Infortelecom

Noticias de elecciones

16-09-2018 | Fuente: abc.es
La inmigración da alas a la derecha radical y pone en jaque a la vieja Europa
La crisis de la inmigración es sin duda el problema más importante para la Unión Europea. El Parlamento Europeo ha puesto en marcha por primera vez el mecanismo de sanciones, concentrado en el artículo 7 de los Tratados, contra un país como Hungría por negarse a recibir refugiados; los ministros de Luxemburgo e Italia se han llegado a insultar a viva voz en una reunión del Consejo y los sondeos prevén que en las elecciones europeas los partidos radicales de derecha recogerán los votos de una parte cada vez más relevante de las sociedades europeas que contempla con inquietud el futuro. La cuestión choca con los principios básicos de la fundación de Europa, o tal vez con la interpretación acumulativa que se ha hecho de los mismos a lo largo de los últimos setenta años. De una manera o de otra, la cuestión se ha puesto sobre la mesa y va a decidir a corto plazo el futuro de Europa. Es difícil identificar el auge de este tipo de partidos ni con la historia de cada país ni con la situación más o menos afectada por la violenta crisis económica. En Grecia, el país donde tal vez más severas han sido las consecuencias del hundimiento de la economía, no ha habido problemas sensibles con los refugiados. Sin embargo, en Alemania, una economía que ha atravesado con holgura el periodo en el que la mayoría de sus socios se tenían que apretar el cinturón, la emergencia de «Alternativa para Alemania» (AfD) se percibe como la principal amenaza para un panorama político que duraba desde el fin de la guerra. En Francia, país central y fundador de la UE, el antiguo Frente Nacional flirtea con su salida de la UE. En fin, hasta en los apacibles países nórdicos, paraíso acaudalado de la socialdemocracia, emergen fuerzas que desafían al centro derecha tradicional. La situación que se ha visto en muchos países, como Holanda o Austria, donde ha sido necesario contar con estas formaciones para lograr un Gobierno estable, puede darse en las elecciones europeas de mayo del año que viene. Actualmente, los eurodiputados que pueden encuadrarse en movimientos claramente nacionalistas o radicales de derecha sumarían cerca de 170 escaños, bastante cerca de los 191 de los socialistas. Muchos se preguntan ahora qué pasaría si además un partido como el del húngaro Viktor Orban, Fidesz, decidiera dar el paso y abandonar el grupo Popular, como le ha sugerido Christian Strache, vicecanciller austriaco y líder del Partido Liberal (FPÖ). Elecciones en Baviera La clave en este proceso puede empezar a entreverse en las elecciones de este 14 octubre en el estado Libre de Baviera, donde un partido como la Unión Cristianodemócrata (CSU) ha ganado siempre por mayoría absoluta desde hace más de cincuenta años y ahora espera ganar pero con un escueto -para sus registros habituales- 35%, para beneficio de AfD, que no tenía ninguna influencia en esta región. Y en este caso, si algo se le reprocha al líder saliente de la CSU y actual ministro del Interior federal, Horst Seehofer, ha sido precisamente haber sido más radical, incluso «políticamente incorrecto» en sus críticas a la política de puertas abiertas en materia de inmigración. El resultado en Baviera tendrá sin duda repercusiones en la política alemana, porque obligará seguramente a los democristianos a tener que pactar también en Munich con los socialdemócratas, para no tener que hacerlo con AfD, lo que contaminaría la política a escala federal. El voto del pasado pleno de Estrasburgo en el que se aprobó la puesta en marcha del artículo 7 para sancionar a Hungría puede considerarse también como un primer pulso entre las instituciones europeas y los Estados nacionales, cuya prevalencia absoluta defienden estas fuerzas de derecha radical. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quiso distinguir en su discurso sobre el estado de la Unión entre nacionalismo y patriotismo, el primero excluyente y pernicioso, «que detesta al diferente, que solo buscan culpables en vez de buscar soluciones que nos permitan vivir mejor juntos», mientras alababa «un patriotismo ilustrado nacional y europeo, que no se excluyen uno a otro». Naturalmente, el discurso de Orban, pronunciado la víspera y que concluía con una apelación al patriotismo de una Hungría «que seguirá defendiendo sus fronteras».
