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Noticias de elecciones presidenciales

12-01-2021 | Fuente: abc.es
Los obispos venezolanos piden a Maduro la celebración de elecciones «en condición de libertad e igualdad»
La Conferencia Episcopal de Venezuela ha pedido un «acto de valentía» al Gobierno de Nicolás Maduro para que facilite «cuanto antes» la convocatoria de elecciones presidenciales y parlamentarias «en condición de libertad e igualdad de todos los participante», requisitos que considera que no se dieron en los comicios del 6 de diciembre. Los obispos, que dicen interpretar «el sentimiento de la mayoría de los venezolanos», creen que las últimas elecciones parlamentarias estuvieron marcadas por «serias irregularidades», al tiempo que han incidido en la baja participación y en la ausencia de observadores internacionales fiables. Ya en octubre, la Conferencia Episcopal señaló que dicha cita, «lejos de contribuir a la solución política», solo serviría para «agravarla". «La instalación de una Asamblea Nacional que carece de fundamento democrático, en medio de un ''revanchismo'', de una descalificación hacia líderes de la oposición, de amedrentamientos y amenazas de persecución, no ayuda a resolver los problemas del pueblo ni crea la confianza para la recuperación del país», ha lamentado en una nueva exhortación pastoral. Los obispos han aludido también a la consulta popular convocada por la oposición mayoritaria, liderada por Juan Guaidó, y han apuntado que, pese a la participación «muy significativa», su celebración tampoco permite entrever «en un futuro inmediato la concreción de resultados», dando a entender que la pelota está en el tejado del Ejecutivo de Maduro. En este sentido, han señalado que «el país necesita un cambio radical en la conducción política, lo cual requiere por parte del Gobierno la suficiente entereza, racionalidad y sentimiento de amor al país para detener este mar de sufrimiento del pueblo venezolano» y avanzar hacia «una transición democrática». La Conferencia Episcopal considera «notorio» el empeoramiento de la calidad de vida en Venezuela, evidenciada en la constante emigración de miles de ciudadanos y resultado, a su juicio, del «fracaso» de las políticas implantadas por la administración «chavista». «Sufrimos en nuestro país las nefastas consecuencias de un modelo económico impuesto por un régimen y una ideología de corte comunista que nos ha empobrecido a todos, especialmente a los más débiles», mientras «un grupo minoritario» se va «enriqueciendo en detrimento de la mayoría de la población», ha denunciado la cúpula eclesiástica.
11-01-2021 | Fuente: as.com
Joan Laporta: "La continuidad de Leo Messi es prioritaria"
El precandidato a las elecciones presidenciales al Barcelona ha concedido una entrevista a Goal.com en la que habla de sus planes, con el argentino como epicentro.
09-01-2021 | Fuente: abc.es
Un Trump completamente aislado se enfrenta a su segundo «impeachment»
La gran maquinaria del «impeachment» o juicio político se ha vuelto a poner en marcha por segunda vez durante el único y atribulado mandato de Donald Trump. Ayer, aprovechando la conmoción postraumática de los republicanos, la líder de los demócratas en el Capitolio, Nancy Pelosi, tomó la iniciativa y anunció que a mediados de la semana que viene espera poder votar una nueva recusación del presidente por incitar a una turba furiosa a asaltar de forma violenta la sede del poder legislativo, provocando cinco muertos. «El desquiciado estado mental en el que se halla este presidente no podría ser más peligroso, y debemos hacer todo lo posible para proteger al pueblo estadounidense de su perturbador asalto a nuestro país y a nuestra democracia», dijo la demócrata Pelosi en una carta enviada desde el mismo Capitolio que hacía unas horas estaba siendo saqueado. Además de poner en marcha el juicio político, Pelosi llamó al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Mark Milley, para pedirle garantías de que el presidente no tiene acceso a los códigos necesarios para lanzar un ataque nuclear, ya que considera que no está en plena posesión de sus facultades. Expulsión acelerada Previamente, Pelosi y algunos líderes demócratas llamaron por teléfono al vicepresidente, Mike Pence, para pedirle que ponga en marcha el proceso de inhabilitación del presidente por parte del consejo de ministros, algo que permite la enmienda número 25 de la Constitución cuando este «es incapaz de desempeñar los poderes y deberes de su cargo». El vicepresidente Pence les tuvo esperando 25 minutos al teléfono y finalmente no habló con ellos. Varios republicanos han expresado sus dudas sobre la necesidad de expulsar a Trump cuando apenas le quedan 11 días en el cargo. Los republicanos ya bloquearon la destitución de Trump en el juicio político de 2020. Entonces el presidente fue recusado en la Cámara de Representantes por presionar al Gobierno de Ucrania para que le ayudara a desprestigiar a Joe Biden, pero sólo un republicano se sumó a ellos en el Senado, el excandidato a la presidencia Mitt Romney, que en esta ocasión ha vuelto a convertirse en uno de los más duros críticos con Trump y sus acciones. Según dijo Pelosi este viernes, en esta ocasión tiene más apoyos para la recusación que el año pasado. Los demócratas tienen mayoría suficiente en la Cámara de Representantes para aprobar la recusación de Trump. Pero para expulsarle, e impedirle que se vuelva a presentar a unas elecciones, se necesitan dos tercios del Senado, algo harto de lograr para los demócratas, a pesar del profundo enfado que hay dentro de las filas republicanas con Trump tras su papel en el asalto violento al Capitolio. Trump, por su parte, confirmó ayer que no acudirá a la toma de posesión de Biden, a pesar de que el jueves asumió finalmente su victoria en las elecciones presidenciales de noviembre. Sólo después de una alarmante sucesión de dimisiones en su gabinete -incluidas las secretarias (ministras) de Transporte, Elaine Chao, y Educación, Betsy DeVos- el presidente aceptó leer un comunicado llamando a la concordia en un vídeo grabado y emitido en las redes sociales.