «Es un momento muy interesante. En la UE, las cosas van despacio, pero en la buena dirección», ha afirmado. En la misma línea, Piqué también ha realizado una valoración positiva de la labor de las instituciones comunitarias ante la pandemia: «Cabe peguntarse en qué situación se habría encontrado España -ha reflexionado-, si no estuviéramos en la UE, no pudiéramos recibir ayuda del BCE o los planes de apoyo de la CE. El euroescepticismo me parece un gravísimo error». No es una Guerra Fría Para los exministros, que a lo largo de la charla han subrayado la buena sintonía de su pensamiento pese a haber militado en partidos políticos diferentes, uno de los grandes desafíos que encara la UE es el de definir su papel en el mundo ante el auge de la enemistad entre China y EE.UU., al que prefieren referirse como una confrontación y no como una Guerra Fría: «Existe una tensión creciente y cómo se va a gestionar es una gran incógnita. Los españoles siempre hemos sido favorables al multilateralismo, pensando que los problemas globales deben ser globalmente resueltos, pero estamos en una situación difícil, porque el presidente de EE.UU. lo detesta», ha apuntado Solana. «Además -ha añadido-, estamos ante un proceso eletoral estadounidense muy complejo. Si volviera a ganar Trump, no sabemos lo que puede pasar, pero Biden sí que ha dicho que regresaría al Acuerdo de París sobre el cambio climático». «Hay una pugna, que es sobre todo tecnológica», ha resumido Piqué. «China está ganando ahora esa batalla», ha advertido. Como nueva prueba de esas inquietudes comunes, ambos ponentes han tenido palabras para el cambio climático, recordando que el calentamiento global puede incrementar las tensiones políticas en el ámbito internacional y haciendo hincapié en que las empresas tienen un papel que jugar para combatirlo. En ese sentido, mientras Piqué se ha referido a la «responsabilidad social de las empresas, que tienen que tener valores más allá de los accionistas, y apostar por el cuidado del medioambiente», Solana también ha pedido a los empresarios que contribuyan a frenar sus consecuencias nocivas sobre el planeta.
19-04-2020 | Fuente: abc.es
Enrico Letta: «Europa se enfrenta a un ?peligro mortal? si no llega a un acuerdo»
Es una de las cabezas políticas mejor amuebladas de Europa. Enrico Letta (Pisa,1966), primer ministro italiano entre 2013 y 2014, es director de la Escuela de Asuntos Internacionales en la prestigiosa Universidad de Ciencias Políticas (Sciences Po de París) y ha creado la Escuela de Políticas. Discípulo del último gran fundador de la Unión Europa, Jacques Delors, es presidente del Instituto que lleva su nombre. Impulsor desde hace 20 años del Foro de diálogo España-Italia, conversa con ABC sobre el momento crítico que vive Europa y del futuro que nos espera tras la crisis del coronavirus. Líderes europeos como Draghi, Delors, Macron o Prodi hablan sobre la gravedad de la crisis en Europa con términos nunca escuchados hasta hoy. ¿Existe el peligro de acabar con la Unión Europea que conocemos? Creo que tiene razón Jacques Delors que es el que ha usado la palabra más fuerte. No hablaba desde hace más de 5 años. Ahora ha empleado el término «peligro mortal?. Para mi esa palabra es muy fuerte. Me ha causado gran impresión, porque si él utiliza esa expresión creo que es necesario creerlo. Esta es una crisis sin precedentes. No debemos subestimar la capacidad autodestructiva, porque es una crisis que está poniendo en auge antiguos estereotipos que me parecen insoportables como la historia de las cigarras y las hormigas, o el norte es virtuoso y el sur vicioso. No hay duda de que si estos estereotipos vencen, si se convierten en la base para las decisiones que la UE adoptará, en ese caso el peligro mortal no será una provocación, sino una realidad. Pero Europa está interrelacionada. O nos salvamos todos o es el final. Europa aparece hoy dividida. ¿Habrá acuerdo en el próximo Consejo Europeo del próximo jueves? Creo que se llegará a un acuerdo, porque en caso contrario se provocaría un terremoto en los mercados. Tengo fresca en la memoria la dinámica del 2011, cuando Italia y España se hundieron. Todavía pagamos hoy la ausencia de visión de futuro y la miopía de los líderes europeos de entonces. Hoy es necesario un acuerdo. España e Italia deben trabajar por un acuerdo y no por una ruptura, porque hoy somos la parte débil. «España e Italia deben trabajar por un acuerdo y no por una ruptura, porque hoy somos la parte débil» Con esta crisis, la deuda pública se irá a las nubes: la italiana podría llegar al 160 % del PIB, y la española entre el 115-120 %. ¿Es sostenible? Yo tengo una propuesta, que por primera vez la hago ahora pública. Creo que nos debemos poner el objetivo de que la deuda pública, que crecerá por efecto de la pandemia, se coloque en una caja diferente de las deudas nacionales. Creo que esta reflexión se hará. En Italia y España, si autorizamos la continuidad de la dinámica de las deudas nacionales, corremos un gravísimo riesgo, porque se produciría un automatismo en las reglas de las agencias de rating (agencias de calificación de riesgos). Creo que es fundamental un acuerdo con nuevas reglas para evitar un desastre. El euroescepticismo está creciendo en Europa. ¿Cuáles son los riesgos? El impacto de la crisis ha sido terrible y ha crecido el euroescepticismo no solo en Italia, también en otros países como España, por una serie de errores que se han cometido. Después de la emergencia, los populismos empujarán contra la UE, lo que será un gran riesgo. En Italia y Francia, por ejemplo, las coaliciones que están en torno a Salvini y Le Pen representan un 40% en cada país. Estamos hablando de algo muy significativo para la segunda y tercera potencia de la Eurozona. El euroesceptismo y el populismo son un fenómeno preocupante. Hay que estar muy atento a ello y las decisiones que ahora se adopten en el Consejo Europeo son esenciales. «Hoy no es posible hablar de economía sin hablar de justicia social», ha escrito Enrico Giovannini, economista y ex ministro de Trabajo y Políticas Sociales en su gobierno. ¿Cuál es el impacto de la crisis en la sociedad? Estoy muy en sintonía con lo que ha dicho Giovanni: hay que hablar de justicia social. Esta es una crisis que está aumentando las desigualdades en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el tema educativo, del que yo me ocupo, en el campo online es una extraordinaria oportunidad, pero al mismo tiempo es un dramático acelerador de desigualdades. Porque quien vive en una situación de dificultad, al final es dejado en medio de la calle, pero es necesario seguirlo y garantizarle atención. Otro ejemplo, es la digitalización. Todos nos estamos digitalizando, al final de la crisis nos daremos cuenta que muchos trabajos serán obsoletos y será un drama social del que nos debemos ocupar. «Esta es una crisis que está aumentando las desigualdades en todos los ámbitos» ¿Cómo influirá la crisis en la globalización? La cultura y la educación jugarán un gran papel. Al principio, habrá un rebote nacionalista y antiglobalización, a favor de las fronteras, porque es la reacción del miedo. Pero la difusión de la pandemia es la demostración del hecho de que las fronteras existen solo en nuestra cabeza. Las fronteras no existen en la realidad. Todos dependemos de todos. La globalización es imparable, es hija de la tecnología. Esta crisis ha llegado cuando hay una clase política que no tiene credibilidad y las instituciones son más débiles. Es un problema que le llevó a usted a crear la Escuela de Políticas.. Desgraciadamente este es un problema de nuestro tiempo, porque hemos abandonado hace mucho la formación de la clase dirigente. Esta crisis demuestra que la competencia y la preparación de la clase dirigente es fundamental. No se puede dejar una crisis en manos de incompetentes o de personas no formadas. Es un problema general en todos los países democráticos. Hay necesidad de una mayor formación de la clase política. «No se puede dejar una crisis en manos de incompetentes o de personas no formadas» ¿Qué enseña esta crisis a España e Italia en su relación con Europa? Esta crisis nos da el resultado de un eje España-Italia que nunca ha sido tan fuerte como hoy. Se trata de una óptima noticia, entre todas las pésimas noticias de la crisis. Finalmente se ha comprendido que España e Italia deben trabajar juntas en una relación muy estrecha en Europa, como dos países verdaderamente hermanos en Europa, porque tenemos los mismos problemas. Justo para este fin de semana teníamos previsto celebrar en Roma la cita anual del Foro de diálogo España-Italia, con la presencia de Sánchez y Conte. Lo hemos pospuesto para el otoño.