16-09-2018 | Fuente: abc.es
El húngaro que seduce a las masas
Xenófobo, corrupto, ultraderechista y dictador. Y se pidieron sanciones contra su país. Esa bestia negra, ese hombre tan vituperado en Estrasburgo es Viktor Orban, en su juventud activista anticomunista en la clandestinidad, hoy el jefe de Gobierno con mayor apoyo popular de la UE en tres elecciones parlamentarias impecables. Había que verlo estos días en Estrasburgo. Allí estaba el líder de un partido que gobierna por la masiva voluntad de los ciudadanos y con dos tercios del parlamento húngaro, siendo acusado de dictador por comunistas, verdes y socialistas con partidos minoritarios de sus países. Se escenificaba con toda crudeza aquello que Orban denuncia como la gran hipocresía de esa hegemonía cultural de la izquierda que ha secuestrado la UE por la sumisión a la misma de los partidos democristianos y centristas. El problema de Orban con la UE no son las regulaciones legales como algunos pretenden. Ni la persecución de nadie. Siempre que hubo diferencias y denuncias contra Hungría se adaptaron las leyes húngaras para adecuarlas a las directrices europeas. Lo que no acepta Orban que representa a los húngaros como nadie representa a su país hoy en el Consejo Europeo, es que les impongan desde Bruselas, Berlín y París o desde las ONG financiadas por George Soros la política socialdemócrata con leyes feministas y de LGTB que rechaza masivamente. Como tampoco aceptan que otros dirigentes políticos les impongan unos refugiados e inmigrantes que destruyan su sociedad como han hecho con otras. Como cada vez más europeos, considera que protegidos por su soberanía nacional pueden garantizar mejor su libertad, seguridad e identidad. Orban tiene muchas más credenciales democráticas que la inmensa mayoría de los mantenidos parlamentarios de Estrasburgo. Y su única debilidad real podría estar en ese mal que afecta a todos los que tienen mucho tiempo mucho poder, la corrupción propia o del entorno. Pero en democracia nadie puede darle lecciones. Menos aun quienes violan la voluntad popular como un Gobierno español alimentado por los enemigos del Estado. Él luchó contra el comunismo. Él fue jefe de Gobierno en 1998 y cuando perdió las elecciones en 2002 se fe a su casa. Tardó ocho años en volver y ganar limpia y abrumadoramente con más del 52% y repetir desde entonces. Lo hizo con un partido de derechas que no pide perdón a nadie por serlo. Orban dio y ganó la batalla cultural y desde entonces la izquierda ha desaparecido como alternativa. En Hungría como en Polonia, la política del igualitarismo con vocación totalitaria y excluyente, basado en el resentimiento social, en el poder supremo y supuestamente benéfico del Estado y el blanqueamiento de los crímenes en nombre de la ideología marxista en el siglo XX no es ya opción de gobierno. En Varsovia, la alternativa a la derecha son los liberales. Y en Budapest lo es la extrema derecha de Jobbik. ¿Cómo no va a estar en pánico la izquierda? Orban es la derecha democrática que demuestra que se puede acabar con esa superioridad cultural de la izquierda y con el permanente recorte de libertades y erosión de identidad nacional y de respeto a la familia y a la persona que la izquierda impone en toda Europa. Sin nada que aportar en la economía, si se le despoja de su instrumento de dominación cultural, la izquierda marxista simplemente desaparece. Eso sí, el mismo miedo tienen a Orban esos lideres de partidos que viven de votos de derecha para después consensuar su política con la izquierda. Los votantes se les van en masa, como Merkel puede constatar. Un fantasma recorre Europa. Es el de una gran revuelta contra la hasta hoy todopoderosa socialdemocracia y su sistema, otrora incuestionable, de la supremacía cultural neomarxista. Un fantasma que de momento tiene nombre húngaro.