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">To all of those who have asked, I will not be going to the Inauguration on January 20th.</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1347569870578266115?ref_src=twsrc%5Etfw">January 8, 2021</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Varios estrechos colaboradores del presidente le han amenazado con dimitir en horas recientes si no rebaja el tono. Entre ellos se halla, según dijo ayer CNN, Hope Hicks, una de sus personas de mayor confianza. También el procurador de la Casa Blanca, Pat Cipollone. Cuando la portavoz de la presidencia, Kayleigh McEnany, compareció el miércoles por la tarde, lo hizo para denunciar la violencia «en nombre de todo el equipo», como una forma de marcar distancias con respecto a las provocaciones del presidente. Después se marchó de la sala sin tomar preguntas. Pero ayer Trump volvió a la carga: «Los 75.000.000 de grandes patriotas estadounidenses que votaron por mí, por poner América primero y por hacer América grande nuevo tendrán una voz gigantesca en el futuro. ¡No permitiré que se les falte al respeto o se les trate mal!», dijo el presidente en un mensaje en Twitter, una red social de la que expulsado por un día por incitación al odio.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">The 75,000,000 great American Patriots who voted for me, AMERICA FIRST, and MAKE AMERICA GREAT AGAIN, will have a GIANT VOICE long into the future. They will not be disrespected or treated unfairly in any way, shape or form!!!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1347555316863553542?ref_src=twsrc%5Etfw">January 8, 2021</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Varios republicanos están alzando la voz contra su presidente, en una revuelta insólita. El senador Ben Sasse dijo ayer en varios programas de radio que Trump quería que el caos engullera Washington el miércoles, antes de que el Capitolio certificara la victoria de Biden, como una forma de perpetuarse en el poder, algo que así descrito parece un golpe de estado. «Quería que ese caos se viera en las televisiones», dijo ayer Sasse. «El presidente renunció a sus obligaciones, de eso no hay duda», añadió. Los republicanos que siguen junto a Trump, callados estos días, están pagando por sus actos antes del saqueo del Capitolio. El senador Josh Hawley, que se negó a validar la victoria de Biden enarbolando la bandera de un supuesto fraude, ha perdido un lucrativo contrato para escribir un libro con la editorial Simon & Schuster. Los dos diarios de su estado, Misuri, le han acusado de tener sangre en sus manos. Y sus compañeros y varios donantes le han calificado de oportunista e insensato. Pocas veces ha sido sometido un republicano a un escarnio semejante por su propio partido. Tiempo de unión Cierto es que los republicanos en la Cámara de Representantes se oponen a una nueva recusación de Trump, aunque son minoría y su opinión en este caso no tiene efecto alguno. Kevin McCarthy, líder de ese grupo, sí dijo que activar el «impeachment» «sólo servirá para dividir a esta nación aun más». Aun así, por primera vez McCarthy se refirió a Biden como «presidente electo», para ofrecerle cooperación para «rebajar la temperatura y unir al país». Mientras, la fiscalía investiga los hechos del miércoles, y cómo una turba fue capaz de penetrar en el Capitolio y saquearlo. Además de los cuatro asaltantes, ha fallecido un agente de policía, Brian D. Sicknick, que fue golpeado en la cabeza con un extintor. La cúpula policial del Capitolio ha dimitido a petición de los líderes políticos. Hay más de medio centenar de detenidos, y el FBI, la policía judicial, está haciendo más arrestos, ayudada por el hecho de que los asaltantes documentaron y transmitieron su asalto en redes sociales, jactándose de sus acciones. El hombre que entró en el despacho de Pelosi y se sentó ante un escritorio fue detenido ayer. Nuevos detalles de ese asalto emergieron ayer, como que un grupo de asaltantes gritó que quería encontrar al vicepresidente Pence y colgarlo de un árbol frente al Capitolio por considerarle un traidor Nuevos detalles de ese asalto emergieron ayer, como que un grupo de asaltantes gritó que quería encontrar al vicepresidente Pence y colgarlo de un árbol frente al Capitolio por considerarle un traidor. Momentos antes de que la turba penetrara en el edificio rompiendo las ventanas, el vicepresidente había dicho en un comunicado que se negaba a ceder a las presiones de Trump y que validaría la victoria de Biden. Trump le llamó «cobarde» en redes sociales justo en el momento en que la masa enfurecida se infiltraba en los pasillos de la sede del poder legislativo. Según varios colaboradores citados en la prensa de EE.UU., el presidente ha estado preguntando estos días si antes de abandonar la presidencia puede indultarse a sí mismo y a su familia, en el caso de que la fiscalía presente cargos contra él por incitar al odio. La Casa Blanca no ha confirmado este extremo.