28-02-2020 | Fuente: abc.es
Boris se queda sin chistes
Conocí a Alexander Boris Johnson («Llámame Boris por favor») en 1991 en la sala de prensa de la Comisión Europea, cuando él estaba aún aterrizando en Bruselas como corresponsal del «Daily Telegraph», y la opinión pública británica solo sabía que en el Ejecutivo comunitario mandaba un pequeño Napoléon llamado Jacques Delors. Y poco más. Johnson había caído en Bruselas en busca de una salida desesperada, después de un breve y accidentado paso por «The Times», de donde dicen que fue despedido por tergiversar una noticia. La capital de la Unión Europea traía malos recuerdos al joven licenciado en Oxford; allí había vivido durante unos años con su padre, Stanley ?uno de los primeros eurodiputados británicos? que no se contaban entre los más felices. Boris Johnson hizo de la necesidad virtud, y en pocos meses logró convertirse en el corresponsal estrella del «Telegraph» por sus desternillantes crónicas sobre la burocracia europea, y en el terror de comisarios y portavoces comunitarios, Durante los cinco años de su trabajo en Bruselas, buena parte de los «briefings» ?en particular el de las 12, conocido como «la messe du midi»? consistían en desmentidos a crónicas de Boris, con frecuencia tema de portada. No, la Comisión Europea no está contemplando establecer una medida mínima para las manzanas ?las danesas son especialmente pequeñas?, ni para los preservativos masculinos. No pretendía tampoco prohibir las barbacoas dominicales en familia, ni establecer que las vacas usaran pañales. Muchos de los clichés y chistes sobre el furor bruselense por la armonía y la homogeneidad salieron de la pluma de Boris Johnson. Pero logró su objetivo. El euroescepticismo dio paso a la eurofobia, y hoy el Reino Unido está fuera de la Unión. Solo que ahora las bromas no cuentan ya. Los británicos saben que necesitan un buen acuerdo comercial con el continente, que en caso contrario sus pérdidas económicas serán miles de millones de libras (el último informe de la ONU habla de un 14 por ciento de pérdidas anuales), y ahí el ingenio y la chispa de Boris ya no cuentan.
12-12-2019 | Fuente: abc.es
Dos hombres con suerte
Hay dos razones por las que podemos decir que Boris Johnson es un hombre con suerte. La principal es porque tiene un rival inelegible, un hombre que nunca ganará unas elecciones en el Reino Unido del siglo XXI. Un líder laborista de ideas marxistas que ha escogido completar su posicionamiento ideológico con un segundo, John McDonnell, de ideas leninistas. Insuperable. Y tiene suerte también porque encontró en el euroescepticismo la vía para llegar al 10 de Downing Street. Hizo una campaña muy sucia en el referendo de 2016, pero triunfó. No consiguió ser elegido primer ministro por los suyos porque su compañero en aquella campaña, Michael Gove, lo traicionó. Pero se convirtió en la encarnación del espíritu del Brexit. Y en esta elección de 2019, la tercera en cuatro años, la mayoría de los británicos quiere acabar con la pesadilla en que se ha convertido la ruptura con la Unión Europea. Visto desde el punto de vista opuesto, Jeremy Corbyn también tiene suerte. Porque el candidato conservador es muy débil. Es un personaje atrabiliario, con un currículo cuestionable desde el primer minuto de su vida profesional, cuando fue despedido de «The Times» bajo acusación de haberse inventado una cita. Y esas características de Johnson hacen que Corbyn tenga alguna posibilidad de impedir que el primer ministro logre una mayoría absoluta. Y si es así, las posibilidades de un Gobierno multicolor son ciertas. Johnson ha hecho del Brexit el tema central de la campaña con una idea clara: la mayoría más elevada de la historia de la democracia británica pidió el Brexit hace tres años y medio. Pero su consecución parece una quimera si no la impone el Partido Conservador, el único que garantiza que el acuerdo de ruptura entrará en vigor el 31 de enero próximo. Lo que tampoco será el fin de la relación, porque hay ya fijado un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020 y parece casi imposible que para entonces se haya completado todo el proceso. Porque el acuerdo alcanzado por Johnson y la UE es como uno de divorcio en el que se determina quién se queda con la casa y con el perro: falta negociar quién se queda con los niños y les paga los estudios. Son muchos los británicos que votaron en favor de la permanencia en la Unión Europea que ahora quieren abandonar por dos razones: la primera es porque hay que cumplir la voluntad de la mayoría; y la segunda es porque ya nadie aguanta seguir discutiendo del Brexit. Se ha convertido en una pesadilla. Es muy interesante ver cómo el Partido Liberaldemócrata de Jo Swinson empezó su campa electoral hablando abiertamente de defender la permanencia en la UE. Su objetivo era recolectar una parte sustancial del 48 por ciento del electorado que votó a favor de la permanencia. Pero, con el paso del tiempo, hasta ellos han renunciado a que ése sea su objetivo principal, porque han visto que no les beneficia electoralmente. Los laboristas han conseguido cuadrar un círculo: Jeremy Corbyn defiende la celebración de un nuevo referendo después de negociar un nuevo acuerdo con la UE, que sería el tercero. Lo que es bastante singular considerando que el resultado del primer referendo no se ha llevado a la práctica todavía. Pero lo verdaderamente sorprendente es que si Corbyn es primer ministro y alcanza ese acuerdo que someterá a referendo, ya ha dicho que él no hará campaña a favor ni en contra. Algo verdaderamente inaudito que esconde en el fondo el que Corbyn rechaza la mera existencia de la UE porque desde su visión marxista es un club de mercaderes, que son los enemigos del proletariado. La duda que queda es si, a falta de una mayoría absoluta conservadora, sería posible que posiciones tan radicales como las de Corbyn pudieran aliarse con las de partidos más moderados como los Liberaldemócratas o abiertamente conservadoras como las de los unionistas del Ulster. Estos últimos están enfrentados con Johnson porque se consideran traicionados por la frontera en el mar del Norte entre el Ulster y Gran Bretaña. Pero en el resto de sus políticas están plenamente alineados con los conservadores y radicalmente opuestos a este laborismo de izquierda radical.