16-09-2018 | Fuente: abc.es
La América que quiere a Trump
Sólo 475 kilómetros separan la capital de Estados Unidos del pequeño condado de Buchanan, en el suroeste del estado de Virginia, pero bien podría mediar entre ambos un abismo. Mientras en Washington en las elecciones de 2016 Donald Trump obtuvo un magro 4% de los votos, en este enclave minero rozó el 80%. Ambos son las dos caras de un país donde una parte se niega ni siquiera a reconocer la existencia de la otra, una América que se acerca dividida a las elecciones legislativas del 6 de noviembre, en las que los demócratas esperan recuperar una mayoría en la Cámara de Representantes que les permitiría iniciar un proceso de «impeachment» o recusación por, como marca la ley, «traición, soborno o graves delitos y faltas». El viaje de Washington a las faldas de los Apalaches es un estudio en incomunicación política. A lo largo de la autopista interestatal 81 van quedando atrás los suburbios de una capital marcadamente globalista, que ha decidido vivir ajena al actual inquilino de la Casa Blanca, y los centros de población se van haciendo más escasos, más rurales y más pobres. Hasta llegar al que en los días de apogeo del carbón fue uno de los mayores centros mineros de la costa este del país. Se trata de una región que acusó intensamente las regulaciones medioambientales de Barack Obama, que cuando Trump llegó al poder tenía un desempleo del 12,5% y cuya población ha envejecido y se ha reducido a la mitad, de 40.000 a 20.000 habitantes, en los pasados 40 años. Seguidores de Trump en la América interior le muestran su apoyo - Reuters A los habitantes de Grundy, la principal población del condado, los escándalos de Trump que están en boca de todo el mundo les importan más bien poco. Se toman, es cierto, la molestia de aclarar que no les gusta nada su estilo personal y que ven con malos ojos los excesos de su carácter. «Pero eso es su vida privada», asegura Bobby May, hijo y padre de mineros y que hasta hace unas semanas presidía la oficina regional del Partido Republicano. «Trump ni siquiera era mi primera opción en las primarias, pero cuando al final todo quedó entre él o Hillary Clinton, no dudé. Y he de admitir que ha superado todas mis expectativas», añade. Los logros que citan May y otros vecinos son principalmente económicos, sobre todo la reapertura de cinco explotaciones en la zona y la creación de 5.000 puestos de trabajo en la minería de carbón de EE.UU. en los pasados dos años. Dirk Hall vive en una finca de 10 hectáreas al lado de las vías por las que unos ennegrecidos vagones siguen transportando el carbón a diario. «Hace tres años, al anochecer, había días en que ni siquiera veías un solo tren. Era muy deprimente. Hoy hay días en que contamos cinco y seis, cargados de carbón hasta los topes. Trump ha ayudado muchísimo a esta comunidad», cuenta. Hall presenta cada mañana un programa de radio en una cadena local en el que mezcla llamadas de vecinos del condado con música country. La totalidad de los mensajes, cuando tratan de política, son para defender a Trump y a los republicanos que le apoyan en Washington. La fuerza del voto rural La parte del país que representa este condado, rural y conservadora, pierde población a marchas forzadas. El reparto territorial, sin embargo, les da a estos votantes una fuerza desmedida comparada con la de los habitantes de las grandes metrópolis de ambas costas del país, que favorecen de forma mayoritaria a los demócratas. La prueba es que Trump ganó las elecciones a pesar de obtener casi tres millones de papeletas menos que Clinton. Los datos económicos son sin duda buenos: el desempleo en agosto cayó al 3,9%; el índice de pobreza ha descendido del 12,7 al 12,3% en apenas dos años; la tasa de inflación se acerca al 2% que se marcó como objetivo la Reserva Federal, y la media de ingresos familiares por año está de nuevo en 61.400 dólares (52.700 euros), nivel previo a la crisis económica que comenzó en 2008. Trump, que tiende a exagerar, proclamó el lunes que «la tasa de crecimiento del PIB (4,2%) es mayor que la de desempleo (3,9%) por primera vez en 100 años». Y aunque sus cifras eran correctas, una situación así, que es sintomática de la robustez de la economía, en realidad se dio por última vez en 2006. Da igual: la gran recesión quedó atrás y Wall Street rebosa de optimismo. Estos números son indiferentes en Washington, que vive ignorando a Trump activamente. El presidente y su familia son invitados no deseados en una capital que, no sin una buena dosis de ironía, se ha convertido en un centro de resistencia política. A diario hay charlas, coloquios, debates, eventos y protestas pequeñas y grandes en contra del presidente y de lo que representa para las élites liberales: la mayor profanación de la santidad del Despacho Oval desde que Elvis Presley fuera recibido con todos los honores por Richard Nixon en 1970. No es de extrañar que a apenas un kilómetro de la Casa Blanca las cafeterías, salones y terrazas