08-01-2021 | Fuente: abc.es
Un año en el que las presidenciales complicarán las economías post-Covid
El año que ha empezado no va a ser fácil para Latinoamérica. El retraso en la vacunación de su población puede hacer más lenta la recuperación, de forma que el rebote económico previsto para 2021, tras una caída del PIB regional estimada para 2020 de entre un 8% y un 9%, podría ser más endeble de lo previsto. Aunque el comercio con China se ha recompuesto mayormente en los últimos meses, la reducción de importaciones e inversiones desde Estados Unidos y Europa y la ausencia de turistas se está prolongando. Las elecciones presidenciales que se celebrarán en diversos países a lo largo de 2021 probablemente no ayudarán a enfocar bien la salida. Especialmente significativas en términos económicos serán las presidenciales de Perú (11 de abril) y de Chile (21 de noviembre). En los dos lugares, a raíz de la crisis institucional que viven, puede romperse el consenso sobre las políticas de libre mercado que han venido implementándose por todos los gobiernos en las últimas décadas y que han sustentado el desarrollo de ambos países. Menos cambio de fondo se operaría en Ecuador (7 de febrero) en el caso de que gane el partido del expresidente Rafael Correa, pero la agenda de necesarios ajustes impulsada ya antes de la pandemia por Lenín Moreno puede verse dejada de lado, lastrando al país en los próximos años. En 2021 habrá además elecciones presidenciales en otros tres países latinoamericanos. En Nicaragua (7 de noviembre) la celebración de elecciones con serias limitaciones democráticas consolidará el proceso de dictadura impuesto por Daniel Ortega, alargando las penurias económicas que vive el país desde las revueltas de 2018. En Honduras (28 de noviembre) y en Haití (fecha aún por determinar) el resultado de las presidenciales no afectará propiamente a la evolución de la economía, ya maltrecha por los últimos huracanes, la reducción de las remesas y el tapón migratorio que ha supuesto la Administración Trump. Habrá también elecciones legislativas ?en algún caso, junto con comicios locales? en El Salvador (28 de febrero), Bolivia (7 de marzo), México (6 de junio) y Argentina (24 de octubre). Tendrán menor relevancia en materia económica; no obstante, las citas de medio mandato para los electores mexicanos y argentinos revisten una importante significación política. Perú y Chile Perú y Chile están viviendo un proceso en cierto modo paralelo, con algunos pasos por delante en el caso chileno. En el fondo se trata de la revisión de un modelo económico y de un largo ciclo político que hasta ahora han sido especialmente útiles para ambos países desde las dictaduras de Fujimori y de Pinochet, respectivamente. Las manifestaciones callejeras en Chile en 2019 pusieron en evidencia una cierta incomodidad social con el actual marco, manifestada en el plebiscito de 2020 a favor de una nueva Constitución. Las elecciones generales de 2021 probablemente supondrán la ruptura de la estructura política que ha conocido el país en las últimas décadas, con una alianza electoral entre socialistas y democristianos frente a conservadores. Es posible que una mayor influencia de la izquierda radical lleve a que la nueva Constitución consagre una economía más social, aunque no está claro que eso pueda combatir sustancialmente la desigualdad. En Perú las manifestaciones callejeras se han producido un año más tarde, en 2020, e inicialmente no ligadas a percepciones sociales, sino políticas. Los peruanos han desmontado primero la estructura política (han tenido cuatro presidentes en lo que debía ser un solo mandato), para ir avanzando hacia lo que puede desembocar también en un cambio de la Constitución, que, como en el caso chileno, data de la época de la dictadura. Inestabilidad política y «experimentación» económica no serían, desde luego, la mejor receta para afrontar las exigencias de todo orden que plantea la pandemia de coronavirus y sus consecuencias. Ecuador y Nicaragua Si Rafael Correa cedió la presidencia a Lenín Moreno en 2017 en parte fue porque sabía que, tras la caída de los precios del petróleo y el creciente endeudamiento del país, hacía falta aplicar recortes que generarían conflictividad social. En lugar de forzar seguir en el poder, prefirió designar sucesor, probablemente con la esperanza de volver cuatro años después, una vez superadas las dificultades económicas del país y volviendo a poner a cero el controvertido contador de reelecciones. Pero la operación no le ha salido al expresidente del todo como esperaba: por un lado, Moreno rompió pronto con su padrino y propició que un referéndum aprobara la limitación de mandatos, cerrando el paso a una nueva candidatura presidencial de Correa; por otro, los recortes aplicados por su sucesor no han sido suficientes para enderezar la economía, pues el coronavirus ha agravado la situación. Reclamado por la justicia, Correa no ha podido optar al menos al cargo de vicepresidente, como sí hizo Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Para las elecciones del 7 de febrero (con segunda vuelta el 11 abril, en caso necesario) ha promovido la candidatura de Andrés Arauz. Algunas encuestas dan ganador a Arauz y otras en cambio apuntan a un triunfo del conservador Guillermo Lasso. Cualquiera de los dos deberá asumir los compromisos adquiridos por Moreno con el FMI para poner de nuevo de pie financieramente al país; es posible que Arauz asumiera ese papel, pero una presión de Correa para evitar medidas impopulares podría complicar seriamente la recuperación de Ecuador. Por lo que se refiere a Nicaragua, la profundización de la vía dictatorial emprendida por Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosa Murillo, no hará sino torpedear la salida de la crisis económica. A raíz de la represión de 2018, cuando el régimen asesinó a más de 300 manifestantes, el PIB del país cayó ese año un 4% y en 2019 lo hizo un 3,9%. La llegada de la pandemia habrá supuesto el descenso de otro 5,5% en 2020. Nicaragua es el país, después de Venezuela, con peor evolución económica de Latinoamérica en los últimos años y el único para el que en 2021 se prevén números negativos, con un descenso de 0,5% del PIB.
07-01-2021 | Fuente: abc.es
El avance del populismo agrieta la convivencia en EE.UU.