10-12-2019 | Fuente: abc.es
Quién es quién en la batalla más decisiva para el futuro del Brexit
Boris Johnson Obsesionado con ser el centro de atención, la carrera de Boris Johnson, plagada de pocos principios y aún menos escrúpulos, ha sido la de un gran oportunista en busca de poder. Primero para hacerse notar en la aparente «aburrida» corresponsalía en Bruselas. Lo hizo reforzando los prejuicios sobre el proyecto europeo en los años en que la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, había sembrado ya la semilla del euroescepticismo británico en el campo conservador. Luego con su salto a la política nacional después de su paso por la alcaldía Londres. La campaña del Brexit lo encumbró pese a no tener muy clara su posición en un inicio. Tres años más tarde, los popes del Partido Conservador lo auparon al liderazgo aterrorizados por la influencia de Nigel Farage sobre los impacientes partidarios de la salida. Los «tories» se encomendaron al carisma de Boris Johnson -héroe del «Leave»- para acudir al rescate del partido, que se había desplomado de manera catastrófica en las elecciones europeas del pasado mayo. Entonces, Johnson verbalizó el camino hacia al precipicio con su estrategia de Brexit o muerte para fidelizar a los más brexiteros, una estrategia que presuponía un final electoral en el que poder acabar con el bloqueo en el Parlamento. Según las encuestas, los «tories» han logrado fagocitar al Partido Brexit de Farage, imprescindible para aprovecharse de la fragmentación del voto remainer y evitar otro Parlamento bloqueado que le abocaría a a pedir otra prórroga. Aunque la tendencia al alza de los laboristas de los últimos días amenaza la supermayoría deseada por Johnson. Jeremy Corbyn De la escuela laborista previa a la tercera vía de Tony Blair, al veterano Jeremy Corbyn nunca le ha apasionado la UE. Pacifista pero «amigo» de regímenes como el venezolano, Corbyn se presenta con un manifiesto laborista que prevé renacionalizar lo que se privatizó con Thatcher en adelante, además de los mayores aumentos de impuestos y gastos sociales en más de medio siglo en el caso de ganar las elecciones. En su plan de emular al primer ministro laborista de los sesenta y luego setenta, Harold Wilson, que ha rescatado la tercera temporada de la exitosa serie «The Crown», Corbyn también prevé darle a los británicos la posibilidad de una votación final sobre la permanencia en la UE. De joven, el líder de los laboristas votó en contra de la permanencia en las Comunidades Europeas en el referéndum de 1975. En las elecciones del Brexit, más que la de hace dos años cuando había cierto consenso sobre la consumación del mandato del referéndum, Corbyn pretende repetir la jugada de la austeridad y los servicios básicos. Casi a la desesperada y acusado de nuevo de fomentar el antisemitismo entre sus filas, Corbyn dio a conocer una serie de documentos que presuntamente confirman que el servicio nacional de salud británico, el NHS, está incluido dentro de un posible acuerdo comercial con Estados Unidos. Esa filtración agitó una vez más la sospecha de una injerencia rusa en la política británica. Las encuestas sitúan a los laboristas como mínimo a siete puntos de distancia y Johnson no está repitiendo los graves errores de campaña que le costaron tan caro a su predecesora Theresa May. Pese a la distancia, el sistema electoral mayoritario impide sacar conclusiones demasiado aventuradas. Jo Swinson Si el lema tory es «Get Brexit done» (hagamos realidad el Brexit), el de los lib-dems liderados por Jo Swinson es «Stop Brexit». Junto al Partido Brexit de Farage, los liberal demócratas fueron los grandes triunfadores de las europeas como némesis ?brexiteer?. Lejos quedaban, entonces, los años de dura travesía por el desierto después de la alianza con los tories bajo el liderazgo de Nick Clegg. Como socio pequeño de ese Gobierno pagaron la factura de la austeridad y en las europeas 2014 solo consiguieron un diputado. Aunque si hace poco más de un mes los naranjas empataban con los laboristas, la tendencia demoscópica los está alejando de las aspiraciones de dar el golpe el 12 de diciembre. Además, de todas las líderes nacionales, Swinson es la menos presidenciales según los sondeos. Que Johnson no logre mayoría absoluta depende de la coordinación del votante europeísta para reducir las posibilidad de los candidatos conservadores. El sistema electoral favorece a los dos grandes. Su posición sin ambages por anular el Brexit está penalizando a los liberales, que pretenden representar al ala moderada de los que votaron una vez por los laboristas y conservadores y capitalizar a los europeístas. Oficialmente las filas de Swinson, fuertes en las principales metrópolis, no se han coordinado con laboristas para impulsar al candidato «remainer» con más opciones frente a los Conservadores de Johnson, sí lo está haciendo con otras formaciones como los Verdes y los galeses de Plaid Cymru. Que Johnson no logre mayoría absoluta depende de la coordinación del votante europeísta para reducir las posibilidad de los candidatos conservadores. Nigel Farage Farage y su Partido Brexit se hicieron con 29 de los 73 escaños en disputa en las elecciones europeas del pasado mayo, por solo 4 de los conservadores. Desde la llegada de Johnson al poder y dado que el sistema electoral británico favorece a los dos grandes partidos, el éxito se ha esfumado una vez más hasta el punto de que solo concurren para restarle votos a Jeremy Corbyn en las zonas brexiteras de mayoría laborista. Farage renunció hace un mes a luchar por enésima ocasión por un escaño en el Parlamento de Westminster. Nicola Sturgeon En las elecciones del 12 de diciembre, el Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) espera ganar la mayoría de los 59 distritos electorales escoceses en el Parlamento del Reino Unido; actualmente tiene 35. Y estar en la posición de presionar por la organización de un nuevo referéndum de independencia a partir de 2020 para seguir ligados a la UE en caso de Brexit. El 45% de los escoceses piensa que Escocia estaría mejor económicamente como un país independiente dentro de la UE que como parte de un Reino Unido posterior al Brexit; el 35% no está de acuerdo; y el 20% no sabe o no contesta.