del hotel Trump, abierto en la antigua sede nacional de correos en 2016, languidezcan vacías la mayor parte de los días. «Somos pocos», admite en una de las barras del hotel Stephanie Jones, una abogada mercantil que en 2016 votó a Trump en el Distrito de Columbia. Aunque lo niegue, en su expresión se nota cierta aprensión cuando se le recuerdan los escándalos de Trump: los comentarios denigrantes sobre las mujeres, los supuestos pagos de campaña a una actriz porno, la sospecha de la injerencia rusa. «Ningún ruso me hizo votar a Trump. Y si hablamos de respeto a las mujeres, entonces comencemos por Bill Clinton», dice. El bufete le va bien, cada vez tiene más clientes y al menos en el sector empresarial nota un optimismo que no se deja ver en público. Esa reserva es en realidad la razón de la gran sorpresa que dio Trump al ganar en 2016, la razón por la cual las encuestas fallaron de forma tan estrepitosa y por la cual es prudente no dar al actual presidente por amortizado. Donald Trump, durante un mitin en Virginia Occidental el pasado 22 de agosto - Efe Popularidad a prueba Las encuestas prevén una holgada ventaja demócrata en las legislativas de noviembre: un 8,3% más de votos que los republicanos y una mayoría en la Cámara de Representantes de la que no gozan desde 2010. Esta se renueva íntegramente, junto con un tercio del Senado, más dividido. Las primarias acabaron el jueves y en ellas Trump ha demostrado gozar de buena salud política al menos en su partido, impulsando a aquellos candidatos a los que ha apoyado, como Katie Arrington en Carolina del Sur o Jeff Johnson en Minnesota. «Ha demostrado claramente que sabe cómo ganar y hacer ganar elecciones», según Eric Beach, presidente de la organización Great Again. Trump ha logrado confirmar como candidatos a ocho de los diez políticos a los que ha respaldado. Con ellos no sólo se decide la composición del Capitolio, sino la popularidad real del presidente a los dos años de su victoria.
15-09-2018 | Fuente: as.com
El Leganés transforma el virus FIFA en vitamina para LaLiga
Omeruo o En Nesyri han jugado con sus selecciones los minutos que no han podido disfrutar en Butarque. Otras caras nuevas se han puesto a punto con amistosos.
14-09-2018 | Fuente: elpais.com
La ONU prepara la posguerra siria
El mediador de Naciones Unidas se reúne en Ginebra con 10 países para abordar una reforma constitucional que permita unas elecciones en Siria
14-09-2018 | Fuente: abc.es
Los franceses quieren un nuevo duelo entre Macron y Le Pen
Los franceses parecen desear un nuevo duelo a primera sangre política entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, condenando al resto de las fuerzas políticas a un espectacular ostracismo. Según los primeros sondeos, La República En Marcha (LREM, el partido de Macron) y Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional), de Marine Le Pen, están prácticamente empatados en intenciones de voto para las próximas elecciones europeas (mayo 2019). Según el último sondeo del matutino conservador Le Figaro, LREM tiene hoy un 21,5% de intenciones de voto y AN tiene 21%. Empate técnico, provisional, que parece anunciar un nuevo duelo nacional entre partidarios de la sociedad abierta (Macron) y los partidarios del búnker nacional / nacionalista (Le Pen). El resto de las fuerzas políticas tradicionales parecen caídas en un hoyo insondable. Según el sondeo de Le Figaro, la tercera fuerza política francesa puede ser el partido de Los Republicanos (LR, derecha tradicional), el partido refundado por Nicolas Sarkozy, todavía «huérfano» de su liderazgo, que tiene un 14% de intenciones de voto. Se trata de un capital político respetable, pero modesto, si se recuerda que LR es el partido heredero de las derechas históricas de Francia. La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista) de Jean-Luc Mélenchon, se cotiza como cuarto partido político nacional, con un 12,5 % de intenciones de voto. Capital político relativamente modesto, pero significativo, relegando a la izquierda tradicional, socialista y comunista, a humillantes posiciones que rozan la insignificancia. El Partido Socialista (PS), el partido refundado por François Mitterrand, el partido que fue la columna vertebral de la izquierda, entre 1978 y 2012, apenas tiene hoy un 4,5% de intenciones de voto. Hundimiento histórico, crisis catastrófica, de un partido sin militante, sin líderes, sin proyecto conocido. El Partido Comunista Francés (PCF), el partido mayoritario de las izquierdas francesas, entre 1945 y 1978, apenas tiene hoy un 1,5% de intenciones de voto. Un hundimiento sin paliativos, condenando al comunismo francés a una posición muy marginal en la vida cívica. Muchos especialistas piensan que las antiguas divisiones de «izquierda» y «derecha», en Francia, han comenzado a ser suplantadas por una división y enfrentamiento de nuevo cuño, entre partidarios de Europa y la sociedad abierta y los adversarios de Europa, partidarios del búnker nacional / nacionalista.