Tras uno de los días más deshonrosos en la historia de la democracia estadounidense, demócratas y republicanos se unieron en repulsa del presidente Donald Trump, que retuvo a su lado al final solo a un último reducto de fieles motivados estos por claros cálculos electoralistas. Con una mayoría lo suficientemente clara y contundente, las dos cámaras del Capitolio, que horas antes había sido tomado por una turba violenta, validó la victoria de Joe Biden y Kamala Harris en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Eran las 03.45 de la madrugada del jueves, y a partir de aquel momento, ya nada podrá impedir el relevo de poderes. El presidente, recluido en la Casa Blanca, no tenía forma de comunicarse con el mundo, porque las principales redes sociales le habían vetado por incitar al odio, al instar a la multitud a que rodeara el Capitolio para impedir que Biden se proclamara ganador. Así que, minutos después, a las 03.49, a través de un portavoz, su coordinador de redes sociales Dan Scavino, el presidente prometió un traspaso pacífico y ordenador de poderes, sin admitir la derrota. «Aunque estoy en desacuerdo con el resultado de estas elecciones, y no acepto los hechos, habrá un traspaso de poderes ordenados el día 20 de enero», dijo el presidente. Ya era tarde, de todos modos. Su partido estaba indignado con lo que llegaba de la Casa Blanca. El presidente acaba de invitar a decenas de miles de partidarios, a los que él había llamado personalmente a Washington, a rodear la sede del poder legislativo. Cuando la turba rompió cristales y lo asaltó a la fuerza, se resistió a autorizar el envío de los reservistas de la Guardia Nacional. Y al pronunciarse después sobre ese asalto violento, lo hizo para decir, sobre todo, que entendía la rabia que había propiciado semejante ataque. Desde entonces, demócratas y republicanos comenzaron a debatir opciones de echar a Trump del poder aunque solo le quedaran dos semanas de presidencia, por los estragos que pueda seguir causando desde la Casa Blanca. Nuevo «impeachment» Dos son las principales opciones: un juicio político o «impeachment» por la vía rápida, que además le impediría presentarse a unas nuevas elecciones, o que una mayoría del consejo de ministros lo declare incapaz y lo inhabilite. En ambos casos, le sucedería el vicepresidente, Mike Pence, hasta que le correspondiera a Biden asumir la presidencia. Fue precisamente Pence quien se negó el miércoles a ceder ante las presiones de Trump y aceptó, en calidad de su otro cargo honorario de presidente del Senado, los resultados de las elecciones. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata en el Senado, Charles E. Schumer, le pidieron este jueves directamente a Pence que invoque la enmienda número 25 de la Constitución, la que le permite a los ministros destituir a Trump por incapacidad. «Al incitar a la sedición como lo hizo ayer, debe ser destituido de su cargo. Si bien solo quedan 13 días, cualquier día podría ser un espectáculo terrorífico para EE.UU.», dijo Pelosi en una conferencia de prensa en el Capitolio. Además la líder demócrata pidió la dimisión de la cúpula policial del Capitolio por los fallos de seguridad que propiciaron el asalto del miércoles. Por si caso los republicanos arrastran los pies, algunos demócratas ya han comenzado a redactar los artículos del «impeachment», los que permitirían iniciar un juicio político como el que ya pasó Trump hace un año, saliendo indemne por decisión de los republicanos. Una de ellas es Ilhan Omar, la diputada de Minnesota que dijo el miércoles de madrugada: «No podemos permitir que permanezca en el cargo, es una cuestión de preservar nuestra República y tenemos que cumplir con nuestros juramentos». Paralelamente a estos debates, se sucedieron desde la noche del miércoles varias dimisiones en el Gobierno, más de segundo nivel que otra cosa. Primero la jefa de gabinete de Melania Trump, Stephanie Grisham; después el enviado especial para Irlanda del Norte, Mil Mulvaney, y la secretaria de Transporte, Elaine Chao, entre otros. Los principales exministros de la Administración Trump salieron además a criticar duramente al que fue su jefe. El exfiscal general William Barr le acusó de «traicionar el cargo y a sus partidarios». James Mattis, que fue su ministro de Defensa, le acusó de «tratar de subyugar la democracia estadounidense mediante actitudes mafiosas». Al amanecer de este jueves, a Trump le quedaba alrededor solo su guardia pretoriana, su familia más cercana, su abogado personal Rudy Giuliani, y poco más. En los medios norteamericanos, varios colaboradores desencantados lamentaban de forma anónima que se ha convertido en «un monstruo», alguien «desconectado de la realidad», «incapaz de razonar», «totalmente amargado por su derrota». Eran las últimas filtraciones anónimas de una Casa Blanca que ha vivido completamente sumida en ellas, para desazón del propio Trump. La ira del presidente El presidente, mientras, dirigía sus últimos estertores de ira contra su vicepresidente, después de que este se negara a ceder a sus presiones y certificara la victoria de Biden, anunciándolo además en una carta publicada en redes sociales. «Es mi decisión, meditada, que mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide reclamar una autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben contarse y cuáles no», dijo Pence. Horas después, como represalia, Trump le impedía la entrada al recinto al jefe de gabinete de la vicepresidenta, Mike Short, víctima colateral de una guerra civil en el gobierno que se precipitaba mientras la turba asaltaba el Capitolio de forma violenta. El ya ganador oficial de las elecciones, aclamado en la madrugada del jueves, acusó a Trump de haber desatado toda una insurrección con sus actos. «Provocó un asalto total contra las instituciones de nuestra democracia desde el principio, y ayer fue la culminación de ese ataque implacable», dijo en un discurso desde Delaware. Tras el ataque del miércoles, la toma de posesión, que ya va a ser excepcional por las medidas sanitarias de la pandemia, va a contar un dispositivo de seguridad antológico, por si la masa enfurecida del miércoles vuelve a descender sobre la capital. Biden además cuenta desde el miércoles con una mayoría demócrata en ambas cámaras del Capitolio, pues su partido ganó la segunda vuelta en los dos escaños de Georgia al Senado. Ahora el presidente electo tiene un mayor margen de maniobra para nombrar a su gabinete y para aprobar sus primeros proyectos. Este jueves, tras el violento asalto al Capitolio, presentó en un acto público a su nuevo fiscal general. Se trata del juez Merrick Garland, que fue el último candidato de Barack Obama a la corte Suprema, boicoteado por los republicanos cuando todavía tenían la mayoría en el Senado que acaban de perder. Trump, por su parte, se mantuvo este jueves alejado de los focos. Tuvo una ceremonia en la Casa Blanca para conceder unas medallas honoríficas, pero fue a puerta cerrada, sin cámaras y sin declaraciones. Tampoco pudo comunicarse con sus seguidores en Twitter al tener restringido el acceso por incitar a las manifestaciones.