07-11-2019 | Fuente: abc.es
Oligarcas rusos han donado más de 600.000 euros al partido de Johnson
La sombra rusa sigue persiguiendo al Partido Conservador liderado por el excéntrico Boris Johnson. A falta de un mes para las elecciones, una investigación del portal Open Democracy ha destapado grandes donaciones de oligarcas rusos a los tories en el último año hasta llegar a los 600.000 euros. Una investigación de OpenDemocracy ha descubierto que el Partido Conservador del Reino Unido recibió desde 498.850 libras hasta 642.000 libras, de ejecutivos rusos y sus asociados, entre noviembre de 2018 y el pasado mes. Esta cantidad supone un aumento significativo con respecto al año anterior, cuando tales donaciones no llegaron a 350.000 libras. De todos ellos sobresale Lubov Chernukhin, esposa de el ex viceministro de finanzas ruso, Chernukhin, que ha donado más de 450.000 libras a los conservadores en el último año. A principios de esta semana, el Gobierno británico se negó a publicar un informe sobre la supuesta interferencia rusa en la política británica. La noticia también llega con el estratega jefe de Johnson, Dominic Cummings, en el centro de los focos después de que el «Sunday Times» informara de las denuncias de un denunciante sobre «serias preocupaciones» sobre el tiempo que pasó en Rusia en la década de 1990. El caso Skripal Desde el portal de Open Democracy recuerdan que la ex primera ministra Theresa May había prometido previamente distanciar a los conservadores del dinero ruso, especialmente a raíz de los envenenamientos de un agente doble ruso Sergei Skripal en Salisbury el pasado año 2018. Pero las palabras no se vieron refrendadas con hechos cuando Marina Litvinenko, la viuda de Alexander Litvinenko, presuntamente asesinada por orden del Kremlin, reclamó al Partido Conservador devolver el dinero donado por varios oligarcas rusos. Si bien las donaciones descendieron levemente en las semanas posteriores al envenenamiento de Skripal, estas repuntaron en los últimos meses, especialmente cuando May apuraba sus últimos diás en Downing Street y Johnson se postulaba como el máximo favorito en la carrera de sucesión al frente de los tories y del Gobierno británico. Según ha contabilizado Open Democracy, el Partido Conservador, gran dominador de la política británica en la última década, ha recibido 3,2 millones de libras de donantes rusos desde 2010. El magnate del sector energético Alexander Temerko, nacido en Ucrania en tiempos de la Unión Soviética, es otro destacado donante ruso mencionado por Open Democracy y que desde hace años se ha jactado de su buena relación con Boris Johnson. Temerko ha donado más de 1,2 millones de libras a los conservadores desde el año 2012. Y no solo eso, sino que tampoco ha ocultado su interés en promover el euroescepticismo en la esfera conservadora, e incluso la prensa anglosajona le ha implicado en un complot para derrocar a May hace unos meses. Para las elecciones del 12 de diciembre, los tories esperan recaudar hasta 30 millones de libras con las que hacer frente al Laborismo y su capacidad para movilizar a sindicatos y activistas a pie de calle, informó el pasado 30 de octubre el diario financiero City A.M.
31-10-2019 | Fuente: abc.es
Los británicos que quieren parar el Brexit cueste lo que cueste desde el corazón de la UE
Viñeta de la semana sobre el Brexit. Va un hombre caminando con un maletín y le comenta a otro señor que le acompaña: «Mi padre fue negociador del Brexit, como su padre antes que él». Como el procés en Cataluña, la salida británica de la UE genera hastío en los británicos euroescépticos, en los que votaron por quedarse y en el resto de europeos que se preguntan cuándo se van a ir de una vez por todas. Hace unas semanas, el precipicio parecía inevitable: cuando Johnson insistía en no temer un Brexit sin acuerdo y que antes muerto en una zanja que pedir otra prórroga. Pero de nuevo las palabras se las lleva el viento y el divorcio se ha pospuesto una vez más, esta vez hasta el 31 de enero. Mientras, los cientos de funcionarios británicos de la UE así como sus europarlamentarios siguen trabajando con la incógnita de cuándo tendrán que hacer la mudanza. La pasada semana la Eurocámara siguió desde cerca las votaciones de Westminster porque en caso de que los Comunes hubieran dado su visto bueno al acuerdo de Johnson, la pelota pasaba al tejado de los eurodiputados. Tras Alemania con 96 eurodiputados y Francia con 74, Reino Unido se encuentra en el tercer escalón junto a Italia en representación europarlamentaria con 73 escaños (España cuenta con 54). Como paradoja, las irrelevantes elecciones a la Eurocámara en Reino Unido -con participaciones en torno al 30% de los votantes- han terminado resultando decisivas para el giro euroescéptico del Partido Conservador. Siempre a las puertas de conseguir su escaño en la Cámara de los Comunes, el histriónico millonario Nigel Farage, portavoz de la causa brexitera varios lustros antes de la convocatoria del referéndum, ha ganado los dos últimos comicios con UKIP y luego el Partido Brexit, que se encuentra entre las delegaciones más numerosas del Parlamento Europeo. A los 28 eurodiputados euroescépticos les siguen los liberaldemócratas con 16, que como confirman desde el partido nunca votarán a favor de ningún tipo de Brexit «ya sea en Westminster o Estrasburgo», sino un segundo referéndum. Pisándole los talones a los laboristas los liberal-demócratas pasan por un gran momento en Reino Unido. Lejos quedan los años de dura travesía por el desierto después de la alianza con los tories bajo el liderazgo de Nick Clegg. Como socio pequeño de ese Gobierno pagaron la factura de la austeridad y en las europeas 2014 solo consiguieron un diputado. Por su parte, los Conservadores, primer partido en las encuestas británicas pero con solo 4 de 73 eurodiputados británicos, cuentan con una influencia residual ende Bruselas y Estrasburgo. Desde la llegada de David Cameron al frente de los Conservadores, los tories han ido progresivamente aislándose de las instituciones europeas desde que abandonó el europeísta Partido Popular Europeo (PPE), la familia europea más influyente de los últimos lustros, por el euroescepticismo light de los Conservadores y Reformistas. «La decisión de Cameron de dejar el PPE fue un error, especialmente para él como premier para renegociar los términos del Reino Unido como Estado miembro. Desde entonces, los tories han seguido la agenda que actualmente tiene el Partido Brexit», dice a este diario la eurodiputada liberal-demócrata Luisa Porritt desde su despacho, minutos después de consultar con el jefe de filas de la formación en Westminster, Alistair Carmichael, para conocer los pormenores de las votaciones de los Comunes. Luisa Porritt, número dos de los eurodiputados del Lib-Dem - Cedida a ABC Si el lema tory es «Get Brexit done» (hagamos realidad el Brexit), el de los lib-dems liderados por Jo Swinson es «Stop Brexit». Pero, ¿cómo se detiene el Brexit desde el Parlamento Europeo? «Nuestro rol es importante en la ecuación pero a menudo subestimado. Lo que hemos