14-09-2018 | Fuente: abc.es
La OEA exige a Ortega facilitar las investigaciones de derechos humanos en Nicaragua
Aumenta la presión internacional contra Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha exigido al Gobierno de Ortega a facilitar el trabajo de los investigadores que analizan las violaciones de derechos humanos en Nicaragua durante los cerca de cinco meses de protestas. Según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, más de 300 personas han fallecido desde que el 18 de abril se iniciaron las manifestaciones en contra de unas reformas al sistema de pensiones, pero se convirtieron en un clamor nacional ante la violenta represión ejercida por el Ejecutivo de Ortega. El consejo permanente de la OEA aprobó el miércoles una resolución condenatoria en la que pidió una vez más a Ortega a tomar acciones inmediatas para allanar el trabajo de investigación de la realiza en Nicaragua Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organización que pertenece a la OEA. Un total de 19 de los 34 miembros activos de esta organización votaron a favor de esta resolución con la que espera que el Gobierno facilite y colabore con las labores que el CIDH lleva a cabo en el país centroamericano. Dos de los países que votaron en contra fueron Venezuela y Bolivia, dos aliados del régimen orteguista. El gobierno de Nicaragua, sin embargo, prefirió mantenerse en silencio ante una nueva resolución de la OEA relacionada con los crímenes cometidos para acallar las manifestaciones. El mismo miércoles por la noche, Ortega participó en un acto público en el que no hizo referencia a la decisión del organismo internacional, a pesar de que esta última resolución abre las puertas para que los países de la OEA puedan comenzar a aprobar sanciones bilaterales contra Nicaragua. «A pesar de los esfuerzos cínicos del Gobierno de Nicaragua por disfrazar la verdad, sigue la represión», dijo Carlos Trujillo, embajador de Estados Unidos ante la OEA. Precisamente, Estados Unidos es uno de los doce paíse que es parte del denominado como Grupo de Trabajo, un organismo creado por la OEA que busca una solución política a la enquistada crisis nicaragüense. El Diálogo Nacional que inició el 16 de mayo en Nicaragua para tratar de encontrar una solución, con la mediación de la Iglesia, está paralizado desde junio debido al continuo uso de la violencia ejercido por el Gobierno de Nicaragua para cesar las protestas ciudadanas. Asimismo, Ortega se ha mostrado radicalmente reacio a dejar el poder y celebrar elecciones anticipadas para pacificar el país, tal y como le pide la oposición, compuesta principalmente por empresarios, estudiantes y organizaciones civiles. Desde que comenzaron las marchas, varias organizaciones estiman que más de 150 personas han sido detenidas y acusadas de cometer delitos de terrorismo.
14-09-2018 | Fuente: as.com
Atracón de fútbol tras el parón de selecciones: 25 días seguidos
Este viernes comienza casi un mes de mucho fútbol con más de un centenar de encuentros de equipos españoles en Primera, Segunda, Champions y Europa League.
13-09-2018 | Fuente: as.com
El Zhar: "El parón de selecciones nos favorece"
El extremo admite que estas dos semanas han servido al equipo para ensamblarse tras un inicio dubitativo. Ha sido elegido el mejor de agosto.
13-09-2018 | Fuente: as.com
Iván Carrillo impugna la invalidación de avales y amenaza con moción censura
El presidente del Gavà, precandidato a la elecciones de la Federación Catalana de Fútbol, ha anunciado que impugnará lo decidido por la Junta Electoral.