07-01-2021 | Fuente: abc.es
El Capitolio valida la victoria de Biden tras ser asaltado
Tras el asalto violento al Capitolio, diputados y senadores se reunieron de forma extraordinaria hasta esta madrugada para certificar la victoria del demócrata Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre. Una votación que debería haber sido puramente de trámite se convirtió en una sesión maratoniana, dada la irrupción de una turba armada que tuvo que ser desalojada por la fuerza. La policía no pudo retomar el Capitolio hasta ya caída la noche, con el ejército desplegado en una ciudad bajo toque de queda. Antes, los diputados y senadores debieron ser evacuados junto con el vicepresidente, que presidía el pleno. Una mujer murió en los enfrentamientos con la policía, hasta que los antidisturbios desalojaron el recinto. A partir de ahora, ya nada le impide a Biden tomar el relevo en la presidencia el 20 de enero. Las denuncias de fraude Donald Trump sólo han servido para demorar el proceso, con toda una revuelta en medio, eso sí. Los aliados del presidente en la Cámara de Representantes y el Senado se han opuesto a validar los resultados en estados que Biden le arrebató a Trump, como son Arizona y Pensilvania. Esto ha provocado que las dos cámaras hayan debatido y votado por separado. El presidente, sin embargo, no ha obtenido apoyos suficientes entre los republicanos para impedir la certificación de los resultados de las presidenciales. Lo que es más, los disturbios, instigados por una multitud a la que él llamó a Washington a manifestarse le han acabado restando apoyos. Los senadores que votaron en contra de validar los resultados fueron seis, aunque en un principio la lista contaba con 13 nombres. Tras fracasar en los tribunales y el Capitolio, a Trump ya no le quedan más opciones de invalidar el resultado. Los plenos han sido interrumpidos seis horas. A su regreso al Senado, el vicepresidente Mike Pence, que había sido evacuado por el Servicio Secreto, ha proclamado: «La violencia nunca gana. La libertad gana. Y esta sigue siendo la casa del pueblo. Cuando volvemos a reunirnos en esta Cámara, el mundo vuelve a ser testigo de la resistencia y la fuerza de nuestra democracia». Horas antes, Trump le había llamado cobarde por negarse a invalidar los resultados de las elecciones en una jugada de dudosa legalidad ideada por los asesores del presidente. El regreso al Capitolio le ha valido a los republicanos para finalmente atreverse a criticar abiertamente a Trump, más allá de sus detractores habituales como Mitt Romney. Senadores como Lindsey Graham, que ha sido fiel al presidente hasta el final, ha acabado estallando: «Creo que es una idea excepcionalmente mala invalidar estas elecciones. Trump y yo tuvimos una buena relación. Odio que acabe así. Odio que sea así. Lo único que puedo decir es que me salgo. Lo que está bien, está bien». Así, Biden es ya formalmente presidente electo, proclamado apenas unas horas después de que los demócratas se hayan hecho con el control del Senado, lo que significa que gobernarán todo el Capitolio. Los republicanos perdieron en la segunda vuelta de los dos escaños al Senado en Georgia. Es un resultado muy malo para ellos, que hace apenas dos años controlaban todo el poder legislativo y ejecutivo. El 20 de enero se celebrará el traspaso de poderes, aunque Trump no ha anunciado qué hará ese día. El presidente no ha podido pronunciarse públicamente sobre la decisión del Capitolio porque las principales redes sociales, como Twitter y Facebook, le han expulsado durante al menos 12 horas por publicar mensajes que incitan al odio. Antes, el presidente había dicho en esas redes sociales que comprende «el dolor» de los «patriotas» que asaltaron el Capitolio para protestar «contra el fraude». Aun así, les pidió que desistieran y se volvieran a casa.