podido hacer desde aquí es reunirnos con personalidades influyentes en la negociación. Nuestra delegación es la segunda de los liberales (tras La República en Marcha) por lo que tenemos línea directa con el presidente francés Emmanuel Macron y Nathalie Loiseau, portavoz parlamentaria para el Brexit. El contacto personal es importante porque es un mensaje que va a los líderes de los Estados miembros y gobiernos. También hemos tenido contactos indirectos pero influyentes como delegación con Ursula Von der Leyen», subraya la número dos de los eurodiputados liberales. Segundo referéndum De 31 años y natural de Londres, Porritt trabajaba como periodista freelance sobre Finanzas cuando el 52% de los votantes británicos apoyó la opción de salir de la Unión Europea, de la que pensaba que podía democratizarse más pero desde dentro, no como sostienen los brexiters. «Me metí en el Lib-Dem la semana después de la campaña del referéndum porque estaba tan devastada por los efectos de Brexit en mi país, cuando salió el resultado mucha gente se preguntó qué podría haber hecho más. Nuestra campaña empezó después del referéndum desgraciadamente», reconoce Porritt, que también fue elegida como concejal de Camden. Los brexiteros con Farage a la cabeza llegaron a la primera sesión plenaria en Estrasburgo criticando los trenes franceses, el supuesto derroche de las instituciones europeas y culminaron su actuación dando la espalda al resto del pleno de la cámara. Desde el Brexit Party en el Parlamento Europeo sostienen que el mayor antagonismo hacia ellos viene de los eurodiputados británicos, lo que refleja la división en las políticas de Reino Unido en este momento. «Es complicado evitar a los eurodiputados del Brexit Party. Constantemente los encuentras en los pasillos aquí en Estrasburgo y en los trenes porque viajamos al mismo tiempo" «Es complicado evitarlos. Constantemente los encuentras en los pasillos aquí en Estrasburgo y en los trenes porque viajamos al mismo tiempo. Algunos son más educados que otros, aunque no me ponga de acuerdo con ellos en temas fundamentales de la UE», considera Porritt, número dos de los liberales británicos en la Eurocámara. «Es interesante ver cómo su comportamiento ha evolucionado desde la primera sesión. Empezaron dando la espalda al pleno del Parlamento, lo que es ofensivo no solo para el resto de grupos sino también para sus votantes. Al final, cobran para hacer su trabajo. El día después de aquello se levantaron de la principal votación en la mañana y no acudieron en el resto de la jornada. Se han levantado más veces. Ahora se les ve más por el Parlamento que al principio pero para causar alboroto con participaciones diseñadas para terminar en las redes sociales mediante vídeos cortos para Twitter. Intervienen en debates irrelevantes para el Brexit y mucha gente se está hartando de su comportamiento», añade. Más sintonía tiene Porritt con los verdes, nacionalistas escoceses y laboristas en la Eurocámara. «Los eurodiputados laboristas son muy proeuropeos aquí pero los diputados británicos en Reino Unido están más divididos sobre el tema del Brexit y es muy difícil que tengan un mensaje claro de ?Stop Brexit?», señala. Los Liberal Demócratas y los nacionalistas escoceses del SNP pidieron a la UE que concediera una prórroga del Brexit hasta el 31 de enero para facilitar las elecciones del próximo 12 de diciembre y quizá otro referéndum. La media de encuestas concede más de diez puntos de ventaja a los tories con respecto a sus competidores laboristas seguidos de los liberal demócratas. La estrategia de «Brexit o muerte» de Boris Johnson buscaba fagocitar el voto brexiter que se había marchado a la formación de Farage en las europeas y al mismo tiempo aprovecharse de la aparente división del voto de los partidarios de seguir en la UE. En las legislativas, el candidato que consigue el mayor número de votos es designado el representante del distrito electoral. «¿Dividir el voto remainer? Diría lo contrario. Estamos consolidando el voto de los proeuropeos, lo vimos en las elecciones, en las locales tuvimos el mejor resultado antes de las europeas». De momento asegura que no se han coordinado con laboristas para impulsar al candidato remainer con más opciones frente a los Conservadores de Johnson, sí lo está haciendo con otras formaciones como los Verdes y los galeses de Plaid Cymru. Antes del referéndum en 2016, «las banderas de la Unión Europea eran tan raras como las águilas reales en Gran Bretaña», según recoge el último número de «The Economist», pero ironías del destino, el 19 de octubre, «un ejército de un millón de partidarios de un segundo referéndum marchó sobre Westminster bajo un mar de estandartes dorados y azules». A juicio de Porritt, «si eres ?remainer? y eres un fuerte proeuropeo, tienes que defenderlo de forma apasionada. Nuestro mensaje es que la única manera terminar con este hartazgo es parando el Brexit». A la pregunta de si los referendos siguen siendo una buena idea para resolver problemas complejos, una encuesta reciente en Reino Unido apuntaba que una mayoría de británicos cree que la votación del Brexit en 2016 fue un error, Porritt sostiene que no «son una buen manera de resolver los principales cruciales del futuro, pero podría haber más democracia participativa, otras maneras de involucrar a los ciudadanos en grandes debates a nivel local». En agosto, el Gobierno tory decidió retirar a sus diplomáticos de las reuniones de la Unión Europea en Bruselas en una advertencia de Brexit sin acuerdo a Bruselas cuando se cierre el plazo de salida. «Good bye, Europe!», titulaba entonces el tabloide derechista y euroescéptico «Daily Express». Y aunque Londres tampoco ha presentado, de momento, a ningún comisario para la próxima Comisión Europea, la presidenta electa Ursula von der Leyen avisó la pasada semana que el Reino Unido tendrá que proponer a un candidato o candidata si la salida se posponía más allá de este 31 de octubre. En su discurso de despedida ante la Eurocámara, el presidente saliente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, aseguró que el Brexit había supuesto una pérdida de dinero y tiempo. Los halcones en la negociación, como el liberal Macron, desean que el Brexit se consuma de una vez por todas para avanzar en otros temas de la agenda europea. Ese hartazgo, mencionado por el propio Johnson, podría jugar en contra de los partidarios de extender aún más la espera para propiciar un segundo referéndum. «Puedo entender la frustración, todos la sentimos. En el Reino Unido pensamos que hemos gastado demasiada energía y tiempo en el Brexit en el Parlamento y no en el problema de la vivienda, la economia, el sistema electoral? Para nosotros es una vergüenza perder todos los beneficios de formar parte de la UE», concluye Porritt. Si despedirse a la francesa consiste en escabullirse de una fiesta sin decirle nada a los anfitriones, la salida a la británica quedará como aquellos que critican continuamente al anfitrión pero que no terminan de consumar su amenaza de irse. Ya hasta han creado un nuevo palabro: brexitear.
20-10-2019 | Fuente: abc.es
Con la promesa de celebrar un referendo sobre la permanencia del Reino Unido de la Unión Europea, el ex primer ministro británico, David Cameron, buscaba zanjar la guerra civil en el Partido Conservador sobre la cuestión europea, que se arrastraba desde hacía tres décadas. El dilema se remonta a aquel exaltado «¡no, no, no!» de Margaret Thatcher en 1988 a la idea de crear unos «Estados Unidos de Europa». Cameron apelaba, en 2013, a que había que «afrontar este problema, liderar el debate, y no esperar que desaparezca por sí solo». Sin embargo, el cisma que pretendía cerrar no se correspondía con las principales preocupaciones de los británicos entonces: la economía y las medidas de austeridad, la inmigración y la situación de la Sanidad pública (NHS), la joya de la corona británica. Menos de un 10% de los consultados culpaban a la UE de esos males. Después del referendo, en junio de 2016, el porcentaje subió al 50%. Más de tres años después de la consulta, la guerra civil tory continúa y la ciudadanía -proeuropeos y brexiteros- sigue partida en dos. «Cameron entrará seguro en el Olimpo de los peores primeros ministros del Reino Unido por generar un problema gravísimo que dividió profundamente a la población», considera el analista del Real Instituto Elcano Enrique Feás. Fue otro Ejecutivo conservador, el de Edward Heath, el que «llevó a Reino Unido a Europa» en 1973, frente a las reticencias laboristas que hoy mantiene el líder Jeremy Corbyn. Y cuando se celebró el primer referendo sobre la permanencia en las Comunidades Europeas en 1975, una de las activistas más encarnizadas del Mercado Común fue la propia Margaret Thatcher, ataviada con un jersey estampado con las banderas de las naciones europeas. El referendo de Cameron Después de trece años de gobiernos laboristas, Cameron llevó a los tories de nuevo al poder prometiendo redefinir el partido para atraer a los «británicos modernos». Para ello, permitió un referendo para la independencia de Escocia -cuyo gobierno se plantea otro si el Brexit se consuma- y, más tarde, destapar la caja de Pandora del excepcionalismo británico. Y para demostrar sus credenciales euroescépticas, empezó por retirar a los tories del profundamente europeísta Partido Popular Europeo en la Eurocámara para fundirse en el euroescepticismo «light» de los Conservadores y Reformistas del Ley y Justicia polaco de los Kaczinski. Falsas promesas «La preocupación por el tema de la UE en el Reino Unido no se reducía a los márgenes del Partido Conservador. Durante años, se transfirieron más poderes a la UE y los políticos prometieron referendos sobre la pertenencia, pero nunca los llevaron a cabo. Sin embargo, la gestión del partido fue un factor clave en la decisión de Cameron de convocar la votación. Su partido no fue la única fuente de presión, pero fue la principal», declara a ABC Dominic Walsh, analista del think tank británico Open Europe. En varias ocasiones el presidente saliente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que «los británicos desde el principio han sido europeos a tiempo parcial. Y lo que necesitamos son europeos a tiempo completo». En un momento en el que la mitad de la población británica creía que al Gobierno le daba igual lo que pensaban los británicos, la crisis económica había avivado la demanda popular de «recuperar el control» de sus vidas ante la globalización, especialmente en el castigado norte de Inglaterra. Y con ese tan efectivo como efectista eslogan, el hoy asesor estrella del primer ministro Johnson, Dominic Cummings, diseñó entre bambalinas -junto a políticos como Boris Johnson que se mostraban cercanos a las clases populares pese a venir de la cúspide de las élites- la campaña victoriosa de la salida del Reino Unido de la UE. Frente al monotema de la inmigración que abanderaba el histriónico millonario Nigel Farage, Cummings, que 15 años antes había diseñado la campaña antieuro, prefirió atraer a los «votantes olvidados por las élites» a su causa con la promesa de recuperar 350 millones de libras para mejorar el NHS. A pesar de los persistentes intentos de desacreditar el mito, casi la mitad del público británico seguía creyendo en 2018 que su país enviaba 350 millones de libras por semana a la UE, según un estudio del King?s College de Londres. May y el artículo 50 Derrotado tras su poco entusiasta campaña a favor de la UE, Cameron dimitió. Le sucedió Theresa May, que había pedido -no muy convencida- seguir en la UE en los meses antes del referendo. Fiel a su etapa como Secretaria del Interior, la «premier» hizo del control migratorio el eje central de sus políticas, y no tuvo en cuenta las consecuencias económicas del Brexit. Tras la consulta, la inmigración europea cayó drásticamente, pero no así la procedente de otras regiones del mundo. «May cometió el gravísimo error de notificar a finales de marzo del 2017 el artículo 50 (que activaba la cuenta atrás de dos años) antes de haber resuelto internamente el modelo de relación definitiva que querían con la UE. Lo hizo para que no hubiera tentación de arrepentirse», asegura Feás. Un pecado original que marcó las negociaciones y quizá la suerte de May. Órdago perdido Días más tarde, la primera ministra anunció un sorprendente adelanto electoral pese a la cómoda victoria de su predecesor tan solo dos años antes. La primera ministra pretendía incrementar su mayoría para mejorar su poder de negociación con Bruselas y no sentirse rehén de las facciones pro y anti Brexit de su partido. Pero tras una desastrosa campaña, el laborismo se quedó muy cerca y los tories se entregaron a los diez diputados unionistas norirlandeses del DUP para poder gobernar. Y ahí llegó el bloqueo a un buen acuerdo. «Lo que querían es que no hubiera diferencia entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña. May se quedó a medias». La amenaza de un Brexit sin acuerdo el 31 de marzo de 2019 acercaba la frontera dura entre las Irlandas y ponía en jaque el Acuerdo de Viernes Santo que pacificó el Ulster. Después de tres contundentes derrotas en Westminster y dos prórrogas, los tories encajaron su enésima humillación en las europeas de 2019 con un irrelevante 8% de los votos, frente al 30% del Partido Brexit (Farage), May dimitió. «Quedará como una persona que honestamente intentó conseguir un acuerdo. Pese a sus errores, la historia será más benévola con ella intentó dar una solución que demostró estar muy cercana de la única posible». Johnson, ¿la última bala? Aterrorizados por la influencia de Nigel Farage -portavoz de la causa brexitera varios lustros antes de la convocatoria del referendo- sobre los impacientes partidarios de la salida, los tories se encomendaron al carisma de Boris Johnson -héroe del «Leave»- para acudir al rescate del partido. El Brexit ha empujado al Partido Conservador hacia el nacional-populismo. «La expulsión de los 21 parlamentarios moderados que se rebelaron para votar en contra de un Brexit sin acuerdo es un buen ejemplo», asevera Walsh. Johnson se había rodeado de espartanos para amagar con la idea de «Brexit el 31 de octubre o muerte» con el que recuperar a los votantes tentados por Farage. Lo hizo a costa de traicionar la propia identidad del tradicional «partido atrapatodo» del conservadurismo británico: allí donde se sentían representados desde moderados europeístas hasta euroescépticos partidarios de mirar