06-01-2021 | Fuente: abc.es
Seguidores de Trump asaltan el Capitolio mientras se debatía la validación de las elecciones
Una turba ha asaltado este miércoles el Capitolio, enardecida por las denuncias de fraude electoral del presidente Donald Trump, justo momentos después de que su propio vicepresidente, Mike Pence, se negara a rechazar los resultados de las elecciones presidenciales. El Senado fue evacuado, pero la Cámara quedó aislada, con los diputados encerrados dentro, rodeados por una turba armada. En un mensaje en vídeo publicado en Twitter, el presidente dijo: "comprendo vuestro dolor, sé que estáis heridos, tuvimos las elecciones, que nos robaron, fue un gran triunfo que nos robaron, especialmente los otros, pero debéis iros a casa, debemos tener paz. debemos respetar a la policía". La red social impidió a sus usuarios compartir el mensaje por "incitar a la violencia". Varias imágenes muestran a agentes empuñando pistolas en los ventanales de la Cámara mientras los asaltantes trataban de tomarla desde los pasillos de afuera. Los manifestantes han roto los cristales de varias ventanas, y han entrado así en el edificio. Después se han oído varios disparos en el interior del recinto. Joe Biden compareció para condenar los incidentes en el Capitolio de EE.UU., dijo el presidente electo de EE.UU. sobre el asalto de la sede del poder legislativo. ?No es una protesta, es una insurrección?, aañadió y exigió a Trump que condenara el asalto en un mensaje por televisión y que ?exija el final de este asedio?. El caos se apoderó de la sede del poder legislativo, hasta el punto de que uno de esos asaltantes llegó al Senado, y se encaramó al asiento que ocupaba momentos antes el vicepresidente y desde allí gritó: «¡Trump ganó las elecciones!». Antes de las elecciones, al presidente se le preguntó en varias ocasiones si aceptaría un traspaso pacífico de poderes y se negó a responder. Agenes de las fuerzas de seguridad apuntan con sus armas a una ventana por la que trataban de acceder los asaltantes - AFP La turba, que fue capaz de reducir a la policía, se paseó por los pasillos del Capitolio, y llegó incluso hasta los despachos de algunas de sus señorías, incluida la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi. El vicepresidente tuvo que ser evacuado. La policía creó un perímetro de seguridad alrededor del edificio y comenzó a evacuarlo, empleado gas pimienta y bombas de humo. Una mujer, herida en la cabeza, cubierta de sangre y al parecer inconsciente, fue evacuada en una camilla. Según los servicios sanitarios, se halla en estado crítico tras recibir un disparo en el pecho. Declaran el toque de queda en Washington La alcaldesa de la capital ha declarado inmediatamente el toque de queda para el anochecer, ante el riesgo de violencia. La noche del martes ya hubo violentos disturbios en la capital de EE.UU., con enfrentamientos entre partidarios del presidente y la policía metropolitana. Hubo al menos una decena de detenidos. En la noche del miércoles se desplegarán unos 1.100 reservistas de la Guardia Nacional de Washington. La policía se enfrenta a los manifestantes - AFP Una gran parte de esos manifestantes acudió al Capitolio después de haber escuchado un discurso de Trump ante la Casa Blanca , en el que el presidente denunció de nuevo fraude y prometió seguir peleando por mantenerse en el poder. Al llegar a la sede del poder legislativo, lo rodearon y forcejearon con la policía, hasta que rompieron el perímetro de seguridad. Normalmente, hay que pasar por un estricto control de seguridad para entrar en el recinto del Capitolio, donde se hallan la Cámara de Representantes y el Senado. El edificio cuenta con su propio cuerpo policial, que tuvo que contener la turba. Esta asaltó las entradas desde las diversas escalinatas. Muchos llevaban camisetas y banderolas con la letra «Q», un símbolo de una teoría de la conspiración que mantiene que existe una trama de pederastia en la que están metidos los demócratas y que sólo Trump puede detenerla desde el poder. Aun a pesar de que el vicepresidente había sido evacuado, Trump le acusó en Twitter de falta de coraje por asumir finalmente la victoria de Joe Biden en las presidenciales. Este 6 de enero el Capitolio debía certificar la victoria de Biden en las presidenciales. Finalmente, el presidente pidió a sus partidarios que se calmaran, también en Twitter: «apoyad a la policía, está de nuestro lado». «Mantengan la paz», dijo el presidente. Trump lleva semanas pidiendo a sus partidarios que se movilicen contra la certificación de los resultados de las elecciones de noviembre, a las que ha calificado de fraudulentas. Ya ha habido varias manifestaciones en pasadas semanas, pero todas ellas por lo general pacíficas. Las cortes han rechazado hasta el momento todas las denuncias de fraude del presidente Trump.
06-01-2021 | Fuente: abc.es
Cientos de manifestantes toman el Capitolio jaleados por Trump
Una turba asaltó ayer el Capitolio, enardecida por las denuncias de fraude electoral del presidente Donald Trump, justo momentos después de que su propio vicepresidente, Mike Pence, se negara a rechazar los resultados de las elecciones presidenciales. El Senado fue evacuado, pero la Cámara quedó aislada, con los diputados encerrados dentro, rodeados por una turba armada. Agentes armados tuvieron que proteger a los diputados apuntando sus pistolas hacia los ventanales de la Cámara, mientras los asaltantes trataban de tomarla desde los pasillos de afuera. Los manifestantes habían roto antes los cristales de varias ventanas, e irrumpieron así en el edificio. Después se oyeron varios disparos en el interior del recinto. El caos se apoderó de la sede del poder legislativo en el día en que debía proclamarse a un nuevo presidente. Uno de esos asaltantes llegó al Senado, y se encaramó al asiento que ocupaba momentos antes el vicepresidente y desde allí gritó: «¡Trump ganó las elecciones!». Antes de esas mismas elecciones, al presidente se le preguntó en varias ocasiones si aceptaría un traspaso pacífico de poderes y se negó a responder. La turba, que fue capaz de reducir a la Policía, se paseó por los pasillos del Capitolio, y llegó incluso hasta los despachos de algunas de sus señorías, incluida la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi. Sobre su escritorio, dejaron una nota: «No nos rendiremos». Esas palabras las había dicho Trump unos momentos antes en una arenga a sus partidarios desde la Casa Blanca. El vicepresidente tuvo que ser evacuado. La Policía creó un perímetro de seguridad alrededor del edificio y comenzó a evacuarlo, empleando gas pimienta y bombas de humo. Una mujer, herida en la cabeza, cubierta de sangre y al parecer inconsciente, fue evacuada en una camilla. Según los servicios sanitarios, falleció después, por un disparo en el pecho. Agentes de las fuerzas de seguridad apuntan con sus armas a una ventana por la que trataban de acceder los asaltantes - AFP Riesgo de violencia La alcaldesa de la capital declaró inmediatamente el toque de queda para el anochecer, ante el riesgo de violencia. La noche del martes ya hubo violentos disturbios en la capital de EE.UU., con enfrentamientos entre partidarios del presidente y la Policía metropolitana. Hubo al menos una decena de detenidos. En la noche del miércoles se iban a desplegar unos 1.100 reservistas de la Guardia Nacional de Washington. Una gran parte de esos manifestantes acudieron al Capitolio después de haber escuchado el discurso de Trump ante la Casa Blanca, en el que el presidente denunció de nuevo fraude y prometió seguir peleando por mantenerse en el poder. Al llegar a la sede del poder legislativo, lo rodearon y forcejearon con la Policía, hasta que rompieron el perímetro de seguridad. Normalmente hay un cordón alrededor del edifico, y es imposible subir las escaleras hasta las puertas de las cámaras, aunque esa multitud lo logró, de forma sorprendente e inesperada. Mientras, los despachos y el Senado eran evacuados por la gran red de pasillos subterráneos que hay en este recinto. Normalmente, hay que pasar por un estricto control de seguridad para entrar en el recinto del Capitolio, donde se hallan la Cámara de Representantes y el Senado. El edificio cuenta con su propio cuerpo policial, que tuvo que contener la turba. Esta asaltó las entradas desde las diversas escalinatas. Muchos llevaban camisetas y banderolas con la letra «Q», un símbolo de una teoría de la conspiración que mantiene que existe una trama de pederastia en la que están metidos los demócratas y que sólo Trump puede detenerla desde el poder. La policía se enfrenta a los manifestantes - AFP Aun a pesar de que el vicepresidente había sido evacuado, Trump le acusó en Twitter de falta de coraje por asumir finalmente la victoria de Biden en las presidenciales. Finalmente, el presidente pidió a sus partidarios que se calmaran, también en Twitter: «Apoyad a la Policía, está de nuestro lado». «Mantengan la paz», dijo Trump. El presidente llevaba semanas pidiendo a sus partidarios que se movilizaran contra la certificación de los resultados de las elecciones de noviembre, que ha calificado de fraudulentas. Ya ha habido varias manifestaciones en pasadas semanas, pero todas ellas por lo general pacíficas. Las cortes de justicia, incluida la Suprema, han rechazado hasta el momento todas las denuncias de fraude del presidente Trump y sus abogados. Él ha pedido a sus partidarios que se movilicen para salvar su presidencia.
06-01-2021 | Fuente: abc.es
Los demócratas, a un paso de la mayoría en el Senado tras ganar el primer escaño en Georgia
Los demócratas están a punto de consumar su victoria de las elecciones de noviembre, al quedar muy cerca de ganarle a los republicanos los dos escaños que había en juego en la segunda vuelta que tuvo lugar este martes en el estado de Georgia, y hacerse así con el control del Senado. Si logra confirmar ese triunfo, el Partido Demócrata tendrá muy pronto el control de la Casa Blanca y las dos cámaras del Capitolio, lo que supone un duro golpe a los republicanos y la presidencia de Donald Trump, que se acerca ya a su final a pesar de sus denunciar de fraude en varios estados, incluido este de Georgia. Los resultados de las elecciones en Georgia han sido muy ajustados y el recuento todavía se está produciendo, algo que es una mala noticia para las republicanos, pues es este un bastión conservador. En 20 años no ha ganado un demócrata un escaño al Senado en este estado del sur de EE.UU. Con el 98% escrutado, el reverendo negro Rafael Warnock ganaba en la madrugad de ayer a la republicana Kelly Loeffler por 32.600 votos de 4,3 millones. Por su parte, el demócrata Jon Ossoff iba 3.600 votos por detrás del republicano David Perdue, pero los casi 100.000 votos que quedaban por contar procedían de zonas mayoritariamente demócratas. Si se confirma ese resultado, que depende del recuento total, los demócratas y los republicanos tendrán 50 escaños en el Senado. El voto de desempate le correspondería a la presidenta de esa cámara Alta, un cargo que recae sobre la vicepresidenta, Kamala Harris. Esta composición del Capitolio le facilitaría la gobernanza a Joe Biden por al menos dos años, hasta las elecciones parciales de 2022. Tanto Donald Trump como Barack Obama tuvieron el control del Capitolio en sus primeros dos años en el cargo, y posteriormente perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes. El estado clave En las elecciones de noviembre se renovó la presidencia, la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. De ese tercio, los republicanos se hicieron con 20 escaños, y los demócratas, con 13. El control del Senado quedó a merced de los dos escaños de Georgia, que fueron a segunda vuelta porque ningún candidato obtuvo un 50% de los votos en noviembre. El presidente Trump acudió a Georgia el lunes por la noche a hacer campaña por sus candidatos, aunque en realidad aprovechó su intervención para volver a denunciar fraude en las elecciones presidenciales y proclamar, sin pruebas, que ha ganado el estado pero los demócratas se lo han robado. «Yo hago mítines por mí, no por los demás», dijo Trump junto a los republicanos que se juegan el escaño. También acudió al estado Biden, consciente de que tendrá la gobernabilidad mucho más fácil si su partido logra también el control del Senado. Las últimas encuestas dieron cierta ventaja a los demócratas, ambos con una intención de voto por encima del 49%. Pero nada era seguro porque los sondeos ya habían fracasado, y aunque vaticinaron una victoria de Biden en las presidenciales lo hicieron por un margen mucho mayor al definitivo. Trump incluso logró sumar 10 millones de votos con respecto a sus resultados de 2016, amasando 74 millones de papeletas, todo un récord solo superado por Biden en estas mismas elecciones. En total, en esta segunda vuelta los dos partidos se han gastado más de 500 millones de dólares (400 millones de euros) en anuncios electorales. Esto significa que se cuentan entre las elecciones al Senado más caras en toda la historia. Es comprensible, dado que de ellas dependía la gobernabilidad en Washington y la capacidad de hacerle la oposición al nuevo presidente. Los demócratas han invertido una gran cantidad de recursos registrando a votantes, como ya hicieron en noviembre, cuando Biden logró ganar a Trump por apenas 11.000 votos. Fue un duro golpe al presidente, ya que Georgia es, como Arizona, un bastión conservador que nunca se le había escapado a un republicano desde hace casi tres décadas. Los demócratas apenas gozan de 222 escaños en la otra cámara, la de Representantes frente a los 213 de los republicanos. Las encuestas preveían que en las elecciones de noviembre los demócratas ganarían una decena de escaños con respecto a los resultados de 2018, pero acabaron perdiendo siete frente a los republicanos. El domingo, Nancy Pelosi fue reelegida presidenta de la Cámara por 216 votos de los 222 posibles.