más al otro lado del Atlántico. «Johnson ha hecho bien dos cosas: limitar la salvaguarda a Irlanda del Norte, eso demuestra conocer bien el problema; y prescindir de los unionistas. No puede haber un acuerdo válido con su beneplácito», valora Feás. El analista recuerda que lo presentado por el Gobierno británico es una variación inicial de la propuesta del jefe negociador de la Comisión, Michel Barnier -tan vilipendiado por los tabloides británicos que aventuraban, con la victoria del referendo, la división irremediable de los Veintisiete-: «Hizo una oferta de buena fe, la única posible y razonable. Se podría haber plantado y no, ha sido flexible, ha sido un magnífico negociador». Pero lo cierto es que las variaciones de los acuerdos alcanzados tanto por May como por Johnson en Bruselas son escasas. El de este último, que logró reabrir las negociaciones con la UE, reducirá los ingresos de los británicos un 6,4%, en comparación con estar dentro de la UE. Mientras que la ex «premier» lo habría reducido en un 4.9%, según «The Economist». «Si May hubiera propuesto exactamente lo mismo, palabra por palabra, (Johnson) se habría opuesto a ella y también lo haría gran parte del ERG (el grupo de tories más euroescéptico)», tuiteó ayer Lewis Goodall, analista político de Sky News. Las víctimas del Brexit En tres años, la gestión del Brexit ha dejado numerosas víctimas. Ha triturado a dos primeros ministros conservadores, Cameron y May, y va camino de entregarle el control del Partido Conservador a la facción más euroescéptica y derechista, que apoya el acuerdo del actual «premier». También ha salpicado a las instituciones del Reino Unido, como el Supremo que dictaminó que la petición de Johnson de cerrar el Parlamento durante cinco semanas, para sortear a la oposición, era ilegal. «Johnson ha abusado del Parlamento, ha puesto a la Reina en un compromiso, y ha criticado la sentencia del Supremo como si fuera una lucha de poderes», concluye Feás.
09-08-2019 | Fuente: abc.es
La moción de censura de Salvini a Conte enciende la crisis de gobierno y los mercados penalizan a Italia
La crisis hace ya mal a Italia y los mercados la castigan, tras la decisión del ultraderechista líder de la Liga, Matteo Salvini (46 años), de abrir una crisis de gobierno y exigir un adelanto de las elecciones, que podrían ser en octubre. Acabó así el rotundo fracaso del gobierno populista, el peor de la reciente historia republicana, abriendo una etapa de gran incertidumbre política, que ha tenido su reflejó en la apertura de la Bolsa. Los títulos de Estado italianos se han visto penalizados: la prima de riesgo, el diferencial con los títulos alemanes, voló a los 240 puntos, triplicando a la española que está en 82 puntos. Y la Bolsa de Milán perdía el 2%. Con el fin de acelerar los tiempos de la crisis y para tratar de responsabilizar de la crisis al Movimiento 5 Estrellas, que ha sido su aliado en el gobierno, la Liga ha presentado en el Senado una moción de censura contra el primer ministro Giuseppe Conte, quien hasta ahora había jugado un papel de coordinador entre los dos partidos de la coalición, la Liga y el Movimiento 5 Estrellas. «Demasiados noes hacen daño a Italia, que, por el contrario, necesita volver a crecer y acudir a las urnas rápidamente. Quien pierde el tiempo perjudica al pais y solo piensa en la poltrona». El gobierno de coalición populista y soberanista formado por el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, en el poder poco más de 14 meses, estaba acabado desde hace tiempo, porque se habían dividido sobre todas las cuestiones importantes del país. Con Salvini como hombre fuerte del ejecutivo, se sabía que pondría fin a esta experiencia de gobierno más pronto que tarde, tratando de elegir él los tiempos. La crisis se desencadenó el miércoles, después de una votación en el Senado sobre la obra del tren de alta velocidad Turín-Lyon, que certificó el divorcio de la coalición y que el gobierno no puede contar con la mayoría parlamentaria. A favor del tren de alta velocidad votó la Liga junto a la oposición, mientras que el Movimiento 5 Estrellas se ha puesto desde siempre al proyecto por razones ambientalistas y de coste económico. El M5E sufrió una estrepitosa derrota. Poco después, Salvini se entrevistó con el primer ministro y le pidió la cabeza de tres ministros que le dificultaban sus planes: El titular de Transportes, Danilo Toninelli, acusado de bloquear proyectos de grandes obras públicas, en particular el tren AVE Turín-Lyon; la ministra de Defensa, Elisabetta Trenta, acusada por Salvini de obstruir sus planes para el control total del Mediterráneo, y el ministro de Economía, Giovanni Tria, un profesor cuya línea conciliadora con Bruselas está en contra del euroescepticismo de la Liga. Al final, viendo que era imposible que se aceptaran sus exigencias, anoche Matteo Salvini abrió oficialmente la crisis de gobierno: «He reiterado al primer ministro Conte que debemos presentarnos al parlamento para dar acto de que no hay una mayoría, y restituyamos rápidamente la palabra a los electores». Conte desafía a Salvini Salvini hubiera deseado que Conte presentara de inmediato la dimisión al presidente de la República. De esta forma se hubiera dado la imagen de que el gobierno caía porque no tenía mayoría parlamentaria. Pero el primer ministro apareció anoche, después de las once, desafiando con gran dureza al líder de la Liga, pidiéndole que acuda al parlamento a explicar la crisis: «Salvini vino a hablarme para decirme que la Liga quería interrumpir la experiencia de gobierno para recoger los resultados del consenso del que gozan», dijo el primer ministro, lanzando un dardo al líder de la Liga: «Salvini ha pedido a los parlamentarios de volver -oficialmente están ya de vacaciones-, pero no le corresponde a él decidir los tiempos de una crisis política». Respondía así a la arrogancia del ministro del Interior, quien había pedido que ya el próximo lunes los parlamentarios acudieran a sus escaños para formalizar con urgencia la crisis y que se pudiera cumplir el plazo reglamentario para que las elecciones sean el 13 de octubre, como él desea. «Los parlamentarios tienen que levantar el culo y venir a Roma el lunes», había dicho Salvini con lenguaje tabernario y su habitual delirio de omnipotencia. Lucha por el poder En definitiva, Italia está ya en campaña electoral, aunque en realidad lleva así años. Ahora se ha abierto una feroz lucha por el poder. Matteo Salvini ha querido ir cuanto antes a las urnas para capitalizar el buen resultado que le pronostican las encuestas (en torno al 38 %) y hacerse con todo el poder. El lider de la Liga, en campaña electoral permanente, le ha comido el terreno al Movimiento 5 Estrellas, que se han mostrado, comenzando por su líder Luigi Di Maio (33 años), como unos simples aficionados de la política, mientras Salvini es un zorro político que lleva más de un cuarto de siglo ocupando diversos cargos. Ha sido un juego del gato y el ratón. El gran perdedor de esta crisis es Di Maio. Ganó las elecciones con el 32,5 % y hoy las encuestas le dan menos del 17 %. Esos votos perdidos se han ido en buena parte a la Liga. El gobierno populista ha cerrado una etapa que ha sido muy negativa para Italia: prometieron la evolución y un cambio de ruta, pero la realidad es que el país tiene un crecimiento cero, ha perdido credibilidad y cada día está más aislado.