06-01-2021 | Fuente: abc.es
Los demócratas se hacen con el control del Senado tras ganar el segundo escaño en Georgia
Los demócratas consumaron este miércoles su victoria de las elecciones de noviembre, al ganarle a los republicanos el segundo de los dos escaños que había en juego en la segunda vuelta que tuvo lugar este martes en el estado de Georgia, y hacerse así con el control del Senado. El Partido Demócrata tendrá muy pronto el control de la Casa Blanca y las dos cámaras del Capitolio, lo que supone un duro golpe a los republicanos y la presidencia de Donald Trump, que se acerca ya a su final a pesar de sus denunciar de fraude en varios estados, incluido este de Georgia. Los resultados de las elecciones en Georgia han sido muy ajustados y el recuento se ha alargado a lo largo del miércoles, algo que es una mala noticia para las republicanos, pues es este un bastión conservador. En 20 años no ha ganado un demócrata un escaño al Senado en este estado del sur de EE.UU. El reverendo negro Rafael Warnock ganaba en la madrugada de ayer a la republicana Kelly Loeffler por 54.000 votos de 4,3 millones. Por su parte, el demócrata Jon Ossoff se ha situado por delante del republicano David Perdue. Los demócratas y los republicanos tendrán 50 escaños cada uno en el Senado. El voto de desempate le correspondería a la presidenta de esa cámara Alta, un cargo que recae sobre la vicepresidenta, Kamala Harris. Esta composición del Capitolio le facilitaría la gobernanza a Joe Biden por al menos dos años, hasta las elecciones parciales de 2022. Tanto Donald Trump como Barack Obama tuvieron el control del Capitolio en sus primeros dos años en el cargo, y posteriormente perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes. El estado clave En las elecciones de noviembre se renovó la presidencia, la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. De ese tercio, los republicanos se hicieron con 20 escaños, y los demócratas, con 13. El control del Senado quedó a merced de los dos escaños de Georgia, que fueron a segunda vuelta porque ningún candidato obtuvo un 50% de los votos en noviembre. El presidente Trump acudió a Georgia el lunes por la noche a hacer campaña por sus candidatos, aunque en realidad aprovechó su intervención para volver a denunciar fraude en las elecciones presidenciales y proclamar, sin pruebas, que ha ganado el estado pero los demócratas se lo han robado. «Yo hago mítines por mí, no por los demás», dijo Trump junto a los republicanos que se juegan el escaño. También acudió al estado Biden, consciente de que tendrá la gobernabilidad mucho más fácil si su partido logra también el control del Senado. Las últimas encuestas dieron cierta ventaja a los demócratas, ambos con una intención de voto por encima del 49%. Pero nada era seguro porque los sondeos ya habían fracasado, y aunque vaticinaron una victoria de Biden en las presidenciales lo hicieron por un margen mucho mayor al definitivo. Trump incluso logró sumar 10 millones de votos con respecto a sus resultados de 2016, amasando 74 millones de papeletas, todo un récord solo superado por Biden en estas mismas elecciones. En total, en esta segunda vuelta los dos partidos se han gastado más de 500 millones de dólares (400 millones de euros) en anuncios electorales. Esto significa que se cuentan entre las elecciones al Senado más caras en toda la historia. Es comprensible, dado que de ellas dependía la gobernabilidad en Washington y la capacidad de hacerle la oposición al nuevo presidente. Los demócratas han invertido una gran cantidad de recursos registrando a votantes, como ya hicieron en noviembre, cuando Biden logró ganar a Trump por apenas 11.000 votos. Fue un duro golpe al presidente, ya que Georgia es, como Arizona, un bastión conservador que nunca se le había escapado a un republicano desde hace casi tres décadas. Los demócratas apenas gozan de 222 escaños en la otra cámara, la de Representantes frente a los 213 de los republicanos. Las encuestas preveían que en las elecciones de noviembre los demócratas ganarían una decena de escaños con respecto a los resultados de 2018, pero acabaron perdiendo siete frente a los republicanos. El domingo, Nancy Pelosi fue reelegida presidenta de la Cámara por 216 votos de los 222 posibles.