09-08-2019 | Fuente: abc.es
Los mercados penalizan la crisis en Italia tras presentar Salvini una moción de censura
La crisis hace ya mal a Italia y los mercados la castigan, tras la decisión del ultraderechista líder de la Liga, Matteo Salvini (46 años), de abrir una crisis de gobierno y exigir un adelanto de las elecciones, que podrían ser en octubre. Acabó así el rotundo fracaso del gobierno populista, el peor de la reciente historia republicana, abriendo una etapa de gran incertidumbre política, que ha tenido su reflejó en la apertura de la Bolsa. Los títulos de Estado italianos se han visto penalizados: la prima de riesgo, el diferencial con los títulos alemanes, voló a los 240 puntos, triplicando a la española que está en 82 puntos. Y la Bolsa de Milán perdía el 2%. Con el fin de acelerar los tiempos de la crisis y para tratar de responsabilizar de la crisis al Movimiento 5 Estrellas, que ha sido su aliado en el gobierno, la Liga ha presentado en el Senado una moción de censura contra el primer ministro Giuseppe Conte, quien hasta ahora había jugado un papel de coordinador entre los dos partidos de la coalición, la Liga y el Movimiento 5 Estrellas. «Demasiados noes hacen daño a Italia, que, por el contrario, necesita volver a crecer y acudir a las urnas rápidamente. Quien pierde el tiempo perjudica al pais y solo piensa en la poltrona». El gobierno de coalición populista y soberanista formado por el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, en el poder poco más de 14 meses, estaba acabado desde hace tiempo, porque se habían dividido sobre todas las cuestiones importantes del país. Con Salvini como hombre fuerte del ejecutivo, se sabía que pondría fin a esta experiencia de gobierno más pronto que tarde, tratando de elegir él los tiempos. La crisis se desencadenó el miércoles, después de una votación en el Senado sobre la obra del tren de alta velocidad Turín-Lyon, que certificó el divorcio de la coalición y que el gobierno no puede contar con la mayoría parlamentaria. A favor del tren de alta velocidad votó la Liga junto a la oposición, mientras que el Movimiento 5 Estrellas se ha puesto desde siempre al proyecto por razones ambientalistas y de coste económico. El M5E sufrió una estrepitosa derrota. Poco después, Salvini se entrevistó con el primer ministro y le pidió la cabeza de tres ministros que le dificultaban sus planes: El titular de Transportes, Danilo Toninelli, acusado de bloquear proyectos de grandes obras públicas, en particular el tren AVE Turín-Lyon; la ministra de Defensa, Elisabetta Trenta, acusada por Salvini de obstruir sus planes para el control total del Mediterráneo, y el ministro de Economía, Giovanni Tria, un profesor cuya línea conciliadora con Bruselas está en contra del euroescepticismo de la Liga. Al final, viendo que era imposible que se aceptaran sus exigencias, anoche Matteo Salvini abrió oficialmente la crisis de gobierno: «He reiterado al primer ministro Conte que debemos presentarnos al parlamento para dar acto de que no hay una mayoría, y restituyamos rápidamente la palabra a los electores». Conte desafía a Salvini Salvini hubiera deseado que Conte presentara de inmediato la dimisión al presidente de la República. De esta forma se hubiera dado la imagen de que el gobierno caía porque no tenía mayoría parlamentaria. Pero el primer ministro apareció anoche, después de las once, desafiando con gran dureza al líder de la Liga, pidiéndole que acuda al parlamento a explicar la crisis: «Salvini vino a hablarme para decirme que la Liga quería interrumpir la experiencia de gobierno para recoger los resultados del consenso del que gozan», dijo el primer ministro, lanzando un dardo al líder de la Liga: «Salvini ha pedido a los parlamentarios de volver -oficialmente están ya de vacaciones-, pero no le corresponde a él decidir los tiempos de una crisis política». Respondía así a la arrogancia del ministro del Interior, quien había pedido que ya el próximo lunes los parlamentarios acudieran a sus escaños para formalizar con urgencia la crisis y que se pudiera cumplir el plazo reglamentario para que las elecciones sean el 13 de octubre, como él desea. «Los parlamentarios tienen que levantar el culo y venir a Roma el lunes», había dicho Salvini con lenguaje tabernario y su habitual delirio de omnipotencia. Lucha por el poder En definitiva, Italia está ya en campaña electoral, aunque en realidad lleva así años. Ahora se ha abierto una feroz lucha por el poder. Matteo Salvini ha querido ir cuanto antes a las urnas para capitalizar el buen resultado que le pronostican las encuestas (en torno al 38 %) y hacerse con todo el poder. El lider de la Liga, en campaña electoral permanente, le ha comido el terreno al Movimiento 5 Estrellas, que se han mostrado, comenzando por su líder Luigi Di Maio (33 años), como unos simples aficionados de la política, mientras Salvini es un zorro político que lleva más de un cuarto de siglo ocupando diversos cargos. Ha sido un juego del gato y el ratón. El gran perdedor de esta crisis es Di Maio. Ganó las elecciones con el 32,5 % y hoy las encuestas le dan menos del 17 %. Esos votos perdidos se han ido en buena parte a la Liga. El gobierno populista ha cerrado una etapa que ha sido muy negativa para Italia: prometieron la evolución y un cambio de ruta, pero la realidad es que el país tiene un crecimiento cero, ha perdido credibilidad y cada día está más aislado.
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